Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
Junto a Ti
CAPITULO XV
Aclaraciones, confusión y decepción
Candy junto con los demás regresaron al salón, donde estaba comenzando el primer baile de la noche.
—Señorita Candy, la estaba buscando –le dijo George acercándose al grupo.
—¿Que necesita, George?
—Su padre adoptivo quiere hablar con usted.
—Yo también deseo hablar con él.
—Venga conmigo.
George, llevo a Candy a la planta alta de la mansión, donde se encontraba la habitación del patriarca de la familia. Esa misma habitación que la tía abuela tenía prohibido entrar. Ahora la rubia entendía el por qué.
—Aquí la dejo, señorita Candy. El señor Andrew la espera adentro.
La joven enfermera dio un suspiro e ingresó al lujoso cuarto del tío William, tomando las fuerzas para aquella conversación.
Él se encontraba parado al lado de la ventana, cuando vio entrar a la hermosa rubia, que esa noche lucia como una verdadera princesa, dejándolo muy impresionado o mejor dicho con la boca abierta.
—¡Candy! –la nombró con una sonrisa.
Ella temblorosa dio unos pasos hacia él.
—No sé cómo llamarte, si Albert o tío William –le dijo mirándolo con una rabia que no podía controlar.
—Pequeña, me imagino como debes sentirte, debes estar muy asombrada que tu amigo vagabundo y el hombre que te adoptó seamos la misma persona.
—¿Porque nunca me lo dijiste? ¿Por qué me engañaste de esa manera? –le preguntó con un dolor que le apretaba el pecho.
—Pequeña, yo nunca te engañé, solo que no era el momento que supieras sobre mi verdadera identidad.
Ella frunció el ceño.
—¡No era el momento! Después de todo lo que vivimos –le reclamó recordando todos esos instantes que pasó junto a él.
—Mi intensión no fue lastimarte, yo siempre he querido que seas feliz.
Aquellas palabras provocaron aún más rabia en Candy, como si Albert no reconociera todo el daño que le estaba haciendo.
—¿Cómo puedes decir eso, Albert?, perdón tío William. Desde un principio debiste decirme la verdad.
—Si lo hubiera hecho jamás habríamos sido los amigos que fuimos.
—¡Los amigos que fuimos! Ahora solo fui solo tu amiga.
—Claro que fuimos amigos…
La rubia movió la cabeza, ya que no podía creer todo lo que estaba escuchando, como si Albert estuviera negando todo ese amor que vivieron en el hogar de Pony.
—Tienes razón solos fuimos amigos, al parecer fui yo que mal interprete las cosas.
—¿A qué te refieres con eso, pequeña?
—Me refiero a...
En eso entro Luisa.
—¡William!–lo nombró acercándose a él –Candy que bueno que viniste a la fiesta.
—No podía faltar, tenía que conocer a mi padre adoptivo –contestó en forma irónica.
—Luisa, estoy platicando con Candy –le dijo Albert.
—No te preocupes tío William, atiende a tu novia, yo ya me voy –dijo la rubia saliendo de la habitación.
—¡Pequeña, no te vayas…! –le gritó Albert con ganas de seguirla, pero Luisa lo detuvo tomándole el brazo.
—Se molestó contigo, Candy.
—Sí, está muy dolida, no comprende que no podía decirle antes que era el William Andrew
—Tranquilo, ya se le va pasar. Bajemos al salón, muero por bailar un vals.
—Yo preferiría hablar con Candy, hay cosas que me dijo que no comprendo.
—Te entiendo, pero hazlo mañana, cuando ella este más calmada.
...
Candy con su corazón completamente destrozado llego al salón, reafirmando que Albert solo había jugado con sus sentimientos y que a la única mujer que él amaba era a Luisa Steel. Con ganas de marcharse de la mansión Andrew para siempre atravesó la ancha puerta principal, sin embargo, Niel la siguió alcanzándola en el jardín.
—¿Porque te vas tan temprano de la fiesta? –le preguntó.
Ella detuvo el paso y se acercó a él.
—¡Niel déjame en paz! ¡No estoy de humor para hablar contigo!
—Así que el vagabundo resultó ser el tío William. Ahora comprendo por qué me cambiaste por él.
—¡Por favor Niel! ¡No digas tonterías!
—No es ninguna tontería, tu siempre supiste que el amnésico era el tío William por eso lo enamoraste. Claro no te conformabas con ser su hija adoptiva, sino que querías ser su esposa también.
Candy sintió tanta rabia por las palabras de Niel, que le dio una fuerte bofeteada.
—¿Cómo te atreves a golpearme huérfana? –le tomó el brazo –¡Esto no se va quedar así!
—¡Suéltame, Niel!
—¡No lo haré! No creas que olvidado lo que me hiciste el día de nuestro compromiso.
—Suelte a la señorita –le ordenó un joven muy atractivo que apareció en ese momento.
Niel le echó una fulminante mirada.
—¿Quién eres tú para darme órdenes?
—Mi nombre es Joseph Drummond . No voy a permitir que maltrate así a esta hermosa señorita.
Candy lo observó, viendo que era un joven bien parecido, como de unos veinte años, de cabello castaño y ojos verdes.
—¡Yo no estaba maltratando a Candy!
—Si lo estaba haciendo, yo mismo lo vi.
—Y si fuera así eso a ti que te importa -le dijo Niel desafiandolo.
Candy se le puso en frente.
—Niel es mejor que te vayas, si no quieres que llame al tio William para que te saque de aqui.
Niel se puso palido al recodar cuando humillo a Albert en el rancho Stevens, en ese entonces él pensaba que Albert era un vagabundo y no el patriarca de los Andrew.
—Yo me voy...-dijo saliendo rapidamente como una rata.
—Cobarde, siempre salé huyendo –murmuró la rubia.
Joseph sonrió.
—Ya me di cuenta que es un cobarde.
—Gracias, por defenderme de Niel.
—De nada, hermosa señorita.
Ella se sonrojó.
—Bueno, yo me iba.
—¿No se va quedar a la fiesta?
—No.
—¡Candy! ¡Candy! –le gritaron Annie y Patty.
La rubia las miró.
—Me llaman mis amigas. Adiós Joseph.
—Adiós hermosa señorita, fue un placer haberla conocido -se despidió el dándole un beso en la mano.
Candy corrió hasta Annie y Patty.
—Chicas, yo me voy.
—¿Por qué…? -le preguntó Patty –¿Hablaste con Albert?
—Sí, ya no tengo nada más que hablar con él. Me regreso al hogar de Pony.
—Mejor vamos a mi casa –le sugirió Annie viendo que su amiga de la infancia no estaba bien.
—No Annie, no quiero darte molestias.
—Candy tú sabes que somos como hermanas, no es ninguna molestia. Anda vamos a mi casa y nos cuenta que sucedió con Albert.
—Está bien, vamos, le voy a contar toda la verdad.
…
A la mañana siguiente, Candy se despertó en una bonita habitación, en la casa de su amiga Annie. Sintiendo dolor de cabeza se levantó de la cama y bebió un poco de agua, recordando todo lo que había vivido en la noche anterior. Quería pensar que todo había sido un mal sueño, pero no lo era, Albert, su querido Albert, era el tío William su padre adoptivo y prometido de Luisa Steel. Esa era la realidad, una realidad con la que tendría que aprender a vivir, lejos de aquel hombre amnesico del cual se había enamorado y que ahora se había convertido en alguien tan inalcanzable, del cual solo tenía que olvidar.
Unas lágrimas se asomaron en sus ojos, pero rápidamente se las saco. No quería llorar, no iba a llorar por alguien que no se lo merecía, Albert no se merecía ningún gesto de su parte, que lo único que tenía que sentir por él era solo desprecio.
—Candy, despertaste –le dijo Patty desde la otra cama al ver a su amiga levantada.
—Sí, me duele un poco la cabeza.
Patty se levantó y se acercó a ella.
—Hay amiga, me imagino como debes sentirte –la abrazo –Aun me cuesta entender como Albert fue capaz de engañarte.
Durante el trayecto a la residencia de los Britter Candy hablo con sus amigas y les contó que ella y Albert habían sido novios.
—A mí también me cuesta entenderlo, nunca me habría imaginado que Albert y el tío William fueran la misma persona, sin embargo, eso no es lo que más me duele, sino que nunca me haya dicho que tenía una novia con la que se iba a casar.
—Es para no creerlo.
Annie entró a la recamara.
—Qué bueno que están despiertas –dijo caminando hasta ellas –¿Como estas, Candy?
—Más tranquila.
—Me llamo Archie preguntando por ti, le dije que habías pasado la noche aquí.
—Annie, Patty les pido que no le cuenten nada a los chicos de mi relación amorosa con Albert.
—No te preocupes, no diremos nada.
—Eso solo te corresponde a ti –le dijo Patty.
—Gracias chicas, son las mejores amigas del mundo.
Las tres se dieron un fuerte abrazo.
Una sirvienta entro al cuarto.
—Señorita Britter, buscan a la señorita Candy –anunció.
—¿Quién me busca? –preguntó la rubia.
—El señor Andrew.
Todas se miraron asombradas.
—¡Albert está aquí! –exclamó Candy con sus ojos iluminados.
—Desea hablar con usted, señorita.
—¿Vas hablar con él? –le preguntó Annie.
—No, no quiero hablar con él. Por favor dígale que yo me fui esta mañana a Michigan.
—Sí, señorita.
La sirvienta bajo a la planta baja de la residencia Britte, donde le comunicó a Albert que Candy ya se había regresado al hogar de Pony. El con una mescla de decepción y confusión se retiró pensando en por que su pequeña se había ido de esa manera, como si estuviera huyendo de él.
Candy lo vio desde la ventana de la habitación, cuando él se marchó en su lujoso automóvil.
—Albert se fue –dijo con tristeza y dolor.
—Candy tal vez debiste platicar con el –le dijo Patty.
—Para que me diga que lo nuestro no significó nada para él y que ahora se va casar con Luisa. No, no quiero escucharle decirme eso, es demasiado doloroso para mí.
—¿Y qué vas hacer entonces? –le preguntó Annie.
—Regresar al hogar de Pony y continuar con mi vida –dijo tratando de reponerse.
—¿Por qué no te quedas unos días más aquí en la casa con nosotras?
—Si quédate, la pasaríamos tan bien juntas –añadió Patty.
—Chicas me encantaría, pero tengo que regresar, además no quiero que Albert me vea.
—Pero él no tiene por qué saberlo. Anda Candy quédate –le insistió Annie.
—De acuerdo, me quedo un par de día con ustedes.
—Arriba el ánimo amiga –la abrazo Annie –Albert no es el único hombre en este mundo, hay muchos y muy guapos, como Joseph Drummond.
—¿Y quién es Joseph Drummond?
—El chico que estaba contigo anoche en la fiesta.
—¡Joseph! Él se portó muy amable conmigo, me defendió de Niel.
—Es muy apuesto –añadió Patty con una risita.
—Sí y muy simpático.
—Candy ese chico es hijo de un banquero, los Drummondson una familia con mucho dinero, te lo cuento por que su papa es amigo del mió –le contó Annie.
—¿En serio?
—Sí, no te imaginas las pretendientes que tiene, pero ninguna lo ha podido conquistar, quien no dice que tú lo hagas.
—Annie que cosas dices -sonrió Candy.
—¿Por qué no Candy? tu eres una chica muy bella –le dijo Patty –Eres capaz de conquistar hasta un príncipe.
Las tres se echaron a reír.
…
Albert regresó a la mansión, donde se encerró en la biblioteca a pensar en por que Candy se había ido como si no quisiera saber nada más de él, tanto le había dolido que le ocultara que él era el tío William.
Cerró sus ojos y recordó la noche anterior, donde la vio tan hermosa, con ese vestido verde vaporoso que el mismo había escogido para ella. Esa imagen no podía sacársela de su mente, esa belleza no de una niña, sino de una mujer. Una mujer murmuró, frunciendo el ceño. ¿Qué cosas estaba pensando? No podía tener esos pensamientos de su protegida. Ella era su hija adoptiva, no podía verla de forma diferente, con ojos de hombre. No, ella era su pequeña, eso tenía que tenerlo muy claro y no dejarse llevar por la confusión que sentía en su corazón.
—William ¿cómo te fue con la señorita Candy? –le preguntó George entrando a la biblioteca repentinamente.
Albert se colocó la mano en la sien.
—Mal, se regresó a Michigan.
—Qué extraño que se haya ido tan rápido.
—George, no comprendo por qué Candy esta así conmigo. Yo reconozco que antes debí decirle que era el patriarca de los Andrew, pero eso no era para que se enojara de ese modo, como si me hubiera portado como un canalla con ella.
—Es importante que vuelvas hablar con la señorita Candy.
—Y lo voy hacer, tendré que viajar al hogar de Pony.
Luisa entro a la biblioteca alcanzando a escuchar las ultimas de su prometido.
—¿Vas a viajar al hogar de pony? –le preguntó.
—Si…Candy se fue sin poder solucionar todo con ella.
—Bueno yo los dejo, tengo cosas que hacer –dijo el bigotón.
Luisa caminó hasta el escritorio donde se sentó.
—¿Estás seguro que ella se fue?
—Si…¿Piensas que me mintió?
—No se…
—Voy regresar a la casa de los Britter –dijo Albert parándose del escritorio.
—Espera William, mejor haremos otra cosa.
—¿Qué, Luisa?
—Yo voy a ir a la casa de los Britter.
—¿Tú?
—Sí, nos hicimos muy buenas amigas con Candy, así que no se va negar a escucharme.
—¿Tú crees que sea buena idea?
—Claro amor. Quédate tranquilo, yo hablo con ella y te aseguro que la voy a convencer para que te perdone –le dijo con una sonrisa.
Continuará...
Hola lindas chicas.
Espero que se encuentren muy bien y hayan tenido una bonita noche de año nuevo. Aqui les dejo otro capitulo de este fic, espero que lo disfruten.
Saludos y agradecimientos a las chicas que comentaron el capitulo anterior :
Balderas, Aminaabud, elenharket2, Selenityneza, Rosario escobar, elbroche, Maribel, LovlyArdley, pivoine3, Sandra Carreo, tutypineapple, guest.
Feliz principio de año para cada una de ustedes.
