Love Live no me pertenece es de sus respectivos dueños.

-Okay Kotori…con mucho gusto te llevare las telas. Yo también te quiero, adiós linda.

- ¿Qué se supone que hace? –Eren arqueo la ceja con duda al ver a su mejor amigo tan animado en el teléfono- lleva mucho tiempo hablando por teléfono, ¿Qué tontería está haciendo ahora?

-Déjalo Eren, solo está hablando con Kotori –dijo Anju con una enternecida sonrisa.

Para ella, ver a Tsubasa tan animado era todo un placer, le gustaba que sonriera así, era una sonrisa tan natural. Pero para Eren era todo lo contrario, le costaba creer que su amigo podía sonreír de esa manera, la única vez que había visto esa sonrisa fue cuando le tomaron una foto a él y a su novia y vio su propia sonrisa.

-Me despido, te cuidas. Te quiero –dijo Tsubasa con alegría y colgó.

Poco a poco, Tsubasa se fue acercando a sus amigos con una sonrisa de enamorado, se sentó en el sofá de su departamento y suspiro profundamente.

- ¿Qué necesitaba Kotori? –indago la chica con una leve risita.

-Que le lleve unas telas que necesita –dijo con la mayor tranquilidad del mundo- iré después, porque en la tienda no abre hasta dentro de dos horas.

- ¿Por qué te lo pidió a ti? –pregunto de nuevo la chica.

-Ira a ver a su madre justo cuando abran la tienda, y Umi no puede ir porque visitara a sus padres en otro pueblo.

- ¿No crees que se está aprovechando de ti? –el pelimorado arqueo la ceja con duda.

-No, Kotori no me suele pedir ese tipo de favores. A parte, haría todo por ella –dijo eso ultimo con un suspiro profundo.

-Debes quererla mucho –añadió Anju con una sonrisa al ver a su amigo así.

-No tienes idea de cuánto la quiero. Cuando la veo me palpita el pecho, me siento feliz - afirmo mientras pasaba su mano sobre su pecho- ella me relaja como no tienes idea, haría lo que fuera para verla sonreír.

-Tsubasa-kun, estás haciendo que me ponga celosa –bromeo la chica con una sonrisa burlona.

-Lo siento querida, pero a ambas las quiero de diferente manera –le guiño el ojo y ella le regreso el gesto con un beso en el aire.

-Oye, al menos ten el descaro de hacerlo cuando no esté yo –bramo el ojiverde con molestia. Pero para que se engañaba, ya se había acostumbrado a ese tipo de coqueteo por parte de su pareja y su mejor amigo.

-Tranquilo Erencito, también tengo para ti, chiquito –le guiño el ojo de manera coqueta.

-Ay Dios, ¡qué asco! –el pelimorado puso cara de asco, e incluso casi se vomitaba en ese instante.

-Oh, hieres mis sentimientos, Erencito –bromeo con una falsa mueca decepcionado- yo que te quiero tanto y tú me desprecias así…

-Antes di que no te rompo la cara por ese comentario –bufo molesto mientras sacudía su cabeza- de solo pensarlo me da asco.

-Grosero, no entiendo cómo es que Anju-chan puede seguir con una amargada cara de tiburón como tu –dijo mientras negaba con la cabeza- ella es tan linda y tu tan animal.

-A las chicas nos gustan los retos –comento la chica con una sonrisa.

-Oh, ¿entonces no saldrías conmigo? –pregunto el castaño con una fingida tristeza.

-Claro que sí, eso lo sabes bien –le guiño el ojo con una encantadora sonrisa- solo que amo demasiado a Eren, así como tú quieres a Kotori, yo lo quiero a él.

-Eso es cierto, mi cariño por Kotori solo es comparable al que tú le tienes a Eren –de nuevo, ese suspiro de enamorado salió de sus labios.

-Oh, ya paren los dos –hablo el pelimorado muy sonrojado.

-Ay mi vida, Erencito esta rojo como tomate~ -se burló el castaño- ni que para ti fuera una novedad eso.

-Ya cállate, idiota –bramo molesto aun sonrojado.

-Pero que rápido te sonrojas Eren –rio la chica- no sabía qué hacías eso.

-Oh querida, puedo enseñarte fotos donde se ve tan ridículo que da hasta pena ajena –comento Tsubasa, su mejor amigo simplemente se sonrojaba y la chica sonreía de manera traviesa.

- ¿Dónde están esas fotos? Exijo ver todas las facetas que ha tenido mi novio –añadió sin disminuir su sonrisa.

-Sera un placer, Anju-sama –el chico guiño el ojo con cierta burla.

-Oye, hace tiempo que no me dices así –hablo con cierta nostalgia- desde que comencé a salir con Eren, comenzaste a llamarme por mi nombre.

-Bueno, es que tienes un nombre hermoso, casi tanto como tu- agrego con una sonrisa pícara- ¿Cómo no llamar a tan bella dama por su nombre de origen? Tu belleza no merece tales apodos de fan idiota, merecen hasta la flor más cara para adornarla.

-Ay Tsubasa, me harás sonrojar –la chica poso su mano derecha sobre su mejilla en fingida vergüenza.

- ¡Ya basta los dos! –Eren se levantó del sofá exageradamente sonrojado- tengo que ir a trabajas, ¡adiós! –se fue sin más.

-Tu novio sí que se enoja de más –dijo el ojiverde con risa- enserio, no sé cómo sales con ese amargado.

-Eren tiene su encanto -una sonrisa de enamorada salió de los labios de Anju- es lindo cuando se enoja de esa manera.

-Pero que sonrisa, se nota que estas enamorada -comento con una sonrisa- esa sonrisa la he visto cuando Eren habla contigo por teléfono. Lo traes cacheteando la banqueta.

-Deberías poner un espejo y verte cuando hablas con Kotori, pones esa misma cara- Anju se levantó del sofá y se encamino a la cocina.

-Lo sé, es que no es mi culpa amarla tanto -hablo con sinceridad mientras seguía a la chica a la cocina.

- ¿La amas tanto que eres feliz viéndola con otra persona? -inquirió con una ceja alzada.

Tsubasa, que en ese momento estaba preparando el café en la cafetera, solamente se río amargamente- sí, soy feliz si ella lo es.

-Me gustaría saber cómo terminaste en esa conclusión -hablo Anju desde el banco en el que se había sentado hace unos segundos. El banco se encontraba en la isla que estaba en la cocina.

-Tú sólo quieres tener inspiración para otra canción.

-No esta vez, solo quiero conocerte más. Te has estado guardando mucho ese pequeño desde hace mucho tiempo, siento que quieres hablarlo con alguien.

-Anju...-Tsubasa la vio con una media sonrisa- eres buena leyendo a las personas.

-Bueno, teniendo a un novio como Eren, es necesario saber leer entre líneas -le sonrió y palmeo uno de los bancos que se encontraba al lado de ella- anda, toma asiento en lo que está el café.

-Hay veces en las que no te entiendo -suspiro y se sentó en el banco- eres algo manipuladora, querida.

-Pero así me quieres, cariño -le guiño el ojo y río levemente.

-Tienes razón, te quiero y por eso te cuento mis desventuras -con una triste sonrisa tomo las manos de la chica- ¿lista para una última historia?

-Siempre.

-Entonces comencemos.


¿Por dónde empezar?

Te diré como es que la conocí.

Todo empezó cuando estaba en mi primer año de universidad, lo cual empecé en Francia ¿la razón? Se me abrió esa oportunidad después de salir de la preparatoria y solamente acepte.

En esos días no conocía a nadie, solo a Eren porque es mi mejor amigo de la infancia que obligue a ir conmigo e incluso compartimos departamento.

A diferencia de mi yo de preparatoria que andaba con casi todas las chicas de la escuela, el Tsubasa universitario no le importaba pasar sus días solo.

Mi perspectiva de pasar desapercibido en la universidad cambio cuando la conocí... Ella se encontraba trabajando en una cafetería que yo casualmente conocí. Había escuchado de esa cafetería por mis compañeros, me pareció una buena idea ir y ver como estaba, digo, necesitaba un lugar tranquilo para estudiar.

Mi error fue pensar que estudiaría. Entre, pero...era tan hermosa, con ese aire tradicional y.…me quede sin palabras, ah sí, también la cafetería estaba bonita.

Cuando entre ella me atendió con una dulce sonrisa, vestía un largo vestido gris hasta las rodillas, con un mandil blanco sujeto a su cintura, en otras palabras, portaba un traje de Maid, pero más conservador. Su cabello grisáceo era la combinación perfecta con sus brillantes ojos ambarinos…era como un ángel en la tierra.

-Bienvenido -dijo ella con una linda sonrisa- ¿solo o acompañado? –pregunto en un delicado francés.

-S-solo –tartamudee torpemente en mi idioma natal.

- ¿Tu? ¿Tartamudeando? -pregunto aun sin creerlo- lo veo poco probable.

-Pues lo fue...fue tan vergonzoso que aun después de vivirlo me sigue poniendo nervioso...-suspiro levemente sonrojado- no me fije y termine hablándole en japonés.

Ni siquiera me había fijado que le había contestado en japonés, me puse nervioso cuando recapacite mi error, pero ella río levemente ante mi estado, vio mis libros y con su hermosa sonrisa me llevo a un lugar tranquilo del café, donde no pasaba tanta gente y tenía una buena vista de la calle.

- ¿Desea leer la carta o tomara nuestra especia? –me pregunto con un tenue pero cariñoso tono de voz, a diferencia de su pregunta anterior, esta estaba en japonés.

-L-la carta está bien –pronuncie con unos crecientes nervios en mi voz.

-Aquí tiene –con amabilidad me entrego la carta- volveré en un momento, ¿desea algo mientras ve la carta?

-E-eh, n-no, así estoy bien –la vi reír levemente, asintió y se fue a atender a otros clientes.

Te juro que hice el intento por leer la carta, lo intenté varias veces, pero me fue imposible hacerlo con ella caminando con tanta gracia por el café. No importaba si eran niños, ancianos o una familia, ella los atendía con una sonrisa que podría derretir al polo norte…

Lo admito, me puse aún más nervioso cuando la vi caminar directo a mi lugar, así que hice lo que cualquier universitario normal haría cuando un maestro te va a preguntar ¡lee lo más rápido que puedas y contesta lo que te acuerdes!

-"Rápido Tsubasa, escoge algo que te gusté" –me dije a mi mismo mientras ojeaba con rapidez el menú.

- ¿Está listo para ordenar? –su angelical voz me hizo estremecer. Al menos no salte de mí asiento…es un avance.

-E-eh, si claro –le entregué el menú y me dispuse a ordenar- un café negro está bien.

- ¿Solo eso? –Pregunto ante mi evidente inseguridad- podría traerle algo como un pastel o algo así.

-No se preocupe, así está bien, el café está bien –termine mi oración con la mejor sonrisa que pude dar en ese momento.

-Entendido, le traeré su café entonces –con esa misma sonrisa de antes, se encamino a la barra para tomar la jarra de café negro, regreso y sirvió el café en una taza que estaba enfrente mío y yo ni cuenta- aquí tiene, disculpe la tardanza, pero aquí esta su café tan negro como un sótano sin luz –agrego ella con un tono burlón.

-Eso fue rápido –comente con una sonrisa un poco más relajada ante su voz. Tal vez noto mi nerviosismo y por eso conto el chiste- permíteme decirte que ese fue un mal chiste.

-Lo sé, no soy buena contándolos –pensé que se enojaría, pero, al contrario, lo tomo con calma e incluso soltó una risita- debo mejorar en eso.

-Tal vez pueda contarte unos chistes mientras estoy aquí –hable con amabilidad, a diferencia de mi yo de preparatoria, ahora no quería coquetearle, solo…agradarle…

-Sera un placer escucharlo –dijo con un leve rubor en sus mejillas- pero deberá ser en otro momento, ahora tengo clientes –sin más se fue.

Era feliz en ese momento, sin pensarlo o planearlo, ella se había sonrojado por mi comentario. Tuve tanta alegría en ese momento que tome un sorbe de mi taza, que después trague amargamente…se me había olvidado que odio el café negro. Me gusta más el café con leche.

Sin prestarle atención a mi horrible café negro, me puse a estudiar, tenía un examen importante y como buen estudiante responsable, apenas estaba estudiando.


-Pensé que eras bueno en la escuela –agrego la chica confundida.

-Lo soy aun, solo que en ese tiempo aun no me acostumbraba a vivir para los libros.


¿Cuánto había pasado desde que había llegado a esa cafetería? Si soy sincero, me parecían segundos. Claro que estudiaba, pero en ratos volteaba a ver a la mesera de nombre que aun desconocía. Ella sonreía de manera inocente cuando se le acercaba algún niño para preguntarle cualquier tontería, era amable con sus clientes, pero no al punto de querer algo más con ellos. Me parecía linda su manera de ser en ese momento.

En mi regreso a la realidad, seguí leyendo mi libro y asiendo mis apuntes hasta que un pastel de chocolate junto con una malteada de vainilla se posicionó enfrente de mi Moore*

- ¿Uhm? –vi con duda aquellos comestibles y levante la vista cuando escuche una suave risa, y vi a la mesera de cabellos grisáceos que sonreirá como una pequeña niña- creo que…olvide cuando pedí esto –hable confundido.

-No lo hiciste –con esa encantadora se sonrisa se sentó justo enfrente de mí- estas tan enfocado en tus estudios que no te diste cuenta cuando cambie tu café negro por un chocolate caliente.

- ¿Es enserio? –tome la taza con mi mano derecha e inspeccione su interior, eso definitivamente no eran pedazos de café, era efectivamente chocolate- eso explica porque me sabia tan bien.

-Me hubieras dicho que no te gustaba el café negro y te hubiera traído otra cosa - ¿eso era un regaño? No lo parecía, ese ceño levemente fruncido y sus brillantes ojos no daban la impresión de estar "enojada"- no estés nervioso, no muerdo.

-Lo lamento, es que…

-Solo buscaste algo que pedir, lo entiendo –más que una pregunta fue una afirmación- vi tu cara de disgusto cuando tomaste el primer sorbo, esperé a que terminaras para cambiártelo.

-Que hábil, no me di cuenta–dije extrañado, me parecía raro ese tipo de atención ¿sería que ella también me estaba viendo cuando estudiaba? - gracias.

-No es nada –de nuevo esos ojos hipnóticos me estaban viendo para caer en su embrujo- ahora, ¿me contarías un chiste? –pregunto de manera tímida. Se veía tan linda con ese rubor en sus mejillas.

- ¿Ah~? ¿Así que solo me trajiste el pastel para contarte un chiste? –así se sonrojo hasta las orejas por mi comentario.

-E-eh no, este…es que…-comenzó a balbucear.

-Vamos, no te pongas nerviosa, que no muerdo –arremedé sus antiguas palabras con un guiño- no pensé que te pusieras tan roja con solo decirte eso.

-Eres imposible…-suspiro derrotada.

-Y tú eres muy linda, ¿Cuál es el problema? –pronuncie de manera calmada y de nuevo ella volvía a sonrojarse como un semáforo en rojo.

- ¿Les dices eso a todas las chicas que te conocen? –hablo sonrojada, pero con una voz derrotada. Hasta cierto punto eso fue muy gracioso, nunca pensé ponerla tan nerviosa y eso que aún no estaba intentando nada con ella.

-Solo a las que me alimentan –tomé con mi tenedor una porción de pastel y lo metí en mi boca con gracia- esta rico, muy rico.

-Das a entender que te alimentan muchas mujeres –ante mí una imagen completamente hermosa, ¿estaba celosa? No lo supe, pero se veía como una niña haciendo berrinches.

-En realidad tu eres la primera que me trae un pastel de chocolate con una malteada de vainilla –parecía más tranquila, aunque aún estaba un tanto sonrojada. Logre ver una leve sonrisa en sus labios cuando pronuncie eso.

-Lo tomare como un logro personal –rio levemente y después suspiro- ¿ya me contaras mi chiste?

-Va pues, te contare un chiste que te hará reír como loca –tome un sorbo de la malteada- ¿Quién es más grande? ¿Un niño de un año o un pollo de un año?

-Emm… ¿el niño?

-No, el pollo, porque tiene un año y pico –reí ante mi poderoso y magnifico chiste.

- ¡Eso no fue gracioso! –así comenzó a reírse.

- ¿Entonces porque te ríes?

-Porque es tan malo que da risa –continúo riendo.

Así compartimos nuestras risas, mientras más chistes malos decía yo, más reía ella y con fuerza. Agradecí tanto que la mesa estuviera un tanto alejada de los demás comensales y que casi no hubiera gente, pues nos pudimos reír como locos durante ese tiempo.

-No se nota, pero tus chistes no son tan malos –agrego ella un poco más calmada.

- ¿Verdad? Son tan malo que dan risa –suspire para calmar mis ganas de volver a reír- pero eso sí, tu cuenta malísimos chistes.

-Oye~ que grosero –hizo un pequeño mohín y sonrió- compensas eso con ser sumamente gracioso.

- ¿Qué puedo decir? Hasta para eso soy perfecto –hable con cierto aire de vanidad para hacer que riera otra vez, y funciono, ella se rio.

-Vaya, eres un completo Narciso –ella reía y reía de manera angelical.

-Bueno, se llama ser sincero de dónde vengo –agregue con una sonrisa feliz.

- ¿Y se puede saber de dónde vienes? –inquirió curiosa.

-Vengo de Japón, al igual que tu –le di un último sorbo a mi malteada- vengo de Tokio, ¿y tú?

-De Osaka, pero estudio aquí.

- ¿Qué estudias?

-Diseño en modas –dijo con alegría- se me abrió una oportunidad aquí y vine de inmediato.

-Se nota que te gusta esa carrera –ella parecía confundida- tus ojos brillaron cuando mencionaste eso.

-Eres bueno leyendo personas –dio un leve suspiro y vio un reloj que se encontraba en la pared- pero como pasa el tiempo cuando te diviertes, ya son las seis de la tarde.

- ¿Verdad que sí? –le sonreí cuando regreso su mirada a mi- me sorprende que no tuvieras que trabajar en todo este tiempo.

-Bueno, no hay tanta gente y eso…-puede que no lo notara en ese entonces, pero ella estaba sonrojada, tímida como un pequeño pajarito esperando a no ser descubierto.

- ¿Ah~? Presiento que me ocultas algo –inquirí con una sonrisa de burla.

-N-no es lo que piensas, de veras –hasta sus orejas estaban rojas de lo apenada que estaba.

Simplemente reí y con calma acomode mis libros con mis apuntes- tengo una idea de lo que pudo pasar, pero quiero guárdame mis suposiciones para mí.

- ¿Y qué supones? –enserio parece una niña cuando quiere, ladeo la cabeza de una manera tan tierna y ese sonrojo en sus mejillas no ayudaba a darle un aura de gente mayor.

-No me gustaría que la magia desapareciera –le guiñe el ojo y me levante de la mesa- será mejor que me retire, no quiero que mi compañero de habitación me agarre a patadas después –reí al imaginar como mi mejor amigo efectivamente me patearía por salir sin avisarle.

-No creo que pase eso –acompaño mi risa mientras se levantaba de la mesa al igual que yo.

-Créeme, él es un neandertal –acomode mis libres y saque mi cartera de mi bolsillo- ¿Cuánto te debo?

-No me debes nada –me confundí con sus palabras- no me veas así, en verdad no me debes nada.

-Pero consumí mucho de aquí, lo correcto es pagar –dialogue, pero ella señalo un cartel que decía "hoy es gratis para los hombres"- ¿de dónde salió eso?

-Esta hay desde que entraste –ahora se reía de mi cara de menso confundido- ¿no te diste cuenta que había muchos hombres cuando entraste?

-La verdad no…-murmure y rasque mi nuca- sí que puedo ser distraído.

-Ni que lo digas –ella seguía con su leve risa y hermosa sonrisa.

-Sera mejor que me vaya antes de que te rías más de mi –fruncí el ceño en fingida molestia.

-Ni tú te la crees, no estás enojado.

-No me puedo enojar con una chica tan linda –pero como adore hacerla sonrojar tantas veces- por más que lo deteste, debo irme –le dije con una mueca triste.

- ¿Volverás? –vi como ella también se ponía algo triste. Por alguna razón desconocida, me ponía feliz que ella me extrañara o eso pareciera.

-Claro, a esta misma hora mañana –agarre con fuerza mis libros y le sonreí en un intento de calmarla- ¿tu estarás aquí mañana?

-Estaré toda la semana –hablo calmada- nos vemos mañana…- era cierto, aun no conocía mi nombre.

-Tsubasa, mi nombre es Kira Tsubasa.

-Entonces nos vemos mañana, Tsubasa-kun~

-Hasta mañana, Kotori~

Antes de que pudiera preguntarme como sabía su nombre, salí corriendo del establecimiento con una sonrisa en los labios.


- ¿Cómo supiste su nombre? –pregunto la cantante curiosa.

-Había escuchado como unas compañeras de trabajo la llamaban por su nombre –el ojiverde sonrió tontamente.


Cualquier persona que me hubiera dicho "te vas a enamorar de una hermosa chica en un solo día", le hubiera dicho idiota y que ya no soy un niño como para que me pase eso... Me alegra haber estado equivocado, porque ese día, ese magnífico día la conocí y me enamoré a los pocos segundos de verla. En ese tiempo aun no lo sabía, lo único de lo que estaba seguro es que había algo en ella que me atraía y no quería dejarla ir.


-Vaya Tsubasa, me sorprendes –hablo la joven con una sutil sonrisa materna- incluso cuando platicas esa anécdota, te veo tan feliz. Eso no paso ni con Hanayo-san, ni con Nico-san.

-Hanayo y Nico fueron importantes en mi vida y aún lo son, pero Kotori...ella despertaba algo en mí, un sentimiento diferente, algo que aun hoy en día no puedo describir- argumento el joven con una sonrisa- aun quiero a esas dos y mucho. Pero con Kotori todo es diferente, mi mundo es diferente cuando la veo.


Cada día, sin falta, iba al café para verla. Ella me traía debes en cuando una malteada con una rebanada de pastel o cuando hacia un poco de frio me servía un té de durazno. Mientras Kotori atendía las mesas, yo estudiaba, en ratos la veía y no podía más que sonreír como tonto al ver su dedicación en el trabajo. Varias veces la atrape mirándome y cuando eso pasaba ella desviaba la mirada con un tenue sonrojo que solo la hacía ver más linda de lo que naturalmente es.

Un día que fui más temprano de lo normal, literalmente eran las siete de la mañana. Kotori me había dicho que tenía que trabajar en el turno matutino y el vespertino, pero no sabía la razón, así que como buen chismoso que soy, fui a verla.

-Buenos días –salude en el momento que entre con una gran sonrisa.

-Bienvenido –hablo mi peligris favorita con una mirada confundida- ¿Qué haces aquí? –pregunto sin sonar agresiva.

-Bueno, tenía ganas de un té y vine –le dije con la mayor confianza del mundo.

- ¿No se supone que tienes clases? –volvió a preguntar sin sonar tan agresiva, aunque pude captar cierto reclamo en su voz.

-No tengo clases hasta las once de la mañana –agregue de una manera calmada. Aunque si tenía clases, pero ella no debía saber eso, igual no eran clases importantes.

- ¿Justo a la hora en la que yo salgo de trabajar? –entrecerró los ojos y ladeo la cabeza- es sospechoso.

-Yo lo veo normal –mantuve mi confiada sonrisa mientras era dirigido por Kotori hasta la que se había vuelto nuestra mesa.


-"Y nos dirigimos a nuestra mesa, nuestro lugar, único y exclusivo para dos amantes a escondidas" –agrego Anju con una voz más grave que la suya, imitando a su amigo que solo la veía sin saber que expresión poner.

-Acabas de arruinar el encanto del cuento –frunció el ceño con fingida molestia- ahora ya no te voy a contar nada –se cruzó de brazos con un puchero en los labios.

-No seas así, Tsubasa ¡ya no me burlare! –casi tuvo que lloriquear para que el joven la mirara. Su sorpresa fue verlo con una sonrisa de oreja a oreja- ¡Tsubasa, no me asustes así!

-Lo siento, pero es divertido molestarte –le guiño el ojo y coloco su dedo en la frente de la chica- ¿Qué te dije de las arrugas? Quedaras toda pasita antes de los treinta.

-A veces eres muy molesto –ahora era ella la molesta, pues se había cruzado de brazos y le había dado por completo la espalda.

-Esa ni tú te la crees –con su misma sonrisa, giro a la chica y beso su mejilla con afecto- no te enojes linda, ¿Qué tal si te termino de contar para que estés feliz?

Con un tenue sonrojo en las mejillas, Anju acepto inclinando la cabeza.


-Hey, Kotori –la llame al verla tan abstraída viendo no sé qué cosas- ¿me estas escuchando?

- ¿Eh, que pasa? –me contesto distraída sin dejar de mirar algo en la ventana.

Gire mi cabeza para ver lo mismo que ella, lo que ella estaba viendo era un cartel de la semana de la moda en Paris, no faltaban más de cuatro días para la inauguración de dicho desfile según el cartel.

-Si quieres ir, solo ve –le dije con tranquilidad cuando por fin me vio- es aquí, así que no es problema el transporte.

-Es que, no puedo ir –bajo la mirada con evidente tristeza.

- ¿Por qué? El desfile inicia este fin semana, no tienes clases esos días hasta donde yo sé –hable confundido, pero a la vez inquieto por esa afligida mirada.

-Por el desfile y la posición de la cafetería, tendremos muchos clientes apartar de mañana que las personas empiecen a llegar –dijo con un suspiro en sus últimas palabras- la jefa nos pidió o más bien exigió que atendiéramos desde temprano hasta la tarde casi noche.

- ¿Puede hacer eso?

-Puede y lo hizo, renunciar no es una opción, necesito el trabajo –otra vez suspiro afligida- lo único que puedo hacer es venir a trabajar, ir a la escuela, y regresar a trabajar.

-Ya veo.

No sabía que decirle. No podía darle la opción de irse del trabajo, pero tampoco tenía una solución a su problema.

-Sera mejor que vaya a trabajar, Tsubasa-kun –con una abrumada sonrisa se retiró a atender unos clientes que acababan de llegar.

-Adiós –la vi alejarse.

En el transcurso del día, eran contadas las veces que la veía sonreír de verdad, solo fueron dos veces. No podía evitar sentirme terrible cuando

Cuando termino de trabajar, la espere para que se cambiara de ropa y ambos nos fuimos de camino a la universidad.

- ¿Segura que estas bien? -le pregunte por vigésima vez mientras caminábamos.

-Estoy bien, Tsubasa-kun -respondió con una sonrisa de lado- podre ir a otro evento, no te preocupes.

-No...-pronuncié, detuve mi andar, ella imitó mi acción y me vio confundida.

- ¿No? -parecía desconcertada.

-Iras a esa pasarela, no sé cómo lo haré, pero tu iras -le sonreí y tome su mano- es una promesa -entrelace su meñique contra el mío- lo haré y entonces volverás a sonreír como antes.

-Tsubasa-kun...-vi como sus mejillas de a poco se sonrojaban.

-Tu tranquila, así tenga que conseguir un elefante volador para que puedas ir, lo haré.

-Estás loco -era la tercera vez que la veía sonreír de verdad en ese día.

-Y por eso soy el más cuerdo -estreche su mano contra la mía y camine junto con Kotori tomada de mi mano.

-Eso no tiene sentido -río de una manera alegre.

-Para mí lo tiene -correspondiente su cálida risa con la mía.

-A la mañana siguiente-

- ¡Buenos días jefecita! –grite con emoción al momento de entrar a la cafetería.
-Pero que gritón eres niño –se quejó mi jefecita.

No era una mujer mayor a los 40 años, portaba unos pantalones negros, camisa azul y saco blanco. Su cabello era café con algunas canas en él y sus ojos eran verdes como los míos. A diferencia de Kotori, que, si habla tanto japonés como francés, mi jefecita únicamente conocía el francés.

-Lo siento, es que estoy ansioso por empezar –reí levemente nervioso.

-Espero que mantengas ese ánimo hasta el final del día –negó con la cabeza y después sonrió levemente- no te vayas a distraer hablando con Kotori, ¿entendido?

-Lo prometo jefecita –retome mi sonrisa- no la voy a distraer más de lo necesario.

-Espero que así sea, mocoso –se dio la vuelta- al menos recíbela en la puerta, mal educado –diciendo eso, se fue a su oficina.

- ¿Qué la reciba? –lado la cabeza un poco confundido. Escuche la campana de la puerta, gire y vi a Kotori sorprendida y levemente sonrojada- buenos días –le dije con una simpática sonrisa.

- ¿Tsubasa-kun? –Poco a poco se fue acercando a mi posición con su maleta donde guardaba su uniforme- ¿Qué haces aquí?

-Vine a trabajar –conteste de una manera tranquila- dijo la jefa que, si trabajaba con ustedes estos días, muy probablemente te dejaría ir al desfile el sábado.

-Pero, ¿no tienes clases a esta hora? –pregunto desorientada.

-No es nada que no se pueda arreglar –agregue y acomode mi saco gris- ¿a poco no me veo bien con el uniforme?

Ella me vio de pies a cabeza con un tenue sonrojo en sus mejillas. No es por presumir, pero me veía perfecto en ese uniforme. Mis zapatos negros bien lustrados, mi pantalón gris con líneas blancas verticales y camisa blanca perfectamente planchadas, mi chaleco gris, y mi corbata azul recién robada del armario de Eren porque no tenía ninguna en ese tiempo. Me veía estupendo.

-Te ves muy bien –mi sonrisa se amplió cuando la vi desviar la mirada con pena.

-Gracias, gracias –mire el reloj de mi muñeca, eran casi las siete de la mañana- mi querida Kotori, por más que me guste verte sonrojada, es hora de trabajar- me posicione atrás de ella y la comencé a empujar suavemente hasta los vestidores- ¡pero apúrale que tenemos que trabajar!

- ¡Tsubasa-kun, no me empujes! ¡Tú no puedes entrar a los vestidores!

Reí ante sus últimas palabras, la deje en la entrada de los vestidores y me dirigí a terminar de acomodar las mesas.

En lo que me queda de vida, ¡no vuelvo a ser mesero! No sé cómo lo hacía Kotori en ese momento para atender a los clientes con una sonrisa, yo ya me estaba desesperando con un niño que no dejaba de decir que parecía un pingüino. ¡Él tenía cara de avestruz y yo no le dije nada!

Era una tortura atender a los niños, a los abuelitos, hasta las parejas de enamorados eran una tortura. Cada maldito segundo estaba de melosos, ni yo era si en mis mejores épocas de Romeo y eso que tuve muchas novias.

A cada rato me detenía un niño para preguntarme donde estaba el baño, era tan obvio, el letrero del baño era enorme, pero el mocoso no lo veía y tuve que llevarlo al baño.

Hasta un bebe me vomito encima de mi hermoso uniforme de trabajo…no tuve de otra más que irme a cambiar por un traje olvidado de otro empleado.

-Las cosas que uno hace por ella –murmure para mí mismo mientras me retiraba el saco y el chaleco- y solo es el primer día, no imagino cómo será el segundo día.

-Sera mejor, te vas acostumbrando.

Esa era la voz de Kotori que estaba en la puerta de los vestidores, me giré y le sonreí levemente.

-Podría ser peor, pudo haberte gritado la mamá y después el papá mientras él bebe lloraba –agrego ella mientras se acercaba a mí con una leve sonrisa.

- ¿Te paso algo parecido? –indague mientras me retiraba la corbata.

-Algo así, en realidad un bebe me vomito y a su hermano mayor de nueve años se le cayó el jugo en mi falda –conto con una leve risa- no tuve de otras más que cambiarme de ropa y seguir atendiendo las mesas con una sonrisa.

-Eso debió doler –suspire y sacudí mi cabeza- supongo que me acostumbrare como tú.

-No tienes que hacerlo si no quieres…-bajo la mirada.

-Porque quiero lo hare –con mi mano levanté su cara y la hice verme- quiero que disfrutes el desfile y que no estés triste. No voy a estar tranquilo hasta saber que tu felicidad está garantizada.

-Gracias…-parecía enternecida con mis palabras. Tomo mi mano que aún estaba en su mejilla- es un lindo gesto de tu parte, te lo agradezco.

-No es nada, mereces eso y más –le sonreí con ternura y besé con afecto su frente.


- ¿En la frente? ¿Qué está pasando contigo, Tsubasa? Era para que la besaras en los labios como buen profesional que eres –reclamo la cantante con el ceño fruncido.

-No la podía besar en los labios en ese momento, hubiera sido inapropiado… -Tsubasa desvió la mirada levemente apenado- no era el momento.

-No te quejes de Eren, que tu actuaste de la misma manera –volvió a reclamar con los brazos cruzados.

-Ya no me regañes, que lo que viene a continuación te hará reír.


Después de besarle la frente, ella se aferró a mí en un fuerte abrazo. Se sentía tan bien tener ese tipo de cercanía, podía oler con más calma su delicado perfume, tenerla tan cerca hacía que mi corazón latiera con tanta fuerza que temía que se fuera a salir en cualquier momento…pero como la mala suerte de Eren es contagiosa, nuestra querida jefa había abierto la puerta y carraspeo para que nos pudiéramos separar.

-Haber, "jóvenes", no me importa si quieren entablar una relación amorosa, pero por favor, no quiero "muestras de afecto" en mi local, menos en los vestidores –hablo con dureza y algo molesta.
- ¡Entendido! –Conteste con nerviosismo y un leve sonrojo en mis mejillas apareció- no vuelve a pasar, ¿verdad, Kotori? -la vi y le pregunte, pero ella estaba un peor que yo. Tenía la cara demasiado roja y se les notaba la vergüenza a leguas.

-En ese caso, Tsubasa, cámbiate de ropa que los clientes esperan. Kotori, ayúdale a acomodar su ropa y si de ser necesario, ajústala –sobo sus sienes- no quiero escuchar sus gritos de pasión desenfrenada, ¿escucharon? –negó con la cabeza y salió casi azotando la puerta.

-Ahora no se si reír o llorar…-comente con una sonrisa avergonzada- no imagino que estará pensando de nosotros ahora.

-Nada bueno, eso es seguro –comento mi sonrojada "amiga"- solo estábamos abrazados, no hicimos nada malo.

-La verdad no hicimos nada, aunque…-con astucia la acorrale en uno del guarda ropa del vestidor- siempre podemos empezar de poco a poco.


- ¡Por fin, algo de acción! –literalmente, la cantante Yuki Anju salto de su asiento y sonrió de manera victoriosa- ¡ya era hora de que saliera a la luz mi intrépido Tsubasa!

-Anju, contrólate –rio el joven con ganas- no esperaba esa reacción de ti.

- ¡No es para menos! Por fin hiciste algo que el Tsubasa que conozco haría –hablo con suma alegría y orgullo- ¡continúa hablando, ándale! ¡Quiero saber su reacción!

-Bueno, bueno, a eso voy –volvió a reír y tomo un sorbo de su café- y luego…


-T-Tsubasa-kun

Hubiera pagado lo que fuera por tener una cámara en esos momentos, se veía tan vulnerable como un pajarito atrapado por un lobo. Claro que me hubiera retirado si ella mostraba algún tipo de disgusto por la cercanía que tenía con ella en ese momento, pero paso todo lo contrario…

Ella cerró los ojos con un fuerte sonrojo que le llegaba hasta las orejas-S-solo se amable, por favor –pronuncio con una tímida voz, delicada como la seda, pero poderosa como una bomba.

Ahora era yo el que estaba más rojo que un tomate, tenía los ojos abiertos como platos y mi corazón no dejaba de latir.

Suspire rendido y apoye mi frente contra su hombro- contigo no se puede, eres demasiado linda para ser cierto.

Escuche como ella rio levemente y acaricio mi cabeza con afecto- Lo lamento Tsubasa-kun, a veces el corazón habla por sí solo y no se puede controlar.

- ¿Eh? –me alejé de su hombro y la vi confundido- ¿a qué te refieres con…?

Volvió a reír y beso mi mejilla -Tengo que trabajar Tsubasa-kun, apúrate y vuelve al trabajo– guiño el ojo y salió del vestidor muy campante.

Esa fue la primera vez que Minami Kotori me dejaba completamente sonrojado, confundido y…ciertamente alterado.


-Qué vergüenza Tsubasa, esperaba más de ti –dijo la cantante decepcionada- esperaba más de ti.

-Pensaba molestarla, tal vez besarle la mejilla, jugar un poco con ella y hacerla sonrojar hasta que se desmayara. Pero no esperaba esa reacción de su parte…-argumento el pelijengibre levemente sonrojado- aun de solo pensarlo me pone tenso.

-Me sorprende que no te desmayaras…

-De hecho, me desmaye, pero recobre la conciencia en pocos minutos –confeso aun apenado.

-Tsubasa, cada palabra está haciendo que mi respeto por ti se vaya por el caño…

-Perdón querida, ni yo sé explicar esa reacción mía –suspiro resignado.

- ¿Y qué paso después? Aparte de que tu dignidad se fue por un caño –indago la joven con cierto tono sarcástico.

-Ignorare tu tonito de voz –volvió a suspirar- pasaron los días y no pude preguntarle a Kotori la razón de su contestación. Cada vez que lo intentaba siempre pasaba algo y no podía preguntarle.

- ¿Al menos si la pudiste llevar al desfile?

Gracias al cielo y a nuestro esfuerzo, la jefecita nos había dado el sábado libre. Kotori y yo habíamos quedado en vernos en el parque para asistir al desfile. Pero como buen chico corrido de su departamento, fui temprano para recogerla y hacer algo mientras.

- ¿Eren te corrió? -indagó la chica curiosa.

-Si, dijo que le estaba hartando que diera tantas vueltas en el apartamento y me saco a patadas.


Siempre me intento ver bien cuando voy a una cita, pero ese día mi esfuerzo de triplico para formar un atuendo digno de mi cita. Pensaba llevar un traje, pero me pareció muy formal. Después vino la idea de una pantalonera y una sudadera, pero la deseche, demasiado informal. Pero como dije antes, Eren se estaba comentando a molestar, así que tomé una camisa de cuadros rojos, unos jeans azules y mis fieles zapatos negros.

Así que fui al departamento de Kotori para ver si ya estaba lista. Toqué la puerta y no pude más que reír por semejante vista.

La chica que abrió la puerta era mi adorada pajarita, que no estaba tan peinada y arreglada como de costumbre. Ya la había visto con su pijama de conejos, pero nunca me había tocado verla tan despeinada, parecía una melena de león.

- ¿A dónde tan peinada? -dije con burla.

-T-Tsubasa-kun -en cuanto me vio cerro la mayor parte de la puerta, sólo podía ver parte de su cabeza- ¿Qué haces aquí?

-Mas bien, ¿qué haces tú con ese peinado de leona a las tres de la tarde? -me burle- no me malinterpretes, te ves sumamente adorable, pero me sorprende verte así.

-E-es que ayer me desvele terminando unos ensayos que tenía pendientes -hablo con evidente vergüenza.

-Ya veo, pequeña leoncita.

-No me digas así -frunció el ceño de manera graciosa- ¿porque llegaste tan temprano?

-Eren me corrió del apartamento, así que vine a ver como estabas -dije con simpleza- ¿puedo pasar o me vas a dejar aquí afuera?

-Lo lamento, pasa -aún apenada abrió la puerta para darme el pase.

-Gracias~ -entre y, antes que nada, la tome entre mis brazos y la abrace con fuerza.

- ¡Hey, s-suéltame! -dio un leve chillido- no me he bañado, ¡debo oler mal!

-Calla mujer y déjate querer -el levante del piso y me encamine a su habitación- te esperaré todo lo que sea necesario, así que alistaste -la deje en la puerta de su habitación y bese su mejilla tomate tu tiempo.

-Eres malo -frunció el ceño y después río levemente- pero es lo que me gusta de ti.

Antes que pudiera preguntarle sus palabras, ella se había metido rápidamente a su habitación.

No podía hacer más que esperarla, tal vez divagar por su departamento y robarme alguna foto de ella de niña.


-Antes de que preguntes, si, si tome una foto y la tengo en mi cartera -confeso el ojiverde con una sonrisa orgullosa de su tesoro- es una foto de cuando ella era una niña y estaba con un lindo vestido azul como el mar azul~.

-Eres un pervertido...

-Síguele y no te daré las fotos de Eren -el joven río al ver como la cantante guardaba completo silencio- ja, ¿no qué no?


Entiendo que las mujeres tarden en cambiarse, pero es una exageración lo que pueden durar. No sabes lo feliz que estuve cuando Kotori salió de su habitación.

Se veía sumamente hermosa con ese vestido verde coral con olanes blancos en el borde de la falda. Mi corazón no dejaba de latir al verla así de bella. Era algo natural, aun con su peinado de leona se veía perfecta.

- ¿Estas listas, Kotori? -le pregunte al verla con su lindo atuendo.

-Siempre -me sonrió y tomó mi brazo- ¿Tu lo estás?

-Claro que si -le guiñe el ojo y ambos comenzamos a caminar a la puerta para irnos al desfile.

El transcurso del camino pasó entre bromas y risas. En cuanto llegamos se notaba la elegancia y la clase del lugar. Un lugar que ni en mis mejores pesadillas podría aspirar a entrar, y no porque no tuviera el dinero o algo así, la cosa es que jamás imagine estar en un lugar así. Gire a ver a mi acompañante, se veía sumamente feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, sus ojos brillaban. Todo el sacrificio había valido la pena, si ella estaba feliz, entonces estaba bien.

El desfile había empezado, si soy sincero, no soy fan de la ropa, pero...al verla tan emocionada no pude nada más que sonreír y disfrutar del espectáculo que mis ojos visualizaban. Sus brillantes ojos, su cálida sonrisa y sus expresiones, era todo el espectáculo que necesitaba.

- ¡Mira, Tsubasa-kun, es Elia Saab! –Murmuro eufórica mientras pasaba dicho diseñador con sus modelos- sus diseños son fascinantes, la posición de las costuras es gráciles, caen sobre la piel de las modelos como agua. ¿Viste ese vestido? Nunca pensé en usar ese tipo de estampados, lo tendré en cuenta en próximos diseños.

Solo me limite a asentir y sonreír. Había cosas que no entendía y se las preguntaba a Kotori y ella las respondía con tanta alegría.

Dirigí la mirada hacia una de las modelos, esa chica me parecía muy similar. No fue hasta que quiño el ojo que me di cuenta de quién era, una ex –novia de cuando estaba en secundaria, sabía que conocía esa melena rosada y esos absorbentes ojos amarillos. Únicamente me limite a asentir con una sonrisa y levante levemente la mano en gesto de saludo.

- ¿A quién saludas? –pregunto mi bella acompañante con inocencia.

-A Nanaya –dije con simpleza, pero ella parecía confundida- es mi ex –novia de cuando iba a la secundaria –había cambiado su gesto de confundida a ¿molesta?


-Tsubasa, eres un idiota, ¡es obvio que estaba molesta! ¡Si vas y le dices que saludas a tu ex –novia! –grito la artista molesta.

-No lo entendí en ese entonces, no te enojes…


Como dije en ese entonces no entendía el enojo de Kotori, por eso simplemente la miraba confundido. Ella evitaba mi mirada, cuando quería hablar con ella simplemente desviaba la mirada y ya no contestaba mis preguntas…así que no me quedo de otra más que recurrir a la estrategia que han usado los hombres por años para que las mujeres les presten atención, la fastidie e intente sacarle conversación en vez de esperar a que se le pasara el enojo.

-Kotoriiii, no me ignores, ¿ahora que hice? –le pregunte en casi una súplica- lamento si hice algo mal, no lo vuelvo a hacer –forme un puchero en mis labios e intente buscar su mirada, pero me seguía eludiendo- anda, préstame algo de atención, no vuelvo a hacer lo que sea que hice…

Ella suspiro y me vio con una cara neutra-Eres un tonto –con dos de sus dedos golpeo mi mejilla como si fuera una cachetada, aunque la verdad no dolió - ¿enserio no sabes lo que hiciste?

-De verdad que no, ¿me lo dirías? –Pedí como un pequeño niño- si me lo dices, no lo vuelvo a hacer.

Volvió a suspirar- saludaste a tu ex estando conmigo…-su murmuro apenas lo alcancé a escuchar, pero al escucharlo me di una bofetada mental por lo idiota que había sido en ese momento.

-Lo lamento Kotori –hice una leve mueca- no me di cuenta fue por inercia. Tienes razón en molestarte, yo lo haría si fuera el caso –tome su mano derecha y la sostuve mi mano izquierda- ¿me perdonas? –pedí con verdadero arrepentimiento.

Kotori nuevamente suspiro y me sonrió levemente- creo que exagere, ¿verdad?

-Claro que no, estas en toda la razón de actuar así –bese su mano con cariño- yo hubiera hecho lo mismo si tu saludaras a un ex –novio, aunque…-entrecerré brevemente mis ojos- eso significaría que no te estás divirtiendo, lo cual nos lleva a que debo molestarte y hacerte reír más para que no andes mirando más chicos que no sean yo –dije con fingida seriedad que Kotori tomo con una suave risita.

-Eres todo un caso, Tsubasa-kun –ahora me sonreirá ampliamente- ¿te parece si terminamos de ver el desfile?

-Claro, pero no te salvaras de mis preguntas y bromas en lo que queda.

-No esperaría menos –volvió a reír y ambos colocamos nuestra atención en la pasarela.

Ya eran pasadas de las doce de la noche cuando había terminado, Kotori se veía tan feliz, en el camino a su departamento no dejaba de platicar sobre los vestidos, la gracia que tuvieron las modelos, dio algunas críticas sobre un vestido morado que no le gusto.

Era como una niña en juguetería, sus ojos no dejaron de brillar aún después de salir del desfile.

-Tsubasa-kun, muchas gracias -me agradeció en la puerta de su apartamento- sin ti, no hubiera podido ir al desfile y cumplir mi sueño.

-No hay de que, Kotori. Fue un placer hacer algo por ti -le sonreír y tome su mano.

-Me gustaría devolverte el favor algún día. Puedo hacerte un regalo.

-Kotori, el mayor regalo que me pudiste dar es sonreír como lo hiciste hoy -le dije calmadamente mientras mi mano se posaba en su mejilla- tu felicidad es la mía.

-Siento que no es suficiente...-poso su mano sobre la mía y sonrió levemente.

-Para mí lo es -bese su frente de manera afectiva.

No sé qué paso en ese momento, pero, Kotori me había besado. Fue solo un leve rose, pero eso fue suficiente para hacerme sentir una descarga eléctrica en todo mi cuerpo. No tuve oportunidad de regresar el gesto porque ella había separado sus labios de los míos.

-Tsubasa-kun, yo...lo...

No la deje terminar, ahora eran mis labios los que rozaban contra los de ella. Pero a diferencia de su beso, este si fue un poco más duradero.

Me aleje de sus labios y con una sonrisa vi su evidente sonrojo- Lo entiendo, a veces el corazón actúa sin pensar, ¿verdad? -pronuncie sus mismas palabras que ella había dicho hace unos días.

-Es cierto...-sonrió aun sonrojada y acaricio mi mejilla- a veces el corazón es tan terco, que hace las cosas sin pensar.

-Tendrás que disculpar al mío, pues es enamoradizo.

-Eso es lo que te hace único -río suavemente y volvió a juntar sus labios con los míos.

Ese fue la primera vez que un simple beso me hacía sentir así. Desde ese día, nuestra relación había cambiado.

Después de aquel beso, no me eran suficientes mis visitas en las tardes al café, tampoco lo era llamarla por las noches yo quería más, quería verla, me gusta su sonrisa, ella era diferente a mis antiguas experiencias.

Varias veces Eren intento arrancarme el celular porque yo no dejaba de hablar con ella en las noches. Era nuestro ritual nocturno, yo le hablaba o ella lo hacía, siempre a la misma hora y nuestra hora de dormir era a las 2 de la mañana cuando terminábamos de estudiar o simplemente nos vencía el sueño.

Después de esa dulce despedida, no la había vuelto a besar, pero ganas no me faltaban, veía el mismo deseo en ella, pero había algo que nos detenía. Ante todo, y lo que las personas quieran pensar, yo ame y respete mucho a Kotori, por eso no la volví a besar por el hecho de no ser "una pareja formal". Así que, seguro de mi decisión, me encamine a su departamento, ese día le pediría que fuera mi novia.

Nervioso toque la puerta. En lo que ella abría la puerta, yo alisaba mi camisa negra.

-Tsubasa-kun -abrió la puerta y yo la vi con una sonrisa- lamento si tarde, estaba preparando el té –se movió a un lado para que yo pudiera pasar a su departamento.

- ¿Hiciste té de durazno? -pregunte mientras entraba al apartamento.

-Claro, es tú favorito -cerró la puerta y junto a ella nos encaminamos a su pequeña sala.

-Y el tuyo también -me senté en la sala como buen niño que soy, mientras Kotori iba a la cocina por las tazas de té.

-Tienes razón, es de mis favoritos -río con suavidad y se sentó al lado mío con las tazas- su taza señor.

-Gracias, bella dama -tomé la taza y le di un sorbo- perfecto como tú.

-Me harás sonrojar -coloco su mano en su mejilla.

-Y eso es lo que quiero -agregue con una encantadora sonrisa- adoro tus sonrojos, tanto como te quiero a ti.

-Tsubasa yo...-su mirada cambio, ahora estaba apenada de verdad, pero parecía triste- ¿tú me...me...?

-Kotori -tome sus manos entre las mías y le sonreí tiernamente- yo te amo como no tienes ni idea, dime idiota si así lo quieres, pero yo me enamore de ti la primera vez que te vi. Tu sonrisa, tu risa, la forma en la que hablas francés me encanta, amo todo de ti, absolutamente todo.

Por fin, me le había confesado, me sentía...libre, pero avergonzado, ella no dejaba de mirarme impresionada. Ya había visto esto, la primera opción era disculparse, pero no lo haría, no me arrepentí en ese momento de nada.

Pensé en la segunda opción, que era besarla, como en las novelas, pero...Kotori me gano la idea, sin poder reaccionar, ella la me estaba besando, sus labios se apoderaron de los míos de una manera tierna y amable...en pocos segundos ella se alejó de mis labios y me vio con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

-Tsubasa-kun~ te amo -me estremecí al escuchar su confesión tan sincera.

-Kotori~ -no me pude resistir y la besé, pero a diferencia del beso que me dio ella, yo le di un beso con más pasión y entrega.

Ella no tardó en responder a mi beso...por los dioses, ese fue el mejor día de toda mi vida.

Desde ese día, empezamos a salir, Kotori fue mi relación más larga, la mujer que ame y aun amo con locura. Cada día que yo salía temprano la iba a visitar a su universidad, era divertido besarla enfrente de sus compañeras porque parecían ambulancias. Hubo una vez en la que ella se enfermó y yo fui a cuidarla todo el día, la llene de besos y caricias, claro que al final me termine de enfermar yo, pero valió la pena. Conocí a su madre, la señora es un amor con patas al igual que su hija, al igual que la señora Minami, yo la quiero y el sentimiento es recíproco.

Me sentía en la gloria todo ese tiempo que estuve con ella, y todo iba mejorando, pensé que iba a vivir feliz con ella, incluso podía verme casado con ella. Juro por todo lo que es bueno en esta vida, vi en sus ojos a mis hijos, nos vi viviendo y envejeciendo juntos…fue un grave error pensar eso antes de tiempo.

Un día, un amigo de Eren lo vino a visitar y junto con Kotori decidimos salir al centro comercial. El amigo de Eren era un peliazul de nombre Sonoda Umi.

-El placer es todo mío, Kira -san, Minami-san- hablo el peliazul después de mi presentación.

-No seas tan formal, solo dime Tsubasa -sugerí con una sonrisa.

-Lo mismo digo, Umi-kun -hablo mi bella novia con una sonrisa que hizo sonrojar al chico. Me hubiera puesto celoso, pero se el efecto que tiene Kotori en los hombres, por eso no me moleste.

-E-eh sí, claro -que gracioso es ver un chico tan serio así de sonrojado.

-Tsubasa, vamos a comprar algo de beber -ordeno mi mejor amigo.

-Claro, jefecito -dije en burla y vi a mi peligris novia- ¿me esperas aquí?

-Por supuesto -su respuesta vino acompañada con un dulce beso en los labios- vuelve rápido.

-Lo prometo -le bese la frente en respuesta.

-Umi, volvemos después -le dijo Eren a Umi.

-Aquí los esperamos -contesto con una leve sonrisa.

Eren y yo nos encaminamos a la fuente de sodas del centro comercial.

-Vas muy enserio con Kotori, ¿cuánto crees que dure eso? -pregunto él mientras sacaba unas sodas de la máquina.

-Durara mucho, yo lo sé, confió en eso -le conteste con mucho optimismo.

-Debo admitirlo -se giró para verme con una sonrisa de felicidad, raro en el, por cierto- nunca te he visto tan feliz con alguien, incluso pensé que era un pasatiempo tuyo al estar con puras mujeres sin compromiso, pero me has demostrado lo contrario, espero que tengas la mayor felicidad con Kotori.

-Te lo agradezco amigo, muchas gracias -correspondí su sonrisa y palmeé su hombro- vamos, mi bella novia me espera y tu amigo te espera a ti.

Con las sodas en mano nos encaminamos a nuestra ubicación pasada.


-Anju...-el joven abrazo a la chica con fuerza, algo sorpresivo para ella.

- ¿Tsubasa? ¿Qué pasa? -pregunto extrañada.

-Yo...no puedo...-murmuro casi sin aire- no quiero recordar eso...

-Tsubasa...-la joven, acaricio su espalda para consolarlo. Lo bueno era que se encontraban en el sofá y no en las sillas donde estaban tomando el café- ¿porque...?

-Porque ese día fui un idiota, ese día la vi... La vi con mis propios ojos...

- ¿Que viste? -preguntó con miedo al escuchar la voz entrecortada de su amigo.

-Vi...esa mirada que pones tu cuando hablas con Eren...la misma que él hace también... Esa mirada la vi en Kotori.

- ¿Como...? ¿Por Umi-san?

-Si...cuando Eren y yo llegamos, Kotori tenía esa sonrisa, una brillante sonrisa que yo nunca logré sacarle...jamás la vi así conmigo -el ojiverde alzo la mirada.

Anju se sorprendió al verlo, nunca lo había visto tan triste tan...dolido.

-No tienes que hablar si no lo deseas...-la ojimoreno acaricio con suavidad la mejilla de su amigo- fue un error yo...

-No, debo sacarlo, debo contárselo a alguien -tomo un gran bocado de aire.


En ese tiempo no lo sabía, pero esa sonrisa...no solo Kotori la tenía, sino también Umi, él sonreía con esa misma intensidad...la misma sonrisa que yo portaba y porto actualmente...una sonrisa llena de admiración y cariño…

Por idiota no me di cuenta de la real situación. Kotori eludía mis abrazos semanas después de ese encuentro, la veía cohibida conmigo, eso no era normal...y yo no lo vi hasta que Eren me hizo entrar en razón. Si algo pasaba debíamos arreglarlo como pareja ¿no? Esa fue mi intención, iba a citar a Kotori en un café, pero como la primera vez, ella me gano, toco y entro a mi departamento.

-Tsubasa, tenemos que hablar -me sorprendió cuando no uso el "kun" como siempre- ven -se acomodó en la sala con una mirada seria y preocupada.

-Está bien -me senté al lado de ella preocupado, no hablaba- Kotori, ¿qué pasa?

-Tsubasa...-tomo aire y hablo con una temblorosa voz- debemos... Debemos terminar...

- ¿Que? -mi sorpresa fue tanta que había olvidado de respirar. No podía ser cierto, pero lo era...- ¿Hice algo mal? -mi voz salió desesperada- porque si es eso lo cambio enseguida.

-No, Tsubasa, tú eres magnifico -ella tomo de mis manos - eres el mejor novio que una chica pueda tener.

- ¿Entonces? ¿Porque me abandonas? -no quería llorar, pero las lágrimas no dejaban de correr por mis mejillas.

-No llores, por favor -ahora sus ojos también estaban cristalinos- Tsubasa yo...no quiero verte llorar.

-Entonces no me digas esas cosas –ni siquiera intente limpiar mis lágrimas y ocultar mi voz dolida.

-Debo hacerlo…-apretó con fuerza mis manos- Tsubasa…yo…


-Se abalanzó sobre mi pecho y llorando me dijo que amaba a Umi...que al besarme o abrazarme sentía que lo engañaba a él...

- ¿Ella te...?

-No, ella me dijo que no y le creo...no sería capaz -el ojiverde tomo aire y después suspiro- me dijo que, se sentía culpable de querer a otro, pero...más culpable se sentía al no seguir su corazón.

-Eso no la justifica… ¿Cómo se supone que se enamoró de Umi-san?

-Es un misterio para mí, no me he atrevido a preguntar y la verdad no deseo hacerlo…

-Tsubasa...

-La deje ir -sonrió con pesadez- la deje irse con un hombre que la ama con la misma fuerza que ella a él...era...era lo justo.

-Pero no para ti -la joven limpio las lágrimas del joven con su pulgar- no merecías ese final.

-La vida no es justa, bella Anju...y la historia aun continua.


- ¿Y…de verdad lo amas?

-Si –dijo con completa seguridad, aunque sus lágrimas no dejaran de caer por sus ojos.

-E-entiendo. Te…terminamos –pronuncie aquellas palabras con dolor- no quiero que te sientas mal al estar al lado mío, quiero que seas feliz…

-Lo lamento, en verdad no quería hacerte esto, soy, soy de lo peor –hablo con la voz entrecortada – soy lo peor de lo peor. Discúlpame por favor, perdona a mi tonto corazón.

Negué suavemente con la cabeza mientras limpiaba las lágrimas Kotori-No, más bien tendrás que disculpar a mi corazón, pues es enamoradizo -repetí mis palabras de cuando nos besamos por primera vez- a veces el corazón actúa sobre la mente, ¿lo recuerdas?

Ella negó suavemente con la cabeza- disculpa al mío, no sabe lo que hace...termina lastimando a alguien tan honesto como tú.

-Kotori, porque te amo...lo mejor es dejarte ir -sonreí de manera amarga- serás más feliz con él.

-Tsubasa-kun -con su pulgar limpio unas lágrimas que corrían por mis mejillas- no merezco tus lágrimas, no llores -pidió con su voz entrecortada.

-Tu mereces las estrellas y las más hermosas flores -pronuncie con tristeza, mis lágrimas no dejaban de salir de mis ojos- al menos déjame llorar por ti y este dolor que estoy sintiendo.

-En ese caso...-paro de limpiar mis lágrimas y recargo su cabeza en mi pecho- permíteme llorar contigo.

Así fue como termino nuestro último día juntos, ambos llorando sin consuelo...ella en mi pecho y yo recargado en su cabeza.


- ¿Qué hiciste después?

-Lo que cualquier hombre hace: me emborraché, me fui con muchas mujeres y me metí en varios problemas. Junto con Eren me cambie de universidad y sigo estudiando aquí en Japón... No podía seguir en un lugar que me recordada mi gran amor.

-Pero... ¿Porque Umi te odia? Si es él quien se metió en su relación -habló molesta, era rara la vez que se enojaba con alguien que no conocía del todo, pero le estaba empezando a agarrar resentimiento al arquero peliazul.

-No te enojes con él, tiene sus razones -Tsubasa río amargamente- después de recuperar mi cordura, lo fui a ver y le dije que amaba a Kotori y que lo seguiría haciendo, le dije que si él la descuidaba se la robaría en sus narices...tiene razón en no quererme, pero yo no lo odio. Solo lo haré si la hace llorar, ahí es cuando lo detestare.

-No puedo imaginar el dolor que tienes en este momento -la joven lo abrazo con fuerza- eres valiente Tsubasa.

-No lo soy...no lo he sido en años -suspiro pesadamente- cuando Kotori volvió a Japón fui incapaz de decirle la verdad, de cómo me sentía...al contrario, la felicité y desde entonces comenzamos a ser amigos...solo amigos...

-Puedes hacerlo...-hablo la joven mientras sentía como su amigo respiraba con dificultad.

-No, ya derramé muchas lágrimas -se alejó de los brazos de la chica y le sonrió de la mejor manera que pudo- estoy ahora que se lo confesé a alguien.

- ¿Eren no lo sabe?

-El me ayudo a salir de mi depresión, pero nunca le conté lo que le dije a Umi o a Kotori, por eso le parece tan extraño que hablé con ella como si nada.

-Eso explica muchas cosas...

-Anju, muchas gracias por todo -antes que la chica pudiera contestarle, en la había besado en la mejilla- eres maravillosa, si no estuvieras con Eren...pues iría por ti hasta el fin del mundo.

Había que ser sinceros, el ambiente era romántico en ese tiempo, los brazos de Tsubasa sujetaban con suavidad las caderas de Anju y ella tenía sus brazos alrededor del cuello del joven...pero...siempre que pasa eso, llega el novio celoso a partirle la cara al joven.

- ¡T-S-U-B-A-S-A!

-Nos vemos preciosa -le dio otro beso en la mejilla y comenzó a correr- ¡No me atrapadas, lento!

- ¡Ahora si te dejo estéril, pedazo de basura humana!

Y así comenzaron a corretearse, como perro y gato, así es y será su relación.

Anju se les quedó viendo con una sonrisa, era divertido verlas correr, pero, para ella lo importante era la sonrisa de su pelijengibre amigo...sus historias coincidían, pero a ella solo la habían engañado "dos veces" más bien era una, puesto que lo de Eren no fue un engaño en realidad.

Ya llegaría el día en el que Tsubasa encontraría a su mujer perfecta, una que, si lo valore, ese día llegaría cuando Anju se dignara a contar que paso en el tiempo que no estuvo con Eren...ese día ¿llegaría tarde o temprano?


Solo una pequeña aclaración, el Moore es un libro de anatomía que usan en mi facultad para entender mejor los temas de anatomía y esas cosas.

Han pasado décadas desde la última vez que actualice este fin… 10,290 palabras, creo que este es de los capítulos más largos que he escrito hasta ahora.

¡Pero bien! ¿Qué tal les pareció? La verdad… me siento tan mal de poner a Tsubasa siempre en esas situaciones, es como… no sé, no sé porque lo hago sufrir tanto u. U

Ya se viene tanto el pasado de Anju como lo que ella tuvo que pasar en su separación con Eren, no va a ser muy larga, pero espero poder expresar esos sentimientos que aparecen en esos momentos en el que dos personas que se aman terminan.

Ya saben: dudas, críticas o alguna cosa por favor no duden en comentarlo. Sus reviews alimentan la creatividad de cualquier escritor, así que regalen, aunque sea un review a cada historia que lean en sus hermosas vidas.

Nos vemos en la siguiente actualización~ n_n