Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Tengo la noticia de que posiblemente está sea la última actualización que haga regular, a partir de aquí, lo más probable es que sean más esporádicas, espero de corazón seguir contando con su apoyo pese a esto.
Cómo siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupó sin fines de lucro.
Capitulo XIII. Miedo.
Por unos cuantos minutos, todo fue completo silencio, los jóvenes pasaban a su alrededor, viendo la escena con incluso algo de ternura.
Pues aquella joven de cabellos negros, y aparente ascendencia oriental, parecía querer romper a llorar en cualquier momento, escondiendo su rostro en el cuello de la cobriza que hacia lo posible por no caerse, y termino por sostenerla de la cintura pegándola a ella.
Pero no todos veían con buenos ojos tan dulce encuentro.
Después de poder superar la sorpresa que le causó, las manos de Elsa se hicieron puños sintiendo como sus uñas comenzaban a clavarse en su palma. No podía comprender por qué se sentía de pronto tan enojada, hacia unos minutos quería que Anna no estuviera sobre ella, y ahora no quería otra cosa que tomarla e irse, incluso paso por su cabeza el mostrarle a la escuela entera que ambas estaban juntas.
Pero sabía que aquello significaría ser mordida por la cobriza, ser enlazada por ella. Se paralizó con aquel pensamiento, pues no era cualquier cosa ello, instintivamente se tocó la parte trasera de su cuello dónde sabía que de hacerlo sería en ese lugar, su respiración se hizo pesada sintiéndose perdida entre el mar de pensamientos que le inundaron, no creía siquiera estar preparada para tomar una decisión de esa magnitud. Si las palabras que había escuchado hacia poco tenían algo de verdad, ella tenía la oportunidad de elegir, ya no era una muñeca a la espera de lo que dijera su padre, ahora podía ser ella la que tomará las riendas de su vida, y el pensamiento de permanecer junto a Anna, emergió haciendo estragos en su ser como un desastre natural, pues ni siquiera se había puesto a pensar en ello como una posibilidad hasta ese momento.
Pero tuvo que dejar de lado esos pensamientos cuando vio a la morena separarse del cuello de Anna y querer acercar su rostro, sabía lo que pensaba, quería restregar sus mejillas.
"¡Eso es algo nuestro!"
Armándose de valor, y pese a sentir como sus propios instintos se dividían en dos, pues cada lado gritaba con tal fuerza que comenzaba a sentirse mareada, por un lado quería mostrarle a la "perra" que Anna era de ella, y por el otro temblaba de miedo por las consecuencias que sus acciones tendrían, pues el olor de la joven lograba funcionarse con el de Anna, haciéndole imposible saber si era una alfa u omega.
Pero al ver la poca distancia que las comenzaba a separar, le hizo tomar una decisión.
Tomando del hombro a la morena la jalo, y al tomarla desprevenida, hizo que su trasero golpeara contra el suelo causando un sonido sordo.
Más de uno se detuvo por la escena, mas al ver como la cobriza parecía feliz de la reacción de la rubia, con una sonrisa que aunque tratara de reprimirla se veía no era capaz de hacerlo, tirando de sus labios, haciéndole ver una mueca extraña.
Pero antes de que las cosas sé salieran de control, tomo a una Elsa colérica, cargándola de la cintura y poniéndola sobre su hombro, para después comenzar a caminar, sólo desviando la mirada un segundo como para ver el dolor en los ojos de la joven que dejaban atrás.
La platinada trato de hacer que Anna la soltara, pues podía sentir las miradas de todos sobre de ella, sin saber que la verdadera razón de tener la atención encima era la escena que ella había protagonizado.
- ¡Anna bajame en este instante! - Grito, golpeando su espalda.
Por un momento su orgullo le hizo detener sus movimientos, no sólo le había gritado, sino que también le había golpeado, trataba de ser paciente con Elsa, pero sabía de sobra que ella no tenía aquella cualidad, sentía latir su corazón con mayor intensidad que la de costumbre, su ser pedia hacerle ver a Elsa que no podía simplemente pasar sobre de ella ordenandole algo, pero antes de hacer una estupidez, mordió su mejilla interior tratando de calmarse.
Cuando vio que estaban en un lugar donde las demás personas no las veían, bajo a la rubia tomándola de las manos antes de que pudiera siquiera moverse.
El agarre firme sobre sus muñecas le hizo guardar el aire dentro de sus pulmones, sintiendo como la mirada de Anna era casi animal.
- ¿Que quieres de mi?
Y pese al temor que comenzaba a recorrer dentro suyo, aún con tan fiera mirada sobre de ella, incluso cuando Anna utilizo su voz para hacerle ver que no estaba jugando, Elsa podía sentir como el dolor comenzaba a hacer estragos en Anna, como si dentro de aquella alfa que sabía era más fuerte que la mayoría de los alfas que conocía, hubiera algo que le hiciera daño.
- No puedes hacerme cambiar lo que soy. - Por un momento, Elsa vio como los ojos de Anna brillaban y un pequeño río de sangre bajaba de la comisura de sus labios. - ¡Soy una alfa! ¡No pedí nacer así! ¡No quiero llegar a hacer algo de lo que me pueda arrepentir! ¡Pero no me hagas la tarea más difícil de lo que es! Juro que no quiero que me temas, te doy mi palabra que no quiero hacerte daño, pero por favor... Solo ayúdame.
Mientras que las palabras salían de la boca de Anna, igual lo hacían las lágrimas de sus ojos, y el agarre que la tenían sujeta se perdió, solo sostenidola como si temiera que al mostrar aquella debilidad, algo simplemente inaceptable para la mayoría de alfas, ella pensara en abandonarla.
- Yo no te temo, nunca lo haría... - libero sus manos, y observo como algo parecido al pánico se plasmaba en los ojos de la cobriza, pero casi de inmediato Elsa rodeó a Anna, en un abrazo, escondiendo su rostro en el cuello de la pecosa, pudiendo embriagarse del aroma de ella, tratando de decir con ello lo que no podía ser dicho con palabras.
Los brazos de Anna rodearon la delgada figura de la rubia, y en ese momento, aquel constante miedo a sí misma, se apaciguo.
Y ambas movieron sus rostros hasta que sus mejillas chocaron, las palabras no eran útiles para ninguna, sabían que tenían miles de cosas de las que hablar, mucho con lo que lidiar, pero en ese momento solo eran ellas dos.
