CAPITULO 15

CUANDO LAS COSAS NO SALEN COMO UNO ESPERA

Tras la conversación nocturna con Romario, Dino sentía mucha más confianza. Era hora de tomar el lugar que le correspondía y comportarse como el verdadero jefe de la familia Cavallone. Debía proteger a su familia, a Tsuna, a sus invitados y a Rachele (en caso de que ella no estuviera involucrada).

En un principio pensó en consultar a Dominic, pero decidió no involucrarlo demasiado. Así que optó por enfrentar directamente a Fabio. Dino había aprendido a tratar con todo tipo de personas gracias a Reborn. Su tutor lo preparó para enfrentar todo tipo de circunstancias, Fabio era un obstáculo que podía vencer.

Esa mañana ni Rachele ni Fabio se presentaron en el desayuno. Dominic, por otro lado, actuaba con total normalidad y Reborn seguía sin mostrar signos de su próximo movimiento. Aprovechando la distracción de sus invitados, se dirigió a la habitación de Fabio. Ya no tenía ninguna duda sobre lo que quería hacer.

Sin embargo, las cosas empezaron a salirse de su control en el momento en que Tsuna lo interceptó justo al llegar al pasillo de las habitaciones.

-Dino-san –respiraba con dificultad porque había estado corriendo y parecía muy nervioso-. Hay algo que debes saber.

-¿Podrías esperar, Tsuna? –respondió Dino mirándolo fijamente-. Hay algo muy importante que debo hacer.

Tsuna negó con la cabeza.

-Es un asunto urgente.

-Tsuna…

-No tardaré.

-Tsu…

-Es sobre Reborn.

Dino observó la desesperación en el rostro de Tsuna. Los dos examinaron su alrededor, temerosos de que el tutor apareciera de repente.

-Está abajo jugando con Bianchi –informó Tsuna.

Lleno de curiosidad por lo que Tsuna pudiera decirle de Reborn, Dino terminó por ceder. Se aseguraron de que no hubiera nadie cerca y entraron en la habitación de Tsuna.

-¿De qué se trata? –preguntó Dino en cuanto cerraron la puerta.

-Reborn no está de acuerdo con tu compromiso –respondió Tsuna.

-Siempre lo he sabido, Tsuna –Dino estaba desconcertado.

-No… No es sólo eso.

Dino observó al menor tratando de descifrar sus expresiones. Sabía que Reborn planeaba algo, pero el tutor era tan impredecible que lo último que esperaba era que Tsuna supiera algo.

-Él tiene la idea de que esa boda no debe llevarse a cabo –continuó Tsuna rompiendo el silencio que se había formado.

-Pero no es posible romper el compromiso –murmuró Dino. Empezaba a imaginarse lo peor.

-Sí la hay –respondió Tsuna-. La boda se cancelaría si Rachele-san muriera.

Debió haberlo imaginado. Reborn siempre tomaba la decisión más extrema. Y no había nada más extremo que matar a uno de los novios con tal de que no se llevara a cabo ese compromiso.

Los dos jóvenes se miraron en silencio. En la cabeza de Dino había mil preguntas.

-Si Rachele muriera antes de la boda, yo sería el primer sospechoso. Me culparían a mí. Ese plan no tiene sentido –habló Dino. Se encontraba tan angustiado que se le dificultaba respirar.

-En realidad hay muchas familias a las que no les conviene esa boda –explicó Tsuna-. Reborn insiste en que esa alianza va a desequilibrar el poder en la mafia. Además, si Cavallone cae en ruina, las familias pequeñas podrían aprovechar el momento para aumentar su poder.

-Si Rachele muere en la mansión, nadie va a creer que yo no lo hice.

-También tiene un plan para eso.

-¿Un plan? ¿Cómo se supone que saldría de ese lío? ¿O quiere que vaya a prisión? ¿Lo considera un castigo por mi error?

-Quiere que culpamos a Fabio-san.

Y justo cuando Dino creía que Reborn no podía hacer algo peor que eliminar a Rachele. Empezaba a sentir dolor de cabeza.

-No entiendo…

-No hay mucha información sobre Fabio-san. Según Reborn, él podría estar trabajando para cualquier otra familia más poderosa. También me habló del interés que existe por eliminar a los Bersezio.

Dino miró a Tsuna incrédulo. Entonces cayó en la cuenta de algo. Reborn sí había pensado hasta en el más mínimo detalle. Y si había llegado a la misma conclusión que él sobre la actitud de Fabio con respecto a Rachele, bien podría hacer pasar el asesinato como un crimen pasional. Él mismo pensaba que Fabio era capaz de todo si se dejaba llevar por sus celos.

-Tsuna… -habló con dificultad-. Debemos…

Pero antes de decir cualquier otra cosa, la puerta se abrió con estrépito. Los dos muchachos pegaron un brinco preparándose para lo peor.

-Décimo, ¿por qué no me hablaste de ese plan desde un principio?

Comprobar que se trataba de Gokudera y no de Reborn, no logró tranquilizar a Tsuna y Dino, a pesar de que eso era mejor que la presencia de su tutor.

El recién llegado se acercó con paso firme y se dirigió a Tsuna.

-Sabes perfectamente que puedes confiar en mí. Yo me encargaré de todo.

-¿Qué?

-Eliminar a esa mujer será muy fácil para mí.

Sin saber qué decir, Tsuna comenzó a balbucear palabras incomprensibles mientras Dino buscaba la manera de salir del problema en el que estaban metidos. Que Gokudera se hubiera enterado de los planes de Reborn lo complicaba todo. Sin embargo, no era lo peor que podía pasarles, porque al dirigir su mirada hacia la puerta rogando por no ver entrar a Yamamoto o a Ryohei, descubrió a Haru con una expresión de absoluta decepción en el rostro.

-No puedo creerlo –murmuró la chica en voz baja.

Al ver lo serio que Dino se había puesto, Tsuna se separó de Gokudera para prestar atención. Palideció en cuanto vio a Haru. Gokudera guardó silencio ante la tensión que se había formado en la habitación.

-No puedo creerlo, Tsuna-san –Haru elevó la voz. Las piernas le temblaban y parecía a punto de llorar. Se sostuvo del marco de la puerta para no caer-. No puedo creer que estén hablando de eliminar a Rachele-san.

-Mujer estúpida, no te metas en esto –habló Gokudera-. Es un asunto del Décimo.

Ante la sorpresa de Tsuna, Haru ignoró por completo a Gokudera, se sostuvo con mayor firmeza y caminó decidida hasta donde ellos se encontraban.

-Dino-san –Haru se dirigió al mayor de todos-. Prometiste proteger a Rachele-san, ¿por qué le quieres hacer daño? ¿No estás enamorado de ella?

¿Era posible que las cosas empeoraran? Sí, porque ahora Dino tenía que explicarle a Haru lo que en realidad estaba pasando.

Dino guardó silencio por lo que le parecieron horas mientras la chica lo miraba como si él fuera su última esperanza.

-No te metas en esto –intervino Gokudera-. Si Reborn-san ha decidido que lo mejor es matar a esa mujer, no podemos hacer nada para evitarlo –Haru lo miró con sabía, esa mujer sólo traerá problemas a Vongola.

-Gokudera-kun, no es lo que estás pensando –se alarmó Tsuna. Parecía incluso más nervioso que Dino.

-Todo esto está ocurriendo por los errores del "Caballo Salvaje" –continuó Gokudera señalando a Dino acusadoramente-. Pudiste escoger a una mujer que sí valiera la pena…

Sin poder contener la furia, Haru se acercó a Gokudera y lo abofeteó tan fuerte como pudo. Ante ese hecho tan inesperado, los chicos guardaron silencio mientras la tensión se intensificaba.

-Mujer estúpida –gritó Gokudera cuando salió de la sorpresa.

-Espera, Gokudera-kun –Tsuna se apresuró a detenerlo cuando se dirigió a la chica.

Pero Haru pareció imperturbable. Se mantenía más firme que nunca y los miraba severamente.

-Dino-san –habló con tanta firmeza que daba un poco de temor verla-. ¿Estás enamorado de Rachele-san?

Volvieron a quedarse en silencio.

¡Qué difícil era decir una simple palabra!

Hasta Gokudera parecía arrepentido de su comportamiento.

-No.

Dino habló con dificultad. Tenía la voz quebrada. Ahora sí tendría que explicar todo. Y sabía que cuando terminara, a Haru, quien estaba muy encariñada con Rachele, se le rompería el corazón.

Haru se mantuvo en su lugar, con la cabeza agachada, temblorosa.

-Haru –Tsuna intentó acercarse.

-Deja que yo me encargue, Tsuna –ordenó Dino.

Sin decir nada más, Tsuna y Gokudera salieron de la habitación dejando a Dino con Haru. El mayor esperó un minuto después de que cerraron la puerta antes de hablar.

-Es un asunto muy delicado. Te pido que seas discreta y no hables con nadie sobre esto.

Haru lo miró con los ojos rojos. Las lágrimas amenazaban con salir, pero ella se resistía. Con una seña, Dino la invitó a sentarse en el pequeño sofá que había en un rincón, cerca de la ventana. Haru caminó como hipnotizada. Dino tuvo que sostenerla en un momento porque parecía a punto de desfallecer. Con un suspiro, se sentó a su lado.

-El compromiso entre Rachele y yo es una alianza que formé con su padre –comenzó a explicar-. No era mi intención, por supuesto… Fue… Una equivocación. Dejé que ese hombre, Massimo Bersezio, me engañara –Dino tomó aire para continuar-. Muchos de los matrimonios en la mafia no son más que alianzas… La mayoría en realidad… Eso sucedió con mis padres, por ejemplo –Haru lo miró con curiosidad-. Ninguno de los dos era mala persona, pero se casaron porque mis abuelos lo decidieron así.

-¿Rachele-san tampoco está enamorada? –preguntó Haru con tristeza.

-Supongo que no –respondió Dino-. A penas nos vimos unas tres veces antes de anunciar el compromiso, no conocemos nada del otro. Ni siquiera sé si ella estaba de acuerdo con el plan de Massimo o si su padre la obligó a esto. Rachele es completamente ajena a mí –Dino deseaba dejar la conversación hasta ahí, pero era necesario que Haru lo comprendiera todo-. Además –continuó hablando-, la familia Bersezio tiene una fama terrible. Que yo forme una alianza con ellos podría afectar el equilibrio del poder en la mafia. Es por eso que muchos no quieren que la boda se lleve a cabo, harían hasta lo imposible por evitar que concluyamos esa alianza.

-Creí que ustedes estaban viviendo un cuento de hadas –susurró Haru con la voz temblorosa. Al fin dejó escapar las lágrimas-. Empiezo a entender por qué Fabio-san está tan enojado.

-Cierto –Dino sonrió con tristeza-. Puede ser que ellos estén enamorados.

-¿Y tú, Dino-san? –preguntó Haru-. ¿Estás enamorado de alguien más?

-Aunque lo estuviera –respondió Dino-. No tiene sentido hablar de eso.

Durante un rato Haru lloró en silencio, aunque se esforzaba por controlarse. Dino evitaba mirarla para que pudiera desahogarse.

-Ya no quiero… –sollozó Haru-. Ya no quiero casarme con Tsuna-san –Dino la miró preocupado-. La mafia es muy cruel. Siempre están peleando y todos mienten.

-Eso no es cierto –la contradijo Dino-. Independientemente de lo que Rachele sienta por mí, creo que a ti te tiene auténtico aprecio.

-Ya no quiero involucrarme con ustedes.

Sin dejar de llorar, Haru se levantó apresuradamente y se dirigió a la puerta. Dino tardó tanto en reaccionar que Haru ya había salido de la habitación cuando él se levantó para ir tras ella. Iba a la mitad del pasillo cuando logró alcanzarla.

-Espera, Haru –la sostuvo con firmeza del brazo-. Me falta explicarte un par de cosas.

Pero antes de que pudieran decir algo, la puerta que tenían delante se abrió y Rachele se asomó por ella. Era la habitación de Fabio.

-¿Qué ocurre? –preguntó Rachele mirándolos con curiosidad-. ¿Haru, estás bien?

Dino desvió la mirada mientras Haru se limpiaba las lágrimas.

-Sí –respondió Haru esforzándose en sonreír como siempre-. Estoy bien. Dino-san me estaba ayudando con algo –luego se dirigió al muchacho-. Dino-san, si me sueltas regresaré a mi habitación, estoy algo cansada.

Sonrojándose por completo, Dino soltó el brazo de Haru que aún sostenía.

-L-lo siento…

Haru hizo una leve inclinación antes de marcharse con una sonrisa falsa en el rostro.

Rachele dirigió una mirada severa a Dino.

-¿Qué pasó? –preguntó-. ¿Por qué lloraba?

-Es asunto de Haru –respondió Dino-. No puedo decírtelo.

Rachele se puso aún más seria.

-¿Hay algo entre ustedes? –cuestionó.

-¿Disculpa? –Dino no podía creer que Rachele estuviera interpretando las cosas de esa forma.

-¿Hay algo entre ustedes? –repitió Rachele.

¿Qué estaba pasando? ¿Acaso no le había demostrado a Rachele sus intenciones por convertir su relación en algo real? Haru y ella eran amigas. ¿De verdad creía que Dino era esa clase de persona?

-Yo podría preguntarte lo mismo respecto a Fabio –contestó Dino perdiendo la paciencia.

-No me insultes así –replicó Rachele.

Esa expresión de desprecio con el que lo miró provocó en Dino algo que nunca había sentido.

-Entonces no pases el día entero encerrada en su habitación.

Dino estaba enfadado. Había tolerado muchas cosas, pero estaba cansado. Él había puesto a Rachele por encima de todos: su familia, Tsuna, Reborn y Dominic. Sin amarla realmente la trató como si lo hiciera. Aún enamorada de Fabio, Dino pensaba que ella podía ser más considerada… Y entonces se dejó dominar por el rencor… Porque no sabía si ella estaba involucrada en el accidente del candelabro, porque no sabía qué clase de relación tenía con Fabio, porque no sabía si ella había conspirado con su padre… De lo único que él estaba seguro era que Rachele pedía algo que no ofrecía: respeto. Él no podía acercarse a nadie más, pero tenía que soportar las miradas cómplices que ella intercambiaba con Fabio sin decir nada.

-Lo estoy ayudando –se defendió Rachele-. Tu amigo Dominic…

-No te atrevas a hablar mal de mis amigos –la interrumpió-. Llevo todo este tiempo esforzándome para que nos convirtamos en una pareja real y tú no pones nada de tu parte. Hasta Lorenzo se ha dado cuenta de que no quieres casarte. ¿Crees que yo quiero hacerlo? Fue tu padre quien nos metió en esto. Yo jamás te hubiera elegido como mi esposa.

Dino se arrepintió de sus palabras en seguida, pero no iba a disculparse. Rachele despertaba en él sentimientos que desconocía. Quería decirle muchas cosas, quería herirla de alguna manera. Pero guardó silencio.

Rachele lo miró dolida durante un breve instante y luego se dirigió a él con desprecio.

-A Haru sí la hubieras elegido, ¿no?

Ya había intentado ser amable. Si Rachele quería portarse de esa forma, él también lo haría.

-Así como tú hubieras elegido a Fabio. Por lo menos Haru es una buena persona –respondió de mala manera-. Pero pensar en ella es imposible porque tengo que casarme contigo.

Muy ofendidos los dos, se dieron la vuelta al mismo tiempo. Rachele volvió a cerrar la puerta de la habitación y Dino se marchó con paso firme.