Agape to Eros

By Tsuki No Hana

16

"Loss"

Salió disparado del cuarto. En su mente se repetían una y otra vez las palabras de ese hombre. Se sintió devastado, estuvo rondando el hospital hasta que llegó a la cafetería, donde buscó el primer asiento libre y se sentó, aún exaltado y agitado por la carrera. Estuvo sentado por unos minutos viendo a la nada. Sentía el gran impulso de salir huyendo rumbo a su casa, extrañaba a su familia y no quería enfrentar esa situación.

Entonces recordó las palabras de Viktor: "Te extrañé" "Quédate" le había dicho. Sus ojos habían brillado espectacularmente al pedirle aquello.

Definitivamente no podía irse así como así. Si algo había aprendido en ese tiempo lejos de todo, era que en realidad no podía vivir sin él. Estos meses habían sido un martirio. Y era consciente también de que había sido una escoria al abandonarlo así como así, estaba arrepentido.

—Creí haberte dicho muy claramente que te fueras.

Yuuri alzó su cabeza sólo para toparse de frente a aquel hombre que lo corrió tan descaradamente. Le sostuvo la mirada por un largo lapso de tiempo, estudiándolo con avidez hasta que terminó diciendo:

—No me iré.

Los ojos azules del joven se abrieron con sorpresa.

—No sabes lo que ha vivido por causa tuya. Ya lo abandonaste una vez, así que es mejor que te vayas antes de que sepa que estuviste aquí —apretó los puños.

—Ya sabe que estoy aquí.

—Está sedado, puedo decirle que fue una alucinación.

—¡No tienes ningún derecho de...! —fue interrumpido por la risa burlesca del otro.

—¡Claro que lo tengo! al menos tengo más derechos que tú.

Los dos se quedaron en silencio, retándose con la mirada. Finalmente el más alto soltó un pesado suspiro.

—Mira... —respiró profundamente, aguantando sus ganas de patearle el trasero—. No quiero pelear contigo. Sólo hazme el favor de retirarte, mi hermano ha sufrido mucho desde que te fuiste, no quiero que pase por todo eso de nuevo.

—¡¿He-hermano?!

—Sí —alzó una ceja—. ¿Qué pensabas? —el sonrojo en el rostro del japonés fue la mejor respuesta—. ¡¿Es en serio?! —rio, fastidiado—. Claro que no. Soy su hermano menor.

Katsuki no podía creerlo. ¿Frente a él estaba Aleksi, el pequeño hermano de Viktor? ¡Ja! Vaya que los rusos disimulan muy bien su edad. Se supone que tenían la misma edad, pero el ruso sí que se veía mayor.

—Con mayor razón, no puedo irme. No cometeré el mismo error dos veces. Tengo que disculparme con él y quedarme a su lado, es lo que quiere, me lo pidió hace unos momentos.

—Él no sabe lo que quiere, está sedado. Tienes que irte —fue muy serio.

—¡¿Por qué!?

Aleksi lo miró fijamente por unos segundos antes de responder, debía ser cuidadoso con lo que estaba a punto de decirle. Pero su enojo por ver el "descaro" de Yuuri al presentarse ahí era demasiado grande. Todavía recordaba el momento en el que Irina lo llamó hace unos días. Justo el día del accidente de su hermano.

Flash back

Estaba tomando una taza de café cargado mientras leía el periódico cuando de pronto una llamada entró en su celular. Tomó el aparato con desinterés hasta que vio de quién se trataba. Nunca esperó ver de nuevo ese nombre en su pantalla.

—¿Irina? —respondió.

Aleksi, cuánto tiempo —se oía nerviosa y agitada.

—Le pasó algo a Viktor —murmuró casi en automático, y no había sido una pregunta, sino una afirmación, y el silencio de Irina se lo confirmaba—. ¿¡Qué le pasó a mi hermano?! —dejó el café y periódico a un lado y se levantó del sofá como resorte.

Antes que nada debes tranquilizarte, ahora se encuentra bien. Sufrió un accidente mientras patinaba y se lastimó la espalda ¿Recuerdas aquella vez que se lesionó de adolescente?

—Sí, sí.

Volvió a lastimarse, sólo que ahora también su cadera derecha —suspiró—. Aleksi, han pasado muchas cosas en este último año y creo que Viktor no te ha contado mucho.

—Irina, nos mandamos mensajes cada dos o tres días, nunca me dijo nada, debes de estar bromeando.

Esto no es una broma. Y entiendo que no te lo dijera, no quería preocuparte —suspiró—. Necesito que vengas a San Petersburgo, Viktor querrá tener a alguien de su familia cerca cuando despierte, y obviamente no pensé en llamar a tu padre. ¿Puedes venir?

—Hoy mismo viajo para allá.

Muchas gracias —se oía aliviada—. Además... necesito hablar contigo sobre algunas cosas.

—Espera —la detuvo antes de que colgara—. ¿Dijiste "cuando despierte"? no me digas que... —se angustió demasiado—. ¿Lo operaron de nuevo? —la sangre se le fue hasta los pies sólo de imaginarlo.

No, no te asustes. Afortunadamente no fue necesario, pero su dolor es tan grande que tuvieron que sedarlo. Se encuentra estable. Cuando llegues te explicaré con detalle lo que está pasando.

—Bien, voy para allá —comenzó a preparar su maleta—. Irina.

¿Si?

—Gracias por estar ahí.

Sabes que no tienes nada qué agradecer.

—Aun así.

Luego de colgar, se apresuró en hacer la maleta. Estaba un poco alterado. Tenía años de no ver a su hermano mayor y reencontrárselo en esas circunstancias provocaba que el corazón se le hiciera un nudo ¿Por qué siempre debían verse sólo en los momentos críticos? Le debía tanto a su querido hermano y le había pagado yéndose al otro extremo de Rusia, lejos de su padre, de él. No tenía nada en contra de Viktor, el amor entre ambos siempre fue grande y fuerte, sólo que no se veían desde hace mucho. Su hermano mayor supo respetar sus decisiones y lo dejó hacer lo que quisiera sin reprocharle nada, eso se lo agradecía enormemente.

Fue a su habitación, donde su pareja aún yacía descansando cómodamente en la cama, se inclinó sobre ella y le dejó un suave beso en la frente. Ésta despertó y Aleksi procedió a explicarle lo sucedido. Ella entendió y lo dejó ir.

Ya en San Petersburgo corrió como loco rumbo al hospital en el que Irina le dijo que se encontraban, ni siquiera se molestó en buscar hotel o algún lugar dónde dejar su maleta.

Muy pronto dio con la habitación de su hermano. Sólo reconoció a Irina cuando entró y de inmediato la abrazó.

—Gracias por avisarme, y por estar aquí a pesar de lo que ocurrió entre ustedes —dijo, refiriéndose al divorcio y a esos problemas.

—Eso no importa —murmuró y entristeció al ver el rostro asombrado de Aleksi cuando divisó a su hermano sobre la cama de hospital.

—¿E-en serio es Viktor? —se le hizo un nudo en la garganta que se hacía cada vez mayor conforme avanzaba hacia la cama—. ¿Qué le pasó? Está tan... cambiado —recordaba los videos de las competencias donde participaba, las fotos de las revistas y todos aquellos reportajes. Siempre estuvo al pendiente de su hermano en cada paso de su carrera, por eso ahora le sorprendía ver en lo que había terminado. No entendía por qué se había retirado tan repentinamente del patinaje, pues de repente dejó de verlo en las competencias y empezaron los rumores sobre su pareja.

No iba a negar que se sorprendió como nunca cuando vio que puso una pausa a su carrera como competidor para entrenar a un japonés de su misma edad. Mayor fue su asombro (o espanto) al ver cómo se comportaba con ese tal Yuuri Katsuki, lo había besado frente a miles de personas, lo besó en LA BOCA. Por dios, su hermano no era homosexual, estaba seguro de ello, nunca se lo había mencionado, así que debía tratarse de alguna treta para hacerse más famoso, sabía que Viktor era capaz de cualquier cosa para conseguir lo que se proponía. Así que dejó de preocuparse por el asunto, hasta que las noticias amarillistas sobre Viktor y Yuuri comenzaron a dar vuelta al mundo. De nuevo decidió descartar la posibilidad de que todo ese embrollo sobre "infidelidad" "Ruptura amorosa" y demás, fueran ciertas. Después de todo, tenía contacto más o menos recurrente con su hermano y éste nunca le mencionó nada al respecto.

Entonces supo que se había alejado del patinaje por alguna extraña razón que nunca supo, pues no lo volvió a ver en ninguna competencia desde que decidió convertirse en "entrenador", pero nunca imaginó que todo aquello con Yuuri Katsuki fuera real, que su sufrimiento fuera tan grande hasta terminar así. Se veía acabado, muy delgado, demacrado. Ese no era su hermano, no era el Viktor fuerte e imponente que recordaba.

Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras ponía una mano sobre la de su querido hermanote.

—Viktor...

Aleksi escuchó que Irina decía algo, pero no entendió muy bien qué. Sólo supo que el resto de personas que estaban en la habitación se habían ido junto con ella.

Pasó un rato con él, mirándolo y preguntándose qué tantas cosas habría vivido en esos años para llegar a esto. Le preocupaba su apariencia, no se veía muy sano, incluso se veía menor que él, cualquiera que los viera pensaría que el mayor era Aleksi, sin mencionar que durante todos esos años de lejanía, el menor había crecido bastante en altura, rebasa por un poco a Viktor. El menor de los Nikiforov había nacido con todas las características de su padre, mientras que Viktor era idéntico a su madre.

Luego de estar unos momentos a solas con su hermano, decidió salir al pasillo, en busca de Irina y en busca de respuestas, tenía muchas dudas por aclararle. Pero se sorprendió al descubrir que aquellas personas que habían estado dentro del cuarto cuando llegó, eran nada más y nada menos que Yakov, Lilia y Yuri.

—Cuánto tiempo muchacho —Yakov se le acercó para saludarlo con un apretón de manos, pero el joven Nikiforov se le adelantó y lo saludó con un abrazo—. Igualito a tu hermano —suspiró el mayor. El resto soltó unas risillas al comprobarlo. Algo que tenían en común los hermanos Nikiforov era su gran afecto inquebrantable hacia las personas más cercanas.

—¡Lilia! —se asombró al verla, la saludó de igual forma—. Supe que ustedes dos se volvieron a casar, felicidades —le sonrió a la mujer. La recordaba con mucho cariño, pues ella fue maestra de ambos cuando eran apenas unos niñitos que iban al jardín de niños y a la primaria. Ella les había enseñado ballet a los dos, pero el único bueno fue Viktor, Aleksi fue un fiasco en todo lo que tuviera que ver con danza, patinaje, ballet. Pero recordaba con mucho cariño a la mujer, en especial por sus poco ortodoxos castigos hacia Viktor cada vez que no cumplía con los requisitos exigidos en las prácticas. Vaya, qué tiempos aquellos.

El último que faltaba por saludar era un joven rubio un poco más bajito que él, de cabello largo amarrado en una coleta baja, sus ojos verdes eran severos y muy serios. No podía creerlo... no olvidaría jamás una mirada como la suya, recordaba haberla visto en un niñito de seis años, ¿A caso era él?

—¿Yuratchka? —se asombró, pero sonrió cuando la mirada seria del joven se intensificó—. ¡Eres tú! —lo abrazó con efusividad, el rubio tuvo escalofríos, su abrazo era igual de sofocante que los de Viktor.

—Sí, soy yo —murmuró, sin corresponder el gesto.

—¡Cuánto has crecido! —le revolvió el cabello con cariño.

—Lo mismo digo.

Entonces llegó frente a Irina y sus pies volvieron a estar sobre la Tierra, el momento de "feliz reencuentro" había terminado.

—¿Podemos hablar un momento?

—Por supuesto —aceptó él.

Se alejaron de ahí, rumbo a la salita de espera más cercana, donde Irina le explicó cada detalle de lo ocurrido. Desde la relación tan estrecha que tuvo Viktor con Yuuri, hasta el día de hoy en la madrugada, cuando Viktor se accidentó. Le contó que el amor entre esos dos era real y sorprendentemente fuerte. Admitió que Viktor jamás la amó como amaba ahora a Yuuri, y dijo con certeza que ese amor nunca se lo podría profesar a alguien más que no fuese el japonés. Tristemente también le habló sobre la trágica ruptura de éstos y sobre el plan de Viktor al querer volver al patinaje sólo para sorprender a su amado.

—Vaya... todo el tiempo pensé que su "relación" con ese chico era sólo una treta publicitaria —palideció—. Jamás creí que mi hermano... —tragó en seco—...se pudiera enamorar de otro hombre.

—Oh vamos, no me vengas con que eres homofóbico. Lo esperaría de tu padre, pero jamás de ti —lo miró severamente.

—¡No! claro que no! no me mal entiendas —se puso nervioso—. Es sólo que no me lo esperaba, es decir, estuvo casado contigo, tuvo muchas novias ¿Por qué ahora un hombre?

—Aleksi, Aleksi —negó con la cabeza mientras soltaba un suspiro—. Si tan sólo supieras que Viktor jamás ha amado tanto a alguien como lo hace con Yuuri. Los dos son el uno para el otro, y mira que te está hablando la exesposa —rio un poco—. Ese tipo de amor es el que se encuentra sólo una vez en la vida.

—De acuerdo, pero... si entiendo bien todo lo que me has dicho ¡Katsuki le ha hecho mucho daño a mi hermano!

—Fue mutuo. Los dos son un par de idiotas, tal para cual.

—¿Lo conoces?

—¿A Yuuri? —el otro asintió—. No.

—¿Entonces por qué lo defiendes?

—No es que lo defienda —rio un poco—. Es sólo que jamás había visto a Viktor tan feliz, y vaya que lo conozco desde los tres años. Si sufre tanto por Yuuri es que realmente lo ama, y estoy segura que pasa lo mismo con Katsuki. Sé que esto se solucionará de alguna u otra forma. Aunque no te voy a negar que cuando lo vea me va a oír, ya regañé a Viktor por ser tan idiota y cabezota, ahora es el turno de Yuuri.

El aludido se quedó serio y muy pensativo durante un buen rato.

—Y hay algo más.

—¿Algo más? —miró a su ex cuñada con extrañeza.

—Sí, verás... Viktor no quiso que se le informara a nadie sobre esto, pero eres su familia y tienes derecho a saberlo.

—¿Qué pasó? Me estás asustando.

—Casi muere hace unos meses.

—¿Qué?

—Él... —apretó las manos sobre su regazo—... dice que fue un accidente, pero la verdad es que estaba demasiado ebrio y tuvo la magnífica idea de tomar somníferos, sólo que casi se termina medio bote de pastillas. Afortunadamente lo trajimos a tiempo al hospital y salió un par de días después. No pasó de un susto, pero vaya que fue un susto enorme, yo aún tengo pesadillas sobre esa noche... justo del momento en que su corazón se paró.

—¡¿Qué?! —entró en shock, se levantó de su asiento y se llevó ambas manos a la cabeza, sin dejar de caminar de un lado a otro, estaba anonadado—. Todo por culpa de ese maldito japonés, dios, juro que lo mato, lo voy a matar cuando lo vea, yo...

—Creo que tendrá suficiente con saber todo lo que ha ocasionado —suspiró—. No te precipites.

—¡Pero se trata de mi hermano! ¡Casi muere por su miserable culpa!

Fin flash back

—¿Por qué quieres que me vaya? —repitió Yuuri al ver que el otro no le respondía.

—Estuvo a punto de morir hace unos meses, estaba tan deprimido que fue muy estúpido y un error casi le cuesta la vida. Ahora, cuando al fin decidió salir adelante le ocurre este accidente —meneó la cabeza—. No quiero ni pensar en cómo se pondrá si te ve de nuevo. No te conozco, Katsuki, pero sé que mi hermano te amó demasiado, tanto que casi muere por ello. Así que te pido de la manera más atenta que te vayas.

—¡¿QUÉ?! ¿A punto de morir? ¡Por dios! ¿Qué le pasó?

—Sólo lárgate —chasqueó la lengua, y estuvo a punto de girarse y dejarlo solo, pero Katsuki lo enfrentó con determinación.

—No, yo no pienso alejarme de él, necesito...

—¿Necesitas? —se exasperó—. ¡Ja! ¿Te das cuenta de lo que dices? Sólo te importas tú mismo. Necesitas... ¿Qué? ¿Volver con Viktor? Entusiasmarlo de nuevo para luego irte ante cualquier adversidad que se presente. No, Katsuki, no permitiré que lo vuelvas a hacer. Mi hermano al fin estaba saliendo adelante sin tu ayuda

Yuuri se quedó estático.

—No puedo irme, no soportaría dejarlo así después de...

—¡Y aquí vamos de nuevo! ¿Te estás escuchando? Todo es "Yo necesito, yo no soportaría" ¿Te has puesto a pensar al menos un poco en lo que Viktor necesita? Sí, quizás él te quiera a su lado, pero no es lo que realmente necesita. Te preocupas por el daño que se hizo en el accidente, pero no por el daño que TÚ le has causado todo este tiempo —para ese momento Aleksi ya tenía sus puños apretados y sus ganas de patearle el trasero se habían renovado increíblemente—. A mi hermano le hace falta entender que a veces se puede echar de menos algo, pero no necesariamente significa quererlo de vuelta. Eso que no debería volver eres tú, Katsuki.

—No me iré ¿Entiendes? No lo haré —sentenció.

Aleksi acortó la distancia entre ambos con sólo una zancada antes de tomarlo por el cuello de su abrigo y alzarlo un poco hasta que se golpeara la espalda contra la pared de atrás. Tenía todas las intenciones de arremeter contra su integridad física, incluso mentalizó su puño contra el rostro y las costillas del japonés, pero no pudo hacerlo, no al ver que ni siquiera ponía resistencia.

—¿Vas a golpearme? —preguntó, sereno—. Vamos, hazlo. Sé que lo merezco.

El más alto soltó un par de maldiciones en su idioma natal, casi masticándolas sólo para terminar soltando a Katsuki, quien se quedó esperando aquel golpe. El ruso no entendía por qué no pudo hacerlo, tenía todas las ganas y el derecho también de golpearlo, después de todo había tratado como basura a su querido hermano.

—Haz lo que quieras —masculló con hastío antes de darse media vuelta y comenzar a caminar rumbo al cuarto, pero se detuvo a medio camino cuando vio cómo un manchón amarillo con negro pasó corriendo a su lado.

—¡Si tú no lo vas a golpear, yo sí lo haré! —ni siquiera terminó de gritar aquello cuando se abalanzó sobre Yuuri, haciendo que los dos terminaran sobre el piso, quedando a horcajadas sobre él. Le asestó un golpe en la cara a puño cerrado con la mano derecha, luego otro con la izquierda. El japonés no opuso resistencia a ello. Sentía que se lo merecía a pulso.

El hermano de Viktor se quedó a un lado, viendo con completa sorpresa cómo el "pequeño" Yuri se desquitaba a diestra y siniestra. El piso quedó ligeramente salpicado con la sangre de Yuuri, quien no movió ni un músculo. Le dolió, vaya que sí, pero su culpa dolía más. Sus lentes quedaron tirados en algún punto del piso.

El rubio hubiera asestado un tercer golpe de no ser por un guardia que llegó de inmediato al escuchar disturbio dentro de la cafetería. El hombre los separó y luego de una gran reprimenda se llevó a Yuuri a emergencias, donde atenderían su labio roto y su nariz sangrante, sin mencionar cómo su rostro se empezó a inflamar con rapidez.

Katsuki no soltó palabra alguna, fue escoltado por el guardia hasta uno de los cubículos de emergencias donde pronto llegaría algún interno o doctor de guardia que curaría sus heridas; mientras esperaba, se sentó en la camilla y miró perdidamente las cortinas corredizas que rodeaban el cubículo, dándole privacidad. Estuvo esperando a algún médico o enfermera, pero antes de que éstos llegaran, tuvo una visita de alguien muy escurridizo.

Alzó la mirada al escuchar cómo las cortinas eran corridas con sutileza, nunca se imaginó que sería él.

Los ojos castaños y verdes se toparon y se miraron por lo que pareció una eternidad hasta que Yuuri desvió la mirada.

—Te llamé infinidad de veces. Te dije que Viktor no estaba bien. Te supliqué que vinieras, que solucionaran las cosas. Me ignoraste y las cosas se pusieron peor. En verdad no puedo creer que seas tan insensible —escupió cada una de las palabras, ya ni si quiera lo llamaba "cerdo" estaba realmente enojado.

—Lo siento —se veía derrotado, desganado y completamente triste—. Lo siento, lo siento —se le hizo un nudo en la garganta mientras bajaba la cabeza.

—No te disculpes conmigo, hazlo con el viejo —refunfuñó. Entonces Yuuri alzó la mirada al notar un tono de voz diferente en su amigo, éste ya no lo miraba con odio, sino con una expresión llena de sentimientos—. Eres un idiota ¿Por qué hasta ahora te dignaste a venir? —no había enojo en sus palabras, sino mucha tristeza—. ¿Acaso ya no te importamos?

El japonés se sobresaltó un poco, Yurio había hablado en plural, refiriéndose también a él.

—¡Claro que me importan! Viktor me importa, tú también.

—No lo parece.

—Pasaron muchas cosas —bajó de nuevo la cabeza—. Hay tanto que debo platicarles, mucho qué explicar... —suspiró—...el hermano de Viktor quiere que me vaya.

—Y tiene buenos motivos para quererlo.

Yuuri se estremeció. Yurio había vuelto a su tono severo y lleno de rencor.

—Necesitas darle un tiempo —continuó, suavizando su expresión y sentándose a un lado del japonés, sobre la camilla hasta quedar hombro con hombro.

—¿Tiempo? ¡Pero si hemos estado separados mucho tiempo!

—Y no fue precisamente porque Viktor lo quisiera. Él... —se mordió la lengua. Estaba a punto de decir lo que sabía sobre el diario y las feas palabras que le dedicó al final.

—¿Él qué?

—Quiso darte espacio. Lo hubieras visto, estaba destrozado... pero decidió después de muchos meses salir adelante, hasta ahora él ha decidido levantarse sin que estés tú en su vida. Se volvió muy dependiente de ti y eso le trajo fuertes consecuencias. Sé que es duro, pero por ahora lo mejor es que dejes esto por la paz, regresa a donde estabas y sigue con tu vida, deja que el viejo se recupere por sí solo, lo necesita, necesita hacer esto por su cuenta y tú ocupas hacer lo mismo. Escuché que participarás en el GP. Ve, participa y da lo mejor de ti, solo. Necesitan madurar un poco más por separado antes de que se vuelvan a encontrar.

Esas palabras habían sido como un golpe bajo para Yuuri, lo fueron porque se daba cuenta de la razón que tenía Yurio. Estaba consciente de que hizo mal al irse y no decir a dónde, fue demasiado tiempo y era obvio que Viktor en algún momento se levantaría y seguiría con su vida, y al parecer lo estaba consiguiendo.

—¿Le vas a decir que estuve aquí?

—No.

Tragó en seco, le había dolido esa respuesta tan tajante. Luego recordó algo importante, el motivo por el cual se separaron.

—Yurio, Viktor y... él y su ex esposa...

—Ellos son amigos, siguen viéndose y eso nunca va a cambiar —gruñó.

—Ya veo... —se le formó un nudo en la garganta.

—Pero deberías entender esto de una vez por todas: ellos dos sólo son amigos, jamás podrían ser algo más, es por ello que su matrimonio no funcionó. Te lo digo con esta seguridad porque estuve presente en todo ese tiempo, sé cómo son, los conozco muy bien y estoy seguro de que ella sólo busca su bienestar. Si te dieras el tiempo de conocerla... —no podía creer que estaba a punto de decir aquello, pues no le caía bien la pelirroja, pero tampoco podía negar que era muy buena persona—...te llevarías bien con ella.

—Por supuesto que no —se negó tajantemente—. Lo siento —se disculpó de inmediato, percatándose de lo inmaduro que se escuchó, pero eso sólo causó una sonrisa leve en el rubio.

—Lo sigues amando.

—Yo... —sus ojos se llenaron de lágrimas—... nunca dejé de amarlo y creo que jamás podré dejar de hacerlo. Fui un idiota al irme así y al no responderte, al no venir antes, pero... no podía hacerlo, en verdad no podía venir —sollozó un poco—. Pasaron muchas cosas —suspiró en medio de su llanto silencioso.

Yurio se quedó estático. Los sentimientos de esos dos sí que eran profundos y reales. Era increíble que un amor tan fuerte tuviera que pasar por tantas pruebas. El problema era que los dos eran igual de idiotas y eso sólo complicaba las cosas. Quiso decir algo, pero los sentimientos de Yuuri eran tan palpables que no pudo estar enojado con él por más tiempo. No sabía lo que vivió en Canadá ni sus motivos exactos por los cuales tomó decisiones tan radicales, tampoco sabía si había sufrido o no, pero de lo que sí estaba seguro, era del amor que le seguía teniendo al viejo, no había duda de eso.

—No te vas a ir ¿Verdad? —preguntó luego de un largo suspiro.

—No.

—Aleksi se va a enojar.

—Lo sé.

—Está muy enojado contigo. Te golpeará.

—Espero que no como tú.

Entonces Yurio giró su rostro sólo para ver que la nariz de su amigo aún sangraba, sin mencionar la hinchazón en su rostro y su labio roto.

—Oh, sobre eso... lo siento, pero te lo merecías. De todas formas también me desquité con el viejo. Los dos son unos imbéciles —sacó un pañuelo de tela de su bolsillo y se lo extendió.

—¿Desde cuándo acostumbras llevar pañuelo? —se asombró un poco. Se le hacía algo demasiado cursi y anticuado para alguien como él.

—Sólo cállate y tómalo antes de que te golpee de nuevo. Estás manchando todo de sangre.

—¿Y acaso es mi culpa? —se defendió y Yurio se quedó perplejo por unos segundos, quizás Katsuki sí había cambiado un poco, y no se refería sólo a la apariencia. Lo que por cierto lo había dejado muy asombrado, casi no logró reconocerlo en un principio. Se veía muy diferente.

Luego de que un médico llegara a curar sus heridas, Katsuki caminó junto a Yurio por los pasillos del hospital hasta llegar al cuarto de Viktor. El rubio se disculpó durante el trayecto, reconoció que se sobrepasó un poco con la fuerza de sus puños, pero también le reclamó a Yuuri el que no se defendiera, dejándolo como un abusivo. De pronto la charla trivial hizo acto de presencia. Era lo bueno de Plisetsky, nunca podía ser rencoroso con nadie a pesar de esa actitud huraña que se cargaba casi las veinticuatro horas del día.

Cuando llegaron a la habitación se encontraron con la mirada sorprendida y enfadada de Yakov y Aleksi respectivamente.

—¿Qué demonios hace...? —fue interrumpido.

—El cerdo se va a quedar a cuidar de Viktor —miró a Aleksi con cara de "Y no acepto un no por respuesta" olvidándose de que él tenía más derechos sobre Viktor que él, después de todo era su hermano de sangre.

—Me alegra verte, muchacho —el mayor se acercó a Katsuki y le extendió la mano. El aludido se sorprendió mucho pero correspondió de inmediato y con sus esperanzas renovadas, al menos Yakov y Yurio lo aceptaban de vuelta—. Te tardaste en venir.

—Lo sé, pero aquí estoy, no me iré.

—Más te vale, cerdo —gruñó Yurio.

Aleksi ya no dijo nada, se quedó sentado en una silla al lado de la cama de su hermano, tratando de no prestarle atención al japonés, pero fue imposible, su simple presencia le hastiaba, así que terminó poniéndose de pie para salir de ahí con pasos pesados y molestos, chocando su hombro con el de Yuuri al salir.

—Ya se le pasará. Aleksi es muy parecido a Viktor en cuanto a sentimientos —rio un poco—. Terminará aceptándote —miró bien su rostro—. ¿Qué demonios te pasó?

—Le di su merecido —se le adelantó el rubio, casi orgulloso.

—¡Yuratchka!

Katsuki no le hizo mucho caso a eso y miró discretamente por todos lados, tratando de encontrar a una persona en específico.

—Y... ¿Dónde está la ex esposa de Viktor? —no pudo evitarlo, tenía mucha curiosidad.

Caminaba con mucha prisa, atravesó el aeropuerto más rápido de lo que se imaginó, y es que estaba muy apresurada. Su prima le había llamado con urgencia, pidiéndole ayuda. Al parecer se había metido en problemas muy graves.

En otras circunstancias le habría dicho que intentara solucionarlos ella sola, pero no podía hacerlo ahora, primero: porque ninguna de las dos tenía más familia; segundo: porque de niñas siempre fueron muy unidas y prometieron ayudarse en todo. Ambas estaban siempre una con la otra en los momentos difíciles e importantes. Esta ocasión no iba a ser la excepción, pero Irina estaba muy angustiada después de escucharla hablar por teléfono, estaba llorando y desesperada, nunca la había oído así. Su prima no quiso decirle la razón de su llanto, sólo le pidió que fuera con ella cuanto antes, para eso tuvo que volar desde San Petersburgo, incluso tuvo que dejar a su ex esposo en manos de los demás. No quería abandonarlo en esas circunstancias, pero afortunadamente se encontraba estable y no pensaba tardar muchos días, o eso esperaba.

Cuando llegó a las puertas principales del aeropuerto buscó con la mirada a su atolondrada prima por todas partes. La halló luego de unos minutos, sus miradas se encontraron y al mismo tiempo corrieron hasta estamparse una en los brazos de la otra. La gente que pasaba por ahí se detuvo a ver el emotivo reencuentro. Tenían más de diez años de no verse.

—¡Irina! —la abrazó con mucha fuerza—. Prima... te agradezco tanto que vinieras hasta acá, de verdad, muchas gracias —se le cortó la voz, aún no la soltaba del abrazo—. No sabía a quién recurrir, tenía miedo y... —Irina se separó del abrazo para verla bien.

—¿Qué pasó? Me estás asustando —se miraron fijamente a los ojos.

—Tengo dos meses de embarazo.

—¡Victoria!

Terminó quedándose en San Petersburgo a pesar de las protestas del hermano de Viktor. Nada ni nadie le iba a impedir quedarse al lado de su amado en esos momentos, él lo había cuidado durante seis meses mientras estuvo en coma, lo menos que podía hacer era cuidarlo ahora.

Los médicos habían explicado el estado de Viktor con detalle. Resultó no ser ninguna fractura, afortunadamente, pero sus vértebras lumbares sufrieron daños graves en los discos intervertebrales. El médico le diagnosticó hernias discales debido al sobreesfuerzo que aplicó en su entrenamiento y a las múltiples caídas. No era tan común que se ocasionaran con esa facilidad, pero ocurrió en él por los antecedentes que tenía de aquel accidente en su adolescencia. Además, la caída fue certera y fuerte, lo suficiente para inflamarle y extruirle los discos hasta que éstos presionaran el canal nervioso, causándole tal dolor.

Y en cuanto a su cadera, se debió a los repetidos golpes que se daba al caer, siempre sobre el mismo lado, la última caída fue la que remató el asunto, dejándolo inmóvil, también tenía que ver el hecho de que sobre esforzaba mucho esa cadera al hacer los saltos y piruetas, alzando siempre la pierna derecha. Tuvo la suerte de no rompérsela, pero sí logró desgarrarse el ligamento redondo, casi tan doloroso como una ruptura de hueso, pero no tan difícil de reparar.

En resumidas cuentas: necesitaba reposo total durante aproximadamente un mes, tiempo en el cual estaría sedado para impedir el más mínimo movimiento y también para evitarle el agonizante dolor. Todos hicieron de inmediato la misma cuestión: ¿Volvería a patinar? Y sí, lo haría con facilidad en muy poco tiempo, pero le recomendaron no participar en ninguna competencia en ese año.

Pasaron varios días antes de que Viktor tuviera otro momento de semi-consciencia. El doctor explicó también que podía estar ocurriendo eso, podía de repente despertar sin previo aviso, después de todo sólo estaba sedado, mas no inducido al coma. Viktor se había negado rotundamente a esa última opción, le tenía pavor a ese estado, prefirió sólo la sedación aunque ésta significara que pudiera despertar repetidas veces, en medio del dolor. Y cuando eso ocurrió le tocó mucha suerte a Yuuri al encontrarse solo en la habitación con él. Era muy temprano, aún no amanecía y se había quedado a cuidar de él toda la noche. No hubo poder humano que lo separara de Viktor desde que pisó tierras rusas, sólo se había separado de él para ir a dejar sus cosas en casa de Yurio, tomó un baño y regresó, no sin antes pasar un rato pequeño con Makkachin, el perrito se estaba quedando en casa de los Plisetsky y no dudó ni un segundo antes de echársele encima con efusividad al reconocerlo. No lo dejó incorporarse del suelo hasta que lamió todo su rostro. Luego de eso regresó al hospital e hizo guardia al cuidado de Viktor.

Al ver que su amado se removía incómodo fue de inmediato a su lado y tomó su mano con fuerza, sabía que podría sufrir dolor en esos escasos momentos de consciencia, por eso mismo se había sentado en el colchón y prácticamente se acostó sobre él, cuidando de dejar sólo el peso necesario para mantenerlo quieto. El médico le pidió que en estos casos cuidara que no se moviera mucho o no serviría de nada el hecho de que estuviera sedado.

—Tranquilo, no te muevas mucho —susurró con dulzura, acariciando su mejilla, o más bien lo poco de mejilla que le dejaba acariciar la mascarilla de oxígeno.

Pero fue como si le hubiera dicho: "Viktor, muévete, despierta, brinca" pues al escuchar su voz abrió los ojos lo más que sus párpados cansados le permitieron.

—Y-Yuuri —su voz fue un gemido rasposo—. ¿Eres... tú? ¡Y-Yuuri!

—Sí, mi amor, soy yo —se inclinó lo suficiente para dejarle un cálido beso en la frente. Su labio roto le reclamó el acto, pero poco le importó, esa efímera caricia logró calmar un poco a su amado.

—Yuuri —sonrió, adormilado—. ¿Volviste por mí?

Los ojos azules se llenaron de lágrimas, muy pronto los castaños se encontraron en las mismas.

—Sí, siento haber tardado tanto —no podía dejar de acariciar su rostro. Afortunadamente ya había dejado de moverse, pero le preocupaba ver su ceño fruncido, sabía que tenía mucho dolor.

—Lo importante... es que aquí estás... —jadeó, adolorido—. No te vayas ¿Si? No... me dejes.

—Claro que no —se permitió soltar un par de lágrimas mientras apresaba su pálida y fría mano entre las propias, luego miró un interruptor en la máquina que se encargaba de administrarle los sedantes y analgésicos, el doctor le había indicado que lo presionara cuando Viktor tuviera señales de conciencia y dolor—. Vitya, sé que duele. Te ayudaré a que duermas de nuevo.

—Me dijiste Vitya... —sonrió, no podía apartar sus ojos nublados de su amado Yuuri, en realidad no sabía si se trataba de una alucinación o sueño, él sólo quería disfrutar de ello sin importar lo que fuera—. No quiero dormir —aseveró con apenas un hilo de voz—. Quiero... estar contigo.

—Estoy contigo, me quedaré a tu lado —apretó su mano y extendió el otro brazo hasta alcanzar el interruptor. Obviamente lo iba a usar cuanto antes, su amado sufría, no quería eso—. Descansa mi amor —besó su frente de nuevo.

—No... Yuuri, no quiero... —cayó rendido antes de terminar la frase.

Los días transcurrían lentos y tortuosos para todos, en especial para el japonés, quien pasaba noche y día junto a su ex novio. La mayoría del tiempo Aleksi la pasaba también junto a su hermano, viéndose obligado a pasar tiempo con Yuuri. Había un silencio sepulcral siempre que los dos estaban reunidos a solas, pero eso fue cambiando muy poco a poquito. Todo comenzó a cambiar desde que el ruso vio cómo Katsuki se esmeraba en cuidar de su hermano, pues cada par de días iba en busca de flores nuevas para el buró de Viktor, pues quería que al despertar (si llegaba a hacerlo) viera algo lindo y diferente. Aleksi también notó que Yuuri se encargaba de bañar con sumo cuidado a su hermano, cosa que él había hecho siempre, hasta que el japonés llegó a Rusia. Se sorprendió al ver la naturalidad y el cuidado con el que lo hacía. Y ni qué decir sobre el tiempo que pasaba charlando con él en las tardes a pesar de que estuviese inconsciente, le platicaba cosas triviales, a veces divertidas, a veces no tanto; también dedicaba un tiempo especial en cepillar suavemente las hebras plateadas de Viktor, fascinado con la sedosidad de su cabello.

No había duda alguna, luego de una semana y media, Yuuri se ganó por completo al hermano menor de Viktor.

Estuvo tan ocupado cuidando de Viktor durante todos esos días que se olvidó de algo muy importante: llamar a su familia.

—¿Hola? ¿Mamá? —preguntó al teléfono.

¡Yuuri! ¿Eres tú? —la voz al otro lado de la línea se oía de verdad sorprendida.

—Soy yo, mamá —se le hizo un nudo en la garganta, no había hablado con ella dese hace ya mucho tiempo. Siempre que hablaba era con Mari-neechan y ella se encargaba de decirle a la familia.

¡Hijo! ¡¿Dónde estás? ¿Te encuentras bien? ¡¿Por qué no has vuelto?! —se oía desesperada.

—Lo siento mucho, mamá. Prometo que iré en poco tiempo, ahora mismo estoy en San Petersburgo, Viktor sufrió un accidente y... bueno, estoy cuidando de él.

¡Oh! Vimos sobre el accidente, pero no supimos con quién comunicarnos para preguntar por él ¿Cómo está Vitya-chan? Por cierto... ¡¿Ya se reconciliaron!?

Yuuri sonrió levemente.

—Se encuentra estable, está un poco lastimado, pero se recuperará. Y sobre lo otro... no, él está sedado, no hemos podido hablar en realidad... —se sonrojó un poquito. Era un hecho que debía reconciliarse con él cuanto antes y las ansias ya comenzaban a carcomerlo.

Yuuri... esperaron tanto para esto. Ven a casa cuanto antes.

—Lo haré ¿Estás molesta conmigo?

Muy molesta —admitió a pesar del tono dulce en su voz—. Pero me da gusto que te encuentras bien. Cuida de Vitya y vuelvan a casa lo más pronto posible, los extrañamos y me alegra saber que todo podrá volver a ser como antes.

—Gracias mamá —sonrió con nerviosismo, sabía que al llegar a casa le esperaría un buen regaño, pero le alegraba escuchar de nuevo su voz— tengo mucho por platicarte, lo haré muy pronto —sonrió ahora con nostalgia.

Esperaré con ansias, hijo. Cuídate mucho por favor.

—Lo haré. Saluda a papá y a Mari-neechan de mi parte. Te quiero.

—¡Mi pequeño! Yo también te quiero.

Rato después de que terminaron la llamada, Yuuri recibió un mensaje de su hermana, preguntando por la dirección exacta del hospital y el número del cuarto. Al parecer Hiroko quería ir a visitar a Viktor en un par de semanas, cuando a éste lo despertaran.

Entrada la noche, llegaron Yakov y Aleksi, sorprendidos al encontrarse a Yuuri aún ahí.

—Muchacho ¿Qué haces aquí? Ya es tarde.

—Me quedaré esta noche.

—Ya te quedaste la noche pasada —le recordó Aleksi.

—Lo sé, pero... —miró a su amado—. No quisiera separarme de él.

—Yo también me quedaré —aseguró Aleksi.

—Pero estaré yo, no es necesario. Podrías ir y descansar un... —fue interrumpido.

—Es mi hermano, quiero quedarme.

El japonés sonrió muy levemente y asintió. Yakov sólo suspiró mientras negaba con la cabeza. Los tres estuvieron un buen rato sentados, mirando a Viktor y pensando cada uno en sus asuntos mientras pasaba el tiempo. El único ruido era el repiqueteo del monitor de signos vitales, mostrando el pausado latido de su corazón.

Todo era silencio, afuera caía nieve lentamente y se podía apreciar totalmente desde el gran ventanal de la habitación. Por primera vez Yuuri puso atención a los detalles del lugar. De entrada ese hospital era uno de los más caros, podía notarlo por la calidad de todo a su alrededor, y además esa habitación era de las "plus" sólo para pacientes selectos. La habitación en sí era muy amplia, incluso tenía un sofá-cama, baño propio con regadera y una pequeña salita al fondo para las visitas. Eso lo hizo recordar el hospital en el que estuvo internado en Barcelona. No lo conoció en realidad, pues todo el tiempo ahí estuvo en coma, pero había encontrado referencias de él en internet, descubriendo así que era un hospital muy lujoso y de los poseedores de la más alta tecnología. Al enterarse de eso, quiso pagarle los gastos a Viktor, pero éste se negó rotundamente.

Volvió a mirar disimuladamente a su alrededor, deteniéndose en el ventanal que mostraba a una hermosa ciudad en medio de la noche, se veían muchas luces de los autos, edificios y calles, todo allá afuera seguía en movimiento mientras ellos esperaban ahí, ansiosos porque el tiempo pasara para que Viktor volviera a la consciencia.

—¿Qué le pasó a Viktor en su adolescencia? —preguntó de pronto, rompiendo el silencio profundo que se había formado—. Me refiero a su espalda —aclaró al ver los rostros confundidos de los otros dos.

Yakov y Aleksi se miraron mutuamente, éste último negó con la cabeza, no estaba dispuesto a soltar información a un "desconocido".

—Oh vamos —rio un poco al ver al menor de los Nikiforov—. Estos dos son más íntimos de lo que crees —rio e hizo que los dos pelinegros ahí presentes se sonrojaran—. Verás... —dijo, refiriéndose a Yuuri—... cuando tenía trece años tuvo una discusión muy fuerte con su padre. En esa época las cosas no iban muy bien en la familia. No sé si Viktor te platicó sobre esto, pero su madre murió cuando era aún un niño.

Aleksi bajó la mirada, recordando esos tiempos tan duros.

—Sí, me lo dijo.

El ruso menor alzó su mirada con asombro, pues su hermano no era de esos que se abren con cualquiera. De todas sus ex novias, sólo Irina conocía su pasado, y eso porque lo vivió junto con él.

—Ocurrió en nuestra casa, no muy lejos de aquí —continuó explicando el hermano de Viktor, su expresión era rígida, como aquella que ponen las personas que recuerdan un momento muy duro y dicen haberlo superado a pesar de que no era así—. Mi padre y él discutían sobre... —apretó los puños—... ellos discutían, no estuve ahí para verlo, pero Viktor dijo que fue muy intenso. Discutían sobre la muerte de mi madre y el hecho de que me mandaría a un internado. Esa vez se dijeron muchas cosas y no sé cómo, pero mi padre terminó empujándolo con enojo, haciendo que cayera por las escaleras. Eran muchas escaleras... —tenía la mirada perdida en el suelo, incluso Yuuri podía jurar que se le había cortado la voz un poco—...tuvo varias lesiones, pero esa en especial, la de su espalda, fue muy grave. Tuvo que ser ingresado al quirófano de emergencia, por poco y hubiera sido obligado a abandonar el patinaje.

—Nunca supe sobre eso —estaba de verdad asombrado.

—Es porque ocurrió poco antes de que se hiciera tan famoso. Casi nadie lo sabe.

Katsuki quiso preguntar e indagar más sobre el pasado de su amado, pues, si bien sabía sobre la muerte de su madre y la mala relación con su padre, no tenía idea del porqué de esa mala relación. Y por lo que podía ver, era por algo sumamente grave. No quiso preguntar, prefirió esperar a que algún día él mismo se lo platicara.

—Luego de la cirugía le prohibí que volviera a patinar —agregó Yakov, cruzado de brazos en su asiento, pero luego sonrió —. Y como es su costumbre: me ignoró y se convirtió en pentacampeón —había cierto orgullo y felicidad en sus palabras—. Siempre me sorprendía cada vez más, incluso ahora ¡No puedo creer que el muy imbécil estuviera practicando tantas horas a mis espaldas!

—¿Así fue como se lesionó? —inquirió Yuuri con curiosidad, refiriéndose al accidente de ahora.

—Sí. Se estaba quedando a practicar toda la noche en la pista —suspiró—. Él no puede excederse de ciertas horas de entrenamiento, si lo hace es común que sufra dolores en su espalda, debido al accidente inicial. Pero el idiota es afortunado al haber nacido con tal talento que no necesita entrenar mucho para conseguir lo que quiere.

—¿Y por qué ahora entrenó tanto? —preguntó Aleksi con algo de exasperación—. Ni siquiera sabía que iba a participar en este GP.

—Y no lo iba a hacer. Él decidió retirarse hace un par de meses, ya era un hecho que sólo faltaba anunciar a la prensa —miró cómo Yuuri se sobresaltó al escuchar eso—. Pero decidió no hacerlo gracias a ti, muchacho.

—¿A-a mí?

—Había decidido abandonar todo hasta que vio tu rutina en pareja con esa chica.

—¡¿Qué?!

—¡Hubieras visto cómo se puso! Un día llego al centro de patinaje sin avisar, desaliñado y con apariencia de haberse levantado recién de la cama. Entonces me avisó que volvería a patinar, así como así —soltó una risa seca—. Dijo que al verte patinar le inyectaste una dosis muy alta de inspiración, por eso no tuvo problemas en diseñar las dos coreografías en menos de una semana, pero sí se le complicó mucho llevarlas a cabo sin cansarse, después de todo duró casi tres años fuera de combate.

—¿Decidió volver a patinar sólo por él? —señaló a Yuuri, de mala gana.

—Así es.

Aleksi le dedicó una mirada indescriptible al japonés. No sabía si estaba molesto con él o agradecido. Era difícil leer sus expresiones, a diferencia de Viktor, quien siempre era un libro abierto.

—Es una lástima que le ocurriera esto justo ahora. Pudo haber presentado unos programas excepcionales, aunque... debo admitir que de un tiempo para acá sus movimientos no son iguales, noto cierto fallo en la fluidez de sus pasos, pero no sé cómo explicarlo.

—Quizás sólo ya esté viejo para eso —agregó despreocupadamente.

—¡Claro que no! Aún es muy joven —lo defendió Yakov, pues él hasta la fecha patinaba, claro, ya no lo hacía profesionalmente ni para competir, pero patinaba.

Iban a seguir discutiendo sobre ello, hasta que de pronto escucharon leves quejidos. Sus cabezas se giraron bruscamente hacia donde estaba Viktor, estaba despertando. Los tres dieron un brinco y se pararon de inmediato junto a la cama, Yuuri hizo lo mismo que en la ocasión anterior: se sentó en la orilla del colchón y puso sus manos sobre los hombros de su amado para evitar que se moviera bruscamente.

—Viktor, no te muevas —le pidió con suavidad.

—Yuuri... —dijo con voz muy modorra, sus ojos a penas y se abrían—... no te fuiste —sonrió, ni siquiera se percató de la presencia de los otros dos, sólo tenía visión para su amado.

—Te dije que me quedaría —sonrió de lado, con una nostalgia muy profunda. Quería que ese mes de tenerlo sedado se terminara ya.

—Cumpliste tu palabra —frunció mucho el ceño.

—¿Duele?

—No... —soltó otro quejido, intentaba no moverse, pero le dolía mucho, era inevitable—. Yuuri...

—¿Sí? —se le acercó un poco más, casi no escuchaba su voz que salía a penas en un susurro.

—Hungry...

Los tres ahí presentes estallaron en carcajadas, o al menos así fue hasta que a Viktor se le ocurrió decir una locura, ajeno a que había más personas ahí además de su katsudon.

—Quiero comer... quiero comerte, Yuuri. Vamos, déjame comerte, sólo un poco, te extraño... —cerró los ojos por completo—. Duerme conmigo esta noche... —soltó en un suspiro—... como en Japón. Los dos solos, desnudos, sí, quítate la ropa...

Los otros dos rusos ahí presentes miraron a Yuuri con asombro y diversión, bueno, el único divertido parecía ser Yakov, pues Aleksi estaba muy sonrojado y algo molesto.

—¡V-Viktor! —se le subieron los colores al rostro, casi podía sentir que le salía humo por los oídos.

—Hace calor —refunfuñó, alzó la mano e intentó quitarse la mascarilla de oxígeno, pero Yuuri lo detuvo—. Quítame la ropa, Yuuri, calor... hace mucho calor...

—¡Viktor! Yakov y tu hermano están aquí, compórtate.

—¡¿Mi hermano?! —abrió un poco más los ojos, sin embargo éstos estaban a penas abiertos—. ¿Aleksi? ¿Dónde? ¿Dónde?

—Aquí estoy —tomó su mano con fuerza y sus ojos se volvieron cristalinos al ver la sonrisa que le dedicaba su querido hermano mayor.

—Aleksi... —murmuró, asombrado y respirando un poco más agitado—. Creciste, hermanito...

—Y tú estás más viejo —rio entre lágrimas—. Estúpido, te extrañé.

—Cállate —rio un poco, pero se detuvo al sentir un pulsátil y agudo dolor.

—Es mejor que siga durmiendo —sugirió Yakov y Yuuri asintió, extendió su mano hacia la máquina con los medicamentos, pero Viktor lo detuvo débilmente.

—¿Seguirás...aquí cuando despierte? —juntó sus cejas en un gesto de verdadera preocupación y ansiedad.

Yuuri le dedicó una pura y amplia sonrisa.

—Estaré esperando por ti —se inclinó a besar su frente antes de presionar el botón para los sedantes. Eso fue más que suficiente para que Viktor se fuera a navegar al mundo de los sueños con una gran sonrisa en sus labios.

Todo eso lo miró Aleksi atentamente y no pudo más que sorprenderse, su hermano en verdad amaba a ese chico y viceversa, se notaba a leguas.

Yakov se había ido ya hace varias horas, sólo Katsuki y Aleksi se encontraban en la habitación. El japonés miraba la ciudad nocturna por la ventana mientras que el otro miraba a su hermano dormir, aunque pronto decidió acompañar a su "cuñado" y juntos observaron la ciudad a lo lejos.

—¿Por qué rompieron? —preguntó de pronto, pero Katsuki no se sorprendió, sólo sonrió con tristeza y respondió:

—Falta de comunicación —lo miró con tristeza a pesar de tener una pequeñísima sonrisa en sus labios—. Porque fui un idiota, no le di tiempo de explicarse, simplemente hui —tomó aire—. Fui un idiota —repitió, lamentándose por enésima vez.

Entonces Yuuri decide abrirse un poco con él, le explicó casi a detalle todo lo que ocurrió y el verdadero motivo de la ruptura, al final de la explicación el ruso se echó a reír.

—Estás muy equivocado. Irina es... —lo pensó—. ¿Cómo decirlo? Ella es como una hermana para nosotros. Incluso te defendió antes de irse a Canadá, yo dije que eras un idiota y ella salió argumentando en mi contra —rio un poco.

—¿Dijiste Canadá?

—Sí ¿Por qué?

—Nada, es sólo que yo vengo de pasar una larga temporada en Toronto. ¿Por qué se fue allá?

—¿En serio? Vaya... bueno, ella se fue porque su prima la llamó, al parecer tuvo una emergencia y la necesitaba. Que coincidencia, su prima vive en Toronto.

—Cierto, que extraño.

Pasaron unos momentos en silencio hasta que Aleksi volvió a hablar.

—No sé qué les hiciste a esos dos, incluso a Yurio, pero todos te quieren, Irina ni siquiera te conoce y te aprecia ¿Por qué yo no puedo apreciarte?

Eso fue como un balde de agua fría para Katsuki. Su "cuñado" le estaba diciendo que no lo quería, así, directamente.

—Entiendo que no me quieras, después de todo soy la persona que hizo sufrir a tu hermano, es comprensible —fue sincero, no le ofendió el comentario de Aleksi ni nada por el estilo.

—Pero también eres quien más feliz lo ha hecho. Yakov me lo dijo, Irina también, inclusive Yurio me hizo un comentario sobre eso —suspiró—. Lo siento, pero no puedo tenerte el mismo cariño que ellos.

—Está bien, no te preocupes.

Estuvieron un rato más en silencio. Eran ya las dos de la mañana y ninguno de los dos se iba a dormir.

—Iré por un café ¿Quieres? —preguntó de pronto el ruso. Yuuri se desconcertó un poco ante la cortesía, pero le sonrió y asintió levemente.

A partir de ese día pasaron mucho tiempo juntos. Había noches en las que se turnaban, pues no tenía caso que los dos pasaran la noche en vela al mismo tiempo, pero durante el día si tenían tiempo de sobra a solas. Momentos en los que era inevitable comenzar una conversación. Siempre empezaban por trivialidades, aunque éstas ayudaron a que se dieran cuenta de lo parecidos que eran. Los gustos de Aleksi que no podía compartir con su hermano, los podía compartir con Yuuri, tales como el hecho de tocar instrumentos. A diferencia de Yuuri, Aleksi no estudió música como carrera, sino como un hobbie, pero por lo que decía se le daba muy bien. También compartían esa debilidad por la comida que los hacía engordar fácilmente, por eso el menor de los Nikiforov estaba más fornido que el mayor, por eso y porque se tomaba el tiempo de ir al gimnasio, prefería mil veces hacer ejercicio que dejar de comer.

Cuando terminaban con las trivialidades comenzaban con temas más serios, tales como su infancia, momentos gratos de su vida, momentos difíciles. Aleksi se abrió un poco y le habló sobre su pasado, o al menos lo intentó antes de que se diera cuenta de lo que hacía.

—Lo siento, si empiezo a hablarte sobre esto terminaré diciéndote mil cosas sobre Viktor. Y si él aún no te las ha dicho es porque está esperando el momento preciso para hacerlo, no quiero ser yo quien lo haga —sonrió de lado. Eso hizo que Yuuri se preguntara qué era aquello que ambos vivieron en su infancia ¿Por qué Viktor quería irse de su casa? Había demasiadas cuestiones sin resolver, pero esperaría a que Viktor fuera quien se lo dijera.

—Entiendo, en ese caso... háblame de ti ¿Qué has hecho durante todos estos años?

El aludido sonrió un poco, recordando su buena vida, a su prometida.

—En la universidad conocí al amor de mi vida, desde entonces nos hicimos novios y ella ahora es mi prometida.

—¡Wow!

Aleksi rio.

—Sonaste como mi hermano.

—Oh... —se rascó la nuca con algo de nerviosismo—. Creo que se pega un poco.

—Sí, es verdad —siguió riendo.

—Entonces tienes prometida —le brillaron los ojos al pensar en lo feliz que se pondría Viktor al saberlo.

—Sí —suspiró, muy enamorado—. Se llama Evgenia, estudiamos en el mismo campus, sólo que ella eligió artes, mientras yo me incliné más por las leyes.

—¿¡Eres abogado?! —se sorprendió mucho.

—Sí —sonrió.

—Vaya... ¿Y cuándo se van a casar?

—Aún no elegimos fecha, le quería dar primero la noticia a mi hermano y presentarle a mi prometida, luego de eso sería la boda.

—Viktor se va a poner muy feliz cuando lo sepa —suspiró soñadoramente, pero esa felicidad se le esfumó al oír lo siguiente.

—Escuché rumores de que tú y mi hermano se comprometieron.

Yuuri sintió un nudo en su garganta.

—Es verdad —bajó la mirada—. Pero justo después de eso se vinieron muchos problemas.

—Deberían solucionarlos cuando despierte. Conozco a mi hermano y lo caprichoso que puede llegar a ser, no le agradará la idea de que su hermano pequeño se case antes que él. Así que apresúrense a solucionar sus conflictos para no ser yo el primero en casarse.

—Aleksi... —se le fue el aliento. ¿Acaso... acaso esas palabras significaban que...?—. ¿Tú estás...?

—Sí, sí —resopló con una expresión ceñuda, se veía chistosamente infantil, tal como Viktor lucía en algunas ocasiones. Era como ver a un Viktor, pero con el cabello negro y ojos de un azul más obscuro—. Eres bienvenido a la familia, aunque la familia sólo seamos él y yo —murmuró.

—Gracias —sonrió, emocionado. Sentía un cúmulo de mociones en su pecho, era agradable, sentía como si un peso se le hubiera quitado de encima.

Aleksi lo había aceptado como cuñado.

Había amanecido hace unos momentos apenas. Yuuri estaba a solas, cuidando de Viktor. Había transcurrido ya casi un mes del accidente, faltaban sólo un par de días para que despertaran a su amado, y estaba feliz por ello.

También estaba muy feliz por el hecho de que el ruso murmuraba incoherencias entre sueños, y entre esas incoherencias siempre estaba su nombre presente, "Yuuri... bésame" "Yuuri, no te vayas" "Estúpido Yuuri, te fuiste", esa última en específico le causó algo de gracia por cómo lo dijo, pero nadie lo preparó para el momento en el que se le ocurrió decir algo muy vergonzoso frente a él y Aleksi, tal como la vez en que estaba también Yakov, sólo que ahora mucho más directo y claro. Había dicho: "Yuuri, hazme tuyo"

Flash back

El momento fue realmente embarazoso. Katsuki no sabía dónde meterse después de escuchar eso, menos al ver cómo reaccionó Aleksi en esa ocasión.

—Uhm... con que así son las cosas entre ustedes. Tú se lo haces. Vaya, no me esperaba eso de mi hermano.

Yuuri no supo cómo interpretar esas palabras. ¿Estaba furioso? ¿Decepcionado? ¿Sorprendido?

—N-no siempre es así, en realidad él y yo, bueno... —trastabilló en cada una de las palabras. Y se puso más nervioso al escuchar una risa estridente de parte de su cuñado.

—¡Si tan sólo vieras tu expresión! —se carcajeó—. ¡Casi estás morado! —siguió riendo—. Tranquilo, no me voy a molestar, es sólo que me tomó por sorpresa —suspiró, tratando de recuperar el ritmo normal de su respiración.

Fin flash back

Yuuri seguía avergonzándose bastante con sólo recordarlo.

Se talló un ojo perezosamente y alejándose de la ventana llegó al lado de Viktor. Se paró junto a su cama y sonrió ligeramente al ver su expresión serena. Soltó un pesado suspiro y se pasó un mechón de cabello detrás de la oreja. Hizo nota mental de ir a cortárselo cuanto antes.

Entonces se sentó en la orilla de la cama y miró a su amado por largo rato, hasta que tuvo un impulso que no se detuvo a meditar. Simplemente su cuerpo reaccionó y se inclinó un poco sobre él hasta hacerle a un lado la mascarilla de oxígeno. Cuando al fin tuvo su rostro completo y expuesto, lo miró por tiempo indefinido. Extendió su mano y con suavidad acarició esos labios ahora pálidos, notó por enésima vez que él siempre se veía hermoso, incluso en estas circunstancias se veía como un ángel. Sus labios entreabiertos, su respiración profunda y pausada, con sus largas y rizadas pestañas platinadas. Todo él era perfecto. Miró su largo cabello y lo acarició con un cariño infinito, era tan suave y sedoso, como su piel. Lo único triste era que su piel se veía más pálida de lo normal, y sus ojos estaban cubiertos por sus párpados.

Y así Yuuri dio paso a sus impulsos.

Se inclinó lentamente sobre Viktor hasta que sus labios hicieron contacto con los de él. Estaba frío. Era una caricia fría, pero deliciosa y sumamente anhelada. Atrapó el labio inferior de su amado entre los propios y le brindó esa caricia con un profundo amor y cariño. Era un beso de perdón.

—Mi amor... —murmuró sobre sus labios inmóviles, con su mano abarcó toda la mejilla pálida, haciendo círculos en ella con su pulgar—... estoy ansioso porque despiertes, ya quiero tenerte a mi lado, pedirte perdón, realizar nuestros sueños juntos —juntó sus frentes, sin despegar sus ojos de él. Una furtiva lágrima se escapó de sus ojos, rodando por su mejilla hasta impactarse sobre el rostro del ruso. No se lo había dicho a nadie, pero le dolía en el alma verlo ahí postrado en esa cama. Sabía que sólo estaba sedado, pero era tan horrible la sensación de saberlo enfermo. Para él, Viktor siempre representó una figura de fortaleza inquebrantable, al menos física, pues sentimental ya sabía que podía ser vulnerable, por eso le afectaba tanto verlo en esas circunstancias.

Recordó que el médico habló con él y con Aleksi, diciéndoles que probablemente Viktor requeriría un poco de rehabilitación física para que sus ligamentos se recuperaran correctamente. De inmediato se acordó de Victoria y de su excelente trabajo como rehabilitadora, pero descartó la idea desde el momento en que recordó esa noche de pasión que tuvo con ella justamente en el cumpleaños de su amado. Estaba seguro que había sido su mayor desfachatez en la vida, ni siquiera él mismo se lo podía perdonar y se atormentaba con ello todos los días desde entonces. No sabía cómo se lo diría a Viktor, pero de algo sí estaba seguro, se lo diría sin importar nada. No quería más secretos y malos entendidos entre los dos.

Volvió a colocar la mascarilla de oxígeno en su lugar y lo observó detenidamente. Sonrió al distinguir esas casi imperceptibles pecas en sus pómulos, eran casi invisibles.

Soltó un gran suspiro y haciéndole caso a sus impulsos se recostó en la cama, justo en el espacio entre el brazo derecho de Viktor y su torso. Acurrucó la cabeza sobre su pecho y tomando su brazo derecho lo estiró hasta rodearse a sí mismo con él. Era extraño sentir tan baja la temperatura de su amado, pues siempre parecía un termostato descompuesto que permanecía por siempre caliente, en cambio ahora estaba frío, ni siquiera la montaña de mantas y cobertores le ayudaban. Eso lo orilló a abrazarlo y brindarle calor, claro, con sumo cuidado de no lastimar su espalda o cadera. Suspiró con alivio al sentirse tan a gusto en esa posición. Había extrañado tanto los brazos de Viktor, sentirlo junto a él, descansar la cabeza sobre su pecho, escuchar su respiración y latidos. Era una experiencia que extrañaba más que nada.

No tardó en caer profundamente dormido.

Despertó cuando el sonido de una cámara se escuchó a través del silencio de la habitación. No se molestó en moverse, simplemente abrió los ojos y miró lo que estaba al alcance de su campo de visión sin tener que moverse ni un milímetro de su cómodo lugar. Al no ver nada volvió a cerrar los ojos y aspiró fuertemente el aroma natural que desprendía su querido Viktor.

Abrió los ojos abruptamente al escuchar unos pasos y el sonido de más cámaras. Fue sólo entonces que se incorporó para toparse con Yurio y Otabek, ambos con su celular en mano y con una sonrisa traviesa en sus labios.

—Hey... —se incorporó de inmediato de la cama, avergonzado—. ¿Q-qué hacen? —se talló un ojo y su sien adolorida por no haberse quitado los anteojos. Entonces puso atención a ese par y sonrió con picardía al notar cómo sus manos estaban entrelazadas. Éstos, al verse descubiertos, se soltaron como si en la mano del otro hubiera ácido. Un adorable sonrojo invadió la cara de los dos—. Ahora soy yo quien debería tomarles una foto —contratacó.

—Cállate cerdo —metió las manos en los bolsillos de su sudadera gris y caminó hacia la ventana.

—Hola Yuuri, cuánto tiempo —saludó el kazajo con una sonrisa sincera.

—Lo sé —suspiró con una sonrisilla—. ¿Tú y Yurio ya son pareja? —no pudo soportar su curiosidad.

Otabek esbozó una pequeña y sincera sonrisa al escuchar aquello, mientras que Yurio se congeló en su propio lugar, ni siquiera pudo girar la cabeza, simplemente hizo como que no escuchó la pregunta. No quería girarse y que esos dos notaran su "patético" sonrojo.

—Lo somos, desde unos días antes de su cumpleaños para ser más exactos —afirmó, llevándose un puño cerrado a la barbilla en una pose reflexiva muy chistosa.

Al rubio casi le salió humo de las orejas al recordar ese día en Almaty.

—Felicidades a ambos —caminó en silencio hacia donde estaba Yurio y lo sorprendió con un abrazo desde atrás. El pobre pegó un brinco y se le erizó la piel. De inmediato quiso quitárselo de encima, pero era más fuerte de lo que recordaba. Katsuki lo abrazó por unos momentos más—. Y feliz cumpleaños —se sintió enano, pues su amigo ya era más alto que él.

—¡Suéltame, cerdo! —parecía un gatito arisco.

—No —rio un poco y siguió apretándolo con fuerza, de algo había servido todo el ejercicio que hizo en su recuperación.

Otabek miraba la escena con diversión, luego miró hacia la cama y notó algo con mucha sorpresa.

—¡Oigan! —exclamó, deteniendo el repertorio de majaderías que Yurio se sabía tanto en inglés como en ruso, y una que otra en japonés—. Está despierto.

Katsuki soltó a su amigo y literalmente corrió al lado de la cama de Viktor. En efecto, sus ojos estaba por completo abiertos y su respiración era un poco agitada.

—Yuuri —murmuró—. Yuuri —repetía una y otra vez, se calmó hasta que el aludido apareció en su campo de visión—. Tuve una pesadilla —suspiró, tratando de calmarse.

—Tranquilo, aquí estoy —acarició su mejilla, mirándolo muy de cerca. Sus ojos se conectaron y así el ruso se tranquilizó notablemente. La mano izquierda de éste se alzó un poco, buscando contacto con su amado, quien de inmediato la tomó con fuerza y depositó un tierno beso en el dorso de ésta.

—Gracias —su respiración se fue normalizando poco a poco hasta caer completamente dormido de nuevo.

Los tres ahí presentes se quedaron en silencio uno momentos, hasta que el japonés soltó una exclamación en voz muy alta.

—¡Dios mío!

—¡¿Qué pasó!? —se acercaron corriendo, extrañados al ver que Yuuri se había espantado al notar cierto brazalete en la muñeca de su amado.

—¡Esto! —no podía unir sus palabras debido a la impresión, sólo fue capaz de mostrar su propio brazalete junto al de Viktor.

El del ruso decía "Жизнь и..." que significaba "Life and...". Luego señaló el suyo, el cual decía "...любовь" que significaba "...love"

—Son brazaletes de la suerte —murmuró Yurio, asombrado al reconocerlos. Eran una costumbre vieja en los rusos enamorados, se compraban juntos unos brazaletes a juego. Se suponía que no existía uno igual a otro, el de uno sólo puede complementar al de otro. Habría otros que dijeran lo mismo, pero ninguno con el mismo diseño y color—. El viejo lo compró hace mucho, cuando estaba preparando su casa para recibirte. Recuerdo que mandó a hacer una estúpida muñeca matrioska personalizada, adentro iba a poner ese brazalete y te lo iba a obsequiar como regalo de bienvenida. Yo le dije que estaba defectuoso el regalo, después de todo, esas pulseras vienen en juego, pero no le importó. No sé por qué terminó usándola él —explicó con simpleza. Ajeno a que el corazón de Yuuri se acababa de romper en pedacitos.

—Es increíble que tengas el par ¿Dónde lo conseguiste? —preguntó Otabek, curioso.

—Lo compré cuando vine a la ciudad por primera vez, buscando a Viktor. había un mercado de artesanías en una plaza, fue donde lo vi von su ex.

—Vaya... —Yurio estaba muy asombrado—. Es increíble.

—Lo más asombroso es que yo también lo compré pensando en él y por alguna razón terminé usándolo. Intenté quitármelo en varias ocasiones, pero fue imposible, no podía quitármelo a menos de que lo cortara, y no quería hacer eso así que me lo dejé puesto.

—Yurio.

—¿Sí?

—¿Qué fue lo que orilló a Viktor a intentar suicidarse? —preguntó directo y certero. El rubio no se esperaba esa pregunta tan repentinamente—. Es algo que me ha estado rondando la cabeza desde que me enteré, pero no había tenido el valor de preguntar.

El rubio chasqueó la lengua con hastío.

—Viktor no intentó suicidarse, o al menos es lo que él asegura —suspiró—. Es una larga historia, pero en resumidas cuentas él comenzó a beber mucho más de lo normal, bebía día y noche, no salía de su casa y tampoco hablaba con nadie. Estuvo aislado por varios meses, encerrado en su departamento. No sé qué tanto hacia allí dentro —mintió—. Supe que padecía insomnio, fue con un médico que le recetó unos somníferos que combinó inteligentemente con casi una botella entera de tequila. La mezcla y la cantidad lo llevaron al hospital, sufrió un paro y estuvo unos días en observación. Afortunadamente llegó a tiempo para que le hicieran un lavado de estómago y el daño no pasó a más. Irina lo apoyó durante todo ese tiempo, lo ayudó a que saliera adelante y le dio los ánimos necesarios para que no volviera a necesitar de esas pastillas. Poco después vio tu video, ese en donde patinas con una chica. Desde entonces no ha probado ni una gota de alcohol y se dedicó por completo a entrenar, de cierta forma lo inspiraste.

Yuuri no pudo responder nada. Las palabras "sufrió un paro" aún hacían eco en su cabeza.

Caminó lentamente, apartándose de sus amigos hasta que llegó a la ventana, dándoles la espalda para que no vieran los ríos de agua salada que se formaron en sus mejillas, aumentando cada vez más su caudal.

Desde su posición le pidió a Yurio que le diera más detalles sobre todo el tiempo que no estuvo presente, y así lo hizo, le explicó casi a lujo de detalle todo lo ocurrido en esos meses, al menos todo lo que sabía, exceptuando el hecho de que Viktor había robado su diario. Yuuri se asombró al notar que Irina estuvo presente en cada momento.

—¿Segura que estarás bien?

—Lo estaré, lo prometo —se le inundaron los ojos en lágrimas—. Gracias por venir hasta acá sólo por mí.

—Oh, Victoria... —acortó la distancia entre ambas y la estrechó entre sus brazos con mucho cariño—. No me gusta la idea de dejarte sola. Deberías venir conmigo.

—No, definitivamente no —se separó del abrazo, nerviosa—. Tú debes regresar allá, Viktor va despertar mañana y de seguro querrá verte a su lado.

Irina negó suavemente con la cabeza.

—La persona a quien desea ver al despertar ya lo está acompañando. Supe que llegó el mismo día en que viajé hacia acá —suspiró—. Victoria, deberías decírselo. Yuuri debe saber que será papá.

—No. Lo conozco lo suficiente como para saber que sería capaz de dejar todo con tal de hacerse responsable a pesar de que su corazón no lo sienta.

Las dos se quedaron en silencio, entendiendo el significado profundo de esas palabras. Si Yuuri se enteraba de que sería papá, dejaría a Viktor sólo para cumplir con sus obligaciones, y a pesar de que Victoria lo amaba, no podía hacerle eso. Ella era consciente del amor que le tenía a Viktor, el ex esposo de su prima. No quería arruinar las cosas ahora que iban tan bien. Yuuri se reconciliaría con él y estarían juntos de nuevo. Y ella... ella criaría a ese bebé sola.

Tuvo que llamar a su prima, cuando se enteró de su embarazo estaba en un shock tan fuerte que estuvo a punto de decirle a Yuuri, pero se detuvo. Luego de eso llamó con desesperación a Irina, pidiéndole ayuda, pues estaba considerando la opción de abortar. Estaba destrozada.

Flash back

Corrió hasta que sus pulmones no dieron para más. A lo lejos divisó a su objetivo y apresuró el paso, no quería perder la oportunidad de verlo una última vez y decirle...

—¡Yuuri!

—¿Victoria?

—Yuuri... —llegó frente a él y puso ambas manos sobre sus rodillas, inclinada hacia delante y tratando de recuperar el aliento.

—¿Qué ocurre? —se preocupó.

—Y-Yuuri, tengo algo que decirte —le temblaron las piernas, los brazos, las manos. Toda ella era puro temblor. Había ensayado la manera en que se lo diría, se miró al espejo durante horas mientras practicaba, y cuando tuvo las palabras adecuadas salió corriendo rumbo al aeropuerto, pero ahora frente a él, frente a esos hermosos ojos castaños se sentía desarmada. Todo lo que había ensayado fue en vano, su mente estaba en blanco.

—¿Te encuentras bien? Estás pálida —puso una mano en su hombro, preocupado, pero ella la retiró de inmediato. Su contacto le hacía daño, le hacía amarlo más.

—Sí, pero yo...

"Acabo de descubrir que estoy embarazada, vas a ser padre. No te pido que tomes responsabilidad en el asunto, sólo quiero que sepas sobre ello porque tienes el derecho. Sé que en esa noche los dos estábamos demasiado ebrios como para haber sido responsables y haber tomado precauciones, pero así terminaron las cosas, estoy embarazada. Ah, y te amo, sí, lo descubrí en navidad, te amo como no he amado nunca antes, eres dulce, tierno, inocente y tienes un corazón muy puro. Eres un hombre excepcional, ahora entiendo a Viktor..."

Ahí termina el discurso que ensayó infinidad de veces frente al espejo. Siempre terminaba en "Viktor" y de ahí en más no podía continuar, pues recordaba que Yuuri amaba a ese ruso, no a ella. Sabía lo mucho que estaba sufriendo al estar separado de él, tanto que ni siquiera ella fue suficiente para llenar ese vacío en su corazón. Tomando eso en cuenta no pudo decirle nada. Ni una palabra de ese discurso salió de su boca, no frente a Yuuri Katsuki.

—Victoria, me estás asustando ¿Qué pasa?

Entonces Isabella, Minami y J.J. se acercaron un poco para ver qué sucedía.

—Yo... —se puso más nerviosa al saber que los demás también la escuchaban—...quería desearte suerte, cuídate mucho y ve a cumplir tu objetivo. Sé que lo lograrás —se le hizo un nudo en la garganta—. Adiós, Yuuri —acortó la distancia entre ambos, se paró de puntillas y rodeó su cuello con ambos brazos, escondiendo su rostro en el pecho de él—. Adiós para siempre, mi querido Yuuri —pensó, conteniendo sus ganas inmensas de llorar.

El japonés soltó su maleta y correspondió con cariño ese lindo abrazo, ajeno a la batalla interna que se llevaba a cabo en su amiga.

Fin flash back

—No le digas nada a Yuuri sobre esto, por favor.

—No estoy de acuerdo —frunció el ceño—. Pero lo haré, no le diré nada —suspiró pesadamente.

Luego de un fuerte abrazo se despidieron. Irina subió al avión y Victoria regresó sobre sus pasos, con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo, caminó hacia la salida y esperó a un taxi. No quería estar sola, así que mientras esperaba a que un taxi pasara cerca, sacó su móvil y llamó a Isabella, quizás no tenía planes y podría acompañarla a hacer unas compras. Recién se había enterado del sexo del bebé, así que quería ir a comprar unas cosas para adornar su cuarto.

Pegó el móvil a su oreja y esperó pacientemente a que respondiera, mientras tanto, se llevó una mano a su vientre de casi cuatro meses, era poco tiempo de embarazo, pero el bebé se estaba desarrollando tan rápido y tan saludablemente que su barriguita se veía de más tiempo. Ese mes completo que pasó al lado de su prima le renovó el ánimo, sólo ella podría animarla de esta forma, después de todo sabía muy bien sobre esos temas.

Hoy era el gran día, al fin le quitarían los sedantes a Viktor y abriría sus hermosos ojos. Era aún muy temprano, el médico quedó en pasar a revisarlo en unos momentos para decidir si era tiempo o no de suprimir sus sedantes. Por lo pronto Yuuri no podía estar más ansioso y emocionado. Aleksi había pasado la noche cuidando de su hermano, así que el japonés llegó a relevarlo apenas hace unos momentos, junto con Otabek y Yurio.

Había tomado mucho esmero en su apariencia, no sólo tomó un baño, se vistió y salió rumbo al hospital, no, en esa ocasión se tomó el tiempo de secarse el cabello, peinarse un poco y elegir ropa linda, después de todo Viktor despertaría, al fin.

Flash back

Le había pedido la secadora de cabello prestada al rubio, pero nunca esperó batallar tanto. No solía usarla porque siempre fue de cabello corto y prefería que se secara naturalmente. Admitía que el cabello largo no era lo suyo, y si no se lo había cortado en todo ese tiempo era por mera pereza.

Se miró al espejo y suspiró, su cabello era un completo fracaso. La secadora sólo había logrado enredárselo más, hasta se veía un poco esponjado.

Fastidiado, tomó un peine y trató de alisar de nuevo sus cabellos, pero fue imposible. Terminó forcejeando con el peine atorado en su melena.

—¿Necesitas ayuda? —inquirió con un tinte de burla en su voz. Había pasado caminando por el pasillo y lo alcanzó a ver por la puerta entreabierta, batallando.

El japonés esbozó una sonrisilla nerviosa y aceptó la ayuda, ajeno a que cierto kazajo grababa todo desde la puerta, a escondidas. Le divertía ver cómo su amado le demostraba afecto a Yuuri y a Viktor, eran momentos difíciles de ver, así que aprovecharía esa oportunidad para inmortalizar el momento.

Entonces Yuri caminó hacia él, y luego de pararse detrás de su espalda, tomó secadora y peine e hizo de las suyas. No se le complicó nada, lo hizo con una facilidad y destreza envidiable. Luego de unos minutos Yuuri se miró al espejo y se asombró.

—Vaya... también me peinaste —notó que había recogido su cabello en una media coleta. No lo tenía muy largo, pero sí lo suficiente para verse muy despeinado si no lo sujetaba. No le gustaba cómo se veía de todas formas, iría pronto a cortárselo.

—Si te atrevías a ir como todos los días, te aseguro que el viejo se induce a sí mismo el coma con tal de no ver tus cabellos horribles.

—¿Mi cabello es horrible? —inquirió con tristeza, casi haciendo un puchero al estilo "Vitya Nikiforov".

—No, en realidad es más sedoso de lo que pensé —respondió con naturalidad, sólo para sonrojarse después, al notar lo que había dicho.

—Oh, gracias —sus ánimos se renovaron y mirándose de nuevo al espejo murmuró: —. Eres bueno en esto, entiendo que te dejaras el cabello largo —sonrió—. Se te sigue viendo muy bien.

—Gracias —se sonrojó, al mismo tiempo cruzó sus brazos y rodó los ojos.

—¿Nos vamos? —dejó de grabar y entró a la habitación naturalmente.

—Sí, vámonos ya, Aleksi debe estar agotado —le dio un pequeño zape a su amigo y así salieron juntos de casa, no sin que antes el abuelo los obligara a tomar al menos un café.

—Has crecido mucho —murmuró Katsuki mientras los tres caminaban rumbo al hospital—. Los dos en realidad —y tenía razón, Otabek creció un poco y Yurio casi lo rebasaba. El japonés comenzó a sentirse pequeño. Era varios años mayor que ambos y estaban casi del mismo tamaño.

—Un poco —el rubio le restó importancia, metió las manos en los bolsillos de su sudadera y se estremeció un poco ante el frío. Estaban a mediados de abril, pero seguía haciendo mucho frío, la primavera se había atrasado un poco.

Yuuri sonrió enternecido al ver cómo en silencio Otabek se quitó el abrigo y se lo puso encima a su novio, contuvo una risilla al ver el sonrojo en el rubio.

—Te dije que te abrigaras un poco más —murmuró en voz baja el kazajo, terminando de ponérselo bien y rodeándolo con un brazo. Yuuri sólo sonrió de oreja a oreja. Eran tan tiernos, en especial el hecho de que Yurio no le respondiera de mala gana.

Fin flashback

El médico llegó entonces y revisó a su paciente con cuidado, se lo llevaron para estudios y radiografías, los cuales arrojaron resultados muy positivos.

—Todo está en orden con el joven Nikiforov. La inflamación en sus articulaciones desapareció por completo, pero será necesario que se tome al menos unas tres o cuatro semanas de reposo en casa, tiempo que aprovechará para volver a caminar.

—¿Volver a caminar? —Katsuki se espantó y el médico se sombró un poco al ver su actitud confundida.

—Por supuesto. Las lesiones que sufrió fueron severas, no podrá mantenerse en pie hasta dentro de varias semanas. Su cadera y columna resintieron todo el daño, necesita comenzar de poco en poco, por eso necesitará acudir a fisioterapia y ocupará mucho apoyo emocional —miró a Viktor y entristeció un poco—. Cuando se lesionó la columna siendo apenas un adolescente, sólo tuvo el apoyo de su entrenador y de Aleksi —miró a Yuuri y recuperó un poco de su ánimo—. Pero me alegra que ahora cuente con su apoyo, joven Katsuki, sé que de esta manera se recuperará muy pronto, sólo no lo deje y téngale mucha paciencia. Va a ser muy necio y querrá caminar cuanto antes, no se lo permita.

—No lo haré —se sorprendió, no quiso preguntar, pero según le entendió, él fue el médico que trató también su accidente de columna hace ya muchos años.

—Bien, iré a arreglar algunos asuntos, pero antes... —caminó hacia la máquina que le proporcionaba medicamentos a Viktor y desactivó los sedantes, pero aumentó la dosis de analgésicos—. Despertará en cualquier momento, sólo denle tiempo —sonrió—. Volveré en la tarde para monitorear su avance, si necesitan algo no duden en llamarme.

—Gracias, Doctor Lambiel —Yuuri lo miró con una sonrisa. El aludido le respondió igual y salió de ahí.

Tanto Yurio como Yuuri se pegaron de inmediato a la cama, esperando ansiosos a que despertara, pero ese momento no llegó.

Muy pronto el reloj marcaba más allá del medio día y aún no había resultados, Viktor no daba señal de querer despertar. Aleksi llegó y se desilusionó un poco al verlo dormido todavía. Los cuatro estaban plantados a un lado de la cama de Viktor, esperando. Hasta que de pronto todos dieron un salto al asustarse con el agudo sonido del teléfono de Yuuri, quien se sorprendió al ver el nombre del contacto que lo llamaba.

—Discúlpenme un segundo —y sin decir más salió al pasillo—. ¿Isabella? —contestó—. ¿Cómo estás? Ha pasado algún tiempo desde que...

Yuuri, lo siento, me da gusto hablar de nuevo contigo, pero te llamo de emergencia.

—¿Qué ocurre? —se preocupó, no quería más desgracias, ya habían ocurrido suficientes.

Es Victoria, ella... —guardó silencio unos segundos que parecieron horas para el japonés—...te necesita, está muy grave en el hospital y necesita que tú estés a su lado.

—¡¿Qué le pasó?!

Te lo explicaré cuando vengas.

—Isabella —suspiró—. No puedo irme, estoy con Viktor. Él estuvo sedado todo este tiempo y precisamente hoy despertará, de hecho lo hará en cualquier momento. No puedo apartarme de su lado, lo siento.

Yuuri, ven a Canadá, por favor —su voz era seria y algo trémula.

—Lo siento, en verdad lo siento, pero justo ahora no abandonaré a Viktor, se lo prometí y... —calló al escuchar que la voz de Isabella era sustituida por la de J.J.

Yuuri tienes que venir ahora mismo, toma el primer vuelo que encuentres. Victoria no te quería aquí en esto, tampoco deseaba que te enteraras, pero es tu deber estar aquí.

—No estoy entendiendo nada —espetó de mala gana, frustrándose cada vez más.

Te lo diré, quizás ella no nos perdone por contactarte, pero su prima acaba de irse del país luego de un mes de visita, no puede regresar así como así, por eso ahora te toca a ti estar aquí presente y apoyarla en estos momentos.

—Sigo sin entender qué tengo que ver con todo esto, estimo a Victoria y prometo que iré a verla cuanto antes, sólo déjame hablar con Viktor al respecto.

¡No puede esperar! Justo ahora está siendo intervenida en el quirófano. Tuvo un accidente y... puede perder al bebé.

—¿Al bebé?

Tu hijo.

Palideció en menos de un segundo. La sangre se le fue a los pies y todo a su alrededor se movió, estaba mareado. Fue así que recordó aquella noche que pasó con Victoria, en navidad. Entonces todo cobró sentido. Soltó involuntariamente el teléfono, éste cayó al suelo y desde ahí se escuchaba la voz desesperada de J.J. Se dio cuenta de eso y apresurado recogió el celular.

—Voy para allá —colgó y apretó el móvil entre sus manos—. ¡Maldición! —exclamó sin importarle que había gente cerca que podía escucharlo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Aleksi, él y Yurio asomaron la cabeza hacia el pasillo, seguidos por Otabek—. Oye ¿te encuentras bien? Estás muy pálido.

—¿Qué te pasa, cerdo? —frunció el ceño.

El aludido se armó de valor, alzó la mirada y con un extraño sentir en la boca del estómago se atrevió a decir:

—Tengo que regresar a Canadá, ocurrió algo muy grave, yo... —se mareó un poco, aún no podía digerir la noticia tan pesada que recibió por teléfono. Ingresó a la habitación y caminó hacia Viktor, de inmediato acarició su mejilla y lo miró detenidamente por unos segundos—. Mi amor... lo siento tanto, no puedo quedarme —se le hizo un nudo en la garganta—. Volveré cuanto antes —apretó los puños y luego de darle un beso en la frente salió de la habitación, seguido por los otros tres, quienes no entendían nada de lo que estaba ocurriendo.

—¡Hey! —lo detuvo su cuñado—. ¿Te vas así nada más? ¿Sin dar explicaciones? —se veía irritado.

—Necesito arreglar unas cosas antes, pero volveré y... —bajó la mirada—. Necesito irme cuanto antes, ocurrió una emergencia.

—Pero no te puedes ir así como así ¡Viktor va a despertar y preguntará por ti!

—Lo sé, Aleksi, lo sé —frunció el ceño. Estaba enojado con el mundo entero. Comenzó a dar cortos pasos de un lado a otro. Lo viera por donde lo viera, en estos momentos era prioridad ir al lado de Victoria, ella se encontraba en peligro de muerte junto con su... hijo. Y Viktor afortunadamente estaba fuera de peligro y muy bien acompañado.

Yurio se hartó y detuvo por los hombros a su amigo, mirándolo fijamente a los ojos.

—Estás muy pálido, necesitas tomar aire —lo tomó de un brazo y lo condujo lejos de ahí, lejos de Aleksi, quien afortunadamente se quedó en la habitación al cuidado de su hermano. Llegaron a un pasillo donde corría aire frío debido a una ventana abierta y fue ahí donde el rubio enfrentó a su amigo—. Ahora sí, dime qué demonios está pasando.

Por un momento consideró la opción de abrirse con él y decirle todo, pero no pudo, simplemente no pudo.

—Yuri, no puedo decírtelo, yo... hice algo muy grave en Canadá, cometí un error del que ahora me arrepiento más que nunca y debo ir y afrontar las consecuencias de mis actos —tomó a su asustado amigo por los hombros y lo miró fijamente—. Necesito ir y arreglar esos problemas antes de volver, por favor cuida mucho de Viktor y dile que volveré en unos días, por favor Yuri.

El aludido no podía estar más sorprendido, su amigo se veía de verdad mortificado, sus manos temblorosas se lo demostraban y el miedo en su mirada era genuino.

—¿Qué demonios hiciste allá? —se espantó.

—Quisiera decírtelo, pero Viktor debe ser el primero en enterarse, tiene derecho a saberlo y no se lo voy a ocultar. Aunque... —su mirada se ensombreció un poco—... puede que ya no me quiera a su lado después de eso.

—Me estás asustando, y mucho —ahora Yurio también temblaba un poco.

—¿Qué sucede? —llegó Otabek de pronto—. Aleksi está muy molesto—mencionó, mirando a Katsuki.

—Prometo explicar todo, pero justo ahora necesito irme. Díganle a Viktor que lo amo y que... —se le hizo un nudo aún mayor en la garganta—. Y que lo amo demasiado —se permitió soltar un par de lágrimas ante la atenta y triste mirada de sus amigos.

Dio un paso firme rumbo a la salida, pero Yurio lo tomó bruscamente del brazo.

—Yuuri Katsuki —masculló entre dientes—. Donde se te ocurra largarte de nuevo y desaparecer, juro que yo mismo voy y te saco de donde quiera que te metas y te traeré de vuelta sin importar que tenga que recurrir a los golpes. ¿Entendido?

El aludido sólo pudo sonreír levemente. Desde que Yurio se recogía todo el cabello en una coleta, se veía menos intimidante que antes.

—Yo también te extrañaré —sonrió de lado y lo abrazó. El rubio se lo permitió e incluso correspondió ligeramente—. Nos vemos pronto —miró a Otabek y se despidió de él con una seña de mano—. Hasta luego —se dio media vuelta y se fue, sin maletas y con una gran urgencia de abordar un avión.

Yuuri.

Casi trece horas de vuelo, con escala en Varsovia. Eran las horas que estaría torturándome mentalmente. El vuelo se sentía demasiado largo, y durante el trayecto no pude dejar de pensar ni un segundo en las noticias tan sorprendentes que me dieron hace unas horas.

Padre, iba a ser padre ¡¿Por qué demonios Victoria no me dijo nada?!

No podía creer que esa sola noche trajera tantas consecuencias. Lo que no entendía era lo que le había pasado a Victoria ¿Por qué el bebé corría tanto riesgo? Dios, de sólo pensarlo se me ponía la piel de gallina. Me acababa de enterar que sería padre y al mismo tiempo que era probable que no lo fuera.

Tampoco podía dejar de pensar en la reacción que tendría Viktor al saber la verdad. Muchos meses atrás le había dicho que no quería hijos, y esa decisión permaneció firme incluso sabiendo que él sí quería bebés. ¿Ahora cómo le diría que embaracé a una chica? ¿Con qué cara regresaría a Rusia a decirle que tendría un hijo?

No podía simplemente llegar y decirle que me había acostado con una mujer mientras estuvimos distanciados. Bueno, tampoco era como si lo hubiese engañado, aunque así se sentía.

Tuve que calmarme al notar que mi pie golpeaba el piso con insistencia y eso ya estaba molestando al pasajero junto a mí.

Mi nivel de estrés no podía ser peor, o eso creí hasta que vi un nuevo mensaje de texto en mi celular:

"Cerdo, Aleksi está furioso contigo. No quiere verte de nuevo cerca de Viktor."

Gracias Yurio, alivianas mucho mis nervios.

Entonces me llegó uno nuevo:

"Pero no te preocupes, ya se le pasará. Sólo no te tardes mucho en volver"

Solté un pesado suspiro y traté de relajarme un poco cerrando los ojos y recargándome en el respaldo, pero fue imposible. Pronto mi teléfono sonó de nuevo, era otro mensaje de un número desconocido.

"Me has decepcionado. Si no regresas pronto soy capaz de decirle a mi hermano que tú nunca estuviste aquí, que todos sus recuerdos no son más que alucinaciones por los sedantes"

Demonios, no había duda de que era un mensaje de Aleksi. Me sentía entre la espada y la pared. Al elegir ir a Canadá quedé como el villano que abandonó a Viktor justo antes de que recobrara la consciencia, pero si me hubiera quedado en Rusia, sería el villano que abandonó a su hijo en peligro de muerte. De una u otra forma iba a quedar mal con alguien, mi consuelo al menos era que con Viktor podía regresar y explicarle todo, sabía que lo entendería.

Llegué al aeropuerto y en la entrada ya me estaba esperando J.J., me recibió con un abrazo fuerte, eso me dio un mal presentimiento. No me atreví a hacer preguntas, me dirían lo que pasaba hasta que llegásemos al lugar. Luego de saludarnos nos fuimos con prisa a su auto. Condujo al hospital y llegamos en menos de quince minutos.

Comenzaba a odiar esos lugares.

Entramos y de inmediato nos encontramos con Isabella en uno de los pasillos. Sus ojos estaban rojos e hinchados. Mis esperanzas se fueron hasta el piso.

—¿Cómo está ella? —mi voz tembló—. ¿Cómo está el bebé?

—Yuuri —sus ojos se inundaron en lágrimas, eso sólo me dio más miedo.

—Le avisaré al médico que ya estás aquí —J.J. me dio un apretón en el hombro y desapareció por un pasillo. Yo dirigí mi vista hacia Isabella, quien me dedicó una sonrisa muy triste.

—Pasó algo muy malo ¿No es así? Dime que ella está bien, por favor —mi respiración se agitó. Eso que estuve pensando durante casi trece horas se estaba haciendo realidad, mis temores siempre terminan haciéndose realidad.

—La tienen en cuidados intensivos. No me han dejado pasar a verla, tampoco a J.J. Sólo se lo permiten a la familia directa, o en este caso a ti. Está muy delicada.

—¡¿Pero qué le pasó?!

—Fue a despedir a su prima al aeropuerto, cuando salió me llamó para vernos e ir a comprarle cosas a la bebé, recién había descubierto que se trataba de una niña, así que se emocionó y quiso empezar a decorar su cuarto.

—Una niña... —se me hizo un inmenso nudo en la garganta.

—Mientras hablábamos dijo que estaba buscando un taxi, fue en ese momento cuando le dije que J.J. y yo iríamos a buscarla, que no se moviera de ahí. Creo que... que cruzó la calle, porque escuché el sonido de una bocina, seguido de un golpe muy fuerte. Un auto la atropelló cuando cruzó la calle sin ver.

—Dios mío.

—¿Yuuri Katsuki? —inquirió el médico que venía al lado de J.J., mirándome fijamente.

—Sí, soy yo.

—Acompáñeme un momento, por favor —se dio media vuelta y yo lo seguí. Pronto llegamos a una sala de espera donde me pidió que tomara asiento, luego de hacerlo me miró por sobre sus anteojos gruesos—. Señor Katsuki, su pareja sufrió de un severo trauma abdominal, acompañado de varias contusiones en su cráneo y tórax. Afortunadamente logramos reparar los daños, pero no todos ellos... la bebé falleció incluso antes de ingresar a su pareja al hospital. Lo siento mucho, hicimos todo lo posible, pero tuvimos que interrumpir el embarazo cuando no detectamos ningún latido.

No supe cuánto tiempo permanecí en silencio. Sólo alcancé a escuchar las lejanas palabras del médico preguntándome si me encontraba bien. No hice nada más que asentir y pedirle que me dejara solo. Por un momento me sentí... no sabía cómo explicarlo, sentí que todo a mi alrededor perdió el sentido. Por mi mente sólo atravesaba el pensamiento de mi hija, mi hija que falleció antes de que pudiera siquiera llegar al mundo.

Me quedé sentado en ese incómodo sillón por un largo tiempo hasta que me incorporé, y casi en automático caminé rumbo a la estación de enfermeras, donde pregunté por la habitación de Victoria. Me dejaron entrar y no pude más que sentirme morir al verla sobre esa cama. Estaba muy lastimada, su cabeza estaba vendada y su rostro muy inflamado.

Pasaba de media noche, todo el lugar estaba demasiado silencioso. Me senté a un lado de su cama. Apoyé mis codos sobre mis rodillas, y mi barbilla sobre mis puños cerrados. La miré por largo rato, hasta que se movió un poco. Salté de la silla y me acerqué a su campo de visión. No dije nada, sólo la miré fijamente, esperando a que me reconociera, lo hizo muy pronto y al parecer no le fue grato verme ahí.

—Yuuri... ¿Qué haces aquí? —se asombró mucho—. ¿Qué...? —miró a su alrededor—. ¿Dónde estoy? —frunció el ceño y repentinamente sus ojos se abrieron como pocas veces en su vida, al parecer había recordado algo—. Yo... y-yo tuve un accidente, u-un auto me golpeó y... —bajó su mano hasta posarla sobre su vientre. Su expresión fue genuinamente dolorosa al percatarse de que no tenía más a su bebé dentro de ella, y mi dolor incrementó al imaginar lo que estaría sintiendo en esos momentos.

—Victoria —susurré con suavidad, sin poder borrar mi triste expresión.

—No... —sus ojos se volvieron cristalinos y en menos de lo que imaginé su rostro ya estaba bañado en lágrimas—. Mi bebé ¡Nooo! ¡Nooo! ¡Mi bebé! —comenzó a sollozar con fuerza—. ¿¡Qué le pasó a mi bebé?! —se incorporó bruscamente, quedando sentada en el colchón, pero eso duró poco. Se mareó tanto que cayó sobre las almohadas.

—No te esfuerces mucho, por favor —la detuve al ver que intentaba levantarse de nuevo.

—Y-Yuuri ¿Qué le pasó a mi bebé?

La miré fijamente a los ojos y no pude evitar soltar las lágrimas que tanto estuve conteniendo.

—No... —se le quebró la voz al entender lo que quería decirle—. ¡Nooo! —gimió dolorosamente, inclinándose hacia delante en un profundo dolor—. ¡Mi bebé! ¡No!

No dije nada. Me subí al colchón y me acosté a su lado. La atraje a mi pecho, pero ella comenzó a arremeter contra mí. Sus puños a penas y tenían fuerza, pero me golpeaba con mucho coraje en el pecho.

—Vete... —sollozó—... lárgate de aquí, vete —era un mar de lágrimas difícil de controlar. Tuve que rodearla con mis brazos para evitar que siguiera moviéndose. Tenía muy poco de haber salido de una cirugía abdominal mayor, sin mencionar sus lesiones por el accidente. No debía moverse así.

—Lo siento tanto —mi voz salió áspera y profunda. Apoyé mi mentón sobre su cabeza y me permití soltar un par de lágrimas más—. Perdimos a nuestra hija, Victoria, lo siento tanto.

—Yuuri... —se le quebró la voz y nuevamente comenzó a sollozar, sólo que con más fuerza y aferrándose a mi camisa—. Yo... no quise decirte nada. Sé que amas a Viktor y no quería impedir que fueras por él. Perdóname por no decirte nada antes, lo siento. Tenía miedo.

—Está bien, no estoy enojado contigo —claro que no podía enojarme con ella.

Se despegó un poco de mí y me miró con sus ojos verdes tan cansados.

—Murió... —hipó—. N-nuestra hija murió... murió por mi culpa, por mis descuidos.

—¡No digas eso! —la atrapé entre mis brazos—. No lo vuelvas a decir, no es tu culpa.

La dejé sollozar sobre mi pecho. Mi camisa terminó empapada con sus lágrimas, pero logró desahogarse un poco. Cuando miré mi reloj descubrí que ya eran las tres de la mañana. Me moví un poco sólo para terminar descubriendo que ella seguía despierta, llorando ahora en silencio.

—Has de estar incómodo —murmuró de pronto—. ¿Por qué no vas a casa de J.J. a descansar? O si quieres a mi casa, sabes dónde es, las llaves están en mi bolso. Ve y descansa un poco —sugirió con voz neutra.

Yo no dije nada, sólo la apreté más entre mis brazos.

—No me voy a ir —aseguré. Sentí cómo se estremeció.

—Por favor vete —suplicó y yo me asombré mucho.

—¿Por qué? ¿Estás enojada conmigo? —pregunté con suavidad, apartándome un poco para mirarla a la cara.

—Te voy a ser sincera... yo te amo.

Parpadeé confundido.

—Hice mal desde el momento en que te invité un café aquel día en la terapia, a partir de ese momento me fui interesando más y más en ti hasta que ese interés por tu persona terminó en esa noche de navidad, en mi casa. Esa noche fue mi perdición. Descubrí facetas tuyas que no imaginé que tuvieras y terminé confirmando mis sentimientos hacia ti, no sólo era un capricho mío, yo en verdad comencé a amarte, pero luego recordé tus sentimientos hacia Viktor —su voz era casi vacía y su mirada estaba perdida en algún punto de la habitación, casi como si eso que me decía ya no tuviera la importancia de antes, y sinceramente la entendería si ese fuera el caso—. Cuando descubrí que estaba embarazada me sentí muy feliz, yo siempre quise hijos, y qué mejor que los hijos del hombre al que amo. Eso pensaba, hasta que recordé nuevamente que tú no me amas y que jamás podrías hacerlo —soltó una risa seca—. Ningún hombre o mujer del mundo puede competir contra el gran Viktor Nikiforov —su voz era cada vez más suave y pausada—. Aquel día en el aeropuerto estuve a punto de decírtelo, de confesarte que esperaba a un hijo tuyo, pero no tuve el valor, mucho menos al pensar en que tu amor por Viktor es tan grande como el mío hacia ti. Me puse en tu lugar y... y yo habría hecho lo mismo que tú, y no me hubiera gustado que llegara alguien a darme ese tipo de noticia que sólo serviría para alejarme más de mi amor. Por eso no te dije nada y no quería que lo supieras porque te conozco lo suficiente como para saber que vendrías de inmediato a buscarme y a hacerte cargo.

—Victoria —murmuré, inconforme.

—¿O acaso miento? —esbozó un intento fallido de sonrisa—. Si miento, dime, ¿Qué haces aquí? —no pude responder—. No quería que Isabella contactara contigo, pero me desobedeció y...

—¿Qué ocurre? —me angustié al ver su mueca de dolor.

—Me duele mucho la cabeza.

—¿Quieres que llame a la enfermera?

—No, sólo quédate.

No pude negarme. En ese momento yo era capaz de hacer cualquier cosa que me pidiera. Ella acababa de confesar que me amaba y yo no pude responder nada al respecto, y al parecer me lo dijo sin esperar una respuesta, simplemente quería que lo supiera. Eso me hizo sentir mal, me aproveché de la situación y no pensé en sus sentimientos en ningún momento.

—¿Pudiste solucionar tu situación con Viktor? —preguntó de repente.

—Sí —no supe por qué mentí, quizás no quería que supiera que el haber venido podía causarme muchos problemas al regresar a Rusia.

—Me alegra —se acurrucó más en mi pecho, yo apoyé nuevamente mi mentón en su cabeza, con mucho cuidado—. Deberías decirle lo que ocurrió entre nosotros, es mejor hablarlo y olvidarlo, que guardarlo y sacarlo años después.

—Lo haré.

—En verdad espero que lo de ustedes dure para siempre. Sé que él te ama tanto como tú a él.

—¿Cómo lo sabes? —sonreí, extrañado.

—Mi prima estuvo acompañándome este último mes, ella es Irina, la ex esposa de Viktor.

—¡¿Qué?! ¿Por qué no me lo dijiste antes?

—Porque temí que me odiaras a mí también.

—Eso es una tontería —fruncí el ceño.

—El punto es que... no quiero que la odies a ella. Puedo asegurarte que ella no tiene ningún interés amoroso en Viktor, al menos no de esa manera romántica. Ella lo ama mucho, pero como amigo. Además, está ansiosa por conocerte, cuando la despedí en el aeropuerto me dijo que estaba emocionada porque podría conocerte al fin —sonrió y yo no podía estar más sorprendido, con ella ya eran cuatro personas que me decían lo mismo sobre Irina—. Y ella me dijo que Viktor se estaba muriendo sin ti. Y no quiero que sufra de esa manera porque sé lo que se siente... pero al menos él tiene una oportunidad, él tiene tu corazón, sería una lástima que no terminaran juntos.

—No la odio.

—Me alegra —suspiró, se veía cansada.

—Deberías dormir un poco.

—Lo haré.

—Victoria...

—¿Si?

—Siento mucho haber sido tan imprudente en navidad. Para empezar no debí embriagarme, mucho menos quedarme en tu departamento. No recuerdo lo que pasó esa noche, sólo sé que tú y yo lo hicimos. Quiero disculparme por eso, no debió pasar, así no estaríamos pasando por este momento.

—Yo no me arrepiento de nada —su voz sonó trémula y quebrada—. Pasé una de las mejores noches de mi vida, me enamoré de un gran hombre y... y tuve a su bebé en mi vientre por unos meses —de nuevo el llanto apareció, sólo que ahora era silencioso y más abundante—. Supe desde un principio que lo nuestro no funcionaría, ni siquiera después de pasar una noche así. Lo supe porque... —pasó saliva dolorosamente—. Cuando hicimos el amor por segunda vez en esa noche, tú murmuraste el nombre de Viktor, varias veces.

El color desapareció de mi rostro. Me sentí tan avergonzado que no me animé a verla a la cara. ¿En verdad hice eso?

—Ahí supe que tu amor por él iba más allá de lo que imaginaba —suspiró, cansada.

—Lo siento tanto.

Ella negó con la cabeza y alzó un poco su rostro hasta conectar sus ojos verdes con los míos.

—Yuuri.

—¿Sí?

—¿Podrías quedarte conmigo esta noche? Sólo abrázame, por favor...

—Ni siquiera tienes que pedirlo, iba a hacerlo de todas formas —la apreté un poquito más entre mis brazos y ella soltó un pesado suspiro.

—Gracias por todo, Yuuri...

Bajé mi mirada. Sus ojos ya estaban cerrados.

Decidí intentar dormir un poco, pero me fue imposible lograrlo de inmediato. Supe que logré dormir un poco cuando abrí los ojos y noté que ya había amanecido. Mi cuerpo estaba entumido por la incómoda posición en la que me encontraba. Me separé con cuidado de Victoria y la miré dormir. Entonces acaricié su largo cabello castaño y no pude evitar sentir una profunda pena y tristeza por ella. Le había hecho mucho daño, si no se hubiera topado conmigo jamás habría pasado por ese dolor.

Mi mano terminó de acariciar sus cabellos y se pasó a su mejilla. Dios, estaba helada y muy pálida.

Un momento.

No estaba respirando.

—Victoria —me aterroricé cuando la moví y no despertó, al contrario, su cuerpo estaba inerte, frío, rígido—. ¡Victoria! —pegué mi oído a su pecho. No había latido alguno.

De ahí en adelante todo ocurrió en cámara rápida para mí. Salí corriendo en busca de ayuda. El medico llegó, la revisó y declaró su hora de muerte.

Victoria había muerto mientras dormía ¿Por qué? El doctor lo explicó más tarde de una manera simple y sencilla: "Derrame cerebral".

J.J. e Isabella me acompañaron y dijeron que se harían cargo de todo. Yo no podía pensar, no podía expresarme. Me sentía muerto en vida. Perdí a una hija y a una gran amiga en menos de veinticuatro horas. Mi cerebro no daba para más y mi agotamiento era inexplicable. Mi cansancio se vino acumulando desde hace un mes, con cada noche que pasé en el hospital cuidando de Viktor.

—Yuuri ¿Te encuentras bien?

Entorné mis ojos, sólo pude distinguir borrosamente el rostro de Isabella.

—Odio los malditos hospitales —mascullé entre dientes, mirando a mí alrededor, el piso y cualquier repisa cercana. Andaba tan distraído que pude haberlos dejado en cualquier parte.

—¿Qué buscas?

—Mis anteojos, no logro ver nada sin ellos —entorné más mis ojos, alcanzando a notar la expresión asustada de mi amiga—. ¿Qué?

—Yuuri, tus anteojos están en su lugar, los tienes puestos.

Me llevé ambas manos al rostro, completamente asombrado al sentirlos en su lugar. ¿Entonces por qué apenas veía?

—¿Qué te pasa? —escuché la voz de J.J. muy cercana. Pronto sentí su mano en mi hombro.

—Casi no veo... —me llevé una mano a los ojos, tallándolos con frustración, pero nada me devolvía la vista. Estaba tan alterado que pronto todo me dio vueltas y terminé impactándome contra algo duro, de ahí en más no supe nada de mí.

Continuará...

"Se puede cantar, hablar, reír, llorar y gritar en silencio. A eso se le llama escribir"

-Autor desconocido.

Terminé de escribir este capítulo mucho antes de lo esperado, pensé que tardaría un mes de nuevo ¡Pero no! y estoy feliz por ello. Chicas, gracias por su paciencia y por su fidelidad al fic. Gracias a ustedes esta historia tiene vida, pues de qué sirve un libro si no es leído: de nada.

Creo que para este punto entenderán el porqué del nombre del capítulo. Yuuri perdió su oportunidad de hablar con un Viktor cuerdo, perdió a su hija, perdió a su amiga, y está perdiendo su vista. En este cap el porky pagó muchos errores.

También en este capítulo ocurrió de todo, menos lo que realmente tenía planeado para el cap 16. Espero que sea de su agrado. Sé que todo ha sido demasiado angst, pero no se preocupen que habrá final feliz y eso ocurrirá más o menos en el capítulo 30. De todas formas no le queda mucho tiempo al angst ¿Se imaginan qué pasará para poder llegar a ese momento feliz? ¿No? ¿No? ¿No? yo sí. *sonrisa de gato Cheshire*

Otra cosa! Tengo que admitir que me han sorprendido bastante. Chicas, chicos (Sé que hay hombres que me leen, les mando un beso) creo que los subestimé un poco. Nunca imaginé que de inmediato supieran que se trataba de Aleksi, el hermano de Viktor. Lo más increíble fue que ni siquiera describí bien al personaje ¡Dios! Son el fandom más poderoso y rápido del oeste.

Sobre el asunto del embarazo/aborto/muerte de Victoria, creo que todos se lo esperaban y quizás piensen que es cliché, pero meh! Eso ya estaba planeado desde un principio. Aunque eso sí... no me mientan y admitan que pensaron que Victoria podría ser la madre de alguno de los bebés de nuestros queridos Viktoru y Iuuri. ¡Ja! Estoy segura también de que no se esperaban que Victoria e Irina fueran primas!

Es una larga historia y tengo que hacer varias aclaraciones sobre eso último. Victoria e Irina son primas lejanas, la canadiense tiene ascendencia Rusia y hay un embrollo ahí en el árbol genealógico. Lo único que deben saber por ahora es que sí, son primas y punto.

¡PREGUNTAS!

1) ¿Sigues odiando a Yuuri?

2) ¿Qué pasará con Viktor cuando despierte y no vea a Yuuri ahí?

3) ¿Aleksi le mentirá a su hermano y le dirá que Yuuri jamás estuvo ahí?

4)¿Yuuri terminó por perder su vista?

5) Dime tu teoría seria.

6) Dime tu teoría random y loca. (Recuerda que todo puede pasar).

16/03/17