EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XIV
-Siento mucho decirte que yo tampoco amé a Daniela, ni ella, ni tú, ni ninguna otra mujer podrían ocupar mi corazón, solo Candy, solo ella es la mujer de mi vida, la amo y es la única que siempre amaré. – Terry bajaba la mirada serio, él no había sabido defender el amor que le tuvo a Candy, tuvo miedo de su protagonismo, de su independencia, en cambio ese hombre que estaba frente a él la había defendido con todo para estar con ella, pero ella también se mantuvo firme a su lado y con él se había hecho a un lado muy rápido, definitivamente ella no lo había amado, como amaba a aquel jardinero, el cual nunca pudo quitar de su cabeza.
Anthony llamó a los empleados de la mansión para que acompañaran a Griselda al pueblo y le llevaran sus cosas. Terry se ofreció a acompañarla hasta Nueva York, así se aseguraría de que no hiciera daño a Candy. Extendiéndole la mano a Anthony.
-Hazla feliz jardinero. – Volvió a decirle pero esta vez sin ánimo de ofenderle, era el apodo con el cual se refería al nuevo integrante para él de los Andrew, tarzán pecoso, el inventor, el elegante y ahora el jardinero.
-Eso tenlo por seguro, gracias Terrence. – Dijo Anthony estrechando amigablemente su mano, él no era rencoroso y sabía que Terry había cambiado un poco su actitud para con él, ahora los ayudaría a alejar a esa mujer de su vida y era algo que indudablemente le agradecía infinitamente.
Terry se había dado cuenta de que todo era un engaño de esa mujer y que no tenía nada que hacer ahí, Candy le había dicho que era un asunto familiar y tenía razón, él estaba ahí de más en ese lugar, como lo había estado desde hace mucho tiempo. Pensó en su esposa y en que la había dejado sin decir a donde iba, no era justo para ella haberla dejado así embarazada y con incertidumbre de donde habría ido, tenía que regresar pronto a su lado. Se despidió de todos, sobre todo de Albert.
-Discúlpame Albert, pero tu sobrino tiene razón. – Le dijo mirándolo a los ojos.
-Lo sé Terry, muchas gracias por haberme acompañado. – Le dijo afectuosamente.
Terry salió con Griselda que iba hecha una furia por no haber logrado su propósito, su hermana había sido muy tonta al no querer achacarle el hijo a Anthony, pero Daniela sabía que no había nada que hacer, al contrario sentía vergüenza con él por haberlo traicionado.
-¡Eres un estúpido! - Decía Griselda a Terry.
-Mucho cuidado, yo no soy un caballero como los Andrew. – Le dijo secamente.
-¿Por qué no luchaste por ella? – Siguió hablando sin importarle la advertencia que le habían hecho.
-Mi tiempo pasó, además ella lo ama a él y yo estoy casado. – Dijo simplemente sin querer dar explicaciones a alguien que no tenía derecho a conocer su vida.
-¿Con una actriz coja? – Dijo socarronamente.
-¡Dije que mucho cuidado! – Dijo zarandeándola de los brazos, Griselda se asustó al verlo a los ojos y guardó silencio, fueron a recoger las cosas de Terry y partieron a Chicago inmediatamente, entre más pronto llegaran a Nueva York mejor él se aseguraría de subirla al barco.
En la mansión había un asunto pendiente, Elroy tenía que hablar con Albert y Anthony hablaba nuevamente con los Cornwell.
-Albert, debemos hablar.
-Ahora no tía abuela, después por favor, estoy muy cansado. – decía Albert triste retirándose a su habitación. Elroy lo veía triste, pero había decidido que fuera feliz, prefería a Dorothy en la familia que alguna de las locas de las Gassol.
Albert entró cabizbajo a su recámara pensando en Dorothy y en lo inocente que había sido al dejarse engañar por esa mujer, no se había dado cuenta que era igual o peor que su madre, había lastimado a Anthony y tenía que remediarlo, ya hablaría con él antes de que se fuera a Chicago, ya le faltaba poco para entrar a clases al hospital y tenía que hablar con él seriamente.
Archie y Annie salieron al pueblo por un encargo de Anthony, Stear y Patty arreglaban el coche de Stear, ya que lo usarían otro día muy temprano. Candy estaba dormida, cansada por todo el espectáculo que se había armado y Anthony le había dicho que descansara todo el día para que recuperara fuerzas.
Archie y Annie salieron muy temprano otro día rumbo al hogar de Ponny y Patty y Stear iban por Candy para llevarla en el auto.
-¿Qué sucede Patty? – Preguntó Candy sorprendida.
-Nada Candy, vamos a ir al hogar de Ponny ¿Estás de acuerdo?
-Sí, ¿Ya es hora? ¿Y Anthony? - Preguntaba ansiosa por su príncipe.
-Anthony está hablando con la tía abuela. – Ambas chicas bajaban, a quienes Stear ya las estaba esperando. Anthony las alcanzaba para hablar con Candy.
-Amor ¿Tú no vas a ir conmigo? - Le dijo ansiosa, pensaba que él se iría con ella.
-Claro que sí hermosa, solo que llegaré más tarde.
-¿Sucede algo? - Pregunto observándolo detenidamente para saber si había ocurrido algún contratiempo, Candy con solo ver su ojos encontraba una respuesta.
-Nada de qué preocuparte ¿Confías en mí verdad? - Le dijo con una bella sonrisa.
-Claro que si. - Candy correspondió confiada del mismo modo, esa sonrisa y sus hermosos ojos eran su perdición, bastaba con verlos para saber que todo estaría bien. Definitivamente no sabía cómo había sobrevivido sin verlos día a día tantos años.
-Te veo más tarde princesa. –Dijo robándole un dulce beso.
-Te veo más tarde mi príncipe. – Le contesto enamorada.
-Stear, te la encargo. – Le dijo dirigiéndole una mirada que iba cargada de la confianza y complicidad que existía entre ellos.
-No te preocupes Anthony, llegaran sanos y salvos. – Dijo el guapo inventor, devolviendo una mirada igual hacia el rubio.
Candy sabía que iban al hogar de Ponny y estaba nerviosa porque no sabía cómo iba a reaccionar Albert. Anthony se quedaba para hablar con la tía abuela, quien no estaba del todo de acuerdo con lo que harían, pero ella misma había tenido el mismo pensamiento al mandar al mayordomo por ese encargo especial al pueblo. Así que al no poder hablar con Albert no sabía lo que este pensaba, si seguía molesto y eso seguía ocasionando una negativa para ese compromiso y por lo que le había confesado Anthony era mejor que se casaran lo más pronto posible.
-¿Dónde están Annie y Archie? - Preguntó Candy intrigada de que no estuvieran sus otros dos amigos con ella.
-Ya están preparando todo Candy, ya deben haber hablado con la señorita Ponny y la hermana María. – Decía tranquila Patty.
-¿Anthony llegará a tiempo? – Decía preocupada, se sentía nerviosa a pesar de estar de acuerdo con lo que harían.
-No te preocupes Candy, él llegará a tiempo. – Decía Stear seguro de lo que hablaba.
Candy llego al hogar de Ponny y sus madres la recibieron con mucho amor y siendo comprensivas del porqué hacer las cosas tan apresuradas. La pequeña iglesia estaba bellamente adornada, los niños con sus túnicas de ángeles y el vestido de novia esperaba en la antigua habitación de Candy.
Patty y Annie la ayudaban a vestirse, teniendo mucho cuidado en el arreglo personal de la rubia. Stear guardaba los anillos de boda, eran los de los padres de Anthony y Archie esperaba que estuvieran listas las damas.
El vestido de Candy era hermoso, elegante y sencillo, lo habían elegido Annie y Archie, era de un blanco brillante, de corte princesa y un velo de encaje largo, no era adecuado para una Andrew, pero era al que tenían acceso en el pueblo, era sin lugar a dudas fino pero no como las Andrew anteriores habían modelado el día de su boda. A Candy ese detalle no le importaba, ella lo único que quería era convertirse por fin en la esposa de su adorado príncipe de las rosas y ese vestido era lo más maravilloso que había visto, con ese vestido cumpliría por fin uno de sus mayores sueños de niña y uno que había vuelto con mayor fuerza ahora en su juventud, ser la esposa de su adorado Anthony.
Candy estaba impaciente, Anthony no llegaba y eso la ponía nerviosa, sentía que los minutos pasaban rápidamente y a la vez muy lento, las chicas la maquillaban y la peinaban mientras ella estaba perdida en sus recuerdos de antaño, se veía en esa habitación pequeña jugando con Annie y las demás niñas, miraba hacia la ventana y se veía corriendo al pie del padre árbol y trepando, recordaba el portal de rosas y la primera vez que vio a Anthony, recordó el accidente y regresaba de nuevo a esa habitación llorando por él amargamente tantas noches, se veía en el barco viajando al viejo continente y pensaba en su regreso, cuando iba a imaginar que todo ese tiempo su amor estaba vivo sufriendo igual que ella su pérdida, todos sus recuerdos la llevaban ahí, a ese día, ahora estaba ahí vestida de novia, vestida de blanco y con su sueño pronto a hacerse realidad, casarse con su deslumbrante Anthony. De pronto la sacaron de sus recuerdos y regresaba a su presente, ese presente que sabía era mejor que su pasado y sentía que su futuro sería aún mas maravilloso.
-Candy ahí viene Anthony. – Decía Stear a través de la puerta. Candy se asomaba por la ventana de la habitación y veía a un guapo jinete montando en su caballo blanco, vestido muy elegante con su kilt escocés. Candy lo veía enamorado, hacía mucho que no lo veía montar y vestido tan guapo, recordó la primera vez que le dijo su nombre.
-"Mi nombre es Anthony Brower"
-"Yo soy Candy Blanca"
A partir de ese momento habían quedado entrelazadas sus vidas, desde antes, pero en ese momento conocieron sus nombres y los unieron para toda la eternidad.
-Vamos Anthony, el sacerdote está esperando. – decía Archie.
-¿Y Candy? – Decía ansioso el rubio y radiante de felicidad, su galanura era incomparable pero su rostro reflejaba una felicidad que era lo que más lo hacía lucir majestuoso, gallardo y galán.
-Ya está lista. – decía Archie, quien lo llevaba a la iglesia, Stear iba por Candy para escoltarla y ser el encargado de acompañarla al altar.
El sacerdote aceptó casarlos porque conocía a la señorita Ponny y a la hermana María, pero pensaba que era extraño todo eso, aunque Elroy también lo había mandado llamar por medio del Miles el mayordomo, había accedido por el pedido de las dos buenas mujeres y por el pedido de la señora Elroy.
Anthony esperaba a Candy, la cual entraba del brazo de Stear, dos niñas del hogar llevaban el velo y los demás niños cantaban el Ave María a coro, se escuchaba hermoso mientras Candy se desplazaba lentamente hacia el altar. Anthony dejó caer una lágrima de la emoción que lo embargaba, por fin ese sueño que había tenido de niño se estaba cumpliendo, Candy sería su esposa ante Dios. Se veía hermosa parecía un ángel vestido de blanco, con su cabello recogido por completo, su rostro finamente maquillado con una capa ligera de maquillaje, simplemente divina, no importaba cuan sencilla era, ella era hermosa de todas formas y para él no había imagen más perfecta que la de su pecosa entrando de blanco al altar.
El coro dejó de cantar, Stear entregaba a Candy a su futuro esposo, Annie, Patty y Archie estaban conmovidos de ver esa escena, felices. Anthony tomaba sus manos y ambos sentían esa corriente tan familiar recorrer sus cuerpos. La señorita Ponny lloraba al igual que la hermana María conmovidas por ver a una de sus niñas consentidas culminar una etapa tan importante en su vida, ellas amaban tanto a Candy que el ser espectadoras directas de ese gran acontecimiento las hacía sentir más orgullosas de su pequeña, cuantas niñas había pasado por esas paredes, y ninguna había decidido invitarlas a ser partícipes de su boda, Candy era la primera, y esperaban que no fuera la única. El altar se veía hermoso lleno de flores, adornado delicadamente hasta el último rincón haciendo de esa pequeña y humilde iglesia un lugar maravilloso y encantador.
-Nos reunimos esta mañana, para unir en sagrado matrimonio a la señorita Candice White Andrew y al joven Anthony Brower Andrew. –Decía solemnemente el viejo sacerdote quien los veía a ambos con una mirada de infinita bondad. – Joven Anthony ¿Acepta usted por esposa a la señorita Candice White Andrew?
-Sí, acepto. – Decía Anthony sin desprender la vista de los ojos de su amada.
-Señorita Candice ¿Acepta por esposo al joven Anthony Brower Andrew?
-Sí, acepto. – Decía feliz viéndolo a los ojos perdiéndose en el mar azul de su mirada.
-Pueden decir sus votos matrimoniales. – Anthony asintió, tomando ambas manos y colocándolas cerca de su corazón.
-Princesa, el día que nos separamos mi mundo se volvió triste y sombrío, me quedé encerrado en mi mundo, pero tu recuerdo hizo nacer en mí una nueva forma de vida. Decidí ayudar a los demás decidiendo seguir adelante, pero al recuperarte de nuevo ese propósito tomó más fuerza en mi interior, eres quien me da fuerza y anima a seguir adelante, pero a partir de hoy ya no seguiré solo mi camino, ahora te tengo a mi lado y eso me renueva las fuerzas para emprender un nuevo vuelo. Te amo princesa y ante Dios y este altar prometo que te amaré toda la vida, estaré a tu lado en la salud y en la enfermedad, y te protegeré a ti y a nuestros hijos mientras Dios me lo permita. – Candy lloraba emocionada, escuchando sus palabras diciendo un "te amo" en silencio, solo moviendo sus labios para que él lo entendiera.
-Anthony. – Decía entre lágrimas. – Regresaste a mí en el momento en el cual no sabía hacía donde dirigir mi vida, siempre tenía un propósito y cuando te perdí, por un momento perdí mi rumbo, pero de tu recuerdo saqué fuerzas para salir adelante y formar un propósito. Cuando volviste a mi vida, diste el rumbo exacto al cual debía seguir, ese camino que por un momento la vida me había cerrado. Te amo, siempre te amé y ni el tiempo, ni la distancia logró borrar esos sentimientos que latían dentro de mí, te amo, te amo más que nunca y te prometo ante Dios que te seré fiel todos los días de mi vida, estaré a tu lado en la salud y en la enfermedad, seré tu compañera de vida hasta que Dios me lo permita. Te amo mi príncipe de las rosas. – Decía terminando sus votos emocionada y más enamorada que nunca, terminando esas dulces palabras con voz temblorosa e impidiéndole continuar hablando.
-Los declaro marido y mujer. – Dijo el sacerdote antes de que pudiera continuar. – Lo que Dios ha unido en este momento que el hombre no lo separe jamás. - Se colocaron las alianzas, esas que representaban que ahora se pertenecían uno al otro, esas que en su momento fueron las que unieron a los padres de Anthony, pero que ahora tenían un nuevo dueño pero el mismo propósito, unir dos almas enamoradas hasta que la muerte los separase. La historia ahora sería diferente las dos almas que ahora representaban su unión tardarían mucho tiempo antes de volverse a separar.
Anthony se acercó lentamente a Candy, una vez dado el permiso por el sacerdote para besar a la novia, y la besaba tiernamente, haciendo a un lado los rizos que se colocaban traviesos en su rostro.
-Los amo. – Le dijo en un susurro al oído solo para ella, con su voz emocionada por pensar en ella ahora como su esposa y su hijo.
-Nosotros a ti. –Dijo emocionada abrasándose fuertemente a su pecho, dejándose envolver por esa maravillosa sensación de sentirse amada, segura y sobre todo protegida por su elegante caballero.
Los niños comenzaban de nuevo su canto acompañándolos a su salida de la pequeña iglesia, iban de la mano felices por estar realizando ese sueño que comenzó desde que eran unos niños simplemente, su amor había rebasado todas la pruebas que la vida les había sorteado y sabían que juntos lograrían vencer las que le siguieran.
La cámara que había hecho Stear solo sirvió para una foto en el altar, lo bueno que Archie se había preparado para que sucediera, consiguiendo una cámara Vest Pocket, era lo último en tecnología y lo mejor que era más fácil de llevar era como la de su hermano, pero pudo tomar más fotografías, las imágenes se tomarían al pie del padre árbol, en la colina de Ponny, captando las imágenes que más amaba su esposa y que ahora para él también eran sus favoritas. Él era un chico sencillo y fácilmente se acostumbraría a vivir así de libre como su amada. Annie y Archie habían preparado una fabulosa y deliciosa comida para el festejo, los novios lucían felices y radiantes, Candy tenía un brillo tan especial en su mirada, era un brillo mucho más allá de estar enamorada. Stear y Archie los veían emocionados, sabían el motivo y les emocionaba el hecho de ser tíos y de las de ya se peleaban por ser el padrino. Los niños jugaban emocionados alrededor de la pareja, capturando Archie una imagen que quedó fantástica.
El gatito se había apoderado del trabajo de fotógrafo capturando las imágenes de ese maravilloso día que se grabaría en sus memorias para siempre.
Así fue la boda de Anthony y Candy, sencilla y humilde pero maravillosa, más no por ello su felicidad y amor disminuyó al contario se daban perfectamente cuenta que efectivamente no necesitaban lujos, ni ostentosidades para ser felices, Anthony tenía un futuro prometedor y por Candy y su hijo él haría hasta lo imposible por salir adelante, no sabía de su incalculable herencia, solo sabía que no quería regresar a Lakewood. Los Brower estaban felices por la celebración que estaban teniendo, sus primos se habían esmerado en que todo estuviera impecable y todo había salido perfecto, estaban juntos y eso era lo que realmente les importaba, ya se enfrentarían a Albert después para aclarar lo que había sucedido, por el momento iban a disfrutar de su momento y del comienzo de su vida juntos.
La tía abuela sabía de la boda, sabía del estado de Candy y estaba de acuerdo en lo que hacían, ella sabía de la herencia de ambos muchachos y se alegraba que no cayeran en manos indeseables. Ahora faltaba Albert, su herencia era cuantiosa y en un futuro parte sería para Candy, porque otra sería para el pequeño ser que crecía en el vientre de Dorothy, había puesto las cosas en una balanza y prefería tener de sobrina a una joven sencilla pero honesta como Dorothy, a una joven con "Clase" pero con el alma tan negra como Griselda, definitivamente había hecho bien en investigar a las Gassol, ninguna era digna de ser una Andrew, lo sentía mucho por Vincent, pero mientras estuviera con ellas, sería mejor que estuviera lejos.
-Albert es importante que hablemos.
-Más tarde tía abuela.
-¡NO! He dicho que ahora.
-Tengo que hablar con Anthony y Candy, primero.
-Anthony y Candy no están.
-¿Cómo? ¿Dónde están?- Preguntó sorprendido y su rostro cambió a uno de rabia al ver a David, el jardinero.
-Albert ¿A dónde vas? – Salió furioso, tenía que despedirlo no soportaba verlo con Dorothy, quien por cierto ¿Dónde estaba? No la había visto, recordó que le habían dicho que estaba enferma y volvió sus pasos tras de sí, no por los llamados de Elroy, sino porqué quería saber que le sucedía a su amor imposible.
-Tía abuela ¿Que le sucede a Dorothy?
-De ella he querido hablarte todo este tiempo.
-¿Dónde está? ¿Que le sucedió? ¿Es que acaso ese imbécil no pudo cuidarla? – Decía señalando a David quien escuchaba los gritos del rubio, conteniendo su rabia, pero había prometido a Dorothy no enfrentarlo.
-Me parece que el que no supo cuidarla fue otro. – Dijo la tía abuela muy duramente encarando a Albert quien abrió los ojos sorprendido.
-¿A qué te refieres? – Preguntó desviando la mirada.
-Sabes bien de lo que hablo. – Dijo firme.
-Tía abuela yo… ella me rechazó, no tienes por qué preocuparte. – Dijo resignado.
-¿Y sabiendo lo que habías hecho lo permitiste?
-No sé qué decir, ahora ella está con él y no puedo cambiar sus sentimientos.
-¿Con él? ¿De quién hablas?
-De ese muchacho, el jardinero que contrató Anthony, él es el novio de Dorothy.
-¿Novio? David es el hermano gemelo de Dorothy ¿Qué no te das cuenta? – La verdad era que Albert ni siquiera lo había visto bien, solo el ver a Dorothy abrazada a él, le hacía perder el control y estallar en rabia y celos.
-¿Su hermana? – Preguntó incrédulo.
-Así es, y él ha sido muy prudente en no enfrentarte, si hubiera sido como Anthony, no lo hubieras contado.
-¿Dónde está ella? – Se sentía estúpido ahora, quería hablar con ella convencerla de que lo aceptara, convencerla de que no había sido un juego de niño rico, sino que era ella y solo ella la mujer de su vida.
-Dorothy está delicada. – Decía la tía abuela aún incómoda por la situación que se daba entre su sobrino y la empleada.
-¿Delicada? ¿Qué le pasó?
-Ella tuvo una amenaza de aborto. – Lo dijo tristemente, sospechando que Albert no estaba enterado.
-Amenaza de… ¿Qué?... - ¿Dorothy está embarazada? ¿Cómo era eso posible? ¿Cuándo había sucedido? ¿Por qué no lo dijo antes? Tenía que verla, saber quién era el padre de su hijo.
-No tenías idea ¿Verdad?
-No. – Dijo triste.
-Ella no quiere que te enteres, pero ese ni ese bebé, ni Dorothy tienen la culpa de tus tonterías.
-¿A qué se refiere tía abuela?
-Albert, tu llegaste con esa mujer presentándola como tu novia e insinuaste que era alguien importante en tu vida, afortunadamente Dorothy no se enteró, pero David sabe lo sucedido y él cree que te burlaste de su hermana, si no fuera por ella él ya te hubiera enfrentado delante de todos y bien merecido te lo tendrías, sin embargo el muchacho ha sido prudente al respecto al respetar la promesa hecha a su hermana y al ver el problema que habías provocado.
-Quiere decir que… - Dijo comprendiendo lo que la tía abuela trataba de decirle, sería padre dentro de unos meses, si todo salía bien.
-Tienes que hablar con ella, ya que sí lo que estás pensando es verdad. – Le dijo la tía abuela adivinando los pensamientos del rubio, a veces era bastante lento el muchacho.
-¿Dónde se encuentra?
-Arriba en una de las habitaciones, pedí que se quedara aquí para estar al pendiente de ella, después de todo ese bebé es un Andrew. – Dijo Elroy con cierta felicidad, efectivamente prefería a la sencilla y humilde Dorothy a la presumida y arribista de Griselda Gassol.
-¿Puedo hablar con ella?
-A mi parecer, primero deberías hablar con su hermano, para ver si él lo permite. – Elory no quería que Albert abusara de su poder, así que permitió que tomara responsabilidad de sus actos, aún era muy joven y tenía mucho que aprender de la vida.
-Tienes razón tía abuela. – Decía Albert frustrado, había hecho todo mal, no pudo preguntarle a ella de frente, sino que asumió algo que no era verdad, dio por hecho que ella lo había engañado. Tal vez fue lo más fácil de pensar para no enfrentar a la tía abuela, había traído a una mujer que solo lo había envuelto en sus mentiras y lo peor había lastimado a su sobrino y a su hija faltando a la promesa que le había hecho a Rosemary de cuidar y proteger a su hijo, lo había hecho todo mal, tenía que arreglar sus errores, no podía seguirse equivocando, como jefe de la familia tenía que poner orden no hacer el desorden. Anthony había demostrado en tan poco tiempo y a menos edad que tenía lo suficiente para ser el patriarca del Clan, pero ahora él tenía que hacerlo. Ordenó a Miles ir por David para hablar de frente con él, tenía que enfrentarlo como un Andrew que era.
-Tía ¿Y Anthony?
-Ya hablaremos después de eso… - Dijo la tía abuela, no quería que se volviera a enojar por lo que tendría que decirle de Anthony y Candy, sabía que se habían brincado su autoridad, pero al ver lo renuente que estaba y la urgencia de realizar la boda ella había dado su autorización y se haría responsable, así como también urgía el matrimonio de Albert. – Primero habla con Dorothy y veremos qué hacer. – Dijo más tranquila.
David tocó la puerta del despacho firmemente, él no tenía miedo de los Andrew, mucho menos del patriarca hablaría con él y le diría unas cuantas verdades. Si lo iban a despedir que fuera por un motivo real, él sabía que Albert no lo toleraba, fuera el motivo que fuera él tampoco lo toleraba a él, era como la mayoría de los ricos tomaban la inocencia de las mujeres a su servicio y se deshacían de ellas sin ningún remordimiento y los hijos vagaban como bastardos al no tener un apellido paterno que los respaldara o eran abandonados creciendo como "huérfanos" sin saber que había sido de sus padres.
-Adelante. – Dijo Albert tranquilo, esperaba hablar tranquilamente con él, pero sabía que sería difícil. – Toma asiento.
-Así está bien. – Dijo seriamente, para lo que diría no ocupaba estar sentado.
-Necesitamos hablar.
-No veo de qué. – Decía orgulloso, sí lo sabía pero tenía el coraje en su garganta atorado.
-¿De Dorothy?
-¿Qué tiene que hablar de ella? – Dijo aún más molesto.
-Yo… quiero pedirte una disculpa.
-¿Una disculpa? ¿Y con eso cree que se pueda borrar su sufrimiento? ¿Con eso recuperará su honra? – Preguntó levantando la voz, si ese rico quería hablar, bien hablarían de hombre a hombre.
-Sé que nada reparará la ofensa que le hice a tu familia. – Decía mirándolo fijamente a los ojos, no tenía miedo y no se iba a dejar amedrentar tampoco.
-¡Ella lo amaba! ¡Ella confió en usted! Y usted solo la utilizó y ahora viene y trae a su novia, alguien quien si es "digna" de usted y de su familia.
-¡Yo amo a Dorothy! – Dijo Albert alzando también la voz.
-¡Bonita forma de demostrarlo!
-No te permito que…
-¿Qué? ¿Qué le falte al respeto? ¿Y por qué yo si tengo que permitirle que usted le haya faltado el respeto a mi hermana? ¿Por qué es rico?
-¡Yo no me aproveché de tu hermana! ¡Yo la amo! ¡Ella fue la que me apartó de su lado al entrarse de quien soy!
-Y con justa razón "Señor Andrew" ¡Mi madre pasó por lo mismo! ¿Sabe quién es nuestro padre? – Albert negó sorprendido. – Dorothy y yo somos Jones, pero si el cobarde de nuestro padre biológico nos hubiera reconocido seríamos Simmons ¿Reconoce ese apellido? – Dijo tristemente.
-¿Simmons? – Preguntó sorprendido, recordando a un viejo amigo de su padre, un hombre ya mayor pero con mucho dinero. – ¿Harold Simmons? – David asintió. – Él nunca tuvo hijos, bueno si tuvo pero lo perdió en un accidente junto a su esposa hace muchos años.
-Así es, él estaba casado y su esposa estaba embarazada, pero no le fue suficiente con eso y aun así se aprovechó de mi madre, resultando embarazada de ese canalla quien al saberlo la corrió de su mansión dejándola sin trabajo y deshonrada, hasta que mi padre Edward Jones se enamoró de ella y a pesar de su deshonra la aceptó con sus dos hijos ya crecidos y nos dio su apellido y ahora la historia se repite. – Dijo con frustración.
-¡NO! – Gritó Albert. –Yo amo a Dorothy y quiero estar con ella, yo no la voy a abandonar, pero ella no quiere nada conmigo, es más, ni siquiera sabía que tú eras su hermano, nunca me lo dijo y yo creí… creí que tú eras su novio. – David ahora comprendía el odio que veía en sus ojos, se lo imaginaba pero el creer que ese joven rico amaba a su hermana era poco creíble.
-Ella también lo ama, yo le dije que hablara con usted que tratara de arreglar sus diferencias, pero ella se negaba, supongo que creía que usted la iba a rechazar.
-No, yo le pedí ser mi esposa, pero ella me rechazó diciendo que no era correcto, que yo era un Andrew y que ella era una simple empleada, después me dijo que no me amaba que ella ya me había olvidado y se retiró. A los días la vi contigo y asumí que eran pareja.
-¿Ella no le dijo que esperaba un bebé?
-Me acabo de enterar.
-¿Y la señorita que llegó con usted?
-Ella solo fue un error, pensé que podría olvidar a Dorothy con ella y me dejé envolver en sus mentiras.
-¿Se lo dirá a Dorothy?
-La señorita Gassol, se ha regresado a Escocia, y ya no va a regresar, pero si quiero hablar con ella, si tú me lo permites.
-Yo le prometí a mi hermana no intervenir, no por usted, ni por no defender su honra, sino porque ella está delicada y la señora Andrew no me permite llevarla a su habitación, dice que por lo menos hasta que esté mejor.
-¿Qué le sucedió?
-Dorothy es muy necia y hacía trabajos pesados, a pesar de su estado, el doctor lo había prohibido pero ella no hizo caso, no quería que nadie supiera de su estado. El joven Anthony la puso en una de las recámaras y él y su prometida la Señorita Candy la cuidaron toda la noche ahí me enteré yo de su estado y me hizo prometer que no intervendría, yo lo prometí porque no quiero que pierda a la criatura, digo a pesar de todo es mi sobrino.
-¿Puedo hablar con ella? – Preguntó Albert, ante el asombro de David, él era el patrón no tenía que pedir permiso, sin embargo lo estaba haciendo y eso era algo que le alegraba y le tranquilizaba el alma.
-Señor Andrew, usted está en el derecho de hablar con ella, es el patrón, sin embargo le agradezco tomar en cuenta mi opinión. – Dijo sinceramente, tal vez lo había juzgado mal, por su experiencia vivida, tal vez no todos los ricos eran tan malos.
-Gracias David. – Dijo extendiéndole la mano amablemente quien la estrechó fuertemente. Al salir del despacho la tía abuela se adentró.
-¿Y bien?
-Hablaré con ella tía abuela.
-¿Qué vas a hacer?
-Voy a casarme con ella, no me importa su origen, la amo y si eso implica renunciar al apellido, puede estar tranquila, ella me conoció solo como Albert, puedo seguir así.
Continuará…
Hola señoras, señoritas y seño para las que no se deciden jajajaja espero que les haya gustado el capítulo. ¿Cómo ven con la boda de los rubios? Fue algo apresurada pero la situación lo ameritaba el pequeño Brower en camino y la terquedad del rubio mayor en no permitir el compromiso hizo que se desesperaran y tomaran cartas en el asunto, este Anthony tan decidido no le teme a nada, Candy es su debilidad lo ha demostrado muchas veces y por ella hace hasta lo imposible, solo porque ella esté bien, se juró hacerla feliz y hará lo necesario por ella y su pequeño bebé. Y al pobre Albert le salió el tiro por la culata, se dio cuenta que la ingrata de Griselda solo quería evitar que Anthony fuera feliz separándolo del amor de su vida, la verdad no entiendo como pensó esta bruja como iba a conquistar a Anthony, pero decía que si no era feliz ella él tampoco lo sería, bastante loca la amiga. Pero bueno como prometí que no habría bastante drama y lo estoy cumpliendo. Sean felices amigas y espero sus comentarios al respecto. Saludos.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen solo les alargue un poco más la vida a todos para que siguieran y terminaran una vida plena. Es sin fines de lucro solo lo hago por diversión y entretenimiento. No es apta para menores de edad así que le pido discreción y si eres menor de edad o te molestan este tipo de lecturas te pido te retires por favor, cuídense mucho y hasta el próximo capítulo!
Saludos hermosas y hasta pronto!
