"Ruido blanco"
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El haber teñido sus sueños de color sangre se arrimaba al hecho de no poder tener el poder de afrontarse a sí misma cuando desde un principio nunca lo hizo como debió de hacerlo.
Kotoko miraba el futuro con ensordecedor pánico, y su sentido de resiliencia estaba por demás alto cuán barreras antepuestas a una sola persona que había sido la causa de todo su dolor.
Ella lo soltó, lo dejó detrás de su anterior yo y no volvería a mirar atrás con resentimiento, sino con madurez.
Si el invierno palidecía, si la primavera se moría, si el verano se secaba y si el otoño se debilitaba, ella seguiría firme en su decisión.
No por haberle dicho que le daba una oportunidad, significaba que lo volvería a querer como antes; además, sería patético de su parte caer tan fácilmente con el mismo idiota que rompió su corazón.
Ella se desligó de conversar con Naoki, quien, se rehusaba a dejarla irse a la cafetería, cuando ella estaba harta de lidiar con sus molestas actitudes y súplicas de un "hombre enamorado".
Ella lo dejó de lado y se fue corriendo a toda marcha a su nueva casa.
Por nada del mundo cambiaría a las dos personas que conoció la noche anterior, por un momento a solas con Naoki.
Por nada del mundo…
Llegando a la cafetería, sentía que el aliento se le escapaba de los pulmones cuando realizó las cosas que ella con tanta valentía había afrontado, y la elocuencia con la que ella se dirigió a las personas sin titubear como lo haría la Kotoko que estaba ciega de amor por Naoki.
Ahí, en ese instante, sintió que el aire le regresaba a los pulmones como si el alma le hubiese llegado al cuerpo luego de recibir una violenta sacudida por su parte; sin embargo, se percató de que los ojos de Keita se posaron sobre ella con un guiño de preocupación.
Tan pronto como se miraron a la distancia, él tomó la iniciativa de aproximarla, diciendo:
—Te esperé— Notificó coherente. —Digo, no me pareció prudente cerrar la cafetería cuando aún faltabas de llegar—
Al ver que ella no respondía, añadió un tanto incómodo:
—Espero que la visita a tu padre no haya sido un impedimento para tus metas, sino una oportunidad para crecer y madurar, pues no me parece correcto rendirse tan rápido— Terminó con un leve asentimiento conforme con sus palabras.
Kotoko lo escuchó, mas no obstante, se echó a llorar habiendo asimilado todo lo que vivió ese día y que aún no terminaba; Keita, ruborizado y alarmado, no supo cómo reaccionar para que el llanto no fuera tan escandaloso, pero optó por consolarla con una mano acariciando sus cabellos cobrizos con gentileza en su tacto.
—No importa lo que haya pasado— Dijo suave. —Lo que importa es lo que tu quieras hacer a partir de ahora, a partir de cada mañana en que abres los ojos y el sol te recibe con esplendor— Esbozó una pequeña sonrisa. —Puede que parezca el fin del mundo, pero recuerda que es sólo el comienzo— Aseguró.
—Sí— Dijo ella habiéndose tranquilizado del llanto previo. —Es sólo que ha sido un día muy largo y cansado para mi—
—Yo creo que para todos los que lo han vivido contigo ha sido igual— Aseguró, quitando su mano del cabello de Kotoko. —Mañana será un mejor día que el de hoy—
—Espero— Murmuró ella debajo de su aliento, pero Keita alcanzó a escucharla.
—No digas 'espero'— Corrigió. —Di 'será un gran día'— Sonrió motivado, contagiando a Kotoko de la misma manera.
—Tu crees?— Ella lo miró expectorante.
—No lo creo— Resopló él, orgulloso. —Lo sé—
Hanako los aproximó corriendo, con los ojos saltones.
—Por fin llegas!— Exclamó alarmada, abrazando a Kotoko con fuerza, tomándola por sorpresa.
—Qué-qué sucede?— Reaccionó ella, ojeando a Keita.
—Estuviste fuera por mucho tiempo— Agregó Hanako, soltándola de sopetón del abrazo, dejando ambas manos sobre sus hombros. —Has de tener hambre y necesitas descansar porque mañana tendremos un día pesado de trabajo, ah!—Exclamó como si recordara algo. —Debes ir a la universidad, tienes una licenciatura que atender y tareas con las que debes ponerte al tanto—
A Kotoko se le prendió el chip de alarma al recordar que no había pensando en la universidad, o en opciones para velar por su futuro. Un futuro sin precedentes si seguía con las calificaciones mediocres que mantenía en la escuela.
—No has pensando en eso, verdad?— Hanako adivinó sin complicaciones lo que pasaba por su mente, haciendo que Kotoko la mirara con asombro. —Me imagine— Suspiró, diciendo:— Hoy fue un día atareado para ti, pero no desistas, Aihara, mañana resolverás tus problemas con la universidad, porque no debes dejarlo de lado, cuando es tu futuro— La señaló con el dedo. —El futuro que sólo tu puedes conseguir—
—Exacto— Coreó Keita, asintiendo. —El futuro no se le debe poner en pausa—
Hanako y Keita se miraron en complicidad, animando a Kotoko con una sonrisa reconfortante, endulzando su noche.
—Tienen razón— Admitió soltando un suspiro relajado. —Eso es lo que haré mañana—
—No dejes que ese tal Naoki o como se llame— Hanako movió la cabeza en negación. —Dicté tu futuro cuando ni siquiera ha de conocer tus gustos y disgustos—
—Si no es mucho pedir— Kotoko dijo tras un breve silencio. —Podrían no hablar de él? Por favor—
Tanto Hanako como Keita se quedaron sorprendidos, parpadeando inquietos por su repentino cambio de actitud, pues era como si Kotoko hubiera tenido un mal momento en su regreso, y no estuvieron mal en suponerlo, puesto que sucedió algo grande en el regreso de Kotoko esa misma noche.
Un suceso que aterraba Kotoko.
—Como tu gustes— Keita musitó hastío.
—Gracias— Kotoko apretó los labios luego de dar su respuesta, encaminándose al segundos piso y dormir lo más pronto posible, dejando a sus dos acompañantes con gestos de signos de interrogación cimentados en sus preocupadas miradas que la siguieron hasta perderla de vista.
Kotoko amaneció esa mañana en el momento en que los rayos cálidos del sol atravesaron el umbral de la ventana, traspasando las delicadas telas de las cortinas.
Sus ojos parpadearon, soltando un leve bostezo.
Parecía que el día la trataría bien, como ella quería, y justo como Keita le dijo la noche anterior.
Hoy parece que será un gran día, se dijo chirriando de alegría.
Ella se tomó una ducha renovadora, desayunó con los demás empleados que abrían el changarro a primera hora de la mañana, y limpió las mesas de la cafetería poco antes de abrir las puertas y poner el letrero que indicaba que estaba abierto.
Sí, hoy parecía que seria un buen día para Aihara Kotoko, quien luego de haber pasado por un sufrimiento eterno, comenzaba a buscar su propia luz en un camino que antes estuvo rodeado de pura oscuridad.
Era como si alejara el ruido blanco de sus oídos, y la niebla se alejaba de su vista nublosa y partían a un lugar remoto porque su alegría estaba primero.
La alegría era la principal prioridad para ella.
Una prioridad que a grandes rasgos alcanzaría, sin importar el costo que le diera o el tiempo en que lo lograría porque ella ya lo tenía decidido desde que arribó la noche anterior a la cafetería.
No más 'Irie-kun' en sus pensamientos absurdos, no más cartas de amor que luego rechazaban, no más lágrimas derramadas por un hombre ruin y despiadado para su propio bien.
Por qué ella lo alejaba ahora que él se le había confesado?
Porque si la felicidad conllevaba a casarse con Naoki (equivalente a ser humillada, insultada, subestimada, maltratada, etc), entonces esa no era la felicidad que ella necesitaba.
Naoki sería ese ruido blanco que ella no quería escuchar, ese ruido blanco que encendía una alarma en su cabeza con el único fin de alejarla de él, alejarla de su egoísmo.
Ella no era más que una herramienta para llenar el ego de Naoki.
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P.D. Un nuevo capítulo he escrito en este tiempo, esperando que sea de su agrado a pesar de su atrevimiento.
