Capítulo 15.
Los minutos se convirtieron en horas. La mañana dio entrada a la tarde, y Lily notó como el cielo soleado poco a poco se había ido nublando. De estar rígida en el sillón, ahora estaba acostada mirando el ventanal del techo. La batería de su móvil se había terminado unos minutos atrás, después de navegar por redes sociales en un intento por apaciguar su aburrimiento.
James seguía dormido en la misma posición. Ni siquiera se había movido, respiraba profundamente y de vez en cuando se quejaba en sueños. Lily adivinó que sentía dolor, y pensó en ir a buscar para él algunos medicamentos, pero si salía del departamento estaba segura que James no le permitiría entrar de nuevo. También se moría de hambre, pero no sabía hacer siquiera una ensalada, y después de haber revisado la heladera de James se dio cuenta, quizá él tampoco, estaba casi vacío.
Se puso de pie tratando de distraerse. Ya había observado y curioseado casi todo el departamento de James. Él no tenía fotografías o algo personal a la vista, lo único parecían ser pinturas que estaban a medio terminar en el escritorio de arquitecto. Lily tampoco se atrevía a revisar los cajones, únicamente observaba lo que estaba a la vista. Había encontrado también una guitarra acústica cerca del baño, lo que resultaba muy extraño. Pero fuera de eso, cualquier hombre joven soltero podría vivir en ese lugar.
—¿Qué haces? —preguntó una voz ronca, sobresaltándola.
Lily estaba frente al escritorio y sostenía en sus manos, una pintura en diferentes tonalidades verdes que había estado observando antes. Todo lo que pintaba parecía ser abstracto, solo un montón de colores reunidos en un lienzo.
—Solo... observando —respondió, y alzó la hoja en sus manos—. ¿Qué es esto?
El chico se removió en su lugar, pero no se levantó. Lily se acercó, mostrándole lo que sostenía. James parpadeó varias veces antes de enfocar la vista.
—Eres tú.
Lily alzó una ceja, y miró nuevamente la pintura. Solo eran ondas de color verde, con movimientos ondulantes más oscuros y más claros que el verde base.
—¿Yo?
—Así percibo el sonido de tu voz —respondió mientras bostezaba, casi como si no prestara atención a la conversación.
El corazón de la pelirroja se agitó, y observó con más detalle la pintura. Sorprendida por estar viendo la representación visual de su voz. Era casi surrealista, y James parecía tan relajado, casi ajeno.
Dejó el lienzo sobre la mesa ratonera, y notó la ropa que había llevado más temprano.
—Te traje un poco de ropa, pensé que quizá querrías ducharte.
James clavó la vista en la ropa que sostenía, y después miró su rostro, parecía un poco incómodo. Un semblante que antes no había podido relacionar con él.
—Gracias, pero no creo que pueda hacerlo.
La pelirroja lo miró sin entender.
—No sé si pueda moverme lo suficiente, aunque ya que estás aquí, tal vez quieras hacer lo honores.
Y de repente la actitud descarada y juguetona se había presentado. Lily no pudo evitar sonreír, él parecía de nuevo ese chico que se había colado en sus pensamientos de un día para otro.
—¡No lo haré! —exclamó Lily, aunque también en modo juguetón.
—Qué lástima —su voz sonaba decepcionada, pero la pelirroja ya había aprendido a interpretar cuando bromeaba.
—¿Alguna vez te dije que abrí tus pantalones el día que te encontré en la facultad drogado?
James entrecerró los ojos, posiblemente recordando el incidente, pero cuando levantó la vista, y los dos océanos se clavaron en Lily, podía jurar que una parte de su alma había abandonado su cuerpo. El chico sonrió levemente, marcando un hoyuelo en la mejilla.
—¿Te aprovechaste de mí mientras estaba inconsciente? —pregunto lentamente, haciendo énfasis en cada silaba.
Rápidamente negó con la cabeza, nunca se le ocurrió que él podría malinterpretarla.
—No. No. Cuando estabas en el baño no podías abrir tus pantalones, así que yo tuve que hacerlo y más tarde los cerré por ti.
James cerró los ojos, y elevó una mano hasta su frente.
—No puedo creer que hayas tenido que hacer eso. ¿Por qué nunca lo mencionaste?
La pelirroja se encogió de hombros.
—Pensé que te sentirías avergonzado —dijo incomoda. El chico se reacomodó en el sillón, tratando de incorporarse un poco—. ¿Por qué estabas así de todas formas?
—Tú puedes responder esa pregunta.
Lily se incorporó, y lo ayudó a sentarse, empujándolo por los omóplatos hasta que sus pies tocaron el suelo.
—No puedo. Solo sé que estabas drogado.
—No hay nada más que debas saber —gruñó.
Se quedó callada. Ahora lo confirmaba, James estaba drogado ese día, y aunque siempre lo supo, era difícil enfrentarse a la afirmación de él. No quiso pensarlo demasiado, la mayoría de los chicos de su edad consumían drogas, eso no era algo que debía molestarle de James, ¿cierto?
—Déjame ayudarte a cambiarte —le dijo, cambiando de tema.
El chico levantó la vista confundido.
—¿Seguirás aquí después de que confirme lo que ya sabías? —gruñó—. Te dije que consumo drogas, lo mismo de lo cual me acusaste unos días atrás.
Lily se encogió de hombros.
—No te voy a dejar solo. Estás lastimado y necesitas de alguien que te cuide. Puedes decirme lo que quieras, y eso no cambiará nada. Lo que tenga que saber sobre ti, ya lo sé, nada me asusta.
Los ojos azules la miraban sin parpadear, abiertos de par en par, brillaban un poco más de lo normal, y se veían más claros que nunca. Lily pensó que era por el ventanal que estaba sobre ellos, pero después cayó en cuenta de que la posibilidad de que fuera por sus palabras era amplia.
—No sabes nada sobre mí, chica de canela.
Se dejó caer en el sillón a su lado, y acarició el brazo masculino sobre la tela. Él seguía los movimientos con la mirada.
—Sé que te gusto. Sé que tratas de alejarme, y también sé que no lo haré porque tú también me gustas.
Entonces los ojos azules se clavaron en los verdes, sorprendido. Se aclaró la garganta y casi inmediatamente volteó para otro lado, y apartó el brazo. Lily se quedo quieta, observándolo tratar de incorporarse.
—Hueles un poco mal, deberías ducharte —sugirió Lily observándolo caminar hasta una de las dos puertas del departamento, la que había descubierto antes llevaba al cuarto de baño.
James soltó carcajadas sarcásticas.
—¿No me digas? Nadie te invitó a quedarte —dijo, con la puerta abierta, mirándose en el espejo.
Lily observó sus acciones desde el sillón. Se miró los golpes de su quijada y pómulo, incluso estudió con atención la herida en su labio, tocándola lentamente con un dedo. Fuera de eso, su rostro estaba intacto. Abrió el grifo y llenó un vaso con agua, Lily notó que tomaba el cepillo de dientes y el dentífrico.
—También tienes mal aliento —le informó.
James le lanzó una mirada acusadora.
—No creo que tan malo, si antes estabas dispuesta a besarme.
La pelirroja sintió las mejillas sonrojarse. Era cierto, y le alegraba tener al James descarado de vuelta. Poco a poco notaba como se iba relajando con su presencia, aunque parecía reacio a tener algo juntos.
—¿Conoces algo llamado filtro? —preguntó, poniéndose de pie y acercándose al cuarto de baño.
El chico cepillaba sus dientes con fuerza, mirándose a través del espejo. Lily se recargó en el marco de la puerta, observando sus acciones.
James negó con la cabeza.
—Es muy útil. Algunas personas lo usamos para evitar avergonzar o lastimar a los demás.
Escupió.
—Y tú eres una mamá regañona que trata de dar una lección, cuando tú eres la que debería aprender a usar filtros.
Lily se quedó con la boca abierta, mientras James esbozaba una sonrisa a través del espejo. Parecía satisfecho consigo mismo, y Lily no estaba dispuesta a llevarle la contraria, cuando sabía perfectamente ella también debería aprender a cerrar la boca de vez en cuando.
—No me voy a acostar contigo —dijo James tratando de imitar la dulce voz de Lily. Ella frunció el ceño, y cruzó los brazos sobre su pecho, recordando lo que le había dicho a Noah esa noche.
—¿Quieres dejar de recordármelo?
James soltó una fuerte carcajada.
—No. Fue muy divertido.
Lily permaneció en su lugar, ahora mirando el piso. Desvió su atención a la ducha, y se apartó cuando James tomó la puerta de madera.
—Si quieres puedes quedarte —sugirió con una sonrisa burlesca.
Sintió las mejillas teñirse de rosa, y negó rápidamente con la cabeza.
—Traeré tu ropa.
Y sin esperar respuesta, trotó hasta la sala donde tomó la ropa deportiva que había tomado antes. James la esperaba en el umbral, comenzando a desabrochar los botones de su camisa con lentitud, la que estaba sucia y con manchas de sangre en el cuello, tal vez la que había brotado de su boca.
—¿Cómo te hiciste esto? —preguntó, abrazando la ropa a su pecho.
—Una pelea.
Alzó una ceja. Había respondido demasiado rápido.
—En esta ocasión no ganaste, supongo.
—Me superaban en número —dijo despreocupado, bajando la camisa por sus hombres con un gesto de dolor, para posteriormente caer al suelo.
Notaba como evadía la conversación, pero también se distrajo al ver su torso desnudo. Era tan blanco como el resto de su cuerpo, delgado, y marcaba algunos músculos de su espalda, era prácticamente lampiño, únicamente con algunos vellos claros adornado su estómago. Lily pudo haberse enfocado en la imagen del joven torso, pero los moretones distribuidos en diferentes puntos la distraían considerablemente. Había uno especialmente llamativo en color morado, sobre el hígado. Todos tenían el tamaño de puños, por lo que podía intuir que sí se trataba de una pelea.
Se acercó de nuevo, con la ropa abrazada a su pecho.
—¿Y por qué pelearon? —preguntó con cautela.
Sabía que debía estar relacionado con lo que había pasado el sabado por la noche, después de que James se había aparecido en la fiesta. Tres hombres vestidos de negro en una pickup les habían impedido el paso. Hablaron sobre que James debía presentarse en el bar, y que la situación era delicada. Después de esa noche no había sabido nada más de él, y la prueba era que llevaba exactamente la misma ropa.
James se encogió de hombros, demostrando despreocupación mientras ajustaba la temperatura del agua.
—Cosas.
—¿Qué cosas? —preguntó por fin entrando al cuarto de baño.
James se giró hasta ella, y tomó la ropa de sus manos.
—Cosas que no te importan.
Lo dijo con seriedad, mirándola a los ojos, pero aun así esbozando una sonrisa en el rostro. Alzó la barbilla en dirección a la puerta.
—Puedes salir o quedarte.
Las palabras todavía no llegaban a su cerebro cuando James abrió sus pantalones, y comenzó a deslizarlo por sus piernas con lentitud, quedando únicamente en calzoncillos rojos. Lily se llevó una mano a la boca, sorprendida por lo descarado que se estaba portando. No sabía por qué le sorprendía, si esa era la característica intrínseca de su carácter.
—¡Decide! —presionó, y se llevó las manos al elástico de los calzoncillos.
Lily reaccionó más rápido, y se dio la vuelta justo cuando él se deshacía de la única prenda. Lo escuchó reír a sus espaldas, diciéndole algo como "cobarde". Entró a la ducha, y Lily se quedó parada en medio de la estancia. El descarado no había cerrado la puerta, y si se daba la vuelta lo vería duchándose a través de la inútil puerta corrediza transparente.
No le quedó otra opción más que caminar hasta uno de los sillones y esperar a que James terminara. Observó sus uñas tintadas de azul, jugó con sus dedos sobre la tela suave del material del sillón, y esperó escuchando cada uno de sus movimientos. Como abría y cerraba el grifo cada vez que se enjabonaba, el abrir y cerrar de la puerta corrediza de cristal. Calculó el tiempo en que debía estar cambiando, y levantó la vista cuando lo creyó oportuno. Lo encontró todavía con la toalla atada a la cintura, y mirando su reflejo en el espejo, observando los moretones esparcidos por su cuerpo.
Se acercó en silencio, hasta llegar al marco de la puerta notando el vapor de la habitación:
—Parece que tienen unos días —sugirió, notando que la mayoría tenían una tonalidad verdosa. Excepto ese grande sobre el hígado.
—Me quedé con un amigo.
Lily suspiró, y James se giró para verla de frente.
—¿Por qué no acudiste a mí? Yo te hubiera cuidado —preguntó, sin saber porque aquello la lastimaba tanto.
El chico parpadeó varias veces, desconcertado.
—Tú no tenías nada que ver, él estaba conmigo cuando todo pasó. Me quedé con él unos días hasta que pude ponerme de pie, y conducir.
Lily frunció el ceño.
—Si estaba ahí, ¿por qué no te ayudó en la pelea? Se supone que es tu amigo.
No respondió simplemente la miró a los ojos, Lily tampoco esperaba una respuesta de todos modos.
—¿Y esto? —preguntó, señalando el moretón grande sobre el hígado— ¿fuiste con un médico a revisarte?
James bajó la vista hasta ese lugar, y tocó las costillas con suavidad.
—No es necesario. No duele tanto.
—Te quejabas mientras dormías.
La pelirroja se acercó, y puso delicadamente sus dedos sobre el moretón. La piel de James era cálida y suave, y se contrajo un poco por la sorpresa, provocando inmediatamente piel de gallina. Lily lo notó, y no dejó de acariciar la zona.
—Tal vez duele un poco, pero no demasiado. Ya me he fracturado costillas antes, sé que este no es el caso.
Aquello debía sorprenderla, pero no lo hizo, había tenido un esguince nivel dos en su muñeca hasta unos días atrás, producto de una pelea. Sin pensarlo, tomó esa muñeca, masajeando con suavidad la zona, descubriendo el tatuaje que había detectado antes, solo que no lo había visto con atención. Era la silueta de un pequeño lobo en tinta negra. No era muy llamativo, tal vez de unos dos centímetros. Dibujó el contorno con un dedo del lobo, y escuchó a James tragar saliva.
Elevó la vista hasta los ojos azules que nuevamente se había oscurecido, pero esta era una mirada distinta. Se soltó delicadamente el agarre, y sujetó su rostro con las manos masculinas, alzándolo un poco y observando cada detalle. Lily sintió sus mejillas sonrojarse, y el labio inferior le tembló un poco. James estaba muy cerca.
—¿Por qué eres tan buena conmigo? —preguntó James en voz baja—. No me lo merezco.
Lily sujetó con sus dientes ese labio que temblaba, desviando un poco la mirada. Los ojos de James eran muy penetrantes.
—Tú también eres bueno conmigo.
Negó con la cabeza.
—No lo soy. Te he hecho enojar, y en los últimos días te he rechazado más veces de las que tú hiciste antes —dijo.
Sus manos eran tan grandes, que las puntas de sus dedos llegaban hasta su cuello, provocándole delicadas caricias.
—Nada superará lo que dije ese día en el garaje. Nunca podrás hacerme sentir tan mal como yo lo hice contigo.
James también mordió su labio inferior, y bajó la mirada, demostrado que aquello era cierto. Le había dolido más de lo que Lily podía pensar, sin embargo, la congoja no duró mucho, porque notó como trataba de ocultar una sonrisa. Alejó una de sus manos, esta vez acariciando el cabello pelirrojo, aumentando la sensación placentera en Lily.
—¿Es cierto lo que dijiste antes?
—¿Qué cosa? —preguntó Lily, elevando nuevamente la vista a los ojos azules que no se habían apartado.
—Que te gusto.
Lily sintió sus mejillas sonrojarse. Lo había dicho antes, pero ahora se sentía completamente diferente. James acariciando su rostro y cabello, teniéndolo tan cerca que sentía su aliento sobre su nariz, mirándola de una manera que antes no lo había hecho. Sumergiéndose en el océano azul de su mirada.
—Es cierto —aceptó con voz suave—. Me gustas.
El chico sonrió ampliamente, deslizando su pulgar por el labio inferior de Lily.
—¿Cómo pasó? ¿En qué momento?
Lily suspiró, y ladeó la cabeza acunándose sobre la mano de James, sujetándose de sus brazos.
—No sé, simplemente... pasó sin que me diera cuenta, y ese día en el garaje cuando dijiste que no me molestarías más, fue como una puñalada en mi pecho —dijo casi en un susurro, James estaba muy cerca. La sonrisa se había desvanecido, y notaba como su mirada azul se enganchó de su boca mientras ella hablaba—. Petunia me hizo notarlo.
—Tendré que agradecerle después a tu hermana —dijo también en voz baja.
El corazón de Lily palpitaba fuerte, notando como cada vez James estaba más cerca. Sabía lo que vendría a continuación, pero no quería hacerlo, no si el primer beso también sería el último.
—No la conoces —sugirió, tomando con más fuerza los brazos del chico.
—Pero lo haré.
El espacio por fin se extinguió. Con su pulgar James jaló suavemente el labio inferior hacia abajo, mostrándolo más grande y apetecible. Colocó sus labios sobre este con apenas una caricia, sin atreverse a presionarlos.
—James —lo llamó.
El aludido se separó un centímetro, y clavó la vista en los ojos verdes que demostraban temor.
—¿Este será nuestro último beso?
James esbozó una pequeña sonrisa, no burlesca como solía hacerlo, sino dulce, con los ojos pequeños y un hoyuelo marcándose en su mejilla.
—Cállate ya, pequeña pelirroja.
Ni siquiera esperó a que Lily respondiera algo. Extinguió el espacio entre ellos y presionó los labios contra los suyos. Lily permaneció quieta y temerosa. Únicamente sintiendo la suavidad de los labios inertes, percatándose de la textura particular. Había un pequeño bulto duro haciendo presión contra su labio inferior, notando como era la herida de James, recordándole que era él el que la estaba besando. El chico que por primera vez le había gustado.
Deslizó sus manos por los brazos de James hasta llegar a sus hombros de donde se sujetó presionando su cuerpo contra el masculino. Lo escuchó quejarse un poco, distinguiendo como también había una protuberancia en la toalla atada a su cintura. No pudo evitar sonreír, y sentir como también los labios de James se estiraban imitando su acción.
Entonces el beso inició, abriéndose espacio entre el cálido y húmedo aliento, sintiendo como la textura de los labios de James se movían contra los suyos. La manera en que juguetonamente acercaba su lengua acariciándola. Lily jamás había tenido un beso como ese. No era apasionado, era tierno y delicado, moviéndose con suavidad alrededor de su boca, y marcando un ritmo gentil. No podía creer que en eso James pudiera ser tan tierno.
Acariciaba su rostro con suavidad, deslizando sus dedos por las mejillas y hundiéndolas un poco en su cabello, brindando suaves caricias. Lily quería más, sentía su cuerpo acumularse de un líquido caliente a punto de ebullición. El corazón le palpitaba con prisa, y podía sentir como su cuerpo estaba por estallar en chispas.
—Creo que el baño no es el mejor lugar para un beso —murmuró James.
—Vamos a la sala, entonces —dijo Lily, alejándose y tomándolo del brazo.
El chico se quedó en su lugar, notó como sujetaba la toalla en su cintura, y la miraba un poco avergonzado.
—Antes voy a vestirme.
Pensó en decirle que no era necesario, pero sabía que era muy atrevido. Asintió con la cabeza, y miró como el chico cerraba la puerta. Era raro, porque antes no le importó ducharse con la puerta abierta, y ahora se avergonzaba por usar únicamente una toalla. Escuchó como abría de nuevo el agua de la ducha, y casi soltó una risa. Presionó el oído contra la madera y dijo:
—¿Tienes algún problema? —preguntó aguantando la risa.
—¡Todo bien! —exclamó James desde la ducha.
La sonrisa no abandonó los labios de Lily, y se dirigió de vuelta al sillón a esperarlo. Podía sentir la calidez y humedad de la boca de James en la suya. El beso había sido maravilloso, tierno y suave, lo suficiente para alborotar las sensaciones en su estómago y las del chico, aparentemente, a juzgar por la ducha fría que estaba tomando.
Deslizó un dedo sobre su boca, tratando de imitar la acción de antes. Ahora sabía que nunca había besado al chico correcto, aquello solo había sido una pequeña probada de la química que tenían, y podía sentir su cuerpo explotando en mil sensaciones. Mordió sus uñas con nerviosismo, no sabía que podría pasar después de eso. James dijo que solo quería besarla una vez antes de alejarse, ¿y si ese había sido el último? ¿Había valido la pena por perder la oportunidad a su lado? Ni siquiera sabía que esperar. No estaba segura de buscar un novio, que sería lo más lógico. James nos parecía el tipo de chico dispuerto a darlo. Tampoco buscaba un amigo, porque lo que sentía era más que solo amigos. ¿Entonces que era lo que buscaba de todo aquello?
Apartó los pensamientos cuando la puerta del baño se abrió, saliendo James con los pantalones de deportes puestos, aunque todavía sin playera. El cabello se veía más húmedo que antes, confirmando sus sospechas. Se echó un vistazo al rostro antes de salir por completo.
Lily lo esperaba con una sonrisa nerviosa, sin saber que pasaría a continuación.
Dejó la playera sobre la mesita ratonera, y se sentó en el mismo sillón que Lily, aunque a una buena distancia de ella. La actitud la desconcertó.
—¿Recuerdas la memoria sd que perdí en tu casa? —preguntó en un tono de voz neutro. No estaba salpicado de burla o mal humor, como era usual en él.
Lily asintió con la cabeza, sin entender por qué lo mencionaba después de tanto tiempo.
—¿Dónde dijiste que la encontraste?
—En el baño —respondió con rapidez—. Estaba tirado en la ducha.
El chico se llevó una mano a la frente, y esbozó una mueca preocupada.
—¿De casualidad te duchaste con ella en el suelo?
Lily lo miró a los ojos, sin entender por qué hacía esas preguntas tan extrañas. James miraba la pared frente a él, pero al no obtener respuestas clavó esos ojos oceánicos también ella.
—Sí, pero... solo estuvo mojada unos minutos. La sequé rápidamente.
El chico cerro los ojos con fuerza. Lily notó un semblante preocupado que nunca había visto en su rostro, siempre parecía relajado e indiferente al resto de las cosas, como si realmente no le importaran.
—¿Se dañó el trabajo que debías entregar? —preguntó con inocencia, tratando de acercarse para consolarlo.
Él parpadeó varias veces y dibujó una pequeña sonrisa de lado, no tan natural como para marcar el hoyuelo.
—No te preocupes. No es tu culpa. Yo debí ser más cuidadoso con las cosas importantes.
Entendía lo que decía, pero aun así no pudo evitar sentirse culpable. Ella había sido la causante del daño, por no haberse fijado como debería antes de ducharse. Ahora el daño ya estaba hecho, y no sabía cómo repararlo. Ni siquiera sabía para que era el trabajo, y si así fuera, estaba segura que no podría solucionarla, ella era pésima en matemáticas.
—¿Puedo ayudarte en algo?
Le sorprendió cuando James asintió con la cabeza, y señaló la playera sobre la mesa.
—La camisa tenía botones, y no puedo elevar mucho los brazos. ¿Puedes ayudarme?
Con inseguridad asintió, y se puso de pie cuando la mano de James la aprisionó por la muñeca, impidiéndole el paso.
—Después. Ahora ¿podemos continuar con lo del baño?
La sonrisa con hoyuelos se expandió por su cara, y Lily sintió el aire abandonar sus pulmones. ¿Cómo hacía James para dejarla sin aliento con una simple sonrisa? Se dejó caer en el sillón, esta vez más cerca del chico. Con las mejillas sonrosadas se inclinó hacia él, colocando las piernas bajo su cuerpo.
—Debería ser un pecado ser tan preciosa como tú lo eres —dijo James, apartando un mechón de cabello pelirrojo del rostro pecoso. Las mejillas se le encendieron más si es que era posible.
—Cállate ya —respondió copiando las palabras que había utilizado el chico antes.
No se dijo más, ambos se acercaron anulando el espacio entre ellos. Lily deslizó las manos por el cuello masculino, y por la posición con facilidad pudo colocar una de las rodillas en el lado opuesto de las caderas de James, sorprendiéndolo con sus acciones. Él no se quejó, aprisionó su pequeña cintura, y deslizó los labios por su cuello. El tono del momento había cambiado, ya no era tierno como en el baño, sino más apasionado.
Podía sentir su corazón golpeando con fuerza su pecho, mientras sentía los labios del chico cerca de la raíz de su cabello. Llevó sus manos al centro del pecho masculino, cuidando de no presionar demasiado sobre los lugares con moretones. La piel cálida contra sus manos se erizó, gustándole la sensación y sintiéndose atrevida, se atrevió a subir hasta sus hombres bajando por los antebrazos. Toda la piel se erizaba con el mínimo contacto, provocándole escalofríos al chico que se sacudía cada poco.
—Me haces cosquillas —se quejó en su oído con voz ronca.
Sonrió un poco, y se apartó para encontrarse con los labios de James por segunda vez. En esta ocasión sintió la humedad de su boca más cálida que antes, brindándole un suave masaje con su lengua. Quería gritar por lo placentero que era aquello, sorprendida de lo buen besador que era el chico. Usaba sus labios con adiestramiento, y la lengua solo para provocarla. Enredó sus dedos en el cabello negro y tiró un poco de él, provocándole abrir más la boca por la sorpresa, e introduciéndose en ella.
—Lily —suspiró, y juró que era la primera vez que lo escuchaba llamarla por su nombre.
Gimió levemente como respuesta, y eso pareció gustarle al chico. Aun así, se apartó un poco, lo suficiente para separar sus labios. James quiso acercarse de nuevo, pero lo detuvo sujetando un mechón de cabello negro de la nuca.
—Dijiste mi nombre.
James esbozó una sonrisa perezosa, tratando de acercarse de nuevo, con la pelirroja impidiéndoselo.
—¿Y?
—No lo habías dicho.
La sonrisa se borró de su rostro, y frunció el ceño extrañado.
—Claro que sí —insistió.
—Siempre me llamas chica de canela, o pelirroja, o algo así.
Cerró los ojos y trató de acercarse de nuevo, esta vez escurriéndose y reanudando el beso. Lily no sé apartó, pero seguía resonando en su cabeza el sonido de su nombre en la voz de James, y de repente se le ocurrió. Se apartó de nuevo, esta vez provocando un gruñido de parte del chico.
—¿De qué color suena mi nombre?
James se recargó en el respaldo del sillón, y apoyó las manos sobre el asiento, mientras la pelirroja seguía sobre su regazo.
—¿Esto realmente es importante en este momento? —gruñó, notando su molestia en la voz.
Deslizó las manos desde los hombros y sobre los pectorales del chico, tratando de tranquilizarlo. La respiración de James era agitada por el beso, y poco a poco se iba regulando.
—Lo es. Mi nombre en ti es una novedad, además, tú le das importancia a los nombres.
—No a los nombres —corrigió—. Solo al mío.
Lily se encogió de hombros, no tomando importancia a sus declaraciones.
—¿Puedes responder lo que te pregunté antes? ¿De qué color es mi nombre?
James suspiró, y un poco más relajado. Apoyó las manos en las rodillas de Lily, que seguían a los costados de sus caderas. Las caricias podían malinterpretarse, pero tomando en cuenta que ella se había puesto en esa situación, no tenía el derecho de quejarse.
—Los nombres no tienen un color. El color está en la voz de las personas, y es cierto que este puede tener diferentes matices, y modificarse un poco, pero en general mantienen el mismo color base.
La pelirroja ladeó la cabeza, tratando de comprender.
—¿Y por qué me dijiste una vez que tu nombre tenía un color diferente?
—Usualmente las personas suelen cambiar el tono de voz dependiendo de sus emociones. No es regla, pero algunas de ellas, cuando dicen mi nombre, usan otro tono, por lo tanto, destaca con una gama de color especial —sonrió—. Como tú, cuando hablas conmigo tu verde tiende al color azul. Eso es algo que no he visto hagas con otras personas, lo que me hace sentir especial.
Lily sintió una mariposa agitarse dentro de su pecho. Los ojos oceánicos estaban fijos en ella, se veían más claros que nunca. ¿Qué le hacía ese lugar a James que de repente era tan abierto?
—Sin embargo, tu nombre es verde.
—En ti sí. Es como una explosión de verde brillante llenando mis sentidos —sonrió—. Tu voz es verde, siempre lo es. Cambia de tonalidades continuamente dependiendo tus emociones. Por ejemplo, cuando estás enojada toma una tonalidad amarillenta, y cuando estás triste marrón claro.
Tratando de controlar las sensaciones en su pecho, subió de nuevo las manos a los hombros masculinos, acercándose un poco.
—¿Y tú? ¿De qué color es tu voz?
La sonrisa creció aún más, asomando el hoyuelo único, y sus ojos parecieron brillar cuando lo dijo:
—Azul. Azul oscuro, casi negro.
—¿Cómo el océano?
—Como el océano pacífico en su punto más lejano.
Lily no pudo evitar corresponder a su sonrisa. Eran tantas las similitudes, como si la sinestesia de James automáticamente le diera sentido a los pensamientos que tenía hace tiempo. James era el océano, tan profundo y misterioso, con tantos secretos ocultos entre sus aguas. Tan caótico, impredecible e indomable que asustaba sumergirse en sus profundidades.
Lo miró a los ojos, esos dos océanos que parecían tan claros en ese momento.
—Tengo hambre, ¿tú no? —La distrajo la voz barítona de sus pensamientos. Le dio un casto beso en los labios, y la tomó de la cintura para alejarla de encima de él.
Lily se sentó sobre sus piernas, y observó a James ponerse de pie. Las molestias cada vez parecían disminuir más. Se veía más fresco después de la siesta y el baño.
—Sí, no he desayunado.
El chico lanzó una mirada al reloj que estaba sobre la cocina, y frunció el ceño.
—Son más de las cinco de la tarde, ¿por qué no tomaste algo? —la reprendió.
—Lo intenté —respondió desde el sillón, mirándolo por encima del respaldo—, pero no tienes nada que comer.
James no respondió. Abrió la heladera y sacó algunas verduras que estaban en el fondo. A continuación, fue un abrir y cerrar de cajones, sacar más cosas de la nevera, y antes de que se diera cuenta, James tenía la estufa encendida y picaba las verduras con maestría. Lily permanecía seria, mirándolo desde el sofá, y recargando la barbilla en el respaldo, sumergida en sus pensamientos.
—Nunca me imaginé que sabías cocinar —admitió.
—Por tu comentario, sospecho que tú no tienes ni idea —respondió James, lanzándole una mirada divertida.
—No es necesario. Mary cocina y cuando ella no está, Petunia sabe preparar algunas cosas.
—¿Mary? —cuestionó, echando las verduras en la cacerola.
—Mary es nuestra ama de llaves.
La risa del chico atravesó el lugar. Lily frunció el ceño notando que se burlaba.
—Eres una consentida —señaló con una sonrisa y los brazos apoyados en la encimera, esperando que terminara la cocción de los alimentos.
—¡No lo soy!
Era la segunda vez que James le decía aquello, y no le había molestado menos. Se levantó del sillón acercándose a la cocina, el chico permaneció en su lugar sin aflojar la sonrisa. Trató de verse amenazante, pero por lo visto no lo estaba logrando.
—Lo eres.
—¿En qué maldita cosa te basas para levantar un juicio con esa seguridad?
James volvió a reír, con su descaro intacto.
—Tú actitud de niña pequeña me hace pensarlo.
La pelirroja ya estaba a su lado, así que se apoyó con la cadera en la encimera, y cruzó los brazos sobre su pecho. El chico no había cambiado de posición, solo que ahora su mirada se había trasladado desde la sala a la cocina.
—¿Niña pequeña? Tenemos la misma edad.—Alzó una ceja.
James soltó una risa.
—¿Tú crees?
La estaba tentando, lo sabía, quería hacerla enojar como parte de uno de sus pasatiempos favoritos. Pero no se dejaría vencer esta vez. Respiró varias veces antes de responder, tratando de calmar su mal carácter.
—¿Qué edad tienes?
—¿Tú que edad tienes? —contraatacó incorporándose la encimera, y girándose a la estufa.
Al quitar la tapa de la cacerola salió una nube de vapor, e inmediatamente Lily captó el delicioso aroma del estofado. La boca se le hizo agua, moría de hambre. Unos movimientos en su estómago le avisaron que debía consumir alimento, sí o sí, pero James lo movió un poco con la cuchara de madera y volvió a poner la tapadera.
—Está casi listo —anunció. Giró sobre sí, y el aura que desprendía el cuerpo del chico la llamó por completo. Sin pensarlo mucho, se acercó a él y colocó una de sus manos sobre la piel de su abdomen, sobre las costillas. El movimiento sorprendió a James, que se sacudió en una reacción involuntaria.
—Entonces, ¿qué edad me dijiste que tenías?
—Diecinueve.
—Yo también —sonrió, sin dejar de mover los dedos sobre la piel de gallina—. ¿Lo ves? Somos de la misma edad.
James bajó la cabeza, y depositó su aliento cálido en la curva del cuello de Lily. Ahora fue tu turno de sacudirse bajo la sensación, era placentero.
—¿Cuándo los cumpliste? —preguntó James, en voz baja y muy cerca de su oído.
—En enero, ¿y tú?
No respondió, pegó los labios a la piel detrás de su oreja, y sacó la lengua humedeciendo el área. Lily sintió el corazón salirse de su sitio, ¿qué era lo que pretendía? Sin aviso, se alejó girando de nuevo a la estufa esta vez apagando la hornilla. El ambiente sensual se terminó, ahora solo estaban las ansias de comer alimentos. De un brinquito, Lily se sentó en uno de los bancos, y esperó pacientemente mientras James servía en dos platos.
—¿Qué haces ahí? —preguntó lanzándole una mirada, mientras sacaba dos cervezas de la nevera que Lily había visto antes—. Pon algo en el televisor.
Lily brincó al suelo, y se dirigió a tomar el control de mando de la mesita ratonera de la sala. Moviendo los botones se encontró con una película conocida que antes ya había visto, "Lolita". Estaba basada en un libro, que no había leído, pero la película era bastante interesante, y lo sería aún más conocer la opinión de James.
Regresó a la cocina para tomar los platos, mientras James llevaba las cervezas. Colocaron todo en la mesa ratonera frente al televisor, y por fin se dispusieron a comer. Lily se sorprendió por el sabor de la comida, no era algo muy elaborado, sino el tipo de alimentos que podría preparar Petunia, pero el hecho de que James lo hiciera, y tuviera buen sabor, era algo que la sorprendía a sobremanera.
Comieron en silencio, viendo la pantalla y tomando sorbos de cerveza. James estaba serio, poniendo especial atención en la película y sin hacer comentarios. Lily comió tan rápido que en solo unos minutos ya había vaciado el plato, mientras el chico todavía tenía más de la mitad. De repente se sintió cansada, los parpados le pesaba, y se recortó en el sillón, descansando descaradamente la cabeza sobre los muslos de James, que ni se inmutó. Pasó los dedos por la fibra del pantalón de deportes, y lo último que recordó ver fue el cuerpo de Charlotte Haze tirado en la acera.
¡Hola, criaturas!
Las extrañé. Esta vez pasó más tiempo del que tenía planeado para subir la actualización, pero siempre la misma historia: no salían las palabras, y al final me decidí por esto. Estuve tan bloqueada las últimas semanas que ni siquiera quise corregirlo, así que seguramente habrá más errores de lo normal, si detectan alguno háganmelo saber.
Como siempre muchas gracias por los ánimos, muchas gracias por leerme, estar aquí y apoyar esta historia. Nos veremos muy pronto. Besos, S.
