Desde pequeño Naruto ha visto todo tipo de miradas, llenas de odio y terror en su mayoría, de burla y desprecio otras muchas, lástima y pena nunca se hicieron esperar, pero fueron pocas las miradas de amor que pudo vislumbrar.

La mirada de su padre y madre en su interior, es de esas miradas que el jamás podrá olvidar, tan puras y llenas de amor que le hacen ser un niño nuevamente, el pequeño huérfano que solitario en la cocina de su pequeño hogar, come con tristeza sin saber el porque no tiene papás.

Hubo un tiempo que las miradas dejaron de importarle, porque no eran buenas o amables, se preocupó en cambio en convertirse en alguien genial, a quién más que mirar, las personas pudiesen admirar, paso a paso soportando pruebas duras y dolor, se formó en un joven ninja respetado, pero a pesar de ello, no había en sus miradas amor.

Entonces la vio a ella, la chica extrañamente tímida con la que hablaba pocas veces, esa bonita de ojos perlas que se desmayaba apenas lo tenía demasiado cerca, de mejillas sonrojadas y mirada gacha, de hermoso cabello azul con estrellas adornándolo, la más valiente que había podido conocer.

Hinata es una mujer sin igual, de ojos grandes y hermosos, una persona que caminó tras de él todo el tiempo, a quién sus ambiciones y deseos de ser reconocido por el mundo no le dejó observar, la chica a la que no pudo notar en todo el camino hasta casi tocar la cima, pero la única que estuvo en cada paso junto a él, dándole soporte y la fuerza para seguir cuándo parecía que iba a caer.

Pudo reconocerla, quizá muchos años más tarde, pero se siente agradecido de haber podido ver la belleza de su amor, de tomar su mano y entregarle su corazón. Ella le dio calma a su dolor, brillo a los colores de la vida y vida a su propio ser, le mostró un nuevo mundo, un nuevo cielo azul.

Ahora él la ve todos los días, siempre dedicándole miradas cómplices, toques furtivos y amor en todas sus versiones, ella a cambio le da aquello que de niño tanto añoró, una mirada llena del más puro y hermoso amor.

Naruto adora verla cada mañana, acariciar sus mejillas y vislumbrar esos ojitos perlas que lo dejan sin aliento, esa mirada que le desnuda el alma, ese brillo de luna que abraza su ser. Se dio cuenta que; no es reconocimiento del mundo lo que deseaba, es amor sincero lo que añoraba su corazón, el amor que solo unas cuantas personas, sus padres y ella le entregaron de corazón.

Hinata es más que su esposa, es el amor de su vida, su alma gemela, su pequeña de ojitos perla.