Un ciego oye la luz y el color toca

—en mí—, cuando al cerrar los ojos lentos

Dejo que solo vivan los momentos

Que nacen del contacto de tu boca.

Un sordo ve la luz y el canto evoca

Cuando, al callar tus últimos acentos,

Vuelven a amanecer mis pensamientos

En una aurora de cristal de roca.

Inmóvil, correría por seguirte,

Y cantaría, mudo, por hablarte,

Y muerto, nacería, por quererte;

Pues en mi vida ya no existe parte

que, sin oídos, no supiera oírte,

y sin labios, besarte y, sin luz, verte...

Y sin alma, ni cuerpo recordarte.

Jaime Torres Bodet.

.

*

*

*

*

*

*

.

―Bienvenido a casa, Eren.

El respondía con un beso, cálido y rápido.

― ¡papá! ¡Papá!

Unas voces infantiles, con notable alegría recibían a su padre.

―Hola, niños.

― ¿sacaste muchas muelas hoy? ¿Inyectaste a muchos niños?

―Es hora de cenar, vayan a lavarse las manos. Dejen que su padre se quite la ropa sucia.

―Sí, mamá.

Ella servía la cena humeante en los platos de porcelana blanca.

Sus hijos comían con avidez, al igual que su padre. Eran tan parecidos que en lugar de dos niños, podría haber tres.

―Estuvo deliciosa, mamá.

―Qué bueno, ahora ve a lavarte y en un momento subo a acostarte.― El niño obedeció y se fue corriendo escaleras arriba.

―La cena estuvo increíble, Mikasa. Has hecho un gran trabajo hoy.―Estrechaba su mano derecha con ternura.

Era una vida perfecta ¿Qué otra cosa podría faltarle cuando tenía un esposo amoroso y dos cariñosos hijos? Nada, aun así…

De pronto el movimiento de los árboles tras la ventana, le parecía interesante. Miraba mucho en aquella dirección.

―Despreocúpate, puede que haya una tormenta hoy, pero esta casa es sólida. Iré a trabajar un poco y después te alcanzo en la recámara.

Caminó hasta la ventana, miró más de cerca, colocó la mano sobre el cristal y sintió que éste era empujado por alguna fuerza.

"Es el viento" pensó.

Dio vuelta y fue al cuarto de sus hijos. Ya estaban acostados, sacando sus pequeñas cabezas a la espera del acostumbrado beso de buenas noches.

―Mami…

― ¿Sí?

― ¿Eres feliz? ― sintió estremecer su cuerpo entero. ¿Qué clase de pregunta era esa?

Los cristales de la habitación de los niños, se agitaban también. "Que viento tan fuerte, quizá en efecto se acerca una tormenta."

―Por supuesto.

― ¿Cómo se sabe eso?

―Demasiadas preguntas. Déjame pensar y te lo diré mañana.― Se acercó a sus camas y besó sus frentes.―Dulces sueños.

Al salir de la habitación, apagó la luz y la luna entró a través de las delgadas cortinas blancas.

Quizá debía ir a la recámara ya, pero no tenía sueño y estaría sola, así que fue hasta la sala de nuevo. Tenía algo en que pensar.

« ¿Cómo saber si soy feliz?»

Se dejó caer sobre el sillón más grande de la estancia.

«Lo soy, tengo una familia que me ama y a la que amo. Soy una madre dedicada a su casa y a los que ama. Nada más podría faltar...»

"Una vida así está bien, pero no para ti. Estás hecha para algo grande, para brillar."

Abrió los ojos y se sentó de golpe. ¿Qué había sido eso? ¿su subconsciente?

Las ventanas comenzaron a agitarse más fuerte, los árboles se arremolinaban con violencia. Así como los pensamientos de Mikasa.

Se esforzaba por saber dónde había escuchado esa voz masculina pero no podía recordar nada.

Quiso recordar su boda y el nacimiento de sus hijos pero tampoco pudo.

Nada que hubiera sucedido ayer podía recordarlo.

¿Qué está pasando?

Un rumor melódico llegó a sus oídos, lejano y débil pero lo suficiente para que ella lo detectara.

Era música clásica. No es que a Eren le desagradara pero si se escuchaba ese tipo de música en casa era porque ella la ponía.

Descartada quedó la posibilidad de que el sonido viniese del despacho.

Los cristales retumbaron de nuevo, con más fuerza.

«Viene de afuera.»

Salir en ese momento era inconcebible, con el viento tan fuerte que había...Era peligroso.

Aun así…ella necesitaba saber.

Puso la mano sobre la perilla de la puerta. El metal estaba sumamente frío, contuvo el aliento y giró. Sabiendo que algo importante pasaría después.

Una fuerza descomunal empujó la puerta y entró por toda la casa. No era viento, era música.

Se sintió envuelta en aquella marea de notas que elevaron sus cabellos y se pasearon por su rostro, entraron en su mente y le hicieron recordar.

"Abre los ojos de una maldita vez"

A su alrededor todo se desmoronaba: nada había sido real, todo era una ilusión de su mente, estaba dormida.

Aquella canción la llamaba a volver, a regresar donde debía estar. Con quien debía estar.

Aquel que había retomado por ella.

Entonces apretó los párpados con fuerza para volver a abrirlos.

Una luz la cegó al instante, sus pestañas aletearon cual mariposas.

Tenía que verlo, tenía que hacerlo.

Pero no había nadie ahí.

No había sido un sueño, estaba segura y sin embargo, lo único que vio fueron paredes blancas, un médico y enfermeras entrando por la única puerta que había en la habitación.

—Increíble, despertó.

*

*

*

*

*

*

.

¡Feliz año Nuevo! Haya cena o no, pásenla de la mejor manera posible.

Hagan el recuento de las cosas: tanto buenas como malas para aprender de los errores y celebrar los triunfos por pequeños que sean.

La canción que tocó Levi fue The maker, sí el soundtrack del cortometraje del mismo nombre. Me gusta mucho pese a lo lugubre que puede llegar a ser. Veanlo y espero les guste.

¡Gracias por leerme una vez más, mis mejores deseos para ustedes y sus familias!