Landline

Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.

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Capítulo 15

A Jasper y Alec, les gustaba que riera.

Siempre y cuando Bella se riera de sus chistes, generalmente no se darían cuenta de que no contribuía a la lluvia de ideas, que sólo escribía las cosas que decían en la pizarra y las subrayaba.

Pero hoy no era un día normal. Jasper seguía mirando a Bella como si estuviera tratando de averiguar qué pasaba...

Bueno, podría seguir intentándolo, nunca iba a acercarse al ¡jodido teléfono mágico! (Aunque Bella se sentía un poco preocupada de que descubriera que no llevaba ropa interior.)

Jasper y Alec, una lluvia de ideas.

Bella, su cerebro hecho un lío.

¿Qué pasa si esto pasaba por una razón? ¿Qué pasa si se suponía que debía arreglar lo que se encontraba mal entre ella y Edward?"¿Qué era lo que se encontraba mal?" No era una pregunta tan fácil de responder.

Podría responderla de manera general:

Mucho.

Mucho se hallaba mal entre ellos, incluso en los días buenos...

(Los días del desayuno en la cama y llegar temprano a casa. Días en los que los ojos de Edward eran brillantes. Cuando las chicas lo hacían sonreír, y él las hacía reír. Días relajados. Mañanas de Navidad. Días de llegar tarde a casa en los que Edward atraparía a Bella en la puerta y la empujaría contra la pared.)

Incluso en los días buenos, Bella sabía que Edward era infeliz.

Y eso era su culpa.

No fue sólo que lo decepcionó, lo pospuso, y continuamente lo dejó esperando…

Era que lo había atado a ella tan fuerte. Porque lo deseaba. Porque era perfecto para Bella, incluso si ella no era perfecta para él. Porque lo quería más de lo que quería que fuera feliz.

Si amaba a Edward, si realmente lo amaba...

¿No debería querer más para él que conmigo, siempre conmigo?

¿Qué pasa si Bella pudiera darle a Edward la oportunidad de empezar de nuevo? ¿Qué haría él?

¿Se uniría al Cuerpo de Paz? ¿Iría de vuelta a Forks? ¿Se casaría con Tanya? ¿Se casaría con alguien incluso mejor que Tanya?

¿Sería feliz?

¿Vendría a casa del trabajo cada noche, sonriendo? ¿Tendría Tanya o alguien mejor que Tanya ya la cena en la mesa?

Se metería Edward en la cama y la atraería cerca de él, quedándose dormido con la nariz en el hueco de su cuello...

Bella había llegado tan lejos como a imaginar a Edward de cucharita con su esposa "más adecuada", cuando imaginó a los niños de ese matrimonio. Luego cerró la puerta a toda su hipotética felicidad.

Si el universo creía que Bella iba a borrar a sus hijas de la línea de tiempo, estaba muy equivocado.

Fue al baño y lloró por unos minutos. (Eso era una cosa buena acerca de ser la única mujer en el personal de escritura; casi siempre tenía el baño para ella.)

Luego pasó la siguiente hora lanzando mentalmente el teléfono de disco amarillo en un pozo profundo y rellenándolo con hormigón.

No iba a tocar esa cosa de nuevo.

En realidad no era un conducto hacia el pasado. No era mágico. No había tal cosa como la magia. (No creo en las hadas. Lo siento, Peter Pan). Pero Bella todavía no iba a correr el riesgo. No era un Señor del Tiempo, no quería un giro en el tiempo. Se sentía rara incluso orando por las cosas, porque no le parecía que debiera pedir a Dios por algo que no era ya parte del plan.

¿Qué pasa si borraba accidentalmente su matrimonio con estas llamadas? ¿Y si borraba a sus hijas? ¿Y si ya había jodido algo, siquiera lo sabría?

Trató de recordarse que todo era una ilusión. Que no tenía que preocuparse de las consecuencias peligrosas, porque las ilusiones no tienen consecuencias.

Eso es lo que trató de recordarse, pero no se hallaba segura de creerlo.

Ilusión.

Engaño. Espejismo.

Jodido teléfono mágico.

— ¿Tacos coreanos de nuevo? —preguntó Jasper.

Bella asintió.

Después de dos meses de pasar el rato en la sala de producción de The Spoon, Bella se encontraba el 53 por ciento segura de que le gustaba a Edward.

La soportaba; eso parecía significar algo. Nunca le pidió que se fuera. (¿Realmente iba a poner eso en la columna de lo positivo? ¿No pedirle que se fuera?)

Hablaba con ella...

Pero sólo si Bella le hablaba primero. Si se sentaba frente a él el tiempo suficiente.

A veces parecía que Edward podría estar coqueteando con ella. Otras veces, ni siquiera podía decir si la escuchaba.

Decidió ponerlo a prueba.

La siguiente vez que Edward bajó a The Spoon, Bella dijo hola, pero se quedó en su escritorio, esperando que él viniera a ella por una vez.

No lo hizo.

Lo intentó de nuevo unos días después. Edward asintió cuando Bella dijo hola, pero no se detuvo o se acercó.

Se dijo a si misma que tomaría la indirecta.

—He notado que pareces estar evitando el agujero del hobbit —observó Jasper.

—No lo estoy evitando —dijo Bella—. Estoy trabajando.

—Oh, cierto —dijo—. Estás trabajando. He notado tu inquebrantable ética de trabajo todas esas noches que te atrincheraste en el agujero del hobbit tan pronto como mostraba la cara.

— ¿Te estás quejando de mi ética de trabajo ahora?

—No me estoy quejando, Bella. Estoy notando.

—Bueno, detente —dijo ella.

— ¿Él lo terminó? ¿Eras demasiado alta para él?

—Somos de la misma altura. En realidad.

—En serio. Eso es adorable. Como el salero y el pimentero.

Bella debió haber parecido un 53 por ciento destrozada porque Jasper lo dejó. Más tarde, cuando trabajaban en su columna, ambos amontonados en frente de la computadora de Bella, Jasper le dio un sólido tirón a su cola de caballo.

—Eres demasiado buena para él.

Lo dijo en voz baja.

Bella no se apartó de su pantalla.

—Probablemente no.

Tiró de su cabello de nuevo.

—Demasiado alta. Demasiado bonita. Y demasiado buena.

Bella tragó.

—No estoy preocupado por ti —dijo Jasper—. Algún día tu príncipe vendrá.

—Y harás tu mejor esfuerzo para asustarlo.

—Me alegro de que ambos entendamos los términos. —Tiró de su cabello.

—Eso duele, sabes.

—Estoy tratando de liberar tu mente del dolor emocional.

—Si lo vuelves a hacer, voy a pegarte.

Inmediatamente tiró de su cola de caballo. Suavemente esta vez. Bella lo dejó pasar.

Jasper siempre tenía que forzarla a ir a fiestas. Una vez que se estaba allí, se encontraba bien. Cuando se hallaba allí, era normalmente genial, si no era el alma de la fiesta, sin duda, era una de sus jugadoras más valiosas. La gente (personas nuevas, extraños) la ponían nerviosa. Y Bella nerviosa era mucho más extrovertida que Bella normal. La Bella nerviosa era prácticamente maníaca.

—Es como si te convirtieras en Robin Williams en 1982 —le dijo Jasper.

—Oh Dios, no digas eso, eso es mortificante.

— ¿Qué? En 1982 Robin Williams era divertidísimo. Todos amaban al Robin Williams de 1982.

—No quiero ser Mork (29) en las fiestas.

—Yo lo hago —dijo Jasper—. Mork mata.

—Los chicos lindos no quieren ir a casa con Mork —gimió Bella.

—Creo que estás mal —dijo—, pero tomo tu punto.

(No había mejorado con los años; Bella aún se ponía nerviosa en las fiestas, lanzamientos y grandes reuniones. Jasper decía que sus carreras se acabarían si ella nunca se daba cuenta de que era increíble y dejaba de enloquecer al respecto.)

No mucho después de que Bella renunció a Edward, Jasper la convenció de ir a la fiesta Halloween de The Spoon. Jasper iba vestido como Steve Martin. Tenía un traje blanco, y había pintado su cabello con aerosol gris, y tenía una flecha de broma en la cabeza.

Bella iba como Labios Calientes Houlihan de M*A*S*H. Lo que sólo quería decir un uniforme, una camiseta verde oliva, y placas de identificación. Además, había alborotado su cabello. Pensó que debía verse bien, porque Jasper parecía distraído por sus pechos.

Tan pronto como estuvieron dentro de la fiesta, fue distraído por los pechos de otra persona. Había un montón de chicas aquí para una fiesta de The Spoon.

Bella agarró una Zima, luego la vertió en una taza para que no pareciera que bebía Zima.

Ya había comenzado a charlar nerviosamente con algún tipo vestido como Maggie Simpson cuando vio a Edward al otro lado de la habitación. Se apoyaba contra una pared entre dos grupos de personas, mirándola.

Cuando Bella no apartó la mirada, levantó un poco su botella de cerveza al pecho y asintió. Ella apretó la taza hasta que se abolló, luego trató de asentir de vuelta. Fue más un espasmo.

Bella volvió su atención al tipo vestido de Maggie Simpson. (¿Por qué un hombre se viste como Maggie Simpson?) Trataba de adivinar quién era ella.

— ¿Esa chica de Tomb Raider? —Bella volvió a mirar a Edward. Tenía la cabeza inclinada hacia un lado. Sin dejar de mirarla.

Sintió que se ruborizaba y miró hacia su bebida.

Tal vez se acercaría. Tal vez Edward finalmente caminaría quince pasos fuera de su camino para saludarla. Bella volvió la vista hacia él, justo cuando miraba otra vez a su cerveza, ni siquiera levantó toda su cabeza para mirarla.

A la mierda.

—Lo siento, ¿podrías... disculparme? Acabo de ver a mí, eh, sólo… mi amigo de allá. Disculpa. —Se alejó de Maggie Simpson y pasó a través de un círculo de baile muy patético para llegar a la pared de Edward. No había mucho espacio entre él y las personas próximas; se deslizó para hacerle sitio.

—Hola —dijo, inclinándose hacia un lado.

Edward se hallaba de espaldas a la pared, y sostenía la cerveza con las dos manos. No levantó la vista.

—Hola, Labios Calientes.

Bella sonrió y rodó los ojos.

— ¿Cómo sabías quién era?

Sus labios se torcieron lo justo para darle hoyuelos.

—Sé sobre tú rara preocupación con las comedias de los 70´s. —Tomó un trago de cerveza—. Estoy sorprendido de que no hayas venido como el detective Wojciehowicz.

—No pude encontrar la corbata exacta —dijo Bella.

Edward casi sonrió.

Echó un vistazo a su ropa. Vestía de manera normal —vaqueros, una camiseta— pero había un patrón blanco plateado arrastrándose por sus mangas y bajo su cuello negro. Debe de haberlo pintado él mismo. Parecía casi cristalino.

— ¿Te rindes? —le preguntó.

Ella asintió.

—La primera helada. —Tomó otro trago.

—Es precioso —dijo Bella. Alguien acababa de subir la música, por lo que dijo de nuevo, más fuerte—. Es precioso.

Edward frunció sus cejas.

—Tengo que admitir que estoy sorprendida de verte aquí —dijo.

—No debes estarlo.

—No te ves como el tipo de las fiestas.

—Odio las fiestas —dijo Edward.

—Yo también —acordó.

Él arqueó una ceja.

—En serio.

—En serio.

—Me di cuenta por la forma en que entraste, y todo el mundo gritó: "¡Bella!" Y soplaste miles de besos al aire, y el estéreo comenzó a tocar "Gettin' Jiggy Wit It"...

—A, estás exagerando, y B, sólo porque soy buena en las fiestas no significa que me gusten.

— ¿Prefieres las cosas en las que no eres buena?

Bella tomó un frustrado trago de Zima y pensó en alejarse.

— Obviamente.

Entonces se oyó una carcajada detrás de ella, y alguien cayó en su espalda, empujándola al hombro de Edward. Sostuvo su copa contra su pecho, para que no se derramara. Edward rápidamente se giró hacia ella, haciendo más espacio en la pared y estabilizándola por un segundo, con la mano en su brazo.

—Lo siento —dijo el hombre detrás de ella.

—No te preocupes —le dijo Bella. Ella y Edward se encontraban más cerca, sus hombros casi tocándose sobre la pared.

Realmente eran casi de la misma altura. Bella medía 1.68; Edward podría ser de 1.71. Tal vez. Era agradable, tener los ojos de un chico justo allí donde podía llegar a ellos. Si él sólo la mirara...

—Entonces —dijo Edward—, viniste con tu no-novio, ¿verdad?

—No es mi novio.

—Cierto. Creo que lo vi entrar. Está vestido como El Idiota.

Bella cerró los ojos por un segundo. Cuando empezó a hablar, su voz era tan tranquila, no sabía si Edward incluso sería capaz de oírla—: A veces pienso que la única razón por la que alguna vez me hablaste en absoluto era porque sabías que eso cabreaba a Jasper.

Su respuesta llegó fría y rápida—: A veces pienso que esa es la única razón por la tú alguna vez me hablaste.

Abrió los ojos.

— ¿Qué?

—Todo el mundo lo sabe. —La barbilla de Edward prácticamente tocaba su pecho, continuaba sin mirarla—. Todo el mundo en The Spoon dice que estás loca por él.

—No todo el mundo —dijo Bella—. Yo nunca he dicho eso.

Edward se encogió de hombros duramente y fue a tomar un trago de su cerveza, pero la botella se hallaba vacía.

Bella se apartó de la pared y dio un paso hacia atrás. Tenía que salir de aquí antes de que comenzara a llorar, pero primero.

— ¿Sabes qué? Es por eso que estás de pie solo en una fiesta. Porque eres un idiota. Eres un idiota con la gente a la que en realidad, inexplicablemente, le gustas. —Retrocedió otro paso. Chocó a algún otro chico.

— ¡Hola, Bella! —gritó el hombre—. ¿Eres el Soldado Benjamin?

—Hola —dijo ella, tratando de pasarlo.

—Bella, espera. —Oyó decir a Edward. Sintió una mano en su muñeca. Firme, pero no apretada, todavía podía apartarse. Edward seguía hablando, pero la música no le permitía oírlo. (Dios, odiaba las fiestas.) Dio un paso más cerca. Se encontraban de pie en medio de una multitud de personas que trataban de decidir si querían bailar. La cabeza de Edward bajó hacia la de ella—. ¡Lo siento! —gritó en su oído. Y luego algo más.

— ¿Qué? —gritó Bella.

Parecía frustrado. Miraron a los ojos del otro por unos segundos —algunos abrumadores segundos (para Bella) — entonces él comenzó a empujar su espalda hacia la pared.

Bella lo siguió. Edward apretó con más fuerza su muñeca.

Pasó a través de la multitud y la llevó por un corto pasillo, deteniéndose frente a la única puerta cerrada. Había un trozo de cinta de precaución extendida sobre ella y un letrero que decía:

¡QUÉDESE FUERA! SI ALGUIEN ENTRA AQUÍ, MI COMPAÑERO DE CUARTO ME ACABARÁ. TENGA MISERICORDIA. —Félix.

Félix trabajaba en The Spoon.

—No podemos entrar ahí —dijo Bella.

—Está bien. —Edward abrió la puerta y entró.

Bella lo siguió.

Se inclinó y encendió una lámpara de pie sin soltar su muñeca. La puerta se cerró detrás de ellos, y el rugido de la música se desvaneció.

Edward se volvió hacia ella y apretó la mandíbula.

—Tienes razón —dijo con su voz normal. Dejó caer su mano y frotó la palma de su mano en sus pantalones vaqueros—. Lo siento. Soy un idiota.

—Jasper estaría de acuerdo contigo en eso.

—No quiero hablar de Jasper nunca más.

—Tú eres el que empezó.

—Lo sé. Lo siento. —Edward tenía una manera de mantener la barbilla hacia abajo y mirar por encima de sus ojos, incluso cuando no se hallaba sentado en la mesa de dibujo—. ¿Podemos volver atrás y empezar de nuevo?

— ¿Cuánto tiempo atrás? —Bella intentó doblar sus brazos, pero seguía con esa estúpida Zima.

—Volver a la pared —dijo—. Volver a ti caminando a través de la sala de estar hacia mí. Diciendo: "Estoy sorprendida de verte aquí".

— ¿Estás diciendo que quieres ir de nuevo a la sala de estar?

—No. Sólo tienes que ir adelante, repitiéndolo.

Bella rodó sus ojos, pero dijo—: Estoy sorprendida de verte aquí.

—No debes estarlo —dijo Edward. Levantó la barbilla y la miró directamente a los ojos. Por segunda vez en cinco minutos. Por segunda vez en su historia—. Estoy aquí porque sabía que estarías aquí. Porque esperaba que lo estuvieras.

Bella sintió como si hubiera una serpiente desenroscándose en la parte posterior de su cuello y a lo largo de sus hombros. Se tambaleó un poco, y su boca se abrió.

—Oh.

Edward miró hacia otro lado, y Bella tomó tres litros de aire.

Él negó con la cabeza.

—Yo... lo siento —dijo—. Quería verte. Pero entonces me enojé. No sabía… has estado ignorándome.

—No —dijo.

—Dejaste de hablar conmigo.

—Pensé que te molestaba.

—No me molestabas —dijo, frente a ella otra vez—. ¿Por qué piensas eso?

—Porque tú nunca vienes a hablar conmigo.

—Nunca tuve que hacerlo. —Edward parecía desconcertado—. Siempre vienes a mí.

—Yo... —Bella terminó su bebida para acabar con la taza.

Edward se la quitó. Dejó la taza y la botella sobre una mesa detrás de él.

—Pensé que te molestaba —dijo—. Pensé que me seguías la corriente.

—Pensé que te cansaste de mí —dijo él.

Se llevó las manos a la frente.

—Tal vez deberíamos dejar de pensar.

Edward resopló y asintió, alisando el cabello en la parte posterior de su cabeza. Ambos estuvieron en silencio durante una docena de latidos torpes; entonces Edward hizo un gesto hacia la cama.

— ¿Quieres sentarte?

—Oh —dijo Bella, mirando a la cama.

Había otra señal:

NO, EN SERIO. ME ACABARÁ. Fuera de aquí, ¿de acuerdo? —Félix.

—No creo que debamos —dijo ella.

—Está bien.

Deberían irse. Violaban la privacidad de alguien. Pero... miró a Edward, con su camiseta negra y su piel pálida. Se encontraba alisando su cabello de nuevo, ridículamente, no tenía ni un centímetro de largo en la parte trasera. Su codo se hallaba en el aire, sus tríceps flexionados.

Bella se deslizó sobre la cama, sentada en el suelo.

Edward miró y asintió.

—Bueno... —murmuró, sentándose a su lado.

Después de unos segundos, ella dio un codazo a su hombro contra el suyo.

—Entonces. ¿Qué me he perdido?

— ¿Cuándo?

—Desde que he estado sentada en mi propio escritorio —dijo—, haciéndome la difícil.

Edward sonrió un poco y miró hacia abajo.

—Oh, ya sabes. Tinta. Conejos hablando. Tortugas cantando. Una ardilla deseando ser una ardilla.

—Tu cómic de la semana pasada fue uno de mis favoritos.

—Gracias.

—Lo puse en mi Caja Fuerte —dijo.

— ¿Qué es eso?

—En realidad es sólo una caja. Yo, eh... no me gusta esa sensación, ya sabes, cuando estás pensando en algo que has leído o escuchado, y piensas que era muy inteligente en su momento, pero ahora no puedes recordarlo. Guardo las cosas de las cuales no quiero perder la pista.

—Debe ser una caja grande.

—No es tan grande como podrías pensar —dijo ella—. Empecé a poner tus cómics allí antes de saber que eras tú.

— ¿Antes?

—Sabes lo que quiero decir.

—Gracias. —Las piernas de Edward se encontraban inclinadas delante de él, y se hallaba recogiendo hilos sueltos sobre sus muslos.

Parecía incómodo. Bella tenía esa sensación de nuevo, de que era la única manteniendo viva la conversación. Tal vez debería callarse y ver si Edward diría algo. No. No más juegos.

— ¿Sería más fácil hablar conmigo si estuvieras sosteniendo una lapicera?

Edward bajó sus cejas, y su cabeza rebotó.

—Huh. Supongo. Lástima que no fumo.

— ¿Qué?

—Oh, ya sabes, algo que hacer con mis manos.

—Oh —dijo Bella.

Y luego, porque quería, extendió la mano y agarró la suya. Apoyó la palma de su mano sobre el dorso de la de él. Cerró los dedos detrás de su pulgar. Edward bajó la mirada hacia sus manos, y luego poco a poco volvió su palma hacia arriba, doblando sus dedos alrededor de los otros. Bella apretó.

La mano mágica de Edward. (Esa era la izquierda, por lo que tal vez no era tan mágica)

La palma amplia, cuadrada de Edward. Los dedos cortos, directos de Edward, más suave de lo que Bella esperó, más lisa que la suya propia.

Edward, Edward, Edward.

—Antes de saber que eras tú. —Él negó con la cabeza—. No hay un antes.

Bella empujó su hombro contra el suyo, y Edward se echó hacia atrás, sin dejar de mirar sus manos.

—Te vi la primera vez que vine a The Spoon —dijo él—. Te encontrabas sentada en el sofá. Y Jasper también, y tú lo mantuviste lejos. Llevabas esa falda, a cuadros azules y verdes, ¿sabes? Y tu cabello era un desastre.

Lo pinchó con el hombro, y él esbozó una sonrisa con hoyuelos de un sólo lado por un segundo antes de sacudirla lejos.

—Parecía como oro, recuerdo haberlo pensado. Tu cabello no era un color humano real. No eres castaña, ¿sabes? Tu cabello no es de color café. No, es de color café mezclado con negro, marrón, naranja o rojo. Desafía el procesamiento de CMYK (30) de cuatro colores. Es metálico.

Edward seguía sacudiendo la cabeza.

—Félix me dijo tu nombre, y no le creí, "Bella Swan", pero empecé a leer todo lo que escribías en The Spoon, y cada vez que venía, ahí te hallabas tú, en el sofá o en tu escritorio, siempre rodeada de media docena de gente o simplemente... de él. Y pensé... —Negó con la cabeza un poco más—. Cuando volviste a presentarte… Bella, no tienes que presentarte. Siempre supe quién eras.

Sacó la mano de Edward de su regazo y se volvió para mirarlo. Y entonces, porque nunca en su vida había podido esperar que alguien la besara primero, presionó su boca en su mejilla. Edward apretó los dientes, y ella sintió la presión en sus labios.

—Bella —susurró. Cerró los ojos e inclino la cabeza hacia ella.

Lo besó en la mejilla desde la nariz a la sien, luego frotó sus labios en la mejilla de nuevo, deseando que sonriera.

Él sostenía su mano con fuerza.

—Bella... —susurró de nuevo.

—Edward... —Lo besó en la mandíbula desde la oreja a la barbilla.

Comenzó a girar su cuerpo hacia ella, un poco, y ella le agarró el hombro para hacer que sucediera más rápido, para que se acercara. Él le agarró la mano por la muñeca, pero aun así dejó que ella lo tirara.

Bella pensó que se besarían a continuación. Trató de encontrar su boca.

Pero Edward seguía frotando su mejilla contra la de ella, y se sentía muy agradable, todas las partes blandas y duras de sus caras capturándose unas a las otras. Pómulos en la frente. Hueso de la mandíbula en la barbilla. La piel de Edward se encontraba enrojecida y caliente. Sus manos se mantenían firmes. Olía a jabón de barra, cerveza y pintura para tela. Dios...

Esto era mejor que un beso.

Esto era...

Bella arqueó el cuello y sintió la barbilla de Edward, y luego la nariz, la frente y entonces empujando hacia abajo de su clavícula. Dejó caer la cara en su cabello corto y cerró los ojos.

Cuando Bella era una niña, esto era lo que había imaginado siempre que había oído la palabra "besar"; dos personas frotando sus caras y sus cuellos juntos, besándose como jirafas. Había tenido un flechazo con el hijo de su niñera, y esto era lo que había fantaseado acerca de hacer con él, frotando su cuello con el de él, enterrando la cara en su cabello estilo Simon Le Bon. (Tenía nueve años, y él tenía quince, y esto, afortunadamente, nunca sucedió.)

Levantó la barbilla de nuevo, y Edward arrastró su cara hasta la de ella, canturreando en su oído.

Sea lo que sea —no besarse, ni arrinconarse— se sentía tan bien que la próxima vez que los labios de Edward estuvieran sobre los suyos, Bella pasaría sobre ellos sin tocarlos, abriéndolos con su mejilla en lugar de con su boca.

Edward canturreó de nuevo.

Bella sonrió.

La puerta del dormitorio se abrió.

— ¿Estás jodidamente bromeando? —dijo alguien—. ¿La gente no puede leer?

La música de la sala de estar golpeó de nuevo en el dormitorio. "You Oughta Know", de Alanis Morissette. Bella levantó la vista hacia la puerta, era Félix de The Spoon. Félix que vivía aquí y escribió notas suplicando. Edward soltó el brazo de Bella, pero ella le agarró la mano. Sostuvo sus dos manos ahora. Rápido.

—Oh —dijo Félix, viéndose un poco estupefacto—. Edward... y Bella. Lo siento, pensé que un imbécil usaba tu habitación. Uh, continúen, supongo.

Félix cerró la puerta y Bella comenzó a reírse.

— ¿Esta es tu habitación?

La cabeza de Edward cayó.

—Sí.

— ¿Por qué no me lo dijiste?

Se encogió de hombros.

—No lo sé. "¿Por qué no vienes a mi habitación?", suena de mala calidad.

—Suena mejor que: "Vamos a hacerlo en la habitación de aquel desconocido". —Extendió los dedos y los empujó a través de los de él, apretando sus manos con fuerza. Luego se inclinó hacia él, su boca primero. Sí, el no besarse era bueno. Pero los labios perfectamente formados de Edward se hallaban ahí, perfectamente simétricos y hermosos, y seguramente los besos serían aún mejores.

—Bella—dijo, volviendo la cabeza hacia otro lado.

Lo besó en la mejilla. Su oído. Los oídos de Edward eran perfectos, también, incluso si sobresalían en la parte superior como los mangos de las ollas. Abrió la boca sobre su oído, y Edward se apoderó de sus manos, usándolas para alejarla.

—Bella—dijo él—. No puedo.

—Puedes —dijo—. En serio.

—No. —Le soltó las manos y la agarró por los hombros, manteniéndola—. Quiero, pero no puedo.

— ¿Quieres?

Edward apretó su mandíbula y cerró los ojos, luego gruñó.

—No puedo. Bella, yo... tengo una novia.

Bella se apartó de él. Como si estuviera en llamas. (Como si él estuviera en llamas, y no fuera su trabajo apagarlo). Sus manos cayeron de sus hombros.

—Oh —dijo ella.

—No es... —Parecía muy enojado. Probablemente enojado consigo mismo. Se lamió los labios—. Quiero decir...

—Está bien —dijo ella, poniendo sus manos en el suelo y se empujó a sí misma a sus pies. Por supuesto que no estaba bien. Nada está bien—. Yo sólo...

Edward también luchaba.

—Bella, deja que te explique.

—No. —Era su turno para mover la cabeza—. No, está bien. Sólo... —Agarró el pomo de la puerta.

—No es lo que piensas —dijo.

Bella se echó a reír. —No. No, no lo es. —Tropezó a través de la puerta y la cerró detrás de ella. Dios, era ruidoso aquí. Eso era...

Dios.

Edward.

Por supuesto que tenía novia. Aunque le gustaba y quería besarla, y cada vez que hablaban, sentía si su cerebro se quemara, pero debía detenerse y razonar porque él tenía una novia.

¿Cómo podría Edward tener una novia? ¿Dónde la guardaba?

En algún lugar donde no sean las oficinas de The Spoon, seguro. Dios, Dios, Dios; no es como si hubiera engañado a Bella. Nunca la había buscado. Siempre fue Bella quién fue a su mesa de dibujo, coqueteando. Edward casi ni la miraba.

Jasper iba a amar esto.

No iba a contárselo a Jasper.

No iba a decírselo a nadie.

Dios, había pensado que le gustaba a Edward. Más de lo que a él le gustaba alguien más, de todos modos. (Incluso dijo que le gustaba. Le dijo que quería darle un beso...). (Aunque al parecer no lo suficiente como para hacerlo realmente).

Nunca debería haber tratado de darle un beso primero.

Nunca debería besar a alguien primero...

Bella siempre besaba primero.

Siempre se enamoraba de la persona que parecía menos interesado en ella. El chico que era tóxicamente arrogante o abrumadoramente tímido. O las dos cosas. El chico en la fiesta que parecía que preferiría estar en cualquier otro lugar.

—Debes tratar de salir con los chicos buenos. —Su amiga Angela solía decírselo en la escuela secundaria—. Son lindos. Creo que les gustarías.

—Aburrido —dijo Bella—. Inútil.

—No inútil; lindo.

Habían tenido esa conversación en la cafetería. Esperaban en la puerta así Bella podría casualmente ponerse detrás de Jacob Black en la fila, que era dos años mayor que ellas, a quién realmente le gustaba No Doubt y las carreras de autos, y que sin duda, la ignoraría.

— ¿Cuál es el punto de conseguir gustarle a un buen chico? —dijo Bella—. Un chico bueno como cualquiera.

—No deberías hacer que a alguien le gustes, Bella. Deberías querer estar con alguien a quién no puedas evitar gustarle.

—Nada bueno es fácil.

—No es cierto —dijo Angela—. Dormir. Tv. Pudín de gelatina instantáneo. — Angela era un torbellino. La echaba de menos.

—No quiero salir con el Pudín de gelatina instantáneo —dijo Bella.

—Yo me casaría con el Pudín de gelatina instantáneo.

Bella rodó sus ojos.

—Quiero salir con Quil.

—Creí que querías salir con Jacob Black.

—Jacob Black es Quil —explicó Bella—. Es el hombre en el comercial de cereal Life que odia todo. Si le gustas a Quil, sabes que eres buena. Si le gustas, eso significa algo.

Terminó besando a Jacob Black una noche después de un partido de fútbol, en una fiesta en el patio trasero de Angela. Él había permitido que lo besara a través de todo su segundo año. Y luego se había ido a la universidad, y Bella había encontrado algunos otros chicos que besar.

Nunca había pensado en besar primero como un problema; Bella tendía a conectar con gente que apreciaba la claridad.

Pero esta noche, en la habitación de Edward, fue un problema.

Había leído a Edward completamente mal: pensó que era un Quil. Pensó que él era el hobbit más gruñón en la Comarca. Pero en realidad, sólo tenía una novia.

Bella lo besó primero. La siguiente persona que besara iba a tener que hacer todo el trabajo. Asumiendo que alguna vez encontrara a alguien que creyera que ella valía la pena.

Quería ir a casa.

Quería llorar todo el camino, pensando en la boca simétrica de Edward y la forma en que su mano alzada hacía una línea perfectamente recta.

Quería encontrar a Jasper.

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29- Personaje interpretado por Robin Williams en la serie Mork & Mindy.

30- El modelo CMYK es un modelo de color sustractivo que se utiliza en la impresión en colores.

Pueden encontrar en el grupo de fb las fotos de los personajes que se mencionan. Se las dejaré ahí. Y ya revelamos un secreto más. Este es uno de mis capítulos favoritos porque es muy tierno y siempre me dará risa cómo Bella se echa hacia atrás cuando Edward le dice la verdad.

Ah, por cierto, la Zima es una bebida alcohólica transparente, como agua.

Gracias por leer y por comentar :)