Harry Potter pertenece a JK Rowling
Tendremos algunos personajes de otros libros, personajes de series de Anime sobre magia y muchos OC.
Capítulo 15: Soñar con fracasar.
Los sueños no suelen ser recordados debido a que cuando los seres humanos están soñando, están en la fase Rem. En este momento, las ondas que emite nuestro cerebro hacen difícil procesar la información, podemos recordar vagamente lo que soñamos, pero no con total exactitud.
La fase Rem significa que es un sueño, donde no recordamos lo que soñamos.
Albus Dumbledore, había decidido matar a Harry Potter, de forma rápida y sin resultar un potencial sospechoso, por no tener a la familia Potter en su círculo interno, Harry había demostrado tener poderes, de los cuales que nadie jamás había llegado a escuchar.
Tenía poderes los cuales eran incomprensibles e inimaginables, para él. Si el mocoso seguía poniéndose en su contra, era improbable poder controlarlo, era improbable poder manipularlo, para que él, combatiera a Voldemort y sus planes, no habían estado llegando a buen puerto, últimamente.
Por eso, debía de deshacerse de él, cuanto antes y, para lograr esto, invitó a varias personas manipulables a él.
Los invitó a su casa, cocinó una deliciosa cena y les puso en frente, copas con bebidas, (más pociones del sueño, que bebidas, en realidad), todos cayeron dormidos, en sus muy cómodos sillones.
—Tumultus Somnium (Invasión del Sueño) —exclamó Albus, antes de beber de un trago su propia poción, cayendo dormido junto a los suyos.
Aquellos reunidos, no era que tuvieran una gran estima por Harry Potter, pero así mismo tenían una gran adoración, hacía Albus Dumbledore y su palabra, era ley para ellos. Si él decía que algo se tenía que hacer de X forma, así se hacía. Por eso mismo, estaban allí: en un largo pasillo de piedra negra, con varias antorchas.
— ¿Dónde estamos, señor? —preguntó Bill Weasley.
—En la mente del señor Potter, señor Weasley —dijo Albus, antes de levantar su varita —Lumus —todos exclamaron el hechizo y avanzaron por el pasillo, el cual se iba volviendo cada vez más y más angosto, hasta que tenían que caminar con la espalda contra la pared y apenas con algo de espacio, finalmente, cuando más de uno sentía que las paredes les destrozarían las cajas torácicas, salieron a un salón inmenso.
— ¿Una mansión? —preguntó Aberforth Dumbledore, confundido. Era la sala de un salón de baile, a su vez era el interior de una mansión, cuyas ventanas estaban rotas.
—Creo que esto es, en parte, un recuerdo de Harry —dijo Albus, sorprendido, la puerta principal se abrió y salieron de allí, solo para llegar al salón principal de un palacio, donde se les presentó un anciano de larga barba, vestido con una túnica verde
— ¿Quién es él? —preguntó Caradoc.
—No deberíais de irrumpir en una mente ajena —dijo el anciano, antes de aplaudir y causar que el salón principal de la casa empezara a temblar y la casa a venirse abajo, Albus corrió, junto a sus seguidores, mientras que el suelo o columnas se derrumbaban, llevando a varios a una muerte seguirá, sus instintos los llamaban, a pasar por el pasillo superior, solo para que este también se callera y varios murieran por la caída, una puerta los llamaba furiosamente, Albus sacó su varita.
— ¡Aberto! —exclamó Albus, pero nada pasó, todo temblaba— ¡Ábrete, sésamo! —el suelo se iba transfigurando en raras espinas y más y más aliados, eran empalados y se desvanecían, significando que iban despertando.
Sturgis Podmore, empujó a Albus y apuntó a la puerta— ¡PORTABERTO MAXIMUS! —gritó, la puerta se abrió y una veintena de personas salieron por ella, antes de tropezarse con las húmedas baldosas de las escaleras y golpearse, algunos se desvanecieron, símbolo inequívoco de que estaban despertando. Un rayo retumbó en los cielos, los que aún estaban allí, se levantaron, era alguna especie de vecindario, con edificios o simples mercados, al aire libre, los cielos liberaban un torrente de lluvia, como nunca antes se había visto y allí, ante ellos, estaban Harry Potter, el anciano aquel de túnica verde y un joven de cabello negro y túnica negra.
—Se acabó, Harry, basta de este patético juego —dijo Albus.
—Fuiste tú, quien entró en mi mente, Albus —dijo Harry, sentado en una silla muy cómoda —Yo solo estaba soñando, cuando ¡bum!, soy arrastrado a mi área de protección legeremántica —dijo Harry —Estás invadiendo mi mente, ahora... sal. Cierren sus ojos caballeros y vuelvan al mundo real.
—Harry, debes comprender, que no es seguro estar con los Potter —dijo Albus con su tono de abuelo —Debes volver con los Dursley, las barreras...
—La casa fue quemada hasta los cimientos, junto con sus habitantes —dijo Harry, sorprendiendo a más de uno, quienes no sabían eso, pero especialmente a Albus, pues creyó que era un caso aislado de Magia Accidental —Lo sé todo, Albus. Sé lo que pasó. Estoy con mi familia y no hay mejores protecciones, que los escudos rúnicos, alrededor de cada mansión perteneciente a la familia Potter o a los Black —se permitió sonreír —Un par de casas de verano están bajo protecciones rúnicas.
—Vendrás conmigo, chico —dijo Albus, cansándose de ese juego y vigilando a los otros dos sujetos junto a Harry.
En el mundo real, un cuerpo creado por parte de Zeref, con Magia de Vida, había irrumpido en la casa Dumbledore y ahora, le estaba sustrayendo la varita de Saúco a Albus, antes de usar Shunshin no Mahō y volver a la casa del Valle de Godric, donde transfiguró la varita, para hacerla ver como una de madera roja y colocándola en la mano de Harry.
—No iré a ningún lado, Albus —dijo Harry.
El cielo se volvió aún más oscuro y una parvada de Augurey, decoró el cielo tormentoso, antes de arrojarse contra los magos, los cuales comenzaron a lanzar hechizos Diffindo, cortando a las aves.
Al mismo tiempo, Merlín entró en la mente de Albus y comenzó a arrebatarle ciertos recuerdos valiosos, para luego permitirse sonreír y alzar su varita contra los magos ante él — ¡Diffindo Máxima! —una hoja negra, surgió de la varita de Merlín y fue contra los Magos.
— ¡Protego Maxima! —exclamaron Carl Fleg, Gustav Morse y Thomas Vincent, solo para que el hechizo de Merlín adquiriera más magia, solo con que el mago moviera de forma circular su varita y los tres fueran cortados, haciéndolos desaparecer del espacio mental de Harry.
— ¡Expelliarmus/Confringo! —exclamaron Harry y Zeref, uno con varita y otro señalando con el dedo a sus enemigos. Algunas varitas salieron volaron de las manos de unos y por el otro, las esferas explosivas, hicieron explotar las varitas o incluso las manos de otros.
— ¡Bōru-ban Dan! (Bala Perforadora) —exclamó Zeref, con el dedo índice hacía el frente y el pulgar levantado, imitando una pistola, varios rayos morados surgieron desde el dedo índice de Zeref, según iba señalando a uno u otro enemigo, haciendo que las balas destrozaran varitas o atravesaran los pechos de sus enemigos, principalmente de aquellos, que ya habían sido desarmados. Le dejaría a Harry, el uso de la Maldición, mientras que él, usaría otra clase de artes.
— ¡Expelliarmus Duo! —exclamaron Bill Weasley y Marlene McKinnon, logrando desarmar a Merlín, el cual les dedicó una sonrisa.
— ¡Reducto! —exclamó Merlín, con los brazos abiertos, antes de explotarle la cabeza a Marlene, haciendo gritar a Bill del horror, quien no podía creerlo, el anciano se puso ante Bill y le dio un golpe en la mejilla, antes de apuntarle con un dedo— ¡Desmaius!
— ¡Gubraith! —exclamó Albus enfadado, atacando a Harry de frente.
— ¡Partis Temporus! —exclamó Harry, causando que el hechizo de fuego se abriera en dos, tanto para él, como para Zeref y Merlín, sin herirlos, dejando a Albus asombrado.
— ¡Harry, ya acaba con esta estúpida excusa de guerra! —gritó un furioso Zeref.
—Vamos ganando, Zeref, pero bueno... —gruñó Harry, algunos comenzaron a ponerse de pie o a despertar, por los ataques enemigos, menos poderosos, Harry entrelazó sus manos, como si estuviera rezando, formando entre ellas una luz verde— ¡Basilisk Law! —Albus se apresuró a apuñalarse una pierna, logrando despertar.
Pero los restantes presentes...
Todos ellos estaban muertos.
Escuchó la puerta cerrarse y notó que no tenía la Varita de Sauco en su mano derecha, asustado, revisó la mesa y luego, corrió hacía la calle, pero no había nada, ni nadie.
