.

El Cambiazo

Para Mei por su Cumpleaños


XVI

Koushi siguió a Reon y Eita de regreso a Shiratorizawa. Se juntaron con Kenjirou y el tal Tsutomou a jugar cartas, en el comedor de la escuela. El ambiente que hasta entonces había sido muy acogedor con Koushi, se transformó en algo inesperadamente competitivo y hostil. Eita desenfundó un mazo de cartas como quien desenfunda un arma, y Reon que algo sabía de malabarismo, dejó mudo a Koushi por la eficacia con la que revolvía las cartas. Intimidado a la par que sorprendido, Koushi examinaba la hora en el iPhone de Satori cada dos por tres, hasta que llamó Satori, ¡al fin!. Koushi se levantó de su asiento, agradecido.

—Es su turno —le recordó Kenjirou.

—No voy —y se fue sin más. Kenjirou, quien llevaba una racha casi absoluta de derrotas, pensaba que, fuese quien fuese aquel sujeto en el cuerpo de Satori, era mucho peor que el propio Satori. Koushi bastante más apartado, contestó a Satori—. Hola, ¿ya estás cerca?

—Sí, muy cerca. Dónde te encuentras.

—En la cafetería. Jugamos cartas.

—¿Vas ganando?

—No voy perdiendo, que es bastante decir…

—¿Le has ganado a Kenjirou?

—Sí.

—Eso no es bueno, no…

—No me asusta Kenjirou. El problema es Reon-san. ¿Acaso cuenta cartas? No, no es eso. Debe ser la manera en como las revuelve. Tiene todo el juego controlado y desde antes que inicie la partida ya sabe qué carta a tocado a cada uno.

—Sí, sí. Buenos instintos tienes, Koushi-kun, buen olfato también. Siempre cuídate de Reon-kun, que algún sistema se ha guardado. Todos en Shiratorizawa son amables hasta que les entregas un mazo de naipes, y los peores son siempre los más amables, y por eso es que Kenjirou nunca gana. Pásame a Eita-kun un momento, que quiero decirle una cosa.

Koushi regresó y miró sus cartas. En realidad, sí que pudo haberse bajado. Le pasó el teléfono a Eita. Eita primero jugó (para irritación de Kenjirou) y luego se retiró unas mesas más allá. Le preguntó a Satori qué ocurría.

—¡Semi-Semi-chan! ¿Acaso no me has extrañado?

Eita se mostró confundido al principio al no reconocer la voz. No sabía por qué había esperado hallarse con la voz de Satori, y el Guess Monster, instruyendo el motivo de su silencio, se carcajeó.

—Solo dime de qué se trata, Satori.

—Estoy aquí en la puerta, pero ya sabes que no nos dejarán entrar a menos que entremos contigo. Por favor ven a buscarnos. Que mi otro yo no se entere de nada. No te puedo explicar más.

—Oye, pero cómo sabré quién eres.

—Eita, no seas bobo. Seremos los únicos con un uniforme distinto al Shiratorizawa. Ven rápido que corre viento y hace mucho frío.

Eita regresó el iPhone a Koushi y se despidió con la vaga excusa de «hacer algo». Así de original podía ser Eita. Solo Reon, que conocía tanto de cartas como de Eita y como de Satori, comprendió que un evento de gran importancia se cocinaba detrás de ese «algo», pero en lugar de comentar, prefirió mostrar sus cartas y bajarse, para el real y absoluto disgusto máximo de Kenjirou.

Eita se subió la capucha de la sudadera esperando encontrarse con chicos con el uniforme de Aobajousai. Con Iwaizumi y compañía, o en una de esas, con Akaashi que venía a ver a Kenjirou. Todo era posible en el día del cambiazo, sin embargo, se encontró con tres sujetos con el gakuran negro, y otro tipo con ropas normales, y no se podía acordar de ninguno de ellos.

—Esperen un minuto… ya sé, ¿los Karasuno?

—¡Semi-Semi-chan!

Satori corrió hasta Eita, contoneando el cuerpo de Koushi al puro estilo de Satori: un espectáculo rarísimo.

—¿Satori? ¿Eres tú realmente? —y se rió—, debe de haberte costado un montón adaptarte a un cuerpo mucho más bajo que el tuyo.

—¡Qué hábil eres Semi-Semi-chan!

—Deja de llamarme así. ¿De qué se trata todo esto? ¿Qué planeas ahora? ¿Ustedes están en consentimiento o este tarado los engañó con alguna treta?

—¡Eita-kun! ¡Es una misión muy importante! No puedo explicártela, pero es de la máxima importancia. Este chico que está aquí —señaló a Tetsurou— ha viajado desde Tokio para verme, a mi otro yo, ¿entiendes? Y mi otro yo, Koushi-kun, no sabe nada. ¡Será una sorpresa maravillosa!

—Le acabas de explicar toda la misión —señaló Asahi, instado en gran medida por su Tsukki-conciencia. Eita observó al cuerpo de Koushi con expresión de reproche.

—Te has aprovechado de que no te conocen para hacer tus locuras. Este tipo es así —explicó a Asahi, a quien asumió como el líder natural del grupo de cuervos—, siempre quiere arrastrarnos a las empresas más descabelladas, pero Satori, entiende que la vida no es un manga.

—¡No insultes la inteligencia de mis nuevos compañeros! —le criticó Satori. Eita rodó los ojos. No tenía nada más que decir, así que los invitó a que los siguiera. Daichi y Tetsurou caminaban muy juntos entre sí, como atemorizados de adentrarse en aquel nido de águilas. Eita miraba a Satori en el cuerpo de Koushi y creía comprender la situación. ¿Un chico había viajado kilómetros solo para ver a otro? Eso tenía que ser amor. Satori estaba luchando nuevamente por una causa ajena porque era incapaz luchar por las suyas propias.

—¿Por qué me ves así, Eita? ¿Estás asombrado de verme en este cuerpo, cierto? ¿Precisamente en el body de este chico que se parece tanto a ti? Ahora tú y yo podríamos decir que somos gemelos, ¡como los gemelos Atsumu!

—Son los gemelos Miya. Y tú y yo no nos parecemos en nada.

Eita también pensaba que la sorpresa no sería tan maravillosa, y odiaba verse cómplice de aquella situación, pero bueno… de seguro que Satori necesitaba luchar por aquella causa.

A su mente recurrían sin cesar imágenes de Wakatoshi, quien se encontraba en esos momentos entrenando sus servicios. Uno tras otros, imaginaba los balones chocando con la lata de gimnasio, del todo incapaz de comprender qué significaba que Satori, su mejor amigo, lo hubiese abandonado por una persona ajena a ellos.

Sí, claro. Satori necesitaba luchar por aquella causa.