Saijo tomó al niño inconsciente en sus brazos, y comenzó a alejarse de Artemys. Todas las paredes comenzaron a descascararse, y los pedazos que caían humeaban y se achicharraban.
Desde la gran mancha negra en la pared, se extendieron un brazo y una pierna, acompañado de un sonido de respiro muy parecido al de Darth Vader. Saijo estaba aterrado, lo cual era extraño, pero él sabía bien por qué.
Saijo, al mirarse hacia abajo, observó que su ropa comenzaba a ponerse rara, como si se estuviese rompiendo muy de a poco, pero lo que más le preocupó fue ver cómo los pelos de su brazo comenzaban a quemarse, como si estuviese al lado de una caldera a alta temperatura.
Artemys se veía muy angustiada, con la mirada perdida en el suelo, y comenzaba a hiperventilarse.
- ¡Detén tu Stand! – gritó Saijo, comenzando a retroceder un poco.
- N-No puedo, y no quiero. No retrocedí ante el peligro aquella noche, y no voy a retroceder ahora. Voy a cumplir mi misión a toda costa. – dijo ella.
Finalmente, el Stand salió completamente de la pared, pero algo en su apariencia aterró aún más a Saijo: parecía que los colores que tenía eran los opuestos a los colores de Last Resort.
- Aquella noche – comenzó a decir Artemys, avanzando – ambos despertamos nuestros Stands. El tuyo nació por tu desesperada intención de salvarme, de hacer el bien, pero el mío nació del odio y el rencor de tu traición y tus mentiras. Decidí llamarlo... Toxicity .
Él comenzó a retroceder, hasta que finalmente Toxiciy se percató de esto, y comenzó a correr hacia Saijo.
- ¡ATRÁPALO! – gritó Artemys.
Toxicity comenzó a perseguir ferozmente a Saijo. Él, con el niño en brazos, salió corriendo hacia el pasillo, y escapó hacia la habitación del fondo de la casa, a unos 6 metros de donde estaban.
Estando en un rincón de la habitación, Saijo tomó un respiro, y notó que no se oían más pisadas, indicando que tal vez había ganado un poco de tiempo hasta que los encontraran: el tiempo necesario para poder recuperar sus energías y pelear.
De repente, oyó un chisporroteo al costado de su cabeza, y vio como unos dedos negros goteantes se aproximaban a su rostro. Al mirar hacia arriba, vio aquellos ojos verdes acompañados del sonido de respiración de antes.
- Kuhh... – murmuraba Toxicity.
Rápidamente, Toxicity golpeó hacia abajo, arrasando con gran parte de la pared, y casi golpeando a Saijo, que logró esquivarlo justo a tiempo. Nuevamente se encontró frente a frente con el Stand enemigo, mientras que Artemys ingresaba por la puerta.
- ¿Realmente vale la pena arriesgar tu vida por una persona que está obstruyendo planes ajenos? No tienes idea de nada. Estás protegiendo a alguien que eventualmente se volverá un peligro. – dijo ella.
- Es solamente un niño, Artemys. – dijo Saijo.
- Amanda también lo es, y tú mismo viste el poder descomunal que tiene. Es cuestión de tiempo hasta que aprenda a usarlo para su propio beneficio. – dijo Artemys.
- Iba a preguntarte cómo era que sabías tanto sobre el agua roja, los Stands y sobre tantas otras cosas, pero veo que con lo de Amanda me respondiste todo. Trabajas para la organización de Brando, ¿verdad? – dijo Saijo, mirándola con seriedad.
Artemys no respondió, y miró al suelo con cierta decepción.
- Ellos me enseñaron a controlar mis poderes, y a usarlos con un buen fin. Debes entender que los planes de Brando son con un buen fin.
- ¿Cuál plan? ¿El de erradicar a todas las personas del mundo que no poseen Stand? ¿El de comenzar un Segundo Holocausto? – preguntó Saijo.
- Debemos estar todos del mismo lado, de lo contrario... estás con la minoría. – dijo Artemys.
Ella levantó su mano, y señaló con su dedo al niño.
- Toxicity, quiero que desintegres cada célula de ese niño. Yo me encargaré de quemar esta casa. – dijo la chica, tomando un fósforo.
- ¡ARTEMYS DETÉN TODO ESTO! – gritó Saijo con mucha furia.
La joven se estaba retirando lentamente con una sonrisa, mientras que Toxicity se abalanzó contra Saijo. En ese mismo momento, Saijo volteó dándole la espalda al Stand, ocultando al niño.
Cuando estaba a punto de ser golpeado por Toxicity...
- ¡LAST RESORT! – gritó Saijo.
El Stand del joven se interpuso entre él y el enemigo, tomando a Toxicity del cuello y elevándolo mientras lo ahorcaba. Al mismo tiempo, Artemys comenzó a asfixiarse al igual que su Stand.
Saijo estaba completamente enfocado en asesinar al Stand enemigo, pero luego vio cómo la chica estaba muriendo también, por lo que rápidamente su éxtasis asesino rebajó muchísimo.
- Last Resort, haz que pierda la consciencia. – susurró Saijo.
El Stand de Saijo emitió una luz sobre el cuello de Toxicity, y acto seguido el Stand enemigo se desvaneció, volviendo al cuerpo de Artemys, la cual estaba inconsciente sobre el suelo. Saijo se acercó a ella, aun teniendo al niño dormido en sus brazos.
Repentinamente, sintió un dolor punzante en su mano, y vio que tenía toda su palma completamente quemada e irritada, como si la hubiese sumergido unos segundos en agua hirviendo.
- Parece que Toxicity está recubierto de una sustancia corrosiva, y cuando lo tomé del cuello con Last Resort me quemó la mano. – pensó Saijo.
Saijo ahora corría con una gran desventaja: sus poderes ahora estaban reducidos, debido a que para activar su poder sobre las cosas debía golpearlas con sus manos, o crear burbujas desde ellas. Ahora solamente contaba con la mitad de su capacidad.
El joven se aseguró de que Artemys estuviera completamente inconsciente, y luego escapó junto con el niño hacia la calle, mientras que la joven se quedó en la casa dormida.
Saijo, en su auto, llevó al niño al hospital para que sea revisado, dejándolo a su suerte, ya que el chico había perdido a sus padres. Ahora mismo, Saijo estaba más enfocado en otra cosa: descubrir todo acerca de Artemys.
Ya en el camino de regreso, observó que había una gran columna de humo asomándose por encima de las casas de la zona. Mientras iba conduciendo, y al doblar la esquina, Saijo observó que la casa en la que había dejado inconsciente a Artemys estaba completamente incendiada, lo que claramente indicaba que ella se había despertado.
- Es imposible. El efecto de Last Resort debería haber durado un mínimo de 30 minutos, pero el tiempo que transcurrió fue solamente de 15 minutos.
De repente, en el medio de la calle, apareció parada Artemys, con la mirada clavada en Saijo, quien se estaba dirigiendo directamente hacia ella sobre su auto. Había una gran tensión en sus ojos, lo que a Saijo no le auguraba nada bueno.
La chica levantó su brazo, apuntando al cielo, y desde su cuerpo comenzó a emerger Toxicity. Saijo comenzó a acelerar aun más rápido, esperando que la joven se apartara del camino, pero no parecía que la chica tuviese esa decisión tomada.
Estando ya a unos 10 metros, Artemys latigó su brazo con fuerza hacia abajo, y su Stand hizo el mismo movimiento en simultáneo, liberando una gran onda corrosiva en línea recta, que partió el auto de Saijo por la mitad. A cada lado de la chica, pasó una de las partes del coche, logrando evitar el choque sin siquiera haberse movido del lugar.
La mitad en la que se encontraba Saijo siguió de largo hasta chocarse contra un coche que estaba estacionado, y el joven logró salir de allí con mucha dificultad, pero ileso.
Estando sobre el suelo y tratando de reponerse, Saijo levantó la vista hacia Artemys.
- Supongo que esta es la parte en la que nos volvemos enemigos. – dijo Saijo.
- Siempre te dejo la chance para que estés de mi lado, Saijo. – dijo Artemys.
Ella se acercó un poco a Saijo, que aun estaba en el suelo, y se arrodilló para hablarle más de cerca.
- La realidad es que estoy cazando a aquellos exmiembros de la Organización que venden el agua roja. Es un peligro que los usuarios de Stand estén apareciendo de forma desenfrenada sin nadie que los controle. – dijo ella.
- Brando teme que se forme una resistencia en su contra, ¿verdad? – preguntó Saijo de forma burlona.
- Bingo. Tú y tu grupo son la principal amenaza, Saijo, pero tú y Amanda son aquellos por los que Brando tiene interés en este momento. – dijo Artemys.
- Así que esperas que ella y yo nos entreguemos a ustedes para que todo sea más fácil, ¿o no?
- Ella es necesaria para cumplir el gran objetivo de Brando, y tú eres de los usuarios más poderosos que él jamás enfrentó, y por eso te necesita de su lado. Es absurdo formar una resistencia cuando en cada nación hay una gran parte del ejército de Brando, esperando órdenes para actuar.
Saijo se levantó, y se limpió la sangre de su boca.
- Hasta que el último de ustedes no caiga, yo no dejaré de pelear.
Artemys observó en silencio, mirando a Saijo con cierta admiración.
- Además, le prometí a Brando que en nuestro próximo encuentro lo vencería, y yo no rompo mis promesas. – dijo Saijo, apretando su puño sano, y comenzando a emitir un aura platinada.
- Tienes solamente la mitad de tu poder, Saijo. No quiero matarte, pero lo haré si debo. – dijo Artemys.
- ¿Me ves retrocediendo? – preguntó Saijo.
Saijo mostró el brazo de su Stand por detrás de él, mientras que Toxicity se puso en pose de combate. Se pusieron frente a frente, esperando que el otro haga el primer movimiento en falso.
Finalmente, él fue quien hizo el primer movimiento girando su pie, a lo que rápidamente Toxicity lanzó un zarpazo que rasgó la campera de Saijo. A los pocos segundos de haberla roto, el ácido residual de las manos de Toxicity comenzó a carcomer un poco más alrededor de la zona del impacto.
Last Resort salió disparado por detrás de Saijo, y tomó una vara de metal, y rápidamente la clavó en Toxicity. El ataque pareció hacerlo retroceder un poco, pero en cuestión de segundos la vara comenzó a carcomerse por el ácido de Toxicity.
- Golpeas duro, pero vas a necesitar más. – dijo Artemys.
- No tenía la intención de atravesarte de lado a lado con eso. – dijo Saijo.
De repente, todo el líquido corrosivo que recubría a Toxicity comenzó a perder fluidez, como si se estuviera dejando de secretar. El Stand enemigo comenzó a mirar sus manos con miedo y a hiperventilarse.
- ¿¡Qué hiciste!? – preguntó Artemys con desconcierto.
- Tu Stand, es capaz de disolver la carne humana rápidamente tal como lo hiciste con mi mano. A juzgar por la velocidad con la que el ácido actuó, supuse que tu Toxicity utilizaba Hidróxido de Sodio , así que, para neutralizarlo utilicé Ácido Nítrico , el cual se está fabricando dentro de la vara de metal que le clavé a Toxicity. Piénsalo como si fuese una gran jeringa que está anulando tu poder. – explicó Saijo.
Artemys se sintió acorralada, y dio un paso atrás mientras miraba cómo su Stand estaba igual de desesperado que ella. Saijo, por su lado, elevó su puño derecho -el cual tenía sano, mientras que su mano izquierda estaba quemada- mientras Last Resort hacía mímica repitiendo el mismo movimiento.
- Y ahora que tu escudo bajó... ¡Last Resort! – exclamó Saijo.
Last Resort arremetió contra Toxicity con su puño derecho, y le dio una ráfaga de patadas aprovechando que ahora no podía ser dañado por su armadura ácida.
- ¡KUUUHH! – gritó Toxicity lanzando una patada giratoria para contraatacar.
- ¡MUDAAAA! – gritó Last Resort.
Rápidamente Last Resort bloqueó la patada con un puñetazo hacia abajo, y luego lanzó un rodillazo que golpeó el mentón de Toxicity, derribándolo. A todo esto, Artemys se encontraba tambaleando por todo el daño que su Stand estaba recibiendo.
Mirando a la nada, ella escupió sangre, y se miró fijo junto a Saijo.
- Me siento sucio por la capacidad de mi poder, pero ciertamente tu Toxicity no parece tener debilidades. Corroe todo objeto que le impacta, es resistente, es inmune a ataques físicos. Tu Stand fue hecho para destruirlo todo. – dijo Saijo.
Last Resort se posicionó frente a Toxicity, preparando un golpe en caso de algún movimiento repentino del enemigo.
- Tu Stand es el inverso del mío. – agregó Saijo.
- Sus propósitos siempre han sido diferentes. – dijo Artemys.
- Puedes cambiar ese propósito. – dijo Saijo – Puedes ayudarnos a vencer a Brando de una vez por todas.
- ¿Por qué quieres vencerlo? ¿Por qué se siguen resis... resistien- - do? – dijo Artemys, entrecortada por el dolor.
- Están proponiendo un genocidio del cual no pienso formar parte, ni del lado de los ejecutores ni de los perseguidos. – dijo Saijo firmemente.
- ¿No ves lo que ocurrirá? Si nosotros no ponemos a raya a la humanidad, llegará el día en el que se sabrá la verdad. El día en el que el mundo enteró sabrá acerca de los Stands, ¿y sabes qué pasará?
Artemys comenzó a reponerse lentamente, con ira y temblorosa.
- El ser humano le teme a lo desconocido, Saijo. Le teme a lo que no puede controlar. Cuando sepan que entre ellos hay personas con capacidades increíbles, tales como controlar el tiempo, cambiar la realidad, cosas sacadas de un cuento de ciencia ficción, ¿cómo crees que reaccionará la humanidad? – dijo Artemys.
- No me vas a dar tu discurso racial. – dijo Saijo.
- Ellos comenzarán a perseguirnos a nosotros. Ellos matarán a hombres, mujeres, y niños sin temor alguno, porque ellos saben la magnitud de la amenaza. Seremos los débiles, porque tarde o temprano encontrarán la forma de anular nuestros poderes, y estaremos a merced de ellos. – seguía diciendo Artemys.
Toxicity comenzó a levantarse.
- Ellos no tendrán escrúpulos al momento de ponerle un arma en la cabeza a tus hijos, Saijo. Es por eso que ellos ganarán. Tu tienes miedo de matar, pero no entiendes que es la única manera de eliminar la amenaza. Tú quieres hacer las cosas bien, pero yo no tengo tiempo de hacer las cosas bien.
De repente, Toxicity comenzó a emanar un aura verde, a lo que le siguió un gran destello de luz en forma de explosión, la cual generó una gran cantidad de calor. Saijo retrocedió rápidamente, y Last Resort lo cubrió con la puerta de un coche que estaba cerca de ellos, evitando la radiación.
Todo en un radio de 10 metros alrededor de Toxicity comenzó a arder. La piel de las personas que pasaban por allí se irritó en cuestión de segundos, hasta el punto de comenzar a arder como si tuviesen fuego encima.
La brea de la calle empezó a burbujear por las salpicaduras de ácido, y las pisadas de Toxicity dejaban huellas hundidas en el asfalto.
- Tenías razón, Saijo. Mi Toxicity no tiene debilidades, pero ahora voy a demostrarte que yo tampoco tengo debilidad alguna. – dijo Artemys.
La joven comenzó a escapar, corriendo por las paredes de los edificios. Al parecer el mismo ácido le daba cierta adhesión con las superficies verticales, lo que le permitía caminar libremente por cualquier superficie.
Saijo se levantó despacio, y observó toda la destrucción a su alrededor. Vio las personas asesinadas por Toxicity, los edificios quemados, y todo el ácido salpicado en cada superficie.
- ¿A dónde se dirigirá? ¿Qué quiso decir con "demostrarme que no tiene debilidades"? – pensaba Saijo.
El joven tomó un coche que estaba medianamente en condiciones, y se dirigió en la misma dirección en la que la chica se había escapado.
Condujo por al menos 5 minutos, hasta que finalmente el tráfico no lo dejaba avanzar. Para su mala fortuna, estaba atascado en el centro de la ciudad debido a un embotellamiento. Tanto tumulto de gente le iba a imposibilitar encontrarla.
De repente, comenzó a observar que todos los conductores comenzaban a bajar de sus vehículos, para luego mirar hacia arriba como hipnotizados. Al bajarse del coche, Saijo miró lo que todos estaban mirando con tanto temor.
Frente a él había un edificio corporativo, de una gran altura, en cuya cima estaba Artemys, como a punto de lanzarse desde el borde.
- ¡Alguien que detenga a esa suicida, por dios! – exclamó uno de las personas en el lugar.
Saijo la observó, pero él sabía bien que ella estaba planeando algo más que lanzarse al vacío para quitarse la vida.
Finalmente, la chica levantó la mano en lo alto, y nuevamente emitió una gran onda ácida, que parecía expandirse en forma de esfera alrededor de ella.
- La toxicidad de nuestra ciudad. – dijo Artemys, en voz baja.
Desde las personas de la calle, comenzó a emitirse una gran nube verde oscura, la cual iba subiendo hacia el techo del edificio, en donde estaba Artemys. Cuando la nube se terminó de formar, Toxicity la absorbió con sus manos, y comenzó a retorcerse, como si hubiese recibido una gran descarga de poder y estuviera tratando de contenerlo.
- ¿Qué está planeando? – pensó Saijo.
- Mi Toxicity fue forjado a partir de todo mi odio, por lo que puede nutrir sus poderes del odio ajeno. Si hay algo más tóxico que cualquier ácido o gas nocivo, es el odio. – pensaba Artemys.
La chica miró hacia abajo, tratando de hacer un recuento de la cantidad de pisos que tenía el edificio.
- Hora de tirar abajo este lugar. – dijo ella.
Toxicity posó sus manos en el suelo, y comenzó a descargar toda esa energía que había absorbido de la nube.
Desde abajo del edificio, comenzaron a oírse crujidos estructurales y temblores. Saijo se alertó.
- No puede ser, ¿acaso está—
El edificio comenzó aumentar su temperatura interna, y las miles de personas que estaban dentro comenzaron a alarmarse por el calor repentino. Pensaban que fallaba el aire acondicionado, pero realmente no tenían idea de lo que estaba por ocurrirles.
Sumado a esto, Toxicity había logrado intervenir en el sistema de ventilación, por lo que las personas comenzaron a respirar el ácido gaseoso que el Stand de Artemys estaba liberando.
Saijo comenzó a correr en dirección a la puerta del edificio, pasando entre todo el embotellamiento, saltando de auto en auto.
- Mi Last Resort está en su límite. Si salvo a todas estas personas, no me quedarán energías para volver a confrontar a Artemys luego. – pensaba Saijo mientras corría.
En ese momento, Saijo recordó todo lo que Artemys le había dicho acerca de tomar decisiones, o de priorizar las cosas importantes por sobre la vida de las personas en ocasiones como estas. Él sabía que, si era derrotado por salvar a todas estas personas, su equipo quedaría muy vulnerable. Él sabía la importancia de su poder para las peleas, y su ausencia haría que la victoria fuese casi imposible de conseguir.
Por dentro del edificio, las paredes y los suelos comenzaron a arder y a chorrear ácido, causando que algunas personas salieran lastimadas y entraran en pánico. Toda la infraestructura de la obra estaba comenzando a desestabilizarse, debido a que el ácido era demasiado potente esta vez.
Saijo, mientras corría, miró su puño iluminándose una vez mas por el poder de Last Resort, y luego miró que en frente estaba una de las principales columnas del edificio. Entonces lo hizo; pensó muy bien en la reescritura que estaba por realizar, y finalmente golpeó aquella columna.
Artemys, que estaba viendo su Stand apoyado con sus manos sobre el techo, en ese instante sintió que algo malo había ocurrido. Una sensación extraña fluyó a través de todo el edificio, y finalmente llegó a ella.
Lentamente, todo el edificio comenzó a recomponerse de nuevo, haciendo retroceder el poder de Toxicity, y estabilizando la estructura de nuevo. Artemys, cuando se dio cuenta, comenzó a ponerse histérica, y no sabía qué hacer.
- ¡TOXICITY, BAJA POR LAS ESCALERAS Y COMIENZA A EXTERMINARLOS A TODOS! ¡HAZ QUE RESPIREN ÁCIDO! – reclamó la chica a su Stand.
Artemys, de repente, vio que su Stand estaba comenzando a ser recubierto de material con el que estaba hecho el techo del edificio.
- Me temo que tu Stand no va a poder volver a actuar a menos que yo quiera. – dijo una voz detrás de Artemys.
Ella, al voltear, vio a Saijo sentado sobre el borde del edificio, mirando a lo lejos, como si hubiese estado allí hace minutos atrás.
- ¿Qué has hecho, Saijo? – preguntó Artemys, horrorizada.
- Hice que todo el edifcio volviese a reconstruirse porque estaba a punto de colapsar. – dijo él.
- ¿Por qué Toxicity está recubierto de piedra? – preguntó ella.
- Porque para reconstruirlo hice que el edificio entero se recubriese de una nueva capa sólida de material, pero tiene una particularidad.
Saijo miró hacia arriba, y suspiró.
- Pensé en lo que me dijiste, esas cosas acerca de saber priorizar las cosas por encima de la gente. Por eso mismo, la capa material que recubre al edificio también recubrió a todo aquello que estuviese en contacto con el suelo del edificio. – explicó Saijo.
- ¿Y por qué yo no estoy recubierta de piedra? – preguntó.
- Porque fuiste la única excepción que agregué en mi reescritura.
Artemys se quedó pensativa. No entendía las acciones de Saijo.
- Inutilizaste a Toxicity para que yo no pudiese usarlo, pero tampoco lo mataste para así dejarme con vida. – dijo ella.
- Veo que aún eres aquella chica lista de cuando éramos más jóvenes. – dijo Saijo, sonriendo.
Ella, muy lentamente y mucha desconfianza, se acercó a Saijo, y se sentó a su lado. Ambos comenzaron a mirar hacia lo lejos, observando toda la ciudad.
- Pude haber utilizado mi poder para muchas cosas, solamente tenía una chance. No salvé a quienes ya habían muerto por tu poder. No tengo más energía para pelear, pero prometo que apenas las tenga, liberaré a tu Stand y a todas las personas de la capa de piedra que las recubren. – dijo Saijo.
- ¿Por qué haces esto? ¿Por qué me sigues dando oportunidades? – preguntó ella.
- Porque ya he cometido una vez el error de priorizar cosas en vez de a ti. Todo este odio que tienes, toda esta destrucción, es mi culpa, y lo acepto. No voy a intentar revertirlo. Me lo merezco. – dijo Saijo.
Ella lo miró con misterio.
- Yo fallé en mi misión de detenerte, pero tú fallaste en tu misión de mantener la discreción. Ahora todas las personas de allí abajo saben que tú estuviste a punto de destruir el edificio con tus manos desnudas. Todos vieron cómo destruiste un barrio bañándolo en ácido. Ahora todos saben que hay alguien extremadamente poderosa entre ellos. – dijo Saijo.
Artemys se detuvo un momento a reflexionar, y encontró verdad en las palabras de Saijo, pero no lo interrumpió.
- Artemys, te amé como nada en el mundo, y tiré todo a un pozo. Ahora que regresaste a mi vida, eres un corazón lleno de odio, y lo acepto, pero nuestros caminos ahora son completamente diferentes. La vida nos ha puesto en dos bandos opuestos, pero verás que al final se van a terminar uniendo.
- ¿Qué estás diciendo, Saijo? – preguntó ella, con un pequeño nudo en su garganta.
- Nuestros modos son distintos. Antes hemos funcionado como si fuésemos dos piezas de un engranaje que deben funcionar para siempre, pero por mi culpa todo dejó de funcionar. Sé que me guardas un gran rencor, y no hubo una noche en la que yo no pensara en eso, pero algo me dice que no hemos terminado aún.
- ¿No vas a matarme de una vez?
- No. Tu y yo nos necesitamos en nuestros caminos.
- Ah, ¿sí? ¿Y por qué esa seguridad? – preguntó ella, agresiva.
- Bueno, tu tampoco me has matado hasta ahora.
Ella se quedó completamente callada, y su rostro enojado se transformó en uno afligido.
- Lamento todo lo que hice, y de haber sabido que aún estabas con vida, te hubiese buscado sin parar. Antes de saber que no habías muerto, realmente quería estar en el lugar que te tocó estar a ti. No lo merecías.
- Saijo, si todo esto es un intento para ablandarme y evitar que cumpla mi misión...
- No pretendo meter en tu cabeza algo que ya está ahí. Tal vez sea muy ciego, pero tengo una especie de fe en ti, y me temo que mi confianza no se rompe, así como tú rompiste mi auto en dos partes. – dijo Saijo, con tono burlón al final.
Ambos rieron brevemente, y se volvieron a quedar en silencio.
- ¿Sabes? No dudo en que, si fueses parte de la organización, no tardarías en llegar a ser el líder. – dijo ella.
- ¿Por qué piensas que Brando busca eliminarme entonces? – dijo él – Él busca conseguir ser el más fuerte, porque tiene miedo de ser sometido por alguien más poderoso; de que surja alguien que le arrebate todo lo que construyó.
- ¿Qué piensas hacer entonces? – preguntó ella.
- Hace cinco años, no tenía nada hasta que te tuve a ti. Luego de perderte, no tuve nada durante años, hasta que finalmente conocí a mis nuevos amigos. No pienso perder nada más en mi vida por un error mío. No voy a priorizar otra cosa que no sean las personas que quiero, y no las dejaré que sean lastimadas. Y entre esas personas, estás tú.
Artemys sintió una sensación de mariposas en su estómago, algo que no sentía hace mucho. Tambien la invadió una sensación de culpa profunda, como si por un momento se arrepintiera completamente de pertenecer a la Organización de Brando. Se puso muy triste.
- S-Saijo, yo no puedo dejar atrás todo lo que tengo. Realmente hay gente que quiero en la Organización. Las órdenes a veces sobrepasan nuestras voluntades, y debemos obedecer porque es todo lo que tenemos. – dijo Artemys, con angustia.
- Puedes tenernos a nosotros. – dijo Saijo.
Él extendió su mano, para que ella la tomara, pero Artemys se la quedó mirando perdidamente.
Pasaron 20 segundos en silencio, y ella seguía mirándola.
Finalmente, volvió a reaccionar.
- No. Tú los tienes a ellos, y debes protegerlos. Yo solamente voy a ser la culpable de muchos problemas que, por órdenes, debo causar. Vuelve con ellos Saijo, no queda mucho tiempo. – dijo ella.
- ¿A qué te refieres? – preguntó él.
- Yo soy parte del equipo más poderoso de Brando, pero mientras tu y yo estamos aquí, el resto del equipo está atacando a tus amigos. – dijo Artemys.
- Debes ayudarme. Dime cómo detenerlos, Artemys. – pidió Saijo.
- No, Saijo. Nuestra pelea terminó aquí, y fue una pelea justa. No voy a interferir en las otras peleas, y mucho menos delatar a mis amigos. Ya hago mucho con avisarte sobre que ellos están atacando. – dijo ella.
- Entonces, ¿esto es un empate? – preguntó Saijo.
La chica rio, y volvió su mirada a Saijo.
- La próxima vez, veremos quién es el verdadero villano, y ahí definiremos el resultado final, ¿te parece bien? – preguntó la chica, con buen humor.
- Trato hecho. – dijo Saijo.
Ambos estrecharon sus manos. Ella, luego del apretón de manos, sostuvo la mano de Saijo unos momentos más, e intentó acercarse a él para besarlo, pero él apenas se dio cuenta de sus intenciones, volteó el rostro.
- Lo siento, estoy con otra persona. – dijo Saijo, algo avergonzado.
- Creo que ya sé a quién atacar la próxima vez. – dijo ella.
Saijo se puso serio, y todo su humor desapareció.
- Era broma, pequeñín. – dijo Artemys, sonriendo.
- Casi lo olvido. Lo prometido es deuda. – dijo Saijo.
Se levantó, e invocó a Last Resort. Su Stand golpeó el edificio, y en ese momento, tanto Toxicity como el resto de las personas del edificio, dejaron de ser piedra y volvieron a la normalidad. El Stand volvió al cuerpo de Artemys.
Ambos se despidieron, y Artemys descendió del edificio corriendo por las paredes, y saltando hacia otros edificios.
Por su lado, Saijo volvió a sentarse y mirar a la distancia. De repente, su teléfono comenzó a sonar.
Apenas atendió la llamada, sus ojos se abrieron con sorpresa.
- ¿Qué es lo que ocurrió? – preguntó él.
- Son ellos. Están llegando. – dijo Amanda.
- Voy para allá. Ten cuidado. – dijo Saijo.
Luego de colgar la llamada, le llegaron mensajes de Jessica y de Joshua.
Algo malo estaba ocurriendo: ya no quedaba tiempo.
