Capítulo 15

Pequeñas grandes aflicciones

Lincoln miraba junto con Leni la exposición que la escuela primaria de Royal Woods había montado en el salón de clases del primer año. Naturalmente no se trataban de ningunos Picassos, aunque Lincoln pensaba que fácilmente podrían competir con algunas de aquellas obras surrealistas de los museos, donde no veía otra cosa que no fuese rayones y garabatos no tan distintos a los que los niños habían hecho.

Leni se mantenía sujeta del brazo de Lincoln, quien parecía un buen protector a su lado, dado que era un poco más alto que ella. Se separó de él un momento para mirar interesada los dibujos de un niño de lo que pensó se trataban de vacas, pese a que el pequeño artista le insistía que en realidad eran perros dálmatas. Todo mundo había dado por hecho que el peliblanco se trataba del hermano mayor de uno de aquellos niños. En ese momento parecía buscar con la mirada a alguien debido a la manera en que constantemente observaba a los pequeños a su alrededor.

—¡Papi!

Una niña de cabello negro de seis años muy parecida a él corrió a su encuentro desbordando felicidad. Lincoln la recibió con los brazos abiertos y la niña se prendió a su torso abrazándolo en el acto.

—Liena, mi niña. ¡Te extrañaba tanto!

—¡Y yo a ti mucho más! ¡Que bueno que pudiste venir! ¿A qué hora llegaste?

—Lo hice esta mañana, princesa. Tu mamá me contó lo que iban a hacer en la escuela y vine a acompañarla. Por cierto, ella está allá.

La joven mujer de veinticuatro años, intrigada por otro cuadro, le preguntaba algo al artista del mismo.

—¿Estás seguro que esos no son perros también?

—Señora —insistió el niño—, ya le dije que éstas si son vacas, hasta les dibuje las ubres y por eso están comiendo pasto.

Algunos niños se rieron de Leni sólo para ser reprendidos en el acto por sus padres. Molesta, Liena parecía estar tomando nota mental de los tontos que se burlaban de su mamá. Sin embargo entre los adultos, no era Leni sino Lincoln quien destacaba no precisamente por su cabello blanco.

Nervioso, Lincoln había notado que el resto de los padres se le quedaron observando desde que la niña lo llamó "papi". Si bien en estos tiempos a nadie le parecía tan sorprendente que una mujer de la edad de Leni tuviese una hija de seis, si lo era que lo hiciera un chico que a pesar de su alta estatura, su rostro aparentara correctamente los diecinueve años que tenía. Algunos murmurando parecían hacer ciertos cálculos incómodos mirándolo tanto a él como a la madre y la niña.

Leni no se había percatado de la forma en que habían llamado la atención. Olvidándose de las vacas y de los perros, se reunió animada con su familia.

—Hola mi amor —en la frente besó a su hija feliz aún en brazos de Lincoln—. ¿A que no adivinas quién llegó a visitarnos desde la universidad?

—¿Es papá?

—¡Lo adivinaste a la primera!

—¡Sipi! —abrazó a su padre y le pidió que la bajara—. ¿Quieren ver mis dibujos?

—Por supuesto mi amor.

Tomando a cada uno de la mano, los hizo recorrer medio salón hasta llegar al frente de una pared donde había más cartulinas pegadas. A la pareja no les fue difícil reconocer los trazos de su hija en una de ellas. El dibujo estaba dividido por la mitad. Toscamente se veía dibujada con crayolas en sencillos trazos a Leni tomada de la mano de su hija, mientras al lado de ella estaban tres niñas que lucían exactamente iguales, salvo que una tenía el cabello café y usaba lentes, mientras que las otras dos eran rubias, pero una tenía el cabello un poco más corto y recogido en una coleta, mientras que la otra lo tenía suelto; estaban también dos adultos, una mujer rubia y un hombre sin pelo; junto a ellos estaba una chica de cabello negro sin ojos. Con la mano libre, en el dibujo Leni parecía sostener algo a un lado de su cabeza, imaginaron que se trataba de un teléfono. En la otra mitad del dibujo sosteniendo quizá también otro teléfono, estaba un hombre con el cabello blanco tomado de la mano de una ¿niña? (pensaron sus padres por la estatura) de cabello café, que a diferencia de todos no tenía dibujada una sonrisa, sino que la línea que hacía de su boca iba en el sentido contrario al igual que la de la chica de negro; con ellos estaban otra chica más alta que la anterior también con el cabello recogido de color café, al lado de un chico con el mismo color de cabello, pero mucho más corto.

—Pero que bonito dibujo —expresó Lincoln haciendo ademanes exagerados como si analizara una obra de arte profesional—. Me gusta la mezcla de colores y la opacidad que le diste a las formas, así como los volúmenes de las misma.

Liena rio entendiendo el chiste, aunque no del todo las palabras. Señaló al chico de cabello blanco que llevaba de la mano a la niña castaña.

—Este eres tú con Lynn en la Universidad.

Lincoln no quería imaginar la cara que su hermana de veintiún años pondría de saber que su sobrina la dibujó con la estatura de una niña. La pequeña señaló a la otra pareja cercana a ella.

—Esa es la tía Luan y su novio con ustedes —señaló entonces a los integrantes de la otra mitad del dibujo—. Esa es mamá conmigo y hablándote por teléfono.

Aunque no parecía hacer falta que les explicara quienes eran las otras personas que los acompañaban, de cualquier modo Liena lo hizo. Leni miraba suspicaz el modo en que dibujó a Lincoln de la mano de Lynn.

—¡Liena, nos habla la maestra!

La niña reaccionó al llamado de uno de sus amigos. Los niños se estaban reuniendo alrededor de una mujer que les estaba dando indicaciones para la siguiente actividad didáctica, mientras los padres continuaban apreciando los dibujos. Tras despedirse de Lincoln y Leni, su hija los dejó por un momento.

—Toda una artista. —Señaló Lincoln mirando el dibujo.

—Igual que su papá. —Respondió ella complacida.

Una mujer había estado observando a la pareja extrañada, lo cuál no sería no sería raro puesto que de todos los padres, ellos llamaban mucho la atención dada su juventud. Sin poder contenerse, se acercó a ellos.

—Disculpen. ¿Ustedes de verdad son los padres de Liena?

—Por supuesto —contestó Leni sonriente. Lincoln por su parte sintió una alarma repiquetear en su cabeza—. ¿Es la mamá de una de sus amiguitas?

—Bueno… creo que te conozco. ¿No eres Leni? ¿La hermana de Lori y la hija de Rita?

Entonces tras hacer memoria, Leni la reconoció.

—¡Claro! Usted trabajaba en una boutique a la que mi mamá iba hace algunos años. Creo que ya la conocía.

—Sí, soy Nancy. Veía más seguido a tu mamá y a veces a tu hermana más que a ti —miró inquisitiva a Lincoln—. Perdón, pero ¿no eres tú el hijo de Rita? Es que tu cabello…

—Sí, él es mi hermanito Lincoln.

Leni lo presentó con orgullo. La mujer los miró alarmada y enseguida volvió la vista hacia donde los niños jugaban, pero en lugar de buscar a su hijo, buscaba a Liena, esa niña tan parecida a "su padre". Lincoln entendiendo lo que pensaba, se apresuró a aclarar el malentendido.

—Sí, sé que parece extraño. Lo que sucede es que Liena me quiere mucho, que en lugar de decirme "tío" me llama "papá".

—¿Y dónde está su verdadero padre?

De pronto Leni había perdido la cortesía que hasta el momento había exhibido al sentir a la mujer muy impertinente.

—Se murió.

Lincoln la tomó de la mano al notar a Leni disgustada tras escupir esa respuesta. Nancy se mordió la lengua, al igual que algunas personas que alcanzaron a escucharlos y que con la duda resuelta acerca de Lincoln, decidieron meterse en sus propios asuntos.

Mientras tanto, los niños se habían dispersado para ir a buscar en sus mochilas una hoja en blanco y lápices de colores para la siguiente actividad.

—Creí que ese señor era tu papá —le dijo una niña a Liena a su lado, que como ella buscaba sus cosas en la mochila—. Que mal que no viniera.

—Pero si sí vino. Mi papá es ese señor de ahí, el de cabello blanco.

—Pero mi papá dice que lo conoce y dice que es el hermano de tu mamá.

—Lo es —la pequeña no entendía a dónde querían llegar—, también es mi papá.

Otro niño se les unió.

—No puede ser tu papá. Los hermanos no pueden casarse entre sí.

—Mi mamá no se casó, además mi papá tiene otra novia.

—También mi papá tiene novia, además de estar casado con mi mamá —se mordió la lengua al recordar algo—. Pero no se lo digan a nadie. Papá dice que eso es un secreto. ¿Tu mamá sabe que tu papá tiene novia?

—Sí, pero no le molesta. Dice que le alegra que esté bien y con alguien.

—¿También se divorciaron? —preguntó otro niño.

—Tonto —una niña distinta se unió a la conversación—. No se pueden divorciar si no se casaron. Además es el tío de Liena, no su papá.

—¡Que sí es mi papá!

La niña realmente estaba exasperándose. Algunos adultos, entre ellos sus padres captaron su atención por lo que discutían.

—Que si es el hermano de tu mamá —insistió el niño—, no puede ser tu papá. Es tu tío.

—¿Por qué le dices papá a tu tío, Liena? —preguntó otro? ¿Dónde está tu papá de verdad?

La maestra se acercó al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, Lincoln y Leni también lo hicieron.

—¡Él es mi papá de verdad!

—¿Pero eso no sería pecado?

Justo cuando Liena ya muy molesta parecía a punto de lanzarse contra uno de sus compañeros, Lincoln fue el primero en atraparla en el aire del mismo modo a como cuando más joven solía hacerlo con las gemelas.

—¡Liena, es suficiente! No te pelees con tus amigos.

—Pero papá, ¡ellos dicen que tú no eres mi papá de verdad! ¡Diles que se equivocan para que dejen de molestarme!

A su alrededor, no solo los niños, sino que incluso algunos padres de familia los miraban. Leni avergonzada no por su comportamiento, sino de sí misma, se acercó y de los brazos de Lincoln tomó a su hija para cargarla y sacarla del salón. Por el estrés la niña ya estaba llorando. La maestra que estaba parcialmente al tanto de la situación parecía apenada por no contener a tiempo el incidente.

—¿Y ustedes que miran? —les preguntó Lincoln con irritación al resto de los padres con sus hijos antes de marcharse con su hermana e hija.

Dado que la niña se sentía muy intranquila y ese evento se realizó después de clases, sin ningún reparo, Lincoln le aconsejó a Leni que subieran a Vanzilla para llevárselas a casa. La niña dijo que no quería dejar su dibujo, por lo que su padre regresó sólo para buscarlo y llevárselo. En el camino de regreso, la maestra logró interceptarlo antes de que volviera a salir de la escuela.

—Señor, Loud. Lamento lo que ocurrió, pero… tal vez ya es tiempo que comiencen a hablarle a Liena acerca de su padre, del verdadero.

—Sólo tiene seis años. Es muy chica para comprenderlo.

—No estoy diciendo que le den todos los detalles, pero algo tienen que decirle. Pueden hacerlo con tacto o buscar ayuda con algún especialista para hacerlo. Por el bien de la niña ya es necesario que intenten explicarle el por qué usted suple a su padre y…

—El único padre del que Liena necesita saber soy yo.

Realmente estaba molestándose. La docente sabía que a pesar de su juventud, el chico por lo general actuaba con una madurez mayor a la que uno pensaría, aunque en esos momentos y quizá debido a que estaba enojado, parecía pensar con la imprudencia propia de un chico de su edad.

—Señor Loud, no es que quiera minimizar su labor con Liena, porque no lo hago, pero debe de comprenderlo; a su hija no le hace ningún bien el que la tengan tan confundida acerca de sus orígenes. No pueden mantenerla en una burbuja por siempre. Este tipo de cosas tarde o temprano se descubren, ella podría hacerlo. Es preferible que Liena sepa la verdad por ustedes antes que lo haga por otros medios.

A medio camino, Lincoln finalmente se detuvo sintiendo que una jaqueca no tardaría en aquejarlo.

—Tendré en cuenta su recomendación, maestra.

—Por favor, realmente espero que lo considere, háblelo con su espo… ¡digo! su hermana.

—Buenas tardes, maestra.

Cuando Lincoln regresó al vehículo y arrancó, vio a la niña más calmada en brazos de su madre, sin embargo la expresión de la pequeña seguía siendo de desconcierto. Lincoln pensó que si en ocasiones la misma maestra llegaba a confundirse de la relación que él tenía con su hermana, entonces con mayor razón y tal y como se lo dijeron, las dificultades que podría tener su hija a futuro podrían ser mucho mayores por no ser claros con ella.

A Lincoln le costaba aceptarlo, pero la niña ya no era una bebé. Hablaba, pensaba, razonaba… y preguntaba. En el momento en que asumió el papel como padre de su sobrina, comprendió también que sería su responsabilidad el darle algunas respuestas cuando el momento llegara.

Aunque preocupada por su hija, Leni miró con pena a su hermano pensando en la enorme responsabilidad que había puesto sobre sus hombros, responsabilidad que cuando la mencionaba, Lincoln le recordaba no le obligó a tomar, sino que por el contrario, él aceptó incondicionalmente por el amor y cariño que les tenía a ambas.


—…Por eso siempre te he amado tanto como si fueras mi hija desde el primer día en que naciste, cariño —le terminó por explicar Lincoln—, es por eso que al ver que no tenías un papá, quise ser para ti algo más que sólo tu tío.

Leni lagrimeaba. La forma que Lincoln había conseguido explicarle a su hija parte de la verdad hasta a ella la había conmovido tanto como a Lily; la pequeña niña rubia de nueve años abrazaba a su amiga buscando reconfortarla. Dos adolescentes de catorce años de facciones idénticas, se habían quedado a escuchar muy atentas en la sala el relato de su hermano.

—Eres tan afortunada de tener a Linky como tu papá, Liena.

Con embeleso suspiró Lana. Lola ensoñadora tuvo que darle la razón a su gemela.

—Es cierto. Corriste con mucha suerte, querida —se da la vuelta y levantando mucho la voz, se dirigió a una jovencita castaña de doce años que parecía muy concentrada tecleando algo en su laptop—, ¿verdad que sí lo es, Lisa?

—Afirmativo.

Aunque pareciera que desde el comedor se había mantenido ajena a lo que sucedía en la sala, la verdad es que la niña de anteojos había dedicado parte de su atención al relato de su hermano mayor aparentando indiferencia, sin embargo en un par de ocasiones se había levantado los anteojos para limpiarse unas pocas lágrimas esperando que nadie se diera cuenta. Tenía que admitir que Lincoln era un buen narrador. Su historia sería muy buena de no ser por un pequeño fallo.

—Pero entonces —preguntó la niña—, ¿quién es mi papá de verdad?

Ese era el fallo. No es que Liena no se conmoviera, pues no le hacía falta ningún cuento para saber que Lincoln la quería mucho. Si había permanecido muy seria sin mostrar expresión alguna como su tía Lisa, es porque esperó ansiosa la parte en que le contaran acerca de su verdadero padre. Lincoln tragó saliva.

—Eso no tiene importancia, hija. Lo que importa es que además de tu mamá, me tienes a mí, también a tus tías, tus abuelos…

—¡Pero quién era él!

Leni perdió la paciencia ante la insistencia de la niña. Le alzó la voz al mismo tiempo que se puso de pie.

—¡Nadie! ¡No era nadie! —señaló a Lincoln—. ¡Él es tu papá y eso es todo lo que debes de saber! Es… lo único que importa.

Todas las chicas observaron sorprendidas y con pena a Leni. Como la niña, Lily ignoraba también la verdad, más allá que el verdadero padre de su sobrina y mejor amiga se trató de un hombre muy malo que "lastimó" a Leni, a lo que ella se le figuraba que rompió con ella cuando supo que estaba embarazada, tal y como había visto en una novela en la televisión.

Debido a un incidente que le sucedió a Lola el año pasado, que pudo terminar en tragedia de no haber sido por la pronta intervención de Leni, tanto ella como Lana terminaron por enterarse de lo que realmente le ocurrió a su hermana cuando concibió a su sobrina. Lana fue discreta al respecto sin problemas, Lola también lo fue al comprender la gravedad del suceso, sintiendo ambas desde entonces un gran respeto hacia Leni por haber hecho con su hija algo que ninguna estaba segura de repetirlo de atravesar tales circunstancias.

Al punto que soltó algunas lágrimas, Leni se sintió terrible por tratar así a su bebé, pero Liena también lo hizo al comprender que la había hecho sentirse muy triste. No quería que su madre se pusiera así, pero así parecía hacerlo cuando recordaba a ese señor que, si no estaba con él, comprendió debió de ser por algo muy malo.

—Perdón mamá. Ya no te preguntaré nada.

Leni abrazó a su hija pidiéndole una disculpa y ambas permanecieron juntas llorando un momento.

A la casa llegaron en ese momento los señores Loud. Tras saludarlos, Lynn estaba por decir algo cuando vio a su hijo junto con las chicas y su nieta en una escena que frenó cualquier comentario gracioso que tuviese en mente, algo que confirmaron cuando su hijo les hizo una seña para que les dieran un momento. Rita esperando que no se tratara de algo muy grave, alzó una bolsa con el logo del restaurante de su esposo, para sin interrumpirlos advertirles que iban a alistar la cena, en la que esperaban los pusieron al tanto de lo que ocurrió. Lincoln asintió y Lana se puso de pie para ir a ayudarles. En ese instante el joven peliblanco se percató del silencio que dominaba la escena. Miró a Lisa que al verse descubierta observándolos intrigada, regresó la vista hacia su computadora para continuar redactando lo que estaba haciendo.


La cena en la mesa de los grandes fue vagamente animada. Todo lo que Liena pudo escuchar fue a sus abuelos haciéndoles preguntas a su papá acerca de cómo le estaba yendo a él y a la tía Lynn en la Universidad. Era una conversación aburrida, aunque a la tía Lucy parecía interesarle. A pesar que con sus dieciséis años todavía le faltaban un par de años para ir a la Universidad, ya comenzaba a atraerle todo lo relacionado con la misma.

Liena había esperado que hablaran acerca de su papá de verdad, pero el tema parecía haberse quedado olvidado, salvo por una vaga explicación que sus padres y tías les dieron a sus abuelos sobre lo que estaba ocurriendo en la sala cuando llegaron, por lo que dejó de parar oreja a la mesa de los grandes, sin alcanzar a escuchar a su abuela en voz baja llamarle la atención a su papá, entonces se concentró en su comida. No había dejado de remover sus macarrones con el tenedor en todo el rato.

—Sobrina —la reprendió Lisa—. Si no comienzas a ingerir tus alimentos, estos perderán la temperatura correcta que mantienen su gusto en condiciones aceptables.

—¿Qué, tía Lisa?

Lily la ayudó.

—Que la comida se te va a enfriar si no te la comes ya.

—Perdón, Lily.

La rubia le acarició el cabello comprendiendo que todavía estaba alterada por lo ocurrido. Sería mejor no decirle que ella ya sabía desde hace un par de años que Lincoln no podía ser su verdadero padre, por ser tanto su hermano como el de la mamá de ella, también su hermana. En realidad hasta donde recordaba, Lily siempre pensó que se trataba de un juego que la misma Liena seguía, al menos hasta ese momento cuando la vio tan alterada al enterarse que nada de eso era verdad.

Sintiéndose incómoda, Liena se levantó tratando de no hacer ruido para que en la mesa de los grandes, ni sus padres, sus tías o sus abuelos se diesen cuenta que estaba por marcharse.

—No tengo hambre. Quiero ir a mi cuarto.

Ni Lisa o Lily intentaron detenerla, esta última estaba muy preocupada por ella, pero no tenía ni idea de cómo ayudar a la niña quien más que su sobrina, consideraba a pesar de los tres años de edad que las separaban, una buena amiga e incluso un sustituto de hermana menor a falta de una propia, sentimiento compartido y de ahí a que Liena tampoco a ella la llamara tía por distintas razones a como hacía con Lynn.

—¿Qué deberíamos hacer para ayudarla, Lisa?

—Dejarla en paz. No hay mucho que podamos hacer al respecto por ella dentro de las limitaciones que nuestras unidades fraternales mayores y progenitores de nuestra sobrina nos impusieron como autoridades directas sobre ella. Hay que permitirle que digiera los recientes descubrimientos que acaba de hacer y posteriormente evaluar su comportamiento ante los efectos de los mismos.

Lily se quedó pensativa.

—Lisa, ¿tú conociste al otro papá de Liena? ¿Sabes cómo era?

La joven científica permaneció en silencio. Consideró a buen criterio que Lily todavía era muy joven para averiguarlo también. Recordó que aun cuando ya era un poco mayor que ella misma cuando se enteró de todo, a pesar de su madurez adulta, tuvo un gran conflicto emocional con procesar la verdad.

—Por lo que averigüé de él, afortunadamente nunca lo conocí.

Esto intrigó a Lily.

—¿Entonces de verdad no era una buena persona?

—Él era… —por mucho que pensó en un mejor término técnico adecuado para definirlo a nivel moral, no se le ocurrió otro— un maldito monstruo.

El hecho que fuera Lisa quien usara una mala palabra para describirlo, inquietó mucho a Lily.


Aunque pensó en entrar a su habitación (que anteriormente fue de su padre cuando niño), no quería que la molestaran y sabía que lo harían al ir enseguida ahí a buscarla cuando se dieran cuenta que se marchó sin cenar, por lo que y bajo el riesgo que su tía Lucy después la regañara, a la vez confiada en que tardaría mientras hablaba con sus abuelos, fue directamente a su cuarto a tirarse sobre la cama a sollozar. Le dolía saber que Lincoln no era su papá de verdad, ¿cómo podía ser eso posible? Él quería mucho a su mamá, su hermana. Se supone que dos personas que se quieren mucho tienen hijos, así es como funcionaba, ¿o no? ¿Entonces eso significaba que su mamá quiso más a otra persona que a su papá Lincoln? ¿Quién? Y si tanto lo quiso, ¿por qué parecía entristecerle y enojarle que hablaran de él?

—¿Y a ti qué te pasa?

Se sobresaltó al escucharla. Como si se tratara de una aparición, se encontró con una mujer que no aparentaba los veintiún años que se suponía tenía, de brazos y piernas marcados, cabello castaño muy corto, apenas una cabeza más alta que sus tías las gemelas y casi de la misma estatura que tía Lucy. Se trataba de una mujer que le daba incluso mucho más miedo que su tétrica tía Lucy.

Desde que entró a la habitación, Lynn sentada en su cama estudiando un libro, observó a la hija de Leni sorprendiéndole que la ignorara por completo. Por su reacción al hablarle, comprendió que no se había dado cuenta que estaba ahí.

—Ah… —se apresuró a limpiarse las lágrimas con el puño—. No… no te había visto, Lynn. ¿A qué hora llegaste?

—Vine con tu papá.

—Yo… no sabía. No te había visto.

—Después que tus padres fueron por ti a la escuela me quedé dormida y cuando desperté, no tenía ganas de cenar.

Como de costumbre, su voz sonaba apática cuando le hablaba, en realidad todo en ella reflejaba apatía y molestia cuando se dirigía a ella.

—Per… perdón. ¡Ya me voy!

Estaba por salir, cuando Lynn se levantó de la cama para llamarla.

—¡Espera un momento!

Con miedo se congeló en su lugar. Ya se esperaba que su tía, la única que le tenía prohibido que la llamara así, la regañara por entrar a la que fue su habitación antes de irse a la universidad hace ya tanto que lo había olvidado, sus recuerdos de entonces eran confusos y sólo podía recordarla siempre molesta con ella como si hubiese hecho algo muy malo sin comprender qué fue.

—No me respondiste, niña. ¿Por qué estás llorando?

Era extraño, pensó. A pesar de tratar de aparentar desinterés, realmente parecía algo más que curiosa al preguntarle. De no conocerla como lo hacía, pensaría que realmente estaba preocupada por ella, aun así sintió dudas.

—Me… me pasó algo feo.

Dejó pasar unos segundos antes que Lynn le insistiera.

—Niña, yo no soy como Lucy. Si no me dices las cosas no puedo adivinarlas.

Dado que lo sintió como un regaño por su tono de voz, la pequeña decidió contárselo.

—Mi papá me dijo que… no es mi papá, que sólo es el hermano de mi mamá —Lynn no dijo nada, pero tampoco cambió su expresión—. Pero cuando les pregunté por mi papá de verdad, ni él ni mamá me lo quisieron decir.

Pasados unos segundos sin que nada ocurriera, Liena estaba a punto de marcharse cuando Lynn se levantó, se dirigió a la puerta y justo cuando su sobrina pensaba que se marcharía al baño o a cenar ignorándola, la sorprendió al cerrarla y ponerle el seguro antes de regresar a la cama.

—Siéntate.

Con timidez, la niña miró a su alrededor llena de dudas. No queriendo poner a prueba la paciencia de su tía, se sentó sobre un viejo puff negro, recordando a último momento que tía Lucy le había prohibido sentarse en él o en cualquier lugar de esa habitación.

—Para empezar, ¿por qué te contarían todo eso?

Sonaba molesta, pero por primera vez, Liena lo sintió como si ahora no fuera con ella.

—Pues… unos niños en la escuela me molestaron cuando mis papás fueron a la exposición, diciéndome que como papá era el hermano de mi mamá, no podía ser mi papá. Yo quería pegarles por mentirosos.

—¿Y no lo hiciste? Te molestaron, estabas en tu derecho.

Liena deseaba que su tía cambiara esa cara. Parecía como de costumbre querer regañarla, pero… a la vez no.

—Papá no me dejó y me cargó para que nos fuéramos a casa antes que les pudiera hacer algo.

La mujer gimió aparentemente disgustada. Liena intuyó que fue porque su papá no la dejara desquitarse con ellos, si bien en parte era eso, la universitaria pensaba en lo tontos e ilusos que sus hermanos habían sido al pensar que esa niña nunca se daría cuenta que había algo extraño con su familia.

—Bueno. Tus amigos tenían razón, pero que ni se te ocurra decírselos. No les des el placer de que te digan "te lo dije". Y si alguien lo hace, bueno, no creo que Lincoln esté ahí la próxima vez para detenerte a que les cierres la boca.

—Yo… creo que de todas formas no quiero pelearme con nadie. Mamá dice que pelearse está mal.

—Eso no significa que dejar que los demás te molesten esté bien. Por lo menos deberías saber defenderte —alzó la palma de su mano frente a ella—. Dame uno.

La niña no entendió a lo que se refería. Estaba por buscarse en los bolsillos si tenía alguna moneda cuando Lynn giró sus ojos y le explicó.

—Un golpe. Dame un golpe aquí.

Temerosa, Liena apenas hizo que su puño tuviera contacto con la palma de su tía.

—¿En serio? ¿Eso es todo? ¡Vamos! Imagina que mi mano es la cara del mocoso o la mocosa que criticaba a tu mamá.

Sin bien no fue muy duro, para su edad la fuerza del siguiente golpe pareció ser considerable dentro de lo esperado. Una breve sonrisa se asomó en la expresión de Lynn. Liena no recordaba ningún momento antes en que su tía le sonriera, aunque mantuviera esa expresión hostil.

—Supongo que hay esperanzas contigo después de todo, niña.

Lynn consideró enseñarle lo básico de defensa personal durante los días que estuviera en casa, aunque lo más probable es que Leni y quizás Lincoln no se lo permitieran. Tanteando su suerte y aprovechando ese extraño momento que estaban teniendo, Liena se aventuró.

—Lynn… ¿tú conociste a mi papá de verdad?

Y tras escuchar la pregunta, terminó por descartar la idea.

—No.

Su respuesta fue inmediata. La niña ya se lo esperaba de todas maneras.

—Lo siento. Pensé que sabías quién era él.

—Dije que no lo conocí, no que no supiera quién fue.

La expresión de Liena ansiosa y llena de repentino afecto incomodó a Lynn.

—¡Lo sabes! Por favor, dímelo tía Lynn, quiero…

Se tapó la boca con ambas manos. La había llamado "tía" sin pensarlo. Hasta ahí terminaba su esperanza a que le diera una respuesta. Por el contrario, fuera de molestarse, Lynn con cierta vergüenza ignoró el desliz y le contestó.

—Ya olvidé su nombre, pero no importa. Tu papá no era una buena persona. Fue alguien muy malo. Piensa en el mayor villano que hayas visto en una película y te puedo asegurar que tu papá lo hubiera podido superar por mucho —Liena pensó en Voldemort, Darth Vader y Tarjeta Condesa, el enemigo de Ace Savy—. Lo único bueno que hizo fue morirse y así dejar que tu tío se convirtiera en tu papá.

La niña se sorprendió bastante con esta nueva revelación.

—¿Se murió?

De pronto Lynn comenzó a cuestionarse a sí misma las libertades que se estaba tomando al contarle todo esto a Liena a espaldas de sus hermanos. En fin, no había vuelta atrás.

—Sí, se murió y el mundo es un lugar mucho mejor, pues ya no podrá hacerle nada malo a nadie. ¿Entiendes?

—Pero… ¿Cómo es que mi mamá fue su novia si era tan malo?

—¡Qué! ¿De dónde sacas que tu madre salía con ese tipo?

—Sí. Los novios y los esposos tienen hijos. Creí que papá, o sea, papá Lincoln y mamá fueron novios antes que fuera tu novio, por eso me tuvieron y…

—Detente ahí, Liena —a pesar de su inocencia, Liena había resultado ser más intuitiva de lo que imaginaba. Con humor pensó que eso lo había heredado de Lincoln, su tío, se recordó a sí misma—. Mira, creo que es mala idea que te siga contando esto. Tus papás podrían regañarte… en realidad me regañarían a mí por estar diciéndote todo esto —se detuvo de nuevo con un repentino pensamiento—. Un día te prometo que te lo diremos todo, pero será cuando seas más grande y puedas entender mejor las cosas, ¿estamos?

Levantó su puño proyectando el dedo meñique. La niña dudó, pero terminó por tomarlo con el suyo.

—Sí, está bien tí… Lynn. Está bien, Lynn.

—Y otra cosa… ¿de dónde sacaste que tu papá y yo somos novios?

—De mamá. Una vez le pregunté por qué papá ya no vivía con nosotros sino contigo. Ella me dijo que tenían que ir a otra escuela y que le quedaba muy lejos. Cuando le pregunté por qué a la misma a la que ibas tú, ella dijo que porque los novios siempre van juntos a todos lados.

Lynn encontró irónico el pensar hace unos instantes que fuese ella la que estuviese siendo impertinente.

—Es casualidad que Lincoln y yo quedáramos en la misma universidad… creo. Como sea, estoy a nada de acabarla, pero tu papá seguirá todavía un par de años más después que yo la termine. Además, tu papá y yo no somos novios. Sólo somos hermanos, incluso yo de verdad tengo un novio que no es él. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?

—Sí, Lynn.

Liena no resintió tanto esta noticia, de cierta manera le alegró. Hasta entonces no había podido explicarse cómo es que a su papá le gustara más la tía Lynn que su mamá.

—Bien. Creo que después de todo si bajaré a cenar. Ve al baño y límpiate la cara. Van a creer que eres muy débil si te ven llorar tanto y eso no está bien.

—Sí, ya voy.

—Y de lo que hablamos, ni una palabra a tus padres, ¿entendiste?

—Ajá —no necesito decírselo, era algo que ya había intuido que lo mejor sería mantener entre ambas si no quería meterse en líos con sus padres, pero en especial con Lynn—. ¿Te puedo preguntar una última cosa?

La mujer asintió extrañada de lo que podría ser.

—Si mi papá no es tu novio, ¿crees que podría entonces casarse con mi mamá?

Aunque sabía que no fue su intención, Lynn sintió como si la hubiera tomado por el cuello para apretarlo.

—Creo… que eso sería lo mejor, pero… la parte que te contaron acerca que los hermanos no deben de casarse y tampoco ser novios, es cierta, así que no creo que eso suceda —ambas se sintieron incómodas—, ¿es todo?

Tan pronto la pequeña asintió, Lynn quitó el seguro, pero tardó en abrir la puerta. Liena la notaba todavía preocupada.

—¿Estás bien, Lynn?

—Liena… no tienes que llamarme por mi nombre, ¡bueno, sí! Pero sólo si tú quieres o… solo llámame como quieras hacerlo.

—Gracias… Lynn.

A pesar que la niña prefirió mantener la distancia que la misma Lynn le había impuesto desde que tuvo uso de razón, pues pese al momento, su tía continuaba dándole un poco de miedo, aunque quizá ya no tanto, no por ello su tía evitó el sentirse más dolida que decepcionada.


Lincoln miraba la televisión sólo para hacer tiempo mientras su hermana terminaba de hacer su maleta. Miró desinteresado el reloj de su celular. Estaban a buen tiempo de partir a Lansing. Lola y Lana permanecían a su lado mirando una película de lo más sosa. A diferencia de él, Lana ya se había rendido y la adolescente roncaba recostada en su regazo mientras él le hacía mimos en el cabello. No había más remedio. Ambos habían perdido con Lola al escoger qué mirar.

—¡Aquí viene la mejor parte!

Desinteresado, Lincoln al ver a la joven princesa heredera acercarse con lágrimas en los ojos, pero con una gran sonrisa de dicha y felicidad, hacia el hombre que la traicionó por el bienestar de su pueblo, esperó ver la típica escena de reconciliación empalagosa, por lo que su sorpresa fue mayúscula cuando con el hacha que tomó de uno de los subordinados caídos en la batalla que nunca se vio, porque la película prefirió concentrarse en tediosas escenas de romance, cortó la cabeza de quien se suponía fue su amado caballero. La escena no escatimó recursos en que todo fuese bastante gráfico.

—¡Ja! El pobre idiota no se lo esperaba —Lincoln no supo si se estaba refiriendo al occiso de la película o a él mismo—. ¿A que eso no fue increíble, Lana?

—Lana se quedó dormida —Le señaló Lincoln. Lola se encogió de hombros.

—Ella se lo perdió.

Ciertamente Lincoln imaginaba que de haber sabido lo que iba a suceder, Lana lamentaría habérselo perdido. Lily entró a la sala, pero antes que su hermano buscara el control para evitar que viese la violenta escena, Lola se le adelantó al cambiar de canal.

—Linky, Lucy dice que si no estás ocupado, vayas a la cochera porque quiere mostrarte algo.

Lincoln se sintió receloso al respecto. Los últimos tres días había mantenido su distancia con Lucy de manera deliberada, hablando muy poco con ella y siempre con alguien más presente, prefiriendo evitarla en los pasillos y pasando más el tiempo con Liena, siendo una buena excusa el hecho de que se trataba de su padre oficial.

—Estoy viendo una película con las gemelas. Iré más tarde.

Rita salió de la cocina y al ver a los tres en el sillón, carraspeó para hacerse oír.

—Hmm… tal vez deberías de ir a ver qué necesita tu hermana, hijo.

—Pero…

—¡Lincoln, quiero que…! Creo ya pasaste mucho tiempo con Lana. Ve a ver qué quiere Lucy.

Ante tal especificación, el joven desapartó los ojos de la pantalla, miró a su madre quien incómoda observaba a una de sus hijas adolescentes de catorce años abrazando su costado. Para cualquiera sería una escena inocente, pero después de… algunos años, todavía sus padres se mostraban un tanto recelosos del afecto que su propio hijo profesaba hacia sus hermanas, a pesar que presuntamente todo malentendido se había sido aclarado. Lincoln quiso objetar algo, pero incluso él no se atrevió a comenzar un debate por ello en esos momentos que sólo deseaba una última mañana sin problemas antes de regresar al campus.

Lola tomó su lugar abrazando a su hermana para que no resintiera mucho el momento en que el peliblanco se puso de pie y se marchara dejándola. Rita se quedó para asegurarse que su hijo saliera e hiciera lo que le ordenó. Una vez solas, la mujer miró a Lola quien le sonrió socarronamente.

—Lincoln se puso muy guapo, ¿no te parece, mamá?

—¡Lola!

—Sólo era un comentario inocente —por la forma en que hablaba, su madre comprendió que había dicho aquello con ánimos de tomarle el pelo—. No soy Lynn o Leni.

—¿Realmente quieres salir al centro comercial el próximo fin de semana con tus amigas, jovencita?

—Ya no dije nada.

La mujer suspiró y se marchó. Lana que había escuchado vagamente lo que ocurrió, se desemperezó estirando los brazos.

—Fuera de bromas, la verdad yo sí creo que Linc es muy guapo.

—Lo sé. Es una pena que en esta casa no se pueda decir algo así sin que lo tomen por otro lado.

—No puedes culparlos. Aún no me puedo creer que de verdad Lynn y Lincoln tuvieran "algo" cuando tenían nuestra edad.

—Bueno, es lo que dicen. Sigue siendo un rumor, aunque los dos siguen negándolo, pero… ¡Cállate!

Lisa acababa de bajar y pasar frente a ellas cargando una hielera que despedía un misterioso humo verde de una orilla. Miró a sus hermanas con sospecha, las cuales sonrieron haciendo como si nada pasara. La niña ladeó la cabeza pensando en que sus unidades fraternales mayores necesitaban redefinir su concepto con respecto a la discreción.

Cuando se marchó a la cocina, las gemelas suspiraron de alivio. Aquél tema estaba prohibido en casa, por ello era divertido mencionarlo cuando nadie les prestaba atención pese a lo extraño del mismo.


En la cochera, Lincoln se encontró a su hermana de quince años quien un tanto sonrojada le entregó dos frascos.

—¿Y esto?

—Tu eres hombre. Necesito tu opinión. ¿Cuál te agrada más?

A pesar de su extravagante vestimenta con una falda negra por encima de las rodillas dejando ver sus piernas apenas cubiertas por medias de malla grabada, su blusa sin mangas con la imagen de un murciélago y un lobo en ella, sus pulseras que simulaban telarañas y en su cuello colgantes con colmillos y piedras extrañas, se mostraba claramente avergonzada. Lincoln ya se imaginaba la mirada que tendría debajo del cabello oscuro con el que se cubría la cara y ahora lo tenía tan largo que le cubría media espalda.

El peliblanco abrió un frasco sin saber qué hacer con él. Lo acercó a su nariz con sospecha, sintiendo al instante un agradable aroma que le recordó a un té endulzado.

—¿Y esto que es? ¿Un brebaje para un hechizo?

Lucy suspiró, no podía culparlo por pensar algo así.

—Sólo es un perfume. Estoy saliendo con un chico y su cumpleaños será la próxima semana.

La noticia entusiasmó bastante su hermano. De pronto lamentó el no pasar tanto tiempo con Lucy como sintió debió de haber hecho. Abrió el otro frasco para olerlo. No estaba mal, pero tampoco eran tan bueno como el primero. Esperaba que aquél chico tuviera sus mismos gustos para que supiera apreciarlo.

—Me gusta más este. —Extendió su mano para entregarle el primero a Lucy, pero ella hizo un gesto y le pidió el segundo.

—Entonces le daré el otro. Sí ese te gustó, consérvalo.

—Muchas gracias, Lu. No sabía que ya tuvieras un novio. ¿Y cómo se llama?

—Vincent. Es un buen chico a pesar de la oscuridad con la que se expresa y que tanto me atrae. Lo conocí en el auditorio Morbid cuando fui a un concierto con Haiku.

—Me alegro por ti.

—Estoy segura que lo haces.

—Lo digo en serio. Había temido que todavía… bueno, ya sabes.

Pronto lamentó mencionarlo, no quería que el momento se volviera incómodo. Lucy se limitó a encogerse de hombros suspirando pesadamente y tiñendo de rojo sus pálidas mejillas al rememorar ciertos íntimos momentos que compartió con Lincoln.

—No todo el mundo gira en torno a ti, hermano. Fue más sencillo de lo que pensé el superarte con el paso del tiempo y seguir adelante con mi vida —Lincoln conflictuado no supo si sentirse aliviado u ofendido—. Lo que pasé entonces contigo fue una etapa muy extraña de mi niñez. No soy como Lynn que hasta se fue a vivir contigo.

—¡Lucy! Primero, no vivimos juntos. Ella vive en uno de los dormitorios del campus para chicas y yo en el de los chicos. Además, de eso que ocurrió entonces… sabes que ya no podemos hablarlo.

—Por supuesto que podemos, aunque nos digan que no debamos, pero nadie nos está escuchando ahora como para callarlo, además siempre he visto absurdo que sólo pretendiendo que algo no sucedió, realmente podamos resolver algo.

Bien, tenía que concederle esa.

—Como sea Lucy. Segundo: Lynn fue la primera en superarlo. Ha salido con muchos chicos desde entonces. Creía que estabas al tanto de eso.

—¿Es que aún sigue con Edward?

—No, terminó con él. Pero ahora sale con un chico llamado Jacob.

—¿En serio? ¿Y cómo es ese chico?

—Pues… normal.

No había apartado la mirada de Lincoln en todo momento. Si bien se sintió decepcionada cuando su hermano pareció genuinamente feliz al enterarse que estaba saliendo con alguien, al hablar de la ex pareja y ahora la pareja de Lynn, su expresión, tono de voz y lenguaje corporal le daban a entender que tenía un pésimo concepto de ambos chicos, conceptos que si no exteriorizaba, era porque no encontraba las palabras adecuadas para explicar el porqué de su antipatía más allá de que no le agradaba nada el que Lynn saliera con otras personas.

—¿Y qué hay de ti? ¿Sales con alguien?

—Estoy demasiado ocupado con mis estudios y el equipo de básquetbol como para tener tiempo para esas cosas.

Solo una vez Lucy había visto jugar a su hermano, tenía que reconocer que era muy bueno. La altura le ayudaba y se había vuelto muy fuerte y veloz. Hasta podría decirse que ese era el único deporte en el que podía vencer a Lynn, la cuál debía de sentirse orgullosa por él debido a que nunca dejó de acompañarlo en sus entrenamientos con todo y su limitado tiempo entre la escuela, su equipo y sus novios. Mejor no mencionar los chistes que se le ocurrían con respecto a la estatura de su hermana, que si bien era la misma que la de ella, no le ayudaba mucho en el deporte en el que Lincoln encontró su lugar. Luan había aprendido ya por la mala a lo que uno se atiene al hacerle a Lynn esa clase de burlas.

—Lynn parece tener tiempo de sobra para esas cosas y se supone que tiene más tareas que tú, ¿cómo explicas eso, Lincoln?

—Que yo me tomo más en serio mis estudios, por supuesto.

No encontró cómo discutirle eso. No es que a Lynn le fuese mal, sus calificaciones eran medianamente buenas, pero las de Lincoln eran casi excelentes. El peliblanco estaba por volver adentro, cuando al tener en cuenta algo que no había considerado hasta ese momento, con cierta preocupación volvió su atención de nuevo hacia su hermana.

—Al perfume de tu novio… no irás a ponerle un elixir de amor o algo así, ¿verdad?

—Por supuesto que no, Lincoln. Esa clase de cosas son puras patrañas.

—¿De verdad crees eso?

—Sí. Confía en mí. Son sólo embustes que los tontos aún creen que existen.

Lincoln volvió a agradecerle el presente y entró para guardarlo. Lucy suspiró pensando que de hecho su hermano y los experimentos que hizo hace pocos años con él respecto a los elixires amorosos, fue lo que la convencieron que sólo se trataban de patrañas cuya única función no pasaba más allá de retener al incauto en el baño por un muy largo tiempo. Al menos había resultado divertido como desquite contra él.

La adolescente de manera desinteresada guardó el perfume para su novio. Vincent era un chico interesante que tenía cierto encanto. Lo quería y le gustaba, quizá ni la mitad de lo que siente y todavía quiere a su hermano, pero ya era algo. En ese aspecto pensaba que podría sentirse como Lynn.


—Gracias por haber venido, campeón. Estoy orgulloso de ti.

—Muchas gracias, papá. Me alegró verlas a todas y saber que a ti te está yendo bien en el restaurante. Espero que tu plan funcione y pronto abras otro en Lansing. Presiento que le iría bien, al menos no he encontrado nada tan bueno como lo que tú haces en todo el tiempo que tengo ya estudiando y viviendo allá.

El hombre sonrió y abrazó a su hijo complacido y feliz.

—Gracias. Por favor cuídate mucho y regresen con cuidado.

—Lo haremos. Descuida, cuidaré bien de Lynn.

De pronto el señor Loud se sintió incómodo.

—Estoy seguro que tu hermana puede cuidarse por sí sola, no necesitas molestarte en estar a su alrededor todo el tiempo. Dale su espacio, por favor.

Un tanto molesto por lo que claramente estaba insinuando, Lincoln apartó a su padre del resto de la familia que hablaba con Lynn y Rita en la entrada y se lo llevó al jardín, cuidando de no pisar el lugar donde con cierta tristeza, Lisa le había señalado fue sepultado Cliff el mes pasado, asegurándole que Lucy había hecho un excelente y respetuoso trabajo.

—Papá, por favor ya deja esto. La relación que tengo con Lynn no es la que tú, mamá o quizá las otras se siguen imaginando.

El hombre con nerviosismo miró a su alrededor como si temiera alguien los estuviera escuchando.

—No sé de qué estás hablando.

—Lo sabes. Me doy cuenta que desde… bueno, que Liena nació, Lori los afectó bastante al contarles algo que realmente no tenía tanta importancia como la que le siguen dando. Lo de Lynn y yo no fue tan grave, sólo éramos casi unos niños todavía entonces y lo superamos en nada, ¿no pueden hacer ustedes lo mismo?

El padre suspiró.

—Supongo que tienes razón, es solo… que se me hace sospechoso que sigas sin tener novia.

—Ya se los dije a todos: los estudios y las prácticas no me dan tiempo de nada. Además, ten en cuenta que Lynn sí tiene novio.

—Es verdad, Taylor.

—Jacob. Dejó de salir con Taylor hace mucho.

—¿Y quién es ese Jacob?

—Alguien del club de debate.

—¿No estaba ahí su exnovio Robert?

—Por él lo conoció.

—¿Y que hay de su hermana Kristen?

—A Lynn no le gustan las mujeres, esa es Luna.

—No me refería a LJ, sino a ti.

—¡Por supuesto que me gustan las mujeres!

—Ahora me refería a Kristen. Me dijiste una vez que te parecía linda. ¿Por qué no te haces un tiempo entre tus actividades y sales tú con ella?

—Porque a ella también le gustan las mujeres.

—¡Vaya! Eso no me lo esperaba.

—Nadie lo hacía.

Se quedaron en silencio un momento, incómodos al hacer el repaso de la mitad de novios que Lynn había tenido el último año. De pronto el padre pareció reconsiderar un poco su postura.

—Sabes… no creo que haga daño que le eches un vistazo a tu hermana de tanto en tanto y estés al pendiente de lo que hace y con quien lo hace.

—¿Entonces quieres que la cuide?

—Por lo que más quieras, hazlo.

Ambos comenzaron a reír y más relajados miraron la casa de al lado, Lincoln poniendo especial atención al cartel que en letras grandes anunciaba su venta.

—Sabes, si la casa no se vende de aquí en unos años, podría intentar pedir un préstamo y con lo que junte podría comprarla para que seamos vecinos.

—Eso sería genial. Pero no estoy seguro que resulte ya que tendrías que darte mucha prisa. Es verdad que las propiedades de alrededor no solían ser muy cotizadas, pero desde que tus hermanas poco a poco han ido abandonando el nido, extrañamente ha coincidido con que el valor de las propiedades se incrementara.

—Eso es muy extraño. En fin —suspiró con nostalgia—. Me cuesta a veces pensar en que el señor Grouse nos haya dejado.

—Yo también extraño a ese anciano. Bueno, sabemos que está en un lugar mejor.

—El paraíso.

—No sabía que creyeras en eso.

—Por supuesto que lo creo, papá. He visto las fotos de Miami que les ha enviado y de verdad las residencias de jubilados parecen un paraíso. Tal vez debería de marcarle desde ahora para hablarle sobre mi proyecto y ver si no consideraría hacerme un descuento de lo que pide a largo plazo.

—Ya habrá mucho tiempo para eso, hijo. No hay prisa.

—No está demás pensar desde ahora en eso. No querrán que Leni y mi hija vivan toda la vida con ustedes, ¿o sí? Sería bueno que nos independizáramos para cuando termine la universidad.

Lynn se sintió nuevamente incómodo.

—Ni tu hermana ni tu sobrina son tu responsabilidad, hijo. Y no, a tu madre o a mí no nos molestaría que Leni y nuestra nieta se quedaran a vivir todo lo que quisieran con nosotros.

Lincoln decidió que sería algo que meditaría con más calma, no solamente sobre el hipotético futuro en el que deseaba que Leni y Liena formaran parte, sino también por aquella casa.


Más tarde, mientras el señor Loud regresaba con los demás para ir despidiéndose de su hija, Lincoln permaneció en el jardín un momento más admirando la tumba de Cliff. Un avejentado y pequeño pitbull se acercó gimiendo con tristeza al dirigir su atención al lugar donde sepultaron a su amigo. Su dueño le hizo unos mimos en el cuello.

—Sé que lo extrañas, Charles. Hazme un favor y ya que sólo tú quedas, cuida de mis padres, mis hermanas y mi hija. La mascota emitió un débil ladrido en respuesta.

A unos pasos de regresar a su casa, Leni lo interceptó, sin decirle ni una palabra, ella lo tomó de la mano y lo llevó de regreso dentro de la casa aprovechando que todo mundo estaba afuera.

—¿Qué ocurre, Leni?

Le había preguntado a lo largo del trayecto, pero no fue sino hasta que llevó al chico a su habitación que le respondió.

—Sólo quería darte las gracias por hablar haber hablado y pasado tu tiempo con Liena. Espero que Lynn no se haya sentido apartada.

—No tendría por qué sentirse así, además ella se apartó por sí sola. No te preocupes, Leni. Sabes que me gusta estar con ustedes lo más que pueda. Pero, ¿qué te ocurre?

Podía intuir que estaba algo decaída.

—Nada. Es sólo como que aun me está costando trabajo tratar de estar sola por mi cuenta e intentar hacer algo mejor por mí misma para Liena.

—Leni, sé que te gustaría más independencia, pero creo que deberías de apreciar las facilidades que tienes.

—¿Qué facilidades? Mi trabajo no es la gran cosa y a veces no me alcanza para comprarle lo que quisiera a mi hijita.

—Tienen comida, techo, ropa y ella va a la escuela, además por lo que me han platicado todos, siempre te las ingenias para pasar mucho más tiempo con ella de lo que probablemente lo hicieron papá y mamá con nosotros —se permitió un momento para meditarlo—. Aunque en su defensa, quizá se deba a que Liena es hija única.

—Supongo. Pero me refiero a que siento que tampoco es justo para ellos después de mantenernos todo este tiempo a nosotros, que sigan haciéndolo conmigo y también con su nieta, cuando se supone que ese debería ser solo mi trabajo.

En un ataque de impulsividad, Lincoln decidió contarle parte de su proyecto.

—Leni, aún no es seguro, pero en mis planes para cuando termine la universidad está el conseguirme un buen empleo y juntar el dinero suficiente para que compremos nuestra casa.

—¿Nuestra casa? Pero si ya tenemos una.

—No. Nuestros padres tienen una. Yo me refiero a una donde podríamos vivir juntos.

Esperaba ver el rostro de Leni iluminarse feliz, emocionada ante la idea. Al no ver nada de eso, Lincoln pensó que no le estaba entendiendo y tendría que explicárselo con más calma para que lo hiciera, cuando su hermana le hizo una observación con una sonrisa vacilante.

—Pero Linki, yo no soy tu esposa ni tu novia como para que vivamos juntos.

El peliblanco no se esperó eso.

—Bueno… eso no importa. ¿Y qué hay de Liena? ¿No se supone que es mi hija?

Leni suspiró con cierta alegría.

—Eres el mejor hermano del mundo y siento… como que me he aprovechado mucho de eso todo este tiempo para que me ayudes con Liena. Fue genial que lo hicieras antes de irte a la Universidad y me encanta que sigas haciéndolo llamándole por teléfono, enviándole regalos y jugando con ella cada vez que vienes a casa. Pero Linki, ¿acaso somos nosotras las culpables por lo que no tienes novia?

Cuando sorprendido comprendió segundos después a qué venía al caso dicha pregunta, un tanto molesto y cansado se la contestó.

Mientras tanto, Liena buscaba a una de sus tías, preferiblemente Lily o Lana para pedirles que le ayudaran con una de sus tareas. Era algo complicada, ya que involucraba macarrones, una cartulina, colores y mucha brillantina, cuando al asomarse a la habitación de su mamá, escuchó a sus padres hablando. La puerta estaba entreabierta, por lo que siendo lo más silenciosa que podía, se acercó para además de escucharlos, verlos también.

—¡Por favor, Leni! Ya tuve suficiente con papá preguntándome algo parecido. Lo que hago por ustedes lo hago porque quiero y nada más. No me siento obligado a hacerlo. Lo hago y ya, eso es todo. Y creo no necesito ninguna novia si tengo a mi familia cerca y ustedes son mi familia, por lo que de verdad me gustaría que consideraras a la larga mudarte conmigo junto a Liena.

Leni le acarició el cabello conmovida.

—No lo sé. Tal vez si al menos pudiera hacer algo por ti, como por ejemplo ser algo más que tu molesta hermana.

—No te digas así, sabes que no me molestas. Yo te quiero mucho, Leni.

En un impulso que le nació hacer sin pensar, ella se acercó a su hermano dándole repentinamente un breve beso en los labios. Lincoln se sorprendió, habían pasado años desde que Leni hiso algo así, específicamente desde que la… bueno, había pensado durante todo ese tiempo que ella debido a eso nunca volvería a querer besar o intimar con nadie, mucho menos con él.

—Lo pensaré —finalmente Leni le contestó—, pero no quiero que por nosotras frenes tu vida y te pierdas de algo importante para ti. Si de aquí a entonces por fin conoces a una chica con la que de verdad te gustaría hacer tu vida, por lo que más quieras no la vayas a dejar ir por nadie más.

La joven mujer se asomó por la ventana, desde donde distinguió a Lynn mostrándole a Lily un truco con el balón. Tuvo un presentimiento que prefirió callar por el momento para no inquietar a su hermano.

—¿Y si no?

—Entonces como que quizás, así como tú has hecho del papá de mi hija, yo… podría… hacer de tu esposa si nos vamos a vivir juntos, tal vez.

Lincoln suspiró con temor tocándose los labios.

—Leni… ¿yo te gusto de esa manera?

—Te quiero mucho, pero no estoy muy segura de que lo haga como… —de nuevo observó a Lynn— lo podría hacer otra chica.

—No quiero que sientas que debes hacer esto por compromiso. No te estoy condicionando. Cuando me refería a que tú y yo viviéramos juntos, pues… no me refería a…

—Pero yo sí. Esa es mi condición, así que tal vez debas como que considerar tener una novia.

Ambos permanecieron en silencio, sólo observándose. Fue difícil saber quien comenzó, pero al instante siguiente, se abrazaron con cariño y amor. Liena felizmente se marchó emocionada olvidándose de su tarea al pensar que quizá dentro de algún tiempo y si su papá no encontraba novia, su mamá y él después de todo si podrían casarse y vivir juntos.


A pesar de haberle explicado con calma nuevamente el por qué su padre tenía que irse a la escuela a otra ciudad, Liena no pudo evitar llorar al mismo tiempo que con todas sus fuerzas se abrazaba al torso de su padre. Lincoln acariciaba el cabello de su pequeña a la vez que le pedía que fuera fuerte.

—Ya, hijita. Te prometo que regresaré para las vacaciones en el verano y jugaré contigo todos los días, ¿qué dices?

La niña hipó sorbiendo la nariz.

—¡Tú eres mi papito y nadie más lo es! ¿No puedes llevarme contigo?

La escena conmovía mucho a sus abuelos y a sus tías. Rita se acercó e intentó tranquilizar a la niña, pero ella realmente sabía cómo mantenerse bien sujetada a su padre. Lincoln le pidió que desistiera.

—Hija, si te llevo conmigo, ¿no crees que tu mamá se pondría muy triste al extrañarte?

De pronto la pequeña comprendió que no tomó en cuenta eso. Intuyendo que esa era su señal, Leni se acercó y sin necesidad de siquiera pedírselo, la pequeña saltó de Lincoln hacia sus brazos.

—Vamos, hijita —la animó su madre—. Verás que el tiempo pasará muy rápido y antes de que te des cuenta, papá estará con nosotras de nuevo.

La niña hizo un puchero, pero asintió. Leni le limpió las lágrimas con un pañuelo que llevaba.

Rita y Lynn tras haberse despedido de su hijo y mientras el resto de las chicas lo hacía, le daban un abrazo a su hija, deseándole la mejor de las suertes en sus exámenes y eventos deportivos, por los cuáles se habían ahorrado mucho dinero gracias a la beca que consiguió debido a su prodigio en el deporte.

—Gracias, mamá. Gracias, papá. Gracias, chicas. Me hubiera gustado verlas a todas.

Su padre suspiró.

—A mí también me hubiera gustado ver a toda la familia reunida, pero como Luan apenas está comenzando en su trabajo, no puede darse el lujo todavía de pedir días libres para venir al pueblo.

—Además que Sam y su banda continúan haciendo su presentación en San Francisco —ante esto, Rita lucía preocupada—. Esa niña debería de hablar más seguido a casa, aunque sea sólo para decirnos que se encuentra bien.

—Vamos, cielo. Si nos marcó hace un par de días para decirnos que le estaba yendo de maravilla.

—De maravilla a Lori. Si no tuviera tan avanzado su embarazo, estoy segura que hubiese podido acompañarlos para visitarnos. ¿Si han ido a ver cómo se encuentra?

Lincoln contestó.

—Hace un par de semanas fui a verla y lucía de maravilla. Bobby ha sabido cuidarla.

Leni estaba tan complacida como sus padres al escuchar eso. Cada que podía, su hermana se mensajeaba constantemente con ella cada día, siendo por primera vez Lori quien la que le pedía ayuda a Leni, siempre bombardeándole con preguntas con respecto al embarazo cuando su madre no estaba disponible. Reconocía que esto la hacía sentirse importante. Lincoln miró su reloj y al ver que todos acababan de despedirse por fin, dio su anunció final.

—Bueno, familia. Nos la pasamos genial y espero pronto que podamos regresar a verlos.

Lynn asintió, pensando que estaba a poco más de un semestre para terminar sus estudios y de inmediato intentar entrar al equipo femenil de soccer profesional de Michigan. Sabía por sus fuentes (exnovios o amigos de estos en su mayoría) que había comenzado a llamar mucho la atención de algunos cazatalentos en más de una ocasión durante los encuentros donde le tocó jugar.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando antes de subir al auto, una voz chillona se hizo escuchar al gritar una orden.

—¡Espera!

Todos se sorprendieron cuando al bajar de los brazos de su madre, Liena había corrido hacia ellos pensando que buscaba un último momento con su padre, solo para detenerse delante de la deportista. Un tanto nerviosos a sabiendas de la poca tolerancia que Lynn sentía por la niña. Curiosa, ella miró a la pequeña tan incómoda como la misma niña parecía sentirse.

—Yo… ah… adiós, Lynn.

Abochornada le extendió su manita. Lynn dudó unos momentos. Todos casi esperaban una grosería por su parte al ignorarla en el mejor de los casos entrando al auto, cuando entonces la joven se acercó para despedirse estrechando la mano de la niña no por compromiso, sino de un modo sincero.

—Sí, gracias Liena.

Por un breve segundo, Lynn hubiera jurado que sintió una conexión muy extraña con la niña. Cuando se soltaron y finalmente partieron. Lily fue a felicitar a su amiga por su hazaña.

—Eso estuvo bien, Liena. Bueno, vámonos a ver el programa de Ace Savy.

—Sí, pero después necesito que me ayudes con una tarea.

A pesar de sentir que se moría de las ganas por contarle lo que escuchó a sus padres hablar, decidió por el momento guardárselo.


Lynn revisaba su teléfono celular en el coche durante el camino de regreso a la ciudad. Lincoln conducía de forma cuidadosa sintiéndose relajado. Había conseguido en una ganga ese coche el año pasado al ser de segunda mano. Tras que Lana le hiciera algunos arreglos, se volvió completamente funcional sólo para lo que lo necesitaba.

—Lynn, ¿pasó algo entre Liena y tú?

—Nada, sabes que no me llevo muy bien con ella, Lincoln.

—Bueno, hay cosas que cambian.

—Y otras que se quedan igual —esto último pareció molestarle a ella misma en particular—. No te hagas muchas esperanzas que tu hija y yo nos llevemos tan bien como sé que a ti te gustaría, ¿entiendes?

Lincoln lo entendió pensando que era una lástima. Decidió cambiar el tema.

—A quien le mensajeas, ¿A Jacob?

—¡Por supuesto que no! Es a Armand, ¿lo recuerdas? El que viene desde Europa como estudiante de intercambio. Creo que saldré con él mañana.

Como de costumbre, Lincoln tuvo que hacer una enorme fuerza de voluntad para serenarse y no ser imprudente al decir algo indebido, como solía pensar en hacer cada vez que escuchaba a Lynn hablar sobre nuevos pretendientes, por llamarlos de alguna manera amable.

—¿Es que ya no estás saliendo con Jacob?

—No. Terminamos antes que viniéramos a Royal Woods.

—¿En serio? ¿Y eso por qué?

—Pues… cosas.

—¿Pero qué cosas?

Lynn intentó imitar la expresión apática de su hermana Lucy con mucho éxito al pensar lo que sucedió esa noche con Jacob y ella en su casa aprovechando que estaban solos. Todo iba bien, los besos, las caricias… la culpa, la sensación de estar haciendo algo indebido, justo para que en el momento de la verdad… terminara pateando en la entrepierna al chico. Casi podía escuchar en ese instante de manera muy vívida la discusión que tuvieron después, empezando con ella ofreciéndole una disculpa por su reacción y que veinte minutos después de los reclamos del chico, terminó con Lynn amenazándole en romperle los huesos si no la dejaba en paz antes de marcharse muy molesta de regreso a su dormitorio, considerando como de costumbre ir a buscar a Lincoln, solo para que como siempre, cambiara de idea.

—La misma razón de siempre por la que no puedo hacer que un novio me dure más allá de un mes.

—¿Y esa cuál sería?

—¡Métete en tus asuntos! ¿Quieres?

Durante quince minutos de camino, permanecieron en silencio antes que Lincoln lo rompiera de nuevo.

—Lamento mucho meterme en tus asuntos, Lynn. No puedo evitar ponerme en plan de hermano mayor y querer cuidarte para que nada malo te pase.

Aunque su preocupación por ella la alegró y la conmovió a partes iguales, pudo más su orgullo ante el temor que el momento se volviera incómodo.

—En primer lugar, no eres mi hermano "mayor", sino todo lo contrario. En segundo, sabes que puedo arreglármelas por mi propia cuenta. Y tercero, creo que te falta una novia para que te hagas una vida propia en lugar de molestarme con la mía.

Sin sentirse realmente dolido, dado a que conocía mejor que nadie la forma de ser de su hermana, Lincoln se encogió de hombros.

—No me refería que soy tu hermano "Mayor" en un sentido cronológico, ¿entiendes… "cortita"?

Lynn gruñó y le dio un soberano golpe en el hombro. Molesto, Lincoln mantuvo el volante con una mano para regresárselo con la otra al reclamarle que pudo ocasionar un accidente al desconcentrarlo de esa manera. Por supuesto que Lynn no dejaría así las cosas. Los gritos y amenazas pronto se convirtieron en risas. Debido a sus juegos el coche comenzó a zigzaguear, Lincoln optó por estacionarse a un lado de la carretera para continuar jugando a las luchitas con su hermana y así evitarse algún accidente.

Un policía se detendría malinterpretando los movimientos del auto, alistándose para arrestarlos por faltas a la moral en vía pública, de no ser porque ambos chicos con sus identificaciones pudieron probar que en realidad eran hermanos y estaban jugando entre sí; no pasó a nada mayor que una llamada de atención y un recordatorio que estaban ya algo grandecitos para esas cosas.


Los vehículos pasaban y los dos recostados atrás del coche pensaban que lo mejor sería que volvieran al camino antes que se les hiciera más noche. Lincoln estaba recostado en el asiento trasero y su hermana contra él abrazándolo. De pronto a Lynn se le ocurrió algo.

—¿No es este el lugar donde Lori nos llevó esa vez para regañarnos hace siete años?

—No, pero justo estaba pensando en lo mucho que se parece.

De nuevo los invadió el silencio, salvo por el ruido de algunos autos al pasar muy cerca de donde estaban, hasta que Lynn se animó a preguntarle algo que hasta ese momento se había contenido de hacerlo.

—¿Aún recuerdas lo que hicimos entonces?

—Es algo que creo nunca olvidaré aún si llegara a vivir cien años.

Lejos de sentirse incómoda, la universitaria se sentía en ese momento más a gusto como no lo hacía desde hace mucho a como cuando eran niños. Ninguno de sus novios la había hecho sentirse tan cálida y protegida como Lincoln lo estaba haciendo en ese momento. Salió con cretinos a los que sentía ella nunca les interesó, también con chicos que se volvieron devotos de sus caprichos. Fue justa e injusta con muchos chicos y su hermano no era la excepción en ese último apartado, sin embargo aun así con él se sintió mucho mejor a como con todos los demás lo hizo, ya fuera por su falta de intentos o exceso en los mismos entre ella y los otros. Lincoln sencillamente era sincero cuando decía conocerla mejor que nadie y saber hacerla sentir especial incluso con tan poco. ¿Pero qué sentiría él por el contrario después de tanto tiempo? Ya habían dejado de ser unos niños, habían madurado.

—Linc, sé que debes de estar harto que todos te pregunten siempre lo mismo, pero quiero que me lo respondas a mí. ¿Por qué no has querido buscar a alguien que esté contigo como yo suelo hacerlo con los chicos?

Ya conocía la respuesta que solía dar dándoselas de matadito y nerd que sólo ve por sus estudios, o de un deportista supuestamente más entregado que ella a su equipo. A veces le inquietaba pensar que ella le causó un impacto muy grande con la relación que tuvieron cuando jóvenes, siendo esto el verdadero motivo por el que no se permitía avanzar, por lo que se llevó una gran sorpresa al escuchar algo inesperado.

—Porque no quiero a cualquiera. No quiero jugar con nadie para pasar sólo el rato, no quiero volverme a ilusionar por nada, lo que quiero es… buscar a la indicada. Quiero a alguien con quien sepa podré pasar el resto de mi vida.

Lynn no dijo nada. Se sintió impactada. En su mente comenzó a barajear opciones como quizá su hermano hacía cada vez que pensaba en un plan, que iban desde una vez graduándose, buscar un departamento e invitar a Lincoln a quedarse con ella, hasta sentirse incapaz de rechazarlo si acaso su hermano decidía de pronto hacerle la misma propuesta que en otras circunstancias rechazaría siempre pensando que era lo mejor para los dos. Buscando zanjar el tema, Lincoln al final agregó.

—Es por eso que en cuanto termine mis estudios, buscaré la forma de mudarme a alguna otra parte y pedirle a Leni que viva conmigo junto con nuestra hija.

El silencio que siguió a continuación no se rompió, al menos hasta que regresaron a la ciudad finalmente y se despidieron para regresar a sus respectivos dormitorios. Lynn saldría con Armand tan solo durante dos semanas, dejándole al tipo una desagradable impresión al final como al resto que estuvieron antes.


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No estaba muerto, aunque tampoco de parranda, algo que me hubiese encantado. Les pido una sincera disculpa por haberme ausentado tanto con regresar a esta historia que de todas las que escribo en la actualidad es mi favorita, a la vez que también es mi cruz más pesada. ¿Sienten que se rompen la cabeza preguntándose qué pasará a continuación? Puedo entenderlo, yo también lo hago con todo y que tengo el esquema. De un modo u otro, mientras tenga vida es seguro que este año la concluyo. Quien guste, la encuesta para la próxima actualización ya está disponible así como las fechas de mis próximos trabajos.

Les mando un saludo a todos, pero en especial a:

StarcoFantasma gracias. En efecto la perspectiva de Lucy se dará a conocer en la tercera parte, misma a la que ya le tengo un título. En su momento lo revelaré. Aunque ya no soy mucho de anime, alguna vez lo fui, tal vez a nivel inconsciente puse algo del estilo en la historia, je. Podría ser. Saludos.

Ficlover93 gracias. Es una manera muy cómoda de leer la que me describiste. No hay nada mejor que leer en dicho escenario. Descuida, que el final lo tengo ya contemplado casi al detalle. Espero te haya agradado esta nueva entrega. Te deseo suerte con tus proyectos, colega. Saludos.

FelCas gracias. Aunque no vimos mucha interacción entre Lynn y Leni, es posible que a futuro esto se resuelva, que por el contrario tuvimos un inesperado encuentro entre Lynn y Liena. En el próximo capítulo tendremos mucho más Lynncoln del que puedan imaginarse. Saludos.

Sgtrinidad9 gracias. Lamento la demora, espero te haya agradado la nueva entrega. Tal vez Lynn siga sin ser la tía del año, pero ya hemos visto una mejora inicial en cuanto a su actitud con su sobrina. Sobre el Lynncoln, no tarda en resurgir. En cuanto a los demás personajes que fueron dejados de lado, en efecto será en "Tan sólo anécdotas" dónde sabremos más qué fue de ellos, espero te agrade cuando narre sus impresiones. Saludos.

Guest gracias. En efecto los saltos de tiempo por un lado son para avanzar mejor la historia sin tanto relleno, pero del mismo podremos conocer más en "Tan sólo anécdotas". Tus teorías son interesantes. Ya veremos qué tan acertado estuviste y cómo. Saludos.

Mr. G gracias. Tuvieron sus momentos para aceptar a Liena, pero la familia terminó por hacerlo, con sus dos excepciones que al menos han aprendido a tolerarla. Lo del tarot no fue fortuito, algo importante vendrá relacionado con los resultados que Lucy tuvo de este, ya lo verán. Gracias por el apoyo. Saludos.

PenguinArrow gracias. Es interesante la manera en que interpretaste las cartas de Lucy. Por el momento no voy a revelar nada al respecto, sin embargo algo ocurrirá en el futuro además de lo que ya mostré al inicio que tal vez te dejé más ansioso. Espero te agrade. Saludos.

Grey gracias. Poco a poco se Irán viendo más cambios, si son para bien o para mal, ya veremos. Saludos.

Julex93 gracias. Lamentablemente Leni nunca se recuperará del todo lo que sufrió, pero a pesar de ello podrá seguir adelante. A madurado, más sin embargo en efecto conserva su dulzura, si acaso no creció más debido a su hija. La relación que llevan Lincoln y Lynn incluso años después permanece un tanto tensa a pesar de fingir que no es así, siento que ella finalmente comienza a bajar sus defensas con respecto a la niña. Espero te agrade este capítulo así como el que vendrá después. Saludos.

EltioRob95 gracias. Liena tiene una buena vida, pero como ya vimos a momentos también sufre ciertos inconvenientes, una suerte al que tenga una gran familia que la respalde, al menos en su mayoría. Saludos.

Patoo gracias. Lamento haber tardado tanto en actualizar, no es que tuviera problemas en el cole (que tengo años de haber terminado, si acaso en parte fue por problemas en el trabajo, je). Lo que ocurrirá entre Lincoln y Lucy es algo que todavía falta para explorar más a profundidad. Leni al final no fue a la fiesta. Descuida, en su momento se entenderá lo que querían decir las cartas. Saludos.

Dalex gracias. Espero puedas seguir todavía conmigo por ahí, lamento la demora, espero te siga gustando la historia y continúes siguiéndola. Saludos.

Coblics gracias. Aprecio tus palabras, de verdad que me sorprendió ver un comentario tuyo. Tus historias son geniales, mantengo la esperanza que no dejes del todo abandonada la de The Doll. Espero te guste la compilación que acompaña a este fic. Saludos.