Capítulo 16. Entre la vida y la muerte


Tres semanas habían pasado desde que Luna y Donna habían sido secuestradas, aunque para ellas el tiempo pasaba desapercibido al encontrarse confinadas en aquella habitación, vigiladas las 24 horas por el personal de seguridad de Arklay y siendo objeto de experimentos biológicos. Con Donna habían sido menos inhumanos, la pequeña solo era expuesta a tomas de muestras de sangre 1 vez por semana, mientras que con Luna no habían tenido compasión, a menudo era llevada a la fuerza por el personal médico al laboratorio, en donde le inyectaban líquidos desconocidos para ella y la mantenían bajo constante monitoreo de sus signos vitales. Sus brazos estaban llenos de moretones producto de los pinchazos de las enormes agujas que los médicos utilizaban, había bajado considerablemente de peso y las pesadillas de las que era víctima casi todos los días, no la dejaban dormir.

Voldemort estaba intranquilo, su equipo médico llevaba dos semanas intentando frenar el avance del virus T en el organismo de su protegida y hasta el momento no habían podido hallar una cura. La desesperación se estaba apoderando de él y más cuando uno de los científicos le había comentado que a la chica no le quedaba mucho tiempo de vida. Voldemort había visto día tras día el deterioro de su salud, las ojeras de cansancio bajo sus ojos, el peso considerable que había perdido, ya no era la chica vivaz y valiente que había llegado a las instalaciones de la corporación, sus fuerzas parecían apagarse de a poco, lo único que jamás había visto hacer era llorar, la podían someter a terribles torturas y, sin embargo, ella no derramaba ni una sola lágrima. No aguantando más la situación, el dueño de la corporación Arklay, se dirigió donde su personal dispuesto a encontrar esta vez una solución a su más grande problema: perder a una hija más.

- ¿Qué han encontrado? – Preguntó Voldemort entrando al laboratorio, el personal del lugar realizó una reverencia al verlo ingresar y el médico más cercano tomó la palabra para explicarle sus avances.

- Señor, hemos investigado durante días sin dormir…

- No me interesa eso – Siseó Voldemort enojado – No quiero saber de los esfuerzos que han hecho, solo quiero resultados. No quieras presumir con arrogancia tus logros, porque eso es lo que menos me importa, o me das resultados o se atienen a las consecuencias. – el joven tragó grueso al escuchar aquello, al parecer el jefe se había despertado de peor humor esa mañana.

- El virus T es demasiado poderoso. Por más que hemos intentado no sabemos que componentes utilizó Longbottom en su creación.

- Quieres decirme entonces que la chica morirá – El joven médico enmudeció, no sabía realmente si lo dicho por su señor era una pregunta o una afirmación y a decir verdad le daba mucho miedo contestar, él tenía un hogar, una familia y miles de sueños por cumplir.

- Mi señor hemos intentando de todo – Intervino Lucius uniéndose a la conversación – Voldemort avanzó con determinación hacia Lucius volteando su rostro con una sonora bofetada.

- ¡Son unos incompetentes! – Gritó perdiendo los estribos – Van a pagar muy caro el haberme fallado – Dijo con su clásico siseo al hablar.

- Todavía hay una esperanza señor – Gritó el médico que se encontraba más lejos de él. Voldemort clavó su vista en el hombre corpulento que le había hablado, si el sujeto se equivocaba y le daba falsas esperanzas, iba a hacer que se arrepintiera, toda su vida. Con paso seguro se acercó hasta el hombre y lo increpó con violencia.

- ¡Dime todo lo que sepas! – Exigió intimidándolo

- No lo hagas John, no tenemos seguridad de lo que eso pueda causar – Le susurró un compañero al lado, pero no pudo seguir insistiendo para que su compañero desistiera de su idea porque un disparo en medio de su frente lo había silenciado para siempre. Voldemort sonrió complacido guardando su arma para poner toda su atención el aquel sujeto llamado John.

- Se tiene conocimiento desde hace algún tiempo que en el mundo de la biología y la medicina se usan virus para contrarrestar el efecto de otros virus, pensando en esto, existe la posibilidad que el virus T pueda ser combatido por el virus E-force, al tratarse del componente creado para intentar destruir la naturaleza dañina del proyecto Nott – Voldemort escuchó boquiabierto aquella explicación, era un posibilidad interesante, la garantía de que funcionara era de un 50% o menos, sin embargo era eso o nada. El sonido de la puerta de laboratorio al abrirse de forma abrupta captó de inmediato su atención, un joven del personal de seguridad entró respirando de forma irregular y al parecer bastante asustado.

- Mi señor… - Voldemort asintió dándole permiso de hablar – Es la señorita Lovegood, creo que se encuentra mal y requiere de atención médica urgente. – el rostro de Voldemort se descompuso y los médicos no tardaron nada en responder al llamado del chico de seguridad, llegando a la habitación que Luna compartía con Donna en menos de unos segundos. La niña lloraba sobre el cuerpo de Luna, cuyo rostro reflejaba una palidez extrema y sus labios estaban amoratados.

- Ha sufrido un ataque cardio-respiratorio – Comentó uno de los médicos – debemos realizar maniobras de resucitación de inmediato – la agilidad con la que su equipo de científicos trabajaba lo había dejado algo aturdido, en menos de dos minutos habían estabilizado a la chica a la que habían encontrado prácticamente muerta. Luego de aquello, la habían trasladado hacia una habitación más apropiada donde podían estar al tanto de sus signos vitales, la pequeña Donna había berreado tanto que Voldemort había permitido que acompañara a Luna hasta su nueva residencia.

- ¿Cuál es su estado? – Preguntó Voldemort ingresando al centro de mando, los médicos lo miraron con miedo y preocupación.

- Ha sufrido un par de infartos más, mi señor – Dijo John cabizbajo – Creemos que, si tiene uno más, no será capaz de resistirlo y no podremos hacer más por ella. – Voldemort apretó sus labios con tanta fuerza que estos formaron una delgada línea de color blanco grisáceo.

- Y la solución que me comentaste – John miró directamente a los ojos a su jefe, algo que no estaba permitido dentro del reglamento de la corporación, pero se había atrevido a hacerlo porque quería experimentar el miedo que sus compañeros sentían justo antes de morir. Voldemort frunció el ceño al verlo sostenerle la mirada, aquello no estaba permitido, pero estaba dispuesto a dejarlo pasar si aquel era el hombre que podía salvar a su niña.

- Mi señor – Dijo John intentado disculparse y bajando la mirada con un miedo tan atroz que sus piernas empezaron a temblar. – Aunque no es seguro que vaya a funcionar, si usted me autoriza ahora mismo procedo a inyectarle el virus E-force.

- ¡Hazlo! – Contestó con rapidez – haz lo que sea necesario para que ella viva…

John no necesitó más confirmación, de inmediato él y sus compañeros se dispusieron a hacer todo lo necesario para realizar el procedimiento de infección controlada que tenían dispuesto para aquella pobre chica, que se debatía entre la vida y la muerte.

- Mi señor – le llamó Lucius a su lado, Voldemort no volteó su rostro, pero Lucius sabía que lo estaba escuchando, aunque su mirada estuviera fija en sus médicos mientras le inyectaban el virus E-force a la muchacha que era su protegida. – Estoy seguro que todo saldrá bien… - Voldemort miró a Lucius durante algunos segundos y el rubio no estaba seguro que le había querido transmitir aquellos ojos oscuros y turbulentos.

- ¿Crees que funcione? – Le preguntó a John su compañero de oficio. La respuesta del hombre iba a ser una positiva, pero cuando vio el cuerpo frágil de la chica empezar a convulsionar, sus esperanzas se fueron al demonio, sus compañeros habían entrado en pánico y parecían no saber qué hacer ante la situación. Con el valor que nunca creyó tener rompió la camisa de Luna dejándola en ropa interior y procedió a utilizar el desfibrilador, sus colegas parecieron reaccionar pues empezaron a ayudarlo en su labor, después de un par de maniobras Lovegood había vuelto a estar estable, su corazón latía acelerado, pero por lo menos lo hacía y de a poco sus signos vitales habían empezado a normalizarse.

- ¿Fue exitoso el proceso? – John pensó en la mejor respuesta para su atontado asistente que miraba con devoción a la rubia que se encontraba respirando con algo de dificultad frente a él.

- Empecemos a realizarle los exámenes pertinentes para comprobar eso – Dijo John examinando a la chica inconsciente. Durante horas hicieron todos los exámenes para comprobar el estado de Luna, Voldemort se encontraba impaciente esperando que despertara de un momento a otro, pero aquello no sucedió. Los estudios habían arrojado que el virus E-force se había instalado con éxito en el cuerpo de Lovegood, aunque el virus T no había sido erradicado, el experimento había sido considerado un éxito cuando al tercer día de haberlo practicado John notó que los órganos dañados de Luna se habían recuperado en su totalidad y que la joven gozaba en el momento de una buena salud. Al parecer los virus en su organismo se habían fusionado formando una combinación perfecta. En el quinto día después de haber practicado la operación, John encontró que la actividad cerebral de la muchacha había aumentado muchísimo, al realizarle estudios notaron que ciertas partes del cerebro que normalmente la mayoría de las personas no usaban o que tardaban años en desarrollar, ella la tenía completamente funcional. Luego de un par de semanas Voldemort ya empezaba a desesperarse por su estado de inconciencia, John trataba de explicarle que aquello era algo que no se había esperado pero que podía ser normal debido al estado en el que la joven había ingresado.

- ¿Cuándo? – Gritó Voldemort tomando por el cuello de su bata a John que sollozaba asustado

- Mi se…se…señor – tartamudeaba el hombre sin poderse contener, sus piernas y manos temblaban sin control y el miedo empezaba a apoderarse de él, iba a morir, eso lo sabía a la perfección, pero entonces una suave voz angelical hizo que volteara su rostro hacia la chica que había permanecido dormida durante dos semanas.

- Mi pequeña – Susurró Voldemort soltando a John y acercándose a Luna a quien acariciaba el cabello con devoción. Aquellas palabras habían sido pronunciadas con un instinto paternal, que había logrado asustar a John. - ¡Examínala! – Le exigió con enojo su jefe, el muchacho no tardó en obedecer las órdenes y procedió a revisar a la chica, que se removía incomoda evitando el contacto con él. - ¿cómo te sientes? – le preguntó Voldemort con preocupación. Luna no había abierto en su totalidad sus ojos, era como si la luz proveniente de las lámparas LED de aquella habitación le molestaran, así que Voldemort ordenó disminuir su luz. La chica abrió completamente sus ojos celestes, los mismos que Voldemort adoraba con enferma pasión, eran del mismo tamaño y color de su hijita perdida Delphini. Luna miró a su alrededor tratando de reconocer el lugar, al final supo que no tenía idea de donde estaba metida, le extraño el no tener en su cuerpo aquella sensación de cansancio y dolor de la que había sido víctima los últimos meses.

- ¿Dónde estoy? – preguntó con voz ronca la chica. Voldemort sonrió al oírla hablar, el milagro que tanto había deseado, por fin se le había concedido.

- Estás en la habitación de recuperación. Estuviste inconsciente durante días y ahora por fin has despertado – Luna arrugó el ceño al escuchar aquello.

- ¿Donna? – Voldemort acarició su cabello con dulzura mientras gritaba a sus empleados que trajeran a la pequeña, luego de algunos minutos la niña ingresó de la mano de una chica de apariencia amable, la pequeña sonreía mientras corría y abrazaba a Luna con fuerza. - ¿Cómo estás mi pequeña? – Donna sonrió feliz

- Bien tía Lu, aunque extraño mucho a mis papitos – Confesó algo cabizbaja – El señor Voldemort me ha prometido que pronto los veremos tía Lu – Exclamó la pequeña dando pequeños saltitos en la cama al lado de Luna – también podrás ver a tío Theo y a tío Blaise. – el rostro de Luna adquirió una tonalidad pálida y la tristeza se apoderó de su mirada al escuchar el nombre de Theo. Ya había perdido la cuenta del tiempo que había pasado lejos de su amor y su alma anhelaba a cada segundo su presencia.

- Pequeña ¿Por qué no vas con tu niñera a jugar en el parque? – Donna sonrió con felicidad. Le dio un sonoro beso a Luna y corrió al lado de la chica de aspecto amable tomando su mano y saliendo de la habitación dando pequeños saltos emocionados.

- Deberías descansar – le dijo Voldemort a Luna intentando que la rubia se recostara en la cama, pero ella se resistía casi con violencia. – No te preocupes pequeña, pronto daremos con el monstruo que te infectó con el virus T – Luna dejó de forcejear al escuchar eso, ¿A qué se refería Voldemort con eso?

- ¿De qué hablas? – Dijo exaltada sin tratar de ocultar su preocupación

- Tuviste dos semanas ausentes así que no te has enterado de muchas cosas. He tenido algunas conversaciones interesantes con la pequeña Donna – Exclamó sonriendo con malicia - ¿Cuál es tú relación con el proyecto Nott?

- No tengo idea de qué estás hablando – Mintió, pero Voldemort era demasiado astuto para creer aquello.

- ¡No me mientas! – le gritó abofeteándola con tanta fuerza que su labio había empezado a sangrar. El miedo se apoderó de su cuerpo y sin evitarlo empezó a temblar. – Sé perfectamente que ustedes dos son más que simples amigos o conocidos. Mi pregunta ahora es ¿Cómo te infectó? – Luna tragó grueso, si él pensaba torturarla que lo hiciera, pero no diría ni una palabra que le permitiera saber algo de Theo o de sus amigos. - ¡Cómo lo hizo! – Otra bofetada más fuerte - ¡Responde maldita sea! – Sus labios apretados en una perfecta línea casi blanquecina le demostraban a Voldemort que aquella chica no iba a hablar por más que la golpeara con hierros candentes, sus ojos se iluminaron cuando una idea interesante cruzó por su mente.

- ¿Qué piensa hacer? – Chilló Luna asustada. Voldemort sonrió y sus ojos reflejaron la maldad de la que era dueño.

- Tú misma lo veras, cuando veas cruzar por esa puerta a tu noviecito, te aseguro que serás la primera en ver como acabo con su vida – Luna se llevó las manos a la boca horrorizada, Voldemort le había puesto una trampa y ella había caído.

- ¡No por favor! – Gritó con la voz entrecortada, era la primera vez que Voldemort la veía flaquear y aquello le dio una inmensa satisfacción. – Fui yo quien insistió en que estuviéramos juntos, él no quería por su virus – Reconoció con algo de vergüenza bajando su rostro

- ¡Eso ya lo sabía niña tonta! – Gritó Voldemort arrojándola de la cama. Con la misma violencia con la que la lanzó al suelo se acercó a paso apresurado ayudándola a levantar y acunándola entre sus brazos con gesto paternal que rayaba en lo obsesivo y la locura.

- ¿Qué es lo que quiere de mí? – La pregunta lo dejó sorprendido. Luna se soltó bruscamente de su agarre y lo miró con determinación, definitivamente su pequeña hija era una caja de sorpresas muy agradable.

- Quiero que seas mi espía. – Luna abrió la boca sorprendida, jamás se atrevería a hacer algo tan bajo como traicionar a sus amigos, pero las palabras que escuchó a continuación no le dejaron elección – De corazón espero que aceptes, me daría mucha pena el tener que acabar con las vidas de las personas y más si son aquellas tan queridas para ti, hija. – Luna endureció su mirada y apretando los dientes pronunció rudamente.

- Usted no es mi padre – Voldemort limpió el hilo de sangre que bajaba del labio de Luna con expresión de amor en su rostro.

- Lo seré – Contestó simplemente - Deberás ser mi espía y mi hija. Me llamarás padre y nos mantendremos en contacto todo el tiempo.

- ¡Yo no haré tal cosa! – Voldemort volvió a abofetearla esta vez más fuerte logrando que la chica se retorciera del dolor en el suelo. El misterioso hombre se agacho hasta quedar a la altura de ella y tomó con delicadeza su barbilla lastimada por sus golpes.

- Deberás hacerlo o tus amigos sufrirán. No sabes qué triste será para ti el saber que por tú culpa morirán las personas que quieres, cómo la pequeña Donna, el traidor de Malfoy y Zabinni, el chico Potter, los Weasley, la periodista idiota que mostró evidencia en nuestra contra en los medios o peor aún la chica Granger y su hijo no nato – Luna se sorprendió al escuchar aquella declaración, Hermione estaba embarazada y ella no tenía idea de eso – No te habrás creído esa idea de que Nott no puede morir ¿verdad? Porque me encantaría demostrarte cuan equivocada está esa teoría… - La rubia contuvo un sollozo que estuvo a punto de salirse, ella no podía permitir que sus amigos sufrieran por su culpa, ellos eran su única familia, eran todo lo que tenía, si los perdía, perdería todo en la vida. Jamás había sido egoísta, siempre trataba de pensar en todos antes que, en ella, pero en aquella oportunidad solo pensaba en las personas que se habían convertido en todo para ella y que significaban tanto para su vida. Sabía que la decisión que tomaría afectaría muchísimas vidas humanas, pero era el precio que debía pagar por mantener con vida a los suyos.

- Tendrás que prometerme que no lastimaras a ninguno de ellos. Donna, Harry, Ron, Hermione, Ginny, Draco, Blaise, Pansy, Jacob, Astoria y Theo estarán a salvo – Voldemort asintió con una pequeña sonrisa victoriosa

- Otra cosa más querida – Susurró el hombre tratando de acercarse, pero Luna retrocedió asustada lo que pareció hacerle gracia porque se carcajeo un par de veces – Olvídate de tu relación con el joven Nott, te quiero lejos de él – Los ojos de Luna s llenaron de lágrimas que se negó a dejar salir, con pesadumbre y el corazón hecho pedazos, la chica asintió cerrando así el trato que la llevaría a la perdición. – Muy bien, alista tus maletas hija, mañana mismo regresas con tus amados amigos que están ansiosos por verte volver. – Y diciendo aquello el macabro personaje se alejó por la salida dejando a Luna completamente sola y destruida.


Próximo capítulo: Losing you