Yuuri quiere morir.
No literalmente, pero si en su mente.
Siente que ha metido la pata de la peor forma posible y todo su malestar se equipara al momento en el que se enteró que le envió una foto de su miembro a su jefe.
Ya han pasado varios días desde que Yuuri haya cometido el error de manchar el traje de Víctor en una estrategia de poder "incitar" a su jefe mientras limpiaba sus ropas cercanas a su intimidad, pero dada la reacción obtenida la moral de Yuuri se fue por los suelos y piensa si de verdad ha estado obrando bien.
—Phichit ¿Y si metí de verdad la pata? —Consulto el japonés hecho un mar de preocupación—, ¿No será mejor olvidarnos de esto y seguir mi vida normal como su secretario?
— Ah, no, no quiero escuchar eso ahora Katsuki Yuuri ¡No puedes desanimarte a estas alturas del partido! ¡Haz hecho muchas cosas para hacer que tu jefe caiga ante tus encantos, no puedes simplemente —le decía el tailandés por teléfono mientras Yuuri se hacía un ovillo en su cama.
— Pero Phichit —busco excusarse, pero un nuevo regaño salió por el auricular del teléfono.
— ¡Phichit nada! Ahora quiero que mañana te pongas tus ropas más sexis y muevas bien esas caderas cuando estés pasando cerca del presidente Nikiforov ¿¡Me has entendido!?
Poco después de eso la llamada se colgó y Yuuri dio tendido suspiro, entendía las palabras de su amigo, había hecho muchas cosas para llegar a ese momento, no era el momento de echarse para atrás, especialmente luego de tomar la determinación de acercarse a su jefe, pero no simplemente no podía evitar que la inseguridad le atacase. ¿Y si estaba incomodando a su jefe en lugar de incitarlo? Se dio un fuerte pellizco en una de sus mejillas a manera de reprimenda, no quería que nuevamente la ansiedad le ganase. Debía ser fuerte en lo que se había pactado, iba a hacer que Víctor Nikiforov se fijara en él.
Pero eso era más sencillo decirlo que hacerlo. Ya eran casi tres semanas desde que Yuuri había dado inicio a su plan, teniendo una breve interrupción con el incidente del té, el japonés había reactivado sus ataques de incitación, pero hasta la fecha no había logrado ningún avance con el ruso. Yuuri comenzaba a sentirse frustrado, pensando que quizás jamás fue del interés de su jefe, y que aquel contrato era una forma de castigarlo por la indecencia de la foto que le envió sin querer.
Yuuri suspiro por enésima vez ese día luego de recordar su conversación con el tailandés, este le proporciono nuevamente una técnica de seducción en la que debía acercarse a su jefe mientras le mostrase unos papeles y robarle un beso, la simple idea hacía que el rostro del secretario enrojeciera como un farol de navidad, pero no tenía otra opción, estaba desesperado y quería que al menos Víctor tuviera en cuenta su sentir. Tenía miedo de las consecuencias negativas de eso, pero no podía dar marcha atrás.
Era ya de tarde cuando Yuuri daría comienzo a su plan, Víctor apenas a las 4 llegaría de una junta con el equipo de producción de la empresa y él tendría que presentarle el informe de la reunión con el equipo de promoción y publicidad, cuando llegara el momento correcto, le besaría.
De repente la puerta de la oficina se abrió dejando ver como el presidente de la empresa daba su ingreso con gesto cansado, Yuuri se dio un último ánimo interno antes de proceder con su plan.
— Uff, esa junta de la tarde estuvo demasiado estresante —comento el ruso llegando al
—Muchas gracias por su arduo trabajo ¿Hubo algún nuevo problema con el director Leroy? —consulto.
— No, la reunión flujo muy bien, pero tardo más de lo acostumbrado, fue verdaderamente agotadora —respondió, y al tiempo que Víctor se retiraba la corbata, Yuuri se acercó a él con los papeles del informe en mano—. ¿Cómo estuvo la reunión con el equipo de publicidad?
— El director expresa que tienen los nuevos folletos publicitarios y la pauta preparada para dar a conocer el nuevo producto que tiene la empresa en el área del cuidado de las infecciones. Dicen que cuando guste, usted puede dar la fecha para mostrarle los productos listos.
— Excelente, coordina la próxima reunión con ellos para el miércoles a las 9:00 am.
Víctor se calló de golpe al tener el rostro de Yuuri cercano a él, este aprovecho su distracción para juntar sus labios con los de su jefe. Fue un beso muy breve, el japonés aún no se encontraba muy acostumbrado a los besos franceses, pero creía con ello era suficiente para que su jefe se diera cuenta de su interés por él. Cuando se separó de él parecía no haber ninguna reacción dentro del ruso, pero al contrario de lo que Yuuri pensaba, Víctor Nikiforov estaba al borde del límite de lo que podía resistir y ante cualquier mínimo tocar del japonés siente que podría explotar y fue justamente aquello lo que ocurrió.
— ¡Ya basta con esto Yuuri! —exclamo de golpe asustando al japonés en el proceso.
Yuuri se separó de inmediato de este sintiendo un pánico enorme, no creyó que de todas las reacciones justo obtuviera la más negativa.
— L-Lo siento muchísimo por mi falta de respeto, y-yo no…
Yuuri no sabía qué hacer, era la primera vez que su jefe le trataba de ese modo, quería explicarse de algún modo, pero las palabras no salían, y al mismo tiempo que estaba así, el presidente ruso le miro con frustración y molestia.
—Ya esto es demasiado, no sé si lo haces adrede o inconscientemente, pero por favor para de hacerlo —exigió mientras alzaba la voz y hacía que Yuuri se quedara petrificado al escuchar sus palabras.
Víctor había rebasado sus niveles de tolerancia, simplemente todo eso había sido demasiado. Si recibía un nuevo toque de su secretario estaba seguro que haría algo que no podría ser cambiado, no quería volver causar temor en su subordinado, por eso debía ser fuerte aun a costa que llamase la atención de Yuuri. Cuando se hubo calmado, espero pacientemente una explicación por parte de este, esperaba cualquier cosa al respecto, incluso una réplica por parte de este, pero cuando alzo nuevamente la vista ante él, se encontró con el rostro de pánico de su secretario.
— ¿Yuuri? —pronuncio temeroso, tal parece que se había excedido, pero antes de que pudiera decir algo, este comenzó a hablar.
— Lo siento tanto, yo no quería molestarle con mis acciones. Solo creí…
Inevitablemente las lágrimas comenzaron a caer, y en cuanto Yuuri se dio cuenta no hubo manera de detenerlas. Simplemente no podía, su corazón sentía que lo hubieran acribillado de la peor forma. Estaba seguro que su jefe últimamente no había reaccionado a él incluso cuando se hubo arreglado, pero llegar al punto de hablarle de ese modo hizo que simplemente todas sus esperanzas se fueran al suelo.
— Lo siento tanto, no volveré a hacer nada semejante. Yo solo quería que, aunque fuera un poco, usted pudiera fijarse en mi más allá de solo su secretario. De verdad lo siento.
Era el fin. Su jefe estaba cansado de él y todo era su culpa por haber jugado por con su paciencia, por haber creído que este, aunque sea un poco se había interesado algo en él. Quería irse de allí, necesitaba escapar de allí antes de volver a llorar.
— Ya esto es demasiado —pronunció de golpe asustando a Yuuri en el proceso, pero diferente a lo que estaba pensado, su jefe se apresura hasta la puerta cerrándola con llave, permaneciendo un segundo recostado frente a ella hasta voltearse de golpe hacia Yuuri.
— Por favor no me odies después de esto —pronuncio casi en un susurro, pero de igual modo Yuuri fue capaz de escucharle y levantar su rostro lloroso para ver que estaba sucediendo con el ruso.
— ¿Víctor?
Pese a todo lo que esperaba, no pudo evitar sorprenderse cuando el ruso le tomo entre sus brazos y lo arrincono contra el escritorio, su rostro se sonrojado al ser tomado repente por sus mejillas, pero con la misma intensidad que sintió al verse acorralado, la incredibilidad le llego al observar la mirada reflejada en el rostro de su jefe.
— No sé qué me estás haciendo o si es que me estoy volviendo loco, pero ya no puedo soportarlo más. —respiro ahogado antes de reclamar la boca de su secretario, fue un poco brusco considerando la poca o nada costumbre que tenía el asiático a ese tipo de contactos, pero que de igual modo fue recibido con el mismo deseo. Por algo estuvo varios días buscando aquel acercamiento.
El ruso comenzó a hundir su lengua en la boca de Yuuri mientras lo sujetaba de las caderas para acortar cualquier tipo de distancia entre ellos, cada cierto tiempo separaba sus labios de este, y volvía a reclamarlos con la misma intensidad, lamiendo la comisura inferior para morderlos escuetamente. Miles de jadeos se escapan poco a poco de la boca del japonés mientras hacia lo posible por no perder el ritmo del beso, busco equilibrarse tomando apoyo en el cuello de Víctor, quien acerco aún más su cuerpo sintiendo como poco a poco las erecciones en ambos iban aumentando.
— No se… con que motivo has hecho esto, Yuuri —suspiraba el ruso mientras seguía besándole, abrumado por el dulzor de su boca y las sensaciones cálidas de su cuerpo aun por sobre la ropa—. Pero espero seas obediente esta vez y tomes la responsabilidad, cerdito.
— Si, aceptare la responsabilidad de todo —contesto pasando sus brazos por detrás de su cuello.
Víctor le tomo de las caderas subiéndolo encima del escritorio sin importar si los papeles o cuadernos de contabilidad cayesen de este. Besándolo con frenesí, había aguantado tanto, evitando cualquier tipo de toque con el japonés para evitar causarle miedo, pero había sido tan ciego para darse cuenta que este lo buscaba a él tan desesperadamente. Se sentía estúpido, pero ya no podía reprimirse, estaba tan extasiado. Sus labios, había extrañado tanto probarlos que Víctor se sentía en el cielo. Paso sus manos por su espalda, sus hombros hasta llegar a sus caderas, al llegar allí masajeo sus muslos hasta llegar a su trasero para tocarlo con soltura, y con cada nuevo toque un nuevo gemido se escapaba de los labios de su secretario.
El ruso se separó un poco de este para poder respirar, y lo que observo era tan exquisito que no pudo evitar ver a Yuuri con gran intensidad, reflejando un inmenso deseo en su mirada, acaricia nuevamente el rostro de su secretario antes de dejar un diminuto beso en frente al mismo tiempo que enlaza una de sus manos con las de él.
— Estamos pisando terreno peligroso, Yuuri —susurro—, ¿estás seguro de esto? Si doy un paso más, no habrá marcha atrás y tendré que tomar tu virginidad.
Pero Yuuri no puede sentirse más satisfecho con esa amenaza. El estremecimiento que sintió por todo su cuerpo era la respuesta a ello, y sintiendo un intenso deseo reflejado en su rostro, pasa sus piernas por las caderas de Víctor acercándolo más a él y haciendo que sus intimidades se rocen una vez más, haciéndole ver lo excitado que estaba gracias a él.
— Estoy bien Víctor, así que no tengas miedo y tómame.
Un nuevo jadeo de desesperación sale de los labios de Víctor quien nuevamente atrapo los labios del japonés contra los suyos, mordiendo y lamiendo su labio inferior cual caramelo e introduciendo su lengua en un baile que hacía a Yuuri gemir por más. La lujuria se desborda entre ambos y no pueden evitar caer dentro de ella.
Los gemidos hacían eco en toda la habitación al punto de que Víctor temía que alguien los escuchase al pasar cerca de la puerta, tenían cerca de 15 minutos sin dejar de besarse o rozarse, y cada nuevo movimiento de caderas era un detonante para que los gemidos de Yuuri salieran de su boca. No podían seguir en esas condiciones, Víctor estaba claro de eso, ya era demasiado con el hecho de tener la oportunidad de tomar la virginidad de Yuuri, pero no iba a permitir que fuera de ese modo y en ese lugar, debía ser en lugar como
—Continuemos en mi departamento.
Yuuri completamente embobado con los besos asintió en silencio, y dejando la oficina cerrada para dirigirse al elevador. Emprendieron camino fuera del edificio agradeciendo que ya fuera más de la hora de salida, por lo cual no se encontraron a nadie. El camino al estacionamiento fue tortuoso por la presión ejercida en sus propios pantalones, al llegar al auto de Víctor procedieron a besarse nuevamente antes de arrancar. Durante todo el camino se mantuvieron en silencio, con el deseo flotando en el ambiente. Yuuri no despegaba sus ojos del presidente ruso y Víctor no se separaba una de sus manos de los muslos del secretario, dando pequeñas caricias que estremecían por completo al japonés. Estaban ya al límite.
Cuando llegaron al apartamento del ruso, ambos volvieron a basarse desesperadamente, dejando sus sacos y zapatos en la entrada. Siquiera pusieron atención al pobre caniche, encerrándose de inmediato en la habitación principal.
Al llegar a la cama, Víctor se deshizo de las ropas de Yuuri más rápido de lo que este pudiera haber deseado, sintiéndose avergonzado, pero extrañamente dichoso de estar disfrutando enteramente de la vista que el ruso le proporcionaba. Un rostro enrojecido, el sudor cayendo por su frente haciendo que sus bellos cabellos se pegaran a su rostro, el respiro agitado y las pupilas dilatadas de deseo, una vista exquisita. El propio Víctor también pensaba lo mismo, no era la primera vez que lo veía escaso de ropa, pero si la primera en que podía hacerlo con la sincera tranquilidad de que ambos lo estaban disfrutando. El cuerpo de Yuuri era hermoso, de tez pálida teñida ahora de un brillante escarlata generado por la vergüenza, sus desquiciantes muslos que le incitaban a besar y morderlo toda la noche, los pequeños botoncitos de su pecho, pero, sobre todo le apetecían los gorditos que sobresalían brevemente de su estómago. Provocaban de tal modo a Víctor que quería morderlos y besarlos por horas, Yuuri era una obra de arte hecha persona. Luego de ver su rostro temeroso de él, decidió que su relación debería ser la normal entre un jefe y su subordinado, no había sido su plan caer ante esto, de verdad no lo había sido, pero simplemente ya no podía soportarlo y tal parecía que el joven secretario estaba igual.
— Eres demasiado hermoso —pronuncio, para luego besarlo, largo y lento, hasta que Yuuri no pudiera evitar gemir por ello. Queriendo estar en igualdad de condiciones, el japonés comenzó a quitar la camisa de su jefe, tanteando los músculos de marfil del hombre más deseado en toda la empresa. Retiro por completo la camisa y Víctor dejo los labios de Yuuri, se observaron por unos segundos para sonreír y volverse a besar un rato más. Luego Víctor fue bajando por su cuello mientras sus manos vagaban por todo el pecho y cadera de su secretario. Trazando los pequeños músculos, las líneas y los valles hasta llegar a los sensibles pezones, Yuuri gimió bajo el toque y el ruso en respuesta comenzó a mordisquearlos mientras le masturbaba. Todo era una locura para el japonés que sentía iba a enloquecer en cualquier momento, por ello tomo una acción que tomo desprevenido a su jefe quien paro en seco de inmediato, viendo incrédulo como la mano de su subordinado acariciaba la tela exterior de su pantalón justo en donde predominaba su erección.
— Por favor, ya no puedo aguantar más —pidió en suplica haciendo entender a su jefe lo que deseaba en ese momento quien dio un jadeo de excitación para luego verle divertido.
— ¿Dónde se fue mi inocente secretario? —pregunto recibiendo una sonrisa coqueta de este mientras le tomaba del cuello para darle un beso intenso, húmedo y caliente que lo dejo viendo las estrellas, al separarse dejo un pequeño suspiro satisfecho por su cometido.
— Nunca lo fui, solo la timidez y la inexperiencia me ganaba —respondió sin dejar de sonreír.
Yuuri se había preparado física y mentalmente para ese momento, estaba seguro que, si su plan iba bien, ese sería el resultado en el mejor de los escenarios y eso era algo que él deseaba por eso no tenía que temer ni ocultar. Gracias a sus palabras Víctor decidió que era suficiente de los juegos previos, aproximándose a la mesita de noche de donde saco una botella de lubricante y algunos condones, al tenerlos a su disposición volvió su mirada hacia Yuuri.
— Esto podría incomodarte o dolerte un poco, si es demasiado para ti por favor dímelo —le pidió recibiendo un pequeño "si" de su secretario.
Víctor voltio el cuerpo de Yuuri colocándole boca abajo y alzando sus caderas hasta tenerlas en una buena posición comenzó a tantear suavemente la entrada de Yuuri con un poco de lubricante en sus manos, haciendo que un estremecimiento pasase por todo el cuerpo de este. Entendiendo la inexperiencia del japonés, empezó introduciendo primero un solo dedo y verificar las expresiones de Yuuri, viendo que todo estaba en orden, masajeo suavemente la zona mientras besaba sus muslos para calmar cualquier incomodidad que pudiera ocasionar la intromisión. Poco a poco empezó a profundizar el toque introduciendo un segundo dedo, metiéndolos y sacándolos mientras le ensanchaba, los gemidos de Yuuri fueron incrementando al paso que incrementaban las caricias en esa zona hasta que no pudo evitar soltar un pequeño jadeo al sentir el tercer dedo introduciéndose. Hasta el momento el secretario no había sentido mayor incomodidad y se sentía a gusto, retorciéndose de placer y jadeando por más toques como aquellos, en algún punto de la preparación Víctor logro dar con su punto dulce y el volumen de los gemidos se incrementó mucho más hasta que no pudo soportarlo más, terminando por venirse en su propio estómago.
El ruso sonrió satisfecho y saco sus propios dedos del interior de su Yuuri para proceder a besarlo un poco, estaba seguro que ya lo había dilatado lo suficiente y era prudente introducirse dentro de él. Se colocó el condón bajo la atenta mirada de su secretario, y pidiendo un último permiso a este el cual le fue concedido, se introdujo de manera lenta en aquel cuerpo que le recibía con una calidez impresionante. Robándose un jadeo de ambos, Yuuri abrazo la espalda de Víctor con cada nuevo territorio explorado dentro de él. Dolía, no podía negarlo, el dolor era demasiado al punto de hacerle derramar algunas lágrimas, pero se sentía feliz. Víctor había sido tan suave y cuidadoso, cuidando de no lastimarle que sentía su corazón explotar de miles de formas.
Ambos permanecieron unidos por unos minutos, sintiendo netamente sus respiraciones y escuchando los latidos de los corazones de ambos, fue que al escaparse un suspiro de placer de los labios de Yuuri que Víctor se levantó un poco para verle.
— ¿Puedo moverme? —pregunto, y recibió como respuesta una pequeña sonrisa de parte de Yuuri.
— Si, hazlo.
Sabiéndose listo, Víctor movió sus caderas para salir un poco, Yuuri suspiro un poco para después contener un gemido producto de la intromisión de Víctor nuevamente dentro de él. Dentro, fuera, al principio lento y constante para después apresurar el paso y mantener un ritmo que hizo que ambos se perdieran en el placer. Yuuri se sintió completamente consumido en una sensación que le hizo derretirse en la cama, era demasiado bueno, incluso para ser su primera vez, jamás pensó en sentirse de esa manera. Los toques, los besos, la temperatura y sobre todo el calor emanado en la mirada del ruso, casi como nada más importara siempre y cuando recibiera esa mirada eternamente.
Por otro lado, Víctor se sintió desarmado en el éxtasis ¿Qué era aquello? No era la primera vez de Víctor, pero sentía que no podría aguantar mucho más, la piel de Yuuri le quemaba y los besos le sabían a una gloria jamás alcanzada, más no eran suficientes y eso le encantaba, porque cada beso hacía que quiera ir a otro para probar un poco más.
Al conseguir nuevamente el punto dulce de Yuuri, Víctor aumento la fuerza de sus estocadas al tiempo que mordía el blanquecino cuello de su secretario, este gemía erráticamente clamando su nombre y nuevas olas de calor fueron percibidas por su vientre bajo, estaba cerca.
Todo el cuerpo de Yuuri se arqueo cuando el ruso tomo su miembro envolviéndolo alrededor de su extensión y acariciándolo al ritmo de su movimiento de caderas, era demasiado, si seguía de ese mismo modo no podría aguantar mucho más, y al ver el rostro de Víctor que seguía acariciándole, llego a su propio placer para ser luego acompañado por su jefe quien se dejó llevar en un profundo orgasmo que consumió por completo sus energías.
Víctor se dejó caer sobre el cuerpo de Yuuri mientras intentaban normalizar su respiración, había sido tan bueno que parecía estar en una especie de sueño.
— Yuuri —susurro mientras escondía su rostro el hombro del contrario. Se levantó un poco para salir del cuerpo de Yuuri, escuchando un pequeño gemido de parte de este.
Se miraron por unos instantes, antes de sonreírse suavemente. Aun después de todo, vuelven a besarse, sintiendo la lujuria crecer nuevamente y cayendo hacia ella.
