No sabía que decir.

Se había quedado sin palabras. Boqueó mirando a Edward y luego a la cuna.

- Oh Dios, es hermosa. - su madre entró emocionada y acarició la madera de la cuna. - Incluso tiene un pequeño armario. No tienes idea de lo necesario que es tener uno de estos.

- ¿Qué sucede? - el cobrizo preguntó nervioso sin dejar de verla. - ¿No te gusta? ¿Es el color verdad? No habían muchos colores en la tienda.

- Es perfecto. - refutó su madre.

- La cuna se transformará en una cama cuando el bebé crezca. - siguió hablando. - Pensé que eso te gustaría más que un color acorde a los muebles de tu habitación.

Bella no dijo nada sólo se acercó al nuevo mueble con un nudo en la garganta. Había trabajado meses para lograr ahorrar lo suficiente para comprar una cuna similar que había visto en la tienda de bebés de Forks, ya tenía casi el monto suficiente para comprarla. Pero ya no era necesario, la cuna ya estaba ahí.

- Dime algo por favor. - insistió el cobrizo cada vez más nervioso.

- ¿Por qué? - susurró. - ¿Por qué lo hiciste?

- ¿Por qué? - preguntó sorprendido. - Sabes bien porqué...

- No tenías que hacerlo. - susurró afectada las lágrimas estaban a punto de caer.

- Bella... - susurró acercándose el cobrizo. - No digas eso ¿si?

- Yo iba a hacerlo... yo iba a comprar su cuna...

- Eh yo... - nervioso retrocedió.

- Bella lo importante es que ya tienes la cuna. - le recordó su madre.

- ¡Pero llevo mese... !

- Tranquilízate. - la cortó su madre.

- Ahorrando. - completó molesta, las lágrimas estaban escurriendo por sus mejillas.

- Eso significa que tienes dinero suficiente para comprar otras cosas que va a necesitar el bebé.

- ¡Pero yo quería...!

- Escúchame. - la cortó. - No puedes ser egoísta con tu bebé. Edward es su padre y tiene derecho a hacerle regalos.

- Ahora es su padre... - bufó.

El cobrizo estaba a unos pasos con la mirada en el suelo y un gesto desolado.

- Basta. - insistió su madre. - Tu actitud no llevará a nada bueno. Si Edward quiere ser su padre es una oportunidad que por derecho le corresponde, sabe que no es un juego y que el bebé realmente necesita una actitud madura de su parte.

- Escapará, es un cobarde.

- Si lo hace sabe que no podrá volver. Que no será bienvenido. ¿No es así Edward?

- Si. - contestó.

Bella lo observó. Estaba tenso mirando sus ojos a sólo unos pasos de distancia, había mucha angustia en ellos. Ella no podía creer que estuviera en su habitación con su madre abogando por él. Aún recordaba su espalda alejándose de ella mientras lloraba asustada luego de decirle que tenía un atraso de diez días. ¿Su bebé notaría si Edward decidía irse y abandonarlo?

- Bella... - Edward quiso empezar pero ella alejó la mirada.

- Si él desaparece quiero que me prometas que no volverás a abogar jamás por él. Y quiero que nos vayamos de aquí, lejos de él y su mierda. Prométeme que me apoyarás si decido dejar el pueblo.

- Esa es una idea muy radical.

- No expondré a un mal padre a mi hijo, estara abandonándolo cada vez que la responsabilidad lo sobrepase. Esa inestabilidad lo va a dañar. Prefiero llevarlo a una nueva vida.

Su madre respiro hondo mirándola largamente.

- Si yo me comprometo a eso quiero que permitas que Edward tenga toda la experiencia de ser papá. Nada de rechazos a sus llamadas por teléfono y si quiere ir a tus controles irá, él quiere saber de su bebé y no hagas esto algo personal, entre ustedes dos debe existir una relación cordial. Promételo Isabella.

Bella alejó la mirada molesta por sus palabras.

- No te molestaré. - agregó Edward. - Sólo será por el bebé.

- ¿Cómo voy a confiar en ti? Hace unas horas le dijiste a Jacob que me acosté contigo sólo para fastidiarme.

- No me meteré más en tu relación con Jacob. - prometió solemne. - Yo... trataré de controlar mi temperamento cuando los vea juntos.

- De todas maneras ya arruinaste mi relación con Jacob. - suspiró mirándolo con rabia.

- Entre ustedes dos existen asuntos sin resolver. - empezó su madre. - Prometen dejarlos de lado para que creen una relación basada exclusivamente en su hijo. Ambos.

- Si. - aceptó Edward de inmediato.

Bella tardó unos minutos.

- Bella por favor. - suplicó Edward.

Ella lo observó y notó el dolor en su mirada. Por un segundo le creyó que realmente estaba preocupado por ser parte de la vida de su hijo.

- Si. - susurró.

- Gracias. - suspiró él aliviado.

- Creo que deben hablar. Los dejaré solos. - su madre salió de la habitación en silencio.

Bella observó la cuna que imponente llamaba su atención. No tenía más que un colchón acorde a su tamaño y una pequeña almohada.

- Yo no sabía que sábanas comprar. - admitió suavemente el cobrizo acercándose. - En la tienda quisieron ayudarme pero me preguntaron si sería niño o niña y no supe que decir. Por eso no elegí.

Bella respiró hondo tragándose la respuesta que tenía para él. Lo había prometido.

- Yo tampoco lo sé aún. En la ecografia no salió su sexo. - le contó.

- ¿Cuándo es la siguiente? - preguntó el muchacho interesado.

- En dos semanas.

- ¿Puedo acompañarte?

- Prometi que dejaría que fueras.

Edward suspiró.

El silencio volvió a nacer entre ellos.

Se sentó en la cama y escondió su rostro entre sus manos. Pronto pudo sentir que se sentaba junto a ella.

- ¿Sabes que nunca he estado más indeciso en mi vida? Habían muchas opciones y no sabía cual escoger. - le contó casual. - Tenían una cuna que venía con un cambiador pero no iba a entrar aquí. Las medidas de tu habitación no son fáciles de adaptar a tantos muebles. Tu madre me ayudó mucho dejándome venir a medir este lugar antes sino estoy seguro que me hubiera equivocado.

Ella siguió en silencio.

Edward suspiró junto a ella.

- ¿Te gustó?

No quería admitir en voz alta lo emocionada y de alguna manera desilusionada que estaba.

- Bella. - insistió él acercándose tanto que sentía su respiración en su oreja quemándola con su aliento. - Háblame. Por favor.

- Si. - admitió sin aliento. - Me gusta.

- ¿En serio?

Su tono de voz emocionado la obligó a mirarlo a los ojos. Los suyos se veían muy emocionados. Jamás había visto ese brillo en ellos antes.

- Así es. - admitió.

Edward sonrió, parecía la mejor sonrisa que le había visto alguna vez. Alejó la mirada ya que llegó a molestarla lo que su mirada transmitía.

- No los defraudaré. - prometió el cobrizo sonriendo con entusiasmo.

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Nuevo capítulo! Ya era necesario! Díganme que les pareció! Empecemos el año con buen pie en esta relación.