Luego de mandar la alerta de ayuda que haría, ¿Y si lo atrapaban? ¿Cómo huiría?
—Tres kunai, 10 shuriken, 1 abanico gigante y un pequeño botiquín— Mencionó todo su armamento y trató de relacionarlo a la situación
Pero había algo de lo que no tenía duda, uno de esos kunai sería el encargado de acabar con su vida en caso de ser atrapado...
(...)
Nuevamente estaba en el balcón, a la espera de algún mensaje de Konoha, de sus compañeros o algo, se sentía intranquila, algo en su interior le decía que algo malo estaba pasando, pero realmente quería que ese algo estuviese equivocado...
—¿Otra vez aquí?— Shinki se acercó a Chouchou
—Realmente siento que algo malo está pasando— La oji-ámbar observaba el horizonte con angustia
—Crees que Kara atacará a la aldea en estos momentos, ¿Verdad?
Chouchou asintió con la cabeza y suspiró con pesadez ante la dura realidad.
—Nada nos pudo golpear tan fuerte, ahora somos la nación más débil de las 5 grandes aldeas ninja, no me sorprendería, por eso estoy tan nerviosa— Explicó mientras que varias imágenes invadían su cabeza de forma instante
Shinki al instante pudo percibir la inquietud y terror que revivió la Akimichi únicamente con sus recuerdos, sus ojos siempre brillantes por un momento se volvieron opacos y su rostro quedó inexpresivo.
—Chouchou— Llamó a la muchacha. Ella solo reaccionó girándose a él
A pesar de que algo que lo distinguía desde pequeño era su inexpresividad, frialdad y sequedad, realmente era humano en el fondo, por lo que con la esperanza de que pocos o preferiblemente nadie lo viera abrazó a Chouchou.
—No puedo prometerte que todo estará bien, pero aunque el mundo se caiga a pedazos, prometo estar para ti
—Gracias...
El amor es abandonar esas barreras de defensa que uno mismo crea y abrirse paso hasta llegar a esa persona que te da fortaleza y valor ante cualquier cosa.
—Prontó anochecerá, hay que entrar, ya sabes lo agresivas que son las tormentas de arena— Indicó tras separarse de la Akimichi
—Te alcanzo en unos minutos
El castaño asintió con la cabeza y se adentró al palacio del Kazekage, ella quedó nuevamente sola.
Sacó su espada y vio el reflejo de su ojos en esta, esa espada y su poder eran el legado que le permitirían luchar por su aldea llegado el momento.
(...)
Era el momento, hace 5 minutos que los subordinados dejaron la zona, los robots estaban solos, tenía exactamente 15 minutos o menos para poner en marcha el plan.
Empezó a saltar de punto ciego a punto ciego en lo alto, prácticamente su plan estaba siendo un éxito, fue cuestión de llegar y entrar por una de las ventanas rotas de la torre.
Apresurado buscó papel y pluma, y le dio comida y agua al único halcón que estaba en una reja atrapado.
"Soy Shikadai Nara. Kawaki, sin previo aviso y de forma inesperada inició la quinta guerra ninja. Konoha ha perdido fuerzas, nuestra población posiblemente se ha reducido a menos de la mitad, nuestros ninjas disponibles están al frente luchando con los seguidores de Kawaki y robots ninja, pero las heridas y poca preparación no prometen la supervivencia, ruego que nos envíen refuerzo y comuniquen esto a las otras aldeas"
Lo hizo apresurado, la letra estaba horrible, pero al menos eran entendible. La metió en un cilindro de color rojo, el cual todos sabían que significaba: "amenaza inminente". Lo ató a una de las patas del ave y suspiró.
Liberó al ave, activó un jutsu de invisibilidad temporal y sacó su abanico con la misión de defender la huida del ave en dirección al oeste.
Oía su aletear en el inhóspito sitio, aparentemente los robots no detectaban al ave, por lo que solo espero un tiempo prudencial mientras oía atento.
—Supongo que eso saldrá bien— Puso el abanico en su espalda y suspiro aliviado
Cogió todo lo que pareciera útil y lo guardó, trataba de hacer el menor ruido posible, ello hasta que algo le tocó el hombro y lo dejó petrificado ante el terror sin posibilidad de voltear.
(...)
—¡SHANARO!— Sakura elevó y rompió todo el piso —¡Ahora!
Al parecer la estrategia le había funcionado, más de cien robots se hundieron en las grietas del piso. Miembros del clan Sarutobi, siendo liderados por Konohamaru usaron el elemento fuego fundiéndolos con la tierra.
—Sakura-San. Debe retroceder, los Akimichi se abrirán paso ahora, por favor. Necesitamos su ayuda con los heridos— Mirai se acercó a la peli-rosa y la miró preocupada
—Bien— Se giró al primo de la Sarutobi menor —Konohamaru, usaremos la estrategia 15 cuando vuelva. Trae a Hinata y Hanabi contigo, Shikahuto, un miembro del clan Nara, les explicará
Sakura se retiró con Mirai, ambas debían llegar a las tiendas de campaña, ahora ella era su pequeña asistente por así decirlo.
—Quiero que me escuches, uniremos algunas carpas y...
De la nada sonó un pitido que desequilibró a todos, insoportable e irritante el cual los desconcentró, Sakura observó con terror afuera de la carpa una mujer de cabello rubio la cual abría las manos aumentando el pitido.
—Sakura-San...— Mirai esperó una respuesta
—¡Moegi!
La kumoichi de coletas asintió con la cabeza y uso el elemento madera para sostener a la mujer y detener el pitido.
—Eso fue un castigo por demorar tanto— Delta sonrió mientras Sakura avanzaba hasta estar a unos metros de ella —Unos buenos para nada pudieron retenerlos por tanto tiempo. ¿Se supone que solo puedo esperar eso de la inútil que acogió Tsunade?
Sakura de la nada activó el Byakugou No In y arremetió con el estómago de Delta dejándola a varios metros de distancia.
—No permitiré que insultes el nombre de mi maestra
Mirai observaba asombrada, mientras que Moegi corrió en su auxilio ayudándola a pararse.
—¿Esa es la fuerza de un sannin...?
La azabache se puso de pie y empezó a dispersar a los heridos a las distintas zonas cardinales, no era seguro con un miembro de Kara cerca.
—Necesitarás algo más que eso linda
—Un médico jamás saldrá al frente, debe ser el último en morir, sin embargo... quienes tengan este sello tendrán permitido romper esas reglas. Pero decidí agregar una extra. Yo podré morir si eso permite que los ninja lleguen a Kawaki y acaben con esto
Se limpió el polvo en su ropa, avanzó nuevamente mientras los demás ninjas se alejaban y sacó conejos de sus puños.
—Muere... ¡MUERE SHANARO!
