Una cartica que yo guardo donde te escribí que te sueño y que te quiero tanto, que hace rato está mi corazón latiendo por ti.

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El primer cuervo que le llegó por parte de Podrick lo hizo a su nombre cuatro días después de su partida. Comentándole con palabras sencillas y cortas que su viaje no había tenido ningún inconveniente, que habían sido bienvenidos en Nueva Fortaleza como invitados de Lord Manderly para pasar la noche antes de retomar su viaje en barco hasta Desembarco del Rey.

La despedida de aquel pergamino era un 'Espero que las cosas le estén yendo bien, mi señora.'

Y su pergamino fue tan escueto que no pudo evitar estar decepcionada, pero era ridículo de ella estarlo…Hasta que semana y media se le hizo entrega de otro pergamino más personal pues llegó con todas las precauciones necesarias como se hacía con Ser Brienne o Lord Tyrion cuando trataban asuntos de suma importancia, pero de los que talvez ella no debería enterarse. Aquellos pergaminos incluían falta de sellos reales, cifrados, personas de confianza –que no sabían leer– que enviaran y recibieran las cartas a sus nombres, y las entregaran después a sus destinatarios reales. Todo aquello para que no cayeran por los registros que los maesters llevaban de toda la correspondencia que salía y entraba de los castillos, y a ojos chismosos.

En aquel pergamino Podrick le comentaba que había hablado con su hermano el Rey, y éste le había admitido –con muy pocas palabras lo mismo que ya le había dicho una vez– que cuando lo envió al Norte no sabía en sí lo que iba a ocurrir en cuanto a su ataque, y que tan sólo había jugado sus cartas. En su sueño la había visto sola tras la Puerta Verde, y que aquello lo había llevado a despacharlo hacía el Norte porque sabía que no desconfiaría de él.

'Siento no darle más explicaciones, pero no es como si el Rey me las hubiera dado a mí.

Y tampoco hizo alusión de saber algo de lo sucedido en el Norte.'

Esa misma tarde Sansa le contestó, diciéndole que no se había esperado más de su hermano y que le agradaba escuchar que no había tenido ningún contratiempo en el camino. También le pidió que la sacara de la duda de si algo había ocurrido entre cierto Lord y él la mañana que se marchó. Pues sospechaba que sí, más no había hecho mención de esto con dicho Lord tan sólo para que éste no abriera cuestionamientos hacia ella, cuestionamientos que no estaban en su interés responder.

Al firmar aquel pergamino se decidió por no hacerlo a su nombre, sino como Alayne Stone, y enviarlo con todas las precauciones necesarias.

Sansa decidió no comentarle como el haber dejado el Gran Salón prácticamente siguiéndolo la víspera de su partida había abierto toda clase de habladurías hacia ella. Y había fingido ignorar las indiscreciones de las que se hablaban dejando a sus asesores encargarse del asunto. Lo que invariablemente no sirvió de a mucho pues todos parecieron continuar asumiendo sus propias conclusiones. Los Lords ni Ladies la habían cuestionado de frente, pero había estado incomoda por los cuchicheos que sentía hacían a su paso, estos buscando más información al enviar a sus trabajadores a hacerles preguntas indiscretas a los suyos, sus doncellas y Lady Rose le dejaron saber. Y en cuanto a los demás habitantes y trabajadores del castillo, se sabía siendo juzgada por estos tan sólo por la forma en que a veces la miraban.

'…La Reina le dio su despedida.'

Alcanzó a escuchar una tarde, aunque no vio quien hizo el comentario pues estaba sobre una plataforma mientras los que hablaban estaban directamente debajo de ellos.

'Si fuera un hombre a nadie le interesaría.' Escuchó a una mujer responder sin interés alguno.

Lady Cromwell a su lado se sonrojó, Lord Cromwell miró hacia abajo, y Lord Harry levantó el mentón mientras continuaban el camino. Y ella no tenía por qué dar explicaciones, pero, "Hacen asunciones equivocas."

"El ladrón juzga por su condición, mi señora." Lady Cromwell contestó sonriéndole amablemente, notándola sumamente roja. Si algo tan solo le gustaría haber notado a aquel Ser Podrick pero ni siquiera recordaba cuando se lo presentaron. Era la señora de su propio castillo, y no vivía con su esposo aquí en Invernalia, así que todo esto le llegó como sorpresa.

'Pues no es un hombre, y es nuestra Reina y debería comportarse como tal.'

'Cielos, y Ser Podrick…esto será una burla de mal gusto cuando salga del Norte. No volverá a ser tomada seriamente.'

Regresando al presente Sansa respiró profundo aun avergonzada de lo que se continuaría diciendo de ella ahora que sus Lords habían dejado Invernalia. En sus propios castillos no se refrenarían de hablar mal de ella. Más todo eso no había necesidad de comentárselo a Podrick en su correspondencia, ¿A razón de qué?

Si la juzgaban era a ella, no a él.

De todas las personas fue Lady Cromwell quien trató de hacerla sentir bien, "Los desocupados tienen mucho tiempo e imaginación, mi señora. Igual, la gente que trabaja en asuntos mundanos, tienen que ocupar la mente, y que mejor que cuchicheos que entretengan a las masas..."

Sansa no separó la mirada de la ventana por la que miraba, "Me sorprende que no cree esas habladurías, todos lo hacen." dijo con escepticismo, y luego le dio por cuestionarse si Lord Cromwell no habría compartido con ella de que descubrió su debilidad por Ser Podrick.

"No. En su actitud nunca me ha dejado ver que llegaría a actuar impropiamente, mi Reina."

No había actuado tan impropiamente como dictaban las peores habladurías, pero tampoco había actuado a como se esperaba de ella. Y no se arrepentía.

"Tiene suerte de que los habitantes del Castillo le sean leales, mi señora." Le dijo Lord Harry una tarde, "Podrían haber aumentado el fuego de las habladurías con lo que saben sobre usted y Ser Podrick." Y él ya se lo había advertido, no veía por qué venía a lamentarse ya sobre agua derramada.

"…Me tengo que rodear de personas leales." Le contestó simplemente y sin ningún interés en discutir la situación con él.

Tuvo incontables conversaciones de ese tipo en las próximas semanas.

La respuesta a su pergamino le llegó casi dos semanas después, la carta encabezada hacia Alayne y un saludo simple y al punto para después responder su pregunta.

'Su puño, mi quijada y mentón. Mis puños, la nariz y el costado de él… Aunque al final del día cómo tenérselo en contra. Lo hizo con buenas intenciones…por usted. Sé que a usted no le agrada la violencia, pero aquel encuentro con Lord Harry era algo que ya tenía su tiempo marcado… Y permítame regodearme; para alguien tan grande e imponente como lo es me sorprendió que no supiera tirar un buen puño incluso cuando tenía las de ganar, pues me atacó sorpresivamente en la total oscuridad.

Me imagino que a usted él no le hizo reclamos, y yo obviamente lo saqué de su error cuando hizo insinuaciones falsas en cuanto a nosotros. Aunque que me creyera lo dudo.'

Próximamente y para no profundizar en el asunto Podrick procedía a preguntarle por cómo le estaba yendo. Su despedida siendo un 'Siempre en mi mente.'

Y fue así como procedieron a entablar comunicación de aquella manera. Ambos sorprendiéndose al empezar a recibir notas constantes. Haciéndose preguntas y respondiéndolas en diferentes órdenes pues a veces sucedían cosas que no podían evitar contarse. Mayormente lo que hablaban eran nimiedades, pero a ambos les agradaba aquella comunicación.

Con los meses Sansa notando que Podrick no dejaba las formas cariñosas en cuanto a cómo la saludaba o se despedía. O que de vez en cuando metía entre párrafos aquellas palabras dulces y cortas, cumplidos o piropos, que alguna vez le había llegado a dar.

Lo que Podrick no sabía era de la ansiedad placentera que se esparcía por ella al recibir uno de sus pergaminos, sus manos heladas, y postponiendo el abrir aquellas notas hasta no estar en la intimidad de sus aposentos. Todo el día queriendo leerlas y cuando lo hacía no queriendo finalizarlas.

Ella por su parte no se consideraba persona romántica ni mucho menos cariñosa, y él debió de haberse dado cuenta en su estadía en Invernalia, así que, aunque sus palabras le llamaban la atención cuando las leía –con detenimiento y bastante placer– las pasaba por alto al responderle, pareciendo ignorarlas y se preguntó si aquello no le molestaba, o cuando le haría mención de ello.

Un día cuando él dijo que extrañaba sus vivencias en el Norte ella le respondió que una vez había leído que la ausencia hacía crecer el cariño y él le preguntó si eso le pasaba a ella. Al no responderle, Podrick en el siguiente pergamino le dijo que le agradaba comunicarse con ella, mantener sus conversaciones por ese medio, pero que en sí no veía que hacían los dos prolongando lo interminable.

'Aunque distancia nos separa son estos pergaminos los que no dejan morir la añoranza.

Uno de los pocos placeres con los que cuento en mi día a día es el recibir y leer sus notas, lo que trae el inconveniente de tenerla siempre en mi mente, siempre esperando sus próximas palabras. Y estar en la mente y corazón del otro fue lo que se buscó evitar cuando nos dijimos adiós en Invernalia. Cómo ve, por mi parte la distancia no ha funcionado. Antes parece que sus palabras son certeras; la ausencia ha hecho crecer el cariño.

Y no, esta no es una alusión a qué esta será mi última correspondencia, o que estoy disgustado con usted. Es tan sólo que confesarlo mediante cartas en vez de mirándola a su bonita cara se me hace más fácil. Es más fácil ser honesto de esta forma.

Sospecho que mis palabras no le agradarán, pero ya están escritas, y próximamente enviadas antes de irme a arrepentir de hacerlo. Mañana el error ya estará cometido.

Un beso y un abrazo, PP.'

Podrick tenía razón, aquellas palabras no le agradaron, como tampoco le agradó que enviara aquel pergamino a nombre de Sansa, lo que dejó ver desde el inicio que lo que iba a tratar era serio y personal.

Por su parte mayormente retomó las palabras que él había usado diciéndole también que una de las pocas cosas que esperaba en su día era leer sus palabras, que incluso eso también la colocaba nerviosa, así que no era solo a él a quien le sucedía que no pudiera dejar en el pasado lo acontecido en Invernalia. Pero ya la conocía, demostrar sus emociones no era lo suyo, menos darle palabras de ánimo o cariñosas, aunque muy bien las apreciaba cuando él se las escribía a ella.

Y el dejar lo que había entre ellos era algo que debían hacer paulatinamente, el tiempo y la distancia ayudaría con ello, pero en el momento no se sentía capaz de hacerlo. Ella aún lo apreciaba para sacarlo de su vida del todo. Ahora más que nunca sabía que la vida le dio mucho más de lo que esperaba cuando le pidió aquel primer beso. Y no se arrepentía de nada compartido a su lado. Talvez se arrepentía de que todo debía quedarse en el pasado, y a diferencia de él no sentía que escribir era más fácil que hablar pues para ella remover emociones era lo mismo. No sabía que más decirle, aparte de que continuaran en comunicación.

En su despedida se atrevió a decirle que también permanecía en su mente. Aunque no firmó la carta ni como Alayne, ni como Sansa.

De ahí en adelante empezaron a escribirse más espaciadamente.

Cuando menos se escribían era cuando Sansa se ocupada demasiado con los asuntos del Reino, dejaba Invernalia, o las reuniones cuatrimestrales se venían, en estas últimas no teniendo tiempo ni mente para nada más.

Fue en una de esas ocasiones ajetreadas que olvidó Podrick le había comentado hacía dos meses de un próximo torneo en el que participaría en Bastión de Tormentas, y se vino a sorprender en medio de un festín en Puerto Blanco cuando escuchó a un Lord mencionar que había estado presente cuando Ser Podrick colapsó después de haber ganado el torneo. Sansa no pensó mucho de ello, pero en cuanto el Lord continuó hablando más se empezó a alarmar. La situación aparentemente después del colapso fue tan impactante que no solo su escudero se preocupó si no también el Rey y toda su comitiva presente, pues Ser Podrick perdió el conocimiento y no lo recobró ni cuando lo sacaron de la arena.

Lord Cromwell de reojo vio a la Reina dejando de comer para mirar contrariada al Lord, Lord Harry también mirándola, al ver su evidente turbación habló por ella, "¿Pero está bien?" preguntó sorprendido de que ella no estuviera al tanto de lo sucedido después de todas las cartas que se intercambiaban. Pues se imaginaba que su corresponsal secreto era el Guarda.

"…Ya sabe cómo son las habladurías." Lord Locke respondió ante el asesor. Este asintiéndole y luego mirando a la Reina, a quien vio pensativa, "Me regresé para el Norte antes de poder escuchar algo en cuanto a la mejoría del Guarda. De eso ya hace algo poco más de una semana."

Sansa sabiéndose estudiada atentamente por la mayoría de la sala trató de no demostrar su preocupación, y tras unos instantes miró hacia Lord Cromwell quien le sacudió la cabeza sutilmente, no, no se podía marchar ahora mismo porque aquello encendería de nuevo las habladurías sobre ella y Ser Podrick, y talvez hasta las exagerarían incluso más, "…Enviaré una misiva personal a nuestro Embajador en Desembarco del Rey." Lord Cromwell le susurró bajamente tras unos momentos, tan bajo como para que los que estaban a su alrededor no lo escucharan, "…Y hacia otros Lords fuera del Norte para ver si saben algo de lo sucedido."

Sansa simplemente le asintió y continuó comiendo, su apetito perdido y su mente indecisa, diciéndose que él estaba bien, debía de estarlo, era sólo que estaba en ella siempre pensar lo peor. Cuando el festín terminó y vio a sus demás asesores y las personas en la sala empezando a hablar entre ellos y no prestándole tanta atención dejó el silencio, "No podré aguantar la incertidumbre." susurró entre dientes a Lord Cromwell.

"Veré que puedo hacer, mi señora." Le contestó de igual manera. Lord Harry estudiándolos, y era Lord Harry quien tenía mejores conexiones, quien debía de estarse proponiendo para hacer el favor. Cuando la vio moviéndose, sutilmente colocó su mano sobre la muñeca de ella por un instante para convencerla de que no se retirara todavía. No había afán. "…Estoy seguro que está bien. Las malas noticias son las que vuelan."

Así quedó la conversación, pero el puñado de gente que verdaderamente conocía a la Reina –y de su interés por el Guarda– de inmediato notaron el cambio sutil en ella. Cuando un rato después Lady Wynafryd se acercó con la comisión de El Dominio y Dorne que estaba presentes –y que había sido la única razón de su visita a Puerto Blanco– se descubrió ya sin interés alguno en establecer relaciones. Se prestó para las introducciones no pudiendo concentrarse del todo –Caswell, Hightower, Oakheart, Dayne, Wyl, Blackmont, El apellido Hightower fue el que le llamó la atención y levantó la mirada y o no era el Hightower que ella se esperaba o era muy buen actor. Mayormente dejó a sus asesores llevar la conversación, ella sólo entrometiéndose en algo cuando lo creía necesario o cuando le hacían alguna pregunta. Excluyéndose a sí misma y el grupo notándolo.

Tiempo después aludiendo a un gran dolor de cabeza se retiró de la sala y pasos después vio que Lady Wylla se le unió.

"No se preocupe, estoy segura de que Ser Podrick está bien."

"Si me disculpa Lady Wylla, no estoy para más reuniones esta noche..." Sabía que estaba siendo descortés, pero en el momento no le interesaba. Marchó hacia su habitación, donde también despachó sin ceremonia alguna a Lady Rose. Sin perder un instante cogió pluma y pergamino, escribiéndole una corta nota a Podrick para que se comunicara con ella de inmediato pues acababa de escuchar de su colapso y necesitaba saber que estaba bien. También deseándole una pronta mejoría. La misiva la estampilló con el sello Real y rápidamente le pidió a uno de sus Guardas que despachara inmediatamente el cuervo hacia Desembarco del Rey.

No fue sino hasta dos días después que vino a escuchar noticias de Podrick, y fue por una de las amistades de Lord Cromwell en Aguas Dulces, quien a su vez era amigo de otro Lord de las Tierras del Oeste, quien había estado presente y le comentó mediante un pergamino sobre la lesión de Ser Podrick aludiendo haber visto la recuperación del Guarda; con buenos presagios por los maesters del Rey.

Aquello hizo poco por calmarla, pues Sansa no estaría totalmente segura de su bienestar hasta no recibir correspondencia directa por parte de Podrick.

Por los próximos días trató de dejar su angustia y concentrarse en los asuntos del Norte, cuervos llegando de diferentes partes trayendo misivas similares sobre la recuperación de Ser Podrick, más ningún pergamino llegaría desde Desembarco del Rey en varios días más. Las distancias eran inmensas. Pero paulatinamente calma regresó, empezó a compartir con aquellos Lords extranjeros que eran importantes y una tarde en que se había escabullido de una celebración se encontró caminando en los terrenos del castillo, pero alejándose de este cuando de repente y sin quererlo se encontró con dos Lords que parecían también querer ausentarse de esa reunión. Los vio hablando cerca a un faro que daba a un peñasco y quiso pasar desapercibida más no lo logró pues ni sus Guardas ni mucho menos Nieve eran silenciosos, "No se asusten mis señores, no los lastimará." Les advirtió en cuanto vio a uno de los dos hombres incomodo por la presencia del direwolf, llevando su mano al pomo de su espada como forma de protección. Se fijó en los dos hombres, pareciéndole reconocer a uno de ellos y éste le inclinó la cabeza educadamente, más en sí no recordaba de donde lo conocía.

El otro hombre empezó a hablar sobre Nieve, preguntándole si aún era un cachorro y llamándolo una bestia majestuosa, continuando diciéndole que la notaba un tanto decaída y preguntándole si estaba segura de que se sentía mejor, no dándole tiempo para contestar y continuando con más nimiedades, cuando por fin se detuvo descubrió las identidades de aquellos hombres; Ulwyck Uller el hablador, y Ser Humfrey Hightower, quien pareció apenado de repente, y no, no era el mismo Hightower de hacía días.

Sansa lo reconoció de inmediato, el mismo hombre que había cargado las bolas de nieve con quien ella se estrelló pasada la tormenta. El Lord del Dominio, el protagonista del asunto bochornoso en el Muro, y quien ella estaba prácticamente chantajeando.

Mientras Lord Uller proseguía a disculparse por tener que regresar a la celebración ella y Lord Humfrey se estudiaron, lo vio sonrojado y evadiéndole la mirada. El hombre bien arreglado no pareciéndose mucho al hombre que ella había conocido hacía ya meses. Al ser dejados solos el silencio incomodo se prolongó, "Nunca se me pasó por la mente que fuera usted Lord Hightower." Sansa comentó, "Ni siquiera supe que un Hightower estuvo en Invernalia…hasta que recibí correspondencia del Lord Comandante de la Guarda de la Noche."

Humfrey avergonzado le asintió constantemente, aunque no quería demostrar su vergüenza, pues en el fondo temía que ella tratara de aprovecharse de su error más de lo que ya lo había hecho, "En verdad siento lo sucedido, mi señora." Le dijo.

No especificó en cuanto a qué lo sentía, si a haber escondido su identidad o por el desliz en el cual fue hallado. ¿Y quién querría tratar el tema de su indiscreción? Ni siquiera ella, se aclaró la garganta, "Al menos ahora el Norte y el Dominio contamos con mejores relaciones gracias a usted." Dijo recordándole la última carta en que él le notificó que había logrado reducir sustancialmente la tasa de interés para el Norte.

"Sí." Respondió, no sabiendo que más decir.

Sansa estudió al hombre por unos instantes, al parecer siendo más prolífico en su cinismo mediante pergaminos que hablando, "Una vez más, le agradezco por habernos ayudado en las conversaciones con el Dominio."

Extrañamente, la sentía más estudiándolo que juzgándolo, "…Era lo menos que podía hacer."

Se refrenó de pujar bajamente y agradeció que él no tuviera interés alguno en unírsele cuando dijo que continuaría con su caminata.

Días después y unas horas antes de regresar a Invernalia Lady Wylla se le aproximó con un pergamino por parte de otro Lord que había estado en Bastión de Tormentas y también había visto a Ser Podrick totalmente recuperado, aunque no con el buen ánimo que lo caracterizaba.

"Lamento la forma cortante con que la traté el otro día, Lady Wylla…no estaba pensando claramente." Le admitió en el momento.

A Lady Wylla no le agradaba que el interés de la Reina para el Guarda continuara presente, pero eso no quería decir que le alegrara lo sucedido a éste, "Rezo por su bienestar." Le dijo simplemente a lo que la vio desconcertada por un momento para después asentirle. "Buen viaje, mi Reina."

"Gracias. Usted y su familia son los mejores anfitriones, mi estadía y la de mis hombres fue una placentera…" al escuchar sus propias palabras sin falta de significado se encogió de hombros, con esto dejándole leer por qué no continuaba; sus agradecimientos educados en el momento eran vacíos.

La verdad, Sansa contaba con que al llegar a Invernalia un pergamino o dos por parte de Podrick la estarían esperando. Pero no fue así. Con cierta ansiedad esperó unos días más y al no recibir nada envió otra carta, que con el tiempo tampoco fue contestada. Con dudas y más que preocupada decidió escribirle a Ser Brienne, algo que debió haber hecho desde el principio, pero de lo que se había abstenido. En aquella carta haciendo charla banal para después dejarle conocer que estaba al tanto de lo ocurrido a Ser Podrick y quería saber si se encontraba bien porque él no le respondía a sus pergaminos.

Un mes y una semana después de darse cuenta de lo ocurrido fue que vino a obtener explicaciones, y por parte de Ser Brienne, no de Podrick.

'Podrick sí salió lastimado en el torneo, mi señora. Nos metió un buen susto a todos los que lo apreciamos y estábamos presentes pues no fue sino hasta varias horas después que retomó el conocimiento. Los maesters del Rey no estando seguros de qué ocurrió pues el oponente de Podrick tampoco fue que lo lastimara de consideración, y éste sólo vino a desplomarse después de la celebración de su victoria.

Cuando recuperó el conocimiento y notamos su buen estado de salud marchamos a Desembarco del Rey donde yo personalmente hablé con el maester del ejército que normalmente lo trata, y éste me comentó en confidencia que la lesión de Podrick es una que se trajo desde el Norte. Misma lesión que sus maesters, mi señora, y el maester del ejército le habían pedido no descuidar. Aparentemente Podrick creyó que con 'no descuidar' se refería a limpiársela y vendársela, y no a mantener su quietud que era a lo que se referían.

Podrick mismo me comentó que días después de recibir aquella puñalada se entrenó con un Comandante del Norte, y es allí donde se cree que la lesión empeoró. El propio maester del ejército tampoco creyó que la lesión viniera a ser tan de consideración pues nos dimos cuenta que Podrick cuando hablaba de sus dolencias las mermaba considerablemente, y que incluso ocultó que el maester de Lord Manderly le había dicho que aquella dolencia podía ser una que le traería secuelas de por vida. Así que como verá, su lesión se dio como una menor y nunca se le impidió continuar ejercitándose y entrenándose arduamente.

En estos momentos estamos en vilo pues aunque Podrick se encuentra como nuevo, los mismos maesters han comentado que su irresponsabilidad traerá repercusiones, pero todavía no se sabe qué clase de repercusiones. Cómo era de esperarse esto tumbó los ánimos de Podrick hacia los suelos y para quitarle el asunto de la mente el Rey permitió que Lord Tyrion lo enviara como emisario hacia las Tierras del Oeste por una corta temporada.

No sé a dónde decirle le escriba, pues no estoy segura si se está quedando en Casterly Rock o si lo está haciendo en el hogar ancestral de la familia Payne...con los que no sé si está al tanto, mi señora, Podrick nunca ha contado con una relación.'

Las siguientes frases de Brienne venían más para comentarle una que otra cosa sobre su hermano que para seguir hablando de Podrick, más fue la situación de Podrick lo que la dejó pensativa, pues hasta el sol de hoy ella le había dado mayor peso a la cortada en el brazo que a la puñalada superficial en su costado. Sin estarlo pensando esa tarde terminó en la sala de los maesters, preguntándoles sobre la lesión de Podrick y haciéndole escribir al que lo trató todo lo que sabía de ésta y de los padecimientos que el caballero le había descrito para enviarle aquello al maester en Desembarco del Rey, ver si aquello por muy pequeño que fuera servía de ayuda. También le escribió a Wylla Manderly, comentándole lo sucedido y pidiéndole el favor de que también hablara con el maester de su familia en cuanto a la revisión que le hizo a Ser Podrick, y que enviara a nombre de Ser Brienne de Tarth un pergamino con el dictamen que éste le dio a Ser Podrick en su momento.

En su mente con los días y semanas preguntándose si Podrick la culpaba por esa lesión y por eso era que no le escribía. Envió un último mensaje que él probablemente leería a su regreso a Desembarco del Rey, disculpándose por su lesión, y diciéndole que entendía que no quisiera hablar con ella. Que siempre lo tenía en su mente y solo le podía desear que todo le saliera bien.

No iba a negar que estaba abrumada por lo sucedido, porque él no pudiera o quisiera comunicarse con ella, y la desmejora en su humor se dio de inmediato.

Fue la mañana menos pensada que la hija del encargado de las caballerizas se le acercó con un pergamino, diciéndole que le había llegado esa misma mañana. Sansa lo tomó de su mano agradeciéndole y marchándose de inmediato hacia la sala más cercana donde pudiera obtener privacidad, sus manos heladas pues sabía que venía de parte de Podrick. Nunca había llegado a ver la cresta de la casa Payne pero él se la había descrito una vez, y el pergamino llegó con el sello de ésta. Usualmente se tomaba su tiempo para leer las palabras de Podrick, pero esa vez no lo pudo evitar, sus ojos deslizándose rápidamente por encima de las palabras, y más pronto de lo que le agradó no había más que leer. Con más calma volvió a releer desde el principio.

'Discúlpeme mi señora por no haberme comunicado con usted antes, el trabajo y estadías en un paraje apartado me ha impedido tener comunicación inclusive con Desembarco del Rey. En estos momentos y por las próximas semanas tendré más libertad para escribirle y puede a su vez responderme a la casa Payne si no es inconveniente. Aunque lo entiendo si lo es.

Hace horas recibí un cuervo por parte de Ser Brienne donde me informa usted ha estado preocupada por mi estado de salud gracias a lo sucedido en aquel Torneo. No lo esté, estoy bien. No le voy a negar que esto de mi lesión me tiene preocupado, pero lo que me da un semblante de paz es que el malestar muy pocas veces hace su aparición y ya me sé adelantar a lo que produce mis dolencias, que la verdad son tolerables. Es solo que ese día me extralimité de la emoción de estar a un paso de ganar el torneo y me esforcé demasiado.

Siento haberla preocupado.

Y en mi cabe la duda de que se esté culpando por usted ser la causa de esta herida y quiero que recuerde que es mi trabajo, deber y gusto como Guarda y caballero haberla servido.

Siempre en mi corazón, Podrick.'

Sansa no se negó a sí misma que pasó de estar emocionada a decepcionada con aquel pergamino. Aquellas palabras se sentían frías al venir de Podrick. Directo y al punto, como él no solía ser. Le tomó demasiado pensar qué responderle, y lo que dijo fue prácticamente una repetición de las palabras que lo estarían esperando en Desembarco del Rey.

'Me alegro mucho Podrick de su estado recuperado. No tiene ni idea cuan preocupada estuve cuando escuché lo de su lesión, y después cuando no recibí ningún pergamino de su parte. Y esto último no es un reproche, aunque así lo suene.

Por otro lado, sí hay culpa no lo voy a negar. Sé que ayudar y defender a la gente forma parte de su trabajo como Guarda y caballero, pero dado lo que vivimos no es por su rol de Guarda ni Caballero por lo que me preocupa toda esta situación.

Por su forma de expresarse no sabría decir que tan afectado se encuentra por lo sucedido, pero lo conozco tanto como para sospechar de sus inquietudes. Lo noto distanciado y frío y esto no merma mis preocupaciones, me hace creer que sí ve su lesión como culpa mía. Y lo es, sólo un ciego no vería aquello. Así que entiendo cualquier malestar que pueda tener hacia mi persona.

También entiendo si necesita tiempo…

Tan sólo quiero que recuerde que le deseo todo lo bueno que este mundo tiene por ofrecerle, y me despido por el momento esperando con ansias noticias suyas.

Con sinceridad, Sansa Stark.'

Estuvo tan apurada en plasmar sus pensamientos y emociones antes de que estos se evaporaran, y después en despachar el pergamino que no cayó en cuanta hasta pasada la media noche –y con cierta duda– de que había firmado aquella carta con su nombre real y no como Alayne Stone, lo que ciertamente era un error.

Cuando Podrick recibió la contestación se sorprendió ante las palabras de ella. Pues la verdad no había querido ser frío en su anterior carta, pero lo fue, más por la confusión de sus emociones y no poder revelarle nada de los asuntos que lo mantenían en las Tierras del Oeste. Así que decidió contarle la verdad; aunque su situación había mejorado y se sentía como un roble temía por su futuro. Y no, no la culpaba. Ni tampoco deseaba colocar distancias entre ellos.

En confidencia le comunicó que le preocupaba que el Rey después de saber de su lesión lo hubiera despachado a las Tierras del Oeste, donde muy poco tenía que hacer con una familia propia a la que apenas si conocía. Sentía que esa era una excusa para deshacerse de él por un tiempo para aminorar el golpe de sacarlo de la Guarda.

'Me imagino que para el momento habrá notado los pétalos marchitos en este pergamino –si no se salieron en medio del vuelo–, esa es la muestra irrefutable de que no la culpo de mi lesión. Cuando en convalecencia recibí la guirnalda de flores como Campeón del Torneo me imaginé dándole imprudentemente esta corona a usted si hubiera estado presente. Porque créame que lo hubiera hecho así el mundo explotara en habladurías. Y ya que no lo pude hacer en persona aquí van unos cuantos pétalos secos, prueba de que para mí es la Reina del Amor y la Belleza…Aunque sé que me dirá usted no es Reina de ningún amor.

Pero ambos sabemos que lo es del mío.'

Los pétalos sí llegaron, y Sansa se sorprendió ante el detalle tan cándido, y las palabras dulces de Podrick. De que él prácticamente le declarara su amor de esa forma, porque aquella palabra no era algo que ninguno de los dos tomara a la ligera.

Mientras guardaba los pétalos en una caja pequeña donde tenía también sus otros pergaminos no pudo dejar de pensar cuan paradójico era que Ser Humfrey Hightower estuviera en esos momentos en Invernalia.

Ya sabía ella que su visita había sido sospechosa, sus asesores lo daban como un pretendiente más que venía de visita, pero ella sabía que no era así. Y él, tras haber indagado sobre su pasado, llegaba con una propuesta de matrimonio que podía beneficiarlos –a ambos sus asesores y en caso de él su familia lo presionaba por formar una alianza en la cual no tenía ningún interés–. Ella parecía rehuir el matrimonio y él –se confesó ante ella–, mayormente no estaba interesado en mujeres de esa manera, lo cual le podía otorgar a ella seguridad que no había obtenido en su última alianza fallida. Esa noche Sansa había estado tan sorprendida por aquello, sintiéndose acorralada, que no había encontrado que responder.

Y no quería casarse ni con él ni con nadie. Y era verdad, ni siquiera –donde existiera una remota posibilidad– con Podrick a quien se había atrevido, ¡atrevido! a dejar acercar. A quien quería a su modo. Simplemente un matrimonio era algo a lo que le había cogido la más terrible de las aversiones y temores.

"Sé que por…mi naturaleza puedo estarla ofendiendo, mi señora." Humfrey dijo, notando que a ella para nada le había agradado su propuesta, lo que creyó que no sería así, "Pero créame que esa no es la intención. Y si decide declinar mi propuesta lo respetaré."

Esa madrugada entumecida por el frío mientras caminaba sin rumbo fijo por el Bosque de Dioses sopesó aquella propuesta, y dejando de lado sus razones personales estaba muy al tanto que dicha alianza beneficiaría increíblemente al Norte…tanto como para seriamente considerarlo, "Para mí el único propósito para aquel matrimonio es formar una familia. Continuar el legado Stark, así que con sus gustos como verá–"

"–Podemos formar una familia," la interrumpió, "Abra su mente, mi señora." Le dijo, y la vio frunciendo el ceño y mirándolo desconfiada. Más lo que lo hacía continuar era que ella no estaba siendo irrespetuosa ni juzgándolo por su mentalidad, "Mire, no la voy a presionar, tan solo piense detenidamente mi oferta estos días. Ya después nos podremos poner de acuerdo en ciertas condiciones."

Por supuesto que iban a haber condiciones, pensó.

"Y sé que es mucho pedir, y que usted lo comentará con sus asesores, pero le ruego que lo más personal que conoce de mí se quede solo entre usted y yo."

Sansa le asintió. Y le hubiera gustado sentir impotencia o rabia ante la situación, pero lo que sentía era vacío y decepción, un matrimonio político era para lo que estaba preparada. Decepción de que así le diera por pedirle finalmente a Podrick que rompiera sus votos para con su hermano –al sentirse acorralada lo empezó a considerar seriamente– no podía imaginarse a cambio de qué él se deshonraría a sí mismo por una mujer sin virtud, ni pasiones, llena de amarguras y fantasmas, que no podía darle nada a cambio además de deshonra y un título vacío de Rey Consorte en el fin del mundo.

Se encontró llorando, pero no lo hacía por Podrick sino por ella misma, por frustración, por cómo había terminado su vida; así ahora tuviera las riendas de ésta no era libre de elegir pues en su mente ya se había hecho a la realización de lo que debía hacer. Y había estado esperando el momento para cumplir con aquel deber, más esta propuesta que hacía tres años hubiera sido perfecta ahora la despreciaba. Era sellar su destino.

"Siempre he sido privado en mis intenciones," le admitió una tarde en que ella lo invitó a que dieran una caminata al aire libre y sabía que aquello era para verificar no estar siendo escuchados. La vio de inmediato sonrojándose, "Es reciente que vine a actuar en mis impulsos y lo hice en suelo extranjero. Mi conducta siempre ha sido intachable, y de las personas que me conocen menos de un puñado sabe de mis inclinaciones. Siempre las he ocultado."

No tan intachable, más Sansa le asintió. Ella por su parte también lo había mandado a investigar y no mentía en aquello de que ocultaba sus inclinaciones, pues de todo lo que se hablaba del hombre tener ciertas tendencias nunca salió a relucir. Antes, al contrario, en su reconocido prontuario no estaba sino su amistad e interés por ladies de familias reconocidas de todo Poniente. "A una mujer de mi posición ciertamente no le gustaría ser el hazme reír donde sus gustos vengan a salir a la luz."

"Cómo le dije mi señora, las veces que he actuado en mis impulsos lo he hecho en suelo extranjero."

Sansa le asintió, ni siquiera queriendo pensar en ello con profundidad, "Mis hijos llevarán el nombre Stark. No el apellido de su padre." Colocó otro obstáculo.

"Pasar el nombre de mi familia recae en mis hermanos mayores y sus hijos."

Sí, él ya le había comentado que era el tercer hijo varón, y sus investigadores se habían dado cuenta de que era el preferido, sus padres dándole todo lo que siempre quería. Incluso el ayudar a los más necesitados. "Usted y yo nada tenemos en común."

"Se equivoca, mi Reina, sé que a usted le preocupa el pueblo. Que no quiere pasar de nuevo por un mal matrimonio. Ni que su esposo se vaya a tomar atribuciones para con su Reino. Yo le juro que de las dos últimas no tiene nada de qué preocuparse. Nunca seré un obstáculo para usted." Él tenía sus dudas, sobre todo por lo aventajada que se decía en el Sur era ella, y algo que él mismo había comprobado. Pero en su interior sabía que era la mujer perfecta para obtener una vida plena. La vio mirándolo de soslayo como midiéndolo.

"Las promesas y juramentos se rompen fácilmente."

Humfrey respiró profundo, "No quiero vivir una mentira. La mujer que se case conmigo sabrá de mis inclinaciones, la respetaré y honraré a nuestra familia–"

"–Mientras que no esté en suelo extranjero." Sansa interrumpió y vio que no había estado preparado para ello pues lo vio balbuceando. Ella le evadió la mirada y continuó, "Lo que creo sucederá cada vez más a menudo después de que esté casado."

"¿Y me equivoco en pensar que eso a usted le agradaría?"

Sansa no sabía que hacer de él, si era cinismo o ser honesto, "Puede que le sorprenda lo que le diré a continuación Lord Humfrey, pero aún con mis renuencias deseo un hombre con el que pueda llevar una relación así no sea de amor si relativamente amena, que me respete, lo que yo soy y represento, y la familia que crearemos."

"¿Y qué le dice que ese hombre no soy yo?" vio que le empezó a colmar la paciencia, "No se equivoque mi señora, aún con mis predilecciones soy una persona como cualquier otra que respira y siente, que desea felicidad al lado de otra persona, una vida amena y una familia propia a la que sentirme pertenezco."

De nuevo tuvo el pensamiento de que cuatro, cinco años atrás esta hubiera sido la propuesta perfecta, "Su felicidad no está al lado de una mujer."

Humfrey frunció el ceño, sólo cayendo en cuenta en ese momento de que ella no había comprendido sus palabras de antes, 'mayormente no estoy interesado en mujeres de esta manera', "…También me agrada la compañía femenina." Le admitió sonrojándose y más directamente, "Tengo una preferencia, pero también puedo ver la belleza y atracción en una mujer…¿Comprende?" al sus ojos abrirse y sus cejas subir vio que sí entendió.

"Ya." Él había sido criado en Dorne por un tiempo, ¿y porque ella no se vio venir esto? La gente de esa región era más abierta en cuando a sus gustos.

Humfrey había guardado lo mejor para lo último, estaba por descubrir a ella que tanto le importaba su pueblo. "Cásese conmigo, formemos una familia y le prometo que ayudaré significativamente a que el Norte no pase mucha hambre en el próximo invierno." Esa era una promesa que podía hacerle. El Invierno nunca tocaba duramente al Dominio así se prepararan extensamente para éste, y tenía el dinero suficiente y las influencias de su familia para proveer con abastecimientos.

¿Y cómo negarse a aquello? Pensó Sansa al piso abrirse bajo sus pies, "Eso es algo que no se puede prometer. Nadie sabe qué tan largo será ese invierno, ni a cuantos años de distancia está. Tengo tiempo suficiente para continuar abasteciéndome. Y no se equivoqué usted Lord Humfrey, no soy una yegua a ser comprada." Sansa se marchó de inmediato hecha una furia, sintiendo aquello que él le había dicho como un latigazo.

Más que todo porque en el fondo sabía que sus palabras no eran verdad. Ella estaba para la venta, y al mejor postor.

Aunque no lo deseara. Era su deber.

Una maldita tradición que ni ella misma podía romper.

Y si se era sincera hacía sí misma, de un tiempo para acá había empezado a sentir la añoranza por formar una familia propia, no un hombre, no un esposo, sino hijos que cambiaran la dirección de su vida estancada…

Lord Humfrey esa noche se despidió de ella, disculpándose y anunciando su marcha para la primera hora de la madrugada siguiente. Sus asesores haciendo comentarios de lo abrupto de la partida más ella no dando explicaciones. No las había dado de nada, ni siquiera les había comentado su propuesta de matrimonio.

Con el malgenio presente y hecha un desastre tres días después surgió otra eventualidad.

Fue un pergamino proveniente de Lady Marna quien la hizo recordar a la mujer, en sus palabras un tanto urgentes pidiéndole una reunión privada y en un lugar recóndito que Sansa sabía era absurdo aceptar, así que le mandó instrucciones de dónde y cuándo encontrarla.

Invernalia era un castillo y cómo tal se encontraba rodeado de túneles y pasillos ocultos que ella conocía, y se imaginaba que muchos más que desconocía. Organizó todo, mandó a un hombre a las Inviernas, por el momento a la taberna para que estuvieran pendientes de una de las tres casas desocupadas que se unían a Invernalía mediante túneles. Escuchó información sobre visitantes en el pueblo, tan solo tres, y confío en el segundo al mando de Jacob, quien mandó información de que una mujer solitaria y cubierta había entrado en la casa que ella le indicó. Sansa le confió a Jacob la información sobre el pasadizo y que lo quería a él junto con otro Guarda al final de éste, listos para actuar por si los llegaba a necesitar. A su vez salió con otros Guardas, dictando insomnio y vio que esto sorprendió a los soldados situados en la puerta principal del castillo pues ella casi nunca dejaba Invernalia. Se cubrió completamente con una capa e hizo el camino con los Guardas que también iban de civil. En cuanto se bajó de su caballo los ordenó quedarse afuera, justo en la puerta listos para actuar.

El plan de Sansa era sencillo, si esto era una trampa alertaría a sus Guardas quienes se encargarían de la lady, si por alguna razón la lady tenía mayor compañía que los dos hombres que vinieron con ella, sus Guardas se encargarían de estos mientras ella huía hacia Invernalia por el túnel. Aun así, no creía que la lady viniera a tratar algo, mucho menos a lastimarla en su hogar.

La mujer se encontraba caminando en el interior de esa casa para cuando uno de los Guardas abrió la puerta y Sansa ingresó tras este, quedándose en su sitio mientras él empezaba a moverse alrededor, buscando por algún arma que la mujer hubiera podido traer con ella y hubiera escondido. "Mi señora, le ruego se apure con esta reunión. No es usual ni para mí, ni para mis hombres, acompañarme a encontrarme con alguien en estas circunstancias." Sansa decidió hablar ya que la mujer no lo hacía.

Lady Marna se había cubierto el rostro cuando vio que la Reina no entraría sola, no quería que su identidad se descubriera, y habló mientras escuchaba al hombre darle vueltas a todo detrás de ella, "Lo que deseo hablar, lo deseó hacer en privado, mi Reina."

"Este hombre está juramentado ante mí. Confió en él, y en su secretismo."

"¡Pero su Majestad!" protestó, pues no fue esto lo que creyó era lo que iba a suceder. "Lo que deseo hablar también sé que es de su conveniencia que el menor número de personas lo sepa."

Ante aquello el interés de Sansa aumentó. Miró hacia su Guarda, éste dándole a entender que no dio con ninguna arma y que esperaba su orden, "Bien." Le hizo una seña y este caminó hacia la puerta, dejando al direwolf proseguir para después dejarlas a solas. "Siéntate, Nieve." Le dijo a uno y después fijó a la lady con la mirada, "Estamos a solas, mi señora." De inmediato vio a la mujer descubriéndose el rostro y comprobó la identidad de Lady Marna, y fue sólo en ese momento en que pasajeramente se le pasó por la mente Arya y el poder de ser nadie que ésta poseía. "No se preocupe, está amaestrado…y no tengo razones para desconfiar de usted, Lady Marna, pero le advierto, si todo esto es una jugarreta, una trampa, nada más basta una orden mía y Nieve atacará."

Lady Marna le sacudió la cabeza, "Son razones personales lo que me traen aquí, no un complot, mi señora. Se lo prometo."

Sansa le asintió, mostrándole un asiento, "Soy todo oídos."

Lady Marna le asintió decidiéndose por ir al punto, "Le mentí a usted hace dos años, mi señora, cuando le dije que Lord Flint era mi padre." De inmediato vio que aquello no la extrañó tanto como creyó iba a suceder, "La verdad es que hace poco más de una década fue Lord Flint quien me aseguró que soy la bastarda de su tío Brandon."

Sansa respiró profundo, al tanto de que haber hecho la pregunta aparte de que fue indiscreto de su parte también le podía costar bastante si deseaban aprovecharse de ella. "…Continúe..."

"No me malinterprete mi señora, no estoy aquí porque desee beneficiarme de aquello de algún modo, antes al contrario, deseo su mayor discreción. Estoy aquí porque tengo un problema, un problema que creo le puede convenir a su Majestad." Si los cuchicheos de ella no querer casarse y formar una familia eran verdad, "Conoció a mi hija, mi estúpida y querida hija que recientemente se dejó preñar por uno de los soldados que usted dejó en la Aldea de Crofter, mi señora."

A Sansa su instinto le dijo que no había venido hasta aquí y con tanto secretismo para que ella hiciera responder a aquel soldado, sino para que la ayudara a proteger el honor de su hija. Y fue así como la idea que tuvo hacía años vino a surgir frutos, una idea absurda y desesperada que solo vino a reconocer en ese momento no le serviría de nada. "…Quiere que me haga cargo de ese bebé…"

"…Tiene su sangre…"

Sansa cerró los ojos y se sobó la frente. Esto junto con lo de Lord Humfrey era demasiado y muy rápido, "…Sabré si me miente, Lady Marna, tengo una forma de verificar si hay lazos de sangre entre nosotras…Entre ese bebé y mi familia." y en su voz hubo cierto tono de amenaza, aunque la verdad no se lo había propuesto.

"¿Cómo?" preguntó incrédula.

Sansa parpadeó, no habiéndose visto venir aquella pregunta, "…Magia," dijo media verdad, "Y sangre de los Primeros Hombres." En aquello mintió, recordando algo que había escuchado de Lord Gendry Baratheon y la Sacerdotisa Roja.

Lady Marne asintió incrédula, pero sabiendo que era mejor no decirlo, "¿Qué razón tendría mi padre de mentirme en su lecho de muerte?" le preguntó.

Sansa entendía, "¿Su madre nunca le mencionó nada?"

"No. Cuando niña me decía que no escuchara a las habladurías, que mi padre era Lord Flint," frunció el ceño de repente recordando algo, "Los hijos de mis hijas mis nietos serán, los hijos de mis hijos en duda estarán." Se carcajeó amargamente, "Un dicho que la bruja de mi abuela paterna solía decir en mi presencia…"

Tal vez era su desanimo, sus sentimientos alterados que Sansa no supo que decisión tomar, como actuar. La verdad, le interesaba mínimamente, "Me toma de sorpresa mi señora. ¿Me dará tiempo para pensarlo? ¿Para hablarlo con mis asesores?" con Bran.

"Tiene alrededor de cinco meses de embarazo, mi Reina." Le comentó algo que no le preguntó, "Pienso enviarla a Essos a que tenga al bebé en aquellas tierras…y su honor continúe intacto. No es malo desear una buena vida para mi hija, y con ese hijo no será posible."

"¿Qué harán con el bebé si les doy una negativa?" Lady Marna se encogió de hombros y Sansa leyó en aquello. "El Norte se hace cargo de sus huérfanos, sin hacer ninguna pregunta." le recordó aquella instalación que se había creado después de la Larga Noche para todos aquellos niños infantes que quedaron sin familia, donde con dificultad se les mantenía hasta cierta edad para después despacharlos a trabajar en alguna labor que beneficiara al mismo Norte.

El sistema no era perfecto, pero al menos se trataba de ayudar.

"Mi hija no quiere el bebé, pero ya es muy tarde para deshacerse de este. Tampoco sabe de mi proceder en este actuar." Le advirtió.

"¿Y qué busca a cambio de darme ese bebé?" Sansa preguntó, "¿A parte de mantener el honor de su hija? …Debe querer algo."

"No realmente." Dijo lady Marna.

Sansa no lo creía del todo.

De vuelta en Invernalia le escribió de inmediato a Bran, necesitando que éste abusara de sus poderes para ver si ese bebé vendría al mundo con sangre Stark. Pero también admitiéndole que no lo quería como sucesor, sino para protegerlo porque era lo que el deber dictaba si era de la familia.

Le tomó más de una semana encontrar tranquilidad suficiente para poder contestarle el último pergamino a Podrick, y con lo que empezó fue que le escribiera sus dudas, preocupaciones y sospechas en cuanto a su trabajo, tanto al Rey como a Brienne, no solamente a ella. Lo que no le escribió fue que ya no conocía a su hermano lo suficiente como para poderle dar ánimos sobre estar equivocado. Luego le tomó varios borradores para sentir que podía enviarle palabras que le respondieran al cariño que él le manifestaba.

'No puedo negar que me habría agradado verlo ganar aquel torneo, aunque no verlo colapsando. Y recibir de usted la guirnalda…no trajo suerte la última vez que aquello le sucedió a una mujer de mi familia. Tiene razón, habría sido una imprudencia, pero aquello no habría mermado el valor del significado. Usted simboliza el Caballero con el que solía fantasear cuando era una jovencita, al que añoro ahora de mujer, y no sabe cuánto me incomoda revelar aquello.

Aún no me explicó que lo hizo a usted fijarse en alguien como yo, pues sé que su cariño no es algo que me merezca, pero me complace inmensamente tenerlo.

…Si tan solo las cosas fueran diferentes…pero no lo son.

Días antes de marcharse me pidió un mechón de mi cabello, lo cual sigo encontrando una muestra mórbida de afecto, pero no me puedo ni quiero negar de nuevo, más ante el gesto que ha tenido con los pétalos de flores. Así que aquí le anexo lo único que le puedo brindar, a parte de mi corazón, para que me recuerde y me lleve siempre cerca al suyo.

Con todo mi afecto.'

Sansa antes de despachar la carta notando que en dos semanas haría un año de la partida de él. Aún con dudas en si mandar esa carta o no, destruirla y terminar de aquella manera la comunicación con Podrick. Muy al tanto estaba de que ese papel en su mano era peligroso, que

alguien se hiciera con estos pergaminos que intercambiaban, pero aquello no la había hecho desistir antes y a él tampoco.

Para cuando Podrick siguiendo el consejo de ella tomó valor y le escribió al Rey sintió un peso dejándolo pues Sansa tenía razón; peor era no hacerlo.

Con el mechón sobre la mesa y a su lado se burló de que ella encontrara aquello mórbido, pero aun así se lo hubiera enviado. Ajeno a las tribulaciones de ella prosiguió.

'Por otro lado, soy yo quien no me explico que una mujer como usted se fijara en alguien como yo.

No piense de sí tan bajamente, usted tiene su corazón, aunque no se lo demuestre a los demás. Lo más especial es que me lo entregara a mí, y sí, sé que es demasiado de mí asumir aquello último, y mucho más asumir que aún me pertenece, pero es lo que me deja entrever con sus palabras.'

Podrick estudió el pergamino por un par de horas, no sabiendo si añadir que cada día más la correspondencia entre ellos ya no tenía un efecto calmante, sino que le restregaba en la cara lo que pudo ser, que cada vez aquello le pesaba más en su persona. Más decidió mandar lo que ya estaba escrito.

Antes de obtener respuesta a ese pergamino le llegó uno por parte del Rey Bran respondiendo a sus cuestionamientos, diciéndole que no se adelantara tanto a sus lesiones. Que sería su Guarda mientras él, Podrick, lo quisiera y que había dejado que Lord Tyrion lo enviara a las Tierras del Oeste porque también deseaba que descansara y dejara de pensar tanto en aquella lesión, que aquello le serviría para más adelante.

Podrick leyó y releyó aquel pergamino hasta que se cansó, preguntándose a qué se refería el Rey con ese mientras lo quiera. Días después le escribió a ella la noticia, dejando de lado sus dudas.

En las semanas que prosiguieron Sansa se descubrió no solo intercambiando pergaminos con Bran sino también con Lady Marna, Lord Tyrion, y Lord Humfrey.

Con Bran fue simple: sí, ese niño o niña tendría sangre Stark en las venas. Pero quería ser él, Bran quien lo recibiera en Desembarco del Rey, no solo porque le evitaría habladurías a ella, sino porque así el trono no le llegara a un Stark en un futuro, nada quitaba que hubiera uno en la corte que tuviera en su interés mantener las buenas relaciones entre ambos Reinos. Él iba a apostar por sus descendientes. Y a Sansa le sorprendió aquello, más veía la razón en sus palabras. Hizo a un lado el pensamiento pasajero del desastre que sería El Cuervo de Tres Ojos criando a ese niño…¿o ella? Y después de ponerse de acuerdo con él le escribió a Lady Marna, aunque no le comentó de sus planes.

Con Lord Tyrion fue un pergamino personal comentándole que en los Seis Reinos se había notado la participación de algunas presencias extranjeras que estaban promoviendo uno que otro robo de poca monta en Desembarco del Rey, dudaba que en el Norte aquello se diera pero que se lo comentara a sus Lords para que estuvieran atentos por si algo se daba, lo mismo ya se le había dejado saber al resto de regiones, y le pedía el favor de que si algo ocurría sus Lords les perdonaran la vida y le respondieran a ella, para así ella tratar con Desembarco del Rey directamente. 'No hay necesidad de muertes. Los devolvemos a sus tierras, problemas en Essos no es lo que necesitamos.'

Sansa le escribió de vuelta, preguntándole qué clase de presencias extranjeras, que fuera más específico, y si algo más había ocurrido. También le escribió a Brienne preguntándole sobre la situación.

Con Lord Humfry fue diferente. El Lord se marchó de Invernalia, pero una semana después se dio cuenta que no había dejado el Norte y se encontraba en Puerto Blanco cerrando un negocio. Un pergamino le llegó de allí pero no era de los Manderly y al leerlo él le pedía sus disculpas nuevamente, y que sentía haber sido tan insistente.

Dando por terminado ese capítulo Sansa le contestó que todo estaba disculpado y que estaba más que segura que en el Sur, o aquí mismo en el Norte había ladies que estarían felices de escuchar sus propuestas de matrimonio, pero lamentablemente ella no era una de esas mujeres.

Dejó a Podrick para el final.

Para cuando Podrick recibió contestación de ella ya había pasado casi un mes de esperas, y la respuesta fue un solo pergamino, corto y conciso pues asuntos de vital importancia se habían presentado y estaba en medio de reuniones con los Lords. A Podrick le tomó un par de horas caer en cuenta que a no ser que hubiera un problema de vital importancia en el Norte ella le acababa de mentir, pues las reuniones con los Lords no estaban fechadas para ese mes del año. En todo caso le decía que tampoco debía pensar de sí mismo con tanta humildad, pues era un gran hombre. Luego próximamente pasó a hablar de cómo él siempre había soñado con ser Caballero y al haber cumplido su sueño nadie se lo podría quitar, ni siquiera Bran. Y para Podrick había pasado tanto desde el ultimo pergamino que al principio no le supo llevar el hilo a esas palabras.

Semanas después cuando vio que ella continuaba sin reprobar o acallar sus saludos, despedidas y palabras cariñosas continuó con ello. A veces recordándole las palabras que le susurraba entre besos y que solía decirle para llamar su atención. Cómo que le gustaría perderse en sus ojos nuevamente. Y ella, poco a poco empezó a imitar sus despedidas, a admitirle que lo pensaba constantemente y que le gustaría tenerlo a su lado, aunque sabían que eso ultimo no era sino un deseo y palabras de dientes para afuera.

Y Sansa se sentía culpable de seguir dándole largas a los sentimientos de él cuando ya ella se había hecho a la idea de que lo de ellos terminó. Si seguía con esto era por nostalgia y porque lo extrañaba, pero eso de nada le servía para su realidad.

"Una alianza conmigo no le sirve de nada." Le comentó a Lord Humfrey cuando se lo volvió a encontrar. Ella sospechaba que no era accidentalmente pero tampoco lo podía discernir. Y su carruaje iba llegando al Valle de Arryn mientras el de él lo estaban arreglando para su partida. Y fue él quien se las arregló para tener unas palabras con ella. "El Norte, yo, no tengo nada que proveerle."

"Es la mujer más importante de Poniente entero."

Sansa le asintió, "El trono del Sur no le llegará a ningún hijo mío. Si eso es a lo que usted o su familia están esperanzados. Y con la separación de su región del Reino de mi hermano no obtendrán nada al creerme en su bolsillo."

"Está equivocada mi señora, yo esta alianza no la deseo como un aventajamiento político." Le dijo, notándola no tan a la defensiva como lo había estado la última vez que hablaron, "Soy el tercer hijo de mi familia. Nadie. No necesito una alianza política."

Sansa le asintió, "Disculpe mis palabras, ¿pero entonces que es para su familia? ¿Una carga? Usted me ayudó con la baja en la tasa de interés y eso le debió haber costado bastante, a usted y a ellos. O lo hicieron por cariño hacia su persona, o porque tienen intereses políticos de por medio."

"¿Y es tan difícil de creer que es lo primero? Quiero decir, el ambiente en el que usted y yo nos movemos no es el más apropiado para cultivar una buena familia. Pero por lo que he oído usted la tuvo, ¿así que es difícil de creer que mi familia quiera lo mejor para mí?"

"Si ha oído sobre mi sabrá que yo no soy lo mejor para usted."

Humfrey se sonrió, "…Se sorprendería, mi Reina."

"No soy su Reina."

Le sonrió, pues podía ver como la estaba convenciendo así ella no se diera cuenta todavía, o aun quisiera alejarlo, "Lo será." Contestó seguro de si mismo y encantadoramente, lo que vio ella no apreció como otras mujeres harían. Se enserió, "Tan solo deme una oportunidad. Una sola. Conózcame."

"Esto no es un chiste para mí, Lord Humfrey." Lo pasó de lado más se detuvo al escuchar sus siguientes palabras.

"¿Y para mí sí? ¿Usted cree que juego con mi futuro?"

"Ciertamente sí. Al participar en acciones indebidas."

"Una oportunidad. Puedo ser el cero a la izquierda que usted necesita como persona." Y yendo a eso los ceros a la derecha del Norte. "Pero no me juzgue solo por un factor de mi vida."

Sansa continuó su camino, pensativa en cuanto a su destino. Esa madrugada con insomnio se encontró con Lord Harry en el lado del castillo que le habían brindado a ella. Aborrecimiento golpeándola, pero siguió hasta la sala en que él estaba, viendo la jarra de vino. "¿No puede dormir?"

"No, mi señora." Le respondió, levantándole las cejas cuando la vio prosiguiendo hasta donde estaba él. Al verla que se fue a servir una copa de vino se le fue a adelantar, pero ella no lo dejó, incluso sirviéndole la de él nuevamente. "¿Me viene a relevar de mi puesto de consejero?" preguntó, pues no veía otra razón a que se le aproximara a hablar con él directamente.

"Todavía no." Se sentó en frente de él, haciendo caso omiso a la forma en que la miraba, por estar ante su presencia a esas altas horas y en bata de dormir, aunque iba muy bien cubierta, "¿Qué piensa sobre Lord Humfrey?"

Lord Humfrey, aunque ella no decía ni una palabra del hombre, todos sabían cuáles eran las intenciones de éste al presentarse a Invernalia tras él mismo encargarse de que le bajaran las tazas de intereses al Norte. "El mejor de todo los pretendientes que ha tenido. Una gran alianza para el Norte donde usted lo aceptara."

"Para el Norte…pero no para mí."

"Ser Podr-" se detuvo cuando ella sin levantar el brazo levantó la mano de la mesa y le negó con la cabeza.

"No estoy aquí para hablar de Ser Podrick."

"Entonces no sé a quién se refiere con el hombre para usted. Yo definitivamente no lo fui."

"Y aquí está aún interesado en mí y tirándome a los brazos de otro."

Lord Harry pujó en burla, "Usted nunca fue para mí, y hace rato que lo entendí. Puede que no lo parezca, pero yo hace tiempo que la dejé ir…prácticamente desde que me desilusioné por sus malas decisiones." Vio que ser tan frentero a ella no le cayó bien, pero eso era él; ser frentero y hablar las cosas como eran. Y esta vez fue él quien le hizo una seña con la mano para que no se marchara y lo escuchara. "E incluso donde no lo hubiera hecho eso no me segaría para ver que Lord Humfrey es su gran partido. Nunca habrá otro como él."

No, no habría otro como él. Estaba muy al tanto que Lord Humfrey era el partido. "¿Me dejó ir?" vaya si era arrogante.

"…De mi corazón." Le explicó, "¿Para qué esperanzarme con algo que nunca iba a ser? La dejé ir de mi corazón." Se remojó los labios, él no era bueno con sentimientos, "Puede creer que todas mis objeciones para con Ser Podrick eran celos, y lo fueron en un inicio, pero una vez que me resigné y la dejé ir me concentré y sólo he querido lo que es mejor para el Norte. Lord Humfrey es lo mejor para el Norte. Y usted lo sabe."

Sí, lo sabía.

"Los asuntos del corazón para personas como nosotros tienen que venir siempre en segundo plano. Y me sorprende que usted, de todas las personas, no lo vea así."

"Una vez usted me calumnió al decirme que buscaba venderme al mejor postor. Y ahora me lo da no como calumnia sino como consejo…" lo hizo caer en cuenta y lo vio respirando profundo. "Si me negara a las intenciones del Lord, ¿Cuáles serían las repercusiones para el Norte?"

La vio pasando a asuntos políticos y económicos, y eso era algo en que los dos sí se llevaban bien, "Hago asunsiones pero si se llegara a conocer que él puso algo interesante sobre la mesa para el beneficio del Norte, y que usted lo rechazó, se dejaría ver que para usted lo primordial no es su pueblo. No hay necesidad de mi hablarle de las consecuencias económicas, usted sabe que en dos años aquella taza de interés volvería a subir y para pagarla tendríamos que subir los impuestos, algo que no le gustará a sus Lords y vasallos."

Una sola región no podía venir a tener tanta influencia sobre la otra del día a la mañana, pensó Sansa más no compartió sus pensamientos, porque lo menos que supieran sus Lords sobre el asunto con Lord Hightower más fácil sería para ella llevar las riendas sin intereses externos, y viendo todo el panorama. Y hasta ahora Lord Humfrey había aceptado tratar todo directamente con ella, si algo lo respetaba por eso. Sansa se colocó en pie, "Yo a usted no le he corroborado las intenciones de Lord Hightower, ¿comprende?"

Lord Harry le asintió, su forma de decirle que no tratara esta conversación con nadie más. Verla llevándose la jarra de vino entera y una copa le llamó la atención.

Horas después, tomada, con insomnio, pensativa y en frente de la chimenea con la mirada puesta en el fuego danzante aún no podía creer que fuera esa corta conversación con Lord Harry lo que le daría la resolución de dejar ir a Podrick de una vez por todas. Y la emoción que le llegó no fue una de tristeza o dolor, sino lo que Lord Harry dijo; resignación.

Y de repente se dio con otra encrucijada, ¿se había estado aferrando al recuerdo de Podrick buscando excusas para una negativa?

Estaba tan confundida, de tanto pensar, de tanto huir, de tantas preocupaciones y miedos.

A Podrick no se le hizo extraño no escuchar de ella por las próximas semanas, ni tampoco él escribirle pues Lord Bronn estaba de visita y el hombre era perspicaz, lo menos que necesitaba era que este se oliera su interés por la Reina y le hiciera burla de ello con sus comentarios que definitivamente no necesitaba. Y dejó de lado con el permiso de Lord Tyrion el ser su emisario para acompañar a Lord Bronn a lo largo de aquellas tierras, abriendo y cerrando tratos aquí y allá. Talvez lo más extraño fue saber que estaba financiando a los Segundos Hijos, un grupo de mercenarios de Essos.

"Los consigo baratos y después los vendo caros en el mismo Essos. Un negocio redondo." Lo vio mirándolo escéptico y le sonrió.

"¿El Rey sabe de esto?"

Después de que no los trajera a Poniente todo estaba bien, le dio una palmada en la espalda, "¿Hay algo que el Rey no sepa?" se burló, "Acompáñeme, le presento este grupo a ver que nos enseñan esta vez."

"¡No puedo ir a Essos!"

"No vamos a ir a Essos, huevón." Cerraremos este negocio en aguas internacionales. "Dos días nada más. Vamos, hace cara de que le crecieron huevos y de paso no la pasamos bien por allá." Tampoco era como si fuera su primera vez rozándose con Segundos Hijos, él una vez había traído a un puñado a Desembarco del Rey para que instruyeran en formas más letales de matar a un grupo designado de soldados, incluidos Podrick y la Lord Comandante. "…Además, he estado averiguando con ellos sobre su lesión, ver si de repente por ese lado y en su ciencia tienen algo que le pueda ayudar."

Aquello lo sorprendió y se detuvo, "¿Ha hecho eso por mí, mi señor?"

Bronn lo miró, viendo en su mirada la profunda gratitud y le giró los ojos fingiendo que no le agradaba la forma del Caballero, "Ya, ya, ahora no me vaya a dar un beso." Continuó su camino, "Tengo curiosidad por la poya mágica, pero no de aquella forma, gran marica." Los dos se rieron y Bronn le dio una palmada en la espalda, "¿Cómo van los dolores?"

"No los he vuelto a sentir. Ya puedo caminar más de cien metros sin sentir que me quedo sin aire y me parto en dos."

"Eso está bien. Yo creo que tiene es una dolencia muscular, o de algún nervio. Si fuera un órgano interno lacerado o ya se habría curado o ya habría muerto…Para mí ese dolor es muscular. Tengo unas muchachas que le podrían hacer un masaje…" le subió y bajó las cejas sugestivamente, "incluso en las zonas no afectadas."

Podrick trató de no reírse, "…Suena bien. Pero prefiero que lo hagan los maesters."

"¡Gran puto marica!" Ambos se volvieron a carcajear y tras unos segundos después de que se calmaron Bronn continuó, "Entonces, ¿Vamos a ver que dicen los putos Segundos Hijos?"

Así que Podrick ya no tuvo ni que pensarlo dos veces. Y en el primer día se dio cuenta que Lord Bronn se traía algo entre manos cuando lo presentó como su mano derecha y mayor financiador, incluso cambiándole el nombre y la procedencia de su lesión. Bronn tampoco era Lord Bronn, sino un bastardo de las Tierras de la Corona. Podrick por no hacerlo quedar mal tan solo le siguió la corriente, pero eso sí, en privado le dejó en claro que ese jueguito no le agradó, a lo que Bronn le comentó que tampoco era bueno que esos hombres supieran tanto de uno como para ir dando sus nombres reales e historias de sus vidas.

De vuelta en las Tierras del Oeste no se quiso ver comprometido con el comportamiento decadente de Lord Bronn, y después de dos o tres noches de jolgorios se lo dejó saber educadamente, aunque talvez no en el mejor de los momentos.

"¿Desde cuándo se volvió tan mojigato?"

¿Mojigato él? Podrick se preguntó extrañado, una cosa era cuando estaban con Lord Tyrion y tenía a alguien de confianza que atestiguara por su comportamiento intachable. Otra era dar la oportunidad de habladurías que se le harían imposibles de desmentir.

"Ah, sí. Desde que se convirtió en Guarda." Bron continuó sin esperar respuesta. Se levantó abruptamente de la silla en que estaba sentado y le tiró a la puta desnuda que tenía encima, el bueno de Podrick la ayudó a recobrar su balance, más Bronn notó la forma en que no la soltaba de la cintura y se le quedó mirando con obvio deseo, "¿Dígame que esas tetotas no lo tientan?"

Podrick continuó mirando al área mencionada más se obligó a buscar los ojos de la mujer, soltándola, "…Lo siento."

Bronn vio a Podrick a punto de marcharse, "¡Vamos, quédese! ¡El Rey no se tiene que dar cuenta!" y de hecho creyó convencerlo, porque lo vio deteniéndose y mirando lánguidamente a la mujer, el bulto en sus pantalones más que visible, "¿Desde cuándo no le dan una buena cogida? …Evidentemente la poya mágica todavía tiene vida, y no sé, pero una mamada al menos no es dejar sus votos de lado, ¿no? …Todo ese juramento no es muy específico." Al notar el obvio interés de Podrick le dio una nalgada a la puta, "Vaya, trabaje en él. Lo necesita más que yo." Más notó que Podrick nada más fue ver a la puta acercándose, y a él mismo pasándolo de lado para despertar, porque rompió la mirada y se marchó. "¡¿Ahora le teme a las mujeres?!" Bronn gritó ante su partida para después carcajearse.

¿Qué se podía esperar Podrick de Bronn? No podía estar sorprendido por este, y no lo estaba. Así que desde ese momento se distanció de él, dejándolo que viajara solo para que su comportamiento no le fuera a crear una mala reputación. Se despidió, amistosamente y diciéndole que lo esperaba en la casa de la familia Payne, por si quería despedirse antes de continuar su camino hacia Desembarco del Rey o el Dominio. Bronn siendo Bronn, no se lo tomó a mal sino con una burla a su falta de hombría seguida por una carcajada mientras se abrazaban.

Así que ya seguro de no tener a Bronn mirando por sobre su hombro le escribió a la Reina, comentándole que próximamente volvería a Desembarco del Rey y que le dejaría saber cuándo estuviera en el lugar para continuar con su comunicación. Decidió pedirle su discreción para revelarle que estaba en Las Tierras del Oeste como enviado de Lord Tyrion para arreglar un desacuerdo económico entre las casas Lannister y Payne, de ambas él nada teniendo que ver a la larga. Pero que había reconectado con su familia, y ahora se sabía respetado y admirado ante su posición como Guarda.

Una vez de regreso a la capital Lord Tyrion y Ser Brienne le ofrecieron una comida por sus meses de ausencia, brindaron por él y falló en notar las miradas preocupadas que estos intercambiaron en un par de ocasiones.

Para cuando fue llamado ante la presencia del Rey éste lo recibió diciéndole que su ausencia parecía haberle alentado el cuerpo y el espíritu porque se veía con una mejor disposición. Más cuando le pidió que se sentara en frente de él Podrick se dio cuenta que vendría algo que no le agradaría. Y así fue, su mundo desplomándose al escucharlo decir que gracias a sus padecimientos el utilizar armadura y no estar al cien por ciento en sus condiciones físicas no sería sensato continuar teniéndolo como Guarda del Rey. La sonrisa de Podrick borrándose de su rostro y en el fondo de la sala vio a Brienne tan sorprendida como él por lo que escuchaba, incluso la vio dando unos pasos hacia adelante para discutirlo con el Rey, pero pareció reconsiderarlo porque bajó la mirada y retomó su lugar.

"Le estoy dando una salida honrosa. Puedo romper su juramento a raíz de su bienestar. Es lo más prudente por hacer, Ser Podrick." Había visto las secuelas que la herida le traería si no le prestaba la atención debida. Cómo lo creyó, vio que sus palabras no le agradaron ni al Guarda ni a su Lord Comandante, "He visto las consecuencias de una herida de ese calibre, y aunque no parezcan demasiadas en el momento lo serán en futuro sino se cuida. Una mala herida y no podrá volver a dar veinte pasos sin ayudas, en el mejor de los casos." De inmediato vio que aquello lo impactó, y lo vio mirando hacia Ser Brienne, quien les mantuvo la mirada en blanco. No entrometiéndose aún porque El Cuervo de Tres Ojos sabía que lo haría después. "Ser Podrick no podrá defenderme por mucho tiempo si lo llegara a necesitar. Podrá esforzarse en los primeros minutos para dar lo mejor de sí…pero no será suficiente. De mi parte sería irresponsable y egoísta no advertírselo." Volvió a mirar al Guarda, y vio un destello de enojo en sus ojos llenos de desilusión, "Siempre podrá seguir trabajando para mí y la Corona, Ser Podrick, tiene otras habilidades que me pueden venir en uso."

Contrariado, impactado, Podrick estaba tratando de controlarse en el momento, su decepción siendo demasiada, "…En su pergamino me dijo que sería su Guarda hasta que yo lo quisiera." ¿Y qué otras habilidades?

"Por supuesto. Sigue siendo su decisión si quiere continuar siendo mi Guarda, a pesar del riesgo no me negaré, tan sólo quería que estuviera al tanto de ese riesgo." El Cuervo de Tres Ojos no podía leer pensamientos, por eso hasta ese mismo momento no sabía de la profundidad de los sentimientos del Guarda por Sansa o si continuaban ahí; con curiosidad había creído que le agradaría que le dejara el camino libre, aunque no era por eso que le estaba dando su salida honrosa, la herida del Caballero era de consideración, y tenía otros planes para él.

"…Entonces me gustaría continuar siendo su Guarda." Le respondió, y de hecho vio al Rey extrañado ante aquella respuesta, como si no fuera lo que se había estado esperando. "Es lo que soy." Le explicó, y lo vio asintiendo lentamente, con dudas, lo que lo hizo sentir que la aprobación de él no fue una final. Aún con aquella finalidad del Rey no pudo dejar de sentir cierta desazón y desconsuelo, sin esperar por más se marchó, directo a una de las salas de entrenamiento que encontró vacías. Una sala a la que el Rey creía ya no pertenecía. No habiendo enfundado una espada ni ninguna arma desde el torneo vio una de palo a su lado y fue por esta, sintiendo el peso en sus manos y luego sin pensarlo cogió a uno de los muñecos de paja a palos y a patadas del enojo por su ineptitud. Cuando escuchó la puerta abriéndose y cerrándose a sus espaldas se giró para ver a Ser Brienne. La mirada de lastima por parte de ella lo devastó incluso más, "Ser un caballero, un Guarda es todo lo que conozco, lo único que siempre quise." dijo, cubriéndose la cara con una mano para que ella no viera cuanto en verdad lo había afectado las palabras del Rey. "En lo único en que se me desempeñar. Usted lo sabe."

Verlo a punto de llorar le cerró la garganta, mas Brienne respiró profundo y tensó su cuerpo para poder hablar, "…Trabajaremos con lo que el Rey le dio. Es un Guarda."

Le tomaría un buen rato para que ella se le cruzara por la mente, y por la aflicción que sentía se dio cuenta que sus sentimientos no debían de ser tan fuertes si no estaba contento por aquella oportunidad que se le había presentado.

La verdad, estaba destrozado.

De la presencia silenciosa y constante de Ser Brienne pasó a la de Lord Tyrion, a éste también la noticia llegándole como sorpresa, el Rey no era de los que acostumbraba a compartir sus decisiones y Lord Tyrion se compadeció por el joven. Éste pidiéndoles a él y a Ser Brienne que no le comentaran nada de todo esto a nadie.

Tyrion lo sentó a su mesa, invitándolo a beber hasta que más no pudieran, hasta que las penas lo dejaran. Y quien los dejó fue Ser Brienne. Tyrion en medio de los tragos admitiéndole que lo querría tomar bajo su ala si el Rey lo permitía, "pero no es lo más sensato, pues usted cuenta con un corazón gentil e incorruptible. Algo que a mí no me sirve de a mucho." Ser Podrick no le respondió, solo continuó con la mirada perdida en la mesa de madera, "Y si lo que aprecia es su trabajo sobre su vida, siempre podemos buscar a Lord Bronnn, él también lo aprecia y creo que no sería de dificultad que lo hiciera pasar a formar parte de uno de sus grupos de mercenarios."

"Yo sólo quiero ser un Caballero, un Guarda. Los mercenarios no tienen honor, sólo pelean por dinero. No le diga a Lord Bronn que dije eso, yo también lo aprecio."

Le sonrió, tomándolo del cuello y acercándolo a la copa de vino en frente de él, "Olvida algo primordial, Ser Podrick, los caballeros y mercenarios pueden coger a sus anchas."

"Mmm," Podrick contestó, no estando interesado en eso en el momento.

Le sonrió ante su respuesta, "Dejar la Guarda no es el peor deshonor, más si lo hace con la bendición del mismísimo Rey. No espere a estar medio muerto y posado en una cama para reconsiderarlo."

La mañana siguiente se encontró por alguna razón acostado en las caballerizas, Lord Tyrion a su lado y uno de los mozos de establo tirándole un balde de agua helada a él, no a Lord Tyrion, y después de estar completamente despierto y con un dolor de cabeza incesante se apuró a despertar al Lord, acompañándolo hasta su habitación.

Estando sobrio y con la cabeza fría le pareció absurda su reacción de la tarde y noche anterior. El Rey de todas formas le había dado la opción de elegir. Y ya lo había hecho, ¿Así que qué? Esa noche se presentó a los aposentos del Rey con su armadura reluciente a prestar su turno nocturno, y éste le inclinó la cabeza como reafirmación de su decisión.

El dolor por el peso no presentándose hasta varios días después de constante uso.

A Sansa decidió no comentarle nada, si se daba cuenta tan sólo sería una más de las ironías de la vida. Él no era hombre para ella. Le tomó un par de semanas responderle a su ultimo pergamino, notando cada vez más como la correspondencia se hacía más escueta entre ellos, aunque no dejaba de ir y venir de un lado para el otro, y talvez así era mejor.

Un par de meses después Podrick notó con un interés un pergamino sobre la mesa del Rey, la cresta del lobo siendo visible, lo que le decía quién había escrito. Tan sólo por el papel sabía que era una carta personal que no provenía de su hermana la Reina sino de Sansa Stark. El Rey Bran toda la mañana y la tarde inmóvil y ausente en frente de una ventana, a ratos a Podrick incomodándole los ojos en blanco. En una de las ocasiones en que lo vio regresando a sí mismo se atrevió a preguntarle si todo estaba bien pues no había podido dejar de notar de quien provenía el pergamino.

"Busco por Arya." Le comentó al Guarda y lo vio frunciendo el ceño. "Nymeria, la direwolf de Arya, se apareció en Invernalia para morir allí. Sansa está preocupada…por las connotaciones que esto puede tener. Siempre ha habido una unión entre un direwolf y su amo." Vio al Guarda asintiendo, "No puedo ver a Arya, hace años que no la he visto."

Podrick se quedó mirando al Rey, notando su voz no afectada y le asintió para dejarlo continuar prontamente.

Dado que ella no le comentó nada sobre lo sucedido Podrick tampoco lo hizo. Y así lo hiciera, ¿qué le podía decir? Palabras de aliento faltas de significado que no servían de nada.

Luego el alboroto en Desembarco del Rey y en todo Poniente llegó al un día de la noche a la mañana un bebé aparecer. Bebé que fue presentado ante la corte como el protegido del Rey, sería nombrado Brandon Stark, y tenía la sangre de los Primeros Hombres en las venas.

Que si era hijo de la Reina, que si era hijo de Arya Stark, o los Dioses no lo quisieran; el ultimo descendiente Targaryen que Jon Snow había mandado desde más allá del Muro…todo fue especulaciones porque el Rey las desmintió, más no dio explicaciones aparte de que la sangre Stark corre por sus venas.

Por esas semanas Podrick tuvo cierta diversión comentando con Sansa como las especulaciones estallaban en ambas regiones, en el Norte a todos se les hacía absurdo que se dijera que era hijo de ella pues dejarse ver era algo que la Reina hacía casualmente todo el día, todos los días, así que aquel chisme solo quedó relegado a algunas regiones del Sur y a algunas habladurías de poca monta en el Norte. Ella incluso hizo un comentario que algunos Lords tildaron de mal gusto cuando aludió el poderse salir de un futuro matrimonio si ese niño fuera de ella.

Podrick solo cometió un error en todo ese tiempo en relación a la Reina, y fue delante del mismísimo Rey. Al éste estarse refiriendo a su hermana Podrick cansadamente y con dolor en la espalda contestó 'Sí, Sansa es así.' Error que de inmediato notó y el mundo mermó su velocidad mientras el Rey se quedaba estudiándolo extrañada y abiertamente, no escondiendo que le sorprendió la forma informal con que se refirió a la Reina. Por su parte se sintió sonrojando y empezó a sudar, no sabiendo qué decir para mejorar la situación.

El Cuervo de Tres Ojos asintió lentamente, pues estaba al tanto de lo sucedido entre ellos dos, que no lo mencionara era diferente, "Ciertamente no sabía cómo las cosas se iban a desencadenar cuando lo envié al Norte. Ni siquiera cuando lo dejé como Embajador." Le admitió una vez más, aunque ésta vez iba a ser más específico. Y por su parte debió haber sopesado lo que podría pasar, más nunca llegó a pensar sobre Sansa recuperándose de sus traumas lo suficiente como para confiar en un hombre de aquella manera. Sólo vino a indagar sobre lo que sucedía en el Norte cuando recibió el cuervo en que ella le pedía que hiciera regresar a Ser Podrick Payne a Desembarco del Rey. "Verá, no miro en la vida de las personas que no son importantes en este juego, y Sansa, aunque lo es no significa un peligro hacia mi persona gracias a nuestros lazos de sangre. Así que después de despacharlo al Norte y dejarla en sus manos me encargué más en buscar a quienes estaban detrás de los ataques hacia ella y hacía mí que en sospechar que usted se sobrepasaría en el deber que le encomendé." Lo vio empezando a sudar, y que fue a hablar, pero levantó su mano para que no lo interrumpiera, "Y trato de no juzgar, pero una diminuta parte de mí lo hace, Ser Podrick." No apreciaba que le hubiera dado la mano al Guarda y este lo hubiera tomado del codo. Aquel no lo podía negar se sentía como un fallo hacia su confianza y persona, "Sansa es una mujer dueña de su vida, y lo mejor es que yo no me entrometa en toda esta situación. No está en mi interés interceder de más para no ir a desencadenar algo inesperado de nuevo…"

Podrick mantuvo el silencio, avergonzado, esperando que el Rey continuara, pero cuando se le hizo evidente que había acabado prosiguió, "Lo siento mi Rey, por haberle faltado a su confianza de forma tan baja." se apuró a corregirse, "Aunque no fue baja. Yo a su hermana siempre la respeté y los sentimientos que se dieron so-fueron genuinos. Esa fue la única razón por la que me arriesgué al haber actuado por detrás de sus espaldas."

A su vez estaba al tanto de ello, decidió ir al punto. "A pesar de las atribuciones que se tomó para con ella, le hizo un bien, por eso mismo es que no veo enteramente su actitud como una desleal." Lo pensó por unos momentos, pero desistió en comentarle que ya estaba a unos pasos de saber quiénes en sí habían sido las mentes detrás de los ataques, y que aun podían estar buscando una retaliación. "Más eso no quiere decir que aprecio su forma de actuar, ustedes dos fueron irresponsables, y ella más que nadie sabe a lo que se expone donde prefiera anteponer a su corazón por sobre su deber. En nuestra familia es mejor que las ganancias personales siempre queden en segundos planos."

"Ella está muy al tanto de eso, mi Rey." Y él también, sino habría corrido al Norte una vez que se dio la opción de salirse de la Guarda del Rey.

Esa noche tras terminar su turno como Guarda decidió escribirle, advertirle de que el Rey estaba muy al tanto de lo sucedido entre ellos y que podía venir a cuestionarla después. No escatimó tinta en relatar la conversación que habían tenido, y que era la primera y talvez la última vez que trataban el tema.

'Lo siento, pero en mi mente ya no me refiero a usted como mi señora, o su Majestad. En mi mente usted simplemente es Sansa y en el momento en que le contesté a su hermano no estaba del todo prestando atención. Estúpido de mi parte, como verá.'

Al leer aquella misiva Sansa sintió cierta reivindicación de saber que Bran sí estaba al tanto de lo de ellos y que por fin se atreviera a hablarlo, aunque seguramente había sido mejor que lo hablara con Podrick que con ella. Decidió decirle que no se preocupara por Bran, que si la situación se presentaba de nuevo ella lidiaría con su hermano, pero estaba más que segura que lo dicho sería la mayor alusión que éste le haría en cuanto a la situación.

Estaba insegura de cómo escribirle que estaba considerando una propuesta de matrimonio, una a la que después de mucho estudiarla veía como una salida aceptable. Y en su desesperación tan sólo lo hizo, añadiendo no estar feliz en cuanto a la situación pero que seguiría a su deber. Venderme al mejor postor.

Y mandó el cuervo, callándose que mientras le daba una oportunidad a Lord Hightower, a medida que empezaba a compartir con él fingía que todo estaba de maravilla, que no habían dudas o alguien más que le impedía tomar su decisión. Trataba de fijarse –casi obligada y a la fuerza– en lo muy bien parecido que era, en lo galante, pero no viendo en él nada más que un buen hombre tan atrapado como ella, gentil, carismático pero lleno de dudas, y que parecía tan sólo querer huir lo más lejos de sus fantasmas y familia.

Para Podrick la noticia fue tan repentina que le tomó leer aquel párrafo de nuevo, creyendo estar equivocado, y cuando se dio cuenta que no lo estaba una desazón se sembró en su pecho. Aunque la vida continuó pasando por su lado en las próximas horas no pudo dejar de sentir cierto aturdimiento sabiendo que aquello debía de impactarlo más de lo que lo sentía, pero no era así. Podrick sabía que debía de sentir más que desazón, lo que habían tenido, sus sentimientos por ella se merecían más que cierto sentimiento de entumecimiento, de perdida en su pecho, pero talvez era eso; que ya llevaba la mayor parte de un año y medio lamentando aquella perdida.

No fue hasta que se sentó a responderle el pergamino cuando su garganta se le cerró y el pecho se le constriñó con presión. Y se sintió de cierta forma bien el poder sentirse tan mal. Y se encontró limpiándose los ojos a cada frase que se le pasaba por la mente escribirle, sintiendo placer masoquista al recordar canciones de desamores, y dejó el escritorio, su habitación, en medio de la noche yendo a una de las cocinas y sacando vino que dijo Lord Tyrion necesitaba. Volvió a su habitación, en su dolor consumiendo aquel vino que hacía muy poco para embriagarlo. Por unos momentos se le pasó por la mente –no realmente sino como una fantasía, o como una mala decisión–, ir la mañana siguiente donde el Rey, renunciar a su cargo como Guarda y tomar el Camino Real hacia el Norte de inmediato. Pero eso no servía de nada; no era más que la historia de una canción o un libro, no la realidad. Él no tenía nada que ofrecerle y ese hombre seguramente sí lo tenía.

Dos noches después y sintiéndose ya no tan apesadumbrado fue que respondió algo que había repasado demasiado en esas ultimas cuarenta y ocho horas.

'Sabe que sus palabras me entristecen, y no lo piense de esa forma pues no es venderse al mejor postor. Si lo está considerando es porque él coloca sobre la mesa cualidades que sus anteriores pretendientes no tenían.

Se merece ser feliz, y estoy seguro que si lo acepta es porque sabe que ese hombre de alguna forma la hará feliz y la llenará de la calma que necesita.'

La respuesta que recibió por parte de ella también fue una escueta, sólo tres párrafos divididos en no más que un puñado de frases. Y en sus palabras siendo evidente que aquella consideración a la propuesta ya era algo definitivo que sucedería. Sólo hubo una frase casi poética que le llamó la atención.

'Desde hace mucho estoy segura que nadie se casará conmigo por amor.'

Y sólo eso lo hizo explotar de nuevo en decisiones encontradas. De enojo y rabia, e incapacidad. ¿Qué se esperaba ella de decirle eso a él? ¿Por qué se lo decía? ¿Por qué mejor no confiaba en alguien más y dejaba de restregarle toda esta situación en la puta cara? Su respuesta fue sólo una frase, sintiéndose hasta hipócrita porque no dejaba sus estúpidas esperanzas, porque le dolía, porque en sus manos también estaba hacer algo más que dejarla aceptar ese compromiso así eso fuera darle la espalda a todo lo que era él, a los logros que lo hacían sentir orgulloso de sí mismo.

'Yo me casaría con usted por amor, si me lo pidiera.'

Así que decidió dejarlo en sus manos, porque después de todo desde el inicio, todo siempre estuvo en las manos de ella.

Más la verdad era que así renunciara a ser Guarda, estaría en peores condiciones para ir hacia ella. No había nada racional en ello. Aun así, se arriesgó a responderle algo que creería cambiaría el transcurso de la dinámica entre ellos si ella se atrevía, pero no era porque él se atreviera, era porque sabía que una negativa llegaría.

Una negativa definitiva para por fin dejar detrás de él lo sucedido con ella. Y no tener que pensar ni sentir tanto.

Y la verdad Podrick se encontraba confundido, porque a ratos la quería a más no poder y quería decirle que su salida de la Guarda no sería tan deshonrosa, pero minutos después recordándose que ser Guarda era su vida, vivía para serlo. Entonces a final de cuentas no sabía en sí que quería.

Talvez si la volviera a ver, a mirarla a los ojos lo sabría con seguridad.

Cuando Sansa recibió aquella respuesta la tuvo en frente de sí toda la mañana. Se encontró llorando en frustración y fue el único de los pergaminos de él que se atrevió a quemar, arrepintiéndose al ver las llamas consumiéndolo.

'No está en mi deshonrarlo a mi causa.' Fue su respuesta, regulándose a sí misma en no ir a actuar imprudentemente, 'Además este hombre trae debajo de su brazo propuestas que beneficiarán al Norte, y sería una terrible gobernante donde las pasara por alto. La vida de cientos de miles de Norteños depende de ello, ¿y qué es eso a cambio de la calma y felicidad de una sola persona?

Sé cómo suena esto, Podrick, pero créame que no lo hago para hacerlo sentir que veo cómo menos su persona. Antes al contrario, en mi mente y corazón nunca habrá nadie que le llegue a los talones. Tristemente esta es la historia que nos tocó vivir.

Y yo siempre dije que primero mi deber a mi corazón, ¿cierto?

Siento estarlo lastimando, pero nunca dude de lo que usted significó para mí, de lo que aun significa.

Siempre suya, SS.'

Podrick se había imaginado que algo por el estilo sería su respuesta. Por eso mismo no había pensado actuar sin su consentimiento para renunciar a la Guarda. ¿De qué le servía hacerlo, marchar al Norte y ser rechazado? O peor, ser el terceo en un matrimonio…

Y sólo por su última frase y despedida fue que evitó sentir rencor al ella decirle en cortas palabras que no tenía nada que ofrecerle.

Parecía que a final de cuentas y de las transgresiones entre ellos ambos sí sabían su lugar.

Arrugó el pergamino en su puño, arrugado, así como sentía a su corazón, y tiró el papel al fuego. Dejando su habitación necesitando de aire libre.

Fue casi dos semanas después que le escribió nuevamente, aun sintiéndose devastado, pero al menos fingió en sus palabras no estarlo tanto, queriendo darle cierto ánimo, que también sabía ella lo necesitaba. Y aunque no lo hablaron, esa respuesta que ella le envió quedó como lo último entre ellos.

Por los próximos meses se escribirían muy de vez en cuando, no comentando nada personal, sólo saludos cordiales y hablando sobre los reinos, sabiendo que sólo era cuestión de otros meses más para que la correspondencia terminara por completo.

Podrick no indagó de más por sobre su compromiso imaginándose que lo oiría por terceros, más aquello no sucedía. Pero se decidió a no pensar en ello. Ella ya tenía su vida y él la propia.

Y el giro que daría su vida de repente lo trajo una reunión a la que fue citado. El Rey, Lord Tyrion, Ser Brienne, Lord Bronn presentes. En menos de media hora escuchó como influencias externas a Poniente aún querían desestabilizarlo. Y no, él no había sido enviado a las Tierras del Oeste sólo para su mejoría, y tampoco había sido presentado por Lord Bronn ante el grupo de Segundos Hijos con otro nombre y títulos por anonimato. Todo tenía una razón, y él era la persona idónea para infiltrar los Segundos Hijos.

"Será Podrick Payne en todo menos en nombre e historia. Sólo necesitamos su actitud, y oídos, nada más. No buscara confrontaciones, ni heroísmo. Lo menos que se haga notar mejor."

Decir que todo esto fue una sorpresa fue decir poco, "Ya me han visto la cara."

"Una cara de tontarrón fácil de olvidar." Bronn añadió, "Incluso más si se presenta como un harapiento indeseado de Poniente con uno o dos rencores bajo de su manga…"

"Tuve un tío tatarabuelo que sirvió en Los Segundos Hijos hace mucho, Rodrik Stark." El Cuervo de Tres Ojos le dejó saber, "Para ahora en Poniente se susurra que Brandon Stark, mi protegido, viene de un linaje de los tantos descendientes bastardos de mi tío Brandon."

"Esa será su historia. Un descendiente de Brandon Stark, que se quiere unir a los Segundos Hijos para retomar lo que sabe es suyo…"

"Es una facción de los Segundos Hijos apoyados por el Banco de Hierro quienes me quieren fuera del Trono, quienes apoyaron el ataque hacia Sansa y hacia mi persona."

Podrick se encontró oyendo, cavilando y balbuceando, no estando seguro qué decir sobre todo esto. Si comprendía lo suficiente.

Bronn le chasqueó los dedos en frente de los ojos al verlo confundido, impactado, "No será más que oídos, ¿entiende? No se necesitan agallas. Sólo usted con su don de buen muchacho ganándose a la gente. Escuchando."

Brienne se remojó los labios, abriendo la boca por primera vez en esa reunión, "Este es un plan a largo plazo que constantemente está cambiando en el camino. Por ahora esto se quedará en esta habitación, y si usted acepta será entrenado en qué decir, cómo actuar, se le dará una historia que podrá ser verificada. No es la única persona que estará infiltrando a los mercenarios, pero no queremos contacto previo entre ustedes."

"Y yo también estaré visitando de vez en cuando." Bronn le dejó saber.

Lord Tryion se sonrió con desazón al ver a Podrick embobado ante todo lo que le decían, "Tiene tiempo a hacerse a la idea. Como Ser Brienne dijo, esperamos que con el plan que tenemos y mientras este continúa desarrollándose su partida se de en unos dos meses. Piénselo."

"Tampoco es una orden. Está en usted decidir su colaboración." Brienne añadió lo más importante talvez.

Iba a morir en Essos, a Podrick no le quedó duda de ello.

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A/N: Ok, capítulo más largo de esta historia, probablemente el más largo que he escrito.

Originalmente este capítulo no iba a existir. Iba a hacer un salto a Desembarco del Rey porque escribir cartas? Bleh, demasiado cursi y romántico en mi opinión, pero también algo realista de la época (Y así diga cursi me agrado escribir las cursilerías aunque me tuve que obligar a dejar algunas porque las quería eliminar). Y con los cuervos de aquí para allá esto se convirtió también en la forma perfecta de avanzar la historia y sentar las bases de lo que ocurrirá de aquí en adelante.