CAPÍTULO 16

Dejo caer la toalla al suelo y me observo en el espejo. De perfil el abultamiento comienza a notarse. Han pasado dos meses desde el descubrimiento que ha cambiado todo. Se puede decir que ahora he aceptado la situación, no tengo mucha elección. La idea de tener un niño me asusta. Aun así, pienso que es una bendición.

Una vida crece en mi interior. Acaricio la barriga con ambas manos y sonrío. Nunca habría imaginado un cambio tan radical, y sin embargo, ha tenido lugar. Sigo todavía pensando que ha tramado todo esto, aunque continúa negándolo. El cambio no solo me ha afectado a mí, sino a ambos… Él ha cambiado para mejor. Ya no adopta esa expresión penetrante y no trata de mandarme. Es cariñoso y atento, se preocupa siempre y cada pequeña queja para él equivale a una catástrofe.

La semana pasada me visitó el médico porque tenía pinchazos constantes en el bajo vientre. Me dijo que creía que todavía corría el riesgo de abortar y que tenía que descansar. Me he cansado de estar encerrada en casa y de salir a pasear raramente. Tengo ganas de moverme, de hacer algo. Llevo un vestido color melocotón y me ato el pelo con una coleta. Falta solo la chaqueta y ya puedo salir. Estoy engordando, mis mejillas son más rechonchas.

Creo que es normal que el cuerpo cambie y no haré ningún drama. La única cosa que realmente me importa es mi niño. Salgo de los aposentos encontrándome a Liam, el cual me sonríe. Pues sí, desde que supieron la noticia de que serán tíos, no hacen otra cosa que mimarme. Todos.

—¿Cómo estás? —¡Hoy mucho mejor! —Respondo posando la mano sobre la barriga. Se acerca, me observa.

—¿Puedo tocar? —Pregunta. Parece avergonzado, no puedo evitar reír. Cojo su mano y la apoyo sobre mi vientre.

—¡Ya verás cuándo lo sentiremos dar patadas! —Comenta feliz. Con los ojos vidriosos acaricia mi abdomen.

—¿Sabes dónde está el lobo maligno? —Pregunto bromeando mirando a mi alrededor.

—En su oficina, por lo tanto, si quieres salir debes apresurarte. Conociéndolo tendrás máximo cinco minutos de libertad.

Tiene razón. Debo salir deprisa y disfrutar de esos pocos minutos de paz. Esta vez me saltaré las reglas, entraré en el laberinto. Gracias a Liam no hay peligro de que me pierda.

—Voy. Gracias por el mapa. Sonríe levantando los hombros.

—Esto y lo que haga falta por ver a mi hermano volverse loco. —Comenta. Serán hombres peligrosos, pero al fin y al cabo si los miras atentamente solo son niños incomprendidos. Rechazo su mundo, pero aquí dentro todo se desenvuelve en los límites de la normalidad. Bajo las escaleras mirando hacia la oficina de Sasuke y respiro aliviada percatándome de que la puerta está cerrada.

Atravieso el patio apresuradamente y cuando salgo levanto la mirada y admiro victoriosa el cielo azul. Uno de los hombres de Alex me examina y me doy cuenta de que tengo los minutos contados. Me dirijo a gran velocidad hacia el laberinto y entro. De acuerdo, relajémonos. Se enfadará, estoy segura, pero esta vez tendrá que superarlo. No permaneceré encerrada en casa hasta el final del embarazo.

—¡Sakura! Su grito se escucha alto y claro. Río para mis adentros mientras miro la hoja con las indicaciones para llegar al centro del laberinto. Liam ha dicho que encontraré un rincón de paraíso, así que busquémoslo.

—¡Maldición mujer, vuelve inmediatamente! —Chilla. Continúo caminando y siguiendo las instrucciones sin prestar atención a sus gritos. Me pregunto si recuerda el camino de memoria. En ese caso me alcanzará en pocos segundos. Aumento el paso dispuesta a alcanzar mi objetivo. Lo escucho maldecir, está cerca. Tal vez debería tranquilizarlo, podría servir.

—¡Estoy bien, no te preocupes! —Grito. Todo tranquilo, lo cual es raro. Me esperaba una orden o por lo menos que respondiera, y en cambio, nada. Giro a la derecha y me detengo. Vislumbro algunas flores, lo que quiere decir que es el centro. Aumento el paso curiosa, con la mirada puesta hacia adelante. A medida que me acerco al panorama todo se vuelve más incitante. Un jardín con una fuente en el centro. Sin embargo, lo que más me sorprende es la cantidad de rosas que me encuentro delante.

Las hay de todos los tipos y colores, su olor me invade. Me apoyo en el borde de la fuente y observo las rosas suspirando. Extrañamente este sitio me transmite calma y serenidad. Respiro profundamente y cierro los ojos. Paz.

Una ligera brisa acaricia mi rostro, pero no es la naturaleza quien me la regala, es él. No abro los ojos, siento que está cerca de mí. —Moya boginya. —Susurra en mis labios. Reabro los ojos lentamente encontrándome ante el abismo que ha alterado mi vida para siempre.

—Moy Aysberg… —Respondo. Lo abrazo y me pongo de puntillas con la intención de besarlo. Adelantándose se agacha y une nuestros labios. Un beso delicado y arrollador.

—Estoy enfadado contigo… —Murmura entre un beso y otro.

—¿Podrías dejar de serlo ahora? Me gusta este sitio y quisiera disfrutar de la paz que me rodea, enfádate más tarde. Frunce el ceño sorprendido por mi petición, lo piensa y luego sucede algo inaudito. Ríe a carcajadas.

—Solo tú consigues enloquecerme y hacerme reír cinco minutos después… — Comenta estrujándome.

—¡Sasuke, no respiro, afloja! —Digo jadeando. A veces no se da cuenta de la fuerza que tiene. Deja repentinamente mi pequeño cuerpecito y me mira desolado. Esta vez soy yo quien ríe con ganas. —Respira, querido, todavía estoy viva. Se acerca a las rosas y arranca una, la huele cerrando los ojos y luego se vuelve hacia mí. —La prima vez que te encontré, pensé que eras hermosa y pura como la rosa blanca de mi jardín secreto. Lo miro sorprendida. Ahora entiendo tantas cosas. ¿Cómo puedo olvidar las rosas blancas que llegaban a mi casa? En un mundo retorcido y carente de explicaciones plausibles, él me mostraba lo que sentía.

—¿Por qué nunca me has traído en estos meses? —Me había olvidado. Me he olvidado de muchas cosas últimamente. Se acerca agarrando mis caderas y depositando numerosos y delicados besos en el cuello. —Deberías llevar siempre el pelo suelto, me gusta mucho. Lo desata mientras nuestras miradas se buscan. Me acaricia el rostro y luego arranca el tallo de la rosa con los dientes.

—Ahora todo es perfecto. —Comenta mientras la rosa se desliza entre mi cabello hasta apoyarse en la oreja. Apoyo la mejilla en su pecho y me dejo mecer entre sus brazos.

—Quisiera permanecer aquí para siempre.

Las palabras se me escapan. No quiero que lo interprete mal. Querría permanecer aquí en este lugar mágico, no en su mundo. Extraño que no se haya alegrado, tal vez ha entendido a lo que me refería. Permanecemos así, abrazados, durante mucho tiempo y no me desagrada. Al menos en este momento no pienso en lo demás; solo en él, él y nuestro hijo. Me enfrentaré a la realidad cuando esté preparada. De momento vivo en la fantasía, donde todo parece perfecto.

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Moya boginya: Mi diosa.

Moy Aysberg: Mi iceberg.