Quince

Mandó a solicitar una audiencia con los reyes de Jötunheim, la cual aprobaron para dentro de cinco días. Entendía que había sido una bofetada a su dignidad el que los hiciera esperar para hablar con Padre de Todo en lugar de que este viniera directo allí, pero el que le respondieran con más retrasos lo irritaba.

Aunque bueno, también estaba feliz por alargar el plazo en aquel lugar. Llevaba varios minutos buscando a Loki por el ala oeste del palacio pero no daba con él. Decidió ir al norte para seguir allí, cuando se topó de frente y a mitad del pasillo con Helblindi, quien reía.

Su sorpresa fue grande al distinguir al hechicero como compañía de dicho príncipe. Iba a armar un escándalo pero contó hasta diez para calmarse y así poder acercarse con la apariencia de alguien regio hasta ellos, quienes ya lo miraban expectantes.

Helblindi no era su persona favorita en el mundo y mucho menos desde que lo había descubierto en medio del pabellón de curación a solas con el pequeño jötun semi-inconsciente. Creyó que sería un capricho nada más, aunque al parecer no era así. Él no miraba a Loki con aprecio como lo hacía Skadi sino con anhelo y eso le puso los pelos de punta.

—Buenas tardes, Loki, príncipe Helblindi. ¿Les molesta si los acompaño? —Quizá su tono no fue tan cordial como intentó porque el hechicero bajó la cabeza hacia su mano como buscando esconderse y el otro gruñó.

El gigante habló con un tono que parecía despectivo y que cambió a uno dulce cuando se dirigió a Loki, el cual cruzó los brazos delante de su pecho. Antes de que el hechicero pudiera articular palabra, el rubio intervino:

—¿Serías tan amable de decirle a Helblindi que aunque no sé qué dice, es mejor que vaya a meterse en sus asuntos, en lugar de molestar a mi gente?

Dejó salir sonidos estrangulados que al aesir le parecieron gañidos, muy al contrario de la suavidad con la que el pequeño jötun pronunciaba las sílabas al contestarle lo que fuera que el otro le demandara hacer. Porque sí, para el rubio la forma en que se dirigía a él parecía más una demanda.

—Loki, deberías decirle al idiota este que le baje dos tonos a su…

—¡Ya basta! —explotó Loki y después sacudió su falda como si esta se hubiera llenado de polvo. Suspiró y se acomodó el cabello, a la vez que casi simultáneamente en dos idiomas, pronunció—: me retiro caballeros, iré a tomar una taza de algo caliente con Sif. Ella es mejor compañía ahora mismo.

Thor tuvo una pelea de miradas con Helblindi un rato más hasta que estaba seguro que Loki ya había llegado a su habitación y fue detrás del hechicero. La ventaja que tenía era que contrario al príncipe jötun, él podía entrar a los aposentos del menor con mayor confianza.

El pequeño jötun no mentía. Literal estaba tomando una taza de algo caliente con Sif sentada al otro lado de única mesa de la sala de estar. Ambos lo ignoraron, su amiga por solicitar un remedio para el dolor y el otro, pretendiendo que no estaba allí.

Fue una suerte que ni Volsstag ni Hogun estuvieran ahí, y lo fue aún más cuando Sif partió en busca de los ingredientes para su té que Loki había hecho el favor de anotarle en un papel para que ella sólo lo entregara.

No bien la guerrera se había ido, el hechicero se dispuso a cerrar la puerta de su habitación tras de sí pero Thor tomó el picaporte del otro lado. Así Loki tiraba de su manija para cerrar y el rubio de la suya para abrir.

—¡Deja la puerta Thor! ¡O te convertiré en una mosca!

—No si no me dejas hablar contigo.

—¡Lo que hiciste fue vergonzoso! ¡¿Qué buscabas conseguir con eso?!

—¡No lo sé! Bueno sí. ¡Sólo intento protegerte! ¿Ya olvidaste lo que te dije sobre él? ¿Lo que dijo aquella noche en el baile?

De pronto, toda la fuerza que el rubio estaba aplicando, sin exagerar para no lastimar al otro, le fue devuelta cuando el hechicero soltó su picaporte y él trastabilló. Ahora podía contemplar el aura de hostilidad contenida que el otro irradiaba. Tenía el cuerpo tan tenso que a Thor le provocó miedo un instante.

—¡No lo dices en serio! ¡Estaba recabando información¡ ¡Helblindi me contaba por qué su dam nunca se recuperó de la pérdida de su hermano Býleistr! ¡¿Eres idiota o qué?!

A cada paso que el más pequeño dio hacia adelante, él retrocedía. Hasta que se topó con la pared, claro. Su cabello negro le caía en cascada hasta la mitad de la espalda y el arco de trenzas que adornaba de oreja a oreja su cabeza, lo hacía ver como la cosa enojada más bonita que Thor había apreciado.

En un principio había creído que el hechicero lo había embrujado y esa era la razón por la que le daba malestar estomacal cada que estaba cerca de él. Intentaba no aparentarlo pero al estar al lado de él, tenía el mismo sentimiento que había experimentado cuando surcara los aires con Mjölnir por primera vez o cuando de joven venciera al fin a su oponente.

Tragó saliva y trató de concentrarse en lo que el otro le decía pero aquellas sensaciones lo embargaron tanto que la creciente necesidad de decir lo que pasaba por su mente le estaba ganando la partida. ¿En qué momento había pasado eso? ¿En verdad le gustaba un jötun?

No distinguió la fina línea que tanto él como Loki habían cruzado una y otra vez hasta convertirse en amigos y que a él le importara menos lo qué y más quién era. Lo había estado suprimiendo de su organismo, creyó que el pensamiento se iría como cada vez que hacía cuando desechaba algo que su mente no requería.

—¡Ni siquiera me estás escuchando!¿Sabes qué! ¡Vete a la mierda!

—¡No! No es eso —Lo tomó de la muñeca, envuelta en la guarda, y lo hizo regresar de modo que ambos acabaron invadiendo el espacio personal del otro. Thor le sobó el montículo que se le formó entre las cejas al a par que le acariciaba la palma de su mano con el pulgar—. Es sólo que bajo esta luz y con tus mejillas encendidas, me pareciste lo más precioso de los nueve mundos.

Los magníficos ojos escarlata se abrieron tan grandes como eran y el rubio nunca podría imaginar lo sordo que el corazón de Loki lo estaba dejando por su fuerte y encabritado retumbar. Sin embargo, sí percibió su nerviosismo en el temblar de sus manos y en su garganta al pasar saliva.

Aquello le dio esperanzas y lo hizo pensar que estaba a punto de estar un poco más cerca del Valhalla. ¿A quién quería engañar? No le gustaba Loki, había metido la pata hasta el fondo como él siempre solía hacerlo y su parte consciente ahora le gritaba lo evidente: estaba enamorado del hechicero.

Padre de Todo no lo aceptaría, estaba seguro de que lo desterraría y le daría su trono a su hermano Balder pero eso no importaba. No importaba si de esos labios delgados podía escuchar las palabras que aún no sabía, su corazón tanto necesitaba escuchar.

—¿Estás de broma? —soltó Loki, casi atragantándose con su saliva.

De pronto Thor estuvo tan inseguro como no lo había estado en su vida. Cierto era que él había sido el único que inconscientemente había estado dando avances abiertos sobre su enamoramiento pero los sonrojos del jötun, sus miradas y la comodidad que parecía tener a su lado lo habían hecho deducir que él también sentía algo.

—Yo…

"Demonios, no. No es el momento para que titubees. ¡Durante milenios has esperado sentir esto y no lo vas a tirar por la borda ahora que lo encontraste!" se amenazó a sí mismo.

—Ya madura, ¿sí? —le dijo Loki empujándolo lejos con la ayuda de su mano en el pecho del rubio—. No es gracioso burlarse de otros.

Sin compartir contacto visual con el rubio, este se dispuso a marchar de nueva cuenta a su habitación. Estaba resignado a no ser amado pero aquello era muy cruel, incluso para un guapo príncipe aesir que de seguro tenía miles de pretendientes esperando a sus pies.

—Hablo en serio. —Aquello hizo que Loki se parara en el marco de la puerta, cosa que le dio valor—. Jamás había querido permanecer al lado de alguien para siempre como lo quiero hacer contigo.

El ruido de la puerta al cerrarse reflejó a la perfección su vacío.

….

No había tenido el coraje para quedarse a solas con el príncipe aesir o si quiera de hablarle después de lo sucedido la noche pasada. Ni siquiera sabía si era porque no quería conversar sobre eso o porque su apariencia después de no dormir le pudiera parecer desagradable al rubio.

Saludó a Bragg de inmediato y se pusieron en marcha hacia la biblioteca de aquel lugar. Quería no pensar en lo sucedido así que se desbocó en leer lo que pudiera de los libros sobre seidr que encontrara en aquel lugar. Era más grande y tenía más volúmenes que la del palacio de Rahndoffh, así que se apresuró.

A mediodía los guardias cambiaron de su posición relajada a la de firmes y frente a él se encontró su majestad Skadi con un libro en mano. Estuvieron un par de horas leyendo hasta que Loki no alcanzó a entender una parte que le pareció crucial.

—Disculpe su majestad —En ese punto no podía pedirle a Bragg que le respondiera sus dudas pues este había partido rumbo a sus lecciones un rato atrás—.Hay algo que no entiendo.

—¿Sobre qué? —dijo, dejando su lectura a un lado sobre la mesa.

—Estoy familiarizado con los hechizos de vinculación pero aquí dice que esta no puede hacerse por medio de un objeto de forma total sino que sólo sirve como un conducto que mantiene unidos al beneficiario y al benefactor.

—¿Y cuál es el problema? —Alzó una ceja divertido.

—Los libros no mienten así que si este dice la verdad pero una magia así se mantiene durante muchos años, ¿afectaría esto al benefactor a la larga?

Skadi apretó el entrecejo y frunció la boca como si le hubieran dado algo amargo de comer. Analizó a Loki un instante y tras pensarlo un rato soltó aire. Se rascó la nuca y como peleándose con las palabras al fin dijo:

—Temo que sí. Se ha comprobado que algo así sería imposible sin matar a la larga a quien cede su magia a no ser que esta fuera tan potente como para sostener un vínculo de esa magnitud.

A partir de ahí no pudo enfocar con claridad la imagen del rey. Las paredes dieron vueltas a su alrededor y a pesar de apreciar los labios del otro jötun enano moviéndose, ningún sonido que este pronunciara llegó a sus oídos. Quiso correr para llegar a su baba pero algo terrible cruzó por su mente antes.

—Si..., si el benefactor usa su seidr a niveles desproporcionados mientras sigue vinculado, eso mataría al otro más rápido, ¿no es así? —Intentó regular su respiración mientras su interlocutor asentía y él divisaba cómo su mundo se rompía en pedazos, ¿qué había hecho?—. Mi baba, ¿sus guardias lo rescataron? ¿Qué sabe de él?

—Nada, todavía no me han dado informes —gruñó—. Suéltame Loki, tranquilízate.

No se había percatado de que estaba tirando de la camisola del rey desde el otro lado de la pequeña mesa que los separaba y que los soldados lo estaban apartando de ahí.

Corrió. No supo qué más hacer, tenía que regresar de inmediato a su casa y averiguar qué había sido de su única familia. Los guardias lo perseguían por los pasillos y él no sabía por qué. Sólo entendía que debía llegar a donde su baba.

Thor lo atrapó entre sus brazos y él pataleó y forcejeó. Su cabello se enredó en los hombros del rubio y él tuvo que ceder a ser cargado hacia su habitación en donde los otros aesir lo miraban como la criatura que al principio habían creído que era.

Escuchó voces indignadas de afuera y aun así el príncipe no abrió, sino que le pidió a sus amigos que se retiraran a sus habitaciones o si podían, cuando cesara el ruido, fueran al exterior. Puso seguro a la habitación y camino con las palmas alzadas hacia él.

—¿Loki qué pasó? ¿Por qué corrías como desquiciado con los guardias persiguiéndote por todo el ala norte?

—Ya no puedo ayudarte, tengo que irme. Tengo que salvar a mi baba

—¿De qué hablas? —dijo Thor mientras se dejaba caer a un lado de Loki, quien estaba hecho una bola en la cama y temblaba—. Tu baba está a salvo, te dije que Fandral no le haría daño.

—No es eso, no lo entenderías —respondió enterrando más fuerte su cabeza entre sus rodillas.

—¡Pues explícamelo! Si está en mis manos intentaré hacer algo, sabes lo importante que es para mí que estés bien.

Aunque la piel del pequeño jötun se alborotó ante el recordatorio que esas palabras suponían, suspiró y aclaró su mente. No podría ayudar a nadie si lloriqueaba, él era mejor que eso y quizá Thor lo podría ayudar. Así que procedió a contarle su reciente descubrimiento, pese a que el rubio de todos modos no entendió nada.

—¿Y eso que tiene que ver contigo?

—Ya estás enterado de cuan enfermizo soy pero eso no es novedad. Desde que tengo uso de razón mi cuerpo, junto con el seidr que poseo han estado drenándome poco a poco. —La estupefacción en la cara del aesir casi le hubiera parecido hilarante de no ser por lo serio de la situación—. Mi baba es un hechicero poderoso, a él le pertenece la magia curativa que viste hace unos días. Cuando era niño, me lastimé casi a muerte al caer por una grieta y él no dudó en vincularse a mí por medio de la pulsera que llevo en el tobillo.

Oh sí. El rubio ya había visto esa pulsera de un metal extraño. Creía que era un adorno para que Loki luciera más exótico y radiante de lo que ya era, pero nunca le había adjudicado alguna cuestión mágica. Una extraña fascinación por tocar el objeto que mantenía con vida a la persona que lo hacía vibrar de alegría, surgió en su interior.

—Entonces, si has estado absorbiendo su magia por medio de ese brazalete…

Lágrimas surgieron de los ojos del menor por fin. Traidoras, se escurrieron por sus mejillas como si una presa gigante se acabara de romper y arrasar con todo a su paso. Aquello caló en el rubio y con sus pulgares se apresuró a despejar el paisaje lo más que pudiera.

Abrasó a Loki y este se aferró a él como un chiquillo asustado. Se recordó entonces que no debía olvidar que aunque el jötun pareciera casi de su misma edad era apenas una flor que comenzaba a ver la luz del amanecer. Sobre todo, no debía olvidar no aprovecharse de tal situación como su parte egoísta le instó a hacer.

—¿Por qué no pedimos consejo a Skadi? O mejor aún, solicitaré un encuentro con el consorte real. Él nunca sale pero seguro que si lo pido apelando a la paz, él accederá.

La cabeza del menor asintió y el rubio con parsimonia la acercó a sus labios para depositar un beso en su frente.