La semana siguiente, Voldemort volvió. Quedó satisfecho con el reclutamiento realizado durante la fiesta del Equinoccio y no los pilló jugando con los muñecos de Nellie (y no porque no lo hicieran...). Así que Bellatrix se sintió aliviada. Sin embargo, no supo si ese fue el detonante o no, pero las pesadillas que en días previos habían remitido, volvieron. Cada noche la muggle le cantaba para que se durmiera, era lo único que funcionaba. La duelista adoraba las extrañas composiciones de Nellie sobre descuartizar gente o sobre sus planes para vivir junto al mar. En aquellas letras extrañas halló una paz que nunca antes había acariciado. A veces incluso fingió los terrores nocturnos para que le cantara. Nellie se daba cuenta de que trataba de engañarla, pero aún así la abrazaba y lo hacía.
Lo malo fue que con la vuelta del Señor Oscuro no quisieron arriesgarse y la muggle dejó de salir de su habitación. Solo bajaba con Bellatrix si Él se marchaba. El mago había preguntado por su trabajo en las misiones y obviamente la morena le había narrado su importante papel. De momento no parecía desear matarla, pero podía cambiar de opinión como Narcissa de vestido. A pesar de que su amado Maestro pudiera asesinar a su novia, la devoción de la bruja no disminuía. De ser cualquier otro muggle ella misma lo habría torturado. Su amor por Nellie era algo profundamente contradictorio. La amaba con locura, pero también a Voldemort. Nellie lo sabía, su novia no le mentía. En cierta manera, lo entendía. Ella con Sweeney también estuvo completamente ciega y sabía que era casi imposible salir de ahí. Bellatrix la quería y la cuidaba y de momento eso valía. Además le demostró que confiaba en ella: cuando se lo pidió, poco a poco y con dificultad, la bruja le fue contando los tormentos y trastornos que la habían convertido en lo que era. Por muy duras que fuesen esas historias, la muggle la abrazaba y lograba hacerla sentirse un poco mejor, un poco menos rota.
También seguían entrenando y la mortífaga la instruía sobre cultura mágica, tácticas de guerra y temas similares. Si bien Nellie ya poseía prácticamente toda la información que podía serle útil a una muggle, le encantaba aprender. Apenas había podido hacerlo en su juventud y agradecía hacerlo ahora, aunque fuese sobre un mundo al que no pertenecía. Así que la bruja la complacía y buscaba nuevos temas y cuestiones cada vez más complejas para poder enseñarle. En eso estaban esa mañana cuando Rodolphus llamó a la puerta. La bruja le abrió.
-Rod, ya te has comido todo el bizcocho, no queda nada, en serio.
El mago sonrió con nerviosismo. Al instante su mujer supo que no acudía para mendigar comida. Le preguntó qué pasaba y él le contó que habían llegado rumores preocupantes a oídos del Señor Oscuro. Ambas mujeres se tensaron, pero resultó que no tenía nada que ver con su relación.
-Según sus agentes dentro del Ministerio hay rumores de que existe una zona en el muggle Londres conocida como "el zoco"... -miró a Nellie como esperando una confirmación.
La muggle asintió.
-Sí, está en la zona baja del Soho, siempre ha sido una zona chunga. Prostitución, peleas callejeras, trapicheos con droga... Esas cosas -comentó la muggle.
-Encaja con lo que sabemos -comentó el mago-. Los informantes dicen que el maldito traidor de Mundungus Fletcher y algún otro de los miembros más díscolos de la Orden se han dado cuenta de que sus afiliados son muchos menos que los nuestros. Están intentando reclutar muggles para proteger las zonas del Londres muggle que solemos atacar. Al parecer lo están haciendo en esa zona porque los individuos que la frecuentan son bastante peligrosos pese a carecer de magia y tienen poco que perder. No sé cómo mantendrán el Estatuto del Secreto, supongo que usaran imperio, los desmemorizarán o lo que sea... De Mundungus te puedes esperar cualquier cosa.
-¿¡Pero están locos o son idiotas!? -preguntó la mortífaga con incredulidad- ¿Qué necesidad hay de involucrar a los muggles en esto? ¡Y quiénes son ellos para poner en peligro el Secreto!
Rodolphus soltó una risa sarcástica, miró a Nellie y luego a su mujer. Bellatrix captó la referencia y la ironía de la situación.
-Lo de Nellie es diferente porque... ¡Porque mira qué escote, qué trasero y qué carita más adorable!
La muggle no se sintió en absoluto ofendida, de hecho parecía bastante orgullosa de que apreciaran sus atributos. El pequeño de los Lestrange sacudió la cabeza y sonrió. Hasta que recordó lo que iba a decirle.
-El tema es que nuestro Señor nos ha ordenado a Rab, a mí y a tres más que vayamos a investigarlo al anochecer. Y también quiere que venga Eleanor.
-Vale, de acuerdo -respondió la bruja tranquila-. Vamos las dos.
-Ya... Belle, tú no puedes venir. Esta noche nuestro Señor ha organizado la cena con Adrien de Brienne, el Ministro de Francia. Ya sabes que es afín a nuestra causa y quiere apoyarnos. Ha insistido varias veces en su deseo de conocer a la legendaria Bellatrix Lestrange y solo estará esta noche. Debes ir, nuestro Maestro me ha pedido que te lo recuerde.
La mortífaga se demacró al recordar la cita.
-¿Seguro que es necesario que Nellie...?
-¡A mí no me importa ir! -aseguró la castaña.
-Sí. Voldemort da por hecho que ella conoce la zona y desde luego se manejará mejor que nosotros. Quiere que la llevemos. He intentado hacerle cambiar de opinión sutilmente alegando que sería un estorbo, pero ya lo conoces, no ha servido... Estaremos Rab y yo, ya sabes que la cuidaremos bien.
A Bellatrix le costó quince minutos más asumir que no había otra opción mientras su marido y su novia intentaban tranquilizarla. Pasó el resto del día en la cama abrazada a la muggle. Cuando llegó la hora, se preparó para su cita con Voldemort y el ministro francés. Por su parte, Nellie se vistió con ropa muggle para no llamar la atención con sus vestidos victorianos. Con dolor se desabrochó el colgante del dragón: no era buena idea ir a un gueto del hampa con zafiros en el cuello. Sin embargo le tranquilizó acariciar el anillo conectado al de la bruja que nunca se quitaba. La bruja la besó, la abrazó con fuerza y le pidió que tuviera cuidado. Nellie aseguró sonriente que así lo haría y le deseó que fuera bien la cena. Un minuto después los Lestrange subieron para recoger a Nellie. Bellatrix los acompañó a la planta baja. Mientras Rabastan debatía con la muggle sobre la mejor raza de dragones, la morena se rezagó con su marido.
-Rod, toda esa historia de los reclutamientos muggles me da mala espina. Seguramente no sea nada como todos los demás rumores falsos, pero tened cuidado.
-A mí también -confesó él en voz baja-, pero ya sabes que nuestro Señor no es conocido por disfrutar de un buen debate... Me aseguraré de terminar pronto y volver lo antes posible. Y ya sabes que cuidaré a tu adorable muggle.
"Más te vale" murmuró la bruja. Su marido le cogió la mano y le dio un apretón afectuoso. Se desearon suerte y se despidieron. Justo antes de aparecerse de la mano de los hermanos, Nellie miró a Bellatrix y le sonrió con dulzura. La mortífaga permaneció inmóvil durante unos minutos con la mirada perdida. Cuando apareció Ruffy para informarla de que su Señor la esperaba en el salón principal, reaccionó por fin y se puso en marcha.
Pese a sus reservas, la cena no estuvo mal. El Ministro de Magia francés era un hombre educado y buen conversador y su interés por la mortífaga era genuino. Al parecer su árbol y el de los Black se entrelazaba en algún ancestro lejano y a él le gustaría establecer vínculos con la familia. Se interesó por las habilidades mágicas de Bellatrix, por sus investigaciones en las artes oscuras e incluso por su estancia en Azkaban. Todo siempre desde la prudencia y el más absoluto decoro. La bruja se esforzó por complacerlo -más por su Maestro que por ella- y estuvo de acuerdo con sus propuestas. No obstante, ni un minuto logró apartar la preocupación por Nellie. No le gustaba que la muggle estuviera sobre el terreno -ni armada- y muchísimo menos sin ella. Aún así disimuló.
Un par de horas después, el Ministro se lamentó por tener que despedirse, pero debía volver a su país sin falta. La mortífaga le acompañó hasta las verjas de salida y le prometió escribirle y visitarle con Rodolphus. Voldemort quedó satisfecho con el papel de su lugarteniente y al menos ella se quitó ese peso de encima. En cuanto su Maestro la despidió, preguntó al elfo si su marido y el resto habían vuelto. No era así. Salió a la entrada de la mansión y cerró los ojos disfrutando de la brisa nocturna. Estaba centrada en ralentizar su respiración cuando las verjas se abrieron.
-¡Menos mal! -exclamó corriendo hacia ellos.
Encabezaban la comitiva dos jóvenes mortífagos a los que la bruja ni conocía ni tenía interés. Se adelantaron murmurando que iban a darle el parte a Voldemort. Sus semblantes no mostraban mucha alegría. Poco tiempo después, llegaron los rostros conocidos.
-¡Rod! -exclamó la bruja cuando vio a su marido- ¿Qué tal...? ¡Por Circe, Rab!
Rodolphus sujetaba a su hermano que apenas lograba mantener los ojos abiertos y parecía más ido que consciente. La bruja se dio cuenta de que sangraba profusamente por un costado. Llamó de inmediato a Ruffy y le pidió que trajera al medimago que siempre estaba de guardia para esas ocasiones. Ahora que estaban a salvo en la Mansión, era mejor no mover más al herido. Cuando la bruja iba a ayudar a su marido a tumbarlo en el suelo se dio cuenta de que detrás de ellos no iba nadie. Ni el tercer joven recluta que los había acompañado ni Nellie. En ese momento el color de la tez de Bellatrix empeoró más que el de Rabastan. Antes de que fuera capaz de abrir la boca, apareció el sanador y empezó a murmurar hechizos y a extraer pociones de una cartera para curar a Rabastan. Viendo que su hermano quedaba en buenas manos, Rodolphus se atrevió por fin a mirar a su mujer. Bellatrix lo vio en sus ojos y empezó a temblar. Contuvo las lágrimas con esfuerzo.
-¿Qué ha pasado? -preguntó con voz entrecortada intentando sonar firme.
-Belle, lo siento muchísimo, de verdad, te juro que hemos...
-¿Qué ha pasado? -repitió cada vez más nerviosa.
-Era una trampa. Una estratagema de los aurores para atraparnos. Cuando hemos llegado...
-Rodolphus, ¿dónde está Nellie? -preguntó la bruja ya llorando.
-Está viva -aseguró él intentando tranquilizarla-, pero...
-¡¿PERO QUÉ?! -gritó Bellatrix con furia y lágrimas.
-La tienen ellos, la Orden. Lo siento, mi amor, te juro que...
-¿Cómo ha pasado?
-Por mi culpa -reconoció el mago-. Eran casi el doble que nosotros, enseguida han empezado los ataques. Aunque ellos pretendían atraparnos para interrogarnos, Blassy, el otro mortífago que nos acompañaba, ha muerto en el fuego cruzado. He intentado proteger a Eleanor en todo momento. De hecho ella ha matado a bastantes, ni siquiera han visto las balas. Estaba en pleno duelo con la metamorfomaga cuando el nuevo jefe de aurores (un tío igual de fornido e imponente que Shacklebolt pero con menos paciencia y diplomacia) me ha atacado por detrás y me ha desarmado. Rab me ha sustituido en el duelo con la cría y solo Eleanor seguía a mi lado. Ella ha matado al auror jefe y también a Mundungus. Pero cuando yo buscaba mi varita, ha aparecido el hombre-lobo y me ha lanzado un incarcerous y... ella lo ha interceptado por mí.
En ese punto Bellatrix lloraba abiertamente sin entenderlo.
-Ha aparecido Rab aún luchando contra la metamorfomaga. Los otros dos mortífagos han gritado que era hora de irse y han desaparecido. Yo no quería irme sin Eleanor y mi hermano tampoco, pero nos hemos quedado solos contra cuatro de ellos. Mientras yo recuperaba mi varita, Rab ha intentado correr hacia ella para aparecerla con nosotros, pero entonces le ha alcanzado un hechizo ofensivo. Sangraba mucho y no podía aparecerse sin despartirse. Yo no sabía qué hacer mientras me defendía. Si salvaba a mi hermano, dejaba ahí a Eleanor. Ella se ha dado cuenta de mi dilema. A pesar de estar a cierta distancia, miraba hacia a mí de espaldas a los aurores. Me ha dicho moviendo los labios que...
-¿Qué? -preguntó la bruja desolada.
-Que me llevara a Rab porque a nosotros nos encerrarían en Azkaban, ella solo es una muggle. No le harán daño ni sacarán nada -terminó en un susurró avergonzado-. No tenía ni miedo... No te imaginas cuanto lo siento, Belle, nunca he conocido a nadie tan valiente y leal como ella. Bueno, solo a ti. Entiendo que me culpes, pero te juro que la recuperaremos, te...
No supo cómo seguir. Hubo unos minutos de silencio. Bellatrix no sentía un dolor semejante desde que diecisiete años antes su Maestro fue derrotado. Finalmente, habló:
-No te culpo. No ha quedado otra, era lo único que podías hacer -contestó la bruja sin mirarlo.
-Sé que no es consuelo, pero no creo que averigüen que es de los nuestros. Las balas que ha utilizado estaban bajo el encantamiento traslucido y como siempre he incinerado los cadáveres de los aurores que ha abatido. En cuanto la han inmovilizado le he quitado la pistola con un accio no verbal y con el caos nadie se ha dado cuenta. Todo estaba muy oscuro, ninguno de los supervivientes la ha visto disparar. La metamorfomaga y el hombre-lobo la han visto aturdida a mi lado con la mano en el bolsillo pero nada más. Encontraran a una muggle desarmada. Creerán que está bajo la maldición Imperius o algo similar.
La morena asintió. Poco cambiaba aquella información. Le dio las buenas noches a su marido y se dio la vuelta para volver a la mansión. Rodolphus la siguió.
-No quiero que estés sola.
-Necesito estar sola -aseguró ella sin apenas voz-, vuelve con tu hermano y avísame cuando esté bien.
Rodolphus asintió sabiendo que no iba a hacerla cambiar de opinión. Durante los días siguientes Bellatrix atravesó en bucle todas las fases del duelo. En la primera, la negación, no quiso salir de su cama durante días porque olía a Nellie y estaba segura de que al abrir los ojos aparecería a su lado. Durante la ira hubo que controlarla para que no se lanzase a incendiar la ciudad entera y el Ministerio sin motivo aparente. En la etapa de negociación le hizo contar la historia cien veces a cada hermano porque igual al final Nellie sí había podido huir. La depresión fue incluso peor: tuvieron que requisarle sus dagas porque insistía en cortarse para volver a sentir algo. Finalmente alcanzó la aceptación aferrándose a la idea de que su novia seguía viva y necesitaba que estuviera bien para salvarla.
-Bueno lo de salvarla... -murmuró Rodolphus mientras le acariciaba el pelo- Nunca ha necesitado a nadie. Siempre se ha salvado ella sola, seguro que esta vez también lo consigue.
Él, Dolohov y Rabastan, que se había recuperado por completo, procuraban no dejarla sola en ningún momento. Les dio igual agobiarla. La querían mucho y jamás la habían visto en un estado de tristeza ni remotamente similar. Todos los días comían con ella (o más bien la obligaban a comer) e intentaban animarla. Su marido casi hubiese preferido el enfado y la furia, sabía manejarla mejor en esas circunstancias.
-Bella, la habías preparado por si esto pasaba, ¿a qué sí? -le preguntó Dolohov.
-Claro, la reacción ante la captura es básica en nuestra formación -respondió la duelista-. Pero aún así, si no la creen y deciden matarla o...
-Querida, son los buenos, ellos no matan -le recordó su marido-. No sacarán nada al interrogarla, no podrán entrar en su mente. Y siendo una muggle jamás la meterían en Azkaban ni nada similar. Simplemente...
-Simplemente la desmemorizarán y le darán una nueva identidad lo más lejos posible de aquí -susurró ella-. Me olvidará y nunca volveré a verla. Fui egoísta, tenía que haberla obligado a huir desde la primera misión. Ahora tendría su casa junto al mar y al menos estaría con ella en sus recuerdos.
Los tres hombres también consideraban ese escenario como el más probable. No supieron qué responder porque sabían que la bruja no toleraba la compasión. Rodolphus la abrazó y la dejó llorar en su hombro mientras le acariciaba la espalda. Supo que si no recuperaban a Nellie, perderían también a Bellatrix.
