Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Pequeños secretos

—...un esguince realmente no es la gran cosa. A menos que a una serpiente mágica le haya dado por morderte en la misma zona herida, claro.

—Pero con el tobillo vendado, todavía puedo jugar Quidditch, ¿verdad? —Su padrino, que estaba junto a la cama, le dio tal mirada de reprimenda que tuvo el impulso de encogerse y fusionarse con el colchón de la camilla. Carraspeó y se echó el cabello hacia atrás, sin notar que lo hacía—. Digo, podría- puedo subir a la escoba y- y puedo patear con el otro pie para alzar vuelo y...la verdad es que Wood me va a matar si no me curo antes del primer partido de enero —Se excusó, con su mejor expresión lastimera.

—Veremos cómo te encuentras después de las vacaciones —Argumentó Pomfrey, con el mismo tono sereno con que le había contestado desde que llegó. Draco soltó un dramático suspiro y se recostó en las almohadas.

—Es el precio de la imprudencia —Le siseó Snape, entre dientes. Él asintió, distraído. Ya sabía que vendría un castigo y un regaño en cuanto hubiesen dejado la Cámara.

En la camilla contigua, la profesora A examinaba la mejilla hinchada de Neville, limpio de todo rastro de veneno por un encantamiento. El niño no dejaba de observarlo con culpa desde que Pomfrey ahogó un grito ante las marcas de mordeduras que tenía sobre el tobillo amoratado. A esas alturas, Draco ni siquiera lo sentía, así que no suponía gran diferencia.

—Poppy, si nos permites un momento —Los profesores y ambos niños giraron hacia la entrada cuando el director se paró bajo el umbral de la puerta. La medimaga masculló acerca de medicinas que debían tomar, necesidad de descanso, y se retiró, cerrando las puertas dobles detrás de sí. Dumbledore esperó un momento, antes de acercarse al espacio en medio de ambas camillas—. ¿Cómo se encuentran?

Draco alzó el pulgar. A su lado, Snape bufó y apuntó el tobillo vendado. Detalles menores. Mientras le diesen su poción adormecedora, él se sentiría como si nada hubiese pasado.

—Le he pedido a Minerva que traslade al...señor Potter, y lo tendremos en el piso de abajo, para...tratarlo y solucionar su problema —El niño-que-vivió asintió al notar la mirada que le dirigía—. Ustedes dos han sido muy valientes —Entonces vio a Neville también, que boqueaba por aire y lucía incapaz de emitir un solo sonido comprensible frente al director.

Ahí se le ocurrió una idea.

—¿Puede ser Neville quien lo...solucione? —Pidió, tendiéndose sobre el colchón por completo, con un quejido exagerado—. Es que yo me estoy muriendo justo ahora-

Su padrino volvió a mirarlo mal. No le gustaba que dijese que estaba mal, no le gustaba que dijese que estaba bien. ¿Quién entendía a Severus Snape?

0—

—...nu- nunca he te- te- tenido una espada-

—No es difícil, sólo no la agarres por el lado que corta —Recordó Draco, con una sonrisa divertida. Neville hacía pucheros de nuevo, intentando equilibrar el peso de la espada entre sus manos.

Los dos profesores los observaban, Dumbledore estaba sentado a unos pasos. Draco hacía levitar el diario, abierto en páginas al azar, frente a su compañero.

—Puedes ver algo horrible cuando lo hagas —Añadió, cuando notó que hacía ademán de llevar a cabo el pedido. Neville lo miró con ojos enormes, asustadizos, y él estrechó los suyos, retándolo a negarse.

Si no podía hacerlo, simplemente quería decir que no era confiable. Draco no guardaría secretos de alguien que no lo fuese.

El arco que trazó con la espada fue tan rápido que casi perdió el control en el hechizo de levitación. Partió el diario a la mitad, justo sobre la unión de las páginas.

A pesar del leve temblor, su agarre sobre el mango de la espada de Gryffindor era firme. Él volvió a observarlo, y Draco asintió, respondiendo a una pregunta no realizada.

Dentro de la barrera de los profesores, el cambio era llevado a cabo en silencio. Harry Potter golpeaba la pared invisible, se llevaba las manos al pecho, a la garganta, a la cara, y se retorcía en alaridos que no atravesaban el campo mágico. Su imagen, difusa de a ratos, se transformó en un joven Tom por un instante, al que una línea brillante lo dividía por la mitad, luego era Potter de nuevo, jadeando e intentando recargarse en la barrera para mantenerse sobre las piernas.

Eran ojos verdes los que examinaron el lugar y terminaron por fijarse en él. Pronto, su rostro se deformó un poco por una emoción indescriptible, que lo hizo apretar los labios y menear la cabeza.

"No quería hacerlo" gesticuló con los labios, negando.

Draco tragó el nudo en su garganta y dio otro asentimiento. "Lo sé" y los abarcó con un gesto, a cada uno de los que estaba allí. "Lo sabemos"

Aquello pareció librarlo de una carga. Potter apoyó la frente contra la barrera, apretó los párpados, y le dieron un momento, antes de que fuese retirada y él enviado con la profesora A, para una búsqueda de rastros de magia oscura en el cuerpo.

Los resultados arrojarían después que las huellas dejadas por Riddle no eran lo bastante importantes para suponer un problema. Se recuperaría con algo de descanso y se borrarían solas.

0—

Hermione estuvo a punto de derribarlo con el abrazo que le dio en cuanto pusieron un pie en la Sala Común, dos días más tarde. Ron le gritó para que se fijase en su tobillo vendado y que se sostenía de Neville; pese a eso, también estuvo cerca de tumbarlo al jalarlo y ofrecerle ayuda para moverse. Draco se rehusó, hasta que alcanzó la escalera saltando sobre un pie, y se dio cuenta de que tal vez sí necesitaría un poco de auxilio. O dormir en la sala.

Dormir en la sala no sonaba mal, si resguardaba su dignidad.

Antes de darse cuenta de lo que pasaba, estaba sentado en el sillón frente a la chimenea, contándole a los Weasley y su amiga sobre los sucesos de la Cámara. A excepción de unos pequeños detalles.

Neville, a unos metros de distancia, arrugaba más el entrecejo a medida que lo escuchaba hablar. Cuando terminó, le tomó tanto tiempo aprovechar que los demás volvieron a sus actividades pre-vacacionales, para acercarse, que él llegó a pensar que no lo mencionaría.

Resultó que sí lo hizo.

—No- no les dijiste...—Gesticuló, en un intento fallido de darse a entender. Draco se encogió de hombros y sopesó su taza de chocolate caliente, recién traído por un elfo, entre las manos.

—Ron te golpearía, Hers te odiaría. Los gemelos no te dejarían un día en paz hasta que se vayan —Negó—. Ese puede ser nuestro secreto, por ahora. Sólo dime algo.

El niño emitió un vago sonido afirmativo, para decir que le prestaba atención, pero le llevó unos segundos considerar de qué manera expresarse. Decidió que lo directo era lo mejor.

—¿Sabías que tu abuela guardaba el diario de Tom Riddle?

Neville apretó los labios y se mantuvo callado. Pero su mirada de disculpa decía todo lo que necesitaba saber.

—¿Sabías qué hacía? —Una sacudida de cabeza— ¿o que se lo daría a otro estudiante?

Su expresión de horror habría sido divertida, en otra circunstancia.

—Nunca- ella nunca me dice- nada, nada tan importante como- como eso. Me dijo- sólo me contó que alguien iba a- a darme un mensaje suyo, pero…no esperaba que fuese…ya sabes —Balbuceó, cambiando su peso de un pie al otro—. ¿Vas a...?

Draco se bebió lo que le quedaba en la taza de un trago y meneó la cabeza, sin dejarlo terminar.

—Ese también puede ser nuestro secreto. A cambio, serás mi nuevo compañero de Herbología —Y sonrió, su sonrisa más inocente del repertorio.

—Pe- pero vas co- con Ron-

—Ron es buen amigo, pero nunca hace algo en clases —Frunció el ceño y soltó un suspiro dramático; de repente, Neville se echó a reír. Era una risa vacilante y temblorosa, pero aún contaba como una.

Quería pensar que no acababa de cometer un error. Lo hablaría con Regulus más tarde.


¡Doble actualización! /guiño, guiño. ¿?