Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen...
Patty Smith estaba terminando un ensayo acerca del enanismo hipofisario para su clase nocturna de enfermería en la universidad comunitaria de Hillwood. Estaba haciendo cursos intensivos para especializarse en el cuidado de las personas que padecieran el mismo tipo de anomalía que sus padres. Y con casi un año de estar soltera, desde que Harold había terminado con ella, se había abocado a su carrera universitaria. Quería trabajar en el hospital público de Hillwood, su madre le decía que debería tener aspiraciones más ambiciosas pero realmente ella no se sentía capaz de dejar atrás a su familia, a sus amigos, a su vecindario.
Estirándose en la silla, lanzó irremediablemente un suspiro al aire. Llevaba casi un año soltera…
Todavía habían días que al despertar, cuando aún estás aletargado por el sueño que no se ha decidido a dejar tu cuerpo en paz por completo, en que olvidaba que ya no era la novia de Harold Berman. Durante esos segundos le dedicaba pensamientos dulces, hasta que reaccionaba recordándolo todo y entonces volvía a aborrecerlo.
Suspiró de nuevo… La vida era demasiado caprichosa para su gusto. Mira que terminar juntando a esos dos… Harold y Rhonda… Patty nunca lo vio venir. De hecho, literalmente no lo vio venir cuando los encontró en la fiesta de cumpleaños de Sid besándose.
Recordarlo la hacía querer vomitar…
Cada vez…
Sobre todo porque durante preparatoria, Rhonda había sido quien le insistió y apoyo para que se le declarara a Harold y fueran novios… de verdad había sido demasiado insistente.
¿Qué ganaba la hija del matrimonio Wellington haciéndola sufrir así?
Pero no podía culparla completamente, Harold también tenía culpa, y quizás también ella misma, aunque seguía sin identificar qué era lo que exactamente era su culpa. Y a su favor podía decir que había mantenido su palabra. La relación de Harold y Rhonda había estado en secreto todo ese tiempo y tenía que dejarles saber cuando ya no le incomodara que estuvieran juntos.
¡Já! Como si eso fuera a pasar algún día.
Justo ahora se sentía como si fuera a ser miserable por su felicidad el resto de su vida.
Pero también estaba muy presente el remordimiento, ella no tenía derecho de castigarles por casi un año… de obligarles a ocultarse… por más que le aborreciera por lo que le hizo, la verdad era que también quería mucho a Harold. Fue la primera persona en verla como realmente era… y no burlarse o salir corriendo.
Su momento de reflexión fue interrumpido por golpes en su puerta, extrañada de que no tocaran el timbre, se paró a abrir. En su umbral había tres chicas, una pelirroja, otra rubia y la otra… con el cabello rosa… Patty las miró alucinada, en primera porque ellas nunca la habían ido a ver a su casa y en segunda porque no recordaba a nadie que tuviera ese distintivo color de cabello.
-Hola Patty- habló con su tono educado la pequeña Sawyer, meciéndose nerviosa en sus talones.
-Hola- respondió la castaña, mirando a sus visitas sin saber qué más decir.
-¡Hola Patty! Soy yo, Sheena. ¿Me recuerdas?- la castaña asintió, recordaba a una Sheena que era parte de la pandilla y era bastante tranquila… a diferencia de la enérgica chica con cabellos color chicle que estaba parada afuera de su casa -¿Nos dejas entrar?- le preguntó a bocajarro, y sin darle tiempo a responder, se adentró a la sala siendo seguida lentamente por las otras dos –Wow. Tu casa es acogedora- la sonrisa de la chica ponía muy nerviosa a Patty.
-Gracias, ¿Puedo preguntar qué están haciendo aquí?- Lila se disculpó con la mirada.
-Queremos hablar contigo- dijo Nadine, sentándose en el sofá sin ser invitada. Sheena la imitó. Las únicas que continuaban de pie eran Lila, que esperaba a que le invitaran a tomar asiento antes de sentarse, y Patty, que sentía que esto debía ser un extraño sueño que en cualquier momento podía convertirse en pesadilla.
-¿Sobre qué?- sonó muy ruda hasta para ella misma, sin embargo no se retractó. Lila y Nadine eran las mejores amigas de Rhonda, nunca le habían dedicado más de un par de frases y no encontraba ningún motivo para tenerlas a ambas en su sala en compañía de la tercera chica con la que no había tenido interacciones directas.
-Sobre Helga y Phoebe- aclaró Sheena –Lila nos dijo que tú habías estado presente cuando ellas…- empezó a ampliar su explicación antes de ser cortada por la castaña.
-No voy a decirles nada. Ustedes no tienen nada que ver con eso, no les incumbe- Patty se hizo a un lado y señaló la puerta por donde habían entrado las chicas –Váyanse- la castaña era normalmente una persona amable, pero no tenía razones para serlo con esas tres que aparentemente sólo la buscaban por conveniencia y esperando sacarle un chisme que Patty no pensaba decirles.
-Oh, vamos. Realmente queremos comprender- dijo Sheena.
-Escucha, Gran Patty- ante su antiguo apodo, la castaña miró a Nadine con el ceño tan fruncido que hasta le provocó dolor de cabeza, parecía que estaba intentando freírle usando sólo su mirada –No vamos a irnos de aquí hasta que nos cuentes lo que pasó entre esas dos- la rubia se puso de pie y puso ambos brazos sobre su cadera –Así que no hagas más difícil esto y lo mejor será que cooperes… dinos ¿Cuál es tu precio?- Sheena miró alucinada a su amiga.
-Cielos, Nadine. Creo que deberías calmarte. Lo que dijiste sonaba como una amenaza- Lila miraba alternadamente a la castaña y a su amiga rubia, preocupada de que en cualquier momento la paciencia de Patty se acabara.
-Es que, es una amenaza Lila- afirmó Nadine. Habían ido hasta ahí a buscar respuestas y no se irían hasta conseguirlas.
-Bueno… bueno… no es necesario hablarnos así. Aquí, todas somos muy buenas amigas ¿a que sí?- intentó apaciguar los ánimos Sheena, poniéndose de pie también y colocándose en el rango de visión de Patty que ahora las fulminaba a las tres con la mirada.
-Les dije que se vayan. No les diré nada más- con una aplastante seguridad, la castaña se giró decidida, si ellas no se iban, las ignoraría.
-Creo que te estás olvidando de algo, Smith- Patty se congeló en su sitio, incapaz de ignorar a Nadine como había sido su intención, todo por el tono de voz de sabelotodo que usó, similar al de tahúr que usaba Rhonda cuando buscaba intimidar –Yo sé lo que pasó realmente durante el juego de baloncesto que perdió nuestra preparatoria contra la tuya- La castaña se giró incrédula de lo que oía, nadie podía saber eso –y si no quieres que se lo cuente a Helga… empieza a hablar- Nadine sonreía victoriosa ante una iracunda Patty y un par de impactadas Lila y Sheena.
-Si les digo lo que quieren saber, ¿Me aseguras que Helga nunca sabrá qué pasó ni volverás a usar esto en mi contra?- cuando la rubia asintió, Patty pareció desinflarse –Está bien. ¿Qué es exactamente lo que quieren saber?- rendida, por fin ocupó un lugar en los sillones de su sala ante la sorprendida mirada de la pelirroja y la pelirrosa.
Phoebe se cubría con sus almohadas la cabeza, su madre había vuelto a tocar en su puerta para insistir en que saliera. Desde la tarde del día anterior en que recibió la inesperada visita de Gerald, se había encerrado en su habitación y no había vuelto a salir para nada. De todas formas, su cuarto tenía baño privado.
Las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas en cuanto recordó lo que había pasado.
De nada servía que se arrepintiera pero le dolía saber que Gerald la había visto besar a Park…
¿Cómo se supone que aquello había pasado?
Había sido una inmensa coincidencia que Leslie, su compañera de habitación, fuera la novia del compañero de habitación de Park en Columbia, en Manhattan.
La primera vez que salieron los cuatro, fue porque Leslie quería presentarlos, decía que el compañero de su novio era su alma gemela y Phoebe había terminado cediendo a la presión social.
Decir que estaba sorprendida de descubrir que Park, su compañero de salón durante su educación básica, era el chico del que tanto hablaba Leslie, era un eufemismo.
Aquella tarde hace siete meses, habían pasado horas platicando emocionados, ninguno tenía un conocido en las ciudades en las que estudiaban y Phoebe estaba fascinada de que Park hubiera entrado en la segunda universidad más selectiva de la Ivy League; después de Harvard, claro.
Aprendió muchas cosas sobre él durante esa cena. Park era estudiante de Ciencias Políticas y Gobierno. Sus padres estaban separados y mientras su madre y hermana vivían en Hillwood, su padre vivía en Cambridge y era miembro del consejo de reclutamiento y selección de alumnos en la universidad del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), y Park viajaba a menudo a la ciudad a visitarlo. Su hermana acababa de descubrir que estaba embarazada y a él lo emocionaba demasiado ser tío. Su libro favorito era "Horas Furiosas: Asesinato, Fraude y el último juicio de Harper Lee" de Casey Cep. Amaba la ópera, y tocaba el piano. Era becario en el Consulado General de Japón en Park Avenue. Sus ojos brillaban cuando debatía algún tema con ella, como quién había sido el mejor presidente de Estados Unidos o el mejor primer ministro de Japón, o cuando hablaban de cine de arte o de obras de teatro…
Y en algún punto de la noche, Phoebe se encontró a sí misma suspirando por él. Por la manera en que se arrugaba su nariz o alzaba la comisura de los labios o la manera en que se marcaban sus músculos, al gesticular, con la camisa que llevaba puesta.
La joven continuó escribiéndose y frecuentándose con él. Sentía que estaba naciendo una hermosa amistad entre ellos, pero Park no lo veía de esa forma. Phoebe quizás tuvo un poco de culpa, porque nunca aclaró que seguía siendo novia de Gerald, no vio la necesidad, estaba demasiado acostumbrada a que todos lo supieran.
Entonces, durante la celebración del 4 de Julio… Park se le declaró. La invitó a ir con él al puente de los suspiros (Bridge of Sighs) uno de los lugares más hermosos en los que Phoebe había estado en toda su vida y su sitio favorito de la ciudad, aunque eso ya lo sabía Park.
Cuando subieron a la batea, Park parecía muy nervioso, empezó a hablar balbuceando y de pronto, tomando valor, se lo dijo… Que ella le gustaba. En medio del inicio de los fuegos artificiales en el cielo.
Ningún chico que no fuera Gerald le había dicho nunca que ella le gustara. La declaración había sido un cumplido que puso a Phoebe a saltar emocionada. Pero la realidad la encontró muy pronto y tuvo que rechazar los sentimientos de Park y decirle que ella tenía novio… Gerald.
Park estaba sorprendido de que ellos siguieran juntos y le dijo que se conformaba con ser amigos.
Phoebe soltó un suspiro. Park no se conformó. Él no era conformista, era determinado y disciplinado y continuó pretendiéndola. El día antes de su cumpleaños, estaba demasiado deprimida porque Gerald le había cancelado y dicho que no podría viajar porque tenía trabajo en el periódico de la universidad, y Leslie le dijo que su novio había llamado para invitarla a la Opera Saratoga y que Park asistiría.
Y Phoebe pensó, que si Gerald no iba a su cumpleaños, pues que se jodiera en el maldito Londres con la maldita Helga Pataki. Ella también tenía derecho a pasarla bien.
Esa fue la segunda vez que Phoebe viajó a Nueva York con Leslie. Y fue un cumpleaños maravilloso y besar a Park había sido maravilloso.
Pero ahora, sentía que estaba dentro de una pesadilla de la que no podía despertar. Su cuento de hadas con el intelectual neoyorquino, ahora le pasaba factura, 10 veces más caro de lo que realmente valía lo que vivieron… o así se sentía, al menos.
Gerald debía estar devastado, seguramente incapaz de comer… justo como ella… encerrado en su habitación sin querer ver a nadie, con rabia en su interior, traicionado, dolido, con el corazón roto. Justo como se encontraba ella en aquel momento. Si tan solo hubiera tenido la fuerza de voluntad para pararlo todo, cuando todavía estaba a tiempo. Pero se sentía tan halagada, tan hermosa, tan consentida… Park la hacía sentir como una mujer, como una igual… y Gerald, la mayoría de las veces la hacía sentir como su madre…
Aun así, él no se lo merecía, y ella lo sabía. Y se odiaba. Se odiaba porque ella amaba a Gerald. Quería una vida a su lado, ser una Johanssen. Soñaba con eso desde niña…
Más lágrimas avanzaron a tropel por su rostro, los golpes en la puerta continuaban insistentes. Sus padres no sabían lo que había pasado, pero seguramente algo escucharon de los vecinos, estaban preocupados. Pero Phoebe no tenía ganas de aclararles nada… no quería verlos… con qué cara iba a verlos… sus padres adoraban a Gerald…
¡Por Dios! Se sentía tan horrible… y Gerald debía estarse sintiendo peor.
-Y… Llegamos- exclamó con una sonrisa el moreno mientras apagaba el motor del vehículo. Helga le miró con la quijada desencajada.
-¿Pero qué diantres hacemos aquí?- pidió explicaciones al ver la casa Pataki alzarse frente a ella.
-Venimos a ver si tus padres y Olga han regresado de la playa. Así les puedes decir que te estás quedando conmigo, Helga Bella- la rubia sintió que le brincaba un párpado.
-¡Que dejes de decirme así!- se giró a ver al moreno en medio de todas las bolsas que Gerald le había obsequiado. No conocía a nadie más exagerado que su amigo cuando se trataba de ir de compras, si sólo se quedaría dos semanas más y él le había comprado ropa como para medio año.
-¿Necesitas ayuda para bajar?- le preguntó notando que la chica casi estaba enterrada entre las compras, ya que, en el asiento de atrás llevaban los regalos navideños que escogieron para la familia Johanssen y la cajuela estaba llena de las cosas del acumulador de su padre que no quería que encontrara su madre y las tirara.
-No voy a bajar ¿No entiendes que no quiero entrar ahí?- Gerald la miró por unos momentos en silencio, a pesar del rudo exterior que quería pintar su amiga, los ojos de la rubia se habían llenado de un acuoso brillo que sólo significaba una cosa…
-No estás sola. Estoy aquí, contigo- le aseguró el moreno con voz seria. Y cuando la vio calmarse y asentir, se bajó del auto, le abrió la puerta y la ayudó a bajar. Tocaron el timbre de la casa y esperaron un par de minutos hasta que finalmente les abrieron.
Bob Pataki, más viejo, más cansado y más delgado, que la última vez que Helga le había visto, les recibía en el umbral de la entrada con una expresión de incredulidad en el rostro.
-Pensé que te habías arrepentido- la rubia lo miró sin entender -… que no habías tomado el avión- Bob miró por un breve segundo al moreno que acompañaba a su hija –No están tus cosas- añadió a modo explicativo.
-Sí, bueno. No había nadie más en casa. Me estoy quedando con un amigo- Bob volvió a mirar brevemente a Gerald.
-¿Quieres pasar?- invitó el padre de Helga y después de que Gerald hiciera el amago de entrar, Bob le detuvo –Tú no. Quiero hablar a solas con mi hija- algo en la voz, la elección de palabras y la postura de Bob, le hizo sentir a Helga la urgencia de escuchar lo que tuviera que decir, parecía importante y serio.
-Está bien, Geraldo. Te aviso cuando termine- y le sonrió intentando que no se notara su nerviosismo.
-Pero… no quiero dejarte sola- Gerald miró a la rubia con preocupación en la mirada.
-No estaré sola. Será solo un momento, después podrás seguir malcriándome- con un amago de sonrisa en el rostro, la rubia le dio una mirada suplicante, ante la cual, el moreno asintió. No quería dificultar más a la rubia tomar esa decisión, suponía que de todas formas podía ocupar ese tiempo para hacerle una visita a cierto castaño de lentes que aún le debía una explicación.
-Estaré a una llamada de distancia. Lo juro- y como si fuera lo más natural del mundo, el moreno besó la frente de Helga frente a su padre que lo miró iracundo, sonrojando a la rubia.
-De acuerdo- susurró la menor de las Pataki y Bob cerró la puerta en las narices del chico.
-Vamos a sentarnos- aquello empezaba a asustar a Helga.
-Deja de darle tantas vueltas al asunto y dilo de una buena vez- exclamó Nadine perdiendo enteramente la paciencia, Patty les había dado un rodeo monumental explicándoles cómo Helga y Phoebe al ser amigas de toda la vida habían planeado vivir juntas durante la universidad, lo que implicaba que irían a la misma o que por lo menos sus escuelas estarían en la misma ciudad, de cómo Pataki siempre había deseado irse lo más lejos y escribir… de cómo Gerald y Helga se habían vuelto muy cercanos, iniciando una amistad en nombre del bienestar emocional y mental de Phoebe –No queremos conocer sus biografías, sólo queremos saber qué pasó cuando se pelearon- Lila miraba con sorpresa a su amiga, algo debía estarle estresando para que se comportara así… algo más aparte de la visita que estaban haciendo a Patty…
-Si no les digo todo esto, ¿Cómo quieren entender?- poniendo los ojos en blanco, suspiró –En fin… Phoebe había dejado de ir a los partidos de baloncesto de Gerald desde el segundo semestre del primer año en preparatoria. Y Helga, en cambio, pareció volverse su animadora personal… se lo tomaba muy en serio y no se perdía ninguno- Nadine fulminó con la mirada a la castaña, seguía sin contarles qué se dijeron en esa pelea para que dejaran de ser amigas –Como sea, en el último partido que Gerald jugaría para las panteras de la H. S. 201, le pidió a Phoebe que asistiera. Le insistió demasiado, durante días, hasta que Phoebe finalmente le prometió que iría- la castaña fue interrumpida de nuevo.
-No quiero sonar tan grosera como Nadine- empezó a decir Sheena… que también fue interrumpida.
-¡Oye! Yo no soy grosera- protestó la rubia, cruzándose de brazos.
-… Pero ¿Por qué nos cuentas todo eso?- terminó de decir la pelirrosa, ignorando el comentario de Nadine, que ahora le lanzaba dagas con los ojos… bueno, dagas imaginarias… dagas imaginarias muy filosas.
-Porque es parte de la razón de la pelea- Lila miró alucinada a la castaña.
-¿Quieres decir que no pelearon sólo por Harvard?- preguntó la pelirroja, con sus ojos enormes ávidos de curiosidad.
-No. Eso sólo fue una de las razones en la pila de razones- dijo Patty, sintiéndose muy cansada, preferiría continuar escribiendo su tarea que seguir conversando con esas tres, juntas eran realmente agotadoras -… como iba diciendo- reanudó, rezando porque la dejaran terminar de contar la historia que no quería contarles pero que no le quedaba alternativa luego de que Nadine le revelara que sabía su secreto –Phoebe prometió que iría al partido… pero nunca llegó. Y como saben, las panteras perdieron ese partido en el que Gerald no hizo ninguna anotación… Gerald que normalmente hacía más del 80% de los puntos para el equipo en los partidos. Helga estaba que trinaba de rabia, se fue de ahí sin esperar a Gerald como siempre hacía y yo la seguí porque tuve un mal presentimiento, terminamos las dos en la biblioteca, donde sólo estaba Phoebe… toda la escuela seguía en el partido… y Helga caminó directo a ella y la abofeteó, sin decirle nada antes- las tres chicas soltaron una exclamación de sorpresa… nunca habían visto a la rubia golpear a la oriental, Patty había puesto la misma cara de sorpresa cuando lo había presenciado…
Phoebe llevó su mano derecha a su mejilla enrojecida y se puso de pie sintiendo la furia recorrerla. Su supuesta mejor amiga Helga había entrado a tropel a la biblioteca a interrumpirla de sus estudios para abofetearla sin razón aparente.
-¿Qué crees que haces Helga?- le exigió saber altiva, recibiendo una mirada de odio de la rubia.
-No te hagas, Phoebs… sabes perfectamente a cuenta de quién fue esa cachetada- Helga bufaba de rabia mientras Patty miraba alternadamente a una y otra como si estuvieran en un partido de tenis, sintiéndose impotente ante la inminente pelea de sus dos amigas.
-No, Helga. En realidad no lo sé- le respondió molesta, tenía que entregar un reporte sobre la teoría cuántica para ser admitida en la clase de Física avanzada desde su primer semestre en Harvard y no tenía tiempo para andar averiguando de qué hablaba la rubia.
-Entonces, te mereces más esa bofetada de lo que yo creía- le dijo ácidamente.
-¿Se puede saber qué te sucede?- la oriental estaba perdiendo la paciencia, no podía dejarse arrastrar por los juegos infantiles y los dramas que se montaba la rubia, aquello había estado bien cuando eran niñas, pero ahora tenían que pensar en su futuro… Ella tenía que pensar en su futuro.
-Es lo mismo que quiero saber de ti, Phoebe. ¿Qué demonios te sucede últimamente? ¿Cómo pudiste hacer algo así?- la rubia la miró dolida.
-Si es porque iré a Harvard, ya tuvimos esta discusión- habló sin entender las palabras de su amiga, ¿Qué es lo que había hecho?
-¡Que se joda el maldito Harvard!- gritó la rubia, terminando de perder la poca tranquilidad que pudiera haber en ella –No todo gira alrededor de esa estúpida escuela… tienes cosas más importantes… personas más importantes por las que preocuparte, y no me interesa a qué universidad decidas ir… lo que hiciste hoy, el tema de Harvard comparado a lo que hiciste hoy- Helga temblaba de rabia, empuñó sus manos.
-¿Qué hice?- preguntó Phoebe, sorprendida de ver a su amiga tan alterada.
-¡Rompiste tu promesa! No fuiste al partido de Gerald. ¿Sabes lo que verte ahí significaba para él? ¡Claro que lo sabes! Porque te lo estuvo diciendo durante días. Y te encuentro en la maldita biblioteca, ¡No tenías nada que hacer! ¡Te perdiste su partido por sentarte aquí a leer!- alterada, comenzó a respirar más rápido, quería contenerse de volver a soltarle un bofetón a la oriental que la miraba como si no la conociera.
-Pero… le escribí- Phoebe tomó su celular y descubrió que por las prisas, sólo había escrito el mensaje sin darle enviar –No lo envié- murmuró incrédula.
-¿Le pensabas cancelar por mensaje? ¡Qué te costaba una llamada!- Patty miró alarmada a la rubia. Aquello se estaba saliendo de control, tenía que intervenir de alguna forma, pero sentía que se le escapaba el verdadero motivo de la discusión.
-Bueno… ¿A ti eso qué te importa? Ni que fuera el fin del mundo. Me disculpo con él y ya está- Phoebe comenzaba a enfurecer de nuevo.
-Le rompes el corazón cada que no te ve en sus juegos, no puedes sólo disculparte- le respondió Helga.
-¡Ese es mi problema! ¡Gerald es mi novio, no el tuyo! ¡Tú no te metas!- le gritó, explotando la menuda pelinegra. Patty vio a Helga componer una expresión de dolor como si hubiera recibido un golpe.
-Chicas… chicas, yo creo que deberían parar con esto, pueden decir cosas de la que se arrepientan después- les dijo la castaña intentando frenar el intercambio de gritos.
-Ah, pero si sólo eso me faltaba. Ella ha venido aquí a golpearme, ¿Y ahora yo tengo que callarme porque lo que hay para decir no va a gustarle? Eso sí que no- Phoebe volvió a mirar a su amiga de la infancia, con quien había pasado tantos momentos buenos y malos… y sin pensarlo más soltó lo que se había estado guardando desde hacía un par de años -¡Tú lo que tienes es que te has enamorado de mí novio! Pero eres tan cobarde que no quieres admitirlo ni contigo misma- Helga le miró impactada.
-Eso no es cierto… yo…- pero no pudo continuar porque Phoebe no pensaba callarse.
-Oh, ni te preocupes en negarlo. Yo lo sé. Te conozco mejor que a la palma de mi mano ¿Y quieres saber por qué no he hecho nada al respecto?- Patty miró a una y otra, una con la ira nublándola y la otra sin recuperarse del shock de pasar de ser victimario a víctima en aquella discusión –Porque me das lástima. Me da lástima que nunca hayas sabido lo que es ser amada… ni tus padres, ni Arnold, ni Gerald… ninguno de ellos te aman… Gerald es mi novio, Helga. Eso no va a cambiar. Acostúmbrate. Estoy harta de tener que soportar tus coqueteos con él, harta de verte buscar consuelo entre sus brazos cuando estás triste, harta de ver cómo le miras mientras crees que nadie te ve… Sólo es un placebo a la desilusión que te provocó Arnold. Y ya he sido demasiado buena amiga soportando que estés siempre ahí, en cada cita, salida, reunión, fiesta… pero no voy a permitirte que vengas aquí y pretendas decirme cómo debo tratarlo- lágrimas rodaban libremente por el rostro de ambas chicas a esas alturas -… aun con mis defectos, Gerald me ama a mí… dime, ¿Quién te ama a ti?- Patty dio un paso adelante en cuanto escuchó a Phoebe formular esa pregunta, queriendo llegar a Helga, pensando que se iba a derrumbar, pero se quedó helada al escucharla reír, aunque no había nada de diversión en esa risa.
-No me vengas con esa mierda- casi escupió las palabras, mirando fijamente a una sorprendida chica que no vio venir esa reacción en ella –No pensé que fueras tan insegura como para montarte esa novela en tu cabeza, ¿No que tienes el IQ más alto de la escuela? Pon a trabajar tus neuronas… yo no soy la que está confundida, yo no soy la que está buscando un placebo, yo no soy la que se engaña a sí misma… y espero que cuando descubras quién es realmente aquí la que está necesitada de amor, no se hayan derrumbado tus castillos en el cielo- con veneno en la voz, Helga terminó por dar la última estocada –No quieras justificar pobremente tus malintencionados desplantes a alguien a quien de verdad le importas. Porque un día, se puede cansar de ti- la rubia se giró y caminó hacia la salida, deteniéndose justo antes de abandonar la biblioteca –Será mejor que no vuelvas a intentar acercarte a mí… Estoy mejor sola, que mal acompañada- y con eso, la menor de las Pataki abandonó el lugar y comenzó a correr sin parar hasta estar en su casa y poder llorar hasta que sintiera que se habían acabado las lágrimas.
Nadine soltó un "zorra" por lo bajo cuando Patty terminó de narrarles lo que pasó en aquella biblioteca. No podía creer que la estudiosa Phoebe Heyerdahl hubiera tratado así a su mejor amiga.
-Yo entiendo a Phoebe- dijo Sheena, sorprendiendo a las otras tres.
-Debes estar bromeando- incrédula, Nadine miró a Sheena como si hubiera dicho que One Direction hacía mejor música que Bon Jovi -Tampoco soy fan de Helga, pero Phoebe se portó como una desgraciada… mira que plantar así a su novio y luego decirle a su mejor amiga que nadie la había amado… digo, mencionarle a Arnold fue un golpe muy bajo y tienes que admitirlo- Lila asintió concordando con su rubia amiga.
-No digo que apruebo el comportamiento de Phoebe, sólo digo que la entiendo- Sheena miró al vacío como si estuviera recordando algo no muy placentero –Helga es hermosa y tiene una fuerte personalidad, crecer bajo la sombra de alguien así… y que después se vuelva tan unida a tu novio, cuando estás en un noviazgo y tienes tus propias inseguridades, inevitablemente las proyectas en tu relación… Entiendo que ella se sintiera amenazada y que no pudiera soportar la idea de que Helga fuera a quedar frente a Gerald como su defensora mientras ella cometió un error así. Seguramente se sintió atacada y herida por la persona a quien más confianza le tenía y a eso agregar celos es muy peligroso, no me sorprende su reacción- Sheena vio la intención de replicar de las otras tres, por lo que agregó –No lo apruebo, pero digo que sigue siendo humana, nos equivocamos todo el tiempo- Patty le dio la razón.
-¿Ahora qué hacemos?- preguntó Lila a nadie en particular. Sólo recibió en respuesta el reflexivo silencio de sus amigas.
Arnold se encontraba en su habitación en el último piso de la casa de huéspedes, recostado en su cama mirando el ventanal en su techo, sumido en sus recuerdos de la infancia…
Cuando su teléfono comenzó a sonar con una llamada entrante, la pantalla devolviéndole la indicación de que se trataba de un número desconocido.
Tomó la llamada, sintiéndose confundido.
-¿Hola?- del otro lado de la línea se escuchaba un poco de interferencia, por lo que no entendió muy bien lo que respondieron –Disculpa, no te escucho bien- hubo unos sonidos que le hicieron pensar que la persona se movía, hasta que finalmente pudo escuchar claramente la femenina voz de una de las personas con las que recuperó contacto en cuanto volvió de San Lorenzo.
-Hola Arnold, ¿Me escuchas mejor?- Olga Pataki sólo podía llamarle por una razón…
-Sí. ¿Está todo bien con Helga?- preguntó preocupado.
-En realidad, quería hacerte la misma pregunta- la rubia al teléfono sonaba sorprendida de que él le hubiera preguntado por su hermana.
-¿No estás con ella?- extrañado de que la mayor de las Pataki le marcara precisamente a él por información acerca de Helga, estaba dándole un mal presentimiento.
-No estoy en Hillwood. Mi papá fue a casa a buscarla, pero me llamó hace poco diciendo que no estaban sus cosas. Pero ya confirmé con la aerolínea y mi hermana sí tomó el vuelo… ¿Sabes algo de ella? ¿La has visto?- sonando genuinamente asustada, Olga casi le suplica al rubio para que le dijera algo sobre su hermanita bebé.
-Sí, la he visto. Está en Hillwood- un recuerdo asaltó entonces al joven cabeza de balón –La última vez que la vi, Gerald la recogió en casa de Brian- Arnold sintió el regreso de los celos que sintió aquella mañana al escucharlos coquetear, ¿por qué Olga no estaba en Hillwood? ¿Dónde estaba? Seguramente Helga se habría ido a quedar con algún amigo por no estar sola en la casa de los Pataki.
-Qué alivio Arnold. Estaba muy angustiada de que algo le pudiera suceder- Olga suspiró muy cerca de la bocina, obligando al rubio a retirarse un poco del celular -¿Podrías ir a casa de Gerald a ver si está ahí?- Arnold escuchó aquello como si le hablaran dentro de un túnel y estuvieran muy lejos.
-¿Qué?- No había visitado la casa de los Johanssen en ocho años…
-Por favor, ¿Podrías ir a asegurarte que Helga esté con Gerald? Realmente me tranquilizaría bastante- "a mí no" pensó con acritud el rubio, no tenía ganas de volver a ver a esos dos juntos –Por favor Arnold… es sólo para verificar que mi hermanita bebé esté bien- el rubio suspiró, si era por el bien de Helga, tendría que ir hasta allá aunque no quisiera… sólo para asegurarse de que Gerald no estuviera aprovechándose de la situación e intentando conquistar a Helga… Es decir… para asegurarse de que la familia estuviera tratándola bien… sí, eso.
-De acuerdo Olga, no te preocupes. Lo haré- su oyente se puso a agradecerle exageradamente y ambos se despidieron -¿En qué me he metido?- se dijo a sí mismo al darse cuenta que ahora tendría que amargar su día al tener que ver a Gerald… A veces se preguntaba cómo era posible que dos mejores amigos terminaran como ellos dos…
-¡Ya voy!- Robert Evans corría a la puerta de su casa para responder al llamado que hacían del otro lado. Parecía alguien con mucha urgencia por la manera en la que tocaban el timbre, pero no podía imaginarse quién podría ser… Brainny, el único amigo que lo visitaba, ya se encontraba ahí con él. El rubio de cabello rizado y anteojos cuadrados abrió la puerta quedándose de piedra al ver a quien estaba del otro lado.
-Hola, Evans- le saludó con una sonrisa de lado el segundo hijo del Comisionado del Distrito Este de Hillwood.
-¿Johanssen?- impactado con lo que sus ojos le mostraban, se retiró los lentes y los limpió con vehemencia para volver a colocárselos -¿Eres tú?- aun sin creérselo, el chico picó con un dedo el brazo del moreno que sólo ensanchó su sonrisa.
-Así es, Evans. ¿Me vas a dejar parado aquí afuera?- preguntó el moreno divertido con la incredulidad del rostro del rubio.
-No lo sé. La verdad, creo que sería mejor que sí- respondió Robert, sintiéndose tembloroso. Todavía recordaba el golpe que le había dado el moreno la última vez que lo había visto porque había estado espiando debajo de la falda del vestido de la chica equivocada.
-Sabia elección, si viniera a verte a ti. Pero estoy aquí por Brian- indicó el moreno.
-¿Cómo sabes que está aquí?- le preguntó con sorpresa.
-Porque es jueves- respondió llanamente. Gerald conocía a Brian, después de todo, el castaño parecía venir en paquete con la rubia Pataki… y sabía perfectamente que era apegado a sus rutinas. Los jueves, Brian y Robert jugaban videojuegos y comían pizza toda la tarde.
-Aaah… ¿Gerald?- intervino Brainny al ver a su amigo en la puerta de la casa de los Evans, sabía que no se llevaba con el rubio de lentes, así que sólo podía haber ido a buscarlo a él -¿Me dejas hablar con él…aaah… un momento, Robert?- su amigo los miró suspicaz, no confiaba en el moreno, después de todo, había sido del grupo de los "populares" que solían molestarlo en preparatoria. Aunque Gerald no se metía con él… claro, hasta la noche del baile de graduación.
-Estaré en la cocina por si necesitas que te respalde, amigo- afirmó aun inquieto de dejarles solos.
-Vaya, pero qué desconfiado- empezó Gerald, que se había mantenido en el porche, intentando calmar las dudas del chico Evans –Sabes por qué estoy aquí, ¿cierto?- el moreno enfrentó la mirada curiosa de Brian. El castaño a veces parecía saberlo todo…
-Aaah… por Helga… y…aaah… Arnold- respondió a la interrogante de Gerald.
-Sí. Siempre sabes cuando se trata de Helga- ante el comentario, el castaño hinchó orgulloso el pecho –por eso me sorprende que, conociéndola tan bien, estés cooperando con Arnold- ante sus palabras Brian lo miró con sorpresa.
-Precisamente… aaah… porque la conozco… aah… es que estoy haciendo esto- el castaño miró inquisitivamente al moreno, no se esperaba esa reacción de su parte, creía que estaría de acuerdo con él en que lo mejor para Helga era realizar su anhelo de estar junto a Arnold, era su deseo desde los cuatro años.
-Entonces creo que no la conoces tan bien- Gerald quería escuchar a Brian, quien mejor conocía a Helga, decir que era posible que ella se interesara en alguien más que no fuera el rubio cabeza de balón –Que acepte a Arnold, ¿no sería retroceder? Ella ha estado tres años intentando superarlo- el de lentes alzó una ceja con curiosidad.
-Aah… tú lo has dicho… aah… intentando… aah… pero Helga aún siente algo… aah… por Arnold- Brian vio el dolor cruzar la mirada de su amigo aunque permanecía impasible -¿Por qué… aah… has venido realmente?- lo cuestionó, queriendo negar lo que había percibido del chico en esa corta conversación.
-Sólo quiero entender… eres su mejor amigo… ¿no deberías buscar protegerla? Él le puede volver a romper el corazón- dijo Gerald, dejando entrever más desesperación de la que pretendía.
-Arnold… aah… no tiene esa intención… aaah… creo que ha madurado… aah… no le hará daño- eligió creerle, sobre todo porque era lo menos complicado en aquel momento y fingió no haber notado la preocupación que sentía el moreno por su amiga –He hablado con él… aah… incluso tiene celos de ti- pensó que diciendo aquello calmaría a Gerald.
-¿Celos?- se imaginaba que escuchar eso debía hacerlo sentir bien, significaba que Arnold veía entre él y la rubia algo más que amistad… pero en realidad lo hizo enojar, quién se creía el rubio para celar a una chica a la que simplemente ignoró.
-Sí. Gracioso ¿no?... aah… es como si creyera… aah… que yo pudiera gustarle a… Helga- divertido, el de lentes se rio solo.
-Sí. Gracioso- Gerald recordó cuando invitó a pasar navidades en su casa y se comparó con Brainny, Helga le había dicho que eran diferentes… ¿Significaba que por él sí podría sentir algo?
-No deberías… aah… preocuparte… aah… Helga tomará su decisión- Brian sonrió tan ampliamente como siempre –Ella puede… aah… cuidarse sola- le aseguró palmeándole el hombro.
-Lo sé- el moreno se fue de ahí más preocupado de lo que estaba cuando llegó.
-¿Qué pasa Bob?- preguntó Helga, sintiendo sus manos sudadas por el nerviosismo que le preocupaba la seriedad del hombre frente a ella.
-Escucha Helga… esta no era la forma en la que queríamos que te enteraras- la rubia lo miró con la ansiedad pintada en todo su rostro y Bob no pudo sostenerle la mirada. Bajó el rostro mirando la desgastada alfombra de la sala, tenía que cambiarla se dijo -… no estábamos en la playa- su sorprendida hija se puso de pie, un mal presentimiento oprimiéndole el pecho -… tuvimos que llevar a internar a tu madre… Miriam tiene cáncer en etapa terminal- poco a poco la voz de su padre fue escuchándose como si estuviera alejándose, empequeñeciendo –tuvo una crisis y los doctores no nos dan muchas esperanzas…
-¡No!- gritó Helga sintiendo que se ahogaba -¡Mientes! ¡Mientes como siempre! Como cuando dices que estarás o que escribirás o que llamarás- el ardor de las lágrimas no derramadas le escocía en los ojos como pocas cosas -¡Miriam no puede estar enferma! ¡No!- negaba desesperada la rubia.
-Es normal en alcohólicos de tantos años desarrollar cáncer de hígado- Bob no pudo seguir explicándole a Helga la condición de su esposa porque la rubia salió corriendo de ahí, salió por la puerta a pesar de llamarla a gritos y corría tan ensimismada que no se percató de que la llamaba por su nombre correcto –Lo siento, Helga… lo siento- sollozó el gran empresario de la compañía de celulares de Washington State, derrotado por sus propios errores en la vida, por el ausentismo que había tenido en su propio hogar, por las lágrimas de su hija menor a quien no se había dado el tiempo de conocer… Y ahora, en algunas semanas o quizás días, estaría solo… viudo… con dos hijas y ni idea de cómo relacionarse con ellas…
¿Cómo podía evitarles tanto dolor? ¿Cómo?
