Si alguien no le gusta leer escenas subidas de tono, pueden bajar hasta que vean estas líneas:
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Sakura hizo una pausa en la escritura para escuchar la lluvia que golpeaba las ventanas.
París estaba siendo azotado por una serie de tormentas de verano y la
lluvia parecía caer a borbotones interminables sobre la ciudad.
El clima había arruinado su paseo matutino y la posibilidad de salir de compras con Ino.
Sasuke me dijo que me llevaría con Ino al parque hoy, y se presentó a la hora convenida.
Pero Ino lanzó una mirada al cielo gris plomizo y se negó rotundamente
a salir de casa.
A Sasuke no pareció importarle y me encontré subiéndome al carruaje a
solas con él.
¿Realmente afectará tanto el clima a Ino? ¿Se ha apresurado demasiado al
llevarse la mano a la sien y decir que notaba que comentaba a sentir una migraña?
Parece como si quisiera que me comportara de manera impropia…
¿Quizá sea ésa la manera en que quiere alentar a Sasuke a declararse?
Pero Sasuke y yo somos adultos.
Según me ha dicho Ino él tiene veintisiete años, lo que supone que es dos años más joven que yo.
Está claro que ni yo soy una virginal
debutante, ni él un oscuro villano.
Somos, sencillamente, una viuda y un soltero de edad similar disfrutando de nuestra mutua compañía.
Cuando el carruaje comenzó a rodar por el parque, le dije en un alarde de
atrevimiento lo mucho que me había gustado sentir su ropa contra mí en el estudio de Sai.
Él esbozó una sonrisa conocedora y ardiente, añadiendo que si me gustaba esa clase de sensación, podía bajarme los callones y sentarme con las nalgas desnudas sobre su regazo.
Me excité en el acto sólo de pensarlo, e Sasuke lo supo, ¡maldito hombre! Creo que se deleita sumiéndome en ese estado.
No seguí su sugerencia porque imaginé que si el carruaje tenía un accidente me encontrarían con los calzones por los tobillos.
París es un lugar más depravado que
Londres, pero creo que eso ni siquiera aquí sería pasado por alto.
Sasuke se rio ante mi temor y me dijo que pensar que podían atraparnos formaba parte de la diversión.
Le contradije mencionando que él había visto suficiente de mi piel
desnuda y que, sin embargo, yo no había visto nada de él.
Entonces me preguntó qué era lo que quería ver.
Yo, por supuesto, quería verle desnudo.
Los músculos bajo la ropa sugieren que tiene un cuerpo duro y bien tonificado, y pensar en ver cualquier parte de él hizo que se me acelerara el corazón.
Por desgracia, estábamos en un carruaje en movimiento y no habría resultado práctico que se quitara la ropa.
Sin embargo, me dijo que podría mirar lo que quisiera, pero que para ello tendría que desnudarle yo misma.
Como la mujer depravada que soy, me
abalancé sobre él y me dispuse a desabrocharle los pantalones.
Sasuke se recostó sobre el respaldo y me dejó hacer, con los ojos entrecerrados como rendijas doradas.
Separó las piernas pero se negó a ayudarme.
Eso me fastidió, porque la
ropa masculina es muy difícil de manejar; no sé cómo se las arreglan. Tuve que desabrochar y desatar varias prendas antes de dar finalmente con lo que buscaba.
Sasuke se estremecía cuando terminé,
creo que de risa.
Por fin logré abrir su ropa y dejar al descubierto aquella parte de la anatomía masculina que es la causa de tanta debilidad.
Tengo el placer de decir que no sentí ni un atisbo de vergüenza o timidez cuando cerré la mano en torno a ella para sacarla por la bragueta.
De todas maneras Sasuke no tiene nada de qué avergonzarse, al contrario, está muy bien dotado.
Su pene es largo y oscuro, resultaba cálido en el frío carruaje.
Termina en una punta ancha, como una caperuza con una diminuta rendija en el centro.
Acaricié ese punto con el dedo y él emitió un gruñido hambriento.
Al darme cuenta de que le gustaba, deslicé el pulgar sobre la cabeza de su miembro en un movimiento circular hasta que logré arrancarle otro gemido.
Seguí jugando con él, disfrutando de mi poder.
Cambié de técnica, agarré su pene y deslicé los dedos arriba y abajo, haciéndole cosquillas a mi manera por la punta.
Sasuke se cubrió la cara con una mano y me rodeó apretadamente con el otro brazo.
Yo apoyé la mejilla en su pecho y continué examinando tan fascinante apéndice.
Al cabo de un rato, quería más.
El carruaje se movía suavemente, así que me arrodillé en el suelo ante él.
Le estudié un rato con la vista, disfrutando de la libertad de
observar cada parte.
Luego me incliné y lo capturé con la boca.
Sasuke dio un respingo, como si le hubieran pellizcado.
Temí haberle hecho daño, pero
cuando intenté retroceder, me introdujo los dedos en el pelo y me atrajo de nuevo hacia sí.
Jamás había saboreado antes un miembro masculino y lo lamí, evaluando el sabor.
Lo encontré un poco salado pero picante, muy diferente al que tenía su boca.
Especulé sobre si podría darle allí un mordisco de amor, y cuando lo intenté, gimió con voz ronca.
Separó más las piernas y flexionó los pies dentro de las botas.
Le escuché susurrar mi nombre, pero no pude responder porque tenía la boca llena.
Realmente no fui capaz de marcarle allí con un mordisco de amor, aunque lo intenté durante mucho tiempo.
Cuando por fin me di por vencida, succioné su miembro con la boca como si tuviera intención de tragármelo por completo.
Pensar tal cosa me excitó.
Quise devorarle. No comprendí aquel deseo, pero lo introduje todo lo que pude.
Sé que a él le gustó, porque me encerró entre las piernas al tiempo que emitía sonidos incoherentes.
Levantó las caderas del asiento.
Me sentí pletórica al pensar que
podía atormentarle, igual que él había hecho conmigo.
Ahora sabía cómo darle un placer
que le haría perder el sentido.
Deslicé la mano entre las piernas separadas hasta encontrar la firme redondez de sus testículos y me entretuve acariciándolos suavemente con la palma.
Le sentí estremecerse y latir contra mi paladar. Entonces, de repente, emitió un fuerte gemido y eyaculó en el interior de mi boca.
Me sorprendió tanto que casi me aparté, pero me sobrepuse con rapidez y seguí lamiéndole.
Sabía un poco a crema agria, pero no era un sabor desagradable.
Me relamí los labios y tragué su semilla, feliz de conservar una parte de él.
Sasuke me hizo subir al asiento sin molestarse en abrocharse los pantalones.
Me besó con fuerza a pesar de lo que acababa de hacer, como si él también quisiera saborear el gusto que quedaba en mi lengua.
Me miró sin decir nada, pero la fuerza con la que me agarraba la cara se suavizó.
Noté que intentaba mirarme a los ojos pero alejó la vista casi al instante.
Por fin, me rodeó con los brazos haciéndome emitir un sordo gruñido. Me retuvo así, acariciándome y besando mi pelo, hasta que el carruaje se detuvo delante de casa de
Ino.
Se negó a entrar conmigo; lo comprendí, aunque por supuesto se había cerrado de nuevo los pantalones.
Esperaba que él se despidiera, que me hiciera saber cuándo volveríamos a encontrarnos para continuar nuestra caprichosa relación, pero se
mantuvo en silencio.
Sin embargo, noté que respiraba con fuerza; creo que no era capaz de hablar.
Ino me saludó sin mostrar la más leve huella del dolor de cabeza que había
utilizado como excusa para no salir.
De hecho, la muy ladina subió las escaleras a toda velocidad y se preparó para ir de compras aunque la lluvia no había aminorado en absoluto.
Me negué a acompañarla porque Sasuke no nos escoltaría y no podía imaginar ningún deleite similar al que había experimentado en un carruaje cerrado, con él, en un día lluvioso.
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En aquella habitación de hotel hacía calor a pesar de que estaba la ventana abierta para permitir la entrada de la brisa veraniega.
En la suite había un ventilador
girando perezosamente en el techo, propulsado por gas comprimido.
Pero funcionaba sólo a ratos y no desplazaba suficiente aire caliente italiano.
—Hay otro artículo, Excelencia.
El duque de Kilmorgan cogió el periódico que le tendía su ayuda de cámara por encima de los
documentos que cubrían el escritorio.
Itachi leyó la página que Wilfred había seleccionado, pero la historia era obvia.
Aquella pequeña nota de sociedad mostraba un retrato de Sasuke Uchiha junto a una hermosa joven de cabello rosa en un abarrotado teatro.
Detrás de la chica estaba su cuñada, Ino.
Los sombríos titulares, con muchos signos de exclamación, proclamaban en francés:
¿Un nuevo amor para el hermano del duque? Una misteriosa heredera inglesa, la señora S., acompaña a lady I., y a su cuñado a la obra «La Bonne Femme», la última y más escandalosa comedia musical inaugurada en París. Traviesa, traviesa señora S.
—¿Quién demonios es esta mujer? —gruñó Itachi. Jamás había oído hablar de ella, nunca la había visto antes.
—Lord Sasuke es muy rico, Excelencia —dijo Wilfred con voz aguda—. Quizá ella trata de multiplicar su fortuna.
—No le veo la gracia, Wilfred. —Itachi dobló la pluma hasta que el fino
instrumento se rompió y la tinta salpicó el periódico.
—Claro que no, Excelencia.
—¡Maldita sea! ¿A qué está jugando Ino?
—¿Ve su mano en esto, Excelencia?
—Las dos. ¡Maldición!
—¿Supone un peligro? —Cuando Itachi levantó la mirada airada hacia él, Wilfred se ruborizó—. Quiero decir, milord, que si a su cuñada le gusta esta mujer, la señora Haruno, si la aprueba, ¿no podría ser correcto? Si su hermano, milord, disfruta de su compañía… Bueno, ha alcanzado una edad en la que debería pensar en sentar cabeza.
Itachi le observó fijamente hasta que el sirviente se calló.
—Wilfred, llevas diez años trabajando para mí. Conoces a Sasuke y sabes de lo que es capaz.
—Sí, Excelencia.
—Ino no se da cuenta de ciertas cuestiones. Y parece que tú tampoco.
—Sí, Excelencia.
—Créeme, debemos mantener a Sasuke alejado de esa mujer, sea quién sea. —Itachi estudió la imagen.
La joven tenía un hermoso rostro ovalado y rizos rosas.
Parecía inocente e inofensiva, pero Itachi sabía de sobra lo engañosa que podía resultar la apariencia.
Aquélla era la quinta vez que un periódico parisiense se hacía eco de la relación que existía entre Sasuke y aquella señora Haruno
—. No sé cuáles son sus intenciones, pero no creo que sean buenas.
—No, Excelencia.
—Ten preparada una maleta con lo imprescindible, Wilfred. Por si tengo que salir de improviso.
—Por supuesto, Excelencia. ¿Me deshago del periódico?
—Todavía no. —Itachi puso la mano encima y repitió—: Todavía no.
Wilfred hizo una reverencia y se alejó.
Itachi estudió de nuevo la imagen,
percibiendo la manera en que Sasuke se había girado de medio lado para mirar a la señora Haruno.
Podía ser la interpretación del artista, cierto, pero lo más probable es que no estuviera muy alejado de la realidad.
La señora Haruno debía conocer de
sobra la historia de Sasuke, sus excentricidades, sus jaquecas, sus pesadillas.
Esto último dependería de si ella había logrado meterse ya en su cama o no.
Itachi apretó los puños y los puso sobre el periódico.
Sasuke no debería estar en
París, sino en Londres.
Debía regresar a Escocia cuando Itachi terminara sus asuntos en el Continente.
No le había mencionado que tuviera intención de visitar a Sai o a Ino en París.
—No sé quién es usted —dijo Itachi, siguiendo con el dedo la silueta de la
risueña señora Haruno—. Pero está yendo demasiado lejos.
Arrugó lentamente la página entre sus dedos y luego la rompió en largas tiras.
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
