DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Éste no solo es un gran capítulo, sino uno clave. Les recomiendo ponerse cómodos, tener alguna bebida agradable a mano, y separar el tiempo pertinente para leer de corrido. #Quemocion
Nota Autora: Creo que... *éste* es el capítulo perfecto para anunciar que planeo escribir una pieza complementaria a "The Right Thing To Do" desde la perspectiva de Draco. Muchos de ustedes lo han pedido, y aunque sé que se revelará más y más en TRTTD a medida que continúe, creo que será muy divertido ver más. No lo comenzaré hasta que termine TRTTD, y no irá capítulo por capítulo con el original, sino que proporcionará más información y diversión. :)
Gracias nuevamente a todos los que han dejado comentarios hasta ahora, y a aquellos que los leyeron y los pensaron en sus mentes. :)
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La Forma Correcta de Actuar
Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8
Capítulo 17
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Por lo que Hermione entendía sobre los privilegios de visita en Azkaban, a aquellos recluidos en las zonas de mediana seguridad se les permitía una sola visita por mes. Cuando Hermione le preguntó a Narcissa sobre eso, ella lo minimizó, diciendo que el próximo mes se les permitiría la visita de Diciembre y una opción para ver a Lucius el día de Navidad, por lo que no estaba demasiado preocupada.
Hermione lo estaba. Estaba muy preocupada.
Con los ojos azules de Narcissa examinándola por encima de su taza de té, no había opción para responder no.
El martes, recibió un memorándum de Robards de la Oficina de Aurores solicitando su ayuda con otro caso. Tuvo que posponer su reunión de seguimiento con Mathilda hasta el día siguiente, pero Mathilda se acercó a su escritorio para comentarle que el Ministro se reuniría con ellas al día siguiente. Mathilda le guiñó un ojo y Hermione odió que Draco tuviera razón. Reunirse con Kingsley el Lunes por la tarde le había asegurado el proyecto.
Entró en la sala de conferencias del piso superior y encontró a Draco, como era de esperarse, examinando mapas, gráficas y toda clase de diagramas. Draco le entregó un café mientras Hermione se acomodaba, explicándole el caso y en qué estarían trabajando. No había indicios de que el artículo de Skeeter lo hubiera perturbado el día anterior. Y no había indicios de que tuviera algún tipo de opinión respecto a la próxima visita que le haría a su padre.
Hermione ansiaba preguntar, o recibir consejo, o averiguar qué quería Lucius. Quería preguntarle "Draco, ¿cuál es la mejor manera de sobrevivir a una conversación con Lucius Malfoy?"
Pero tal vez Draco no sabía sobre la reunión. Y eso la confundía más.
—¿Cuándo harás el anuncio? —preguntó Hermione después de una hora de silencio.
Los ojos de Draco se volvieron hacia ella y respondió, —el próximo Lunes. —Eso fue todo lo que dijo, y continuó leyendo la gráfica en la que trabajaba.
Hermione asintió. Tendría que asegurarse de que nada interesante sucediera durante el fin de semana, para no arruinarle nuevamente el anuncio. Supuso que eso significaba que ambas partes debían salir ilesas el Sábado.
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¿Qué vestía una para conocer a Lucius Malfoy?
Estaba segura de que Ginny tendría algunas ideas... Si tan solo hubiera decidido decirle a Ginny lo que haría hoy. Ginny se había estado preparando toda la semana para un juego fuera de la ciudad con las Holyhead Harpies. Había sido ascendida al equipo principal durante el invierno, y Hermione podía ver en ella su estrés y alegría durante el limitado tiempo que habían pasado juntas, por lo que no se molestó en contarle. De todos modos no era gran cosa. Lucius Malfoy quería agradecerle, en persona, por testificar en el juicio de su hijo.
Hermione consideró dejar una nota, mencionando la ubicación de su testamento y la llave de su bóveda en Gringotts.
Continuó intentando trenzar su cabello, mientras fruncía el ceño al artículo matutino con fotografías de Skeeter. Draco y Katya habían vuelto a salir la noche anterior. Cenaron en un café y continuaron con algunas copas en algún bar elegante. Había dos fotos, una de ambos hablando durante la cena -Draco riéndose de algo que dijo Katya- y otra de ambos junto al punto de Aparición fuera del bar. Draco la tenía presionada contra una pared de ladrillos, la mano de él sobre la cadera de Katya y sus dedos en el cabello de Draco. Un beso muy diferente al de la fotografía de hacía dos semanas. Skeeter mencionó que no aparecieron juntos en casa. Gracias a Merlín por pequeños milagros.
Hermione decidió que si lograba sobrevivir a la reunión de hoy, probablemente podría sobrevivir a algunas otras citas en su agenda; y se prometió a sí misma que por lo menos saldría de nuevo con el adorable Rolf Scamander. Su noche ciertamente no terminaría como la de Draco, pero al menos estaría conociendo chicos nuevos, entrenaría para tener citas.
Hermione se miró al espejo. Tan presentable como le era posible, escribió una nota rápida a Morty, diciendo que tenía una cita esta mañana a las 9 a.m, pero esperaba llegar a tiempo para abrir.
Narcissa sugirió que Hermione llegara un poco antes para que pudiera usar la Red Flú desde la Mansión Malfoy, que ya estaba conectada con las chimeneas de Azkaban. La red Flú se abriría precisamente a las 8:45 a.m. y permanecería abierta durante exactamente tres minutos. A principios de la semana, a Harry se le escapó decirle que tendrían una práctica de Quidditch el Sábado por la mañana, incluso sin Ginny, por lo que Hermione estaba segura de que Draco no estaría en la Mansión.
Se miró de nuevo al espejo. Tomó su bolso y lanzó el polvo de Flú a la chimenea.
—Mansión Malfoy.
Mippy la estaba esperando. La elfina sonrió tan ampliamente que Hermione casi rió ante la forma en que su expresión le contorsionaba el rostro.
—Srta. Hermione Granger. —Mippy la saludó y se inclinó para hacer una reverencia—. Mippy la lleva ahora a la biblioteca.
Hermione sonrió a pesar del encogimiento de estómago y siguió a la pequeña elfina que usaba solamente un vestido y calcetas esponjosas. Pasaron los bustos grises del patriarcado Malfoy, y Hermione evitó los grises ojos de piedra de Lucius cuando Mippy abrió las puertas de la biblioteca.
—Hermione, cariño. —Narcissa se puso de pie—. Te ves adorable.
—Oh, gracias, —Hermione se sonrojó. Supuso que había pasado suficiente tiempo trabajando en su apariencia como para garantizar ese cumplido—. Buenos días, Narcissa.
Narcissa le hizo un gesto para que se sentara y le ofreció café. Hermione lo aceptó, y después se preguntó si la cafeína sería aconsejable dado el estado actual de sus nervios.
Al tiempo que Mippy aparecía la taza de café con platito y luego desaparecía, Hermione dijo, —Oh, Narcissa. Olvidé por completo que tenía la intención de regresarte los libros que tomé prestados. —Hermione sacudió la cabeza—. Qué tonta.
—Oh, está bien, cariño, —Narcissa agitó la mano—. ¡Tendrás que volver pronto y cambiarlos por unos nuevos!
Narcissa sonrió y bebió un sorbo de té. Parecía pensar que Hermione saldría de la reunión ilesa, y eso calmó un poco el estómago de Hermione. Era eso, o Narcissa haría que Mippy recuperara los libros de su departamento después de que su cuerpo fuera enterrado.
Hermione decidió tomarse con calma la cafeína.
Se giró para dejar su taza de café y se detuvo cuando divisó una ornamentada caja dorada en la mesa lateral. Su tapa estaba abierta y el anillo de diamantes más decadente que había visto descansaba sobre los pliegues de la tela.
—¿Es tu anillo, Narcissa?
—En su momento. —Narcissa apareció detrás del hombro de Hermione, mirando el anillo—. Me disculpo por dejarlo aquí. Necesito llevarlo a que lo alteren.
—Es impresionante, —dijo Hermione, observando como los ángulos del diamante brillaban mágicamente. No sabía mucho sobre diamantes o sus cortes, pero este anillo era imponente.
—Gracias. —La voz de Narcissa flotó sobre su hombro—. Ha estado en la familia Malfoy por generaciones, heredado a cada nueva prometida. —La palabra resonó en los oídos de Hermione mientras Narcissa continuaba hablando; el anillo resplandecía. Se preguntó cuántos diamantes tendría engarzados. —Recuerdo el día que Lucius me lo entregó. Estaba tan enojada con él por alguna tontería que dijo, y yo estaba- ¡No, cariño! ¡No lo toques!
Hermione saltó. Miró a su alrededor, tratando de encontrar quién intentaba tocar el anillo y encontró sus propios dedos a centímetros de distancia. Narcissa se levantó de un salto y la tomó del brazo.
—Yo-yo... no entiendo qué acaba de pasar, —balbuceó Hermione—. Lo siento mucho, Narcissa. —Su rostro ardía y no podía mirar a Narcissa a los ojos.
—No, no, —dijo Narcissa, con la mano sobre su corazón—. Es culpa mía, querida. —Presionó el dorso de sus dedos contra sus labios—. Debería haberlo sabido... —Narcissa se inclinó sobre ella y la tomo por los hombros—. No es tu culpa, Hermione. Hay... encantamientos en el anillo, para protegerlo de los..."
—Nacidos Muggle. —Hermione terminó por ella.
—De todo aquel que no sea Sangre Pura. —Narcissa respiró profundamente—. Tiene algo de magia oscura para atraer a aquellos que podrían ser maldecidos si lo tocan. —Narcissa frunció el ceño hacia el anillo, y Hermione miró un punto sobre el hombro de la mujer, el calor la recorrió por la vergüenza. —Esa es la razón por la que lo llevaré a alterar hoy -para que un Rompe-Maldiciones le eche un vistazo.
—De nuevo, estoy muy apenada, Narcissa.
—Oh, tonterías. —Narcissa acarició los brazos de Hermione de arriba abajo, consolándola de tal manera que Hermione extrañó a su madre—. No debí dejarlo aquí. ¡Mippy!
Mippy apareció. —¿Sí, señora?
—Mippy, por favor lleva el anillo Malfoy a mi estudio.
Mippy chasqueó los dedos y la hermosa caja flotó hacia sus manos, levitando sobre ellas, y Hermione se preguntó si los Malfoy también habían maldecido el anillo contra algún posible elfo ladrón.
—El anillo es muy bonito, ¿verdad? —Dijo Mippy, y Hermione tardó un momento en darse cuenta de que la elfina le hablaba a ella. Los ojos de Mippy estaban muy abiertos mientras la miraba.
—Oh, sí, absolutamente. —Hermione le sonrió.
—Ahora pertenece al amo Draco. Y pronto lo dará a alguien muy especial.
El corazón de Hermione dio un vuelco. Si la elfina sabía que Draco pronto le propondría matrimonio a alguien... La imagen de Draco riéndose con la chica Búlgara, presionándola contra el costado de la barda y su mano apretando su cadera. Hermione recordó que Katya Viktor era mestiza; y un anillo de compromiso destinado a ser usado por una Sangre Pura necesitaría ser llevado con un Rompe-Maldiciones...
—Será una chica muy afortunada. —La voz de Hermione se quebró con cada palabra.
—¿Estás lista, querida? —La voz de Narcissa atravesó la biblioteca. Hermione consultó su reloj y vio que eran las 8:43 a.m. Respiró profundamente. Narcissa continuó. —Tenemos la chimenea de la biblioteca unida a la Red Flú de Azkaban, así que puedes llegar desde aquí.
Hermione balbuceó una respuesta y Narcissa sacó el polvo de Flú. Hermione se colocó el bolso en el hombro y se unió a Narcissa frente a la chimenea.
—¿Hay... hay algo que deba saber? O...
—Te recibirá un Auror, te registrará y guiará a través de los procedimientos. Después te reunirás con Lucius en una habitación privada.
Hermione tragó saliva. —Muy bien. ¿Hay algo que quieras que le diga al Sr. Malfoy? ¿O hay algo para lo que debería estar preparada? —Hermione se sentía tonta, pidiendo a Narcissa consejos sobre cómo hablar con su esposo.
Narcissa sonrió, entendiendo. —Sólo quiere hablar contigo para agradecerte que ayudes a rehabilitar la vida de Draco. Y para conocerte oficialmente.
Hermione se mordió la lengua, pues estuvo a punto de decirle que ya se conocían. La había ignorado en Flourish y Blotts y le había lanzado maldiciones en el Departamento de Misterios, pero ya se conocían.
Hermione tomó un puñado de polvos Flú, los arrojó a la chimenea, entró y dijo, —Centro de Visitas de Azkaban.
La imagen de Narcissa sonriéndole mientras sostenía la bolsa de polvos giró lejos de ella y aterrizó en una habitación de piedra. Tres sillas se alineaban contra la pared del fondo, y las puertas de metal a su izquierda separaban la habitación de un pasillo oscuro. El lugar aún era frío, incluso sin Dementores.
Un Auror se acercó a las puertas desde el otro lado y comenzó a desbloquearlas con una serie de hechizos complicados. Le sonrió cuando la puerta se abrió y preguntó —¿Hermione Granger?
—Sí, hola.
—Es excelente conocerla en persona al fin, Srta. Granger. —le estrechó la mano—. Venga conmigo.
El Auror la condujo a una pequeña habitación con armarios. Le indicó que se quitara todas las joyas y objetos metálicos, y que colocara su bolso y varita en uno de los armarios. Realizó un hechizo para revelar objetos ocultos, como armas o varitas secundarias, y luego la hizo firmar un acuerdo respecto al uso de la magia sin varita.
Luego la dejó con otro guardia, que abrió otra una serie de puertas, cerrando cada una detrás de él. El eco de sus pasos sobre las piedras sacudió sus nervios, y Hermione comenzó a mirar hacia atrás cada seis pasos, intentando anticiparse si alguien los seguía.
Llegaron a una puerta de piedra de aspecto normal, y el guardia le dijo que sólo necesitaba tocar para indicar que la reunión había concluido, y que la dejarían salir de inmediato.
El guardia abrió la puerta de piedra. Y Hermione encontró a Lucius Malfoy, con el pelo recogido, usando la túnica gris de Azkaban, de brazos cruzados y sentado en una mesa para dos personas. Había un trozo de papel frente a él sobre la mesa.
Lucius la miró y su boca sonrió aunque sus ojos no.
—Srta. Granger.
El guardia le asintió y cerró la puerta.
—Sr. Malfoy.
Lucius apuntó con gesto hacia la silla vacía frente a él. Hermione sintió la ausencia de su varita donde generalmente se presionaba contra su cadera.
Sacó la silla de metal y el roce contra el piso de piedra le pareció obsceno. Se sentó, apartó un mechón de cabello de su rostro y levantó la vista para encontrarlo observándola. Hermione parpadeó, pero Lucius no habló.
—Fue muy amable de su parte querer reunirse conmigo, Sr. Malfoy. Debo confesar que aún me sorprende que no utilizara el fin de semana de este mes para reunirse con su familia.
—Bueno, —dijo, y su voz le era muy familiar, a pesar de apenas haber cruzado palabra con él en el pasado—. Narcissa me convenció de que era muy importante conocerla, Srta. Granger. Usted se ha vuelto muy importante para ella.
Las palabras eran sinceras, pero su intención no. Una vez más, Hermione temió no sobrevivir a esa reunión.
—Ella también se ha vuelto muy importante para mí.
—Y ha estado también en contacto con Draco, por lo que escuché. —Su voz ascendió. Era un efecto tan opuesto al arrastrar de palabras de su hijo. Lo hizo sonar más interesado de lo que realmente estaba.
—Sí, —contestó, insegura de hacia dónde se dirigían con esa conversación—. Ahora ambos trabajamos en el Ministerio.
—Eso es maravilloso, —a Hermione le quedó claro que no lo era—. No puedo estar más agradecido con usted por testificar en su juicio, Srta. Granger.
—Por supuesto, señor. Era la forma correcta de actuar. —Era su respuesta más segura. Los ojos de Hermione se posaron sobre el pequeño trozo de papel que descansaba entre los dedos de Lucius.
—Narcissa quería que le agradeciera por hacerlo, y quería que la conociera mejor, —dijo. Se sentó erguido e inmóvil, observándola. —Pero esas no son las razonas por las que la he invitado el día de hoy.
Hermione parpadeó y tragó saliva. —¿Eh?
Lucius empujó en su dirección el trozo doblado de papel. Hermione lo recogió de la mesa, y tras un asentimiento de cabeza de Lucius, lo abrió.
Agraciada
Modales Exquisitos
Experta Anfitriona
Ingeniosa
Encantadora
Líder Social
Hermosa
Bien Vestida
Sensata
Financieramente Educada
Obediente
Entrenada en Decoración
Experta en Baile
Inteligente
Temperamento Sereno
Sangre Pura
Hermione leyó la lista dos veces, sus ojos tropezando entre los garabatos uniformes. Volvió a doblar la página y alzó la vista para mirar al hombre, con el corazón acelerado.
—¿Y esto qué es?
—Una lista. —Lucius se inclinó hacia el frente en su silla—. Con las cualidades de una esposa Malfoy.
Hermione se quedó muy quieta, esperando que volviera a hablar. Cuando no lo hizo, ella intentó —¿Le gustaría que les hiciera llegar esto a su esposa e hijo?
—No, quédesela, Srta. Granger. —Los ojos de Lucius nunca se apartaron de ella.
—¿Está usted... asignándome la tarea de encontrarle a Draco una esposa adecuada?
Lucius levantó una ceja, tal como hacía su hijo. Se levantó de la mesa, y Hermione mantuvo la vista sobre él, intentando regular su respiración.
—No estoy dispuesto a ceder en ningún elemento de la lista, Srta. Granger. —Rodeó la silla y colocó las manos sobre el respaldo—. Exceptuando el último.
Sangre Pura.
Las cejas de Hermione se juntaron. Abrió la boca, pero no emitió ningún sonido.
—Recibo el periódico aquí en Azkaban, Srta. Granger. Sé que ustedes dos están involucrados románticamente.
El aliento de Hermione salió de su boca en una exhalación que convirtió en carcajada.
—Sólo sabe lo que Rita Skeeter le ha contado.
—Puedo ver las fotos, Srta. Granger. Esas no necesitan que Skeeter las... interprete artísticamente. —Hermione apretó la mandíbula para abstenerse de hablar—. Y además, incluso si no tuviera las fotos como prueba, tengo la palabra de mi esposa. Ella me ha contado que la aprecia mucho más que como amiga; como una hija. —Los ojos de Lucius brillaron al mirarla.
Oh Narcissa Qué has hecho.
—Lo lamento, Sr. Malfoy. —Hermione bajó la vista hacia la mesa para recuperar la compostura antes de mirarlo nuevamente—. Pero usted está mal informado. No hay nada romántico entre su hijo y yo. Sólo somos... —Hermione se detuvo.
—"¿Sólo somos amigos?" —Lucius sonrió de lado.
—Apenas y lo somos.
Lucius levantó una ceja.
—Sí, Draco también ha intentado que pierda el rastro, saliendo con esa mestiza Búlgara cada vez que aparecen juntos en el periódico ustedes dos, —dijo. Hermione parpadeó y lo observó rascarse la mandíbula. Decidió abstenerse de contestar—. Llegará a aprender, Srta. Granger, una vez que seamos... —Lucius tomó aliento— familia... Que no disfruto de los juegos. —Comenzó a pasear despacio alrededor de la mesa hasta llegar al respaldo de la silla en que estaba sentada. Hermione lo reconoció como una técnica de intimidación. Se quedó quieta—.Sé que ésta relación se ha desarrollado durante años.
La voz de Lucius se deslizó sobre su hombro derecho, y Hermione lo escuchó completar su viaje alrededor de la silla.
—No sé de qué está hablando.
—Estoy al tanto de las visitas que hizo Draco a la madre de Narcissa, Srta. Granger —dijo como si supusiera que sus palabras significaban algo para ella—. Con la intención de romper el hechizo que vincula su herencia —murmuró—, pretendiendo despilfarrar su futuro. Por usted.
Lucius apareció nuevamente ante su vista, y se apoyó contra la mesa, cruzando casualmente los tobillos. La examinó. La mente de Hermione estaba acelerada.
—Yo no... Yo creo que ha entendido mal, Sr. Malfoy. —Hermione se aclaró la garganta y Lucius le permitió continuar—. No sé nada respecto a la madre de Narcissa, y si Draco le pidió dinero, o buscaba formas de liberar su herencia, estoy segura que lo hizo para el negocio que está intentando construir.
Los ojos de Lucius la inmovilizaron, de la misma forma que lo hacían los de su hijo, pero sin el brillo de algo más en ellos.
—Esto fue hace años, Srta. Granger. Y no estoy hablando del negocio. Estoy hablando de la Subasta.
Sus venas se congelaron. Y sintió que la sangre se drenaba de su rostro.
—¿Qué Subasta? —Intentó.
Los labios de Lucius se extendieron en una sonrisa. Era algo inquietante.
—Agregaré "Mentirosa Convincente" a la lista de cualidades esperadas, Srta. Granger, para que trabaje en ello.
El corazón de Hermione rebotó contra su pecho. Batalló para llevar aire a sus pulmones mientras lo veía alejarse de la mesa y comenzar otro arrogante paseo en dirección a su silla. Hermione todavía estaba intentando reunir toda esta información cuando Lucius continuó.
—Druella no puede ser culpada por haber hablado, por supuesto. Vino a verme poco después de que Draco rogó por el dinero, pidiéndome que le mostrara algo de compasión.
—¿Qué dinero? —respiró con dificultad.
—Los 35,000 galeones, por supuesto.
Hubo un jadeo y Hermione tardó un momento en darse cuenta que ella lo había emitido. Hermione se miró las manos; estaban temblando.
—Ah, —continuó—. Entonces sí conoce esa historia. —Lucius sonrió—. Debo admitir que me tomó varias semanas averiguar para qué quería el dinero. El intercambio de esclavos entre Mortífagos no era algo de mi interés.
Algo no estaba bien. Hermione apretó los puños para evitar que temblaran. Draco le dijo que la habría vendido de presentarse la oportunidad. Esto no era... Si Draco la hubiera comprado, ella le habría pertenecido en aquel futuro distópico, no habría hecho dinero con ella. ¿Cuál era entonces su propósito?
Y créeme, Granger. No estaban interesados en tus habilidades domésticas.
Miró a Lucius y él la estaba observando desde su lado de la mesa. Hermione se recuperó y trató de verlo desde la perspectiva Lucius, en vista de que su perspectiva le estaba dando dolor de cabeza.
—Así que, déjeme entenderlo bien. —Hermione fijó su mirada en Lucius—. Atrapó a su hijo intentando comprar a una chica como una prostituta cualquiera, vio algunas fotografías en el Profeta de sus "ojos llenos de lujuria" y decidió que era hora de convertir a esa chica en "material para esposa".
Lucius sonrió y bajó la vista hacia la mesa de metal.
—Qué desafortunado es que sea tan inteligente, Srta. Granger. Le impide ver la verdad. —Lucius colocó sus manos sobre la mesa, inclinándose sobre ella—. No pretendía comprarla. Quería salvarla.
Hermione respiró profundamente.
Los ojos que la miraban se parecían a los de Draco. Hermione se concentró en ellos, se concentró en ellos mientras su cerebro trabajaba. Algo no cuadraba.
Lucius se irguió de nuevo en toda su altura. —Ésta es mi propuesta, Srta. Granger. —Su voz se deslizó sobre la palabra "propuesta", como si fuera una broma privada entre ellos—. Comenzará a acompañar a Narcissa en sus compromisos sociales. Aprenderá de ella, de sus modales, de sus expresiones. Se pondrá en contacto con Madame Michele -una maestra de etiqueta y decoro que instruye a todas las chicas Sangre Pura en los modales fundamentales. La mayoría las chicas comienzan a los ocho años, así que usted tendrá un largo camino por recorrer. Investigará la historia de la familia Malfoy; se familiarizará con su linaje, sus ancestros famosos, con la Mansión en sí misma…
Hermione dejó que la voz se escurriera sobre ella. Lucius continuó; enumerando varios maestros de modales, maestros de baile, especialistas en decoración de interiores… Hermione lo dejó hablar. Lo dejó hablar para poder pensar.
Su cerebro recorrió los últimos diez años, tratando de introducir ésta nueva información que debía decidir si aceptar. Salvarla. Era incongruente. No hubo un solo momento en los últimos diez años de su vida en el que Draco Malfoy la hubiera salvado. Y había dejado perfectamente claro que lo que sucedió en la Mansión Malfoy no era una excepción a esa regla. Había pensado que al no identificarlos esa noche, Draco había demostrado que le importaba, o que al menos los quería vivos; pero lo había negado. ¿No?
Me importaba un higo salvar al mundo, o detener al Señor Tenebroso –¡o a ti y a tus estúpidos amigos si a esas vamos!
Los ojos de Hermione brillaron al observar la parte superior la mesa y las manos de Lucius mientras se movían.
—...quién la llevará a tomar el té con mi madre. No mencionará su parentesco a menos que sea mencionado...
Volvió a pensar, en el tiempo previo a la Guerra. Draco quería comprarla, sí. Para humillarla públicamente frente a los chicos de Slytherin que habían ganado la Guerra. Para compartirla como a una puta si eso le convenía. Para exhibirla frente a los miembros restantes de la Orden, mostrándoles que la Chica Dorada era tan opaca como el resto.
Estos eran los pensamientos que la habían mantenido despierta desde que Draco le contó sobre la Subasta, seis semanas atrás. La esclava más valiosa no sería tratada como una simple esclava o una simple concubina.
—... llegados a ese punto se le abrirá una cuenta con Madame le Roux, quien tomará sus medidas…
Hermione pensó de nuevo. ¿Era posible que Draco la deseara? Ahora había momentos en los que podía ver algo en sus ojos, algo además de burlas; ¿pero en aquel entonces? Tal vez la habría comprado para satisfacer su curiosidad; para escuchar a los Mortífagos mayores y más crueles discutir acerca de su virtud, o incluso entre sus amigos, y escucharlos decidir que si Draco ya la había torturado e invertido en ella todos esos años –debía ser él quien cosechara las recompensas.
Todos esos eran escenarios posibles.
Levantó la mirada y Lucius no había terminado. Caminaba igual que su hijo, calmado y en control de su cuerpo.
—... realizando la ceremonia en el jardín de la Mansión. La recepción continuará en el salón de baile...
Hermione volvió a pensar. En la mano de Draco sobre su cadera en la oficina de Umbridge, antes de apartarla. En sus ojos atravesándola en el Baile de Navidad, mientras giraban uno alrededor del otro. En su voz burlándose de ella, reptando hacia sus oídos a lo largo de los años. Los recuerdos que a ella le importaban, a él no le importaban en absoluto. Era inconsistente. Lucius estaba alardeando.
Draco no habría sacrificado su herencia, su futuro, para salvarla de convertirse en la esclava de otro hombre.
—…Entonces usted hará...
—No lo haré.
Lucius dejó de caminar y bajó la mirada hacia ella. Hermione apretó la mandíbula.
—Aprecio los pasos que está tomando para garantizar su linaje y que se preserve su apellido, Sr. Malfoy, incluso con una Sangre Sucia como nuera.
Lucius se quedó quieto y ladeó la cabeza.
—Pero Draco y yo no estamos comprometidos. Por lo tanto, no cumpliré con sus demandas.
Lucius sonrió hacia suelo. —Así que, "Draco".
Hermione tragó saliva. —Sí. Draco. Ahora somos amigos. Pero nunca ha estado enamorado de mí y no tiene intención alguna de proponerme nada. Así que puede abstenerse de continuar avergonzándose.
Las mejillas de Hermione se enrojecieron mientras los ojos de Lucius palidecían.
—Pobre niña ilusa.
—No tengo intención alguna de convertirme en "Sra. Malfoy", así que no necesitaré su lista. —Hermione colocó el papel sobre la mesa, se levantó y giró hacia la puerta.
—Espero que la haya memorizado, Srta. Granger. —Hermione cerró los ojos con exasperación—. Porque la mayoría de la herencia de Draco todavía está vinculada a mí. Si escucho que se compromete en una relación con alguien que no cumple mis demandas para una mujer Malfoy, puedo decidir mantener vinculado el resto del dinero hasta que mi hijo encuentre una compañera adecuada.
Hermione se giró hacia Lucius. —¿Arruinaría su nuevo negocio sólo para fastidiarme?
—Cielos, no, Srta. Granger. —Su voz escurría—. Todo lo que hago, lo hago por mi hijo.
Hermione lo miró desde el otro lado de la habitación, con la mano sobre la puerta.
—No tiene nada de qué preocuparse, Sr. Malfoy. Puede mantener el último requisito de su lista.
Hermione tocó la puerta. El guardia la abrió de inmediato y asintió con la cabeza.
La voz de Lucius flotó hacia ella. —Ya veremos, Srta. Granger.
El guardia encerró a Lucius y la acompañó por el pasillo, cerrando todas las puertas a su paso. Los pies de Hermione golpeaban contra las frías piedras. Sus dedos se trabaron alrededor de su varita en cuanto le fue devuelta. El mismo guardia de hacía un rato le sonrió y la acompañó hasta la entrada. Vislumbró la chimenea de piedra y el guardia abrió un gabinete que contenía el polvo Flú.
Hermione pensó en su cama. Pensó en su ducha. Pensó en meterse debajo de las sábanas hasta que todo desapareciera, apagando las luces.
El guardia arrojó el polvo, Hermione entró y el guardia dijo "Mansión Malfoy" antes de que pudiera procesarlo siquiera. La Red Flú se la llevó y aterrizó en la biblioteca de Malfoy, frente al epítome de la esposa Malfoy perfecta.
Narcissa sonrió en cuanto Hermione llegó. —Hermione, cariño. —Estaba sentada en su silla, leyendo un libro y bebiendo té.
Hermione miró a la hermosa mujer rubia, con la cabeza palpitando.
Agraciada. Experta Anfitriona.
—¿Cómo te fue? —Narcissa dejó su té sobre la mesa, en el mismo lugar donde el anillo de diamantes había estado antes.
El anillo que sería llevado con un Rompe-Maldiciones para que Draco pudiera casarse con una Sangre Sucia. Ahora lo entendía.
Una carcajada escapó de su pecho antes de que pudiera contenerla. Resolló en busca de aire y sintió que la cabeza le daba vueltas, lágrimas picando en sus ojos.
La expresión de Narcissa cambió en un segundo y se levantó. —¿Qué pasa? —Y fue tan maternal. Se parecía tanto a cómo deseaba que su propia madre la estuviera mirando, que supo lo que tenía que hacer.
Tenía que terminar con Narcissa Malfoy.
—Narcissa, —habló Hermione, y su voz se quebró. —Draco y yo... no tenemos una relación.
Narcissa se quedó muy quieta, con los brazos cruzados sobre el pecho. Hermione admiró la forma en que ocultaba sus emociones. Se preguntó qué parte de la lista de Lucius engobaría esa cualidad.
—Por supuesto que la tienen, cariño. —Narcissa sonrió, con los labios cerrados—. Ustedes son antiguos compañeros de escuela, han sobrevivido a una guerra y ahora se están convirtiendo en amigos.
—Sí, y eso es todo lo que hay, —dijo Hermione, sintiendo que se le rompía el corazón—. Creo que te he orillado a pensar que hay algo más entre nosotros. Y lamento mucho haberte hecho pensar eso—. Sintió que su voz volvía a quebrarse.
Narcissa miró la alfombra, disgustada. —¿Qué te dijo Lucius?
—En realidad, estaba muy a favor de este "arreglo" que han tramado. Encontró una forma de negociar lo que desea. —Hermione tragó saliva—. Pero no es lo que Draco quiere.
—¿Lucius te dijo eso? —Preguntó Narcissa, con los labios apretados.
—No fue necesario, —dijo Hermione—. No estamos saliendo, Narcissa. Y algo me dice que Draco no tiene idea sobre mi reunión con Lucius, o sobre el anillo que estás llevando a alterar.
Narcissa le dedicó una sonrisa triste. —Es sólo cuestión de tiempo, Hermione. Pensé que era mejor prepararme.
El pulso de Hermione se aceleró, pensando que Narcissa sabía algo que ella no. Pero Hermione mató esa ilusión tan rápido como llegó. Narcissa y Lucius habían construido sobre cimientos de arena. Entonces recordó la herencia de Draco, vinculada a Lucius hasta que él lo considerara oportuno. No, necesitaba terminar con esto ahora.
—No hay nada para lo que debas prepararte.
Narcissa se congeló. Se mordió el interior de la mejilla, estudiándola. Hermione se sentía tan sola en ese momento.
—Debería irme, —dijo Hermione—. Adiós, Narcissa. Y gracias por todo. —Le ardían los pulmones cuando se giró hacia las puertas de la biblioteca. Estaba perdiendo el control, sus ojos se nublaban.
La voz de Narcissa la llamó mientras tomaba la manija de la puerta. —¿No deseas casarte con mi hijo?
Y Hermione se echó a reír. Estaba a punto de entrar en crisis, pudo notar. Hermione cerró los ojos y sacudió la cabeza. ¿Cómo se habían torcido tanto las cosas? Volteó a ver a Narcissa, que ya la observaba, calculándola. Y oyó la voz de Lucius.
Ya veremos, Srta. Granger.
Sabía que Narcissa no se daría por vencida. No podía dejar las cosas abiertas, no podía dar una respuesta ambigua.
—No, no quiero.
Narcissa se quedó estática. Su Temperamento Sereno. Sensata su forma de actuar. Hermione asintió a modo de despedida y se giró hacia las puertas cuando cayeron las primeras lágrimas.
Abrió de golpe las puertas, salió corriendo y se quedó sin aliento al encontrarse frente con el busto de Lucius Malfoy, había olvidado que estaba allí. Se giró rápidamente a la izquierda, con la intención de salir corriendo de esa casa y casi chocó contra Draco, a tres pasos de distancia y con el cabello húmedo debido a la ducha después del Quidditch. Parecía igual de sorprendido que ella.
Miró entre ella y las puertas abiertas de la biblioteca. Draco avanzó un paso, observando las lágrimas que corrían por sus mejillas y la forma errática en que respiraba. —¿Qué pasó?
No podía soportarlo más. Esos tres eran más de lo que podía manejar.
—Yo- Draco, lo siento, siento mucho todo esto. Yo- Yo jamás quise que nada de esto pasara. —Hermione sintió nuevas lágrimas escociendo sus ojos, y una vergüenza lacerante al pensar en cómo se las arreglaría Narcissa para explicarle todo a Draco. Y en cómo sus estúpidas acciones e irrefrenables sentimientos habían logrado engañar a los padres de Draco hasta el punto de casi obligarlo a comprometerse con ella. Hermione se dio la vuelta y corrió por el pasillo, tan deprisa como pudo; pasando volando al lado de las chimeneas y saliendo a los jardines.
Draco la observó correr. Se giró para ver a su madre, en la biblioteca, junto al gabinete de licores.
—Bueno, Draco—, susurró, agitando un vaso de ginebra. —Tu padre se las arregló para arruinarlo todo—. Narcissa bebió hasta el fondo.
