HAY UNA RAZÓN POR LA QUE NUNCA FUI A LAS CASAS DE MIS CONQUISTAS CON LA INTENSIÓN DE CONOCER A SU FAMILIA. Aquello habría sido una complicación innecesaria dada la naturaleza de nuestra relación. Sin embargo, a pesar del riesgo que suponía dada mi "condición" y mi falta de interés por el compromiso, siempre me pregunté cómo sería. Había escuchado de varios analíticos de la psique humana que así como un hombre trata a su madre, así se comportara con su novia o esposa. Desconozco cuando comencé a alimentar expectativas respecto a ello pero algo está claro, la visita a la residencia Lancaster debía ser decepcionante.

Para mi desgracia, no lo fue.

La mujer dentro de mí era la única a quien podía culpar por el esponjamiento de mis huesos ante los despliegues de afecto de Jack hacia sus familiares. No esperaba que se inclinara a besar la mejilla de su madre o que jugara con el cabello de su sobrina cuando ella estaba a su alcance. Inclusive, la forma en que tomó a su mascota entre sus brazos, con tanta gentileza, en un intento de tranquilizarlo, ablandó partes dentro de mí que creía perdidas. Agradecí que Jack nos dejara en compañía de su sobrina y madre por algunos minutos, pues yo necesitaba un tiempo fuera para que mis huesos recuperaren su consistencia.

Me enfoqué en la casa mientras tanto. En apariencia dúplex, la vivienda estaba ubicada en una zona urbanizada. El inmueble consistía de 2 pisos bastante amplios, un patio trasero extenso, sin cercar que daba al bosque, y la cochera, ubicada a un costado, que parece ser lo suficientemente grande para albergar dos vehículos. La propiedad huele a recién remodelada. Literalmente. Por fuera el color blanco y el café de madera de roble predominan. Las paredes en el interior conservaban algo del olor a pintura. El blanco dominaba las paredes y el negro en sus detalles. El azulejo del suelo refleja mi cara de lo reluciente que está y el cielorraso tiene varios tragaluces, por lo que el espacio aprovecha al máximo la luz natural, y tablilla de madera que le da un aspecto más hogareño. La casa es acogedora. De alguna forma, reflejaba la personalidad de la madre de Jack.

Margaret Lancaster era tan diferente físicamente a Jack que podrían pasar por extraños. La piel de la mujer era blanca, su rostro redondo, el cabello lacio y más blanco que su piel llegaba hasta sus hombros. Sus ojos eran azules y maternales, su cuerpo desgarbado. Su amabilidad y cortesía al hablar haría sentir bienvenido a la persona más incómoda pero había cierta tensión en sus hombros. Me esforcé por no asustarla pero noté en varias ocasiones, que ella miraba ocasionalmente hacia las escaleras. Imaginaba que sus instintos, a diferencia de los de Kétchup y Annie, pataleaban sin éxito.

Apenas tuvieron la oportunidad, el perro y la niña salieron de la habitación, logrando arrastrar consigo a Jacob y Renesmee. Margaret se quedó conmigo en la sala, intercambiando preguntas completamente seguras sobre el clima y el pueblo. Evité mencionar lo ocurrido con Jack pues quería cementar una base de confianza antes de indagar al respecto. El chico Clearwater estaba ahí también –Jacob, Nessie y Annie habían ido a jugar con el perro al patio. Seth estaba concentrado inspeccionando la estantería que intercambiaba comentarios ocasionalmente. Él era probablemente el único de los licántropos cuya presencia era agradable y aparentemente, a la madre de Jack no le molestaba tenerlo revoloteando entre sus cosas.

— ¿Qué le ha parecido Forks, Señora Lancaster?

—Por favor, llámame Margaret. El pueblo es más tranquilo de lo que esperaba así que la mudanza ha sido satisfactoria en mi opinión.

La acotación no pasó desapercibida.

— ¿Le preocupa que el resto de sus familiares no se acoplen aquí?

—Sé que Zachary está contento con el cambio. Siempre ha buscado un lugar tranquilo para criar a su niña. Por otro lado, Annabelle estaba pasando por ciertos problemas de adaptación en la escuela. Ahora parece estar mejor ahora gracias a Kétchup y, bueno, John...

— ¿John? —repetí.

Ella parpadea pesadamente.

—Oh, bueno, creo que sólo su hermano y yo lo llamamos por su nombre—. Eso es nuevo, pero la preocupación en su rostro mantuvo mi atención —John es algo... inquieto. Siempre está buscando como recrearse pero el pueblo no le ofrece muchas distracciones.

Recordé la forma en que su hijo se comportó en casa de los Cullen y en el campo de futbol hoy en la tarde, la forma protectora en la que los lobos reaccionaban a él, la manera en que las personas a su alrededor lo miran como si fuera una creatura digna de adoración. A mi parecer, Jack estaba plenamente adaptado a la dinámica social del pueblo. El amargo recuerdo de las miradas sugerentes de Becky Gómez que Jack recibía con diversión, trajo consigo fuertes retorcijones en mi estómago.

—No debería preocuparse. Él está encantado con la atención que recibe—señalé, ganándome la mirada sorprendida de la humana. El chico Clearwater miró por encima de su hombro con ojos muy abiertos, lanzando una mirada rápida hacia la mujer a mi lado y antes de volver a mí. Mi tono de disgusto debió haber sido muy evidente, por lo que procedí a alivianar la tensión: —.Me refiero a que se lleva muy bien con los locales y a pesar de que lleva poco tiempo aquí, es muy apreciado en el pueblo.

Ella me mira fijamente con ojos especulativos. Había sido estudiada antes pero nunca me había sentido tan incómoda como ahora. Por un momento, tengo la horrible sensación que puede ver a través de mí, de que puede ver lo mucho que su hijo me saca de mis casillas. Entonces, una sonrisa misteriosa se hizo con sus labios, y me mira con ojos brillantes, esperanzados.

—Tienes razón, Tanya. Es difícil resistirse a él, ¿cierto?

Era imposible ignorar la insinuación en su voz. Abrí la boca, dispuesta a corregirla, pero Seth hizo un hallazgo interesante:

—Eh, ¿esto es un álbum?

Mis ojos se clavaron inmediatamente en el libro grueso de cuero café que Seth sostenía.

— ¡Lo encontraste, Seth!—exclama Margaret con entusiasmo, caminando hacia él—. Pensé que habíamos perdido ese álbum durante la mudanza.

La mujer le arrebató el álbum de las manos y lo abrió. El chico lobo se inclinó sobre el hombro de la mujer, le sacaba casi tres cabezas.

— ¿Quiénes son estas niñitas?

Entusiasmada, Margaret se movió hacia el sofá y me hizo un gesto para que me acercara. Tuve que contenerme para no parecer de la nada a su lado. A ese nivel había llegado mi curiosidad. Me senté a su lado. Seth se sentó a su otro costado. Absorbí ávidamente cada detalle en las páginas, de las fotografías que contenía.

Eran Jack y su hermano desde unos 5 años hasta los 16 años aproximadamente. Realmente eran idénticos. No lograba distinguirlos en las fotografías. Fue pasando las páginas lentamente, dejándome alucinada por las imágenes. Me sorprendía que los rasgos que tanto hacen destacar al oficial se reflejaban en otro individuo como si de un espejo se tratase. Su piel morena, esos ojos verdes enormes, su pelo oscuro y esos labios gruesos. Podrían haber podido pasar por dos hermosas niñas sin ningún problema durante su niñez.

—Parecían unas bellas niñas, ¿cierto?

Seth y yo asentimos sin ocultar nuestra sorpresa.

Tenían el cabello largo, más allá de sus hombros. La versión infantil de los gemelos era muy similar a la de Annie pero, también me recordaban de cierta forma a Renesmee. Eran casi demasiado bonitos para ser humanos, pero había algo que contrastaba con las niñas: sus miradas. Sus ojos eran distantes y melancólicos. No había alegría en ellos a pesar de las sonrisas en sus labios regordetes. Ningún niño debía de tener una mirada tan triste como esa.

Mi pecho se aprieta.

"¿Qué puso esa mirada en sus caras?"

—Son idénticos pero...—comenta Seth con repentina confusión, sin sospechar lo que pasaba por mi mente—no puedo distinguirlos en las fotos.

Margaret sonrió.

—Es más fácil cuando están en vivo y a todo color, ¿cierto?— comenta antes de notar mi expresión inquisitiva—. ¿Conoces a Zachary?

—No he tenido la oportunidad—respondí con sinceridad. Noté que Seth se levantó para seguir husmeando en los alrededores—.Sin embargo, mi tío habla con mucha estima de él así que ya siento que lo conozco.

No estaba exagerando. Carlisle estaba deslumbrado por la habilidad de Zachary Lancaster con el escarpelo. Una vez se le pregunta al respecto, no para de hablar sobre las destrezas del hombre.

— ¿Conozco a su tío?

—Quizá. ¿Ha escuchado de Carlisle Cullen?

La sorpresa se hizo con su rostro y sus hombros se relajaron un poco.

—Oh, eso explica el parecido—dijo con algo de alivio. Al parecer, el hecho de que esté relacionada con Carlisle es motivo para sentir alivio. "Cielos, algo andaba muy mal con esta familia"—.El Dr. Cullen ha sido muy amable con Zachary. Él está muy contento de tenerlo como maestro.

—Le aseguro que mi tío se siente muy afortunado de tener un colaborador como su hijo.

La mujer sonríe con amplitud.

—Me alegra escuchar eso.

Una pequeña parte de mi atención estaba en la mujer, pero resto se encontraba enfocada en pasar las páginas. Conforme lo hacía, el rostro de los gemelos fue perdiendo la redondez de la infancia. Era alucinante ver como pasaron de dulcemente tiernos a asquerosamente sexys. Sus cortes de cabello comenzaron a diferenciarse en la pubertad. Sus rasgos masculinos y voluptuosos se fueron asentando entonces pero, de acuerdo a las fotografías, nunca pasaron por una etapa en la que fueran poco agraciados. Deslice los dedos sobre una de las fotos. En ella estaban las versiones adolescentes de los gemelos junto a un hombre de unos 60 años. El hombre era muy alto y corpulento. Sus brazos estaban sobre los hombros de los gemelos, y ellos le estaban sonriendo a él.

—Adoro esta fotografía—comenta la mujer, notando a donde mis ojos habían ido a caer—.Fue justo antes de que los muchachos se fueran a la universidad.

Arqueé ambas cejas, sorprendida.

"¿Habían adelantado un par de años en preparatoria?"

—Se ven muy jóvenes.

—Tenían 15—comenta con una mirada nostálgica. Entonces, ellos terminaron secundaria más rápido. Son más inteligentes que el promedio—. Estaba muy asustada con la idea de que se fueran de casa tan pronto. Peter me convenció de que era lo mejor para ellos pero siempre es difícil dejar ir a tus pequeños.

— ¿Él es el padre de los gemelos? —indagué con voz suave al notar una inflexión desigual en la voz.

—Así es. Él es... Peter era mi marido— el profundo atisbo de tristeza en su voz me hizo sospechar la razón detrás de la ausencia del Señor Lancaster—. Murió hace cinco años.

No quería ser insensible al dolor de la mujer, pero la mayoría de mis pensamientos giraban alrededor de que los gemelos no parecían haber heredado algo, cualquier cosa, de su padre. Era inusual que no se parecieran físicamente a ninguno de sus padres pero eso significaba nada. No serían los primeros niños que no se parecen a sus progenitores. Lo que sí me sorprendió un poco fue la elevada edad de sus padres. Eran mayores de lo que esperaba. Debieron tenerlos a los a los 40 años, puede que incluso después. Debió ser muy inesperado para ellos un embarazo a esas alturas de su vida.

—Debió ser muy difícil.

Margaret asintió con pesadez.

—Nada te prepara para afrontar algo así—suspiró con pesar, intentando alejar la tristeza de su rostro—.Hicimos lo mejor que pudimos.

— ¿Cómo lo tomaron sus hijos?

"¿Todo lo que había visto era una máscara de fingido bienestar?", ese pensamiento despertó todas mis alarmas, "¿Jack estaba sufriendo?"

—Ambos estaban muy afectados. Vinieron juntos desde California. Zack tuvo que regresar unos días después pero su hermano se quedó.

La curiosidad quema tanto como mi garganta en llamas.

"¿Fue debido a la muerte de su padre que abandonó la universidad? ¿Se quedó a acompañar a su madre?"

La mujer sonrió repentinamente; sus ojos centellan de forma distinta.

—John siempre ha sido así.

— ¿A qué se refiere? —sabía que estaba entrometiéndome demasiado pero no podía detenerme a mí misma. Tenía frente a mí a una fuente confiable de información sobre ese enigma con forma de hombre, y eso me motivaba a proseguir el interrogatorio.

—Siempre ha sido así de fresco y terco—señala con voz sorna—.No importo que tanto le insistí con que debía volver a la universidad, no hubo forma de hacerlo cambiar de parecer.

—Supongo que sucedió lo mismo cuando decidió ser oficial de policía.

La mujer soltó una carcajada sin humor.

—Lamentablemente, así fue.

Al parecer ella y yo teníamos algo en común. Margaret tampoco aprobaba la elección de profesión de su hijo.

—Intentar disuadirlo fue una completa pérdida de tiempo y energía—dijo con sinceridad, negando con la cabeza—. Discutir con él es inútil.

Fruncí el ceño.

— ¿Por qué lo dice?

Los ojos azules de Margaret se encendieron con astucia.

—Mientras más resistencia encuentre, más emocionante será para él, Tanya.

Bueno, eso era muy desalentador. Si la dificultad lo estimula y yo estaba siendo extremadamente difícil de atrapar, mis esperanzas de que Jack abandone su interés por mí saltaban por la borda. Debía encontrar otra forma de alejarlo de mí.

Margaret se excusó, diciendo que debía revisar si la tortura, digo cena, estaba lista. Seth la siguió, atraído por el olor a agrio de carne ardiendo. Escuché a Annie guiar a Nessie y a Jacob hasta el baño más cercano del primer piso para que se lavaran las manos. La mascota de Jack no estaba siendo sutil a la hora de mostrar su temor hacia mí por lo que se mantuvo en el patio.

Sonreí un poco.

"El animal tenía mejores instintos de auto preservación que sus dueños."

A solas con el álbum de recuerdos de los gemelos Lancaster en mis manos, empecé a pasar las páginas, intentando absorber cada detalle. Logré enfocarme en mi tarea por rato hasta que el sonido del agua cayendo invadió mis pensamientos. El ruido de la ducha, el agua cayendo atrajo mi atención, y peor aún, mi imaginación hacia el piso de arriba. Podía verlo en mi mente con una claridad que haría sonrojar a la mente más pervertida. Sus párpados estaban cerrados mientras el afortunado líquido caía sobre su pecho y abdomen, delineando cada línea de sus músculos hasta llegar a su...

—Linda trenza—.escucho decir a una vocecita dulce a mi espalda.

Mi cabeza se giró tan rápido hacia la niña que mis alrededores se tornaron borrosos por un momento.

"¿Cuándo llegó ahí?"

Por suerte la niña estaba muy ocupada jugando con las puntas de su cabello como para notar mi inhumana velocidad. Parpadeé hacia la sobrina de Jack. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos, que pasé por alto su presencia. Sí, debió ser eso.

—Gracias—.dije con suavidad, sin moverme de donde estaba—.Eres Annie, ¿cierto?

La niña asintió pausadamente mientras me estudiaba con esos soles que tenía por ojos. Me miraba con los ojos muy abiertos, como si estuviera medio asustada y medio intrigada. No podía culparla por haber mantenido la distancia hasta ahora. Con el susto que debí haberle dado en el supermercado, la verdad es que me sorprende que me hablara directamente.

—Soy Tanya. —me presenté con una pequeña sonrisa, no queriendo mostrarle mucho mis dientes—.Es un gusto conocerte, Annie.

No estiré mis brazos hacia ella a pesar de que despertaba ese deseo. Los niños siempre me inspiraban una mezcla entre miedo y añoranza; estar tan cerca de ellos me entristecía de una forma que no podía explicar. La niña se acercó lentamente, más intrigada que temerosa. Realmente era preciosa. Una princesa. Su piel clara, mejillas sonrojadas y labios regordetes me recordaban a una delicada muñeca de porcelana.

— ¿Ahora te sientes mejor?

La preocupación en su voz me apretó el pecho.

—Sí, estoy mucho mejor. Gracias por preguntar.

Annie permaneció de pie, en silencio, con la cabeza inclinada a un costado. La sobrina de Jack había probado ser muy comunicativa desde que llegamos, no había dudado en interactuar con los invitados de su tío - salvo conmigo. No podía culparla por supuesto, pero la mirada fija en mi cara y su silencio después de un rato comenzaba a ser un poco espeluznante.

—Me gusta tu trenza—comenta repentinamente, estirándose para tocar mi trenza con interés—. ¿Es difícil de hacer?

Sonreí, un poco sorprendida.

—No realmente. Puedo hacerte una igual si quieres.

La niña dejó escapar una sonrisa gigante, tan grande como la que tenía cuando corrió a recibir a su tío. Su rostro se iluminó igual que antes. Era una velita en comparación al resplandor en la cara de su tío cuando sonreía, pero aún se podía apreciar una lejana y pequeña similitud entre ella y Jack. Una pequeña e impresionante similitud.

Me llevé un susto cuando Annie se encaramó y se sentó en mi regazo. Temí que su instinto era igual de defectuoso que el de su tío cuando se ovilló contra mí, esperando silenciosamente a que comenzará a peinarla. En cualquier caso, la niña era tierna, cálida y olía a girasoles y miel. Un pequeño brote de fuego hizo retorcer mi garganta pero no era nada de qué preocuparse. Aún oliendo tan maravillosamente como lo hacía, no se asemejaba en nada a la perfección en la esencia de su tío.

Pasé los dedos por las finas y sedosas hebras de cabello oscuro y pronto empecé a tejerlas en una trenza parecida a la mía.

— ¿Usted es amiga de Jacky?

Arqueé ambas cejas. Esa era una excelente pregunta que hubiera visto venir de la madre del hombre en cuestión, no de una niñita.

—Podría decirse que sí.

—Eso es tan raro. —señala con voz tintineante. Me recordó un poco a Alice.

Mis labios se tensaron. Ese bendito comentario había pinchado mi curiosidad más de lo que debía.

— ¿Por qué es raro? —pregunté irreflexivamente—. Jack suele traer a sus amigos, ¿verdad?

—Sí pero no trae chicas. — Annie movió sus labios regordetes a un costado—.A ellas les gusta invitarlo a jugar a sus casas.

Mis manos se congelaron por un momento. Sentí una pesadez extraña en el pecho. No estaba segura de lo que era pero iba de maravilla con el líquido ardiente como lava que se estaba derramando en el interior de mi estómago. A diferencia de Annie, yo no era ingenua. He vivido demasiado para permitirme aquello.

Soy plenamente consciente de que Jack es un hombre joven, saludable, y por supuesto, excesivamente guapo. Es normal que las mujeres humanas se deslumbren con sus... atributos. No hay forma de que admita esto con Edward en los alrededores; Jack Lancaster también me deslumbra por momentos, pero, y este es un gran pero, no esperaba que me irritara tanto la atención que recibe.

No podía entender por qué.

"¿Acaso estaba celosa, porque él era el centro de atención a dónde iba?" Eso no tenía sentido. Yo lo podía ser. No ahora que carecía de la motivación y la energía pero podía serlo, en especial si hay hombres en los alrededores. "¿Me molestaba que él tenía con quién pasar encamarse?" Tampoco tenía lógica aquello. Mi largo historial de conquistas respaldaba mi éxito seduciendo hombres. Podía seducir a cualquier espécimen masculino que quisiera ser seducido.

"Excepto a el oficial", mi cerebro hizo la inoportuna acotación.

— ¿Jack sale a... jugar seguido con sus amigas? —pregunté antes de poder contenerme, acariciando las suaves hebras del cabello de la niña.

—No— confesó la pequeña, inflando con aire una de sus mejillas—.Jacky es un acordeón para las pijamadas.

Arqueé una ceja, pausando por un momento mi flamante irritación.

— ¿Un acordeón?

Annie asiente con vehemencia.

—Las pijamadas no se le dan bien.

"Se refiere a un incordio", razoné, sonriendo un poco a pesar de la sensación de quemazón en mi garganta y estómago.

—Creo que no le gustan—comenta la pequeña, lanzándome una sonrisa reluciente por encima de su hombro—Siempre está aquí en las mañanas para desayunar juntos.

La sensación ardiente continúa devorando mi estómago, pero la pesadez en mi pecho se desvanece. El hecho de que Jack hiciera era algo tan pequeño y a la vez tan dulce aligeró la carga en mi pecho. El hecho de que no se quedara a pasar la noche con sus amantes, de alguna forma aminoraba el peso en mi pecho.

"Algo anda mal conmigo."

Mientras enlazaba las suaves hebras, un sonido proveniente de las escaleras me hizo levantar la mirada. Jack Lancaster baja las escaleras en tu todo su esplendor, luciendo fresco y casual. Su cabello castaño parece negro debido a la humedad y resalta aún más sus ojos claros. Su pelo está peinado hacia atrás, agudizando sus facciones. Está usando unos pantalones de franela gris y una camiseta con el slogan de "En Tacoma lo hacemos mejor". No pude evitar notar cómo sus pantalones colgaban hacia abajo en sus estrechas caderas y la forma en que su camisa blanca encuadraba sus hombros, dejando un costado de su clavícula más expuesto que el otro. Verlo provocó un ardiente calor en la parte baja de mi abdomen. Un ardor fogoso.

Algunas personas podrían llamar a aquel calor lujuria. Yo lo nombré molestia. Ya tenía suficientes problemas como para añadir algo más al combo.

Desvié la mirada antes de que él notará mi atención o peor mi estado. Me enfoqué en terminar la trenza de Annie pero podía sentir los ojos de Jack sobre mí, haciendo cosquillear mi piel.

Suspiré, sospechando que esta sería una noche muy larga.


Me las había arreglado para evitar interactuar con Jack directamente hasta que la hora de la cena llegó. Annie insistió en que me sentara a su lado, a un asiento de distancia de Jack. Casi podía escuchar a Alice susurrando en mi oído la palabra "destino" solo para fastidiarme. El oficial no intentó interactuar conmigo por lo que la cena resultó más tranquila de lo que imaginaba, excluyendo mi garganta carbonizada, el sabor amargo en mi boca y las miradas asesinas del perro alfa. Jack trasladó la olla con el estofado en una mesita con ruedas mientras todos hacen exclamaciones de oohs y ahhs mientras su madre se encargaba de servir en los platos. Mientras los platos llenos iban y venían, la Señora Lancaster se acercó al chico Clearwater.

—Seth, voy a empacarte en una bolsa grande las sobras. Compártelas con tu hermana y amigos. Y voy a poner las fechas en los envases así sabrás cuándo tirarlo. No me gustaría que algún tipo de experimento científico se desarrolle en tu refrigeradora.

Seth sonrió con amplitud, agradecido con la atención.

—Gracias, Señora L.

Jacob y Jack hacen fuertes ruidos de besos mojados hacia el chico lobo. Con una de sus manos, y algo sonrojado, Seth les muestra el dedo del medio mientras que Margaret le da la espalda. Justo entre Jack y yo, veo de reojo que Annie está mirando sus dedos tratando de copiar el movimiento. Rápidamente, su tío coloca su mano sobre la de ella y sacude la cabeza. En su lugar, sonriendo, le muestra un gesto que era muy común entre los humanos de los 60s y 70s: el saludo Vulcano de Spock. Los ojos de la niña centellan emocionados e intenta imitar el movimiento del oficial.

La sensación de ahogo me invade mientras los observo. La escena es breve y para algunas personas insignificante pero para mí no lo era. Por si había quedado alguna duda, Annie lo admiraba. Ella lo adoraba.

"—Ella tiene a sus padres para criarla. No creo que su muerte vaya a ser algo tan traumático..."

Kate estaba tan equivocada. Con cada minuto que pasaba, más me convencía de que si lastimaba a ese hombre no podría vivir conmigo misma. La idea de dañar a esa pequeña creatura; convertirla en un daño colateral era imperdonable.

Inesperadamente, recibí una patada en la espinilla. Trasladé de inmediato la mirada entrecerrada hacia el otro lado de la mesa en búsqueda del agresor. Renesmee no lo hizo. Ella era demasiado educada para hacer algo así. Seth podría hacerlo hecho pero era el chico era demasiado agradable para hacer algo semejante. La última opción era el perro alfa que por la mirada que me estaba enviando, tuve suerte de que no se trasformara en lobo ahí mismo, sobre la mesa de los Lancaster.

Una parte de mí deseaba devolver la agresión, la parte que lo encontraba desagradable, pero la verdad es que no valía la pena. Evidentemente, mi mirada fija sobre Jack lo estaba poniendo nervioso. Él solo estaba velando por el bienestar de su amigo. No podía culparlo por eso. Además, el perro ya tenía otros problemas entre manos.

— ¿Cómo puedes decir eso, Jake?

Jacob desvía la mirada de mí hacia Nessie, ablandando su expresión hasta tal punto en que es casi irreconocible.

—Es la verdad, Ness. El chico me parece un idiota.

Annie se levanta de la mesa de pronto y corre hacia la cocina. Jacob rueda los ojos y saca su billetera.

—No hay razones para que pienses eso de Justin. —reclama mi sobrina, sin dejar de mirar adonde la niña había desaparecido. Al parecer, solo Renesmee y yo notamos la repentina escapada de la niña—.No lo conoces.

—Ness, no me interesa conocerlo y sinceramente, no creo que te convenga conocerlo.

La niña vuelve entonces, sosteniendo un frasco de vidrio lleno hasta la mitad con billetes de un dólar y lo acerca a Jacob. Él desliza un dólar en el bote.

—En serio. Hay algo en él que grita "idiota" desde la distancia.

Annie sacude la jarra otra vez y ahí va otro dólar. Cuando vuelve a su asiento coloca la jarra sobre la mesa. Al preguntarle que acababa de suceder, la niña responde con una sonrisa:

—Es el Frasco de las Malas Palabras. Cada vez que alguien dice una mala palabra tiene que pagar un dólar.

"Oh, quizá debí haber traído cambio."

Nunca se sabe cuándo alguna maldición deba ser lanzada. Con toda la situación de... bueno, mierda que estaba atravesando, maldecir tenía un efecto casi catártico.

—Es un mecanismo que mi madre ha implementado desde que éramos niños—.añade Jack, mirando reflexivamente un poco de estofado sobrante en su cuchara—.Al parecer mi hermano y yo solíamos utilizar un lenguaje demasiado áspero en casa.

Margaret apunta con el cubierto a su hijo, con el rostro serio.

—Tuve que recurrir a él de nuevo cuando Annabelle empezó a repetir lo que aprendía de ti en la escuela.

— ¿Cómo puedes asegurar eso, madre? —el oficial sonaba realmente agraviado pero la sonrisa en su rostro demostraba que no lo estaba—.Zachary también tiene una boca muy sucia.

—Reconocería tu suciedad donde fuera, John. —Oh, no terminaba de acostumbrarme al nombre—.Es bastante distintiva.

El intercambio me hizo sonreír a pesar de que había intentado distanciarme de la situación hasta ahora. El resto de los invitados reían de forma mal disimulada.

— ¿El mecanismo funciona? —pregunté con curiosidad a Margaret.

—Ya no maldice en esta casa. Esa es una pequeña victoria.

—La verdad es que no podía seguir así—.añade Jack, poniendo la barbilla en el puño. El hombre se veía demasiado adorable y lindo. Inofensivo—. A ese ritmo, el tarro iba a pagar la universidad de Annie.

Margaret negó con la cabeza, exasperada.

—Como pueden ver, nada le ha quitado lo cínico.

—Otro tarro podría ayudar. —comenté incapaz de resistirme. La incómoda esperanza relució otra vez en la mirada de Margaret.

Jack se rió en respuesta.

—Podrías regalarme uno para mi cumpleaños.

Lo miré con sorpresa.

"¿Qué?"

—Es la próxima semana, ¿cierto? —comenta Seth, ahogando mi necesidad de preguntar.

Jack asintió.

— ¿Ya tienes planes? —añadió Nessie entusiasmada.

—Tengo una fiesta sorpresa en mi honor a la que prometí asistir.

Nessie se rió.

— ¿Cómo puede ser una fiesta sorpresa si ya sabes que se hará?

—Es una fiesta que será sorpresa porque fingiré sorpresa. —levanta su vaso en son de victoria.

Eso fue demasiado cínico. Tuve que sonreír.

—Empiezo a creer que un frasco no será suficiente.

— ¿Qué puedo decir? Me gusta superar las expectativas.

Nos quedamos mirándonos por un momento, sonriendo el uno al otro, y un calor desconocido comenzó a extenderse por todo mi cuerpo. No era como el calor de desnudarse y abalanzarse sobre alguien con la sangre hirviendo o la garganta en llamas, sino más como una calidez placentera y suave...

Un nuevo golpe en mi pierna desvió mi atención de Jack y la sensación que me estaba consumiendo. Una mirada a la ceñuda cara de Jacob, basto para darme cuenta de que necesitaba empezar a concentrarme en terminar el desagradable platillo frente a mí o terminaríamos atacándonos el uno al otro antes de que la noche llegué a su fin.


Avanzada la noche resulta irónico que haya preferido estar en la cocina de los Lancaster, a solas con el oficial. Mi otra opción era el comedor, donde la mirada prejuiciosa de Jacob Black amenazaba con asfixiarme, o peor, Margaret Lancaster me miraría con extraña esperanza. Tuve suficiente de ambas miradas durante la cena. Jack parecía sorprendido de que quisiera estar ahí, con él. Aunque en mi opinión era todavía más sorprendente que yo estuviera secando los platos que Jack lavaba bajo un silencio sepulcral.

Al igual que con su sobrina, su silencio resultaba incómodo. Aproveché la oportunidad para saber más sobre él.

— ¿Sólo tu madre te llama John?

Su corazón dio un brincó y un plato se escapó de sus manos por un momento pero logró afianzar su agarre sobre él. Sonreí un poco; lo había tomado desprevenido. Cuando me mira de reojo, sus ojos estaban muy abiertos y apenas puedo resistir el impulso de ampliar mi sonrisa.

—No solo ella—parpadea un par de veces—.Mi hermano también me llama así.

— ¿Y te gusta?

—John es un buen nombre, —responde, enjabonando un plato sucio—pero a veces no lo siento mío.

Lo miré sin entender.

—John era el nombre de mi padre—confiesa al ver mi expresión de reojo, sin dejar de enjuagar el plato con agua. No había tristeza en él al confesar aquello pero eso no fue lo único que noté—.No tengo mucho de él.

—Pensaba que tu padre se llamaba Peter— mencioné, notando instantáneamente que el tono de mi voz era bastante acusador. Había escuchado nombres peores que John Peter o Peter John pero dudaba que ese fuera el caso.

—Es difícil de explicar.

Jack mira hacia el cielorraso, dejando la conversación inconclusa, y yo casi exploté de la curiosidad —la curiosidad quemaba tanto como la sed en mi garganta. En realidad, noté que se estaba haciendo mucho más fácil respirar; la agonía se había convertido en algo mucho más familiar.

—Creo poder entenderlo—Insistí. Quizás una común cortesía lo mantendría respondiendo mis preguntas mientras yo no fuera demasiado grosera al preguntarlas.

Jack frunce el ceño aún sin mirarme. Esto me hizo sentir impaciente; quería poner mi mano sobre su barbilla y obligarlo a mirarme para así poder leer sus ojos. Pero sería estúpido y peligroso de mi parte tocar su piel.

Repentinamente él bajó la vista. Fue un alivio poder ver las emociones en sus ojos de nuevo aunque la pesada sombra de la melancolía que encuentro ahí me hizo reconsiderarlo.

—John, mi padre biológico, era hijo de Margaret y Pops... Peter. Murió antes de que naciéramos así que Peter fue nuestra figura paterna.

La nueva información encajó mejor con lo que había visto durante la visita. La edad avanzada de sus supuestos padres, el hecho de que no compartía similitudes físicas con ellos... A quienes llamaba padres eran en realidad sus abuelos y había perdido al único padre que conoció hace apenas unos años. Podía comprender la raíz de su tristeza; la pérdida de un ser amado. Sin embargo, entender de dónde provenía su congoja, no apaciguó el intenso y extraño deseo que tenía por erradicarla.

—No suena tan complicado—discrepé con voz gentil. No tuve que esforzarme para que así fuera; deseaba poder hacerlo sentir mejor—. ¿Eran muy unidos?

Sus ojos brillaron, divertidos.

—No precisamente. Solíamos discutir mucho.

Fruncí el ceño, confundida. Ese no era el escenario que había imaginado.

— ¿Sobre qué?

—Muchas cosas. Mi nombre era una de ellas. ¿Quién en su sano juicio nombra a su nieto John Augustus? —.detalla con humor y algo de irritación— ¿Has escuchado que un nombre puede avejentar? Bueno, tengo 50 años desde que tenía 4.

Mi risa nos tomó desprevenidos a ambos. Si bien es cierto sus nombres eran clásicos, para no llamarlos anticuados, de alguna forma no calzaban con él. "Jack" no era un nombre contemporáneo, pero tenía una tonada más fresca e infantil que "John". Le queda mejor.

— ¿Qué hay de ti? —.pregunta interesado, entregándome el plato listo para secar—. ¿Hay algún nombre del que pueda reírme?

Arqueé una ceja, moviendo con delicadeza el trapo sobre la porcelana.

—No y si lo tuviera, no te lo diría. Suenas demasiado entusiasmado con la idea.

Me faltaba el aire. Si iba a hablar de nuevo, tendría que inhalar. Sería difícil evitar hablar. Sería incómodo— e incomprensiblemente grosero de mi parte— ignorarlo ahora cuando fui yo quien había empezado la conversación con él.

—Oh, vamos. Ya te reíste. —se queja, inclinándose hacia mí con una sonrisa capaz de atraer la atención de todas mis hormonas femeninas y hacer temblar mis rodillas—.Ahora es mi turno de reír, Tanya.

Convertí mis manos en puños, intentando combatir el hormigueo y los temblores de mis manos. Era absurdo pero quería correr mis dedos por su húmedo cabello. Quería desordenarlo como usualmente lo estaba.

—No sueles hablar de ti misma, ¿verdad? —dijo al ver que no respondía. El tono suave y comprensivo que uso hizo algo aletear dentro de mí. Había escuchado esas palabras antes pero me sorprendió la carencia de reproche en ellas.

—No con extraños. —repliqué, sintiendo la súbita necesidad de poner distancia entre nosotros.

Jack amplió sus ojos y puso las manos mojadas sobre su pecho de forma teatral.

—Pensé que éramos amigos.

—No recuerdo haberte dado esa impresión.

Entrecerró los ojos.

—Eso no fue lo que le dijiste a Annie. —ahora sí había reproche en su voz.

—Eso fue un...— detuve en seco mi réplica, recordando que Jack estaba en el piso de arriba cuando hablé con su sobrina—. ¿Cómo sabes eso?

—Annie me lo dijo. —responde inmediatamente. Demasiado rápidamente.

—No, ella no te lo dijo.

Estaba segura de eso. Había estado monitoreando todas las conversaciones en las que se involucró este hombre las últimas horas y en ningún momento habló con Annie sobre eso.

"Ahora que lo pienso, eso era muy acosador de mi parte."

—Nos escuchaste desde el segundo piso mientras te duchabas. —encausé mi recriminación propia hacia él. Era más fácil.

—Eso es imposible, Tanya.

Me crucé de brazos mientras su ritmo cardíaco y respiración se aceleraban, contrastando con la serenidad en su expresión facial y su voz.

—Entonces, no habrá problema si voy a confirmar eso con tu sobrina, ¿cierto?

No espere una reacción de su parte. Me di media vuelta. Di medio paso antes de que Jack pusiera su mano sobre mi antebrazo.

—Tanya, espera un segundo...

Gire sobre mis tobillos, levantando las manos para que alejara sus manos de mí por voluntad propia. Lo hizo rápidamente.

—Escuchaste mi conversación con Annie estando en el piso de arriba así como también pudiste escuchar a Emmett riendo aun estando fuera de la casa de Carlisle—una vez más la acusación resaltó en mi voz.

Un destello de sorpresa parpadeó sobre su rostro.

—Esa... esa no fue una pregunta.

—No lo fue, Jack. —lo desafié con la mirada, dando un paso hacia él. Lo reté a mentirme en la cara.

Cualquier otro humano se habría empequeñecido; habría sido consumido por su instinto de preservación. Cualquier otro hombre en su posición se habría asustado pero él no. El brillo que vi en sus ojos cuando lo confronté en el campo de futbol reapareció. Con el avistamiento de ese brillo terco y retador se despierta el presentimiento de que mi paciencia estaba a punto de ser puesta a prueba.

Otra vez.

—Tanya, te das cuenta que lo que propones es irracional, ¿cierto?

Ignoré su apelación a la lógica humana. No se aplicaba a mí de todos modos y sospechaba que a él tampoco. Sabía cómo funcionaba esto; puedo predecir lo que él hará. He estado en su lugar unas cuantas veces por cosas menores que las que he notado en él. Si sabía cómo salir de esas encrucijadas, también podía bloquear las salidas. Jack Lancaster no evitará esta conversación otra vez. No se lo permitiría.

— ¿Cómo es posible que puedas escuchar a distancias en las que ninguna persona podría?

—Estás viendo cosas donde no las hay. —insistió con el desafió en sus ojos intensificándose—.Evidentemente, ha sido un día muy largo para ambos y...

—Ahora que lo mencionas, ¿qué demonios fue lo que sucedió hoy en el campo, Jack?

Una ligera sonrisa torcida apareció en sus labios.

—Le debes un dólar al Frasco de las Malas Palabras.

Ignoré el comentario.

—Sé que estás ocultando algo, Jack. Algo que va más allá de un oído agudo.

Sus cejas se arquearon y no apartó ni una vez su atención de mí. Tenía que admitir que era algo inquietante que no estuviera siendo consumido por el pánico a estas alturas. Jack tenía un control bastante arraigado sobre sí mismo. Este hombre debía estar familiarizado con confrontaciones. La boca del oficial se abre para replicar pero el sonido de una puerta abriéndose, y un grito emocionado lo cortan:

— ¡Papi!

— ¿Cómo está mi princesa?—saluda una voz ligeramente más ronca que la de Jack.

Zachary Lancaster había arribado.

—Tengo noticias, papi—.anuncia la voz alegre de Annie—, ¡Jacky trajo un par de amigas a la casa!

El silencio se extendió por toda la propiedad por unos segundos hasta que un grito lo cortó.

— ¡¿Dónde demonios está ese idiota?!

—Hablaremos luego, Tanya. — Jack suspira—.Tengo dinero que recolectar.

Parpadeé, incrédula.

—Ni si quiera lo...

Ya se estaba dirigiendo a la salida con el bendito tarro en la mano y una sonrisa desafiante en el rostro.

Apreté los dientes.

"¡Este hombre realmente es insufrible!"


Mi primera impresión de Zachary Lancaster es chocante. A pesar de la camisa de lino blanco que cubría sus brazos, sin duda es el clon de mi cantante. Tanta belleza junta resulta, en una palabra, chocante. Las diferencias físicas eran sutiles, tan sutiles que se reducen al pelo rozando los pómulos, una mandíbula afeitada y el atuendo formal que viste. Sin embargo, aunque eran tan parecidos como dos personas podían serlo, tuve que darle la razón a Margaret. Al menos era fácil diferenciar a los gemelos en persona ahora mismo. Zachary tenía una mirada de desaprobación que podía dejar en ridículo a la del perro de Nessie. Su rostro se tornó peor cuando Jack sacudió el Frasco de las Malas Palabras en su cara. Por un momento, me pareció ver una vena palpitar en su bonito pómulo derecho. El cuerpo del médico estaba tan tenso que realmente pensé que iba a golpear a su hermano.

Dejando de lado mi irritación hacia Jack, avancé hasta ponerme a su lado. Esperaba que mi presencia en el lugar disuadiera a Zachary de intentar dañar al oficial pero si no lo hacía... mi cuerpo comenzó a entrar en tensión. Sus ojos oscuros se deslizaron de su hermano a mí entonces. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, a diferencia de cuando conocí a su hermano sentí... el violento abrazo de la furia.

—Ella es Tanya, papi—dice Annie, inmune a la tensión en el ambiente—.Es una amiga de Jacky.

Zachary parpadea, desconcertado, y como arte de magia, sus ojos negros ya no eran negros... ya no eran hostiles. Parpadeé asombrada. Se aclararon tan rápidamente que por un momento dude lo que había presenciado.

"¿Qué demonios fue eso?"

— ¡Oh, Zachary! ¿Qué fue eso?—reprimió su madre al llegar a la sala.

—Un malentendido, madre—responde educadamente. Su voz de verdad es ligeramente más rasposa que Jack, pero no le resta fluidez. Sus orejas y rostro se sonrojan un poco, su expresión es apenada al mirarme: —.Me disculpo por la escena. Es un placer conocerla finalmente, Tanya.

— ¿Finalmente?

—Mi hermano me ha hablado sobre usted. —revela Zachary con una sonrisa llena de dientes pero que carece del brillo de Annie.

Arqueé una ceja, y miré hacia Jack.

—Por cierto, mira quienes están aquí—suelta inmediatamente el oficial, evitando mi mirada y aprovechando que mi sobrina acababa de entrar, escoltada por los licántropos.

—Jacob. Seth. Es bueno verlos por aquí.

— ¡Hey, Zack! Tiempo sin vernos.

— ¿Largo día? —indaga Jacob.

—Más de lo que hubiera querido. —responde Zachary, deteniéndose a mirar a mi sobrina. El hombre inclina la cabeza hacia un costado; un gesto que encontré bastante familiar en los Lancaster. EL hombre avanzó hacia ella—.Creo que no nos hemos visto antes. Soy Zachary Lancaster. Es un placer.

—Renesmee—dice Nessie, sonriendo a toda potencia—.Renesmee Cullen. El placer es mío

Los ojos del hombre se ampliaron.

— ¿Cullen? ¿Usted es familiar de Carlisle Cullen?

—Así es. —Nessie estuvo en acuerdo con él. —Él es mi abuelo.

—Tanya también es familiar de Carlisle—.añade Margaret, pasando por alto la sonrisa tensa de Zachary—.Es su sobrina.

El shock del hombre pasa a segundo plano cuando Annie le hala del pantalón, pidiendo silenciosamente que la levante. Suspirando, su padre lo hace. La niña inmediatamente hunde su cabeza en el hombro del hombre, respirando profundamente su esencia a almendras y miel.

—Bueno, ya es algo tarde. —empieza Jacob, mirando hacia Seth—.Creo que es hora de irnos.

El chico no le siguió la corriente.

—Hubiera sido divertido que nos acompañaras al juego, Zack.

—Será la próxima, Seth—.una sonrisa cansada aparece en su rostro cuando lanza la mirada alrededor de la habitación—.Me retiro. Ya es hora de que mi princesa se acueste. Espero verlos pronto nuevamente.

Jack hizo un sonido, similar al de una carcajada mal contenida. El oficial levantó las manos inmediatamente en señal de rendición ante la mirada ceñuda de su hermano. Me daba la impresión de que mi paciencia no era la única que es puesta aprueba por el oficial.

Ignorando la tensión en el ambiente, Annie extiende su mano hacia mí, llamándome. Me acerque a ella, atraída hacia la descuidada ternura que me apretaba el pecho.

— ¿Cuándo volverás? —susurra como si aquello fuera lo más natural del mundo.

—Ya veremos—no puede arriesgarme a prometer aquello. Menos bajo la mirada especulativa de los presentes—.Dulces sueños, princesa.

La niña sonrió alegre de todos modos.

—Buen viaje, Tanya—se despidió, retorciéndose en los brazos de su padre mientras éste subía las escaleras—.Nessie, la próxima vez te enseñaré la coreografía de la escuela. ¡Nos vemos luego, chicos!

—Cielos, es tan ruidosa...—suspira Margaret con adoración antes de mirar a Jack—.Se parece tanto a ti.

—Pobrecita. —dice Jacob entre dientes.

Jack rodó los ojos.

— ¿No te estabas yendo, Judas?

Después de un regaño y una invitación a regresar cuando deseamos por parte de la Señora Lancaster, llegó el momento de irnos. La verdad es que me sentía física y emocionalmente agotada. Ni si quiera podía sentir la quemadura en mi garganta ahora mismo.

Jack nos acompañó en silencio hasta el Jeep y abrió la puerta del conductor para mí. Era una señal de generosa caballerosidad, pero también una invitación para abandonar la propiedad rápidamente. Me crucé de brazos y su mirada se encontró con la mía.

—Esto no se ha terminado, Jack Lancaster.

El oficial abrió su boca como si fuera a decir algo, pero pareció cambiar de opinión. Se movió lentamente, inclinándose hacia mí. Sus intenciones eran obvias pero mi cuerpo se engarrotó. Fui incapaz de reaccionar a pesar de verlo venir. Presionó sus labios en mi pómulo, el toque breve y sin embargo, completamente sorprendente. Forzó mis ojos a ampliarse mientras se alejaba.

—Recuerda traer cambio la próxima vez, Tanya.

Mi mandíbula se desencajó; dejándome incapaz de hablar. Sonriendo, el oficial se dio la vuelta para despedirse del resto de sus invitados. No pude quitarle los ojos de encima mientras caminaba hacia la casa irradiando felicidad a su paso, pero en algún momento había puesto mi mano en la mejilla helada. La piel hormigueó y una aterciopelada y cálida manta me envolvió el pecho.

En una sola noche el ardor de la molestia pasó a ser una alarma amarilla de precaución, la quemazón de la sed pasó a segundo plano, y esta calidez suave y placentera que se extendía a cada parte de mí ahora mismo era definitivamente una alerta roja. Ese calor era desconocido pero tenía el presentimiento que era más peligroso que cualquier otro.