DISCLAIMER:
Esta historia está basada en el cuento "EMBRUJO", que se publicó en la revista "ROMANCES", del mes de julio de 1951, escrito por la autora CARMEN G. GONZÁLEZ DE MENDOZA, conocida también, como MARIA DEL CARMEN GARRIDO (wikipedia)
Los personajes del manga y anime "INUYASHA" pertenecen a RUMIKO TAKAHASHI.
De la colección de revistas "ROMANCES" de mi Abuela, esta segunda adaptación, que espero que les guste...
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Los latidos del corazón de Kagome, eran audibles, incluso para quien no poseyera un oído agraciado como un youkai.
Sesshomaru sintió una honda satisfacción al notar cada signo de sorpresa en su semblante: sus ojos dilatados, la ausencia de color en su rostro y sus labios, aquellos que temblaban ligeramente, conmocionados; su respiración entrecortada, el temblor y el aroma a miedo y ¿desesperacion, tristeza?...
_ ¿Qué quieres decir? No logro comprenderte Sesshomaru…
Su voz salió como un susurro, a media voz, dejándose caer abatida sobre los esponjosos almohadones, en los que momentos antes ahogaba sus gritos de placer.
El aturdimiento no la dejaba pensar con claridad, todo tenía que ser una terrible mentira, un juego macabro de su cerebro, pues debía de ser una alucinación el nombre que había salido de los labios de aquel al que había declarado su amor, apenas un instante atrás.
_ Además de perversa, eres cínica Kagome… ¿quien si no tu eres la culpable de la muerte de mi hermano?, de aquel pobre desgraciado que creyó alcanzar la felicidad y puso todas sus esperanzas de una mejor vida, en ti.
Su risa frenética, salía desquiciada de aquella alma con sed de venganza…
_ Por tu causa yo perdí todo lo que me quedaba en el mundo…
Se sentó, abatido, frente a ella que le escuchaba atónita, mientras su cuerpo temblaba, pues el frío del dolor poco a poco comenzaba a colarse en su interior… tenía miedo, mucho miedo, al fin iba a conocer a Sesshomaru en realidad.
_ Desde que nació Inuyasha comprendí que había nacido en la época y el lugar equivocados, muchos juraban que incluso, en la familia equivocada, pues aseguraban que era una deshonra para los Taisho, que un Hanyou hubiera nacido en sus familias, pues Izayoi había quedado imposibilitada para tener un hijo más y que este, tal vez fuera un youkai completo.
En un principio yo también lo rechazaba, queriendome sentir avergonzado de él, pero poco a poco hizo todo por ganarse mi respeto y mi cariño, incluso mi protección, pues enfrente a aquellos que quieren denigrar la sangre de mi familia en él.
Gracias a Inuyasha volví a tener una familia.
Pero para nadie era un secreto, que yo había heredado todos los privilegios de mi estirpe y él todas las desgracias, pues era tratado peor que un apestado, siendo menospreciado y humillado a nuestras espaldas, sufriendo en silencio de golpizas y abusos que otros youkais le propinaban.
Vivía encerrado en la Casa de la Luna, estudiando, siempre leyendo, demostrando así su gran inteligencia, que siempre trataba de hacerle ver, a mi manera.
Los años pasaron y los siglos también, y cuando sintió que él mundo estaba cambiando, se aventuró a un viaje por su cuenta, pero solo llegó hasta Italia, sintiéndose enfermo, ansioso, pasandola muy mal, pues a pesar de todo, el mundo seguía rechazando a los de su estirpe.
Creo que fue en esa ocasión la primera vez que me atreví a reprenderlo con dureza, siempre había sido estricto en sus entrenamientos, incluso en mi trato, pero aquella vez estaba harto y quería hacerlo reaccionar, atacando, sometiendolo, dando un ultimátum a su comportamiento.
Y yo pensé que había funcionado… él se mostraba como un reflejo de mi, soberbio, algo arrogante, orgulloso de su estirpe, sin darme cuenta que solo había sido una máscara a aquella alma retorcida y dañada, que tenía una herida que jamás sanaba.
Y así fueron transcurriendo los años, hasta este nuevo milenio; las cosas parecían ir bien; Inuyasha se había convertido en un excelente escritor y periodista, su antigua tristeza y amargura tenia mucho sin dejarse ver, haciéndonos sentir tranquilos a mi madre y a mi, pues sentíamos que al fin su vida se había encausado y los tiempos habían cambiado al fin, encontrando su lugar en el mundo.
Yo me había comprometido con Kagura, y meses después él nos sorprendió de nuevo con la decisión de irse a vivir por su cuenta a Nueva York.
Supe desde el primer momento, que mi compromiso había tenido mucho que ver, y aunque traté de disuadirlo, él con una sonrisa y asegurandome que todo estaba bien, me convenció de ir al otro lado del mundo.
A los meses supe por primera vez de ti, que se había enamorado de una hermosa cantante de Ópera, a la que había conocido en fiesta de algún socialité de Nueva York, hablando maravillas de ti, de lo hermosa e inteligente que eras y de la profunda impresión que habías causado en él.
Estaba ilusionado y bien sabía yo que no tardaba mucho en decirme lo mucho que se había enamorado.
Pero solo un par de meses después, él regresó a Japón al enterarse de mi fallido compromiso.
Pero volvió distinto, pues su carácter opaco y triste, se asomaba de nueva cuenta, acentuándose después de tantos años.
Pasaba en su habitación, buscando la soledad, o mirando su celular continuamente mientras estaba con nosotros.
Un dia no pude resistir la tentación y lo aborde francamente.
"_ Te noto extraño, Inuyasha, ¿Que te sucede?..."
Su hermano se había ruborizado, pero no dijo nada, demostrando que algo lo avergonzaba y lo mantenía intranquilo; pero permitiria que él se abriera a mi, asi que no insistí mencionando mis sospechas.
"_ No era mi intención preocuparte, hermano… simplemente necesitaba meditar lo que siento, pues estoy enamorado, intensamente enamorado y… voy a casarme."
Yo estaba acostumbrado a su carácter romántico y a las extravagancias del soñador y poeta que era; él tenía una idea del amor, distinta a la mía, pues me sabía frío y ecuánime a la hora de dejarme llevar por aquel sentimiento, tan distinto de él, por eso me sorprendió no sentirlo tan seguro al darme aquella importante noticia.
"_ ¿Y ella lo sabe?... ¿como dijiste que se llamaba?... Kagome LeBlanc si no me equivoco, la cantante de Ópera."
Lo note inseguro, un poco nervioso.
"_ Bueno… aun no se lo he pedido, pero si estoy seguro de mis sentimientos y también de los de ella… ¡y es maravillosa Sesshomaru! mi ideal de mujer hecho carne, la mujer soñada en todas mis tristes noches, y a la que amo con todo mi corazón…"
Le corte aquella perorata que me parecia ridícula, con brusca sequedad.
Algo dentro de mí, intuía que aquel amor era unilateral, sintiendome irritado sin saber porque.
"_ A mi no me interesan las ilusiones de tus sucias noches de soledad, quiero saber que siente ella, qué opina de tu posición social, si es humana o youkai…"
_ No seas anticuado Sesshomaru y deja de preocuparte tanto por mi… se que no te agrada, que no confías ni tantito en que ella pueda estar a la altura de mis sentimientos… que esperas que no sea confiable… _ titubeo apenas, pero escondio aquello que no quería dejar ver, con entereza _ pero, aun si no cuento con tu aprobación, yo la quiero, ¿entiendes?, es la única mujer que ha hecho vibrar mi interior, y no estoy dispuesto a renunciar a ella por nada del mundo… por nada, ni siquiera por ti hermano.
Lo creía iluso, y aunque sabía que algo me ocultaba, diversas emociones me invadieron después de sus palabras crudas y sinceras, dándole el privilegio de la duda… llegado el momento la conocería y sabría juzgarla.
Sesshomaru se puso de pie sin mirar a Kagome, mientras a ella la recorría un fuerte escalofrío que la hizo estremecer.
Pero ignorándola, se dirigió a la cantina, donde se sirvió un vaso doble de whisky, el que bebió de un solo trago, sirviéndose de nueva cuenta, antes de girarse y enfrentarla de nuevo.
_ En verdad deseaba que realmente hubiera conocido aquel amor del que siempre leyó, pero los meses me darian la razon de ti, Kagome LeBlanc, solo te habías atravesado en su vida para volverla caótica y conseguir de él lo que querías, pues jamás fue el mismo desde que se fuera a Nueva York y comenzara aquella relación, que creía perfecta, a tu lado.
Hablábamos cada vez menos y muchas veces terminaba frustrado de ver lo equivocado que estaba, lo ansioso que estaba por complacerte en cada capricho tuyo, llegando incluso a admitir, que tenias una personalidad algo frívola y distendida, pero poniendo todas sus esperanzas en ti, pues decía conocerte, y sabía de aquel lado tierno y dulce que se completaba con él.
Pero aun asi, estuvo dispuesto a gastar la mitad de su herencia, en una costosa casa en Nueva York y en una ridícula boda, a la que ni siquiera quiso invitarnos, renegando de su propia familia, haciendo a un lado el apellido Taisho.
Mi orgullo me hizo odiarlo y renegar también de él, juzgandolo malagradecido e ingrato, pero de haber sabido el desenlace de todo esto, me hubiera obligado a viajar a Estados Unidos y obligarlo a ver la realidad, aun si con eso tuviera que ¡acabar con tu vida!...
Se había acercado a su rostro, apoyando ambas manos sobre el colchón, a cada lado de ella, elevando su youki, peligroso como la Bestia herida que era.
Y Kagome lloraba quedito, sin poder apartar la mirada de sus ojos, fascinada, atemorizada…
Pero él se apartó nuevamente, acercándose al ventanal de aquella cabaña desde donde se veía la ladera nevada de la montaña contigua.
_ Pero aun creyéndolo perdido, él regresó… Yo me había negado a verlo en un principio, pero mi madre estaba preocupada y me había rogado que dejara a un lado mi enojo y hablara con él, pues lo desconocía.
Sabía yo que seguramente había regresado con el corazón roto y estaba preparado nuevamente para el Inuyasha depresivo y taciturno que ya conocía, pero nada me prepararía para lo que vería, pues incluso físicamente había cambiado.
Su aspecto lucía derrotado, muerto en vida, su rostro arañado en algunas partes, hecho por sus propias garras, su largo y negro cabello cortado de manera dispareja, como castigándose con furia.
Sabía que sus ojos habían llorado más de lo que hubiera querido admitir, no comía y apenas bebía, pasaba los días en esta cabaña, pensativo, mirando al infinito o en el palacio, encerrado en su habitación.
¿Que hacia tantas y tantas horas aquí? ¿que pensamientos enturbiaba poco a poco su mente? ¿que dolor le mordía el alma, como para dejarse vencer de aquella manera?... yo había pensado en un desengaño amoroso, pero mi intuición me hacía pensar que algo más allá lo había sumido en ese estado.
Paso tres meses en aquel silencio autoimpuesto, y de repente una noche bajó a la hora de la cena, bañado, afeitado y con un corte de cabello decente, nuestra madre estaba feliz, pues sentía que al fin había recuperado el ánimo de continuar.
Pidió cada uno de sus platos y postres favoritos, y él ninguno rechazo, pidiendo perdon a su madre por preocuparla todo ese tiempo, y reverenciando, rogando mi perdón.
Pero yo había olvidado todo, mi preocupación había sido mayor y en aquellos momentos me sentía feliz de verlo de nuevo recuperado, así que esa noche bebimos sake e hicimos planes para salir a esquiar al día siguiente.
Este siempre fue su deporte favorito, ¿lo sabias?, y era tan bueno como yo descendiendo de cualquier montaña o ladera.
Aquella vez quise subir junto con él y bajar a su lado como antaño, compitiendo uno con otro, pero me rogó que lo esperara aquí mismo y lo dejara descender solo aquella vez, para demostrarme que seguía siendo igual de bueno que siempre; y no me molesto su petición, pues sabía que era una de sus manías, empoderarse frente a mi esquiando de manera arrogante, haciendo alarde de sus habilidades.
Me abrazo mas fuerte que otras veces antes de irse.
Desde aquí segui cada movimiento de su ascenso, sintiéndome tranquilo pues iba con una sonrisa en el rostro, como antaño, pensando en lo mucho que estaria disfrutando ese momento.
Una vez en la cumbre, Inuyasha, se había quedado quieto mirando al infinito, y no entendía en esos momentos, porque no podía despegar la vista… de pronto cayó de rodillas, como vencido por el peso de todo el mundo, bajando la cabeza, mientras hablaba para si mismo, pues yo en la lejanía lo veía mover los labios sin saber lo que decía.
Un escalofrío intenso invadio mi cuerpo, adivinando quizá lo que venia, pero temia moverme y equivocarme, provocarlo, asi que solamente continue mirando.
Vi como Inuyasha se puso de pie y adivinando mi mirada, fijó sus ojos en mí, sacando una carta de sus ropas y guardandola en el bolsillo cerca del corazón, como asegurándose de que supiera donde iba a estar, y sacando una pistola, se acercó peligrosamente al acantilado, disparandose, quitándose la vida, mientras un dolido rugido brotaba de mi alma, viéndolo despeñarse, muerto.
Rompí el tratado youkai, después de no se cuantos años, volando velozmente hasta donde estaba su cuerpo maltrecho.
Lloré como jamás lo había hecho, abrazado a su cadáver, por horas o minutos, ¡no lo se!, pero cuando la primera oleada de dolor, logró asentarse, recordé la carta que me había mostrado y busque desesperado entre sus ropa, pues solo asi sabria que lo había orillado a semejante decisión.
Sesshomaru se acerco a ella nuevamente, gruesas lágrimas corrían por su rostro, lanzando la carta póstuma de Inuyasha Taisho Asano.
_ Jure lleno de rabia ante el cadáver de mi hermano, que vengaría su muerte, y que haria pagar a aquella que le destrozó la vida, utilizando las mismas armas que utilizó para destruir a Inuyasha…
El dolor era grande y ponerlo en palabras había sido una prueba demasiado fuerte; Sesshomaru se sentó en aquella cama, recargando sus codos en sus rodillas, mientras cubría su rostro y trataba de no llorar frente a ella.
Kagome tomó aquella carta, curiosa de saber cuáles fueron las últimas palabras de aquel ser atormentado que había sido una víctima y victimario, en aquella trágica historia.
"Sesshomaru, hermano, perdóname:
Ya la vida venía siendo aborrecible para mí desde muchos años atrás… pero ella terminó de arruinarla para mi, pues mi amor por ella, lejos de brindarle paz y hacerme ver lo bello de la vida, solo ha logrado que la pasión me lleve al arrebato, que mi espíritu se contamine en sed de destrozarla… y al no poder domeñar estos sentimientos, he pecado en contra de lo único bueno que conservaba en mi vida, tus enseñanzas y ejemplos, convirtiéndome en el ser más ruin del universo.
Pero fue más fuerte aquel cariño ciego que me arrastraba por ella que mi propia voluntad… ¡Oh hermano!... me maldigo y la maldigo, pues a pesar de todo no sabré vivir sin las migajas de su amor, pues su amor completo jamás fue para mi… y bien lo supe un día, cuando "ellos" ignorando mi presencia, confesaban su cariño, desnudos, bajo las sábanas de mi propia cama.
Algo dentro se rompió, mi vista se torno roja y mis garras y colmillos crecieron con sed de sangre, asustandome de mi mismo, tratando de volver a la realidad, aunque mi corazón se hubiera quebrado como frágil cristal…
Y entonces ella me vio y lejos de sentir culpa (tal vez yo la hubiera perdonado de ser así), se burló de mi cariño, humillandome, arrojando a mi rostro frases hirientes de desprecio, sobre mi defecto e inferioridad física al haber nacido hanyou, y de la cual se avergonzaba, sobrellevando solo por el dinero que obtenía de mi.
¿Y de que podía culparla, si yo mismo me sentía igual?... ¿que podía reprocharle si solo de sus labios salían verdades?...
Clave con fuerza mis garras, en las palmas de mi mano, para no gritar de angustia y de impotencia al ver salir al amante de ella y todavía ver como, desvergonzada, lo despedía en el marco de la puerta… y como un cobarde me oculte en la biblioteca, donde llore en maldito silencio, ¡si! como un maldito cobarde, pues a pesar de todo tenía miedo a que me escuchara y huyera de mi lado, abandonandome, llevándose con ella, aquel corazón que en el pasado creyera mio.
Te asombras de mi despreciable conducta ¿verdad hermano?... debí ser el macho que tu siempre fuiste, tajante y decidido, y echarla de mi casa con solo lo que llevaba puesto… ¡pero no pude! mi mente se negaba a ello, estaba dispuesto a conformarme con las migajas de su amor.
Pero aun asi me abandonó, llevándose todo el dinero que estúpidamente te pedí para seguirla complaciendo, despojandome de todo, incluso de la poca decencia que conservaba, convirtiéndome en un verdadero monstruo… dándome cuenta que el ser grotesco que creía ser solo por haber nacido hanyou, se había convertido en mi realidad, pues la desesperación por perderla me llevó a ello.
En Nueva York han quedado mi casa y mis últimas pertenencias, incluyendo aquel diario que siempre escribiera y el cual me gustaría que quemarás sin llegarlo a leer, pues siento una infinita vergüenza por los que fueron mis últimos días en esta vida.
Los quiero mucho a ti y a mi madre, a la que solo lamento cuanto la hare sufrir… pero sobre todo a ti… perdóname, hermano, y ruego a Dios que aparte de tu camino una mujer semejante a ella.
Adiós Sesshomaru, por favor no censures mi cobardía y oculta toda la verdad ante mi madre, no soportaría su decepción desde el más allá.
Un abrazo fuerte, rogando tu eterno perdón…
Inuyasha T. Asano"
La joven había quedado anonadada, muda en aquel silencio que se rompía en el crepitar de la chimenea.
Lloraba, por Sesshomaru, comprendiendo todo el dolor que había tenido que soportar todo ese tiempo, lloraba por sí misma, pues sin querer había quedado involucrada en aquella cruel historia, siendo solo una victima mas de aquella maldad que había arrasado con la vida de Inuyasha, por el que también lloraba, pues todos esos años había guardado un profundo rencor hacia él y hacia lo que había hecho con ella; pero había sentido pena por él, la culpa de todo solo la había tenido aquella Kagome LeBlanc de la que había creído estar enamorado.
Su alma estaba herida en esos momentos, pues había descubierto que el amor que Sesshomaru decía tener por ella solo era una farsa, un montaje para conseguir aquella venganza anhelada.
Pero aun así, le dolía verlo abatido, creyendo lo peor… y decidio que debia sacar fuerza de donde no creía tener y rescatarlo de aquel abismo, contarle la verdad que ella sabía de aquella cruel historia. Limpiar su nombre.
Como pudo, se levanto de aquella cama, a pesar del dolor físico que sentía por el shock de aquella noche; se había enredado el cuerpo en la blanca sábana, y aun con lágrimas en los ojos, solo podía mirarlo con compasión y amor, a pesar de las ofensas recibidas segundos antes.
Era terriblemente trágico ver a aquel príncipe tan fuerte y tan poderoso, agobiado bajo el peso de un dolor sincero y cruel que le desgarraba el alma.
Se acercó despacio, y posando con temor y dulzura sus temblorosas manos, intentó consolarlo, sin saber exactamente lo que hacía.
_ No… no te acerques a mi… tu contacto me atrae y me repugna al mismo tiempo; seguramente de esta misma manera acariciabas a Inuyasha, sin siquiera quererlo.
Se dejó caer sentada al suelo frente a él, llorando derrotada, pues nuevamente el recuerdo de su violación la azoto.
_ ¿Porque eres tan cruel Sesshomaru?...
_ ¿Cruel?... si acaso podría ser llamado, justo, ¿acaso crees que exagero al calificar tu conducta?...
Sesshomaru la miraba hacia abajo, sin dejarse conmover por aquellas lágrimas que lucían sinceras, seguro que solo eran sus dotes de actriz de opereta, artimañas para sumergirlo de nuevo en su Embrujo.
_ No Sesshomaru, no pienso que exageres, pero si que estas equivocado…
_ ¡¿Qué quieres decir?!...
La calma de Kagome lo exasperaba, pues había esperado verla alzarse iracunda, negando aquella tremenda acusación, dándole la razón con sus actos, y no de aquella manera, casi sumisa, que a su pesar, lo desarmaba.
_ Kagome LeBlanc soy yo…
_ Y por eso te aborrezco…
Fue dicho con tanto odio, que el sentimiento de pérdida y dolor la hizo estremecer; pero tenía que continuar…
_ No me interrumpas Sesshomaru, pues tu no sabes nada, y aquella mujer a la que tanto aborreces, no soy yo, si no mi hermana gemela, Kikyo LeBlanc…
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De pronto la inspiración llegó… y siento que no se irá en un tiempo…
Gracias por continuar leyendo… gracias por sus hermosas palabras…
Un abrazo Supercalifragilisticoespialidoso hasta donde estén…
YOI MINO
