𝕊𝕥𝕒𝕟𝕕 𝕓𝕪 𝕞𝕖
Sintió un severo escalofrío recorrer su brazo al tomar el pomo de aquella puerta que le separaba de él. Tomó una gran bocanada de aire que le provocó una rara sequedad en la garganta, estaba tan nervioso que podría jurar que sufriría un desmayo.
Sorpresivamente esa lámina de madera no provocó ningún rechinido al ser abierta, se dio paso para hallar la imagen mas desgarradora que había podido ver en su vida. Las luces bajas de la habitación daban un aire de ultratumba, algo así como estar en el limbo. Entre la vida y la muerte...
Observó de lejos a aquel moreno postrado en cama y con un sinnúmero de aparatos monitoreando su respiración y ritmo cardíaco, caminó un par de pasos cerrando la puerta a sus espaldas. Realmente tenía miedo; tenía miedo de que su peor pesadilla se hiciera realidad, de no poder ver más aquellos ojos de selva virgen.
—Berthy...—murmuró con la esperanza de que pudiera oírle y despertar—. ¿Cómo fui capaz de meterte en esto?—dijo mientras dejaba sobre una pequeña mesita el arreglo floral y aquel artefacto que había mandando a elaborar especialmente.
Su corazón se estrujó al ver el deplorable estado en que se encontraba su amado, se acercó por el lado izquierdo y le acarició suavemente la mejilla; estaba un poco cálido. Sólo pudo atinar a dejar un beso en su frente. Quería decir tantas cosas...
No pudo evitar que las lágrimas bajaran lentas por sus mejillas llegando hasta humedecer su barba, arrastró una silla hasta quedar nuevamente a la izquierda de Bertholdt, tomó su mano con sumo cuidado, y una expresión de sorpresa se apoderó de su rostro; estaba más delgado de lo que recordaba. ¿Cuánto tiempo había estado ahí?
Se levantó de un respingo y buscó aquello en los que los doctores anotan el estado del paciente—. Mierda...—maldijo por lo bajo. Un mes..., un maldito mes en coma mientras Reiner se ahogaba en alcohol.
—¿Cómo fui capaz de hacerte esto?—se auto reclamó. Pasó una mano por su frente tratando de sosegar su atribulada mente, realmente se sentía culpable. Parecía un león enjaulado caminando de lado a lado en la habitación—. Perdóname, por favor—dijo entre sollozos, se acercó algo dubitativo hasta donde estaba aquella silla que él mismo había posicionado anteriormente y se dejó caer, tomó la mano de Hoover entrelazando suavemente sus dedos con aquellos casi inertes—. Yo te amo y sólo quiero que me permitas ver tus hermosos ojos otra vez—se sinceró a la vez que le dejaba suaves besos en el dorso—, en estos días descubrí que mi vida sin ti no tiene sentido—por un momento sonrió al percatarse que Bertholdt aún llevaba aquel hilo carmesí colgando de la muñeca.
Seguramente era el destino que ponía a prueba su fortaleza, pero simplemente estaba tan cansado... ¿de qué?... De cargar con una enorme cantidad de problemas, de lucir una aparente armadura impenetrable, pero en el fondo ser él, con más defectos que virtudes, de ser ese hombre idiota y mentiroso...
—Perdón—seguía repitiendo aun sostenido de esa delgada mano—, te prometo que me haré responsable de todo—propuso—, si es posible comparé un planeta entero para que puedas vivir feliz. Aunque sea sin mí.
Suspiró por enésima ocasión, tenía miedo, y mientras más tiempo pasaba en esa habitación, más se incrementaba su desespero. Realmente le dolía el alma de una manera literal, sentía que su pecho podría explotar por la manera en que latía su corazón.
—No te dejaré ir—dijo por último, seguido se acercó y dejó un suave beso en la comisura del labio del chico que yacía en cama, porque aún recordaba aquella hermosa costumbre.
—Gracias—murmuró mientras le dejaba un pequeño beso en la comisura del labio. Porque la confianza en este par había ascendido a niveles siderales.
—¿Sólo eso?—cuestionó en referencia al vago contacto, entonces Reiner se acercó nuevamente para comerle la boca lentamente mientras posaba sus manos en la cintura del más alto. Un beso lento con total parsimonia, tomándose el tiempo para saborear la dulzura de los labios ajenos, con sus lenguas jugueteando entre si. Se sonrieron al separarse como un par de adolescentes enamorados—. Así está mejor—comentó rozando con su pulgar el labio inferior del de ojos mieles.
Después de haber entablado una charla tan sincera y de que su memoria fuera azotada por los recuerdos, se sintió un poco liberado y a la vez muy triste, salió de la habitación para toparse con el padre de aquel muchacho.
—¿Todo bien?—cuestionó el señor de cabellos grisáceos al ver la cara de tragedia que traía Braun al salir.
—Sí—contestó el rubio con notable desánimo, se acercó un poco más al mayor—. Quiero que sepa que cuentan conmigo para lo que sea, no sienta pena de contactarme a cualquier hora. Yo siempre estaré disponible para Berthy.
—Me alegra oír eso, muchacho—sonó un tanto repuesto—. Siempre creí que mi hijo no tenía amigos, él es un chico muy reservado y tímido—reveló—, además de que tiende a alejar a las personas.
¿Tímido?
¿Acaso sus padres le conocían?
O es que había cambiado por aquel publicista.
—Vaya, no tenía idea—comentó el de ojos mieles—, pero el siempre fue muy extrovertido cuando estuvimos juntos.
—Te repito, debiste ser alguien muy especial para él...
Reiner se aseguró de dejar todo en calma con los progenitores de aquel moreno, compartió su número de teléfono con la excusa de que podrían necesitarlo en cualquier momento, igualmente se ofreció a ayudar con los gastos de la clínica y con la recuperación; era lo menos que podía hacer por el amor de su vida.
El reloj señalaba las tres con cuarenta y cinco minutos de la tarde y él estaba dispuesto a decir todo, absolutamente todo lo que traía guardado. Toda la verdad.
Se había citado con Ymir para charlar sobre lo que ella sabe...
—Bien—habló la morena—, vamos al grano. ¿Qué vas a decirle?
—Pensaba ser directo—comentó mientras se masajeaba el puente de la nariz, realmente mas que querer se sincero, necesitaba serlo—, y decirle lo que esta sucediendo.
—¿Sabes que le romperás el corazón?
—Estoy consciente de eso—respondió el rubio—. Se muy bien que ella no merece ser engañada de esta manera, no merece que nadie la haga sufrir.
—Entonces no lo hagas tú—touché. Ymir tenía razón.
—¿Acaso quieres que ella viva en un hogar sin amor, con un esposo que no la valora como debe ser?—y él se conocía tan bien, sabía que iría tras Bertholdt sin importar nada, sin interesarle perder su matrimonio.
—No...—negó la pecosa con casi un hilo de voz—. Pero ella está a punto de llegar y cuando entré por esa puerta tú deberás afrontar la responsabilidad—¿más responsabilidades? De todas maneras a Fritz le convenía que Braun fuera un idiota, así que le dejo ser como es.
—Lo sé.
La verdad es que no tuvieron que esperar demasiado, puesto que aquella bella muchacha llegó casi al instante como caída del cielo.
—Hola—saludó algo sorprendida por encontrar a ese par sentados con tranquilidad y no peleando como perros y gatos.
—Historia, ¿recuerdas que te dije que Reiner quería hablar contigo?—introdujo la castaña viendo como su amiga sólo asentía con la cabeza.
—Me están asustando—habló la rubia.
Reiner se levantó de su asiento para permitir que su "prometida"tomara el mismo—. Historia yo no se como iniciar...—él estaba muy seguro de que la realidad, pero el problema eran esos enormes ojos azules que le miraban fijamente—. ¿De verdad te quieres casar conmigo?
—¿A qué te refieres?—inquirió Reiss.
El de ojos mieles se rascó la cabeza como tratando de buscar esa frase correcta para expresar todo—. ¿Por qué aceptaste mi propuesta de matrimonio?
—Pues...—la más baja sonó dubitativa—. Mi padre me dijo que lo hiciera—reveló mientras se encogía de hombros. A todo esto, Ymir sólo era una espectadora, una muy sorprendida espectadora.
—¿Y tú de verdad quieres hacerlo?—he ahí la pregunta.
—No lo se—y para ser sinceros ella tampoco sabía lo que quería realmente—, siempre quise tener la boda de mi sueños y formar una familia también...
—¡Krista!—exclamó la castaña con un deje de enojo camuflado a manera de regaño—. ¿Tú amas a este hombre sí o no?
Reiss palideció ante tal interrogante, su corazón por poco y sale disparado por su boca; había quedado sin argumentos—. P-pues yo no lo se, t-todo es muy c-confuso.
—Historia, yo no quiero que ésto llegue más lejos y menos si se construye sobre mentiras—se sinceró el fornido—. No creo que pueda llegar a amarte...
—¿Y ahora que le diré a mi padre?—espetó la de luceros zafiros—, de seguro se sentirá decepcionado de mí.
—Krista... no tengo derecho a decirte cómo vivir. Así que este es solo... un deseo mío. Vive tu vida... con orgullo—manifestó Fritz. Realmente la ama—. Pase lo que pase yo estaré aquí para ti, jamás te abandonaría.
—Ymir...—susurró la rubia—. Gracias—dejo salir dese el fondo de su alma—. Reiner—ahora se dirigió a su ex prometido—, eres libre de amar a quien quieras, al igual que yo ¿no es así?
— Así es—concedió el de ojos mieles—, sinceramente deseo que seas muy feliz.
Al final eso era todo, decir la verdad fue menos aterrados y difícil de lo que parecía. Liberar aquella presión en el pecho realmente era necesario.
Salió de aquel lugar con los ánimos a tope, ahora solo queda esperar a que aquellos ojos verdes se abran nuevamente al mundo. Llegó a su casa y decidió que el primer paso para re-ordenar su vida era limpiar su hogar. Y sin una pizca de pereza se dispuso a realizar los quehaceres. En menos tiempo de lo que creyó posible ya había terminado las tarea; que eficiencia.
Las horas en soledad pasan terriblemente lentas, la mente divaga recordando buenos y malos momentos y cuando menos lo esperas estas llorando como un bebe; precisamente así estaba él.
—Dios...—murmuró mientras secaba aquel rastro de dolor que bajaba lentamente por sus mejillas—. ¿Por qué?—cuestionó al aire—. ¿Porqué no fui yo?—y en ése momento deseó poder cambiar de lugar con su amado. Ser él la persona que sienta el dolor que es tener las costillas rotas, ser él quien no pueda abrir sus ojos por alguna desconocida razón. Realmente se sentía culpable.
Sabía muy bien que no iba a poder dormir esa noche, pues su mente le estaba haciendo sucias jugarretas. Tomó su teléfono celular para marcar un número específico...
—¿Sí?—contestó un hombre al otro lado de la línea.
—Hola señor Hoover, es Reiner—saludó de manera formal—. ¿Puedo cuidar a Bertholdt esta noche?
—No es necesario, muchacho—detuvo el mayor, realmente se oía cansado.
—Para mi no es ninguna molestia—reveló el rubio—, además me encantaría estar ahí para cuando él despierte—y con todo el corazón deseaba que eso pasara.
El mayor dejó escapar un largo suspiro—. Bien—concedió.
—Gracias por permitirme cuidar a su hijo—expresó Reiner.
—Gracias a ti—despidió el señor Hoover.
Rápidamente, Braun se dirigió a preparar sus cosas y un atuendo apropiado para pasar la noche en un hospital. Arregló una pequeña maleta de manos con lo necesario; cepillo de dientes, pasta dental, algo de colonia, un peine y algunas cosas más.
Salió de su hogar con todo a cuestas, y ahora iba a bordo de su automóvil pensado demasiadas cosas. Condujo unos cuantos kilómetros, observando como el sol se perdía tras los edificios, apreciando como el ocaso aparecía justo frente a sus ojos.
Llegó directamente hasta aquella habitación situada en el tercer piso del nosocomio, despidió a los dos adultos mayores y sd adentro tras el umbral.
—Hola amor—dijo mientras se acercaba a Bertholdt—, vine a cuidarte esta noche—comentó mientras le acariciaba la frente y las mejillas—. Espero que no te moleste si tomo tu mano.
Y antes de realizar lo anunciado se dirigió a la mesita donde había dejado aquel presente especial, lo tomó entre sus manos, seguido acercó una silla a la camilla, tomó asiento y entrelazó sus dedos—Sabes algo—agregó—, tengo algo que darte justo ahora—dijo mientras abría la pequeña caja en la cual relucía un hermoso aro de color dorado—. Se que no es mucho, pero es una muestra sincera de mi amor por ti—entonces lo colocó en el dedo anular de la mano que sostenía con tanto cariño—. Te amo.
Recostó su cabeza cerca del muslo de Hoover, el rubio acariciaba suavemente aquella extremidad por sobre las sábanas que le cubrían del frío—. Despierta por favor—pedía en voz baja—. Quiero oír tu voz, háblame Berthy.
One pill makes you larger, and one pill makes you small.
And the ones that mother gives you, don't do anything at all.
—Ugh—se quejó para sus adentros—. No siento el cuerpo—comentó para si mismo. Por alguna razón se sentía increíblementeliviano.
Go ask Alice, when she's ten feet tall.
En su mente sonaba su canción favorita; White Rabbit de Jefferson Airplane. Un tema sesentero psicodelico, perfecto para un viaje espiritual a un lugar sin dolor, sin tristeza. Sin nada.
And if you go chasing rabbits, and you know you're going to fall.
Tell 'em a hookah-smoking caterpillar has given you the call.
—¿Dónde estoy?—habló para si mismo en literalmente porque en aquel lugar no había un alma más que él.
And call Alice, when she was just small.
Así que así se siente estar muerto, al fin descansar, sin preocupaciones ni problemas, sin llanto ni ira, tampoco alegría ni risas. Era como estar flotando en medio de la nada, como si le hubiesen extraído todo líquido de su cuerpo.
Pero, ¿qué pasa si aún no es tu hora?
¿Qué pasa si hay alguien elevando plegarias por un milagro. Si hay aún una pequeña luz de esperanza?
Habían pasado cerca de tres horas y él no supo ni cuando ni como quedó dormido junto al regazo de Bertholdt quien mantenía su mano muy próxima a la mejilla de Reiner. El rubio dormitaba pesadamente quizá soñando como sería su vida si tan sólo él hubiese sido sincero.
Braun sintió el leve roce del pulgar del moreno contra su rostro.
—¿Liebe?—cuestionó esperanzado al sentir aquel sutil toque. El de luceros color ambarino se levantó de su asiento sosteniendo la mano del ojiverde.
El pelinegro fruncía levemente el ceño, realmente estaba luchando por despertar.
—Vamos Berthy, tu puedes—le animaba bajito acariciándole la mejilla—. Eres un guerrero cariño.
Y Aquellos orbes mieles vieron la luz más hermosa del mundo, vieron vida...
—¡Enfermera!
"Liebe". Significa "Amor".
