Muchas gracias por todo el apoyo que esta recibiendo este triste intento de historia.

Disculpen la tardanza, y lamento decir que las cosas no pintan del todo bien, por lo que no se cuando sea la próxima actualización.

Como siempre los personajes no me pertenecen, yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo XIV. Linaje.

Decir que el ambiente era incomodo sería decir un eufemismo.

A lo largo de su toda su vida, Azrael había tenido muchos momentos parecidos, y aún así no sabía que hacer en tal situación.

Después de la partida de Anna y Elsa, decidió descansar sabiendo que en poco tiempo tendría posiblemente la más grande pelea que haya tenido en décadas.

Se sento a leer un libro mientras que su nieta hacía lo mismo a lado suyo, lamentablemente la tranquilidad que le producía la mujer, se vio interrumpida por la presencia de Iduna. Pues aunque su estadía en la casa no le molestaba, no tenía contemplado el miedo que consumía a la castaña, y hacia que su instinto estuviera alerta gracias a las feromonas que rápidamente llenaron el aire a su alrededor.

La mujer estaba parada detras de ambos, con las manos enlazadas delante suyo, su mirada no se despegaba del suelo y pareciera que queria hacerse lo mas pequeña posible.

- Gracias por dejarnos quedar en su hogar. - La voz apenas era un susurro, temiendo hacer enojar al alfa frente suyo. - ¿Hay algo que desee antes de que comience a hacer los labores del hogar?

El hombre volteo su mirada hacia Minerva, como si ella no estuviera tan perdida como el en ese momento, pero ella tenía la misma mirada de desconcierto.

- ¿Labores del hogar? - pregunto Minerva.

La mujer se encogió aun mas en su lugar, y pareciera que comenzaría a llorar en cualquier momento si las miradas de ambos seguían sobre ella. Pues ella estaba acostumbrada a hacer que la casa de Runeard siempre estuviera impecable, sabiendo que si no cumplía con su deber sería castigada.

- No tienes que preocuparte por ello. - dijo Azrael controlando lo mas posible su voz. - Contratamos a una agencia que se encarga de todo lo qué hay que hacer.

La intención del alfa era hacer que Iduna se tranquilizara, sin embargo pareciera le había dicho que sufriría el peor de los destinos a sus manos, pues por un breve momento alzo su mirada para verlo a los ojos, pero casi de inmediato la volvió a bajar temblando del miedo.

No sabiendo que más hacer, le pidió con la mirada a Minerva se hiciera cargo.

Esta se levanto haciendo el menor movimiento posible, no queriendo asustarla mas. Cuando estuvo a su lado la envolvio en un suave abrazo, dejando que se aferrará a ella como si el soltarla fuera de vida o muerte.

Azrael solo vio la escena con ira, su corazón dolía como si de pronto una mano invisible la tomara entre sus garras y se le arrancara del pecho. Cuando apenas era un niño, no había persona que admirara mas que a aquella que llamaba hermana, ella era todo lo que el deseaba ser, pues pese a ser una omega, era de carácter fuerte, pero de buen corazón, cálida como la brisa de verano, una de las mujeres que mas había amado en el mundo, ella era su todo, habían prometido que ambos harian que la familia Mänen cambiara, y con suerte las demás también lo harían, pero al ver el estado en el que se encontraba Iduna y sabiendo lo que tenían planeado para Elsa, ella había hecho todo lo contrario a lo contrario a aquel sueño en el que las omegas no tendrían que sufrir a manos de las manadas.

Minerva guió a Iduna hasta que logro que ambas se sentarán en el sillón de la casa.

Después de un tiempo Iduna se tranquilizó lo suficiente como para separarse de Minerva.

- Gracias.

Minerva sonrío por el agradecimiento, pero al ver como el bello rostro de la mujer, noto los signos de envejecimiento prematuro, aunque aun no tan marcadas, eran visibles un par de arrugas alrededor de sus ojos, suponiendo eran a causa de su constante estrés, hizo lo posible para que su rostro no mostrara la pena que sentía.

- E Iduna, ¿verdad? - dijo Azrael sonriendo.

- Si, mi nombre es Iduna.

Y aunque aun no le mirara, el hecho de que le hablara ya era un avance, y aunque no quería presionar, necesitaba saciar su curiosidad.

- ¿De donde eres?

Los ojos de la castaña se aguaron, pero aun con voz entrecortada logro contestar.

- Northuldra. - por primera vez en mucho tiempo había dicho el nombre de su manda en voz alta. - Era parte de la manada Northuldra.

Por su mente pasaron miles de cosas con tan simples palabras, hasta donde sabia, los Northuldra eran de las pocas manadas verdaderamente pacificas, desde sus comienzos habían preferido permanecer en lo alto de las montañas, además de que a diferencia de las otras manadas estaban mas en contacto con su bestia interior, estaba a punto de preguntar como había llegado a la manada Arendelle, pero prefirió guardárselo para si mismo, pues podía suponer que no había sido de una manera pacifica.

En cambio comenzó a hacer aquel sonido que solían hacer aquellos que permanecían escondidos en la montaña.

(Christopher Beck - Introduction)

- Na na na heyana, Hahiyaha naha, Naheya heya na yanuwa, Hanahe yunuwana. - el paso del tiempo le hizo difícil poder hacer que su voz diera el tono correcto, y pese a ello, los ojos de Iduna se iluminaron.

-Na na na heyana, Hahiyaha naha, Naheya heya na yanuwa, Hanahe yunuwana.- Su propia voz se hizo ajena cuando continuo el canto del bosque, y su pecho se lleno de melancolía al recordar su hogar.

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La mansión Arendelle había pertenecido a la manada por generaciones, pues pese a ser una rama secundaria, eran de las mas grandes e influyentes.

En tiempos antiguos, con solo pronunciar el nombre de Mänen o Arendelle producía terror en las manadas mas pequeñas, no había nadie que se atreviera a enfrentar a cualquiera.

Sin embargo, a diferencia de la rama principal y de las demás manadas, los Arendelle, seguían teniendo entre los suyos a un gran numero de alfas, y aun mas omegas. Siendo ello el resultado de las decisiones de la matriarca de la familia, Elizabeth.

Pese a tener mas de un siglo de vida, la mujer que se jactaba de su gran poder, seguía teniendo una apariencia nada acorde a su edad, pues cualquiera que la viera, podría jurar que rondaba los treintas, de piel tan clara como la nieve, y de cabellera rubia platinada.

Sin embargo su angelical rostro, se deformó de la ira cuando uno de los suyos atravesó las puertas de su hogar cargando el cuerpo de uno de los más fuertes alfas que su manada había dado, muerto.

Juraba que cualquiera que fuera el responsable pagaría con su vida, sin embargo, cuando Frederick dijo lo que había sucedido, su cuerpo se tenso.

- ... ese hombre, se autodominio el alfa de la familia Mänen, y ejerció su derecho sobre los Arendelle.

No necesitaba escuchar su nombre para saber a quién se refería.

- Llama a todos, los quiero aquí antes de que termine el día. - Frederick veía escéptico a la mujer frente suyo. - ¡Ahora!

Corriendo abandono el lugar, haciendo lo que se le había ordenado, dejando a Elizabeth sola con sus recuerdos.

Con pasos lentos, la mujer se dirigió a su estudio personal.

Se sentó en su silla, pensando en lo que vendría, pues cuando ordenó qué trajeran de vuelta a Elsa y a Iduna, nunca imaginó que las cosas terminarían de aquella manera, quien pensaría que ambas omegas terminarían bajo el cuidado de su medio hermano. Ella no era ajena a los rumores que corrían entorno a Azrael, por lo que en realidad tenía mucho miedo, pues entre las últimas manadas, se decía que el era uno de los causantes de la desaparición de los alfas, no teniendo reparo en matar a cualquiera que tuviera el valor de enfrentarlo.

Y pese a todo lo que se decía de él, estaba segura que ella era la ultima que sabía la verdad del origen de Azrael. Pues aunque ella era hija legitima de la rama principal, el último hijo "puro" de la familia Mänen era el, siendo producto de la relación entre dos hermanos, y esa había sido la verdadera razón por la que su padre no tuvo reparos en darla para hacer un trato con otra manada, en su momento había aceptado el hecho que terminaría lejos del hombre al que amaba uniéndose a un hombre mucho mayor que su propio padre, pues aquel al que pertenecía su corazón era de la rama secundaria y no podía siquiera pensar en retar al alfa por su mano, aun con el pasar de los años se seguía preguntando que había sucedido para que ella pudiera unirse a Philip, ahora tenía una idea de lo que había sucedido, pero no estaba del todo segura.

- Azrael, ¿que hiciste?

Sus ojos azules cayeron en la fotografía que descansaba en su escritorio, aquel día ella había sido comprometida, y sin saberlo había sido la última vez que vería a su hermano.

- Supongo que los dioses no podían dejarme partir sin verte una última vez. - y vio a los ojos del adolescente que estaba parado a lado suyo. - O podría ser que no pueda irme sin pagar por lo que he hecho.