EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XV
Este capítulo contiene relato para personas adultas, así que por favor les pido que si no eres mayor de edad te abstengas de leerlo, así como a las personas que son sensibles a este tipo de lectura.
-Que tonterías dices William, no te niego que me cuesta aceptar que Dorothy sea tu esposa, pero después de ver a la señorita Gassol, es mejor una mujer sencilla pero buena a una arribista y mentirosa.
-Y que además está enamorada de mi sobrino. –La tía abuela asintió. – Tía abuela ¿Usted recuerda a Harold Simmons?
-¿Harold? Por su puesto, era un sinvergüenza amigo de tu padre, siempre me pretendió aun después de quedar viudo, yo nunca lo acepté, porque decían que tenía amoríos con todas las criadas de su mansión y se encontró a la pobre de Adelle que siempre le toleró sus deslices hasta que falleció en un terrible accidente junto a su único hijo, después de eso siguió igual de sinvergüenza, pero no volvió a casarse. ¿Por qué me preguntas por él Albert? - Dijo Elroy recordando a esa efímera ilusión que había tenido de joven pero que al pasar de los años se daba cuenta que aún no le perdonaba no haber sentado cabeza con ella, le dolía pensar que solo los coqueteos que había tenido con ella, habían sido solo eso, coqueteos.
-David me dijo algo que me sorprendió y quería saber si usted sabía algo?
-¿Qué sucede?
-David dijo que su madre trabajó para la familia Simmons muchos años.
-Yo no recuerdo el nombre de la servidumbre Albert.
-Lo sé, pero dice que Harlod embarazó a su madre y al saberla embarazada la corrió dejándola sola y sin trabajo.
-No me extrañaría Albert, ¿Cómo se llama la mamá de Dorothy?
-No me lo dijo, solo el nombre de su padre adoptivo, Edward Jones.
-¿Edward Jones?
-¿Lo conoces?
-No personalmente, pero hace mucho tu padre se enamoró de una chiquilla llamada Helen, ambos eran muy jóvenes, ella entró a trabajar con los Simmons, porque mi padre no pudo contratarla, ya tenía mucho personal. William decía que la quería, pero ella nunca pareció corresponderle, con el tiempo crecieron y ella seguía trabajando ahí con los Simmons, y tu padre conoció a tu madre y se enamoró de inmediato de ella, pero siempre guardó un afecto especial por aquella muchacha, tu madre ya tenía a Rosemary y a ti, cuando una noche vino Harold a hablar con tu padre, discutieron y salieron enojados, su amistad se fracturó, ya después William me dijo que Harold había abusado de Helen y la había embarazado, a él siempre le había gustado y mantenían un romance en secreto, pero cuando Harold se casó, Helen ya no quiso estar con él y yo creo que eso poco a poco lo hizo perder el control hasta que la embarazó, y la despidió de la mansión dejándola sola a su suerte, eso molestó a tu padre, quien estimaba aún a esa muchacha.
-¿La estimaba? ¿O la amaba? – Albert sentía cierta incomodidad el pensar que su padre había amado a alguien más que no fuera su madre.
-No William, tu padre nunca la amó, solo se enamoró cuando era muy jovencito, tan solo tenía trece años, nunca dudes que amó a tu madre, sin embargo tenía afecto por Helen. Tu padre le ofreció trabajo aquí en la mansión de las rosas, pero ella se negó por su estado así que tu padre le ayudó a ella y a sus hijos hasta que se casó con Edward Jones. – Dijo Elroy asombrada, recordando que Helen había tenido gemelos y se levantó buscando una foto que William siempre guardó, en donde aparecía su hermano William, Harold y ella en medio de ambos, era increíble el parecido y que ella no lo hubiera notado. Elroy le extendió la fotografía a Albert, quien abrió los ojos sorprendido, efectivamente David era el vivo retrato de su padre.
-¿David y Dorothy? – Preguntó asombrada Elroy, apareciendo una sonrisa de felicidad en su rostro, ya no era una simple sirviente ¡Era una Simmons!
-Al parecer sí.
-No es al parecer, David es idéntico a Harold, lo único que tiene diferente es el color de ojos, Harold los tiene azules y Dorothy y David los tienen de color café como Helen.
-¿En qué piensas tía? – Le preguntaba al verla quedar callada y con una mirada que se veía que estaba planeando algo.
-En que ya deberías de ir con Dorothy a aclarar todo este asunto.
-Tienes razón ¿Y qué harás con lo que hemos descubierto?
-No lo sé Albert, no lo sé… - Dijo muy pensativa.
-Lectura no apta para menores de edad-
Anthony cabalgaba muy lentamente con Candy, después de la celebración y pasar todo el día en el hogar festejando se dirigía con su ahora esposa a la cabaña Andrew, la había acondicionado para estar ahí, antes de regresar a Chicago, él ya tenía que entrar al hospital pero llegaría como un hombre casado, el atardecer ya estaba cayendo cuando llegaron a la cabaña. Anthony la bajó lentamente de Pegaso y la besó con mucho cariño.
-Te amo Candy.
-Yo también te amo, Anthony. – Le decía emocionada aún sin poder creer que ya estaban unidos en matrimonio y como decía la iglesia "hasta que la muerte los separe" porque ella sabía que ni eso los había podido separar.
La tomó entre sus brazos y la llevó dentro de la cabaña cargándola tranquilamente hacia la alcoba principal, donde se quedarían un par de noches, partiendo temprano el domingo para que él entrara el lunes al hospital.
Entraron a la habitación y los nervios se apoderaron de ambos, ya no eran vírgenes, pero solo una vez habían estado en esa situación y había sido todo espontáneo, pero ahora sabían a lo que iban, Anthony lo había deseado tanto, pero no quería decírselo a su amada para que no se sintiera presionada, Candy estaba igual quién soñaba con estar junto a él nuevamente.
Sus bocas se encontraban de nuevo recostándola poco a poco en la cama, mientras la seguía besando y se recostaba en ella preparando el camino para volver a hacerla su mujer, pero ahora sí como Dios mandaba.
Comenzó a desnudarla poco a poco, lentamente mientras Candy cerraba sus ojos, nerviosa y temblorosa abandonándose a las caricias que recibía del ser amado, tenía miedo, pero a la vez disfrutaba de ese contacto tan tierno y tan delicado que recibía por parte de Anthony y que le erizaba la piel y ponía en alerta todos sus sentidos.
Anthony se deshacía del vestido y del velo dejándola únicamente con su corpiño y su fondo blanco, el corpiño resaltaba su busto de una forma que él no pudo evitar suspirar al verlos, admirando su belleza, llenándose de su imagen y dejándose llevar por el deseo la besó delicadamente introduciendo su lengua en el borde del corpiño tratando de alcanzar sus delicados botones que yacían erectos por el simple contacto, aspirando su aroma, ese aroma a rosas que él le había regalado años atrás, poco a poco se fue deshaciendo del corsé hasta quitarlo por completo y quedar maravillado con la perfección de los atributos de su princesa, la vez anterior la timidez del acto le impidió ver detenidamente su cuerpo, pero hoy lo vería y lo disfrutaría y admiraría sin miedo, poco a poco se fue apropiando del cuerpo de su esposa, haciéndolo suyo por completo una vez más.
Anthony comenzaba a desvestirse para terminar de hacer el amor con su amada, regalándose a ella una maravillosa vista de su anatomía, su cuerpo era perfecto, joven y fuerte y lo que veía se anteponía a lo que hacía su cuerpo, lo hacía delicadamente, con miedo y timidez, tratando de no lastimarla, esta vez el acceso fue más libre y más placentero que la vez anterior, sintiendo esa sensación que sus cuerpos comenzaban a reconocer al iniciar el vaivén de sus cuerpos. La intimidad de Candy lo abrazaba con una calidez que le nublaba los sentidos comenzando a sentir que era ahí su lugar favorito, lentamente la hacía su mujer aumentando poco a poco los movimientos, aumentando la pasión que sentían sus cuerpos desnudos embriagados de pasión y el latir desbocado de sus corazones que se unían al compás de la misma melodía que danzaban juntos.
Candy disfrutaba completamente cada sensación que su cuerpo sentía, reconociendo que era maravilloso compartir esas sensaciones con su amado príncipe, su cuerpo se llenaba de un intenso cosquilleo que la recorría completa desde su cabeza hasta la punta de los pies, buscando la culminación de su acto de amor llegando primero al clímax que él, mientras él se entregaba en cuerpo y alma a su esposa, llegando un poco después con mayor intensidad al mismo cielo, sus corazones agitados y sus frentes sudorosas poco a poco volvían a la normalidad y la temperatura de sus cuerpos comenzaba a nivelarse, una dulce sonrisa aparecía en su rostro al ver a su pecosa feliz y enamorada, era hermosa, siempre lo había dicho pero esa noche su belleza se incrementaba en demasía, el brillo de sus ojos era maravilloso, sus pecas se oscurecían en su enrojecido rostro y sus cabellos húmedos se adherían a su frente, esa, esa era la imagen de la perfección para él, ya no era una chiquilla, era una mujer, su mujer, que le pertenecía ahora en cuerpo y alma y de la cual él estaba completamente enamorado. Candy Brower Andrew, su mujer, su esposa, su amante, su amiga, su todo, atrás quedaban las dudas, atrás quedaban los miedos, solo estaba el presente y futuro que ahora compartirían juntos, ya no estarían solos y pronto los acompañaría ese pequeño fruto de su amor, al cual amaría y defendería de todo y de todos como defendía a su madre, con su propia vida. Lo más importante del mundo para él era su pequeña familia, su esposa, su hijo y él, una pequeña familia que recién nacía. La miró nuevamente impregnándose de esa perfecta imagen sintiendo la necesidad de fundirse nuevamente en ella besándola apasionadamente mientras le hablaba al oído. Deseaba volver a unir su cuerpo al de su esposa y volver a ser uno con ella, llenarse de ella por completo.
-¿Qué sucede hermosa? – Le preguntó por fin al verla con sus ojos acuosos, pero no se veía tristeza en ellos, al contrario se veía una infinita felicidad que no le cabía en el rostro.
-Ha sido hermoso. – Le dijo extasiada aún por el amor y la pasión compartida.
-Te amo pecosa, gracias por confiar en mí.
-Gracias a ti por darme tanta felicidad. - Ambos estaban cansados y el pudor aparecía en Candy, quien trataba de taparse tímidamente.
-No te cubras hermosa, quiero conocer tu cuerpo y que tú conozcas el mío. – Candy se sonrojaba por lo dicho por su amado, asintiendo con pena, abrazándose fuertemente para por fin dormir profundamente, ambos estaban muy cansados, sobre todo Candy, Anthony podía haber continuado con la luna de miel, pero entendía que ahora el cuerpo de su esposa estaría más agotado que de costumbre, así que la dejó descansar al ver que no podía mantener los ojos abiertos.
-Estoy muy cansada. – Decía con pesar, ya que quería seguir disfrutando de ese maravilloso contacto que le regalaba el roce de sus pieles, sentir en vivo su piel ardiendo en la suya la hacía estremecer.
-Duerme princesa, descansa. – Le dijo besando su frente y estrechándola entre sus fuertes brazos permitiéndose él disfrutar del cálido cuerpo desnudo de su esposa.
Candy se sentía tan segura a su lado, sentía una paz y una tranquilidad que hace mucho tiempo no sentía, con Anthony podía ser débil y sabía que él estaría ahí. Poco a poco cayó profundamente dormida, mientras Anthony se arrullaba con el aroma que desprendía su cabello que era una mezcla de sudor y rosas, aspirando su aroma disfrutándolo y acompañándola por fin en el sueño.
-Te amo tanto pecosa, gracias por amarme también. – Dijo por último antes de cerrar sus ojos y abandonarse a un sueño profundo.
A la mañana siguiente como ya era costumbre para él despertó muy temprano, observando a su esposa dormir profundamente, él sabía que Candy era una dormilona, pero también sabía que el embarazo le consumía más energía, así que la dejaría dormir un poco más, mientras iba a prepararle el desayuno, sabía que despertaría con más hambre y que ahora él tenía que cuidar de ambos, sus dos amores, su amada princesa y su pequeño bebé, estaba feliz y emocionado por ser padre, aún era muy joven , pero eso no le impedía ser responsable. La tía abuela se había sorprendido por su atrevimiento, pero al ver la posición de Albert optó por apoyarlos sino quería a aquellas mujeres en su familia.
Anthony estudiaría en el hospital y al día siguiente irían rumbo a Chicago para iniciar el curso, vivirían en el pequeño departamento de Candy y vivirían de la herencia de Anthony, no sabía cuánto era, pero la tía abuela le había informado que ya tenía edad para recibirla, después de terminar su carrera vivirían de su sueldo, ambos sabían administrarse, Candy era sencilla y él amaba eso de ella, ambos se acoplarían. Lo que el rubio no sabía era que con la herencia que recibiría tendría para vivir sin trabajar durante toda su vida.
Siguió haciendo planes en su mente mientras preparaba el desayuno, al terminar subió con una charola para ambos completándola con fruta, leche y jugo, quería que su hijo naciera fuerte y sano y que su pecosa no se debilitara, sabía bien que gestar a un bebé era mucho desgaste para la mujer, pero él la cuidaría para que todo estuviera bien.
-Buenos días princesa.- Dijo al verla estirarse en la cama.
-Buenos días amor. – Dijo sonrojándose al darse cuenta que seguía desnuda bajo las sábanas.
-¿Has dormido bien?
-Dormí maravillosamente ¿Y tú?
-Ha sido la mejor noche de mi vida. – Dijo colocando su charola un lado de la cama y besando sus labios dulcemente. - ¿Tienes hambre? – Preguntó mientras Candy observaba la charola.
-¡Que rico! ¡Tengo mucha hambre! – Dijo emocionada.
-Entonces vamos a desayunar.
Anthony le daba en la boca consintiéndola tiernamente, era un hombre enamorado perdidamente de su esposa. Al terminar de desayunar, Candy seguía envuelta en la sábana y Anthony se recostaba a su lado iniciando nuevamente una ronda de besos que poco a poco aumentaban de intensidad, haciendo de lado la sábana para volver a hacerla su mujer, era algo que su cuerpo le demandaba y ella también lo deseaba, ambos sabían que era normal lo que sus cuerpos pedían y se abandonaron a las caricias que los llevaron de nuevo a la culminación de su amor.
-Nunca pensé que sería tan feliz Anthony. – Decía Candy feliz.
-Ni yo tampoco, princesa, me había acostumbrado a estar solo y había pensado que tal vez así iba a ser mi vida.
-Yo también lo llegué a pensar… Anthony… tengo miedo.
-¿Miedo? ¿De qué hermosa? – Preguntó con duda.
-De tanta felicidad. – Candy se sentía insegura porque cuando se sentía feliz sucedía algo que empañaba su vida y le cambiaba de nueva cuenta su rumbo.
-No temas mi amor, tú más que nadie merece ser feliz y si yo puedo hacerlo, lo haré toda mi vida.
-Tú eres el único que me ha hecho completamente feliz. - Le dijo siendo sincera.
-Y tú eres la única que me hace feliz a mí, tú y nuestro hijo. – Terminaron de vestirse para irse a pasear cerca de la cabaña y disfrutar su improvisada luna de miel, Anthony se sentía mal por no poder llevarla de viaje, pero Candy comprendía la situación en la que estaban, ella era feliz únicamente con estar a su lado y él era feliz con tenerla de nueva cuenta en su vida. Le había prometido que en cuanto tuvieran tiempo irían de viaje de bodas aunque fuera al término de sus estudios como médico y con su bebé a cuestas.
Después de terminar de hablar con Albert, Elroy se dirigió fuera de la mansión hacia la casa de Harold Simmons, tenía que hablar con él y asegurarse que todo era verdad, había tomado las fotografías que habían dejado David y Dorothy al ser contratados y salió tumbo a la mansión Simmons.
-Buenas tardes, señora Andrew.
-Buenas tardes. – Dijo solemne. - ¿Se encuentra el señor Harold? – Preguntó al mayordomo.
-En un momento le anuncio. – El mayordomo después de indicarle el camino hacia el gran salón, dio la media vuelta y se perdió entre el enorme pasillo que lo llevaba hacia donde estaba el señor de la casa. Elroy observaba esas paredes detenidamente, tenía años que no iba a ese lugar, todo estaba exactamente igual, nada había cambiado, había pasado el tiempo pero en ese lugar todo se conservaba igual, era como si el tiempo no hubiera pasado, de pronto un hombre mayor pero aun de aspecto atractivo se acercaba a paso lento al encuentro de Elroy, no parecía pero dentro de él su corazón latía emocionado. Se había equivocado, el tiempo si había pasado, sobre todo en ellos dos. Elroy era un poco menor que Harold, pero el tiempo no había pasado en vano por ambos.
-Elroy Andrew, que agradable sorpresa. – Decía mientras besaba su mano caballerosamente.
-Vaya, veo que sigues siendo un caballero. – Decía la dama sorprendida por el atractivo caballero.
-Ante tan elegante y hermosa dama, siempre lo seré. – Le decía amablemente.
-Espero que digas lo mismo después de lo que vengo a tratar contigo.
-Veamos de qué se trata. – Dijo serenamente el señor Simmons viendo a Elroy de pronto con suma tristeza, al recordar lo bella que había sido y que él nunca pudo convencerla de casarse con él, prefirió a un viudo con una hija antes que a él que le había ofrecido todo, menos su fidelidad él era así un mujeriego empedernido, bueno eso era lo que la gente hablaba, pero a Elroy Andrew si la había amado, cuando había enviudado ella ya no era libre y él haberse distanciado de su hermano lo había hecho alejarse por completo de ella. Después de la muerte de Adelle, su esposa, nunca volvió a casarse y decidió vivir su soltería sin compromiso, total la fama ya la tenía que más deba si la hacía del todo realidad.
-Vengo a hablar contigo de Helen. – Dijo serenamente, esperando la reacción de su antiguo enamorado.
-¿Helen? – Preguntó extrañado, de todos los temas que le habían pasado por su mente ese era el último que hubiera pensado que hablarían.
-¿La recuerdas verdad? – Era evidente que la recordaba, había sido el motivo de su distanciamiento con William Andrew.
-¿Qué pasa con ella? – Dijo a la defensiva.
-Helen, quedó embarazada de ti.- Dijo solamente.
-¿Sabes cuantas mujeres decían eso? – Dijo mirándola a los ojos.
-No tengo idea, pero me imagino que muchas. – Dijo incómoda. – Sin embargo tengo algo que te hará confirmar que fue cierto.
-Eso es imposible de saber. – Dijo en su defensa, sabía perfectamente de la existencia de los hijos de Helen, pero era un tema que aún lo lastimaba por los chantajes que había recibido en el pasado.
-Te equivocas, hay algo que puede comprobarlo. – Dijo extendiendo ambas fotografías.
-¿Qué es esto? – Pregunto extrañado.
-Son las fotos de los hijos de Helen. – Harold se sorprendió, él sabía que Helen había tenido gemelos y sabía que eran sus hijos pero se había convencido de que era lo mejor dejarlos pasar después de tantos engaños que había sufrido por parte del padrastro de los muchachos y por no hacer sufrir a su esposa, después de su muerte había sido más fácil pasarlo de largo, además le achacaban muchos hijos y sabía Dios si realmente algunos eran suyos, solo él sabía que su fama de mujeriego era solo eso, pura fama, la verdad era que solo era un galán de novela que se esforzaba por alagar a las damas únicamente. Tomó las fotografías sorprendiéndose del parecido que ambos jóvenes tenían con su familia, la joven era igual a su madre y el joven tenía que reconocer que era idéntico a él, tal vez si su hijo viviera sería igual a ese joven, ¿Sería posible que después de tantos años, y después de tantos engaños por fin pudiera conocerlos?
-¿Cómo sabes que son mis hijos? – Decía aún a la defensiva.
- Vamos Harold, yo mismo he visto tu sorpresa, ellos son tus hijos, yo conozco a David y él es igual a ti cuando eras joven solo que los ojos de él son cafés.
-¿David? – Elroy asintió. - ¿Y ella? ¿Cómo se llama? – Preguntó curioso, era la primera vez que escuchaba sus nombres, todos habían sido muy cuidadosos de no dar su nombre y Edward le había dado otros completamente diferentes.
-Dorothy.
-¿Dónde están? – Preguntó pensativo, la sangre llamaba decían por ahí sin embargo Harold no podía dejar de tener sus reservas, de todas formas que se ganaba Elroy Andrew con decirle mentiras, ella no conocía las triquiñuelas que le había hecho pasar Edward Jones.
-Ambos trabajan en la mansión de las rosas.
-¿Son criados? – Preguntó sintiendo un dolor en su pecho.
-¿Y qué querías? Si tú nunca los reconociste como tus hijos.
-¿Ellos te contaron las historia? – Preguntó dudoso. - ¿Quieren dinero?
-No, ellos no saben que estoy aquí, al contrario si se enteran que vine, David es capaz de irse de aquí, ambos son orgullosos como tú y Helen.
-¿Cómo yo? – Elroy asintió.
-El muchacho es tan impulsivo, como tú al igual que ella pero son nobles como su madre, sin embargo ellos siempre han sabido quien es su padre y sin embargo hasta hoy nos hemos enterado de ello.
-¿Quiénes?
-William Albert y yo. – Dijo para aclarar que era el hijo de su ex gran amigo.
-¿Y por qué ese muchacho ha hablado?
-Cómo te digo es orgulloso, si dijo la verdad de su origen fue por defender a su hermana.
-¿Defenderla? ¿De quién? – Preguntó inquieto.
-William y Dorothy se enamoraron hace mucho tiempo y pronto se casaran. – Dijo fríamente.
-¿William casado con una sirvienta? Ya decía yo que tú no lo permitirías. – Dijo el viejo señor comprendiendo un poco del porqué de la visita de Elroy. - ¿Quieres que la reconozca para unir las herencias? – Elroy no estaba muy interesada en el dinero más si en el apellido.
-William no necesita de tu dinero, lo sabes bien, la fortuna Andrew es mayor que la de los Simmons, yo solo vine a avisarte que fue de tus hijos y que sepas que Dorothy será una Andrew y que tú serás abuelo dentro de unos meses.
-¿Abuelo? ¿William se atrevió a deshonrarla? – Preguntó entre sorprendido y molesto.
-Eres el menos indicado para juzgarlo, David ya se encargó de eso. – En ese momento Harold sintió orgullo por el muchacho y alegría de saber que sería abuelo, después de todo había perdido a su hijo mayor, nunca pensó en la posibilidad de conocer a su descendencia y los gemelos serían tal vez los únicos hijos que estaría seguro que en realidad eran de él.
Elroy se despidió dejando a un Harold muy pensativo, dudoso de qué debería hacer, ya no tenía muchos años por vivir y su dinero lo recogería el gobierno y más ahora que la guerra se aproximaba, era más seguro que se usara para esos fines, tal vez era el momento de hacer lo que nunca tuvo, el valor de reconocer a sus hijos.
-Elroy. – Dijo mientras ella se detenía para escucharlo. - ¿Puedo conocerlos?
-Eso es algo que solo tú debes decidir. – Dijo tranquilamente sabiendo que había dejado la duda sembrada en aquel hombre que ella sabía que a pesar de todo era noble, ella no lo hacía por el dinero, ni tanto por el hecho de hacer justicia para ambos jóvenes, su interés era más que todo por el apellido que por derecho les pertenecía sobre todo a Dorothy, que a pesar de que ya se empezaba a resignar a que formara parte de la familia, que mejor que tuviera un apellido respetable, así los Andrew-Simmons sería posible aunque fuera al revés de como alguna vez se lo había planteado. No cabe duda que las viejas costumbres no son fáciles de quitar de encima.
Albert llegó con miedo a la habitación donde se encontraba Dorothy, sentía los nervios invadir su cuerpo. Sabía que sería difícil y no quería sobresaltarla, tenía que cuidar a su bebé. Toco la puerta suavemente.
-Adelante. – Dijo Dorothy pensando que era su hermano David.
-Buenas tardes Dorothy. – Dijo un poco nervioso.
-¡Señor William! – Dijo sorprendida.
-Dorothy ¿Puedo pasar? – Dorothy asintió, no podía negarle el paso en su propia casa.
-Perdone por estar aquí, en cuanto el médico me de autorización me iré a mi cuarto o a casa de mi madre.
-No es necesario Dorothy, puedes estar aquí cuanto lo necesites. ¿Cómo te sientes?
-Mejor. – Dijo seria.
-¿Podemos hablar?
-No veo de qué señor William. – Decía nerviosa.
-Dorothy ¿Por qué me rechazas?
-Usted es el señor Andrew y yo solo soy una sirvienta.
-Sabes que eso a mí no me importa.
-Debería importarle. – Dijo secamente.
-¿Por qué? Dorothy… sabes que te amo y sigo en pie con lo de hacerte mi esposa. – Dorothy abrió sus grandes ojos sorprendida, comenzando estos a humedecerse. – No llores por favor hermosa, te amo lo sabes… los amo… - Dijo antes el asombro de Dorothy.
-¿Es por eso que me lo dice? ¿Por mi hijo?
-Nuestro hijo, Dorothy.
-¡No me lo quite por favor señor William!
-Dorothy, yo no sería capaz de ello, al contrario quiero que seas mi esposa para ambos cuidar a nuestro bebé, te amo por favor no me rechaces nuevamente, acepta ser mi esposa y prometo que los amaré y los cuidaré siempre. – Decía Albert ansioso, temeroso a ser rechazado, Dorothy lo veía sentado a un lado de la cama, tomando su mano mientras la llevaba a sus labios para besarla repetidamente.
-Señor William, usted sabe de mis sentimientos por usted, yo también lo amo, pero ambos sabemos que somos de mundos muy diferentes, y sabemos que la sociedad y la misma señora Andrew no permitirían lo nuestro.
-La tía abuela ya está enterada de todo, y aunque aún no está muy convencida, ha aceptado mi decisión de casarme contigo. – Dorothy abrió los ojos muy sorprendida.
-¿Lo dice en serio? – Albert asintió.
-He hablado con David. – Dorothy bajó la mirada, sabía que ella no le había aclarado quien era realmente.
-Lo siento. – Dijo apenada.
-No te preocupes, me ayudó a ver que no importa nada de lo que digan los demás, te amo Dorothy ¿Quieres ser mi esposa? – Dorothy asintió y abrió sus ojos al ver que Albert colocaba un anillo de compromiso sobre su dedo anular. – Nos casaremos en cuanto puedas levantarte de esta cama.
-Está bien. – Dijo Dorothy tímidamente. - ¿Señor William, y los demás que van a decir?
-Creo que ya va siendo hora que me llames por mi nombre, por lo demás no te preocupes, nadie tiene nada que decir.
A decir verdad Albert había tomado el valor de hablar con ella de la forma en que Anthony había defendido su amor por Candy, había seguido su ejemplo, él también merecía ser feliz, a pesar de haber fallado. Tenía que hablar con ellos.
Dorothy se quedó dormida más tranquila y Albert velaba su sueño, la veía hermosa y frágil quien diría que era una Simmons, eso a él no le importaba, pero sabía que tenía derecho al igual que David a ser reconocidos por su padre. Eso lo arreglaría más adelante primero era su boda y hablar con Anthony y Candy, tenía que disculparse con ambos. Salió despacio de la habitación para no despertar a Dorothy y se dirigió al despacho buscando a Elroy, quien regresaba de la mansión Simmons.
-Tía abuela, ¿Dónde está Candy y Anthony?
-Vamos al despacho. – Albert la acompañó en silencio.
-¿De dónde vienes? – preguntó curioso.
-Fui a confirmar si era verdad lo que me dijiste.
-¿A qué te refieres?
-Fui a hablar con Harold.
-¿Y qué descubriste?
-Que efectivamente Dorothy y David son sus hijos. – Albert se quedó muy pensativo ante tal afirmación, no sabía qué hacer ante esa revelación.
-¿Y cómo lo tomó?
-Mejor de lo que esperaba, no lo negó y me preguntó si puede conocerlos.
-Tía abuela, sabes que David lo odia.
-Así es, y también él lo sabe, son igual los dos caprichosos y tercos, pero ellos tienen derecho a la fortuna de su padre, sobre todo ahora que ambos perdieron a su madre.
-Sí, Dorothy me lo dijo hace unos años.
-Albert, yo no sé cómo era Edward con ellos, pero tengo entendido que al haber sido estéril y no haber podido tener hijos con Helen, se volvió alcohólico.
-No lo sé tía, David lo defendió como un buen hombre.
-Me reservo mis comentarios. – Dijo Elroy quien por Dorothy sabía que él se había tratado de propasar con ella en una ocasión, por eso ella la había acogido tan pequeña para que trabajara con los Andrew en casa de los Leagan, quedándose a dormir ahí para que estuviera segura. Eso era un dato que Albert no sabía y por lo visto David tampoco.
-Tía abuela ¿Por qué evita el tema de Candy y Anthony? ¿Dónde están?
-Albert, tú sabes que fuiste injusto con Anthony y Candy.
-Lo sé tía, por eso quiero disculparme.
-Ellos se fueron.
-¿Se fueron? ¿A dónde?
-Fueron a casarse al hogar de Ponny. – Dijo por fin la vieja Elroy.
Continuara…
Hola! Buen día, espero que les haya gustado este capítulo, no me juzguen tan duro por favor! Albert y Dorothy juntos… lo sé solo a mí se me ocurre, les prometo que no lo volveré a hacer, solo en la otra historia porque ya la llevo algo avanzada jejejejeje sorry, a la otra lo dejo soltero y sin compromiso viajando por el mundo y cuidando a pupé… Lo prometo… por lo pronto aquí están juntitos los dos descubriendo que Dorothy no es una simple criada, bueno sí, pero que viene de un padre rico y con un apellido importante, ahora hay que ver si esta muchacha acepta llevarlo.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los utilizo para hacer un collage entre ellos y darles otro final, lo hago sin fines de lucro no es apto para menores de edad, así que les aviso para que por favor se abstengan de leer así como las personas que son delicadas en este tipo de temas.
Espero lo hayan disfrutado, señoras y señoritas hermosas, gracias por leer!
Saludos!
P.D. ESPERO SUS COMENTARIOS Y PM, YA SABEN QUE YO LES RESPONDO A CADA UNA =)
