p dir="ltr" /p
p dir="ltr"Sentada sobre el sillón individual, Hinata observa al atractivo hombre que sobre el pequeño escritorio teclea en su computador. Suspira quedito y mueve su mirada por las manos grande de su esposo querido, recuerda esos dedos que han tocado cada espacio de su cuerpo desnudo, no puede evitar sonrojarse ante ello./p
p dir="ltr"Mueve su cabeza buscando deshacer aquéllos pensamientos, lo hace sin despegar su mirada de los brazos con venas saltadas, yendo en un camino lento hasta los hombros amplios del rubio, recorriendo un poco más hasta su cuello limpio, donde cada mañana, ella deposita un húmedo beso, de esos que a él lo hacen sonreír travieso./p
p dir="ltr"Ahora que lo piensa un poco más, se siente demasiado atrevida ante su actuar, pero no puede evitarlo si cada mañana lo abraza por la espalda, rodeando con su delgados brazos los hombros amplios, mientras el hace su cabeza a un lado, dejándole el camino libre para dejar aquél húmedo beso./p
p dir="ltr"Hinata muerde sus labios, debe recomponerse o él terminará por notar lo que ella hace en ese momento. Toma un poco de su té y regresa su mirada hasta el perfilado rostro de marfil, detallando cada centímetro de su rostro, las rubias cejas pobladas, la encantadora nariz y las marcas de sus pómulos. Baja lentamente hasta los labios gruesos, esos que no se cansaría de besar jamás, los que ella misma se ha encargado de delinear con miles de mordidas traviesas o con intensiones subidas de tono./p
p dir="ltr"Hinata admira la barbilla marcada y la manzana de Adán que se mueve arriba y abajo mientras él toma un poco de agua. Regresa en su camino y se pierde en los hermosos ojos azules de su esposo, los que cuándo se sumerge en la lujuria se vuelven oscuros y cuándo está feliz brillan como un millón de diamantes./p
p dir="ltr"Ella inclina su cabeza un poco mientras recorre el pecho cubierto por la delgada tela de su playera de casa, tiene grabado en su mente cada marca en el fuerte abdomen de aquel hermoso hombre, los pezones marrones y aquéllos cuadros tan bien marcados que, se ha degustado a mordidas y lametazos muchas veces./p
p dir="ltr"Desciende lentamente y se desvía un poco hasta la espalda, esa que tantas noches de pasión desenfrenada han marcado, sonríe traviesa y regresa a su camino inicial, dónde el pantalón marca la delgada línea entre la pasión superficial y la entrada al abismo del deseo casi enfermo./p
p dir="ltr"No se detiene ni un poco, sigue el camino sin reparos, pero apenas nota el bulto entre las piernas de su amado, Hinata se avergüenza por los pensamientos y recuerdos poco sanos que la han atacado, se desvía entonces a los muslos bien formados y baja tratando de tranquilizarse hasta los pies./p
p dir="ltr"Regresa su mirada al rostro de su esposo cuándo el tecleo intenso sobre la computadora se detiene, lo mira observándole con el ceño fruncido y una sonrisa divertida, ella le sonríe de vuelta, parece que le ha pillado otra vez./p
p dir="ltr"—¿Qué haces, cariño? —pregunta él confundido./p
p dir="ltr"—No es nada, amor —responde amable ella, tomando otro trago de su té y regalándole a él un guiño coqueto. Él responde lanzando un beso y regresando a su trabajo./p
p dir="ltr"Hinata suspira suavemente, toma una pequeña fresa entre sus dedos, em«Él es tan /ememperfecto»/em piensa mientras recorre sus labios con la frutilla roja y dulce./p
p dir="ltr"Sentada sobre el sillón individual, Hinata observa al atractivo hombre que sobre el pequeño escritorio teclea en su computador. Suspira quedito y mueve su mirada por las manos grande de su esposo querido, recuerda esos dedos que han tocado cada espacio de su cuerpo desnudo, no puede evitar sonrojarse ante ello./p
p dir="ltr"Mueve su cabeza buscando deshacer aquéllos pensamientos, lo hace sin despegar su mirada de los brazos con venas saltadas, yendo en un camino lento hasta los hombros amplios del rubio, recorriendo un poco más hasta su cuello limpio, donde cada mañana, ella deposita un húmedo beso, de esos que a él lo hacen sonreír travieso./p
p dir="ltr"Ahora que lo piensa un poco más, se siente demasiado atrevida ante su actuar, pero no puede evitarlo si cada mañana lo abraza por la espalda, rodeando con su delgados brazos los hombros amplios, mientras el hace su cabeza a un lado, dejándole el camino libre para dejar aquél húmedo beso./p
p dir="ltr"Hinata muerde sus labios, debe recomponerse o él terminará por notar lo que ella hace en ese momento. Toma un poco de su té y regresa su mirada hasta el perfilado rostro de marfil, detallando cada centímetro de su rostro, las rubias cejas pobladas, la encantadora nariz y las marcas de sus pómulos. Baja lentamente hasta los labios gruesos, esos que no se cansaría de besar jamás, los que ella misma se ha encargado de delinear con miles de mordidas traviesas o con intensiones subidas de tono./p
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p dir="ltr"Ella inclina su cabeza un poco mientras recorre el pecho cubierto por la delgada tela de su playera de casa, tiene grabado en su mente cada marca en el fuerte abdomen de aquel hermoso hombre, los pezones marrones y aquéllos cuadros tan bien marcados que, se ha degustado a mordidas y lametazos muchas veces./p
p dir="ltr"Desciende lentamente y se desvía un poco hasta la espalda, esa que tantas noches de pasión desenfrenada han marcado, sonríe traviesa y regresa a su camino inicial, dónde el pantalón marca la delgada línea entre la pasión superficial y la entrada al abismo del deseo casi enfermo./p
p dir="ltr"No se detiene ni un poco, sigue el camino sin reparos, pero apenas nota el bulto entre las piernas de su amado, Hinata se avergüenza por los pensamientos y recuerdos poco sanos que la han atacado, se desvía entonces a los muslos bien formados y baja tratando de tranquilizarse hasta los pies./p
p dir="ltr"Regresa su mirada al rostro de su esposo cuándo el tecleo intenso sobre la computadora se detiene, lo mira observándole con el ceño fruncido y una sonrisa divertida, ella le sonríe de vuelta, parece que le ha pillado otra vez./p
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p dir="ltr"—No es nada, amor —responde amable ella, tomando otro trago de su té y regalándole a él un guiño coqueto. Él responde lanzando un beso y regresando a su trabajo./p
p dir="ltr"Hinata suspira suavemente, toma una pequeña fresa entre sus dedos, em«Él es tan /ememperfecto»/em piensa mientras recorre sus labios con la frutilla roja y dulce./p
