Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
Junto a Ti
CAPITULO XVI
Un adiós nocturno
Luisa llegaba en un carruaje a la residencia Britter, donde de inmediato se encontró con Candy que venía saliendo con Annie y Patty, ya que tenían la intensión de salir a dar un paseo a la ciudad.
—¡Candy! –la nombró Luisa al bajarse del coche.
La rubia la miró tragando seco, al verse descubierta y pensando que después de Albert a la que menos quería ver era a Luisa, la prometida del hombre que ella seguía amando.
—¿Qué haces aquí, Luisa? –le preguntó incomoda.
—Candy, es preciso que platiquemos.
—Está bien –contestó, ya que sabía que no tenía otra alternativa y que tarde o temprano tenía que enfrentarse a su rival.
—Pasen a platicar adentro de la casa –les sugirió Annie.
Minutos después Candy y Luisa estaban sentadas en un largo sofá en la sala de la residencia Britter.
—¿Que tienes que decirme, Luisa? –le preguntó la rubia imaginándose de que se trataba su visita.
—Candy, no comprendo por qué te estas portando tan dura con William, hasta el punto de mentirle diciendo que habías regresado a Michigan.
—Lo hice porque no deseo hablar con él. Me mintió, me ocultó que era el tío William.
—Sí, pero tenía sus razones para hacerlo. William me conto que tú lo conocías como Albert, un vagabundo que te salvo de morir ahogada cuando tú eras una niña.
—¿Que más te conto? –le preguntó Candy atenta a su respuesta.
—Bueno…que después se rencontraron en Londres y que desde ese entonces no se habían vuelto a ver.
—¿No te dijo nada más?
—No, nada más. ¿Tenía algo más que contarme sobre ustedes?
Candy desvió su mirada, pensando en todo lo que Albert tenía que hablar sobre ellos, pero era claro que nunca se lo iba a revelar a su futura esposa.
—No…nada más.
—Candy, por qué no hablas con William, él te tiene un gran cariño, tú eres como una hermana para él.
—¿Una hermana? –repitió Candy con una voz apagada.
—Si…porque él es muy joven para que sea tu padre adoptivo, ¿verdad? –sonrió Luisa.
—Claro, soy como su hermana.
—Habla con él, hazlo por mí, Candy.
La rubia se sentía acorralada, que no sabía que responder, después de todo Luisa no tenía la culpa de nada, ella era una víctima más de ese canalla llamado William Albert Andrey, que las había engañado a las dos.
—Lo voy a pensar.
—¡Qué alegría escucharte decir eso! William se va a poner muy contento cuando lo sepa.
—Dile que cuando yo desee hablar con él, lo voy a buscar a su mansión.
—De acuerdo, Candy –dijo Luisa parándose del sofá –Ya tengo que irme, gracias por escucharme tu y William son personas muy importantes para mí que no deseo verlos peleados.
...
Una vez que Luisa se fue, Candy salió con sus amigas a dar un paseo como tenían pensado. La conversación con la novia de su padre adoptivo la había dejado peor de lo que estaba, que necesitaba distraerse un poco para no pensar en eso. Pasaron a comprar helados y se pusieron a caminar por las calles de Chicago.
—¿Cómo te sientes ahora, Candy? –le preguntó Patty
—Mejor.
—Amiga, no vale la pena que te pongas mal por Albert y menos por la tal Luisa.
—Lo sé, pero me duele tanto todo lo que ha ocurrido, creo que me duele más que cuando terminé mi relación con Terry.
—No es para menos –dijo Annie mirándola preocupada –Yo pienso que debiste contarle toda la verdad a Luisa, ella tiene que saber que Albert fue tu novio.
—Luisa es una buena chica, no quiero hacerla sufrir. Además, él si se va a casar con ella, en la fiesta anunciaron su compromiso.
—¡Que canalla resultó ser Albert! Y tan bueno que se veía –comentó Patty con rabia.
—Chicas, ya no sigamos hablando de él.
—Tienes razón, Candy -la apoyó Annie - Mejor hablemos de Joseph
—Annie, otra vez con lo mismo.
—Si es un chico muy atractivo.
—Annie, si Archie te escuchara decir eso se moriría de los celos –le dijo Patty divertida.
—Jajajaja, eso es verdad –rio Candy –Ya me imagino la cara que pondría Archie, porque no se puede negar que Joseph es mucho más guapo que él.
—¡Que hermosas señoritas, me acabo de encontrar! –exclamó la voz de Joseph que bajó de un lujoso automóvil en ese instante.
Las tres chicas lo miraron entre sobresaltadas y sonrojadas, ya que precisamente estaban hablando de él.
—¡Hola Joseph! –lo saludó Annie que lo conocía de antes.
—Que gusto de verla, señorita Annie. ¿Señorita Candy como esta? –le preguntó a la rubia mirándola fijamente.
—Bien ¿y usted?
—¡De maravilla! Aún más con volver a verla. ¿Y en que andan?
—Andamos dando un paseo –contestó Candy.
—¿Qué les parece si salimos en mi automóvil?
—¡En su automóvil!
—Sí, señorita Candy. La van a pasar muy bien. ¿Qué me dicen?
Las tres chicas se miraron.
—Está bien, vamos –contestaron al mismo tiempo, entusiasmadas con la invitación.
Candy se sentó al lado de Joseph y Annie y Patty en la parte de atrás. El prendió el motor del vehículo y se fueron a recorrer toda la ciudad, alegremente disfrutando de la soleada tarde.
Cerca de donde andaba el automóvil de Joseph dando vueltas, Elisa junto a su madre iban saliendo de una tienda, encontrándose con el joven y las tres chicas.
—Elisa que ese no es Joseph, el hijo del señor Drummond -le dijo su madre dándole un codazo.
—Si es él, mamá.
—¿Y quienes son esas muchachas que lleva en su carro?
—Mamá, no te diste cuenta de que era Candy con las mustias de sus amigas.
—¿Esta segura, Elisa?
—Si mama, la vi muy bien, iba sentada a su lado. ¿Qué pretende esa huérfana? ¡Ahora quiere conquistar a Joseph!
—¡Oh, hija como se te ocurre que Joseph se vaya a fijar en Candy!
—Y si se fija en ella mamá -expresó Elisa alterada- ¡Yo me muero! ¡Joseph tiene que ser para mí! ¡Solo para mí!
—Cálmate, Elisa -la abrazo -Eso no va a ocurrir, esa huérfana no te va a quitar a Joseph. Mañana mismo voy a hablar con tía Elroy y le voy a pedir que haga que Candy se regrese al hogar de pony.
...
Mientras tanto en la mansión Andrew, Stear y Archie buscaban a Albert para hablar con él, ya que no había tenido la oportunidad de hacerlo antes.
—¿Tío, podemos hablar contigo? -le preguntaron al rubio que estaba en el salón.
—Claro, muchachos -contestó.
Los hermanos se sentaron frente de él.
—Tío, queríamos decirte que estamos muy contentos de que tu seas el patriarca de los Andrew -le expresó Archie -Así que tienes todo nuestro apoyo.
—Gracias por tus palabras, Archie.
—Todos pensábamos que el tío William era un anciano -añadió Stear divertido.
—Jajajaja me imagino, tía Elroy les hiso creer eso.
—Si...ella nos hablaba de ti como si hubieras sido un viejo como ella. Hay perdón no me vaya a escuchar.
—Jajajaja, así tenía que ser.
—Nunca pensamos que fueras tu. ¡Es increíble! -expresó Archie -Candy casi se desmaya cuando la tía abuela te presentó.
Albert se puso serio.
—Candy está muy molesta conmigo.
—Yo creo que esta asombrada -dijo Stear- Como nosotros, tienes que darle tiempo para que lo asimilar.
—Espero que seas así, no deseo que ella este molesta conmigo.
—Ya se le pasará, la gatita no es una chica rencorosa, además ella te quiere mucho -le dijo Archie.
—Y yo a ella. Gracias muchachos, me alegra mucho de conocerlos.
Ambos hermanos se miraron.
—¡De conocerlos! -exclamaron.
—Si...
—Pero si nosotros...-le iban a decir Stear y Archie que ya se conocían desde que Candy lo cuidaba cuando él estaba amnésico.
Pero la tía Elroy llego en ese instante al salón.
—William estabas aquí, tengo que hablar contigo.
—¿Que necesitas? -le preguntó parándose.
—Vamos a la biblioteca.
Albert y Elroy se fueron del salón.
—¿Archie te diste cuenta de que el tío William hiso como que no nos conocía de antes?
—Si me di cuenta. ¿Qué extraño, ¿verdad?
—Si muy extraño.
...
Dos días después…
Albert no se sentía tranquilo, sabía que tenía que volver hablar con su protegida. Había muchas cosas que aclarar, sin embargo, tenía que ser paciente y saber esperar que Candy llegara a buscarlo, pero aquella espera se le estaba haciendo eterna.
Sin poder conciliar el sueño, se levantó de la cama y en solo minutos se vistió para bajar a buscar uno de sus automóviles.
Media hora después llegó a la residencia Britter, donde se estacionó con la esperanza de ver a Candy y poder hablar con ella. Sabía que era muy tarde y que todos estaban durmiendo, sin embargo, algo le decía en su interior que debía estar en aquel lugar.
Candy esa noche tampoco podía dormir, algo la inquietaba que el hizo levantarse de la cama, se puso una bata y unas zapatillas en sus pies. Con ganas de sentir un poco de aire, se acercó a la ventana, cuando se encontró con Albert, que estaba ahí parado apoyado en su carro.
Al verlo se sobresaltó y rápidamente se retiró de la ventana, sintiendo que su corazón latía con mucha intensidad. Se regresó a la cama, donde se sentó en la orilla, pensando que había sido una alucinación ver a Albert, su querido Albert, sin embargo, sentía que no lo era, que él estaba ahí a poca distancia de ella.
Tomó valentía y regresó a la ventana, donde confirmó su presentimiento, esta vez Albert si la vio y le hiso una seña con la mano para que bajara. Candy no quería hacerlo, pero ya era momento de hablar con él y terminar con ese asunto de una vez por toda.
Sin meter mucho ruido salió, para no despertar a Patty y bajo al jardín para encontrarse con su amado, porque a pesar de todo amaba a Albert y era algo que no podía evitar.
—¡Pequeña! –la nombró el al verla llegar.
—¿Qué haces a estas horas aquí, Albert? –le preguntó.
—Necesitaba verte, hablar contigo.
—Yo le dije a tu prometida, que yo te buscaría cuando decidiera hablar contigo.
—Lo sé, pero no podía esperar más. Pequeña, me duele mucho que estés tan enojada conmigo, quiero que todo vuelva hacer como antes.
—¿Cómo puedes decir eso? ¡Las cosas nunca volverán hacer como antes!
—Claro que puede serlo –le tomó los hombros –No porque ahora sabes que soy el patriarca de los Andrew, vamos a dejar de ser los amigos de siempre, al contrario, ahora más que nunca debemos estar juntos. He estado pensando que vengas a vivir conmigo a la mansión Andrew. ¿Qué te parece, pequeña?
La rubia negó con la cabeza, sin poder creer lo que estaba escuchando.
—Es una broma, ¿verdad?
—No pequeña, quiero que vivas conmigo, ya es tiempo que tu vivas como la Andrey que eres.
—Eso no puede ser tú te vas a casar con Luisa.
—Viviremos los tres en la mansión, como una gran familia.
Candy se quedó helada con las palabras de Albert. ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Acaso se había vuelto loco? ¿Cómo podía proponerle algo así? Quería vivir con las dos mujeres que fueron sus novias. ¡Era el colmo del descaro!
—¡Eso no podrá ser, Albert! Ya no deseo ser una Andrew, te pido que me quites tu apellido. No quiero tener ningún tipo de relación contigo.
El frunció el ceño.
—¿Que me estas pidiendo, pequeña? -le preguntó desconcertado con la petición de la rubia.
—Que no deseo seguir siendo tu hija adoptiva -le reafirmó con palabras muy seguras.
—Pequeña, no juegues así conmigo.
—No es ningún juego Albert, has el favor de quitarme el apellido Andrew y desparecer de mi vida para siempre.
Fueron las últimas palabras de ella y entró a la residencia Britter, dejando a un Albert con el corazón destrozado y la cabeza llena de confusión.
Continuará…
Hola lindas chicas
Espero que toda se encuentren muy bien. Aquí les dejo otro capitulo de este fic, espero que les guste y me manden sus comentarios.
Saludos y agradecimientos para :
elbroche, Selenityneza, Yessy, Balderas, Guest, Guest, Bunny, tutypineapple, Sandra Carreo
chidamami, elenharket2, pivoine3,Rosario escobar, LovlyArdley, Guest, Patty Martinez, Evelyn, Guest.
Y un saludo especial a mi amiga Stormaw que me ayudo a corregir el escrito y colocarle el titulo al capitulo. Gracias querida amiga por toda tu ayuda.
Gracias chicas por todo su apoyo, muchas bendiciones para cada una de ustedes.
