Capítulo 15: El baile de máscaras.


Con normalidad, nos mezclamos entre las personas que ingresaban al palacio, vestidos con sus exóticos atuendos y máscaras que ocultaban su identidad. Era extraño ver a todos con sus rostros ocultos, pero me agradaba, ya que mi antifaz me mantenía segura en cierta forma. Al acercarnos a la entrada, noté que había estatuas a cada lado de la gran puerta. Eran caballeros en armaduras, sosteniendo el escudo de la familia real que dejaba divisar un unicornio en él.

Un guardia se acercó a nosotros y nos pidió las invitaciones; Armin se las entregó sin demostrar ni un poco de nerviosismo, algo extraño, pues dos de ellas fueron creadas a través de su magia. Las examinó por unos segundos y nos indicó que continuáramos hacia adentro. Un pasillo con una alfombra bordó guiaba el camino hasta una enorme sala llena de personas. El castillo era muy lujoso, tenía armaduras resplandecientes, candelabros de oro, tapices y muchos más objetos de gran valor.

A medida que nos fuimos integrando en el salón, noté varias cabezas volviéndose hacia mi dirección. Levi también se percató de las miradas y no demoró en tomarme de la mano para dejar una clara advertencia al aire. Sonreí internamente, algo divertida por su reacción. Llevé mi atención a Armin, quien parecía incómodo. Podía percatarme de la mirada inquietante tras su antifaz.

Era obligatorio que los recién llegados hicieran una fila frente al trono de la reina, así que nos acomodamos al final de la cola y aguardamos nuestro turno. Mientras las personas avanzaban, me distraje con las actitudes de los invitados. Algunos le prestaban atención a las apariencias, realizando reverencias a cada segundo; los hombres hablaban sobre sus negocios y las mujeres mostraban sus joyas. Otros, simplemente, disfrutaban de beber y estar en compañía. Levi me sacó de mi análisis, dándome un pequeño empujoncito e indicando que debíamos avanzar.

Fue ahí cuando vi a un refinado hombre de pelo rojo. Su aura era tan pesada que me inquietaba. Apreté la mano de Levi y él me lanzó una corta mirada de advertencia, entendiendo a la perfección lo que intentaba comunicarle. Se inclinó un poco hacia mí y susurró en voz baja «Warlock». Me esforcé por controlar mi expresión y miré con disimulo a aquel correcto muchacho que, en realidad, era un mago oscuro. No pude negar que me sorprendí al verlo, no parecía ser mucho mayor que nosoros. Imaginaba que los Warlocks serían casi ancianos, pero me había equivocado.

A su costado izquierdo había un trono adornado con rubíes, donde una joven de largo cabello rubio e inocentes ojos celestes se hallaba sentada. La reina no aparentaba más de quince años, demasiado joven para tanta responsabilidad. Sentí pena por ella, era una marioneta. Su madre había muerto joven y su padre había caído en batalla, de seguro todo obra de los Warlocks. ¿Qué forma más fácil de gobernar desde las sombras que con una niña en el trono?

El Warlock nos hizo un gesto, indicando que era nuestro turno. Al llegar a él, hicimos una reverencia y aguardamos a que nos presentara frente a la reina.

―Bienvenidos al palacio de su majestad, mi nombre es William Connaught ―dijo el Warlock.

William, repetí el nombre en mi mente, pensativa, tratando de recordar el rol que cada uno tenía en el palacio. Era Floch, el supuesto consejero real.

―Es un gusto conocerlo ―respondió Armin―. Yo soy Jacob Ashford, la señorita es mi hermana Megan Ashford y su prometido James Vandersen.

Floch asintió al escuchar cada nombre, saludando de forma cordial. Me encontraba algo sorprendida de que Armin nos presentara, había asumido que sería Levi quien lo haría, ya que nunca se había encontrado con ellos. Fuimos hacia el trono y la reina nos recibió con una sonrisa amable.

―Su majestad ―dijo Floch―. Ellos son Jacob Ashford, Megan Ashford y James Vandersen.

Hice una reverencia al escuchar mi nombre, tal como me habían enseñado.

―Sean bienvenidos, espero que disfruten de la festividad ―dijo la reina Historia.

―Le agradecemos la invitación, nos sentimos honrados de encontrarnos aquí frente a usted, su majestad ―respondió el mago con una sonrisa.

―Su vestido es magnífico, lady Megan, posee excelente gusto ―me comentó.

―Se lo agradezco, su majestad ―repliqué en tono humilde.

Hicimos una última reverencia y nos alejamos del trono. Fuimos hacia el centro de salón y permanecimos allí, tomando bebidas por un rato antes de ir hacia un rincón para evitar sospechas.

―Era un Warlock ―dijo el mago, asegurándose de que nadie nos oyera.

―Sí ―aseguró Levi, calmado―. Floch.

―¿Creen que sospechó algo? ―pregunté.

―No, has hecho un buen trabajo, Mikasa ―me aseguró Armin.

―Aguardaré un poco más y me escabulliré cuando sea el momento ―dijo Levi.

Regresamos al centro del salón para no llamar mucho la atención. Noté que las miradas curiosas continuaban posadas sobre mí, hombres y mujeres volteaban la cabeza y me seguían al pasar. Levi parecía estar pendiente de cualquier minúscula cosa y no se apartaba de mi lado. Esperaba que esto no lo distrajera de nuestro plan, pero supe que sí lo había hecho en cuanto los músicos comenzaron a tocar y, en vez de alejarse sigilosamente e ir hacia el pasillo, se acercó a mí y me ofreció su mano. La tomé y me puse en la posición que Nanaba me había enseñado. Levi colocó su mano sobre mi cintura y me atrajo hacia él. Repasé los pasos en mi mente y luego dejé que me guiara.

Hice un gran esfuerzo para evitar perderme en ese hermoso momento. Si nuestras circunstancias fueran otras, lo habría disfrutado. Pero ahora no, no del todo; nos encontrábamos en peligro y debía estar alerta. Levi parecía estar teniendo el mismo problema: por momentos, sus ojos se encontraban perdidos en los míos y luego parecía recordar donde nos encontrábamos, así que su mirada se volvía cauta y seria. Deseaba que se quedara conmigo, pero también quería que fuera en busca del mapa y regresara pronto para no preocuparme por él. Necesitaba verlo regresar a salvo.

Aguardé a que terminara la primera canción y me detuve.

―Es hora ―susurré.

Su expresión se volvió más seria y, despacio, me dejó ir. Le mandó una rápida mirada de advertencia al mago y comenzó a alejarse. Ver su figura entre la multitud, hizo que una lucha interna se desatara en mi mente para evitar seguirlo. Estaba yendo a un lugar peligroso, sin compañía de nadie que pudiera ayudarlo. Levi era valiente, podía enfrentarse al peligro solo y, aún así, no tenía la certeza de que nada malo le ocurriría.

Era justo que supiera la verdad.

Fui tras él, tomándolo del brazo para obligarlo a darse vuelta. Sus ojos azules me observaron con confusión detrás del antifaz y, sin siquiera pensarlo, acerqué mi rostro al suyo y lo besé con lentitud. Le llevó un momento darse cuenta de lo que ocurría antes de poner sus manos sobre mis mejillas y seguir el ritmo. Sentí un poco de paz en mi interior, tan solo un poco. Esta era una forma de decir «me gustas, regresa pronto», y Levi lo había entendido.

Cuando la música comenzó a cambiar, me alejé un poco de él, intentando recuperar algo de control sobre mí misma.

―Si no voy ahora, nunca lo haré ―me dijo Levi.

Esta vez no lo seguí y me obligué a pensar de manera racional. Me dediqué a verlo, nuevamente, irse entre medio tantas personas.

―¿Te encuentras bien? ―preguntó el mago luego de aparecer a mi lado.

―Creo que he perdido la cabeza ―repliqué sin poder evitarlo.

―Debo admitir que estoy completamente sorprendido ―dijo Armin―. Eso fue tan diferente a la forma en que sueles comportarte.

Lo miré con reproche, rogándole que evitara otro comentario de ese tipo. Armin reprimió una sonrisa y desvió su mirada. Si Levi pensaba que sentía algo hacia el mago, eso, sin lugar a dudas, aclararía su mente.

Un hombre pasó frente a nosotros y volví mis pensamientos hacia él. Su pelo era castaño ceniza, apariencia refinada y una expresión de gracia tras su máscara. Llamé la atención del mago y lo señalé de manera disimulada. Ambos lo seguimos con la vista, se detuvo frente a dos hombres de contextura grande y se presentó como Evard, el encargado de la guardia real. Era un Warlock, Auruo. Lo analizamos durante un tiempo, su conducta era intachable, exceptuando cuando se mordió la lengua.

El mago se tensó a mi lado y yo lo miré con pena. Era la segunda vez en el día que cruzaba camino con los responsables de la muerte de sus padres, eso no podía ser fácil.

―Deberías bailar con alguien. Nanaba dijo que es costumbre que los hombres inviten a las mujeres a bailar.

Una chica pasó frente a nosotros y le di un empujoncito al mago en su dirección. El cuerpo del mago se endureció y, con una mirada de resignación, fue hacia ella. Sabía que no le gustaba bailar, pero los Warlocks estaban afectándolo y necesitaba tranquilizarse por el momento. Además, cualquier chica que no fuera una Nawa e intentara matarlo sería una buena opción para él.

Caminé de un lado a otro, pretendiendo observar cada detalle que adornaba el salón. La ansiedad estaba acabando conmigo, no veía la hora en que Levi volviera sano y salvo para largarnos de este lugar. Tras pasar un largo rato, fui a buscar al mago para ver cómo le estaba yendo, sin embargo, alguien interrumpió mi búsqueda. Alguien que heló mi sangre. Apareció frente a mí como un sigiloso fantasma, un joven alto de pelo castaño atado en una coleta, ojos esmeraldas detrás del antifaz y atuendo negro. Se movía con una calma inusual, su expresión era vacía. Era la primera vez que veía su rostro, pero sabía que era él. Eren.

―¿Me concede este baile? ―su voz carecía de todo tipo de emoción.

¿Sospechaba de mí? ¿O era simple casualidad?

―Mi prometido no tardará en llegar ―dije a modo de disculpa.

―Permítame acompañarla hasta que regrese ―respondió.

Su tono no era sugestivo, era autoritario. Quería negarme, sin embargo, no parecía la mejor idea dada las circunstancias.

―Está bien.

Me ofreció su mano y no tuve más remedio que tomarla. Su piel era fría y la sensación que tuve fue peor a la que había experimentado con el resto de los humanos. Comenzó a guiarme y lo seguí, atenta a cada uno de mis movimientos. La forma en que Eren bailaba, al igual que cuando caminaba, era inusual, incluso inhumana. Ninguna persona era capaz de movimientos tan estáticos, era como ver a una estatua cobrar vida. De seguro me veía humana junto a él.

―¿Tu nombre?

―Megan Ashford ―respondí.

Me miró a los ojos y yo pretendí estar viendo a las parejas que bailaban a nuestro lado. No sabía cuánto tiempo aguantaría, sentía que su oscuridad me envolvía.

―No recuerdo haberte visto con anterioridad, aun con el antifaz.

―No suelo venir a Liberio, soy de Rose ―respondí sin pensar, eligiendo un pueblo al azar.

Cada uno de mis sentidos se encontraban alerta ante todas sus acciones. Si intentaba algo, solo me llevaría segundos sacar mi espada. Miré su rostro por un breve momento, intentando encontrar algún gesto que lo delatara. Nada, sus intenciones eran un misterio. ¿Por qué se encontraba en el baile? Levi había dicho que los aprendices de Nawa no asistían a eventos públicos.

La mirada de Eren comenzó a inquietarme, debía sospechar algo, de lo contrario, no se encontraría bailando conmigo. Me armé de determinación y le devolví la mirada. Sus ojos se encontraban fijos en los míos y aun así no me decían nada, era como mirar a una de las armaduras que se encontraban en el pasillo.

―Megan.

Reconocí la voz y me volví, más que aliviada. El mago se abrió paso entre las personas y se acercó a nosotros.

―Jacob.

Eren se detuvo y le dirigió una mirada que aparentaba ser curiosa; a decir verdad, era inexpresiva.

―Lamento interrumpirlos, debo consultar algo con mi hermana ―dijo Armin.

El Nawa hizo un corto gesto de asentimiento y se alejó sin decir nada. Armin me tomó del brazo y tiró de mí, alejándome del resto de las personas. Sus ojos se habían vuelto peligrosos, su expresión era de horror. La imagen de Eren acosaba mi mente, miré de manera paranoica alrededor de nosotros, convencida de que en cualquier momento nos atacaría. No había rastros de él. Armin también lucía intranquilo, miraba en todas direcciones y se encontraba a la defensiva. El mago me había salvado de aquella pesadilla, sentí una profunda gratitud hacia él.

―Annie se encuentra aquí, la he visto ―susurró en tono desesperado.

―También Eren. Gracias por sacarme de allí ―respondí.

―¿Era él con quien bailabas? ―preguntó alarmado―. No lo reconocí con la máscara. ¿Intentó lastimarte?

―No, pero debe sospechar algo.

―Debemos salir de aquí. No puedo arriesgarme a que Annie me reconozca.

―Vayamos por Levi.

En el momento en que acabé con la oración, un hombre de antifaz negro pasó a mi lado y se tropezó, tirando su bebida. Me corrí justo a tiempo, logrando que cayera sobre la alfombra y no en mi vestido. El hombre se disculpó de inmediato y se ofreció a traerme algo para beber a modo de disculpa. Sus ojos eran oscuros y su pelo también, junto con la barba que estaba un tanto desaliñada para ser un noble. Me rehusé de modo gentil, asegurándole que no era necesario.

El mago me miró de manera impaciente y me llevó hacia la puerta, ansioso por alejarse del salón. Aguardamos hasta que uno de los guardias se distrajo y pasamos de manera sigilosa sin ser vistos. Atravesamos un oscuro pasillo de manera sigilosa y, una vez fuera de vista, el mago sacó un pergamino arrugado en donde Levi había dibujado un mapa del palacio.

Caminamos por una gran sala de estar, adornada con cuadros de los diferentes miembros de la familia real hasta llegar a un corredor con habitaciones. Según el mapa, una de las habitaciones contenía un viejo tapiz que ocultaba una de las entradas al recinto en donde se reunía el Concilio. Entramos y salimos de varias habitaciones, debían ser para hospedar huéspedes, ya que todas eran parecidas. Una gran cama con cortinas, un baúl y un tocador.

Llegando al final del corredor e ingresamos en una con un viejo tapiz de un dragón que ocupaba gran parte de la pared. Me acerqué, tirando de la tela, y la puerta que había detrás se reveló ante mí. Tuve una leve sensación de inquietud, quién sabe lo que nos esperaría detrás de aquella puerta. Armin también dudó por un momento antes de decidirse y llevar la mano hacia el picaporte. Ambos intercambiamos miradas alentadoras y dimos juntos un paso hacia delante.

Era difícil ver dónde nos encontrábamos, la única fuente de luz era una antorcha sujeta a la pared que iluminaba una gran estatua de dos dragones cuyos ojos miraban directo hacia nosotros. Era una advertencia. Uno de los dragones tenía una cadena alrededor del cuello con un gran amuleto del color de la sangre. Eran Darco y Nawa, pero ese no era el verdadero Corazón del Dragón, era una réplica. De seguro los Warlocks habían colocado la estatua allí como una especie de homenaje.

Estiré mi mano y tomé el brazo del mago en advertencia. Oía pasos, alguien se aproximaba en nuestra dirección a gran velocidad. Armin fue hacia la puerta, pero no había un picaporte ni nada que permitiera abrirla desde adentro. Nos arrojamos hacia la pared y logramos entrar en un pequeño hueco entre esta y los dragones. La estatua era lo suficientemente grande como para cubrirnos. La figura se acercó y fue hacia la puerta, no fue hasta que se encontró debajo de la antorcha que pude ver con claridad de quién se trataba.

―Levi ―susurré aliviada.

Se dio vuelta, alarmado, y maldijo al vernos. Lo examiné, no parecía lastimado, pero su expresión era turbia. Vino hacia nosotros, indicándonos que guardáramos silencio, y se escondió a mi lado. Lo miré intrigada, preguntándome la causa de su comportamiento, cuando se escucharon más pasos y comprendí que alguien más se acercaba. Intenté espiar para saber de quién se trataba, pero Levi negó con la cabeza y tomó mi mano, indicándome que permaneciera agachada. Debía ser un Warlock. Los pasos se detuvieron cerca de la estatua y quien quiera que fuera permaneció allí parado, sin moverse. Los tres habíamos dejado de respirar porque el más mínimo descuido revelaría nuestra presencia. La puerta se abrió y se escucharon más pasos, alguien había entrado.

―No me agrada que me hagan esperar, Annie ―dijo una voz.

Armin se endureció como una piedra a mi lado, miré su expresión, temiendo que sus nervios nos delataran, pero parecía en control de sí mismo.

―Lo siento, amo, no volverá a suceder.

―¿Marcel Galliard?

―Lo llevé al jardín y Eren se encargó de él. Órdenes de Kenny.

―¿Qué hay de su cuerpo?

―Eren lo tirará en el bosque en las afueras del pueblo, el pobre fue atacado por lobos ―respondió Annie al instante.

―Bien, sus preguntas molestas no volverán a ser un problema. Cualquier noble que intente involucrarse nuevamente en los asuntos de la corona, sufrirá la misma suerte.

Annie permaneció en silencio.

―No es necesario que regreses al baile, ya cumpliste con tu cometido.

―No tenía intención de hacerlo ―replicó ella.

―¿Qué hay del mago? ―su tono se volvió más severo.

―Lo siento, amo, perdimos su rastro cerca de Sina.

―No es la primera ocasión en la que fallas. ¿Acaso quieres sufrir el mismo destino que aquel traidor?

―Levi Rivaille jamás debió llevar el nombre de Aprendiz de Nawa, fue una deshonra y pagará por ello ―respondió furiosa.


Y hasta aquí el capítulo. Espero que les haya gustado :D ―se va corriendo antes de que le peguen por haberlo dejado en esa parte―.

Créditos a Tiffany Calligaris por la historia y a Hajime Isayama por los personajes.