Si había una cosa que odiaba mucho más que a Voldemort era perder, lo detestaba con todo el alma. Aquella sensación de derrota le irritaba de sobremanera, no podía sobrellevarla y mucho menos ignorarla, era horrible y agobiante, le hacía sentir humillado y dejaba su autoestima por los suelos. Odiaba perder más que nada en el mundo, le enervaba y le hacía bullir la sangre. Él era un campeón por naturaleza, o al menos así se había sentido toda su vida y si había una persona contra la que no le molestaba perder era Harry Potter. Pero aquel muggle de nombre estúpido era una cosa totalmente diferente, no solo había perdido ante él y había tenido que obliviatarlo, también había quedado como un completo estúpido frente a Potter, su madre, sus amigos y la familia de su novio y aquello era muchísimo más vergonzoso que cualquier cosa que hubiera experimentado antes.

Fue a parar al apartamento que su madre había adquirido únicamente para él, para que no tuviera que seguir abusando de la amabilidad de Pansy, era un penthouse de dos pisos en la zona rica de Londres, estaba decorada y amueblada de manera bastante moderna, gozaba con pisos alfombrados y de madera, era amplio y muy lujoso, más de lo que él necesitaba, pero su madre había insistido en que ningún hijo suyo merecía mucho menos que eso. Era bonito y tenía una magnífica vista al Big Ben, no pasaba mucho tiempo ahí, la mayoría de las veces se encontraba en Grimmauld Place con Harry y solo llegaba ahí a dormir, ni si quiera tenía comida en la nevera y la alacena no tenía más que sopas instantáneas y cereales.

Dejó que el agua de la lluvia escurriera en el piso, poco le importaba en ese momento arruinar la madera o la alfombra, estaba enojado consigo por haber perdido y con Harry por haber estado mirando a aquel tipo. Se sentía celoso, lo sabía, por eso no pensaba con claridad, se sentía humillado, se sentía herido ¿es que acaso no era él suficiente para Harry? ¿No había demostrado lo mucho que valía? Comenzó a dar vueltas de un lado a otro en el salón, salpicando todo, con su largo cabello rubio escurriéndole por el rostro. Él había hecho por Potter más cosas que cualquiera y además era guapo, físicamente atractivo y tal vez no era tan carismático y solía ser bastante sarcástico, pero de ahí en fuera era perfecto para Harry... ¿no?

El sonido de la aparición le hizo pegar un ligero saltito, sus piernas reaccionaron y rápidamente se dirigió hacia el piso de arriba por las escaleras de cristal, siendo detenido a mitad de éstas por una mano sujetándolo por la muñeca de manera delicada. Ahí estaba Harry Potter, tan mojado como él por la lluvia, luciendo sumamente atribulado. Y aquello solo le hizo sentir más furioso, Potter tenía la culpa de todo, él lo había orillado a portarse como un idiota Gryffindor y no como el orgulloso Slytherin que era la mayor parte del tiempo y lo odiaba por eso, porque cuando se trataba de Potter no era él mismo, nunca lo era y siempre salía lastimado.

—Draco, tenemos que hablar, lo que pasó en el parque...

—No quiero escucharte, Potter, suficiente tengo con la humillación de hace rato, fue tan estúpido pelear con un desconocido por tu estúpida atención —Le escupió prácticamente en la cara, furioso. Harry en vez de aminorarse reforzó su agarre.

—Es que es justamente eso, no tienes que pelear por mi atención porque ya la tienes —Draco hizo ademán de seguir subiendo, pero Harry no lo soltó. —Yo solo miraba su tatuaje, y pensé en hacerme uno que te representara, quería tatuarte en mi piel, Draco, eso es todo... —Sonaba desesperado, tal vez asustado.

Malfoy no lo miró, sabía que si lo hacía caería ante aquellos ojos verdes y no quería sentirse débil, estaba cansado de sentirse de aquella manera cuando se trataba de Harry. Quería mantener su orgullo intacto por primera vez en años, no quería sucumbir ante los encantos de Potter y su jodida mirada de no haber roto ni un puto vaso. Porque estaba furioso y quería seguir así un rato más ¿para demostrar qué? Ni él lo sabía, cosas de Slyhterin suponía. Jaló su brazo con fuerza, haciéndolo perder ligeramente el equilibrio pero finalmente se zafó del agarre del moreno y terminó de subir el tramo de escalera que le hacía falta.

Pesaba que lo del tatuaje era la excusa más patética que hubiera escuchado nunca. Había soportado el beso con Ginevra porque sabía que aquello no había sido culpa de Potter, sino de la magia del tiempo que buscaba regresar a su camino original, pero aquello era totalmente diferente, Potter había tenido el descaro de beberse con la mirada a ese tal Paul, George o John o como fuese que se llamara mientras el tipo ejercitaba su perfecto cuerpo de atleta. ¿Qué podía tener aquel que Draco no tuviera? Draco tenía buen cuerpo, lo sabía, había ejercitado bastante antes de que la guerra estallara y se mantenía en forma, durante sus años de Hogwarts había sido un rompecorazones por su belleza y no había alma ahí que se resistiera a sus encantos, por que Draco era encantador para todo el universo menos para Harry Potter, al parecer.

—Draco, por favor... —Rogaba Harry —Por favor, detente, tenemos que hablar... Maldición al menos mírame... Odio cuando te pones de esa manera...

El rubio se detuvo en seco en su camino hacia el baño donde planeaba encerrarse hasta que Potter se cansara y se largara de su apartamento. ¿Odiaba que se portara de esa manera? ¿Ahora él era la victima? Se dio la vuelta y lo encaró, fulminándolo con la mirada y clavando su dedo índice en su pecho, inclinándose ligeramente para verlo directamente a la cara.

—Eso, Potter, pedazo de imbécil, lo hubieras pensado antes de hacer lo que hiciste. Ahora lárgate de mi casa —Arrastraba las palabras y usaba el tono más venenoso que tenía en su repertorio y Harry no pudo evitar estremecerse, recordando todas aquellas peleas que habían tenido en el colegio, en las que habían pasado días, semanas sin hablarse.

Pero no tenían semanas, ni días, al día siguiente debían ir a la fiesta de los Malfoy y enfrentarse a Lucius, el tiempo límite de Draco estaba por llegar y ellos estaban discutiendo como un par de mocosos inmaduros. Pero Draco no se sentía inmaduro, se sentía en todo su derecho de estar furioso, de reclamar, de gritar, de romper y de golpear a Potter, de golpearlo como aquella vez en el expreso de Hogwarts cuando le había roto la nariz.

La cerámica que adornaba el pasillo, como jarrones y macetas comenzó a vibrar por la magia descontrolada de Draco, los cuadros en las paredes se balanceaban de un lado a otro y amenazaban con caerse y despedazarse, las puertas se abrían o se cerraban, azotándose y las escaleras chirriaban. El verde y el gris se encontraban y chocaban soltando chispas de manera no tan literal, era como estar de nuevo en quinto curso, cuando Draco fingía ser un mortífago y Harry era un joven con el corazón roto, enamorado del chico malo. Y ambos sabían lo que seguía, solo faltaba que uno cruzara la línea y Harry sospechaba que ese sería Draco.

Cerró los ojos esperando el golpe, manteniéndose firme, jamás se había echado hacia atrás cuando se trataba de Draco Malfoy y no iba a hacerlo en ese momento. Pero Draco no lo golpeó y las cosas dejaron de moverse por si solas, el rubio se apartó de Harry y se encerró en el baño como había sido su plan original, sellándola con magia y sentándose contra la puerta de madera, estaba llorando de la rabia y no iba a permitir que Potter lo viera de aquella manera, ya había pasado por demasiadas humillaciones en un solo día y no se creía capaz de soportar una más.

La magia de Harry fluyendo por debajo de la puerta le invadía, el estúpido auror estaba usando lo que sabía para intentar desbloquear la puerta. Draco reforzó el encantamiento, haciendo que saltaran chispas, sabía que podía causar una explosión mágica pero no le importaba nada, solo quería estar lejos de él. El moreno incrementó sus esfuerzos por tirar abajo la barrera que le impedía abrir la puerta y Draco tuvo que concentrarse bastante para no dejarlo pasar. Largo, largo, largo. Pensaba repetidamente y entonces la magia de Harry se esfumó. Draco pasó varios minutos tratando de sentir algo, nada, Harry Potter se había rendido con él, por tercera vez en todo el tiempo que llevaban conociéndose.

Tomó aire y levantó los encantamientos de protección antes de abrir la puerta, asomó la cabeza y no divisó nada más que el pasillo, puso un pie fuera, sintiéndose inseguro, luego otro y cuando estuvo seguro de que nada más ocurriría, salió del baño y se dirigió a su habitación, sabía que debía tomar una ducha si no quería pescar un resfriado, pero se sentía agotado y pensó que lo mejor era tomar una siesta, en un par de horas atardecería y aún tenía suficiente tiempo para descansar. Abrió la puerta de su habitación y se internó en ella. Se encontraba a oscuras, nunca abría las cortinas, pues siempre llegaba únicamente a dormir. Ni si quiera se molestó en prender la luz, caminó arrastrando los pies hasta la cama —nada digno de un Malfoy— y sin importarle si mojaba o no la colcha se dejó caer en ella, cerrando los ojos, ya no lloraba pero el nudo en su garganta seguía ahí.

Pronto llegó a una conclusión, estar enamorado apestaba, pero tal vez debió adivinarlo desde que se dio cuenta que estar enamorado era sinónimo de sentir ganas de vomitar. Suspiró y se abrazó a sí mismo.

—Estúpido Potter con su sonrisa perfecta, sus brillantes ojos verdes y su cabello que parece el nido de pájaros más bonito de la historia. —Se quejó en voz alta, pensándose solo. —Te odio por hacerme sentir así ¿Por qué no puedes mirarme solo a mí como yo te miro solo a ti? Soy un Slytherin ¿sabes? Soy egoísta y esas cosas... y te quiero solo para mí...

Sintió que la cama se hundía junto a él y se paralizó. Mierda.

—Lo sé, Draco —Le respondió con voz tranquila.

Harry se había acostado detrás de él y le abrazaba por la cintura, pegándolo a su cuerpo tiernamente de una manera que a Draco le recordó al Harry que le había pedido permiso para abrazarlo, aquel chiquillo flacucho y bajito que le había cautivado por su espíritu aventurero y su valentía. Pero él sabía, Draco sabía que Harry no era aquel mismo muchacho, y él tampoco era aquel mismo Draco, el tiempo y la guerra los había hecho diferentes, demasiado distintos y sin embargo había una constante que no había flaqueado en lo más mínimo, Draco Malfoy estaba locamente enamorado de Harry Potter.

—Te pedí que te marcharas —Dijo casi en un susurro, relajándose ante las caricias que Potter le daba a su cabello.

—¿Y cuándo te he hecho caso en algo? —Preguntó a modo de broma y Draco se permitió sonreír en la oscuridad. —No te he mentido... lo del tatuaje es verdad, pero te entiendo, yo también he estado celoso... ¿Recuerdas a Krum?

—Teníamos catorce, Harry...

—Y él diecisiete y era el mejor buscador del mundo, y el más guapo, y carismático y te comía con los ojos...

—Al menos él me miraba sólo a mí... —Reclamó y Harry se levantó un poco para besar su mejilla.

—¿Es que acaso necesitas usar legeremancia para creerme?

Draco rodó sobre sí mismo hasta quedar con la espalda sobre el colchón, Harry se recargó sobre su codo de lado, mirando a Draco quien mantenía una expresión seria, ambos sabían que la legeremancia no era necesaria. Se miraron en silencio a través de la oscuridad y tal como Draco había imaginado, los ojos esmeralda de Harry le trajeron paz y seguridad, se había rendido, había perdido una vez más ante sus encantos y ya no se sentía ni un poco molesto por ello.

—Bésame —Le pidió en voz muy bajita y Harry se inclinó inmediatamente sobre él, acariciándolo con sus labios, muy lentamente.

La saliva de Harry era como la droga, le invadía y le dificultaba el pensar y el respirar, le hacía sentir que necesitaba más y más de ella. Le hacía olvidar los peores momentos de su vida, sus inseguridades, sus miedos y su enojo. Con un solo beso lo llevaba a un viaje por el mundo, a un recorrido por el cielo, el infierno y el universo entero. Enredó sus delgadas y blancas manos en el mojado cabello de Harry quien comenzó a delinear sus labios con la lengua, pidiéndole permiso para entrar, permiso que se le concedió casi de manera inmediata.

Cuando sus lenguas se encontraron y comenzaron a batallar por tomar el control, Draco supo a donde se dirigía todo aquello y pensó que no había existido momento más perfecto, justo en ese momento necesitaba reafirmar que Harry James Potter era suyo, suyo y de nadie más y que así sería hasta el fin de sus días. Acarició la espalda de Harry, abriéndose paso entre la tela de su camiseta, delineando sus perfectos músculos de auror, su piel ardía bajo su tacto y le derretía hasta los huesos. Para Draco no había nadie más perfecto que Harry para él.

Potter no perdió el tiempo, con manos veloces comenzó a desabotonar la camisa del rubio, causándole a éste ligeros escalofríos, su piel era fría como la nieve y la de Harry ardiente como el sol y le estaba derritiendo lentamente, volviéndolo una masa irreconocible que jadeaba de expectación. ¿Sería que por fin consumarían su amor? Draco esperaba que sí, porque estaba más listo de lo que jamás en su vida lo había estado y estaba casi seguro de que Harry se sentía de la misma manera.

De manera muy torpe se desnudaron, olvidando completamente que podían hacer magia y que aquella acción hubiese sido más sencilla si lo hubieran recordado. Recorrieron la piel ajena con devoción, usando las manos y los ojos para desnudarse hasta el alma. Draco se sentía nervioso, jamás había hecho nada de aquello con nadie y estaba seguro que lo que tendría lugar a continuación no sería ni mínimamente parecido a lo que había hecho con Harry en la enfermería de Hogwarts tantos años atrás y estaba ligeramente asustado.

Pese a las protestas, ahora agradecía la charla que su madre le había dado, se sentía como un crío, no como el hombre de veintiún años que supuestamente era y no era para menos, aquella era su primera vez, y la de Harry y sabía que sería doloroso y no estaba seguro de haber memorizado bien los encantamientos de protección y lubricación y había comenzado a temblar ligeramente. Perfecto, Malfoy, no pudiste haber encontrado un momento mejor para portarte como un puberto. Pensó, pero al notar que Harry temblaba incluso más que él dejó de sentirse ridículo, si aquella sería su primera vez, se encargaría de que saliera lo mejor posible.

Acarició el cuerpo de su acompañante, las yemas de sus dedos en contacto con la morena piel de Harry producían pequeñas descargas de magia difíciles de describir, eran intensas pero satisfactorias, haciéndolos sentir mucho más unidos. Draco devoró su boca con pasión y ternura, el peso de Harry sobre su cuerpo le hacía sentir complementado y no pudo evitar soltar un pequeño jadeo cuando Potter comenzó a restregarse contra él. El rubio no demoró en tomar las nalgas de su acompañante y atraer hacia sí mismo la erección de Harry que cada vez se encontraba más dura y el solo imagínalo hacía que Draco se relamiera los labios.

Se acomodaron entre húmedos besos, hasta que lograron que ambas erecciones se tocaran y se restregaran una contra otra, la expectación hacía que el libido subiera y el sudor comenzara a recorrer sus calientes cuerpos. Harry gruñía entre cada beso, susurrando cosas inentendibles a lo que Draco respondía arañándole la espalda suavemente, enterrando sus cortas uñas en su piel. Y era maravillosa la sensación de tenerse así, piel contra piel, erección contra erección y boca contra boca.

Pero ellos ya habían hecho aquello antes y ahora estaban en busca de dar un paso más, en busca de una nueva aventura. Draco tomó la iniciativa, con Harry demasiado ocupado restregándose contra él y besándolo, amasó las perfectas nalgas del auror Potter y jugueteó con ellas un poco, Harry había decidido que la boca del ojigris ya no era suficiente y que necesitaba algo más y fue bajando hasta su cuello, succionando, lamiendo y mordiendo. Malfoy sabía lo muy excitado que se encontraba su compañero, podía sentirlo en la dureza que se restregaba contra la suya, así que aprovechando aquello, muy discretamente, estiró los brazos y empezó a juguetear con la fruncida y cerrada entrada de su novio, el cual no se quejó en lo más mínimo.

Le costó trabajo concentrarse por la calentura del momento, pero Draco finalmente logró aplicar un encantamiento no verbal de lubricación en sus dedos y en el ano de Harry quién gruñó contra su lóbulo, como un león recién despertando. Intentó ir de manera lenta, ni él ni Harry habían hecho algo similar nunca y le preocupaba hacerle daño, ambos eran inexpertos y no estaba seguro de que las cosas salieran bien, quería entrar en Harry y hacerlo suyo por completo, pero no quería pensar únicamente con el pene, así que intentó prepararlo de manera lenta y cariñosa. Harry estaba muy apretado, demasiado, estaba húmedo y caliente y aquello solo hacía que la excitación de Draco se elevara hasta niveles que no creía posibles hasta antes de aquel día.

Harry hacía muecas de dolor y sus besos habían menguado, era claro que no estaba disfrutando para nada de lo que Draco hacía dentro de él, pero en ningún momento le había pedido que se detuviera. Ambos sabían que las primeras veces eran cortas y dolorosas, pero estaban tan seguros de lo que sentían el uno por el otro que no les importaba demasiado, aunque era claro que Harry se llevaría la peor parte. Como un Gryffindor ejemplar, Potter se recuperó y atrapó ambas erecciones para comenzar a masturbarlas, mientras Draco seguía trabajando en su interior, lentamente, poco a poco, hasta que sintió que era el momento adecuado de introducir un dedo más.

Los besos se intensificaron, Malfoy se había encargado de tener a la altura de su boca el cuello de su acompañante para besarlo y saborearlo; Harry tenía un sabor muy particular que no se comparaba con nada que hubiera probado nunca antes, era dulce y salado a la vez. Mordió muy cerca de su oreja, sabía que aquel lugar era uno de los puntos erógenos de su acompañante quién comenzó a masturbarlos más rápido en cuando Draco comenzó a lamer y morder ahí constantemente. Aprovechando ese nuevo hipeDraco introdujo el tercer dígito y comenzó con el trabajo de abrir la entrada, con un masaje ligero. Sabía que su prioridad era encontrar la próstata de Potter, pero el que éste lo masturbara y restregara su erección contra la suya le estaba distrayendo más de lo que deseaba y pronto se encontró pensando en que quería entrar en él, ya no era cuestión de placer, si no de vida o muerte.

—Dentro, Draco, te quiero dentro —Jadeó Harry contra su oído mientras se movía de atrás hasta adelante, haciendo que la erección del rubio pasara entre tus nalgas.

Aquello había sido demasiado para el pobre Draco que llevaba siglos esperando por aquel momento. Tomó a Harry por la cintura y prácticamente lo obligó a sentarse mientras él hacía lo mismo debajo de su cuerpo. La rosada erección de Malfoy estaba entre las nalgas de Harry quién lo miraba con los ojos más brillantes que nunca, pese a que el color verde de sus ojos era opacado por su dilatada pupila; el moreno lo miraba con deseo puro, estaba tan ansioso como él de concluir aquel acto que llevaban esperando muchísimo tiempo.

—Te amo —Dijo Draco apartando un mechón de cabello del rostro de su acompañante, el cual se encontraba más rebelde que nunca.

Harry se inclinó y lo besó como respuesta, enredando sus brazos alrededor del cuello del rubio y levantando las caderas, alineando su entrada con el glande Draco el cual sujetó su propio miembro para ayudarle un poco. Potter no lo dudó demasiado y fue bajando lentamente, no sin antes haber lubricado nuevamente su interior. Harry era tal cual Draco había imaginado, estrecho, caliente y jodidamente húmedo, solo merlín sabía que no iba a durar demasiado en aquel estado, no con el amor de su vida aprisionándole de aquella manera.

Harry gruñía débilmente, quejándose por el dolor que le causaba empalarse a sí mismo y sin embargo no se detenía, bajaba muy lentamente para tortura de Draco, quién se entretenía pensando en que no lo hacía a propósito. El pene del moreno disminuyó de tamaño haciendo obvio el dolor que estaba sintiendo y Draco rápidamente se dispuso a acariciarlo y a morder sus labios como a Potter tanto le gustaba que hiciera. Sólo merlín y Salazar sabían lo que Draco estaba batallando para no correrse en cuanto Harry terminó de bajar, haciendo que sus morenos glúteos chocaran contra los testículos del ojigris.

—Joder, Harry... —Dijo soltando un jadeo de placer.

Ambos se quedaron quietos, con sus alientos chocando y mirándose a los ojos, Harry sonrió cálidamente y recargó su frente contra la de Draco, cerrando los ojos, seguramente acostumbrándose a la intromisión en su cuerpo. Pero Malfoy no quería cerrar los ojos, no quería perderse ni un segundo de aquel maravilloso momento; se sentía tan excitado que lo único que quería era que Harry se moviera un poco y la vista tampoco era de mucha ayuda, tenía frente a si a un hombre guapo y musculoso cuyo sudor caía por sus fuertes brazos y abdominales, cuyo pene comenzaba a ponerse erecto nuevamente, mostrando toda su gloria, haciendo que Draco se preguntase si dolería mucho tener dentro aquel enorme pedazo de carne, por supuesto que tarde o temprano lo descubriría.

—Cuando todo esto termine mañana... —Comenzó a decir Harry, aún con su frente contra la de Draco, respirando suavemente y jadeando por las caricias que las manos de su acompañante le proporcionaban a su pene. —Vayamos a la playa, hagámoslo al amanecer...

Pero Draco quién había hecho una mueca de disgusto al pensar que las cosas podían no salir bien, no pudo replicar, Harry había comenzado a moverse, de arriba hacia abajo montándolo a un ritmo lento y tortuoso, haciendo que la conciencia del rubio se fuera a lo profundo de su ser, y se quedara allí guardadita. Sentir, sentir, sentir, era lo único importante en aquel momento. Al principio Harry no parecía estarlo pasando tan bien como Draco quién jadeaba y gruñía por la excitación, pero conforme pasaron los minutos aquello cambió y Draco supo, en cuanto Harry soltó un gritito de placer, que había logrado encontrar su propia próstata.

Y era jodidamente erótico tener a Harry-el-auror-más-sexy-del-mundo-Potter montándolo de aquella manera que se había tornado desesperada y llena de lujuria. Draco agitaba el pene de Potter con bastante rudeza, pero es que no podía ser de otra manera, no si el ano de Harry lo estaba absorbiendo de aquella manera tan deliciosa, llevándolo al límite del éxtasis. Conforme la excitación subía también lo hacía el aura mágica de ambos. Los objetos de la habitación comenzaron a levitar y a vibrar, Draco podía sentir su propia magia acariciando a Harry y podía sentir la magia del joven que vivió envolverlo y poniéndolo más caliente, si es que aquello era posible.

El sonido de sus pieles chocando lo hacía todo más maravilloso y sus descontrolados poderes mágicos creaban lucecitas doradas y plateadas que revoloteaban por toda la habitación. Harry subía y bajaba rápidamente, repitiendo una y otra vez:

—Joder, Draco... tan grande, tan grueso...

A lo que el rubio respondía.

Ghmvnlaf...

Y entonces Draco sintió el líquido pre seminal escurrir en su mano y decidió que debía abrir los ojos que no podía perderse aquello, no podía perderse el momento en que Harry se correría. El moreno estalló con un rugido de león que sacudió el piso completo, había sido intenso, había soltado muchísimo semen, manchando su abdomen y el de Draco, su ano se contrajo de manera que el pene de Draco no soportó más y llegó al clímax instantes después, había sido delicioso, sublime, no solo habían conectado sus cuerpos, si no sus magias y sus mentes. Era como haber encontrado una parte que les había hecho falta toda la vida y ni si quiera lo sabían.

Harry se desmontó con mucho cuidado, no parecía que le doliera mucho, pero aun así Draco se encargó de ayudarlo a recostarse sobre la cama, pese a su cansancio. Ambos se acurrucaron en la cama y compartieron una sonrisita tonta. Harry jamás había visto los ojos de Draco brillar tanto y Draco jamás había visto a Harry lucir tan hermoso. Se mantuvieron de aquella manera un rato más, hasta que se acurrucaron juntos y se quedaron profundamente dormidos. Draco soñando con un futuro junto a Harry que incluía una bella casa de campo y un par de niños perfectos. Harry repasando el plan que tenía preparado por si las cosas no salían bien al día siguiente; Draco ya había sacrificado mucho por él, ahora sería su turno de devolverle el favor.