— Si sigues mirándolo se va a desgastar y no habrá Sherwin que abrazar—.

— ¡Mamá! —.

Tenía razón; sentí una inquietud tremenda al darme cuenta lo mucho que lo estaba mirando desde la ventana del auto. Pero no podía evitarlo, Sherwin había sido hecho para ser visto y deleitarse con su hermosa figura, estaba hermoso hoy. Simplemente tan lindo que las manos me temblaban para ir a tocarlo y no separarme de él. Suspiré fuertemente mientras lo veía alejarse a paso lento junto con su mamá, recordándome por qué carajo no los habíamos llevado a su casa si mi madre tiene auto.

Ah si, Sherwin tenía que ir a comprar un par de botas para la excursión que haremos la próxima semana. El amable director ya había pedido mi opinión hace tiempo, y como quería consentirnos antes de graduarnos, qué mejor que sugerirle que nos pague el boleto a cada uno para ir a un bosque lleno de luciérnagas y ríos. Al menos para mí, era un paisaje perfecto. Y un Sherwin con botitas, compartiendo cabaña conmigo, no sonaba nada mal.

— Mamá, la próxima semana será la excursión...— mencioné distraído con el humo que salía de mis labios por el frío que hacía ese día—.

— Ajá. ¿Qué con eso, amor? ¿Quieres que te reporte enfermo?— Su leve risa me hizo voltear a verla.

— Para nada... Solo quiero que cuides a Sans—.

— ¿A esa bola de pelos sarnosa? ¡Claro que no!— Contestó sonriendo más notablemente—, es más, usted no me ha pedido permiso, jovencito. Ahora resulta que estos niños de hoy en día se mandan solos—.

— Vamos mamá, tu sabes lo responsable que soy—.

— ¿Enserio lo sé?— replicó con burla.

Rodé los ojos y sonreí de lado. Mamá hizo la misma expresión y en ella se veía adorable.

— Bueno, tienes permiso, pero con una condición— retomó ella la palabra, mirando por el retrovisor para salir de donde se encontraba estacionada. Aproveché para abrochar el cinturón de seguridad que me quitaba la posibilidad de respirar—: Quiero que seas responsable totalmente, y me refiero a... Bueno, tu entiendes—.

Mi mirada se desvió de enfrente a mi madre. ¿De qué habla?

— ¿Sobre lo de mantener al salón unido y que ninguno de mis compañeros se meta a nadar al lago que estará casi congelado? Descuida, ellos me harán caso. Ser jefe de grupo es más que—

— No es a eso a lo que me refiero— me interrumpió ella, con su mirada verde olivo punzando con fiereza sobre mi persona. Alcé una ceja y le dediqué toda mi atención.

— No entiendo... ¿a qué te refieres mamá?— Mi vista se distrajo por el semáforo en rojo y enseguida pensé en el cabello de Sherwin.

— Hablo de que... Sherwin... Él...— Mamá no hallaba las palabras para hablar.

— Sólo dilo—.

— No quiero enterarme de que te acostaste con él o abusaste de su inocencia en un lugar en el que tú serás completamente responsable de todos los demás niños—. Mierda.

Mierda, mierda y mil veces mierda.

Pensar en el Sherwin al que asusté hace unas semanas por mi comportamiento impulsivo hizo que no pudiera replicarle a mi mamá que yo no era así de insensato.

Claro que lo era, soy un chico. Con una curiosidad enorme y un lindo pelirrojo para desquitarla. Otra cosa aparte era que él me dejara.

— Eres un hombre, Jonathan, un chico de porte refinado y elegante, que sobre toda circunstancia es un caballero. Desde pequeño te he educado así—. Mamá debió haberme volteado a ver y seguro comprobó lo rojo que me puse, por que enseguida suavizó su tono duro de voz y acarició mi mejilla sin dejar de manejar, llegando ya al frente de nuestra casa— No es que desconfíe de tí, amor, sino que quiero que sepas todo lo que... Puede llegar a incomodarte a tu edad—.

La conversación era demasiado incómoda. Oh, si.

Que llovieran piedras o cayeran aviones despedazados por favor, por que me estaba sonrojando demasiado. No es nada que no hubiera leído en algún libro, pero mamá era demasiado directa y yo ya no la estaba escuchando, simplemente veía el movimiento de sus labios, logrando identificar —desafortunadamente- palabras como "amor", "coger" (creo), y "Sherwin".

—... por eso espérense mejor a que regresen, ¿comprendes?—.

Asentí rápidamente con la cabeza aunque no escuché un carajo. Ni tiempo le dí de que comenzara a decirme sobre protecciones por que enseguida bajé del auto y grité un "¡Iré a practicar un rato en el piano!".

No quise ni voltear. Dios, que horror. Sentía terriblemente calientes las mejillas.

— "Por supuesto que no le haré nada... Creo..."— Pensé para mí, entrando a la casa con el corazón latiéndome a mil. Ví que mamá aseguraba el auto y corrí a mi habitación a esconderme.

¿Más pláticas?

Nop. Gracias.

Mi atención se fué al diablo cuando Sans por enésima vez se paseó entre mis piernas y dejé de tocar la pieza clásica en el piano para dejar caer mi cabeza sobre las teclas y suspirar.

No tenía ganas de estar haciendo esto.

Quería... No, necesitaba ver a Sherwin. Torcí la boca en un gesto de frustración y para desquitarme, comencé a tocar nuevamente pero con fuerza.

Habían pasado dos días desde que mamá mencionó ese tema.

Desde entonces, no he podido dejar de pensar en lo idiota que puedo llegar a ser si Sherwin me permite más de lo que estamos dispuestos a ceder. Y como soy un idiota, he estado evitando quedarme a solas con él.

Por ejemplo hoy, —día en que decidí que me odio demasiado—, la señora Winter llamó a mamá y la invitó a ir de compras. Ambas salieron desde temprano y no creo verlas hasta dentro de un buen rato, puesto que mi mamá es terriblemente quisquillosa para elegir ropa y zapatos. Muy aparte de ese tema, me ofrecieron ir a quedarme con Sherwin para que no se quedara solo, ya que su hermana al parecer iba a salir con su novio también.

Yo como buen niño, obvio, dije que si.

¡Por supuesto que dije que no! Puse de excusa que tenía que reunirme con los del equipo de béisbol. Que tenía que practicar en el piano. Que Sans estaba enfermo y debía llevarlo a la veterinaria.

Estoy estúpido. ¡Me consta!

No quiero quedarme a solas con Sherwin... Mamá no tiene razón, había dicho que tenía razones para confiar ciegamente en mí, pero no, ella absolutamente bajo ninguna circunstancia debe confiar en que no intentaré algo cuando esté con un niño a mi disposición, que encima me gusta y me atrae de una forma inimaginable.

¿Qué diablos estaba pensando cuando pedí al director mandarnos tan lejos, y aislarnos del resto del mundo en un campamento invernal donde seguramente todos se encerrarían hasta la hora de salir a comer o a convivir un rato? Creo que inconscientemente buscaba estar a solas con Sherwin, y de paso, inconscientemente aprovecharme de él. Si mi madre no hubiera recalcado en el auto que... Joder, sí, deseo a Sherwin... Nada de esto me estuviera torturando. Pero no sería consciente de ello... Hé ahí el otro problema.

Me levanté confundido y furioso de donde estaba sentado, dirigiéndome a mi habitación.

Una vez allí cerré la puerta con fuerza y me aventé a la cama.

Ya tenía más de una semana que había aclarado mis sentimientos por él. Que había descubierto que me atraía un chico, por él. Que era capaz de desear el cuerpo de un hombre, por él.

Me sonrojé enseguida. Qué raro sonaba eso... ¿Así se sentían todos los chicos cuando descubrían que les gustaba alguien de su mismo sexo?

— ¿Por qué le das tantas vueltas al asunto, Jonathan? Es algo muy natural... Se ve todos los días...— Me susurré con frustración. Además, soy consciente de que a los varones les daba más curiosidad el tema de la sexualidad una vez que era descubierta.

Me levanté y me dirigí a la computadora.

"¿Por qué pienso tanto en sexo? Soy chico"

Agh. Qué asco de pregunta para el señor, oh, buscador. Pero era necesario.

Un sin fin de páginas aparecieron y no faltaron las pornográficas. ¿Por qué? Quién sabe.

Estaba atento comenzando a leer un artículo de la adolescencia y como los cambios en mi cuerpo empezarían a aparecer cuando un mensaje como notificación pequeña apareció en la esquina de la pantalla.

Joder...

Era mi preciosa cereza.

"Jonathan... ¿estás ahi?"

Sonreí como idiota, seguro estaba tras su computadora, sonrojado, esperando a que le contestara con esa hermosa sonrisa tímida que tanto luce. Imaginármelo me hizo suspirar enamorado. Sin ser consciente, me olvidé de lo que estaba investigando completamente.

"Hola, guapo. ¿Qué hay?"

Mi corazón latió emocionado por la espera de recibir tan siquiera un mensaje corto de él. Me embargó un sentimiento cálido al ver el "escribiendo" inmediatamente. Es tan atento, tan tierno... Lo quiero. Lo quiero tanto...

"Aburrido... Iba a comenzar a ver una película pero te vi conectado y... Bueno... Quise saludarte..."

Sentir tanto cariño por alguien a quien no estás viendo, pero que sabes que es él, debería ser ilegal. Apostaría a Sans a que si tuviera enfrente a Sherwin ya estuviera coqueteando con él, y besándolo.

"Vaya, qué honor, príncipe. En realidad solo me conecté un rato para saber si tú estabas conectado. No puedo dejar de pensar en tí"

Mentira. No me conecté por eso pero sí que no podía dejar de pensar en él.

"Yo tampoco. Siempre estoy pensando en tí"

Joder. Me tiene donde quiere y como quiere.

"Eso me agrada, con eso ya me consta que eres mío, Sherwin"

"Me gusta ser tuyo..."

Ok. Una cosa era hablar y coquetear con él en persona. Otra muy diferente era interpretar a como mis deseos me ordenaran, los mensajes y coqueteos que él enviaba. Su último mensaje sonaba sugerente, y la culpa era mía. Era tanto mi amor y tanta mi exaltación que lo interpretaba de otra forma y era eso justo lo que quería evitar con Sherwin. No quería asustarlo otra vez.

Recordé por qué había encendido la computadora y me sentí de alguna forma traidor. Sherwin confiaba con toda su inocencia en mí... Y yo... Joder...

"Pequeño, debo ir a prácticas de béisbol... Hablamos luego, ¿si?"

Sin esperar respuesta, apagué todo y maldije por dentro mi jodido cuerpo hormonal. No quise ni cambiarme, salí de la habitación y consecuentemente de mi casa para ir a donde los chicos estarían entrenando el día de hoy. Había dicho que no iba a ir pero no era la primera vez que decía que no y luego si llegaba. Ellos nunca cuestionaban nada y era mejor así.

— Necesitas dejar de pensar tanto en Sherwin, Jonathan... Sólo eso...— Me dije a mi mismo, queriendo convencerme de ello.

Quizás después de entrenar vaya a ver al director para que me asigne alguna actividad extra para mantenerme lo más distraído posible. Las ideas se me acaban, y mis ganas de ir por Sherwin, alarmantemente aumentaban.

— Espero que lleves ya todo amor. No quiero que me llames a media noche diciéndome que olvidaste tu hilo dental o tu cepillo. Por que ni loca salgo con este frío a esa hora—.

Sonreí y negué con la cabeza, miré a mi mamá viéndome con una leve severidad que me hizo recordar que hace poco nos llevábamos relativamente mal. Estoy tan contento de que ahora todo sea diferente.

— Llevo todo mamá, no te preocupes— Aseguré con una sonrisa de lado.

— Si amor, y si necesitas cualquier cosa, no importa la hora que sea, llámame y yo llegaré allá en un instante—.

Me abrazó tan fuerte que no me dejó mencionarle que se acaba de contradecir de una forma muy graciosa y distraída. La amo tanto...

Mis compañeros comenzaron a gritar desde el autobús que nos llevaría a las cabañas. Al parecer algo habían hecho y sus carcajadas resonaban con fuerza en la entrada de la escuela. Me separé de mi madre y le dije que la quería, y la vería en una semana, para después irme con una pequeña maleta y subirme al camión.

Sherwin estaba sentado hasta la parte de atrás, con una expresión un tanto seria pero tierna. Sonreí de lado dispuesto a ir con él, pero un tirón en mi brazo hizo que me tambaleara un poco y volteara a ver a mis amigos, que estaban jugando con una pelota dentro del reducido espacio del camión.

— ¡Y Frederick lanza a la izquierda, pero Jonathan reacciona para que no anoten, y ¡Lo regresa! ¡Gol!—

Reí ante sus gritos y enseguida me ví rodeado de mis amigos de béisbol y varios chicos del salón con los que generalmente me juntaba. Terminé sentándome con ellos y comenzamos a platicar de estupideces; entre gritos, risas, carcajadas y groserías —de parte de ellos—, llegamos a nuestro destino.

Fué entonces que me dí cuenta que había pasado cuatro horas de viaje ignorando a Sherwin.

Joder...

Volteé hacia su asiento, para ver que estaba mirando distraídamente hacia abajo. Iba a hablarle pero Christian me abrazó por los hombros haciendo que casi nos cayéramos.

— Vamos Jonathan, ya llegamos, apuesto a que quieres ver donde podemos jugar un rato un buen partido. Hay que patearle el trasero al idiota de Daniel, ¡apúrate, cabrón!—

Dándome empujones logró sacarme del camión que ya había parado y me permití ver el lugar: blanco. Todo estaba cubierto de nieve y se veía blanco. Era hermoso.

— Te pediría que durmieras conmigo y con mi novia pero estoy casi segura que no nos dejarán, dicen que la arrendataria es muy... Especial y conservadora—.

La voz de Kelly me hizo dejar de prestarle atención al paisaje y la volteé a ver con las cejas fruncidas. Eso sonaba a que no podría estar mucho tiempo pegado a mi mejor amiga.

— Es una lástima Kell, de verdad quería quedarme contigo, hay tanto que quiero contarte...— Dirigí la mirada a donde mis amigos gritaban que habían encontrado una ardilla o algo así. Sonreí con ganas y mi mejor amiga susurró algo como "salvajes".

— Pero mira el lado bueno, podrás estar con Sherwin—.

Las palabras me cayeron como balde de agua fría y sonreí forzadamente. Negué enseguida con la cabeza y tomé mis maletas para conseguir una cabaña lo suficientemente grande para que entraran al menos dos de mis amigos conmigo.

— Preferiría que no sucediera eso—.

La mirada de Kelly me hizo entender que no se esperaba esa respuesta mía. Si hubiera puesto atención, justo adentro del camión a unos cuantos pasos de mí, hubiera visto otra mirada que me habría indicado que había lastimado alguna parte del corazón de alguien importante.

La primera noche prometía ser de lo más divertida. Desde que conseguimos una cabaña, mis amigos y yo no habíamos parado de reír ante las estupideces que hacían los tontos de Christian y Frederick.

Solamente nos tranquilizamos un poco cuando decidimos ponernos todos de acuerdo y nos reunimos afuera, para encender una fogata y sentarnos al rededor.

En ese instante me permití ver a mis compañeros de salón como verdaderos amigos y sonreí sinceramente. Todos me caían muy bien, y yo les caía bien a ellos porque era su jefe de grupo, su guía, y aún así, nos tratábamos a todos por igual.

— Bien, la noche es joven, mariquitas. ¿Quién cuenta la primera historia de terror?— La voz de uno de mis amigos sonó burlona entre los murmullos de los demás.

— Cuéntala tú mi amor, y tendrás premio esta noche—. Contestó Tyler con ánimo y burla, haciendo un gesto de estar haciendo una felación ante la palabra "premio". Sonreí con ganas pero no hice comentarios, al igual que mis demás compañeros.

— Si me la quieres chupar no es necesario que pongas excusas, bebé, ya soy tuyo—. Los gritos y risas no se hicieron esperar y terminamos hablando de todo menos de historias de terror.

Estaba tan contento que no notaba un par de miradas sobre mí.

Los temas cambiaban y todos hablábamos, riéndonos o mirando a otros con comprensión cuando comentaban algo fuera de las burlas.

Todos participaban, unos más y otros menos... Como...

— Sherwin, no hables tanto que nos molestas—. Inquirió una chica con tono sarcástico a lado del pelirrojo a quien yo no había notado hasta ahora. Mierda... ¿de verdad no lo había notado?

Él se sonrojó y bajó la mirada, sonriendo apenadamente, mientras murmuraba un lo siento que estoy seguro nadie escuchó.

Su sonrisa me contagió y me levanté de donde estaba sentado para dirigirme a él y tenderle mi mano.

— ¿Me acompañas un momento, Sherwin?—. Hablé en un tono moderado para no atraer miradas, pero creo que todos nos estaban viendo desde el momento en que me acerqué a él.

El lindo pelirrojo me miró y asintió, asomando apenas una sonrisa nerviosa. Tomó mi mano y comenzamos a caminar para alejarnos de los demás. Los gritos, risas y silbidos me hicieron molestar un poco, pero no tanto como un comentario en especial.

— ¡Desocupen rápido lo oscurito que mi hombre también me la va a chupar!—.

Apreté las mandíbulas y sin medir mis acciones, me dí media vuelta y le enseñé el dedo medio como gesto de que podía irse al carajo. Claro que eso nadie lo tomó enserio.

Cuando alejé a Sherwin un poco más, me pude relajar y soltar su mano para sonreírle, a lo que él me sonrió de vuelta con una timidez adorable, desviando rápido su mirada. ¿Me estaba evitando de alguna manera?

— ¿Te la estás pasando bien?— Comencé un tema de conversación relativamente casual, sentándome sobre una piedra que daba vista a un lago congelado. Se veía hermoso con la luz de la luna y el aroma a pino húmedo que había en el ambiente.

Sherwin imitó mis movimientos.

— Supongo que si... N-no suelo hablar mucho con los d-demás... Mi hermana dice que a los raros como yo... Bueno, eso no importa...— Murmuró, haciendo una expresión que no pude interpretar.

Tomé su mano, y lo jalé a mi cuerpo. Sherwin estaba calentito y se veía tan lindo con su chamarra color verde olivo, y su pantalón oscuro que combinaba perfectamente con sus botitas cafés.

Ahí estaba el jodido cosquilleo. Me picaban las manos por tocarlo. Relamí mis propios labios y me dí cuenta de la sed que tenía hasta ese momento. No pude realmente atrasar lo que iba a pasar, pero fuí acercándome lentamente a su rostro y pidiendo permiso con la mirada, le pregunté silenciosamente si podía besarlo.

Sherwin sonrió un poco y no me importaba si se negaba, pues yo ya había buscado su boca y comencé a besarlo de forma dulce.

Nuestros labios hacían un sonido parecido al que se produce cuando se chupa una paleta. Tronaban por los besos y la humedad que compartían nuestros labios. Y mientras más durábamos besándonos, más me aventuraba a tocar, comenzando por su cabello.

Sherwin sabía a bombones, seguramente de los que estaban comiendo en la fogata.

Acercándome un poco más, mordí su labio inferior y lo sentí emitir un sonido parecido a un jadeo, abriéndome su boca. Ahora si, me posicioné un poco más encima de él, y comencé a besarlo con ganas. Recorrí con mis manos sus mejillas, y después bajé a su cuello, metiendo mi lengua dentro de su boca descaradamente.

Jamás había hecho algo así. Era delicioso, me encantaba esa forma de besarlo, era como si todo él me perteneciera; Sherwin jadeó más y me ví necesitado de sentir su piel, quizás con el frío que había por la nieve él tuviera una temperatura corporal mucho más moderada que la mía, que se sentía como si estuviera a más de 100 grados centígrados.

Me separé un poco, juntando nuestras frentes y de inmediato metí mis manos debajo de su chamarra y su camisa, buscando su piel.

Mi boca buscó su cuello y cuando dí una lamida larga, supe lo excitado que estaba, gruñendo un poco contra su piel blanca.

— ¡No!—.

Fuí empujado y cuando abrí los ojos el mismo Sherwin que había estado en mi cocina estaba ahí, sin embargo, ahora no solo había miedo en su mirada, sino algo más.

— ¿Para eso me quieres solamente? ¿Para un rato?—. Su voz sonó más un tono más varonil y supe que estaba molesto.

No entendía nada. De verdad... me pasé otra vez.

Mi silencio le hizo continuar aunque hubiera preferido seguirlo besando.

— Me ignoras, no una, sino dos malditas semanas, me evitas con patéticas excusas, me haces a un lado, y encima te da vergüenza admitir que somos novios frente a los demás... Y cuando me tienes para tí solo, quieres... Sólo quieres...— Sus ojos se llenaron de lágrimas y por primera vez, Sherwin se enojó conmigo de una forma que le permitió empujarme con fuerza.

— No es... N-no es así...—

— Además, te escuché decirle a Kelly que preferirías no estar conmigo en este viaje, pero si con tus mal hablados amigos—.

— Sherwin...— Negué con la cabeza, preocupado de a donde se estaba dirigiendo la conversación.

— Y cuando por fin te acercas a mí...— Desvió su mirada para que no pudiera ver sus lágrimas, aunque no ayudó mucho que la luz de la luna las hicieran brillar—, cuando por fin me buscas... Es sólo para...— Fué bajando lentamente su voz— Ella tenía razón...— Mordió su labio inferior.

Era mi turno de hablar.

— No es por eso... Si me dejaras explicarte... Si supieras por lo que he pasado esta semana...—

— ¿Explicar qué? Pasaste primero, segundo y parte del tercer año de secundaria sin hablarme. T-te dije que te amaba, y cuando estuvimos solos quisiste aprovecharte de mí, sabiendo lo que yo siento. Vuelves a estar sin hablarme y cuando me buscas otra vez es para intentar lo mismo—.

— N-no... No malentiendas... Yo...— Comencé a sentir una presión en el pecho. Mi corazón... ¿Qué pasa?.

— ¿Es que sólo piensas... Sólo quieres acostarte conmigo? ¿O lo harías con cualquier otro?— Una chispa de inseguridad intensa brilló en sus ojos.

— No... Quiero decir... Si, si quiero... Pero no con cualquiera...— Intentando explicar la situación en la que me tenía, no pensaba mis respuestas. Solo quería aclararle lo mucho que me gustaba, y lo que eso conllevaba.

— Entonces si tantas ganas tienes de coger, ¡buscate a otro!— Me hubiera sorprendido por su vocabulario pero en este momento me había quedado claro que nos sobrepasaba la situación como para dejarse llevar por nimiedades. Además de que Sherwin no estaba siendo para nada tierno ni tímido como siempre, y si quiso llorar, no se mostró débil— Yo te amo pero no me usarás para algo de un rato, Jonathan—.

— Sherwin... No es así...— Tomé su mano y recibí un empujón más fuerte.

— Suéltame—.

— Espera... Déjame explicar...— Mi corazón dolió.

— Está más que explicado para mí. Mejor explícale a Shirley el por qué me ignoras diario—. Antes de darse la vuelta, aventó con fuerza algo hacia mí— Y de una vez, quédate con él. No lo quiero más—. Logré atraparlo por mis reflejos, sin embargo grité su nombre cuando lo ví corriendo con rapidez entre los pinos y supe que no lo alcanzaría, y yo estaba igual o tan molesto como él por no darme la oportunidad de escucharme.

Entonces bajé la mirada a lo que había atrapado. Un mareo me hizo sentarme con descuido sobre la piedra en la que había besado a Sherwin hace unos instantes, y sentí un dolor agudo en el pecho.

Entre mis manos, de un intenso color negro opaco, estaba Shirley, mirándome con agonía y como si no fuera suficiente, con profundo rencor, desconfianza e inseguridad.

Sherwin no podía ser perfecto, debía tener defectos y sensaciones negativas. Era un niño, una persona con imperfecciones, y lo más importante, era humano. Quizás lo olvidé porque Shirley siempre pareció tan puro, mostrando así el alma inocente y blanca de su dueño. Pero esto... Este color... Mostraba una parte de Sherwin que no había visto antes... ¿Qué paso? ¿Qué lo hizo... así?

Había cometido un error otra vez, su corazón negro lo reflejaba tan claro, así como el lago congelado frente a mí reflejaba la luna que ahora me parecía tremendamente distante, y el bosque extremadamente frío.

— Shirley... ¿Q-qué te ha pasado...?

Hola, jejetl. Disculpen la tardanza :'v ya saben... Jeje... :'vvv

¿Sabían que... los emojis no cuentan como palabras y que este capítulo tuvo 4000 palabras? :v CAMBIO BRUSCO DE TEMA AJJJJ

Ya casi se viene el final de la historia ;u; quizás unos cuatro, cinco capítulos más, y bai bai xd

Aunque tengo nuevas ideas y nuevas parejas hermosas que vendrán este año

Quiero darles las gracias por eesperarme, apurarme y seguirme en la historia, los aprecio muchísimo :')

Si no contesto sus comentarios es porque cuando quiero responder algo, mando el mensajito, y no aparece nada, entonces cargo de nuevo la página, y me aparece que "error, no se pudo publicar tu comentario" :c

No sé si solo me pasa a mí, pero sucede en todo fanfic que quiero comentar ;-; ya reporté el error y todo pero no se ha solucionado. De todas formas ustedes saben que las amo, y si hay chicos, también a ustedes

Espero que este capítulo les haya gustado. No olvidemos que el blanco y el negro también son colores oh si, eso tiene mucho que ver 7u7

En fin, un abrazo y un besote en los cachetitos de cada quien, y nos leemos a la próxima x'3 (espero no tardar tanto) :'v