Yuuri se encontraba hecho un mar de azúcar y dulzura.

Nunca había pensado que los días fueran tan hermosos, brillantes y sobretodo, excitantes.

El joven secretario llevaba alrededor de tres meses "saliendo" con Víctor y sentía que era la mejor experiencia que había vivido en su vida hasta el momento. Si antes creía que su jefe era una persona maravillosa, con el pasar de esos meses su estima y sentimientos por el iban en aumento. Se comportaba como el mejor de los caballeros, le invitaba a pasear, cenaban de vez en cuando fuera de casa, paseaban por la ciudad o por el parque con makkachin en sus días libres.

Aun recordaba con mucha vergüenza y dulzura la mañana siguiente a su primera vez, Yuuri estaba tan nervioso cuando despertó al lado de su sexi jefe todo desnudo y con sus sensuales nalgas siendo apenas cubiertas por la fina sabana, tuvo que salir de la habitación, vestirse y tratar de contener sus gritos internos mientras buscaba algo para preparar el desayuno, también dio de desayunar a Makkachin que se encontraba de muy buen humor esa mañana como él. Es a los pocos minutos que siente como Víctor se despierta y ambos se encuentran. El pobre japonés no sabía bien cómo reaccionar o que decir, tenía todo su rostro enrojecido pero el ruso decidió actuar con naturalidad para evitarle mayor bochorno, después de todo, lo que habían hecho era normal y no había porque avergonzarse, después de todo, lo habían repetido al menos tres veces más antes de caer rendidos ante el sueño.

Desayunaron conversando sobre las cosas que debían realizar ese día en la oficina, pero es justo antes de que Víctor fuese a vestirse cuando decidió ser claro con él.

— Lo siento mucho Yuuri —se disculpó haciendo un considerable dogeza que impresiono al mismo secretario.

— ¿Por qué te disculpas? —pregunto tembloroso, temiendo de que el ruso se estuviera arrepintiendo de lo ocurrido la noche pasada.

— Fui injusto contigo, sabía que la foto era un error y me aproveche de ti de la peor manera posible, no sé cómo pueda solventar aquello que te hice, pero no quiero que me odies por eso, de verdad me gustas mucho y me gustaría que consideraras salir conmigo si es tu deseo. Si no lo deseas, lo entenderé.

Víctor mantenía su rostro pegado al suelo sin dirigir su vista a Yuuri, paso unos segundos sin escuchar respuesta cuando oyó un ruido seco que le hizo levantar los ojos. Sentado en el suelo, Víctor encontró a su secretario hecho un mar de lágrimas que le hicieron entrar en pánico.

— ¿¡Y-Yuuri!? ¿Qué sucede? ¿Dije algo que te lastimara o que no te gustara? ¿Acaso mi propuesta fue una falta de respeto? —cuestiono el ruso alarmado, pero Yuuri solo negó mientras se limpiaba las lágrimas.

—No, no, solo creí por un momento que te habías arrepentido lo que había ocurrido entre nosotros—hipaba un poco, pero se sentía aliviado de que Víctor no se hubiera arrepentido de la noche anterior al punto de que no había podido evitar llorar.

— ¡Jamás podría hacer eso, fue la mejor noche de toda mi vida! —exclamo.

Y un nuevo silenció vergonzoso se instaló en la habitación al mismo tiempo que los rostros de ambos adquirían un intenso color carmesí.

Desde ese día habían decidido comenzar a salir como pareja y eso había sido lo mejor de todo.

Yuuri no podía quejarse de su vida de soltero, pero la vida de pareja era algo que le tenía flotando en un pie, y también había otra cosa de la que Yuuri no se podía quejar, y esa era su nueva y activa vida sexual. Siempre supo que el sexo era adictivo, lo había escuchado constantemente por los relatos indecentes y desvergonzados de sus amigos quienes estaban emparejados entre ellos (Seung y Phichit, y Leo con Guang Hong) pero saberlo de primera mano y con hombre como Víctor, era el mejor de los manjares. Su pareja era un dios griego en persona, y él, aunque tenía poco de haber dejado de ser virgen, lo disfrutaba todo lo que podía aprendiendo del mejor de los maestros. Yuuri seguía viviendo en su departamento, pero eran más las noches y las mañanas que pasaba en el departamento de Víctor que en el suyo propio.

Se encontraban tan inmersos en su mundo y en su relación, que de vez en cuando no medían sus expresiones en público. Aunque Yuuri fuera muy recatado y tímido, eso había comenzado a cambiar en el momento que las manos de Víctor comenzaron a tomar de él. Los roces, las caricias sobre la ropa, los fuertes abrazos, los besos y finalmente, caían en un frenesí del cual nadie podía sacarlos, y era tan adictivo que era imposible parar. Yuuri sentía su rostro caliente al igual que otras partes de su cuerpo, su piel quemaba al entrar en contacto con las manos de Víctor, pero trataba de mantenerse racional al encontrarse esa tarde en la oficina.

—Deberíamos detenernos por ahora Víctor, ya falta poco para terminar las tareas de hoy —decía Yuuri separándose un poco del presidente ruso.

Sin embargo, un gemido se escapó de sus labios cuando Víctor rozo sus miembros ya excitados y comenzó a masajear sus nalgas con suavidad, pero afincándose en las zonas donde Yuuri era más sensible, un jadeo fue imposible de sopesar cuando paso un dedo por el borde de ambas.

—Por favor —susurro en una súplica cargada de lujuria.

Y Yuuri no podía con eso, porque el también lo deseaba.

Desde que habían comenzado a salir, los encuentros eran cada vez más cercanos y no necesariamente estaban ligados a la intimidad de su apartamento, pero era la primera vez que lo intentaban en la oficina y el ruso estaba más que excitado. Siguieron besándose mientras él se sentaba en el escritorio y subía a Yuuri a sus piernas, sus erecciones se rozaban inevitablemente y el estremecimiento de placer era mutuo. Víctor libero los botones de la camisa de su secretario y observo los pequeños pezones erectos que este tenía, lamió sus labios con excitación y tomo uno de ellos bajo el chillido de placer del japonés, mientras lo lamía deshacía con su otra mano los cinturones de ambos y liberaba sus miembros erectos, el de Yuuri palpitaba con gran necesidad.

—No puedo más —jadeo, y Víctor sabía que era momento de proseguir.

Luego de prepararlo con suavidad y lentitud, Yuuri estuvo listo para él. Poco a poco lo dejo caer encima de su miembro mientras él lo tomaba de sus caderas, y con necesidad, el japonés comenzó a cabalgarlo al ritmo de sus movimientos. Ayudándose con los hombros del ruso, Yuuri subía y bajaba al mismo tiempo que Víctor disfrutaba de su pecho, era una dualidad magnifica.

Pero en un momento, el ruso observo una mirada en la puerta. Desde allí, detenida y con su rostro enrojecido estaba una de las secretarias de Jean Jackques Leroy, Víctor no conocía su nombre, pero mientras Yuuri lo cabalgaba, solo le dirigió un guiño coqueto y una seña de silencio que la joven asintió, para retirarse corriendo del lugar. El ruso sabía que tenía el poder de callar a todos los que estaban dentro de aquella empresa, pero estaba convencido que, de igual modo, debían ser más prudentes la próxima vez, y que aquello no lo diría jamás a Yuuri para no preocuparlo.

Esa misma tarde, ya cercano al anochecer, Yuuri se encontraba en un periodo de embobamiento post sexual, manteniéndose en las nubes mientras Phichit le veía con un puchero sosteniendo su café late en la pastelería que solían visitar cada vez que se reunían.

—Por dios, tierra a Yuuri. Tenemos un buen par de meses que no nos vemos gracias a tu trabajo, y ahora que nos vemos, me ignoras ¿Qué tan mal amigo puedes ser ahora? —dramatizo, y Yuuri salió de su ensoñación apenas un poco para responderle.

— ¿Qué? L-Lo siento —pudo decir, siquiera pudiera decirse que hubiera espabilado, y Phichit ante esto, solo pudo resoplar.

—Por dios Yuuri ¿Qué es lo que te está pasando? ¿No has dormido bien? Estas bastante ido —comentó y el japonés pareció divagar sobre dichas preguntas hasta que recuerdos de la tarde anterior llegaron como una estela hasta su mente provocando que su rostro cambiara de color muy rápidamente. Ante eso, no pudo escapar de la perspicaz mirada de su amigo—. Jojo, algo no me estas contando ¿Ha pasado algo con tu jefe que no has querido contarme?

—Bueno, sobre eso…

El rostro de Yuuri enrojecía más y más conforme explicaba los detalles de los hechos de ese par de meses mientras que las expresiones del tailandés iban y venían entre la sorpresa, la euforia, la vergüenza y finalmente, la felicidad.

De repente, ante la perpleja mirada del secretario, el profesor de preescolar se levantó de su asiento y coloco sus manos alrededor de su boca en forma de megáfono, para Yuuri eso no fue buen indicativo.

—¡Todos, mi querido amigo se ha comprometido! —grito, felicitando a Yuuri pero también llamando la atención de todas las personas que estaban en el café donde se encontraban. El japonés quería morir de la vergüenza cuando todos los comensales e incluso trabajadores del café le hubieron felicitado, y aunque esperaba que su amigo reaccionara escandalosamente, jamas espero que pudiera hacer eso, una risa incomoda salió de sus labios.

—No estamos comprometidos, solo estamos saliendo —explico el joven, pero su amigo le coloco un dedo frente a su cara captando su atención.

—Pero eso es solo es cuestión de tiempo, superaron los inconvenientes y errores que tuvieron anteriormente, y saldadas todas ellas, declararon sus sentimientos y comenzaron a salir como dios manda, solo me queda el momento de la boda donde obviamente yo seré el padrino ¡No puedo esperar por ello! —decía, a la vez que mensajeaba a su novio y a sus otras amistades contando las buenas noticias. Yuuri reía nerviosamente mientras recibía mensajes de felicitaciones de Leo, Guang Hong y hasta del propio Seung.

Sin embargo, no todo era como estaba relatando su amigo.

—Es cierto que estamos saliendo, pero, ni Víctor ni yo hemos dicho algo relacionado a sentimientos, solo estamos saliendo y teniendo… sexo—comento, y un tic nervioso nació en la ceja del tailandés.

— ¿Qué estas queriendo decir? —cuestiono acercándose lentamente, un sudor de terror bajo por la espalda de Yuuri ante la expresión de terror de su amigo—. ¿Me estas queriendo decir que llevan tres meses saliendo y follando como conejos, pero ninguno se ha declarado? ¿Están solo como fuckboys?

—No me gusta decirlo así, pero, es algo como eso —menciono con suavidad, y el gesto que hizo al mencionar ello, fue preocupante para el tailandés quien se rasco la cabeza con frustración.

—No puedo decir que ese tipo de relaciones son malas, antes de Seung tuve un par, pero lo malo sucede cuando hay sentimientos de por medio. ¿En verdad estas a gusto que tu relación con tu jefe sea de ese modo? —pregunto, y Yuuri pareció analizarlo.

—Yo he estado muy feliz en estos últimos meses al lado de Víctor. Estar a su lado ha sido mucho más maravilloso de lo que he podido imaginar, aunque en un principio todo fue complicado, yo…

Un nudo en la garganta se formó mientras Yuuri intentaba decir las palabras que venían a su mente, aunque había estado tan animado en esos últimos días, recordar aquello que había estado cargando durante los últimos meses era algo insoportable, pensar ¿Hasta cuándo Víctor estaría con él? ¿Cuándo se cansaría de él? Las lágrimas comenzaron a aflorar en sus ojos mientras apretaba la tela de su pantalón.

—Estás enamorado de él —pronuncio Phichit, más como una afirmación que como una interrogante.

Enamorado.

Esa una palabra que el secretario no repaso en mucho tiempo, siquiera en su tiempo de universidad. Pensó que cuando conoció a Víctor un interés que había nacido producto de la belleza de este, pero que fue aumentando conforme el tiempo pasaba. Entonces ¿Cuáles son los sentimientos que Yuuri tenía por su jefe?

Antes considero a Víctor como su amor platónico laboral, era imposible no tenerlo, media empresa admiraba e idolatraba al ruso hasta el punto de querer conocer más de él en ámbitos demasiado profundos que ahora él era el único que conocía. Luego de ese comienzo inicial, llego el incidente de la foto y la conjuración del contrato, Yuuri se hubo decepcionado mucho debido a esas acciones. Pero gracias a eso, había conocido múltiples facetas del ruso que nadie más conocía. No era solo el Víctor presidente que todos conocían en la empresa o el Víctor seductor que todos reconocían en reuniones o entrevistas de televisión, Yuuri pudo ir más a fondo conociendo al Víctor infantil, el Víctor que no mide sus palabras ni se acuerda muy bien de las personas, el Víctor cariñoso, el Víctor molesto, el Víctor amable, el Víctor sobreprotector y el Víctor apasionado, todas esas facetas del ruso al japonés le encantaban, había descubierto tantas cosas estando a su lado ese último año, y ya era inevitable para Yuuri negar que estaba enamorado de Víctor.

Hacía algún tiempo que lo sabía, pero había sido muy cobarde para admitirlo abiertamente, especialmente al considerar que jamás habían confesado algún tipo de sentimiento más allá del deseo y la pasión sexual. El enorme nudo en el estómago no para de molestarlo, pero es ahí que Phichit le toma de una de sus manos y le mira con una sonrisa alentadora, llena de comprensión y apoyo.

—Todo saldrá bien, sé que estas preocupado por ello, pero, aunque no he conocido jamás a tu jefe, y si fue capaz de arrepentirse de sus acciones y comenzar de nuevo contigo, no es solamente por lujuria por lo que salen, quizás alguno solo deba dar el primer paso —menciono.

Sin embargo, Yuuri no estaba tan seguro a pesar de las palabras dichas por su amigo. Ahora estaba ante los ojos de Víctor, pero el japonés también sabía que este era un hombre deseado por todos, y aunque estuvieran en una relación en ese instante, no estaba seguro de que eso fuera para siempre, después de todo, sus sentimientos no eran iguales. Por eso debía aprovechar todo el tiempo que pudiera estar con él, ser feliz a su lado hasta este se cansara de él.

Irónicamente, a los pocos días Víctor siente la misma ansiedad sentida por su pareja. Es solo al llegar a la empresa una mañana que nota con mayor afinco las miradas que ha comenzado atraer su secretario, no solo de mujeres sino también de hombres destacados en la empresa. Dado el aumento de confianza de Yuuri en los últimos meses y su cambio radical de apariencia gracias al guardarropa enriquecido por Víctor, este ha comenzado a captar las miradas de parte de todo aquel que tenga ojos y sepa apreciar una mirada coqueta pero sincera, sin ningún tipo de intensión detrás de ella, o como mejor lo conocía el presidente ruso, el eros que emanaba su Yuuri con su mera presencia.

Porque era suyo, cada vez que veía a alguien posar sus manos sobre su secretario, el ruso sentía un intenso deseo de marcar cada parte del cuerpo de este para que las personas a su alrededor supieran que ya tenía una persona en su vida. Y por eso, le han nacido deseos que el mismo considera muy egoístas, quiere monopolizar a Yuuri, no dejarle oportunidad de que pueda pensar en alguien más, y aunque su cerebro le dice que no es correcto, que, si Yuuri desea ir con otra persona, debe dejarlo ir, no puede pensar racionalmente. El dolor era demasiado y no sabía cómo sopesarlo porque jamás se había sentido así, pero encontrarse de lleno con la realidad era un aspecto del que Víctor no estaba acostumbrado, y encararse de lleno era algo muy difícil de tragar.

No había sido necesariamente accidental, el mismo noto en la hora del almuerzo como su secretario había sido solicitado por una dama de recursos humanos en uno de los pasillos del décimo quinto piso, no había nadie más que ellos dos y el propio Víctor que salía de una reunión no espero encontrarlos, pero que se acercó para que ver que estaban hablando por mera curiosidad. Como era de esperarse, la joven se declaró a Yuuri en un inocente intento de solicitarle una cita para comer, fue amablemente despachada por el secretario, pero la incomodidad no pudo separarse jamás del pecho del presidente al ver los ojos llenos de brillo con los que aquella chica observo a su subordinado. No era la primera vez que ocurría, no era la primera vez que Yuuri rechazaba a alguien de la empresa desde que estaban saliendo, pero en esa oportunidad una punzada de miedo recorrió el cuerpo entero del ruso y la interrogante nació ¿Y si llegaba el momento en el que Yuuri de verdad aceptara la invitación de alguien más?

El simple pensamiento fue asqueroso para su estómago, haciéndole sentir ofuscado y muy molesto, no era su culpa, pero no podía controlar aquel malestar de su pecho que no parecía salir con ningún caramelo que tomara de su oficina. Y al regresar el secretario a la oficina, verlo tan hermoso en aquellas ropas de color rojo y negro, hicieron que un pensamiento desubicado colmara su cabeza, haciéndole llamar a Yuuri e instarlo a estar frente a él. Abrió sus piernas y señalo su entrepierna, su mirada era fría.

—Chúpalo —exigió.

Yuuri verdaderamente estaba sorprendido, y Víctor podía asegurar los motivos, jamás su voz había salido tan abrumadora, sabía que su mirada tampoco era alentadora y estaba a la espera de las reacciones que podía otorgar su secretario. Ve como el joven no sabe cómo reaccionar o decir, y ante eso, esperaba que su cerebro maquinara algo con que salir de aquella incomodidad que los amenazaba en aquella amplia oficina. Sin embargo, se ve congelado cuando siente que su cinturón es aflojado y como el sonido de la cremallera bajando hace eco en sus oídos, desciende un poco la mirada, notando como el rostro de Yuuri estaba increíblemente rojo, pero aun llevando sus lentes observa un brillo que le hace tragar en seco y levanta un poco su erección.

Su secretario iba a hacerle una mamada, y esta era la primera vez que lo hacía.

Aunque llevaban tres meses saliendo, las iniciativas siempre eran tomadas por el ruso que buscaba dar el mayor placer posible a su pareja, Yuuri intentaba hacer tímidamente lo mismo, pero hasta la fecha no había pasado de roces y algunos apretones en las nalgas del presidente ruso mientras tenían relaciones. No obstante, cuando el japonés tomo entre sus manos el miembro erecto de Víctor, este aspiro fuertemente el aire a sus pulmones sintiendo como un pequeño mareo le sobrevenía. Era una imagen muy erótica para sus ojos a pesar de que no era la primera vez que le hacían una felación. Lentamente, Yuuri lo tomo y masajeo para endurecerlo un poco más, para después lamerlo desde la punta, y darle pequeños besos con timidez. El japonés parecía descubrir lentamente el sabor e intentaba poco a poco, proseguir de acuerdo a lo poco que sabía de ese estilo de sexo. Al lamerlo cual paleta, el sonrojo y el sudor cubrían el rostro de Víctor. Estaba claro que no era perfecto, pero aquel rostro lleno de timidez, propia de la inexperiencia, causó miles de nuevas sensaciones que jamás podría describir.

Sin embargo, algo ocurre. Yuuri deja de lamerlo y se aleja un poco de él, en su rostro hay un poco de frustración.

—Lo siento, de verdad no soy bueno haciendo este tipo de cosas. Yo de verdad quiero satisfacer a Víctor, pero…

Víctor no le deja proseguir, alza su rostro y lo besa con tanta fuerza que el japonés se ve sorprendido. En eso mismo, lo levanta del suelo y tumbando todas las cosas del escritorio, lo lleva hasta sentarlo allí, y con rapidez comienza a bajar los pantalones y a quitarle los zapatos. El presidente ruso se despoja de su corbata, lanzándola lejos de allí, apenas puede arreglarse el cabello, sintiéndose muy acalorado.

—Todo es cuestión de practica Yuuri. Pero, por el momento, voy a enseñarte como se hace una mamada —pronunció.

Y sosteniéndose de los hombros del ruso, Yuuri debió contener la voz al sentir la cálida boca de Víctor tomarlo todo de golpe. Tragándolo hasta el fondo de su garganta, el ruso lo lleva hasta el éxtasis mientras sube y baja, genera un lascivo sonido al dejarlo por completo y besa un poco su punta mientras masajea sus testículos. El ruso sabe dónde son los lugares perfectos para dar placer, y eso hace para que Yuuri pueda sentirlo, usa el borde interior de su mejilla para masajearlo mientras su lengua lame circularmente la extensión, vuelve a dejarlo y nuevamente lo toma hasta no dejar nada a la vista. El japonés nunca imagino tal placer, cerrando fuertemente sus ojos y echando su cabeza hacia atrás, perdiéndose en la sensación. En un momento siente como unos dedos comienzan a introducirse en él y cae, no puede resistirlo más. Un agudo gemido es emitido por los labios de Yuuri quien se corre en la boca de Víctor, quien se lo traga todo sin reparos. No hay brechas para replicas o vergüenzas cuando el ruso comienza a introducirse dentro de él, la preparación no fue tan extensa al estar el camino suave al haberlo hecho esa misma mañana en el departamento del ruso. Yuuri ya no sabe cómo soportar tanto placer y los gemidos se escapan de su boca por toda la habitación. Ante cada nuevo sonido, cada expresión y cada llamado a su persona, Víctor siente la gloria, siente que está volviendo suyo cada vez más al japonés, no le importa la inexperiencia del otro, el en su mente prefiere que sea así, inexperto, donde él sea el único que pueda guiarlo en ese camino del placer, donde su corazón, cuerpo y mente solo le pertenezcan. No quiere dejarlo para nadie más y eso es lo que más le aterra.