¡Hey! Holaaaa, he vuelto después de muchos meses :c disculpen la demora, pero aprovechando estas vacaciones me puse a escribir y pues ya estoy de vuelta. Espero que les guste este capítulo cortito.

Feliz año, btw. Mi propósito es no ausentarme tanto de FF y terminar mis historias pendientes, jaja.

PROGRAMA DE MANEJO DE LA IRA

Capítulo 15: La calma después de la tormenta.

La sala de la casa de Kurosaki era un completo caos. La mesita de centro estaba rota, los cuadros de las paredes estaban quebrados y los libros del librero desperdigados por el suelo a causa de Grimmjow.

Ichigo tenía sangre en la nariz y en el labio y Grimmjow tenía la mandíbula y la zona alrededor del ojo izquierdo enrojecidas, algo que sin duda dejaría moretón. Orihime no sabía qué hacer. Una parte de ella quería que detuvieran aquella absurda pelea, pero la otra parte estaba molesta con Grimmjow por haberla usado de esa forma, convenciéndola de que lo llevara a ver a Kurosaki aun cuando le había dicho que ya no tenía interés el pelear con él. ¿Se merecía unos golpes? Muy probablemente, pero en ese caso Ichigo no había hecho nada malo. Él simplemente…había reaccionado como siempre. Provocado por Grimmjow, claro está, por todas las cosas comprometedoras que había dicho sobre sí mismo y sobre ella.

Orihime no pudo más y activó el escudo de tres picos entre ambos para que se detuvieran.

-¡Santen Kesshun!

El puño de Grimmjow impactó con el escudo y se escuchó un crujido. Tal vez en el pasado habría sido capaz de romperlo sin problemas, cuando aún tenía sus poderes, pero ahora era casi humano y no había forma de hacerlo. Ichigo había lanzado una patada y se agarró el pie adolorido.

-Ya es suficiente –exclamó Orihime muy seria. Volteó a ver a ambos y sin decir nada más salió de la casa. El escudo se rompió cuando cerró la puerta. Ichigo y Grimmjow intercambiaron una mirada de incomodidad. Pasados unos segundos Grimmjow siguió a Orihime y dejó a Ichigo solo en medio de aquel desastre.

-¡Oye! –Le gritó Grimmjow a Orihime que caminaba unos metros más delante de él. Orihime no respondió. Grimmjow corrió hasta alcanzarla. -¿A dónde vas?

-A casa.

-Espera…

-Déjame.

Grimmjow la agarró del brazo y la hizo volverse. Creyó que estaría llorando pero se sorprendió al ver la mirada fría de la chica. Estaba molesta, eso era obvio. Y nuevamente, era su culpa.

-No sé qué es lo que quieres que diga.

-No digas nada. Tus acciones hablan por sí solas –respondió Orihime zafándose de su agarre y reanudando el camino a casa.

-¿Y qué esperabas? –Grimmjow se encogió de hombros con una sonrisa-. Sabías que de juntarme a mí y a Kurosaki en un mismo espacio sólo había un resultado posible.

Orihime se detuvo.

-Te equivocas. Kurosaki no quería pelear contigo.

-Eso no lo sabes.

-Tú lo provocaste. Diciéndole todas esas cosas sobre lo que pasó en la Sociedad de Almas.

-No dije mentiras.

-Claro que…ah, olvídalo, Grimmjow. Todo es un juego para ti.

Grimmjow le puso la mano en el mentón y la obligó a verlo a los ojos. Orihime enrojeció.

-¿Por qué sigues creyendo que todo esto es un juego?

-Porque estás…eres un…

Grimmjow ensanchó su sonrisa al ver que Orihime no sabía qué responder. Era obvio que sentía algo por él pero no quería admitirlo. Sin embargo, todavía estaba Kurosaki. No había olvidado la incomodidad entre ella y la shinigami de pelo negro cuando el nombre del pelirrojo fue mencionado durante la sesión de terapia de grupo. ¿Era acaso lo que llamaban un "triángulo amoroso"? La pregunta era a quién de las dos le correspondía Kurosaki. Sí, habían peleado cuando Grimmjow mencionó su cercanía con Orihime en la Sociedad de Almas, pero no sabía si lo que había encendido al shinigami eran los celos, su orgullo o la cuenta pendiente que tenía con él. Si habían sido celos, entonces estaba en aprietos. Orihime se había dado cuenta de eso y seguramente se haría ilusiones con Kurosaki. Grimmjow la soltó y retrocedió un paso.

-Alégrate, princesa, al menos ahora ya sabes que no le eres indiferente a Kurosaki.

Y sin esperar respuesta, se dio media vuelta y se marchó por otra calle. Orihime permaneció de pie en el mismo lugar hasta que lo vio dar vuelta en la esquina. Entonces se fue a casa sintiendo un torbellino de emociones en el pecho y con más preguntas que respuestas.

Continuará…

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