Cuando Naruto volvió a reunirse con los invitados a la mañana siguiente, descubrió que su encuentro fortuito con la víbora le había granjeado muchas simpatías por parte de todos, incluido lord Kendall, circunstancia que lo animó bastante. Haciendo gala de una gran sensibilidad y preocupación, Kendall se sentó con Naruto en la terraza trasera a últimas horas de la mañana para disfrutar de un tardío desayuno al aire libre. Insistió en sostenerle el plato en la mesa del bufé mientras el seleccionaba varios manjares y se aseguró de que un criado le llenara el vaso de agua tan pronto como estuviese vacío. También insistió en hacer lo mismo con lady Constance Darrowby, que se había sentado con ellos a la mesa.

Recordando lo que las floreros comentaran acerca de lady Constance, Naruto evaluó a su competidora. Kendall parecía más que interesado en la muchacha, que era de carácter tranquilo, si bien un poco distante. Su delgadez resultaba elegante, dado que encajaba en el estilo que se había impuesto poco tiempo atrás. Y las afirmaciones de Sakura resultaron ser ciertas: la boca de lady Constance parecía un monedero cerrado y sus labios no dejaban de curvarse en forma de «o» cada vez que Kendall les contaba algún pequeño detalle relacionado con la horticultura.

—Qué horrible ha debido de ser para usted —comentó lady Constance, dirigiéndose a Naruto tras escuchar los detalles de la mordedura de víbora—. Es un milagro que no haya muerto. —A pesar de la expresión angelical, el gélido brillo que Naruto distinguió en sus pálidos ojos azules le indicó que la muchacha no lo habría lamentado en absoluto si ése hubiera sido el resultado.

—Ya me encuentro bastante mejor —le contestó antes de girarse para sonreír a Kendall—. Y más que preparado para dar otro paseo por el bosque.

—Yo no haría tantos esfuerzos si fuese usted, señorito Namikaze —aconsejó lady Constance, en una muestra de exquisita preocupación—. Aún no parece estar del todo recuperado. De cualquier modo, estoy segura de que la palidez de su rostro desaparecerá dentro de un par de días.

Naruto no dejó de sonreír, poco dispuesto a demostrar que el comentario lo había molestado..., aunque se sentía de lo más tentado a hacer una observación sobre la mancha que lady Constance tenía en la frente.

—Perdónenme —murmuró lady Constance al tiempo que se levantaba de la silla—. Veo que hay fresas maduras. Volveré enseguida.

—Tómese su tiempo —le contestó Naruto con voz dulce—.Apenas notaremos su ausencia.

Juntos, Naruto y Kendall observaron cómo lady Constance se acercaba con paso grácil a la mesa del bufé, donde, por casualidad, se encontraba el señor Benjamin Muxlow, que también estaba llenando su plato. Demostrando sus buenos modales, Muxlow se apartó de la enorme fuente de fresas y sostuvo el plato de la muchacha mientras ésta cogía el cucharón para servirse unas cuantas. Entre ellos sólo parecía haber una amistad cordial..., pero Naruto recordaba la historia que Sakura le había contado el día anterior.

Y, en ese momento, se le ocurrió: la solución,perfecta para eliminar a lady Constance de la competición. Antes de poder reflexionar acerca de las consecuencias, de las implicaciones morales o de cualquier otra idea que la obligara a rechazar la repentina inspiración, se inclinó hacia lord Kendall.

—A ambos se les da muy bien ocultar la verdadera naturaleza de su relación ¿no es cierto? — murmuró al tiempo que lanzaba una furtiva mirada en dirección a lady Constance y Muxlow—. Pero, claro, a ninguno les convendría que se hiciera notorio... —Hizo una ,pausa y clavó la mirada en el perplejo lord Kendall, fingiendo un pequeño azoramiento—. ¡Vaya! Lo siento. Supuse que ya lo habría oído...

De pronto, Kendall frunció el ceño.

—¿ Qué tendría que haber oído? —preguntó al tiempo que contemplaba a la pareja con recelo.

—Bueno, no es que yo sea muy dada a los cotilleos..., pero me ha dicho una fuente de lo más fiable que el día de la fiesta en el estanque, durante la merienda, lady Constance y el señor Muxlow fueron descubiertos en una situación terriblemente comprometida. Ambos estaban bajo un árbol y...

—Naruto se detuvo y compuso una estudiada expresión de embarazo—. No debería haber dicho nada. Es posible que sólo sea un malentendido. Nunca se sabe, ¿ verdad?

Acto seguido, se concentró en beber unos sorbos de té al tiempo que estudiaba a lord Kendall por encima del borde de la taza. Le resultó muy fácil interpretar la expresión del hombre: no quería creer que lady Constance hubiese sido descubierta en una situación semejante. La mera idea era suficiente para dejarlo horrorizado. No obstante, ya que era un caballero de pies a cabeza, Kendall se mostraría reacio a investigar el asunto.

Jamás se atrevería a preguntar a lady Constance si era cierto que se había visto comprometida por Muxlow. Al contrario, guardaría silencio e intentaría hacer caso omiso de las sospechas... Y la duda quedaría en el aire hasta que acabara por infectarse.

—Naruto, no de—deberías haberlo hecho —murmuró Hinata esa misma tarde, cuando su amiga les contó la conversación que había mantenido con Kendall.

Las cuatro estaban sentadas en la habitación de Hinata, que tenía la cara cubierta, con una espesa capa de crema blanca que supuestamente, eliminaba las pecas. Mirando con detenimiento a Naruto desde debajo del ungüento blanqueador, Hinata intentó continuar, si bien quedó patente que su capacidad dialéctica —que, para empezar, no era muy grande— había quedado eclipsada por la desaprobación.

—Fue una estrategia,brillante —declaró Ino al tiempo que cogía una lima de uñas del tocador junto al que estaba sentada. No había quedado muy claro si aprobaba o no el recurso utilizado por Naruto, pero era obvio que apoyaría a su amiga hasta el final—. Naruto no mintió exactamente, ¿no te das cuenta? Se limitó a repetir un rumor que había llegado a sus oídos y dejó bien claro que sólo era eso, un rumor. Lo que Kendall haga con la información depende de él.

—Pero Naruto no le dijo que sabía con certeza que el rumor era infundado —argumentó Hinata. Ino se concentró en limar una de sus uñas hasta darle la forma perfecta.

—De todos modos, no mintió.

A la defensiva y sintiéndose culpable, Naruto miró a Sakura.

—Bueno, ¿y tú qué opinas?

La más joven de las hermanas Yamanaka, que se entretenía, pasándose sin cesar la pelota de rounders de una mano a la otra, contempló a Naruto con expresión astuta mientras le contestaba:

—Creo que, en ocasiones, ocultar información es lo mismo que mentir. Has elegido un camino resbaladizo, querido. Ten cuidado a partir de ahora.

Ino frunció el ceño, contrariada.

—Venga, deja de hablar como una pitonisa de tres al cuarto, Sakura. Una vez que Naruto consiga lo que quiere, no importará el modo en que lo hizo. Lo importante son los resultados. Y tú, Hinata, nada de sutilezas éticas.

Estuviste de acuerdo en ayudarnos a manejar a lord Kendall de modo que acabara en una situación comprometida... ¿ Eso es mejor que un rumor infundado?

—Todas prometimos no hacer daño a nadie —replicó Hinata con gran dignidad, al tiempo que cogía una toallita para limpiarse la crema de la cara.

—Lady Constance no ha sufrido daño alguno —insistió Ino—, No está enamorada de él. Es obvio que quiere al Kendall por la única razón de que es uno de los solteros que ha llegado a finales de la temporada sin comprometerse y ella no está casada. ¡Por todos los cielos, Hinata, tienes que endurecerte! ¿Acaso lady Constance se encuentra en una situación peor? Míranos, cuatro floreros que no han conseguido más recompensa por los esfuerzos que han realizado hasta ahora que unas cuantas pecas y un mordisco de víbora... y la humillación de haber enseñado nuestros pololos a lord Westcliff.

Naruto, que hasta entonces había permanecido sentada en el borde del colchón, se dejó caer hacia atrás para quedar tendido en el centro de la cama y contempló el dosel de rayas que había sobre su cabeza, embargada por el sentimiento de culpa. Cómo desearía poder parecerse a Ino, firme defensora de que el fin justifica los medios. Se prometió que en el futuro se comportaría de modo honorable.

Sin embargo..., tal y como Ino había señalado, lord Kendall podía creer el rumor o descartarlo, según le apeteciera. Era un hombre adulto, capaz de tomar una decisión por sí mismo. Lo único que Naruto había hecho era sembrar las semillas... y ahora dependía de Kendall preocuparse por verlas crecer o dejar que murieran.

Por la noche, Naruto se puso un vestido color rosa intenso, confeccionado con numerosas capas de gasa de seda transparente que flotaban a su alrededor. La cintura quedaba ceñida con un lazo de seda adornado con una enorme rosa blanca. Al caminar, la seda emitía un agradable susurro y Naruto ahuecó las capas superiores, sintiéndose como una princesa.

Demasiado impaciente como para esperar a Kushina, que estaba tardando siglos en vestirse, abandonó la habitación antes de tiempo con la esperanza de reunirse con sus amigas. Si la fortuna lo acompañaba, podría encontrarse con lord Kendall y pensar en alguna excusa para escabullirse con él durante un instante.

Sin forzar demasiado el tobillo, caminó a lo largo del pasillo que conducía hasta la majestuosa escalinata. Siguiendo un impulso, se detuvo en el saloncito de los Marsden, cuya puerta estaba ligeramente entreabierta, y entró con cautela. La estancia estaba a oscuras, pero la luz del pasillo fue suficiente para iluminar los bordes del tablero de ajedrez situado en el rincón. Atraído por el tablero, vio con un destello de placer que habían vuelto a colocar las piezas de su partida con Sasuke Uchiha. ¿Por qué se habría molestado en disponer las piezas como si siguieran jugando? ¿ Acaso él esperaba un movimiento por su parte?

«No toques nada», se dijo a sí mismo..., pero la tentación era demasiado fuerte como para resistirse. Entornó los ojos con un gesto de concentración y estudió la situación desde una nueva perspectiva. El caballo de Sasuke estaba en el lugar perfecto para capturar a su dama, lo que significaba que el tenía dos opciones: mover la dama o defenderla. De repente, descubrió el modo perfecto de proteger la amenazada pieza: movió una torre hacia delante para capturar al caballo de Sasuke y así lograr que la pieza abandonara el tablero de forma definitiva.

Dejó al caballo en el borde del tablero con una sonrisa satisfecho y abandonó la habitación.

Tras bajar la gran escalinata, atravesó el vestíbulo de entrada y se encaminó por un pasillo hacia una serie de estancias destinadas al uso de los invitados. La alfombra que pisaba amortiguaba cualquier sonido, pero, de repente, notó una presencia a su espalda. Lo alertó el escalofrío que sintió en la parte de los hombros y la espalda que no estaba cubierta por el vestido. Echó un vistazo por encima del hombro y descubrió a lord Orochimaru tras el, quien, a pesar de su corpulencia, hacía gala de un sorprendente sigilo. El hombre cerró sus rechonchos dedos alrededor del cinturón de su vestido y Naruto se vio obligado a detenerse ante el riesgo de que el delicado tejido se rasgara.

El hecho de que Orochimaru lo acosara en un lugar donde podrían ser descubiertos con facilidad era una muestra de la arrogancia del hombre. Con un jadeo indignado, se giró para enfrentarlo. Al instante, se encontró con la visión de ese corpulento torso embutido en el estrecho traje de etiqueta, al tiempo que el aceitoso olor de su cabello impregnado de perfume asaltaba sus fosas nasales.

—Encantadora criatura —musitó él. Su aliento apestaba a brandy—. Ya veo que se recupera sin problemas. Tal vez debiéramos proseguir la conversación que manteníamos ayer en el mismo punto donde su madre me interrumpió de un modo tan placentero.

—Es usted repugnante... —comenzó Naruto, movido por la furia, aunqueOrochimaru detuvo su torrente de insultos sujetándola con fuerza por el mentón.

—Le contaré todo a Kendall— lo amenazó, al tiempo que acercaba sus gruesos labios a la boca de Naruto—con los adornos suficientes como para asegurarme de que os contemple, a ti y a tu familia, con la más absoluta repulsión. —Su voluminoso cuerpo lo presionó contra la pared hasta dejarlo casi sin respiración—. A menos —continuó,mientras su apestoso aliento caía de lleno sobre el rostro de Naruto que decidas complacerme del mismo modo que lo hace tu madre.

—En ese caso, ya puede,ir a contárselo todo a Kendall— contestó Naruto, echando chispas por los ojos—. Dígaselo todo y acabemos de una vez. Prefiero morirme de hambre en la calle antes que «complacer» a un cerdo repugnante como usted.

Orochimaru lo contempló con furia e incredulidad.

—Lo lamentarás —le dijo mientras en sus labios se acumulaba la saliva. Naruto le dedicó una sonrisa fría y desdeñosa.

—No lo creo.

Antes de que Orochimaru lo soltara, Naruto captó un movimiento por el rabillo del ojo. Al girar la cabeza, vio que alguien se acercaba a ellos: un hombre que se movía con el mismo sigilo que una pantera al acecho. Lo más probable sería que pensara que los había atrapado a Orochimaru y a el en un amoroso abrazo.

—Suélteme —siseó al tiempo que le daba un fuerte empújón en la prominente barriga.

Orochimaru dio un paso atrás, permitiendo de ese modo que Naruto pudiera respirar por fin, y le dedicó una mirada que encerraba una malévola promesa antes de alejarse en dirección contraria al hombre que se acercaba.

Mortificado, Naruto vio de repente el rostro de Sasuke Uchiha ante el y sintió las manos del hombre sobre sus hombros. Sasuke observaba a Orochimaru mientras éste se alejaba con rapidez y sus ojos tenían una mirada dura, casi asesina, que le heló la sangre en las venas. Un momento después, bajó la vista y lo contempló con tanta intensidad que Naruto volvió a quedarse sin respiración. Hasta ese instante, nunca había visto a Sasuke Uchiha de otro modo que no fuese haciendo gala de su característica indiferencia. Sin importar la gravedad de los insultos que Naruto le arrojara, la grosería con que lo tratara o los desaires que le hiciera, él siempre reaccionaba, con un irónico y predecible autocontrol. No obstante, parecía que por fin había logrado despertar la ira del hombre. Tenía todo el aspecto de estar a punto de estrangularlo.

—¿Me estaba siguiendo? —le preguntó con fingida tranquilidad al tiempo que se preguntaba cómo se las habría arreglado para aparecer en ese preciso momento.

—Lo vi atravesar el vestíbulo de entrada— explicó él— y a Orochimaru tras usted. Lo seguí porque quería descubrir lo que se traen entre manos.

La mirada de Naruto se tornó desafiante.

—¿Y qué ha descubierto?

—No lo sé —fue su suave, pero no por ello menos peligrosa respuesta—. Dime, Naruto, ¿a esto te referías cuando me dijiste que podías aspirar a mucho más? ¿ A ofrecer tus servicios a ese cerdo seboso a cambio de las lamentables recompensas que te ofrece? Nunca me habría imaginado que pudieses ser tan estúpido.

—¡Eres un maldito hipócrita! —susurró Naruto, presa de la furia—. Estás enfadado conmigo porque soy su amante y no el tuyo; bueno, pues dime una cosa: ¿por qué te importa tanto a quién venda mi cuerpo?

—Porque no lo deseas —le explicó Sasuke con los dientes apretados—. Y a Kendall tampoco. Me deseas a mí.

Naruto no supo entender la hirviente maraña de emociones que surgió en su interior, ni por qué ese enfrentamiento estaba comenzando a provocarle una extraña y terrible euforia. Tenía deseos de golpearlo, arrojarse sobre él y espoleado hasta que los últimos fragmentos de autocontrol quedasen reducidos a polvo.

— Déjeme adivinar. ¿Estás dispuesto a ofrecerme una version mucho más lucrativa del supuesto arreglo que tengo con Orochimaru? —Dejó escapar una desdeñosa carcajada mientras observaba la respuesta a su pregunta en el rostro de Sasuke—. La respuesta es no. No. Así que déjame en paz de una vez y para siempre...

Se detuvo al escuchar las voces de gente que se acercaba por el pasillo. Furioso y desesperado, se dio la vuelta y descubrió ,una puerta por la que podía escabullirse y evitar de ese modo ser visto a solas con Sasuke. Tras agarrarlo por un brazo, él lo hizo, pasar a la habitación más cercana y cerró la puerta sin perder un instante.

Naruto se apartó bruscamente de Sasuke y recorrió el lugar con la mirada hasta descubrir la silueta de un piano y de los atriles de las partituras. Él alargó un brazo y evitó que uno de los atriles cayera al suelo, tras haber sido empujado por el giro de sus faldas.

—Si puedes soportar ser el amante de Orochimaru —murmuró Sasuke, retornando la conversación mientras Naruto se internaba en la sala de música—, Dios sabe que no tendrás problemas siendo el mío. Podrías decir que no te sientes atraído por mí, pero ambos sabemos que estarías mintiendo. Pon un precio, Naruto. La suma,que quieras. ¿Quieres una casa a tu nombre? ¿ Un velero?

No tienes más que decirlo. Vamos a poner fin a este asunto; ya estoy cansado de esperarte.

—¡Qué romántico! —exclamó Naruto con una trémula carcajada—. ¡Dios mío! De algún modo, su proposición carece de sutileza, señor Uchiha. Y está muy equivocado si cree que mi única opción es convertirme en el amante de alguien. Puedo conseguir que lord Kendall se case conmigo.

Los ojos de Sasuke adquirieron un color tan oscuro como el de la obsidiana.

—El matrimonio con él será un infierno para ti. Kendall nunca te amará. Jamás llegará a conocerte siquiera.

—No estoy interesado en el amor —contestó Naruto, angustiado por sus palabras—. Lo único que quiero... —Hizo una pausa al sentir que un dolor repentino, acompañado de una frialdad insoportable, le atravesaba el pecho.

Lo miró a los ojos y lo intentó de nuevo—. Sólo quiero...

En ese momento, se escuchó un ruido en la puerta. Alguien giró el picaporte. Sobresaltado, Naruto se dio cuenta de que estaban a punto de entrar y de que, en ese caso, toda opción de casarse con Kendall se desvanecería, arrastrada como un puñado de polvo que se llevara el viento.

Reaccionando por instinto, aferró a Sasuke por el brazo y lo arrastró hasta un recoveco situado junto a una de las ventanas y cubierto por unas cortinas que colgaban de una barra de bronce. Lo único que había en el hueco era un sofá con tapicería de terciopelo situado junto a la ventana, sobre el que habían dejado unos cuantos libros al descuido. Naruto corrió la cortina de un tirón y se lanzó a los brazos de Sasuke para taparle la boca con la palma de la mano justo en el momento en que alguien (o más de un alguien») entraba en la habitación. Distinguió unas cuantas voces masculinas acompañadas de unos sonidos metálicos y cierto estrépito que lo dejaron bastante confuso hasta que escuchó el punteo de unas cuerdas de violín desafinadas.

«¡Dios mío!»

Los miembros de la orquesta acababan de llegar a la sala de música para afinar sus instrumentos antes del comienzo del baile. Según parecía, su reputación estaba a punto de verse arruinada frente a una orquesta completa.

Un ligero resplandor penetraba en la alcoba por encima del borde de la cortina y alumbraba un tanto sus rostros; lo suficiente para poder distinguir la diabólica sonrisa que acababa de iluminar los ojos de Sasuke. Una sola palabra o un simple sonido en semejantes circunstancias y estaría arruinado. Presionó la mano con más fuerza sobre la boca de Sasuke; los ojos de ambos estaban separados por escasos centímetros y, con una sola mirada, le dejó bien claro que si no guardaba silencio, lo asesinaría.

Las voces de los músicos se mezclaron con el sonido de los instrumentos que afinaban; mantuvieron las notas hasta que todas se unieron en armonía y cualquier disonancia estuvo bajo control. Con la duda de si serían descubiertos o no, Naruto no apartaba la vista de las cortinas, deseando con fervor que permanecieran cerradas. Sintió el aliento de Sasuke sobre el borde de su mano y se dio cuenta de que el hombre había tensado la mandíbula. Lo miró de soslayo y vio que ese brillo malicioso de sus ojos había desaparecido para dar paso a una mirada que era, de lejos, mucho más alarmante. Su corazón comenzó a latir con tanta fuerza que resultaba doloroso y, paralizado, observó con los ojos abiertos de par en par cómo el hombre alzaba su mano libre muy despacio. Naruto aún le tapaba la boca con los dedos, pero Sasuke empezó a separarlos con delicadeza, uno por uno y comenzando por el meñique, mientras su aliento le acariciaba el borde de la mano con bocanadas cada vez más rápidas. Naruto sacudió la cabeza en una tensa negativa y se alejó, al tiempo que él le rodeaba la cintura con un brazo.

Estaba atrapado por completo..., incapaz de impedir que Sasuke Uchiha hiciese con el lo que se le antojara.

En cuanto apartó el último dedo de sus labios, Sasuke lo obligó a bajar la mano y la sostuvo por la nuca. Naruto se aferró a las mangas de la chaqueta y arqueó el cuerpo hacia atrás, pero no sirvió de nada puesto que él aumentó la presión de la mano que tenía sobre su nuca. No le estaba haciendo daño y, sin embargo, había conseguido que le resultara imposible moverse o forcejear. Conforme la boca de Sasuke descendía sobre la suya, Naruto jadeó sin emitir sonido alguno, separó los labios y su mente se quedó en blanco.

Los labios del hombre acariciaron los suyos, con suavidad pero también con firmeza, tratando de arrancarle una respuesta. Al instante, Naruto se vio consumido por un fuego que ardía por todo su cuerpo y que lo dejó indefenso ante un tipo de anhelo que no había sentido en toda su vida. El recuerdo del único beso que habían compartido no era nada comparado con lo que estaba experimentando..., tal vez porque Sasuke ya no era un extraño para el. Lo deseaba con tal desesperación que le asustaba. Él se alejó de su boca con suavidad y sus labios se detuvieron brevemente en la barbilla antes de ascender hacia la mejilla, dejando un rastro de fuego por el camino, para regresar a su boca con más insistencia. Naruto sintió la punta de la lengua de Sasuke contra la suya y el suave roce fue tan inesperado que hubiese retrocedido de inmediato de no ser porque él lo tenía sujeto.

La elegante cacofonía de los músicos tintineó en sus oídos, recordándole la inminente posibilidad de ser descubiertos. Presa de continuos temblores, se obligó a relajarse entre los brazos del hombre. Durante unos minutos, le permitiría que hiciera lo que quisiera con el, cualquier cosa, a fin de que no traicionase su presencia tras las cortinas. Sasuke saboreó de nuevo el interior de su boca, sometiéndolo a las suaves caricias de su lengua. Para Naruto, una exploración tan íntima resultaba de lo más escandalosa, más aún si tenía en cuenta las innombrables sensaciones que asaltaban las partes más vulnerables de su cuerpo. Se vio invadido por una deliciosa laxitud que lo obligó a buscar apoyo en Sasuke y a rodearle el cuello con los brazos, tras lo cual hundió los dedos en su cabello y se deleitó con el tacto sedoso de los gruesos mechones.

La tímida exploración de sus manos consiguió que la respiración de Sasuke se acelerara, como si sus caricias lo hubieran afectado profundamente. Después de colocar la palma de la mano sobre una de sus mejillas, él lo acarició con las yemas de los dedos y lo instó a echar la cabeza hacia atrás lo suficiente para poder mordisquearle los labios, primero el superior, del que tiró con suavidad, y después el inferior, tras lo que lo deleitó con el cálido roce de su lengua. Incapaz de detenerse, Naruto utilizó la mano que tenía en su nuca para tirar de él e instarlo que regresara a sus labios con la misma voracidad que antes. Cuando lo obedeció y sus labios se cerraron sobre los de el en otro profundo beso, estuvo a punto de dejar escapar un gemido. No obstante, antes de que el sonido abandonara su garganta, se alejó de la boca de Sasuke y enterró el rostro sobre su hombro.

El pecho del hombre subía y bajaba con rapidez bajo su mejilla y la ardiente caricia de su aliento le rozaba el pelo. Sasuke aferró los abundantes rizos de Naruto, sujetos con horquillas en la parte posterior de la cabeza, y tiró de el hacia atrás para así tener acceso a su cuello. La ardiente huella de sus labios comenzó en el diminuto hueco que había justo tras la oreja derecha, donde un buen número de terminaciones nerviosas despertaron bajo las caricias de su lengua mientras ésta trazaba el recorrido de una delicada vena. Al mismo tiempo, deslizó los dedos por encima de su hombro y trazó con el pulgar la línea de la clavícula mientras recorría la zona con la palma. Acarició con la nariz uno de los lados de la garganta de Naruto y descubrió un lugar que lo hizo estremecerse; allí permaneció hasta que el doncel sintió que un nuevo gemido pugnaba por abandonar sus labios, humedecidos a causa de los besos.

Con un frenético empujón, Naruto consiguió que Sasuke se apartara durante tres segundos, tras los cuales él volvió a atrapar sus labios con otro beso hambriento. En ese momento, la palma de su mano rozó la seda que cubría uno de sus pezones, una vez, y otra, y otra. Con cada caricia, el calor que desprendía su mano se introducía más y más a través de la delgada tela. Naruto sintió un cosquilleo sobre el pezón y, de inmediato, su entorno se adivinó bajo la seda; Sasuke lo acarició con suavidad con el dorso de los dedos, endureciéndolo aún más. La creciente presión de sus labios hizo que se inclinara hacia atrás en una postura de clara rendición que lo dejaba del todo expuesta, no sólo a los lánguidos roces de su lengua, a sino también a las hábiles caricias de su mano. Se suponía que nada de eso debía estar pasando, y sin embargo, todas sus terminaciones nerviosas vibraban de placer y su cuerpo se estremecía por la pasión.

En esos momentos ardientes y silenciosos, Sasuke consiguió que se olvidara de todo: perdió la noción del tiempo, del espacio e incluso, olvidó su propio nombre. Lo único que sabía era que necesitaba sentido más cerca, más adentro, más fuerte... Necesitaba sentir su piel desnuda y que su boca le recorriera el cuerpo. Cerró las manos sobre la tela de su camisa, aferrando con una necesidad rayana en la desesperación el almidonado lino blanco, y tiró de Naruto hasta sacarlo de debajo de la cinturilla de los pantalones, de modo que la piel quedara expuesta a sus caricias. Él pareció comprender que carecía de la experiencia necesaria para controlar sus acciones a ese nivel de deseo, por lo que cambió la naturaleza de sus besos, que se tornaron relajantes, al tiempo que comenzaba a masajearle la espalda para tranquilizarlo. Sin embargo, los efectos no fueron los esperados; sino todo lo contrario. Naruto profundizó los besos y comenzó a moverse inquieto contra su cuerpo, siguiendo el ritmo de su deseo.

A la postre, Sasuke decidió apartar sus labios de los de Naruto e inmovilizarlo con un abrazo posesivo, tras lo cual enterró el rostro en la azorada curva de su hombro. Naruto encontró un extraño alivio en su feroz abrazo, puesto que los fuertes músculos de sus brazos ayudaron a contener los violentos temblores que le recorrían. Permanecieron así durante lo que les pareció una eternidad, hasta que Narutp se dio cuenta, sumido en una especie de bruma, de que la habitación estaba vacía. Los músicos habían puesto punto y final a su ensayo y se habían marchado poco antes. Sasuke alzó la cabeza y separó un poco las cortinas. Al ver que la sala de música estaba vacía una vez más, devolvió su atención a Naruto y, con la yema del pulgar, le apartó un mechón de brillante cabello que había caído sobre su oreja.

—Se han marchado —le ,dijo en un ronco susurro.

Demasiado aturdido para pensar con coherencia, Naruto lo miró sin pronunciar palabra. Entretanto, los dedos de Sasuke le recorrían los ardientes contornos de las mejillas y se deslizaban sobre los labios, hinchados por sus besos. Con algo que se asemejaba a la desesperación, Naruto sintió la vertiginosa respuesta de su cuerpo, que no había sido aplacado, y su pulso volvió a la carga con renovado vigor mientras una nueva oleada de escalofríos le recorría la piel. Era el momento de apartarse de él antes de que alguien lo echara en falta. Para su mortificación, permaneció donde estaba, dejando que su cuerpo absorbiera las distintas sensaciones que le provocaban las caricias de Sasuke. En ese instante, él deslizó una mano hasta la parte trasera de su vestido y Naruto sintió que sus dedos trabajaban con eficacia mientras se inclinaba para besarlo de nuevo. En esa ocasión no pudo contener los gemidos; ni los pequeños sollozos que escaparon de su garganta; ni el suspiro de placer que exhaló cuando el estrecho corpiño de su vestido fue aflojado. El corte del escote le había impedido usar un corsé , por lo que había tenido que recurrir al modelo que dejaba el pecho al descubierto bajo la enagua.

Sin dejar de besar, Sasuke lo arrastró con él hasta el asiento de la ventana. Lo colocó sobre su regazo, donde sus dedos acabaron de bajar el corpiño suelto, y emitió un gemido de placer al descubrir la plenitud de sus pechos. Asustado de pronto al darse cuenta de las libertades que le estaba permitiendo, Naruto empujó, sin fuerzas su muñeca. La respuesta de Sasuke consistió en alzarlo un poco más y en presionar sus labios sobre sus rosados pezones, allí donde su corazón latía a un ritmo fuerte y constante. Sus brazos lo sujetaron por la espalda y lo mantuvieron arqueado mientras sus labios se deslizaban un poco más abajo, hasta llegar a un pequeño pezón que procedieron a investigar. En cuanto Naruto sintió la caricia de su enfebrecido aliento sobre el pezón, dejó de forceje y permaneció inmóvil, apretando los puños sobre los hombros de Sasuke. Él tomo el pezón en su boca y comenzó a acariciarlo con la lengua hasta que estuvo húmedo y endurecido; fue entonces cuando Naruto sintió que la sangre hervía a fuego lento y se espesaba en sus venas. Sin dejar de acariciado con la mano, Sasuke comenzó a murmurar incoherencias con el fin de tranquilizarlo y colocó la mano sobre su pezón, extendiendo con el pulgar la humedad que su lengua había dejado sobre el pezón y haciendo que su piel brillara bajo la luz. Naruto susurró algo ininteligible y rodeó el fuerte cuello de Sasuke con los brazos. Fue incapaz de contener un gemido cuando él cerró los labios alrededor del otro pezón y tironeó de él con suavidad.

En ese instante, una nueva urgencia se apoderó de Naruto; una sensación que arrancó temblorosos gemidos de su pecho e hizo que su cuerpo se tensara rítmicamente entre los brazos de Sasuke. Al parecer, él también sufría la misma necesidad: Naruto percibía los violentos latidos de su corazón y su laboriosa respiración. No obstante, parecía ser capaz de controlar su pasión mucho mejor que el, ya que las caricias de sus manos y su boca no dejaron de ser suaves y pausadas. Naruto se agitó bajo las numerosas capas de seda de su vestido y le hundió los dedos en la manga de la chaqueta y en el chaleco.

Demasiada ropa. Había demasiada ropa por todos lados y la necesidad de sentir esa piel desnuda sobre el estaba a punto de arrebatarle la razón.

—Tranquilo, cariño —susurró él sobre su mejilla—. Relájate. No, déjame que te abrace...

Sin embargo, Naruto era incapaz de conseguir que su cuerpo lo obedeciera; no podía detener los movimientos de sus caderas y le resultaba imposible contener las temblorosas súplicas que escapaban de sus labios, enrojecidos por los besos.

Sasuke continuó murmurando con suavidad sin dejar de abrazarlo, depositando pequeños besos sobre su rostro y masajeándole con delicadeza el cuello, allí donde el pulso latía enloquecido. Naruto fue consciente de que él le colocaba la ropa y lo ponía de pie con cuidado, como si fuera una muñeca, para abrocharle el vestido. En un momento dado, incluso se permitió soltar una leve carcajada, como si sus propias acciones le resultaran graciosas.

Más tarde, llegaría a la conclusión de que él parecía tan abrumado como el; no obstante, en esos momentos, presa del malestar que le provocaba el deseo frustrado, no fue capaz de desenmarañar sus enredados pensamientos. A medida que el deseo abandonaba su cuerpo, iba dejando una repulsiva sensación de bochorno.

Forcejeando para abandonar su regazo, Naruto se puso en pie con las piernas temblorosas y le dio la espalda. Sólo fue capaz de pronunciar dos palabras para romper el tenso silencio. Sin volverse a mirarlo, dijo con voz áspera:

—Nunca más.

Tras apartar las cortinas, salió de la sala de música tan rápido como pudo y huyo por el pasillo.