— Perra — lo miró altanero — esto fue lo que siempre soñaste, deberías agradécemelo.
— No le hable así a mi omega — se escuchó un fuerte rugido.
— Tranquilo Steve — Tony se abrazó al cuerpo de su novio ignorando a su padre — él no vale la pena, al menos no por ahora — eso último lo susurró bajito mientras daba una sonrisa que provocaría escalofríos.
Charles tenía una boba sonrisa en el rostro mientras sentía el frío satén sobre sus ojos, su alfa se lo había puesto desde que subió al auto, mientras se negaba a contarle donde iban. Pero por su aroma sentía la felicidad de Erik y eso lo reconfortaba, sabía que él no lo volvería a dañar y que realmente lo amaba sin importar nada. Se recargó sobre su hombro mientras escuchan una vieja melodía, Erik soltó una ronca risa y siguió manejando en silencio, no negaba que estaba algo nervioso, ya ni recordaba que era tener una cita, ni siquiera si alguna vez tuvo una decente con su difunta esposa.
Estacionó el auto, Charles sintió el aroma a tierra mojada, estaba seguro de que estaban fuera de la ciudad, escuchó como su alfa bajó algunas cosas de la parte trasera, se demoró algunos minutos, y Charles aprovechó ese tiempo para calmar su respiración.
— Mi amor, me permite su mano — pidió Erik haciendo que Charles se sonrojara y mientras reía extendiera su mano, para recibir un cálido beso en su dorso.
Con cuidado fue guiado por la tierra, sintió el pasto bajo sus pies, sintiendo el deseo de sacar sus zapatos y sentir la hierba. Con un ágil movimiento Erik retiró la venda y Charles soltó un chillido emocionado.
De un hermoso y frondoso árbol colgaban bellas luces con forma de estrellas, en el suelo había extendida una gran manta y al lado una enorme canasta, dejándose ver algunos exquisitos manjares. Era una cita realmente cliché, pero realmente hermosa. Charles con los ojos algo aguados se puso de puntas, para tomar con cariño los labios de Erik.
— Nunca nadie había hecho algo así por mí.
— Nunca lo había hecho por nadie.
Sonrieron de forma cómplice y si dieron un nuevo beso antes de dejarse caer en la manta, reían y jugueteaban como dos adolescentes, la comida podía esperar, en ese momento sus cuerpos se ansiaban, ardían en deseo.
Poco a poco las prendas comenzaron a caer regadas por el suelo, Charles quedó de espaldas mientras Erik de forma lasciva se dedicó a darle placer con su lengua, el castaño no dejaba de suspirar mientras jalaba los cabellos de su alfa, exigiendo más.
Luego el alfa lo montó con cuidado, se encargó de que su omega sintiera todo el placer del mundo, que terminara en orgasmo más de una vez y no dejó de hacerlo sentir goce hasta que el castaño cayó rendido, a continuación, se encargó de hacerlo beber y de alimentarlo, lo llenó de mimos y caricias, Charles lo merecía todo en el mundo y el se encargaría de dárselo.
Peter iba corriendo rápido por la mansión, apretaba los dientes furioso. No podía creer que el imbécil de Logan estuviera trabajando en la mansión, cuando él específicamente había pedido que no lo hiciera, cuando pese a todo el dolor que le causaba lo había sacado del lugar para brindarle una mejor vida. Ahora se las verían con él, era raro ver al platinado enojado, pero cuando lograban enfadarlo realmente sacaba lo peor de sí, se hacía notar toda la herencia de Erik, aunque muchos decían que él era realmente peor.
— ¿Quién mierda contrató a Howlett? — se dirigió hasta su padre mostrando los colmillos — tú bastardo, te atreviste a contratarlo sin mi permiso — estaba por lanzarse a los golpes, mientras Erik seguía bebiendo de su vaso sin siquiera inmutarse.
— No fue él, fui yo — expresó Charles mientras se sacaba los anteojos de sol de una forma realmente seductora.
— Eres una jodida perra — soltó Peter furioso. Erik se levantó gruñendo, de inmediato se ganó una furiosa mirada por parte de su novio y su hijo, simplemente no sabía del lado de cual ponerse.
— Bonito, yo soy la puta ama de las perras — respondió Charles, ambos se debían en un duelo de miradas nada amables.
Steve que venía llegando al patio de la mano de Tony se quedó mirando ahogando una carcajada, no todos los días se veía a Erik Lehnsherr al borde de un ataque de pánico, el alfa se movía de un lado a otro, esperando o decidiendo por quién tomar parte. Tony y Steve reían de forma nada disimulada esperando el desenlace.
— Dios te amo — gritó Peter — eres la mejor madrastra — dijo riendo mientras se abrazaba al cuerpo de Charles, quien sonreía y lo acunaba en sus brazos.
Erik soltó un fuerte suspiro, sentándose de golpe.
— Omegas me mataran — fue lo único que dijo mientras cerraba los ojos y se apretaba el puente de la nariz.
Charles riendo se aproximó hasta su alfa y comenzó a dar besos por sus mejillas, hasta que finalmente Erik lo sentó en su regazo riendo.
— Te amo alfa.
— También te amo bonito — junto sus narices de forma juguetona, pero ambos se separaron de golpe al escuchar unos aplausos.
— Erik veo que aún no se te quita el capricho ¿hasta cuando te revuelvas con una puta? — preguntó Strucker con una sonrisa torcida mientras con demasiada fuerza tomaba la barbilla de Charles y la giraba, sonriendo con satisfacción al ver que no había una marca reciente en el lugar— ni se te ocurra preñar a esta zorra, mira que ninguno de mis herederos será del vientre de una perra.
Erik iba a contestar, pero Charles con cariño le tomó el brazo mientras negaba con la cabeza, finalmente el líder de la Hydra se fue riendo, sabía lo que había provocado.
— Chicos no se preocupen por mí — soltó Charles sonriendo, ninguno supo si sus gestos eran reales o fingía demasiado bien, lo único que Erik tenía seguro es que su padre le pagaría cada insulto a su omega, él mismo se encargaría de cortarle la lengua en pedacitos y hacerlo tragárselos.
Erik lo envolvió en un abrazo, soltó sus feromonas y comenzó a besar su cuello, en aquel lugar donde quería dejar clavado sus dientes. A él no le importaba que su cuello y nunca tuviera cicatrices desvanecidas de distintos alfas, él sólo quería hacer sentir bien a su omega, mostrarle por una vez que era llevar una marca, como se debía cuidar y mimar, que era sentir un lazo real.
Steve se aclaró la voz, después de todos ellos con Tony tenían algo que pedirles.
Howard Stark iba algo aturdido, siempre había en su sangre una gran cantidad de alcohol. Pero dio un respingo cuando en su habitación sintió aromas desconocidos, al prender la luz se quedó estático, no podía creer todo lo que estaba viendo.
Frente a él estaba su hijo, pero no lo hacía solo, junto a él se encontraban varios miembros de La Hydra. Todos sonreían, todos provocaban miedo.
Se escucharon disparos, Howard estuvo seguro de que se había meado los pantalones cuando balas pasaron rozando sus orejas mientras una daba quedó por sobre su cabeza.
— Excelente coordinación chicos — felicitó Steve mientras Wanda, Peter y Kurt sonreían, desde pequeños acostumbraban a trabajar juntos, y lo hacían de una forma excepcional.
— Eres maravillosa gatita — Wanda se enrolló al cuerpo de su alfa, quien sostenía unos bastones. La pelirroja miraba con desprecio al mayor de los Stark.
Kurt estaba siendo abrazado por su alfa, quien daba besos por sus mejillas, poco a poco se acostumbraban a ser más demostrativos en público, era principalmente a Kurt a quien le apenaba, pues Warren era un simple descarado.
Peter no recibió los mimos de nadie, pero realmente no le importaba, pues él estaba acostumbrado a no ser el centro de atención de ningún alfa, ni tampoco le interesaba serlo.
— Padre — fue el turno de Tony para hablar — siempre fuiste un maldito bastardo — dio algunos pasos, dándole una fuerte bofetada — ahora quiero que me entregues todo lo que me pertenece — Howard no hizo más que reír ante aquellas palabras, aunque se calló de golpe al ver como Erik y Steve lo apuntaban con sus armas.
— Señor Stark, le aconsejo que firme algunos papeles que mi abogado Murdock a preparado — Erik le extendió algunas hojas.
— Ahora — exigió Steve, simplemente acercándose y poniendo el cañón de su pistola en la sien de su suegro.
— Vamos padre, hazlo — instó Tony — o te aseguro que haré que te vuelen los sesos — soltó una risita — agradece que busco justicia y no venganza.
Howard se vio amenazado por distintas armas, estaba cagándose del miedo, en un arrebato tomó las hojas y firmó sin siquiera leer lo que ahí estaba, era eso o la muerte.
— Ahora desaparece de nuestras vistas, si te vuelvo a ver te mato — amenazó Steve mientras Tony le daba una sonrisa torcida.
— Una cosa señor Stark — Charles interrumpió su escape — dígale a Marko que el próximo es él, y que yo si busco venganza — demandó el omega sonriendo mientras Erik le daba un apretón de apoyo.
Stephen estaba concentrado, o al menos eso fingía con la vista fija en la televisión, realmente no entendía que tipo de fijación tenía Loki con los reality shows, pero el azabache realmente disfrutaba burlarse de los participantes.
Sintieron un aroma que ya conocían, de inmediato Loki se giró mientras esbozaba una gran sonrisa, para luego mirar embobado a su alfa, quien rápidamente fue a su encuentro, tomando sus labios con dulzura para luego extenderle un presente.
A continuación, el alfa se aproximó hasta Stephen, acarició sus cabellos y el omega cerró los ojos disfrutando de las caricias, luego Thor le entregó un regalo mientras sonreía.
Loki se levantó de golpe y abandonó el salón, dejando una estela ácida que hacía picar la nariz, se podía notar el enojo en su esencia. Thor salió corriendo tras su omega, Stephen se estremeció lleno de miedo, huyó del lugar con deseos de llorar.
Corrió por los jardines que tenía La Asgard, atravesando uno de los bosques para finalmente esconderse entre la naturaleza, se sentó en el suelo, importándole poco que sus ropas se mojaran por la fina lluvia que estaba cayendo, se abrazó a sí mismo y soltó un sollozo, él sabía que estaba sobrando en el lugar, que estaba siendo una molestia, no quería ser el culpable de que ocurriera algo entre Loki y Thor, lo que menos quería era generar problemas. Pero tampoco tenía donde ir, su vida seguía dependiendo de la mafia y a ellos les debía mucho.
Dio un respingo cuando un sintió un aroma más que conocido, no podía creer a quien tenía frente a él, su omega interno estaba chillando, necesitando sentirlo cerca, mientras él no único que quería era darle un buen golpe, su parte racional terminó ganando y solo dio cuenta de ello cuando escuchó un gemido por el alfa, pues había acertado un excelente derechazo.
— Ross ¿qué mierda haces aquí? — preguntó gritándole — si alguien de La Asgard te ve, no dudará en disparar entre tus ojos — le dijo absolutamente seguro mientras se volteaba a ver en todas direcciones, para luego tomar al alfa y comenzar a arrastrarlo a algún lugar que fuera seguro.
— No me importaría, sólo necesitaba verte — le respondió el alfa — Stephen hay tanto que quiero decirte — gritó el alfa, Stephen pudo sentir su fuerte aroma a tristeza, podía notar el pálido semblante en el alfa, como grandes ojeras marcaban su rostro, como sus huesos se notaban mucho más, estaba más que claro que había perdido bastantes kilos desde la última vez que lo había visto.
— Everett nada de lo que digas cambiará las cosas — dijo Stephen tranquilo, incluso para su propia sorpresa estaba actuando mucho más calmado de lo que alguna vez pensó, como si ya nada le importara, porque después de todo ya nada podía herirlo.
Al alfa no le importó, agachando la mirada comenzó a relatar todo desde el comienzo, sus puños estaban apretados, se sentía realmente avergonzado de sí mismo y una absoluta mierda, sabía todo el daño que había provocado, estaba más que seguro que él no merecía el perdón, pero al menos le debía la verdad a Stephen.
El omega escuchó de forma estoica, su cuerpo no reaccionó a lo dicho por el alfa. Le hubiera gustado sentir ira, desearle la muerte e incluso tomar venganza por sus propias manos, pero simplemente se quedó estático, una parte de él sentía compasión con el alfa, pues después de todo Everett Ross no era más que una miserable existencia.
Loki le había cerrado la puerta en la cara, Thor podía escuchar como su omega destrozaba todo, como las cosas caían y se estaban quebrando. Soltó un suspiro, pidió una vez más que le abriera y ante la negativa no tuvo más opción que simplemente derribarla.
Tomó a Loki con fuerza, sacándolo del lugar antes que se hiriera entre tantos vidrios quebrados, sentó a su omega sobre su regazo, impidiendo que hiciera movimiento alguno, Loki estaba frustrado, comenzó a amenazarlo, despotricaba por su libertad y sin aviso previo mordió con fuerza al alfa, logrando que al fin Thor soltara el agarre.
Alcanzó a correr hasta que nuevamente el rubio lo agarró, esta vez en sus ojos se veía el enojo y el omega se estremeció, pues no le era común ver a Thor en esa faceta, ahogó un gemido cuando una fuerte nalgada fue estampada contra su trasero, no alcanzó a reclamar cuando nuevamente una incluso más fuerte que la anterior le hizo dar un salto.
— Ahora mismo me explicas que mierda fue todo esto — le gruñó Thor mostrando los colmillos, Loki simplemente se giró mientras Thor bruscamente lo sentaba sobre su regazo y le impedía movimiento alguno.
— Estoy…estoy celoso — soltó Loki en un susurró escondiéndose en el pecho de Thor, el alfa pudo escuchar algunos sollozos que le rompieron el corazón, realmente no era común ver a Loki inseguro o débil, algo le debía estar pasando — no quiero que me cambies por él, Stephen es joven y guapo — comenzó a sollozar más fuerte el omega mientras Thor acariciaba con cariño su espalda intentando calmarlo, soltó sus feromonas pues siempre reconfortaban a su amor.
— Min kjærlighet ¿por qué te cambiaría? — tomó con cariño sus mejillas obligándolo a levantar la mirada — si siempre te he amado y te amaré solo a ti — dio un suave y dulce beso en sus labios — no estés inseguro mi lunita, yo soy solo tuvo — Loki no se resistió y tomó sus labios con posesión.
Thor le correspondía el beso, aunque su cabeza no dejaba de pensar, estaba seguro de que había descubierto el por qué la inseguridad de su omega, estaba realmente feliz, pero no le diría nada, esperaría a que Loki se diera cuenta por sí mismo que es lo que estaba ocurriendo. De todas formas, por ahora quedaban prohibidos los tríos, al parecer las hormonas ponían a Loki posesivo y él no se quejaba, pues adoraba cuando se ponía de esa forma.
Estaban dándose cariño cuando unos fuertes golpes en la puerta de su habitación los hizo levantarse, los guardias se veían preocupados y de inmediato los líderes de La Asgard les cedieron el paso, ambos salieron corriendo del lugar luego que indicaran lo que estaba ocurriendo, no podían creer que Ross se hubiera dignado a sortear la seguridad, y que ahora estuviera con Stephen, no le permitirían tocar ni siquiera un centímetro del omega.
Al llegar a uno de los bosques que rodeaba la mansión, vieron como sus guardias apuntaban a la cabeza de Everett Ross mientras Stephen como escudo humado les pedía que no dispararan. El omega se veía sereno, lo que de inmediato hizo que Loki y Thor se sintieran más tranquilos.
— Stephen, amor ¿se puede saber por qué mierda proteges a este bastardo? — preguntó Loki mientras intentaba acercarse, con disimulo blandía un puñal escondido que una de sus mangas, pues no dudaría en cortarle el cuello a ese alfa desgraciado.
— Porque Ross aun es necesario para mis cachorros — explicó Stephen tranquilamente, sin ahondar en mayores detalles pues no sabía que tan confiable eran los guardias — además, es mejor dejarlo sufrir con su existencia que hacerle el favor de acabar con su vida — su tono de voz produjo escalofríos en más de un alfa, sintieron verdadera compasión por Ross.
Everett se quedó sin palabras, sintiendo como aquella frase atravesaba su corazón, realmente le había dolido lo que su exnovio había dicho, pero sabía muy bien cuanta verdad había en sus palabras, el merecía cada insulto y recriminación, él sabía perfectamente que debió haber pagado con su vida, pero era tan cobarde que ni siquiera pudo quitársela.
— Ross acompáñame — Thor demandó con un fuerte gruñido, todo el mundo se puso alerta y el alfa mencionado lo siguió pensando que su vida acabaría unos minutos después.
Loki le gritó a todo el personal que los dejara a solas, haciendo que Stephen se sintiera preocupado, por su cabeza estaban pasando distintos escenarios, ahora si que el omega le gritaría o algo así, sabía muy bien que el azabache se había puesto celoso.
Pero nunca pensó que Loki se disculpara por su actuar, de forma totalmente inverosímil el azabache explicó sus celos, con lujo de detalles relató cómo se sentía, extrañamente sentía confianza en Stephen, lo veía como un buen amigo. Loki estaba sentado en el suelo frustrado, Stephen no pudo evitar abrazarlo al verlo de aquella forma tan adorable,
El médico lo quedó mirando, con cuidado se acercó hasta el omega y comenzó a olisquearlo mientras dejaba algunos besos en su cuello que de inmediato lo calmaron. Luego soltó una risita, ya comprendía que era lo que le estaba pasando al líder de La Asgard.
— Estás esperando a un cachorrito — soltó Strange muy feliz mientras lo apretaba aún más entre sus brazos.
El omega se había quedado sin palabras, sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas mientras sus manos iban a su plano vientre, no podía creer aquellas palabras, necesitaba saber que su felicidad era real.
— Vamos bonito, te estás enfriando — susurró Stephen mientras le daba un beso en la frente — ven, te daré un daño y consentiré a la futura madre de La Asgard — finalizó Stephen mientras lo invitaba a seguirlo, Loki simplemente se dejaría mimar.
