Recordaba cómo el señor A siempre se refirió a la niña.

En todos los meses de embarazo de Astrid, solía llamarla feto. Y cuando terminó, la llamaba escuincla, mocosa. Un apodo despectivo, nunca lo que verdaderamente era.

Realmente, jamás entendió por qué tanto desprecio a la niña. En realidad, entendía que había planes importantes y ella los ayudaría con sus metas. Pero, realmente, ¿por qué tanto odio?

Zephyr era tranquila, tímida, linda, bonita. A pesar de su timidez, era simpática. Tan solo oír las cosas tan inocentes que le decía a su madre, de cierta forma, tocaba su corazón.

»—La luna debería ser rosa. ¿Qué son esos colores tan sin chiste? —divulgó, mirando el cielo, acompañado por una carcajada de Astrid.

No estaba siendo hipócrita. Pese a la simpatía adquirida hacia la niña, sus planes siguen siendo firmes. Pero el señor A odiaba realmente a todo lo relacionado en Berk. Y eso incluía a Zephyr. Pero, ¿por qué?

Aunque, debía admitir que en algo no simpatizaba con Zephyr. Y no, en cuanto a su carácter, era perfecto. Sin embargo, no podía pasar desapercibido aquellas diminutas pecas regadas por su rostro. La niña, en cierta forma, era físicamente parecida a su madre. Pero, por todos los dioses, extrañamente mirarla hacía que la imagen de Hiccup Haddock se apoderara en tus pensamientos.

Algo había en su ser, en su alma, en ciertas zonas físicas de su imagen; algo tan similar a Hiccup, que los convertía en una imagen y semejanza, sin importar que los genes de Astrid estuvieran presentes en casi todo su rostro, Zephyr le recordaba al jefe. Y eso, era el poco malestar que sentía hacia Zephyr, pero no al grado de aborrecerla.

— ¿Ya te casaste? —preguntó la rubia, acariciando el cabello castaño rojizo de su hija dormida.

Cualquier pensamiento almacenado en la mente del pelinegro, por muy íntimo que fuera, había desaparecido.

— ¿Perdón? —mencionó, irónico —. No tengo tiempo para esas cosas.

Astrid bufó, rodando los ojos, sonriendo.

—Por favor... —continuó, negando con la misma ironía —. ¿Eres afeminado?

— ¡¿Qué?! —se ruborizó. Estaba, ciertamente, ofendido.

—Que si te gustan los... —pero no la dejó continuar. ¿Cómo podía pensar tal bajeza?

—No me digas. Ya entendí —rio un poco, confundido —. No. Nunca encontré una persona con la que sintiera esa conexión, ¿sabes? —finalizó, nostálgico —. Es decir, es hermoso... —señaló a Astrid y Zephyr —, pero, no es para mí. Yo soy ajeno a...

—Una familia tradicional. Aventurero, soltero y muchas libertades —continuó por él. Sabía perfectamente lo que sentía —. No te ves atado a una familia. Lo sé —ella sabía de esto. Lo entendía —. Yo tampoco era así. Y mírame.

—Es diferente. Tú sí tienes a alguien.

Y esto solo lo hacía caer en cuenta sobre su soledad. Nunca había cuestionado el ritmo de su vida. Pensaba que vivir solo toda su vida, rodeado de montones de riquezas, era todo lo que necesitaba para ser feliz.

Y Astrid, de alguna forma, lo ha hecho reflexionar mucho si desea gozar esa riqueza solo. Podría llegar a ser tan rico, ¿pero en qué gastaría todo aquello? Eso no llenaba el vacío inquebrantable. Siempre ha estado solo.

Una pregunta estúpida se aproximaba. Estaba siendo impulsado. Se podría decir que debería ser un tema que no le importase en lo absoluto. Y sí, ¿qué rayos le importaba a él?

Pero era un impulso, uno muy fuerte.

— ¿Volverías a tener un hijo? —interpeló. La rubia se pasmó ante la pregunta. Y para el joven Daven era una pregunta muy íntima, subconscientemente pensando que un hijo de ella sería lo más raro que podría pasarle.

Pero ella no lo entendió.

—Sufrí mucho con Zephyr —admitió, recordando el inmenso dolor del embarazo —. Estaba completamente convencida de decirle a Hiccup que cerraría la fábrica de bebés. Y lo mantengo.

Hiccup. Fue cuando cayó en cuenta que las ideas en su cabeza eran totalmente erráticas. El mismo sabía que si estaba en estos momentos con ella, era porque tenía un propósito inicial. Uno que echó a perder hace cuatro años atrás.

Por qué ahora entraban esas convicciones en su pensamiento. La rescató para que volviera con Hiccup, no para otras alternativas.

Este sentimiento era tan repentino, tan momentáneo. Era demasiado pronto para pensar en un interés mayor hacia ella. Envidiar la vida que pronto tendría su mayor enemigo era una baja en su autoestima.

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La mañana era fresca. El arrebol del cielo era un evento que amaba presenciar, mientras el melifluo sonido de los pájaros acompañaba la mañana. Era tan relajante, único. Podías encontrarte en la mayor de las soledades, pero sentirte completamente distinto.

Apareció un sentimiento en sí. Empezó a sentir como la presencia de alguien estaba por posicionarse junto a él.

La mañana era tan apacible, te mantenía en el menor estado de defensa, de hecho, casi nulo.

Cuando volteó, ahí estaba la castaña de dos coletas. El astro mayor iluminaba con sus feroces destellos las pecas y los ojos de Liv. Era una efigie perfecta, maravillosa.

—Wow, te ves increíble —le halagó, haciendo que la castaña se ruborizara completamente.

—Por Thor, me veo igual que siempre —respondió, "modesta". Si bien, quería que Hiccup terminara de mimar su belleza, haciéndole cada vez más cumplidos.

—Sí. Te ves igual. Pero el sol te da un toque muy lindo —contestó, ya perdido nuevamente en el cielo, sin darle importancia a la castaña.

Ésta gruñó y golpeó el hombro de Hiccup.

— ¡No sé qué más debo hacer para que me mires! —reclamó, furiosa.

—Liv, no seas paranoica. Te estoy mirando —habló, literal.

—Eres un idiota —aceptó, cruzando de brazos —, pero eres mi idiota.

Hiccup se incomodó con eso.

—Claro, somos amigos —evadió el verdadero significado, pero lo esperaba.

Liv bufó, negando con la cabeza.

—Basta. No voy a tolerar nada más.

Y fue cuando, finalmente, encontró el momento de valentía para tomarlo por sus prendas y acercarlo a sus labios.

Hiccup, en un principio, trató de retirarla de su agarre. No obstante, vio la oportunidad de disfrutar de este beso; ver si era posible encontrar un sabor nuevo que le hiciera olvidar los labios de la rubia.

Posicionó las manos en la cintura de la castaña. Ella disfrutaba el beso como nadie, saboreando cada momento en los labios de Hiccup. Mientras que él, evidentemente, creía que era buena besadora. Y disfrutó el sentir del beso, la textura. Pero, nuevamente, era un beso hueco. No sentía esa electrizante energía que sentía cuando besaba a Astrid.

Y otra vez, esa sensación de que alguien lo observaba. Abrió los ojos, aún pegado a los labios de Liv, dándose cuenta que la persona que menos debía presenciar este momento, ahora, estaba ahí, parada. Con una mirada vasta de desilusión.

—Hola, Hiccup —emitió, débil.

El castaño, con rapidez, se separó del agarre de la castaña.

—Astrid...

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Nota de Wattpad:

Chan, chaaaaaaaaaaaaaaaan :00000 juju. Escribir este capítulo me llenó de emoción 7u7 pero igual, claramente, la situación no fue la mejor xd.

Es una pena porque se quedó en lo mejor y solo espero no estar muy deprimida para escribir mañana, porque ya el lunes vuelvo a ser universitaria. Chale.

Espero que les haya gustado (?) o gustado en el sentido de NO MAMES, SOSJOIJDS YA SIGUE, idk, no sé cómo definirlo XD.

Me encanta porque cada vez se alarga más esta historia y eso quiere decir que sí tendrá más de veinte capítulos 7u7 super paique.