Aplastando el trozo de pergamino entre sus manos, Harry abandonó su escritorio y a paso furioso se dirigió hasta el perchero de dónde sacó su abrigo antes de salir de su oficina. Su secretario le preguntó si ocurría algo pero Harry no se molestó en responder, demasiado frenético, demasiado acelerado, olvidando por completo que su jefe esperaba el informe sobre un caso de robo que había ocurrido sólo un día antes. No tenía tiempo para explicaciones, ni para instrucciones ni recados, si la carta que había recibido era una indicación, era urgente que llegara a San Mungo cuanto antes.
Empujando a un montón de mangos indignados que no dejaban de maldecirlo en voz baja ni siquiera por ser el salvador del mundo mágico, Harry se abrió paso, ganándose miradas reprobatorias y otras tantas llenas de curiosidad, era como si, de repente, el auror estrella del ministerio hubiera recobrado todo el ímpetu juvenil y vigoroso que había perdido a lo largo de los meses. Su cuerpo rígido, su mirada concentrada y profunda y toda su presencia Alfa inundando los corredores, imponiéndose aun sobre otros Alfa.
Por fuera, Harry se había convertido en una salvaje fiera al acecho, lista para atacar, pero por dentro, era un hombre lleno de miedo y de incertidumbre, la carta no había hecho más que informarle la parte esencial del asunto y nada más, lo que le tenía de nervios. Harry tenía muchas preguntas y esperaba poder encontrar respuestas en cuanto se encontrara con Narcissa Malfoy.
Aquella tarde había regresado del Londres mágico, más específicamente del callejón Diagon, donde una joyería había sido robada durante la noche. Se le había puesto a cargo de la misión por sus habilidades en rastreo, pero principalmente porque su padre sabía que no tenía cabeza para tomar misiones mucho más arriesgadas, donde el más mínimo error podía costarle la vida. Así que había ido dispuesto a tomar el testimonio del dueño de la tienda y a comenzar a trabajar en cualquier pista que pudiera encontrar.
Fue a eso de las tres de la tarde que se desocupó por completo, llevando un rechoncho archivo hasta su oficina, el cual debía resumir en un nada sencillo y muy aburrido informe que después llevaría hasta la oficina del jefe de aurores, su padre, el cual lo llevaría al archivo para que Harry pudiera comenzar a trabajar. Era del tipo de misión que se le dejaba a un auror novato, pero hacía mucho que Harry había dejado de hacer rabietas por no recibir trabajos importantes, de hecho, estaba realmente agradecido por tener un poco de paz mental, un trabajo ligero que ocupara su mente pero que tampoco lo consumiera.
Cuando finalmente terminó de revisar toda la información eran las cinco y media de la tarde y Harry estaba por terminar su turno. Había acomodado todos los papeles dentro del folder, había puesto a un lado su informe y entonces, una lechuza había entrado volando por la puerta de su oficina que había sido abierta por su secretario cuando el ave se negó a dejarle tomar el trozo de pergamino.
Harry había tomado la carta y el ave desapareció nuevamente por la puerta. La nota decía:
«Acabamos de internar a Draco en San Mungo, por favor, venga lo más rápido posible.
Narcissa Malfoy.»
Sólo eso y nada más. Tan pocas palabras y habían logrado crear dentro de Harry una tempestad imparable. Tan pocas palabras habían sido suficientes para que Harry se levantara de su silla como alma que lleva al diablo y saliera disparado cual tifón, arrasando con todo a su paso para llegar a su objetivo, para alcanzar a su Omega, a su pobre Omega.
Habían tantas preguntas a las que Harry sabía que no podía darles respuesta, pero no por eso dejaban de rondar su mente, de torturarlo entre ecos dentro de su cabeza, un montón de posibilidades aterradoras, horribles, cada vez más y más improbables, pero de todas maneras horripilantes.
¿Estaba Draco simplemente enfermo de algo? ¿Tenía que ver con el secuestro? ¿Serían las repercusiones del confinamiento? ¿Sería sobre el bebé? ¿Alguien había intentado hacerle daño? ¿Tal vez el padre del niño? ¿Sería el estrés? Harry ya lo había visto perdiendo el juicio durante su último encuentro, tres días atrás. ¿Se trataría de alguna herida que no había sido tratada por la necedad de Draco de negarse a ver a un medimago? ¿Habría intentado dañarse él mismo?
Harry intentaba encontrar consuelo en la idea de que Draco se encontraba bajo el cuidado de médicos competentes, dudaba que Lucius Malfoy dejara a su hijo en manos de cualquiera. Sin embargo, eso no era suficiente, el Alfa aullaba desesperado, frenético, culpable por forzarse a mantenerse alejado de su Omega, por no haberlo podido proteger, pero más que nada, estaba realmente aterrado de no saber qué era lo que se encontraría en San Mungo, no creía ser capaz de entrar en una habitación donde el amor de su vida, su predestinado, estuviese irreconocible o al borde la muerte. Harry estaba seguro, de que si su Draco moría él le seguiría al instante de puro dolor.
Tomó algunos polvos flu y los arrojó a la chimenea, apenas murmurando su destino con voz temblorosa que contrastaba fuertemente con lo dura y firme de su expresión facial y corporal. Se introdujo dentro del fuego y se dejó arrastrar chimenea tras chimenea hasta que el conocido lobby del hospital mágico se pintó frente a él junto con las pequeñas sillas metálicas para la gente que aguardaba para ser atendida por la, aparentemente, muy ajetreada enfermera de la recepción.
Sin el más mínimo tacto, Harry se abrió paso entre la gente, abusando claramente de su posición como Alfa, como el vencedor de Voldemort, desplegando sus furiosas feromonas que hacían retroceder a los pobres Beta y hacían encoger a los Alfa de menor rango que él y si a alguien aún le quedaban ganas de reclamar que debía esperar su turno, como todos los demás, seguramente estas se evaporaron cuando Harry soltó un fuerte gruñido demasiado animal como para no temerle.
Valientemente, la enfermera logró articular su pregunta:
—¿Puedo ayudarlo en algo señor Potter?
—Busco a Draco Malfoy.
—Por supuesto —dijo la mujer y con manos temblorosas movió su varita que automáticamente removió el montón de archivos de los pacientes—. Tercera planta, señor Potter.
Harry frunció el ceño preguntándose porque su Omega estaba internado en la planta donde se trataban los problemas relacionados con pociones. Sin preocuparse en agradecer o decir nada más, Harry caminó hasta el ascensor en el cual entró nada más se abrieron las puertas, presionando el botón de la tercera planta sin cuidado, una y otra vez, ganándose un montón de miradas de horror por su comportamiento, miradas que Harry ignoró una vez más.
El viaje hasta el tercer piso se había sentido como una eternidad, a cada segundo que Harry había permanecido de pie y sin hacer nada; la ansiedad se había incrementado en porcentajes descomunales, las manos le sudaban y las piernas le hormigueaban, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y cuando finalmente creyó que moriría asfixiado allí dentro, las puertas se abrieron, dejándolo salir. El Alfa estaba al borde del colapso por saber de su Omega.
No fue difícil encontrar a los Malfoy, destacaban en la sala de espera por su siempre estrafalaria y demasiado formal manera de vestir, (aunque en ese momento lucían un poco desastrosos), además por supuesto, del color de sus cabellos poco común aún en Europa y por las expresiones que pintaban en sus rostros. Era claro que algo no estaba bien, sino todo lo contrario, algo estaba terriblemente, terriblemente mal y Harry no pudo más que esperar lo peor.
Lucius se encontraba sentado en una de las sillas metálicas e incómodas de la sala de espera, con su rostro de piedra luciendo extrañamente humano, con sus ojos grises enrojecidos por las lágrimas y luciendo más viejo de lo que en realidad era. Narcissa, por su parte, estaba de pie, no miraba a su marido y se estrujaba las manos con ansiedad, su rostro siempre hermoso manchado por el cansancio y la desesperación.
Harry se acercó con paso decidido hasta la pareja y sólo a un par de metros del inminente encuentro, los ojos de Narcissa se encontraron con los suyos y Harry pudo percibir su angustia. La mujer caminó hacia él también y en cuanto estuvieron los suficientemente cerca, sus ojos se humedecieron, amenazando con soltar pesadas lágrimas de dolor. Harry tembló y recitó mentalmente: por favor que no esté muriendo, que no esté muriendo, Dios.
—¿Dónde está? —preguntó intentando sonar estable a pesar de sí mismo. Lo último que la madre de Draco necesitaba era el peso de las emociones de Harry.
—En la habitación 302, está estable ahora.
El corazón de Harry logró recobrar un poco de su ritmo normal tras estas palabras pero aún había muchas preguntas por hacer y él no podía distraerse con un alivio momentáneo.
—¿Qué fue lo que ocurrió?
Con lo orgullosa que aparentaba ser la matriarca Malfoy, Harry jamás había esperado verla agachar la cabeza, pero lo hizo.
—Viktor Krum.
—Necesito que sea mucho más específica, señora Malfoy —dijo Harry intentando tomar el papel de auror para no perder el control e ir tras ese hijo de puta.
—En realidad —interrumpió la voz de Lucius—. Ha sido culpa mía —dijo con la voz quebrada por el llanto y sus mejillas húmedas. Harry miró a ambos Malfoy aguardando por una explicación más extensa—. Yo le dije a Krum como quitar el collar.
Harry sintió que el suelo bajo sus pies se abría y lo dejaba caer hacia un interminable espiral de dolor y confusión. ¿Significaba eso que Draco había sido finalmente marcado?
Narcissa debió ver su expresión de horror por que rápidamente dijo:
—No lo hizo, no logró marcarlo. —Harry pasó una mano por su rostro, necesitaba un maldito descanso—. Aún no sabemos a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió, uno de nuestros elfos entró en la habitación de Draco para asegurarse de que había comido correctamente, estos últimos días no había querido salir de su habitación ni hablar con ninguno de nosotros y encontró a Viktor intentando marcar a Draco por la fuerza. El elfo nos lo notificó de inmediato y nosotros fuimos a ver qué ocurría. Por supuesto, Krum se percató de la presencia del elfo y se largó de inmediato, cuando entramos a la habitación de Draco lo encontramos sangrando sobre la alfombra, había cubriendo su nuca con una de sus manos y esta estaba muy herida.
Harry miró a Lucius con furia, el hombre agachó la cabeza, aceptando completamente la culpa.
—Por favor, no juzgues tan duramente a mi marido —intervino Narcissa, sujetando la mano de Harry con cariño casi maternal—, él creía que hacía lo correcto. Viktor se las arregló para convencernos a los dos de que Draco estaba en depresión por estar embarazado y sin estar marcado, Draco mismo había expresado sus deseos por ser marcado por ese... ese-
—Pero no entiendo —interrumpió Harry, ignorando convenientemente el dolor de saber que Draco quería ser marcado por otro Alfa—. Sí él lo deseaba, ¿por qué se resistió?
Lucius y Narcissa intercambiaron una mirada de culpa.
—No estaba actuando como él mismo —admitió Lucius—. Creímos que era por el trauma del secuestro, algunas veces podías verlo tranquilo, simplemente cantándole a su bebé y otras veces perdía la cabeza, como si de repente hubiera recordado algo realmente horrible. A veces parecía que no nos reconocía, a veces parecía amar a Viktor y otras veces, parecía querer estar lo más lejos posible de él. Su comportamiento empeoró durante los últimos días.
Harry asintió, su pecho lleno de dolor por el sufrimiento de su Omega.
—Comprenden que tengo que notificar esto, ¿verdad?
Ambos asintieron.
—Tomaré responsabilidad por mis acciones —aseguró Lucius—, pero por favor, encuentra a ese desgraciado. Se aprovechó de la situación de Draco y yo no puedo permitir que se salga con la suya.
Harry pudo ver en los ojos del hombre la fría llama de la venganza. Realmente lo quería muerto.
—Pero no entiendo —repuso Harry recordando dónde estaba—, si Draco sufrió un ataque por un Alfa, ¿no debería estar en el piso de Omegas? ¿Por qué está en el tercer piso?
—Los medimagos sospechan que está intoxicado —explicó Narcissa—. No nos han dicho mucho, simplemente que podría ser una poción la causa de su comportamiento tan errático.
Harry asintió, dirigiendo la mirada hacia la habitación 302.
—¿Y me ha llamado para que tome el caso o es algo más?
Narcissa guardó silencio por un momento, como si no supiera como comenzar esa charla.
—Puede que esté equivocada, pero hay algo que quería saber, señor Potter. —Harry apartó la mirada de la puerta. Narcissa lo miraba con intensidad—. ¿Es usted el predestinado de Draco?
Harry abrió la boca, dudando sólo por un segundo antes de responder firmemente:
—Lo soy —confesó, demasiado cansado de seguir mintiendo, de estar alejado de su Omega. Si a los Malfoy no les parecía, bien podían comenzar a hacerse a la idea, porque Harry no se iría.
Narcissa lo miró por un breve momento ante de sonreír. Lucius en cambio suspiró con resignación. No parecía que ninguno fuera a oponerse o a comenzar una rabieta histérica por la noticia, lo que en verdad fue desconcertante para Harry, él no era precisamente el tipo de Alfa que personas como los Malfoy elegirían para su heredero, habían muchos otros que cumplían con el perfil de sangrepura, refinados, asquerosamente ricos y con buen gusto para la ropa del que Harry carecía.
Hasta que se dio cuenta.
—Usted lo sabía —acusó. Narcissa soltó una pequeña y dulce carcajada.
—Lo sospechaba —le respondió y algo en el pecho de Harry se calentó al sentir la aceptación de la mujer.
—Yo aún tengo mis dudas —dijo Lucius, desconfiado y no es para menos, ya antes un Alfa había llegado proclamando la misma mentira y Harry lo entendía completamente—. Sin embargo, no es momento de hablar sobre esto, asuntos más importantes apremian.
Los tres presentes dirigieron su mirada hasta la habitación trescientos dos. El ambiente se volvió pesado y deprimente una vez más. De repente, las palabras se sintieron insignificantes y cualquier cosa que cualquiera de ellos pudiera hacer se sintió como nada, la impotencia invadiéndolos a cada uno hasta el punto de la desesperación. Sabían que debían esperar noticias, un diagnóstico, pero con la vida de Draco y de su cachorro en peligro, cada segundo que pasaba era una tortura.
Cuando Harry finamente logró recobrarse de esos sentimientos tan crudos y crueles, decidió que era momento de comunicarse con el departamento de aurores, así que envió un patronus directamente a sus padres con todos los detalles y la poca o casi nada información que los Malfoy le habían presentado.
Por supuesto, él sabía que una investigación más a fondo debía llevarse a cabo antes de ir tras Viktor Krum, aunque sus deseos por sentenciarlo inmediatamente al beso del dementor ardieran en sus venas hasta volverse insoportables. Pero también sabía que su padre haría un gran trabajo y que no dejaría impune el caso, que habría justicia para Draco y que sería más temprano que tarde.
No muchos minutos después, Sirius y Nymphadora aparecieron en escena como aurores a cargo del caso y fue un alivio para Harry no tener que ponerse a trabajar cuando en lo único que podía pensar era en cómo se encontraba su Draco detrás de esa horrible puerta de madera que lo apartaba de él, mientras el Alfa rogaba por ir a su lado y sanar cualquier dolor que lo estuviese acongojando.
Los aurores preguntaron y los Malfoy respondieron con todo lo que sabían, mostrando su furia, su incertidumbre, pero también la culpa y Harry no pudo evitar compadecerlos un poco; ser padres de un Omega no debía ser sencillo, no cuando sabían que, aunque las leyes y la sociedad pudieran proteger a su hijo, siempre existiría gente avariciosa y sin corazón que seguiría viendo a los Omegas como un valioso objeto que poseer sin importar las medidas.
Dora se marchó junto con Lucius Malfoy para ver la escena del crimen y aunque Sirius no pareció muy a gusto en presencia de su prima Narcissa, se mantuvo profesional, a la espera de noticias por parte del medimago encargado de la situación de Draco. Harry realizó una nota mental para agradecerle después, pues la sola presencia de su padrino lo hizo sentir mucho más seguro y más tranquilo, tal vez por las miradas de aliento que le dedicó o por la pequeña sonrisa que le indicó que todo estaría bien y que debía ser fuerte, tal vez por el conjunto de todo, pero ahora Harry supo que, sin importar lo que veniera, Sirius se había resignado a la idea de Draco como su compañero y lo apoyaba.
Después de tres largas horas de espera, un medimago finalmente apareció.
Narcissa, a quién Harry había traído un café caliente, se levantó de su asiento con prisa, casi derramando lo último del líquido en el proceso. Harry no lo manejó mucho mejor y rápidamente se acercó al hombre, con un aura tan intimidante que el hombre le miró como si creyera que Harry le culparía de cualquier cosa mala que le hubiera pasado el Omega en sus manos. Sirius, en cambio, se mantuvo a una distancia prudente, lo suficientemente cerca como para tomar notas para el caso y lo suficientemente lejos como para no ser una molestia.
—Lamento la espera, señora Malfoy.
—No se preocupe por eso ¿cómo está mi hijo? —El doctor le dirigió una rápida mirada a Harry que ya no llevaba encima su túnica de auror—. Está bien, es el predestinado de mi hijo y el hombre de allá es el auror encargado del caso, puede compartir los resultados.
El hombre asintió.
—Nos encargamos de las heridas superficiales, el señor Malfoy no podrá usar su mano derecha en algún tiempo, la mordida fue profunda pero seguro sanará sin dejar más que una muy pequeña cicatriz. También nos encargamos de los hematomas y el trauma físico causado por algunas maldiciones. Hemos realizado un análisis de sangre a su hijo después de que confesara haber estado bebiendo una pócima que su Alfa le proporcionaba y los resultados tardarán aproximadamente una semana en estar listos —informó—. No sabemos nada de ella además de lo poco que el paciente pudo decirnos, como el color y la forma de comportarse del brebaje, aunque por los síntomas que presenta el paciente como paranoia, pérdida de memoria, confusión, nerviosismo y el embarazo fantasma creemos que se trata de un brebaje que se utilizaba en la edad media para hacer que un Omega se vinculara a un Alfa aun en contra de su voluntad. Aunque claro, son puras teorías.
El corazón de Harry se detuvo por un segundo antes de preguntar con voz temblorosa:
—¿Embarazo fantasma?
El doctor asintió de manera profesional.
—Después de atender las heridas superficiales, mandamos llamar a una doctora especializada en embarazos Omega, nos preocupaba que al haber estado expuesto a algunas maldiciones y a maltrato físico, el embarazo del joven Malfoy se hubiera complicado o que el embrión hubiera recibido algún daño que le impidiera llegar a término, fue en ese momento que nos percatamos de que en realidad no había embrión.
—¿Quiere decir que él no...? —preguntó Narcissa, atónita.
—No, no está embarazado —aseguró el doctor—. Conozco el caso, sé que su hijo estuvo secuestrado por mucho tiempo por un grupo de traficantes de Omegas, así que no es de extrañar que lo hayan convencido de que en realidad estaba embarazado, aunque como dije, la poción podría tener mucho que ver.
»Sea como sea, el paciente se encuentra muy inestable, tanto física como mentalmente, necesitaremos tenerlo bajo vigilancia y someterlo a terapia. He contactado ya con una colega y va a tomar el caso, aunque por el nivel de confusión que presenta el paciente, es probable que tome algo de tiempo. —Una lágrima resbaló por el rostro de Narcissa—. Sé que es difícil pero con el tiempo todo va a mejorar, Draco necesita de todo su apoyo y su amor, necesita de su valentía para enfrentar lo que sea que lo llevó a este estado. Justo ahora comenzamos a suministrarle pociones para la desintoxicación, pero hasta que no sepamos que consumió, no podemos darle algo más específico.
—Todo es culpa mía —dijo Narcissa con las mejillas empapadas—, es mi culpa por no haberlo traído antes.
Harry colocó una mano sobre su hombro.
—Sabe que no ha sido su culpa, Viktor se encargó de hacerles creer que todo estaba bien y Draco mismo lo secundaba, aunque ahora ya sabemos porqué lo hacía —aseguró con ira en las venas.
—¿El chico está despierto? —preguntó Sirius y el médico asintió—. ¿Cree que pueda hacerle algunas preguntas?
—Personalmente no creo que se encuentre lo suficientemente estable, está muy apegado a ese Alfa, va a costarle trabajo hablar. Sin embargo, creo que lo principal es que vea un rostro conocido y que le demos la noticia del embarazo —aconsejó—. Debo advertirles que esto puede ser difícil, el instinto de un Omega es poderoso, sobre todo si se trata de sus cachorros, no hay manera de saber cómo reaccionará pero debemos estar preparados para lo que sea.
Harry y Narcissa asintieron con determinación.
—Bien, vayamos entonces —dijo el medimago guiándolos hasta la habitación de Draco.
Harry podía escuchar su corazón latir con fuerza y sentir sus piernas temblar un poco. No sabía lo que encontraría del otro lado de la puerta pero tenía la pequeña noción de que sería algo que terminaría de romperle el corazón. Se sentía tan culpable como Narcissa por haber dejado a su Omega en manos de ese hombre, por haber dejado que lo dañaran, por haberlo dejado marchar después de esa tarde de helado cuando claramente Draco no estaba bien.
Harry, por supuesto, se había mantenido al corriente con su caso y aunque ya no era el encargado de él, había estado haciendo investigaciones por su cuenta. Sí, había sospechado de Krum, pero jamás había pensado que estuviera tan involucrado y ahora realmente se culpaba por no haberlo visto antes aunque hubiera sido casi imposible que alguien sospechara. Viktor era una figura pública realmente conocida e involucrarse en un caso así podría traerle la ruina, Harry pensaba que de verdad debía desear a Draco como para tomar tal riesgo.
El medimago abrió la puerta.
Del otro lado, Draco se encontraba recostado en la blanca y mullida cama, lucía exhausto y algo perdido, su piel estaba tan pálida que los hematomas en su rostro y sus brazos resaltaban horriblemente, tenía su mano derecha vendada hasta el antebrazo y miraba por la ventana hacia el exterior, donde la nieve de invierno había comenzado a caer lentamente.
Cuando Draco se percató de las visitas, sus ojos se clavaron automáticamente en su madre y se llenaron de lágrimas, dejando que su rostro reflejara todo el dolor y la angustia que debía estar sintiendo en ese momento, como si hubiera despertado de un largo sueño, como si acabara de comprender que en realidad le habían pasado cosas horribles. Tal vez gracias a la desintoxicación.
Los ojos de Harry se llenaron con lágrimas que no derramó, consciente de que Draco debía estarlo pasando peor que él.
—Tienes visitas, Draco —dijo el doctor.
—Mamá... —respondió el rubio en un sollozo desgarrador que Narcissa no pudo soportar, envolviendo a su cachorro en un abrazo demasiado protector—. Mamá, mamá —repetía una y otra vez—. Lo lamento tanto mamá.
—No te disculpes, cariño, no hiciste nada malo —le respondió con la voz ahogada en llanto.
—Te mentí, mamá, te mentí —insistió gritando entre lágrimas—. Este bebé es de Viktor y no sé qué voy a hacer, es malo, es un Alfa muy malo.
—Tranquilo amor, tranquilo, todo va a estar bien —repetió Narcissa aun cuando ella misma parecía tan rota y desconsolada.
Harry apretó fuertemente sus puños, apenas resistiendo el impulso de salir a cazar a Krum.
—¿Draco? —El medimago llamó su atención—, en realidad hay algo sobre eso de lo que debemos hablar.
Draco se apartó de los brazos de su madre y aún con el rostro empapado en lágrimas, su expresión se trasformó en una de pánico. El doctor se acercó a su lado y le tendió un folder lleno de imágenes de un ultrasonido donde no se podía ver nada.
—¿Pasó algo con mi bebé? —preguntó con su voz amenazando con quebrarse una vez más—. ¿Qué ocurrió con mi bebé? —demandó, buscando frenéticamente algo dentro de las imágenes—. No entiendo, no puedo ver nada ¿Qué sucede con mi cachorro?
—Es precisamente eso, Draco —dijo su madre con mucho cuidado, como si hablara con un niño pequeño cuya mascota ha fallecido en su ausencia—. No hay bebé, no estás embarazado.
El rubio parpadeó, causando que un par de solitarias lágrimas rodaran por su pálida y tersa piel. Por primera vez, apartó su vista de su madre y del médico y se percató de que había más personas dentro de la sala. Cuando sus ojos grises se encontraron con Harry su expresión se suavizó, llevando su mano sana hasta la parte posterior de su cuello, como si estuviera cerciorándose de que no había sido marcado.
—No hay bebé —dijo hacia Harry—. No hay un bebé —repitió llevando sus manos hacia su vientre que parecía perder volumen conforme se daba cuenta de la verdad, soltando en llanto una vez más, era casi como si le hubieran dicho que en realidad había perdido al bebé.
El doctor dijo algo sobre que era mejor dejarlo tranquilo un momento, así que Sirius y Narcissa salieron silenciosamente de la habitación, pero Harry no podía mover un sólo pie lejos de su Omega. Le destrozaba tener que dejarlo solo en esa situación, el Alfa necesitaba desesperadamente consolarlo, decirle que estaba allí y que no lo dejaría pasar por eso solo.
Harry dio un paso hacia él, Draco no pareció darse cuenta, pero fue rápidamente detenido por el médico quién negó mientras lo sujetaba del brazo.
—Si todas nuestras sospechas son ciertas, el señor Malfoy se encuentra fuertemente vinculado a su agresor, es probable que lo rechace a usted aun siendo predestinados.
Harry se soltó del agarre del hombre, consiente de la situación pero cansado de tener que alejarse sin pelear, cansado de esperar. Se aferraría a Draco con tanta fuerza que el rubio no tendría más opción que aceptar que estaban hechos el uno para el otro, que no tendría más opción que recordarlo.
Con paso decidido, Harry caminó hasta la cama y tomando fuerza desde el fondo de su corazón, envolvió a Draco entre sus brazos y esperó el posible rechazo.
Nunca llegó.
El Alfa suspiró aliviado por el contacto físico tan esencial del que se le había privado por mucho tiempo. El aroma de Draco era dulce pero no empalagoso, perfecto para Harry, a excepción de esa esencia a otro Alfa que lo envolvía nada sutilmente.
—Alfa —dijo el rubio aún entre lágrimas, enterrando su rostro en pecho de Harry y aspirando su aroma. No lo estaba rechazando—. No hay cachorro.
Harry acarició su cabello suavemente y de manera instintiva, comenzó a restregarse contra su cabeza, impregnándolo de su propio aroma, deseando eliminar cualquier rastro de otro Alfa sobre su Omega.
—Lo sé, Draco, lo siento mucho.
La intensidad del llanto del Omega incrementó.
—No lo entiendes, no lo lamento, Harry —dijo con agustia—, estoy tan aliviado y no debería sentirme así.
Harry comprendió que se sentía culpable por no desearlo, probablemente consecuencia del lavado de cerebro al que había sido sometido.
—Está bien, Draco, todo está bien.
—No lo está, me siento tan confundido, me siento tan mal, tan solo. No sé qué es verdad y qué no, no sé quién soy y conforme más recuerdo yo...
—Shh... —le silenció acariciando su mejilla—, sé que ahora todo parece un desastre pero vas a estar bien, vamos a ayudarte, tu madre, tu padre y yo, por supuesto, incluso mi familia estará feliz de tenderte una mano.
Draco sorbió por la nariz, mirando a Harry quién creyó estar viendo a la criatura más hermosa del universo. Cuando se había reencontrado con Malfoy en celo, aquella noche muchos meses atrás, jamás había imaginado que llegaría a amarlo tanto y no sólo por el hecho de ser predestinados.
—Puedo recordarte —le confesó el rubio—, es todo muy borroso pero desde que dejé de tomar esa poción es como si pudiera recordar cosas que antes no. Y estaba aterrado de que ya no me quisieras, cargando con el bebé de otro... después de esa discusión sin sentido.
Harry sonrió
—¿Te refieres a cuando no quise tener sexo contigo? —Draco asintió avergonzado.
—Lo lamento.
—Sólo si tú me perdonas por no haber podido ayudarte antes.
Draco sonrió y parecía tan genuino que el corazón de Harry volvió a latir.
—De acuerdo —le dijo mirando su mano herida—. Aún no puedo recordar muchas cosas y la necesidad de ver a Viktor me enferma, sé que hay algo mal conmigo —murmuró—. ¿Sabes? Cuando intentó marcarme yo ya podía recordarte, recordar algunas de nuestras citas y eso me dio la fuerza para negarme.
—Todo lo hiciste por tu cuenta, Draco, tú tuviste la voluntad de no seguir bebiendo esa mierda.
Draco asintió silenciosamente, dejando que Harry lo mimara con cariñitos en su cabello. Después de un breve silencio dijo:
—Quiero que me marques. Muérdeme, Harry. —Harry parpadeó un par de veces, algo confundido—. Tal vez si lo haces, podré dejar de pensar en ese hijo de puta, de sentirlo aquí —se señaló el pecho.
Harry, aunque estaba muy feliz por la propuesta, con la idea de hacer a ese Omega suyo definitivamente, sabía que las razones de Draco para dejarse marcar no eran las correctas y no podía consentirlo, por mucho que lo deseara.
—Hay que pensarlo con calma, Draco, esta es una decisión importante y no creo que estés en condiciones de que tomar una decisión de esa magnitud. —Draco abrió la boca para replicar pero fue silenciado por Harry—. No me malentiendas, de verdad deseo hacerlo, pero no por esta razón. Pasé semanas enteras pensando en ti mientras tú ya me habías olvidado y estoy tan enamorado de ti que duele. Quiero estar seguro de que quieres hacerlo, de que quieres estar conmigo para siempre.
Draco agachó la mirada, culpable.
—Lo lamento, yo...
—Lo sé, está bien, Draco, sólo vayamos con calma ¿de acuerdo? —Draco asintió, restregando su rostro contra el pecho de Harry, aspirando su aroma—. Lo primero será que hables con Sirius sobre todo lo que recuerdes y mientras nosotros trabajamos en atrapar a los culpables de todo esto, vas a tratarte con el médico, sin excepciones, es por tu bien.
—¿Vas a quedarte conmigo?
Harry sonrió ampliamente, el deseo de besar a su Omega quemándole desde dentro, pero reprimiéndolo por lo delicado de la situación.
—Para siempre, mi Dragón.
Era una promesa.
—
¿Alguien dijo fluff?
Les dije que todo mejoraría.
Gracias por leer *corazones infinitos*
