Capítulo 15: "El Ángel de la muerte"

Pasó un día desde que Clark encontró a su peludo amigo en ese deplorable estado. El normalmente no es una persona que se deprima con facilidad, pero la situación que estaba viviendo lo hacía tener un pésimo estado de ánimo. Por primera vez en mucho tiempo, decidió no ir al trabajo en la florería que tanto le gustaba. Se quedo en casa, mirando el techo como si los problemas que tenía se fueran a resolver de esa manera.

- "¿Por qué?, Cuando pensé que podría rehacer mi vida sin tener que preocuparme de eso..."

Clark creía con todas sus fuerzas que lo estaban persiguiendo después de años de haber sido un disidente.

En su tiempo, él creía que ser parte de esa agrupación le traería felicidad. Los veía actuar de manera tan decidida que eso le llamaba la atención. Jamás pensó que por dentro las cosas fueran tan turbias. Era un iluso más como todos los que entran en ese grupo.

Dos días antes...

Luego de ver como Clark acababa con facilidad al disidente, Sara había tenido la ocurrencia perfecta para poder amedrentar al tipo. Aun con su posición en la agrupación, quiso darle una visita a Jean Roseau, para ver que tal lo estaba haciendo y de paso advertirle de su presencia en la ciudad. La mujer apareció en el despacho del hombre, tocó la puerta.

- Entre, la puerta está-

La mujer entró y la cara del tipo se descompuso en un segundo.

- ¡¿Sara?!, ¡¿Qué demonios haces aquí?!

- ¿Por qué tan sorprendido Jean?, ¿acaso viste a alguien que no deseabas ver?

- No... no es eso... simplemente no esperaba tu visita, podrías haber llamado siquiera.

- No tendría nada de divertido, además...

La mirada de la mujer cambió en un parpadeo.

- ... nunca es un desperdicio verme de improviso.

Roseau era un tipo bastante reservado, se sabía poco de su carrera política y más parecía un títere que alguien con poder en el partido, pero tenía un carácter fuerte, así que como "cara bonita" hacia un trabajo perfecto.

- ¿Y qué es lo que te trae por aquí?

- El Jefe me mandó a vigilar a un idiota que ha echado a perder algunos planes, seguro que le conoces...

- Clark... sí, me ha traído más de algún dolor de cabeza. La prensa no para de atosigarme con preguntas acerca de ese tipo.

- ¿Qué te parece si lo hacemos ver mal?

- ¿Hacerlo ver mal?, no me digas que vas a armar un alboroto en contra de un no elemental.

- Espera... ¿No es elemental?

- No, Clark es un humano corriente, pero al parecer tuvo relación con la disidencia hace mucho tiempo.

El hombre se paró de su silla y se dio vuelta a mirar la ciudad por la ventana.

- Parece ser que experimentaron con él... pero no estoy seguro de eso, el jefe no me quiso decir mucho al respecto cuando intente preguntarle y Zeta, quien es el que está a cargo de las cuestiones aquí en Mallago es un cabeza de músculo...

La mujer sonrió ante eso último, acto seguido respondió...

- Pues al parecer tenemos en nuestras manos a un desertor... le haré saber que las cosas no han cambiado mucho desde que se largó...

- Eres una muchacha demasiado impulsiva...

El hombre se giró y le dio una mirada de advertencia.

- ... debes tener mucho cuidado si quieres tener una pelea con ese tipo. Es mucho más fuerte de lo que parece.

- ¿Qué?, ¿Acaso lo has visto en su máximo?

- No... pero no hace falta. Con solo ver la expresión de su cara en la televisión me percate de que, para él, esos idiotas que mandamos no son más que un juego de niños.

- Pues... conmigo no será tan fácil.

- Ya veremos.

La mujer se largó del lugar, en su mente se fraguaba un plan un tanto retorcido.

De vuelta al presente...

Fue un día largo. La mayor parte del tiempo la uso para reflexionar sobre lo ocurrido con su perro y sobre aquella fotografía. Lo de su perro le dolía excepcionalmente, ya que era un regalo de su difunta madre (y no, por una vez en lo que va de historia alguien no murió de manera melodramática). Lo cuido con mucho esmero y cariño en recuerdo de ella.

Mientras Clark estaba en casa, pensando y calmando sus pensamientos, el señor Axor tendría una visita un tanto inesperada.

Una mujer no muy alta, de pelo negro oscuro tomado en una coleta se adentró en la tienda de flores, era Sara, quien entró a conocer el lugar y quizás llevarle un "regalo" a Clark. La mayoría de ayudantes estaban ocupados en otras personas que miraban algo que comprar, por lo que el señor Axor decidió atenderla.

- ¡Buenos días!, ¿En qué le puedo ayudar?

La mujer sonrió, inmediatamente respondió.

- Es un bonito lugar, tiene flores muy bellas.

- ¡Las mejores de todo Mallago!

Mientras conversaba, Sara se acercó al viejo. Poco a poco una tensión inusual se apoderó del lugar.

- Me preguntaba si tenía algún tipo de flor que se le pueda regalar a una persona especial.

- ¡Claro!, podría regalarle unos preciosos tulipanes o quizás... unas gardenias podrían servirle.

El viejo le dio un guiño al decirlo eso último. La mujer solo siguió caminando.

- Creo... que me llevare estas rosas. Al decirlo, miró con una frialdad inusitada al viejo.

- Cla...Claro.

La transacción se dio de forma normal, pero antes de irse, Sara dejó un recado... o, mejor dicho, una amenaza y un recado. Cuando se iba, le dio un rasguño en la mano al señor Axor, tan rápido que fue imperceptible, pero profundo.

- Dígale a Clark que lo estaré esperando...

La mujer se marchó, en sus dedos, la sangre del viejo, la cual se esparció en las rosas que llevaba. Pasaron unos segundos cuando el último se percató de la herida en su mano.

- ¿Pero qué demonios?

El resto del día fue tranquilo, ningún ataque a Elementales ni nada que convulsionara el ambiente. Las campañas ese día habían estado anormalmente pacíficas, por lo que no hubo muchas novedades.

El día siguiente se avecinaba prometedor. Clark iría después del trabajo a ver a su Peludito querido. Para evitar encontrarse con el típico montón de gente que se aglomera en el centro de la ciudad, decidió que se quedaría hasta un poco más tarde en la tienda, haciendo horas extras, así de paso podría tener algo de dinero en bonificación, que nunca venía mal.

- ¡Hola Clark!, que gusto verte de nuevo.

- Siento mucho haber tenido que llamar de improviso ayer para decirle que no vendría.

- ¡No te preocupes chico, todos necesitamos algo de tiempo para nosotros mismos!

El hombre sonrió.

- Gracias por comprender.

Pasaron algunas horas, hasta que el señor Axor recordó lo que le dijo aquella mujer el día de ayer.

- ¿Oye Clark, te puedo preguntar algo?

- Sí, dígame señor Axor, ¿Qué sucede?

- Ayer en la tarde vino una mujer a la tienda y cuando termino de comprar me dijo que te estaría esperando.

- ¿Una mujer?, Clark estaba confundido.

- ¿No la conoces?

- No, hace mucho tiempo que no hablo con una mujer, mucho menos para que sepa donde trabajo.

- Que extraño... vino aquí preguntando por una "persona especial"

Clark se quedó atónito. Poco a poco comenzó a hacer sentido lo que ocurrió, pero no lograba atar los cabos suelto al completo. Mientras pasaban las horas, el hombre decidió conversar sobre las horas extras con su jefe.

- Señor Axor, ¿Puedo irme un poco más tarde hoy?

- ¿Más tarde?, normalmente es al revés, ¿No?

Clark le miró, con mucha determinación.

- Vaya... está bien, no te olvides de cerrar bien la puerta principal ¿eh?

En eso el hombre le lanzó la llave del negocio a Clark. Él era un tipo de mucha confianza, nunca faltaba al trabajo y siempre era respetuoso. Un caballero.

- No se preocupe, lo haré sin falta.

Pasaron las horas y él se quedó solo en el local, ya era de noche.

- Muy bien, hora de ir a ver a Peludito y luego a casa.

Clark se dispuso a cerrar el local. Había hecho la petición de quedarse hasta más tarde no solo para evitar los problemas en el centro de la ciudad y ganar dinero extra, sino también para ver si ocurría algo extraño durante el día, un mal presentimiento diría alguien.

Mientras cerraba, sintió el murmullo de alguien a su espalda, pero no le dio demasiada importancia, ya que podía haber sido alguien que pasaba por ahí o lisa y llanamente su imaginación. Luego de ese pequeño percance, prosiguió con el cierre del local.

- ¡Muy Bien!, eso sería todo por hoy, dijo Clark, un poco más aliviado.

No pasaría ni medio segundo, cuando desde el edificio de enfrente se vería una silueta, Clark se percató, pero no alcanzó a distinguirla, no había Luna aquel día.

- "Así que si me están persiguiendo...", pensó.

El hombre comenzó a caminar en dirección a su departamento. Cuando iba a la mitad del camino sintió un aplauso. Se frenó en seco.

- ¿Qué demonios?

Confundido miró a su alrededor. El sonido del aplauso se intensificó, parecía que alguien aplaudía.

Desde uno de los callejones que había en la ciudad, Clark sintió venir los aplausos mucho más fuertes. Sin dudarlo se dispuso a una pelea, pero sin poner su pose de batalla habitual.

- ¡Bravo!

Una voz femenina, muy afilada, dirigió sus palabras en dirección hacia donde estaba Clark. Acto seguido, una lluvia de rosas ensangrentadas cayeron desde el cielo. Desde las sombras, emerge su figura. Vestida con una chaqueta de cuero y un vestido rojo largo hasta los tobillos con botas sin mucho tacón.

- ¿Quién demonios eres tú?, preguntó Clark, tenso.

El ambiente, frío de la ciudad, se volvió aún más helado, el hombre sintió como esa molesta brisa que pasaba todas las noches se intensificó.

- ¿Yo?...

La mujer se puso la mano derecha en la cara, mientras afirmaba su codo con la mano izquierda.

- Yo soy tu ángel de la muerte, Clark Dempsey.

Un escalofrío recorrió el cuerpo del hombre, la voz de la mujer era terroríficamente calmada y detrás de los ojos rojizos de ella se podía ver una sed de sangre incontenible.