La noticia de Harry Potter salvándole la vida a Draco Malfoy corrió como la pólvora y nadie en Hogwarts se explicaba por qué no lo había dejado morir de una vez por todas. El muchacho estaba bien, la bala en su hombro lo había atravesado limpiamente y los doctores solo se habían preocupado por tener que tratar la herida, para alivio de sus padres y de Harry quién había ido a visitarlo todos los días al hospital para llevarle los apuntes de las clases que compartían. Por supuesto que sus amigos se preguntaban por qué, si la apuesta había terminado, Harry no parecía dispuesto a mantenerse veinte kilómetros lejos de aquel insufrible rubio, como una persona cuerda haría, pero pronto llegaron a la conclusión de que Harry probablemente sentía algo de lástima y lo dejaron pasar, al menos todos en el colegio menos Hermione, que, como siempre, parecía estar sobre todo el mundo, manejando información que nadie más poseía.

Cuando Malfoy por fin pudo regresar a la escuela su humor había cambiado drásticamente, ya no se metía con nadie y pasaba la mayor parte del tiempo pegado a Harry pese a que sus amigos había vuelto a dirigirle la palabra luego del atentado contra él. Y nadie se lo creía, pero lo que Malfoy demostraba con sus acciones hacia Harry era agradecimiento puro, porque ya había dejado de tratarlo como algún tipo de amigo/sirviente y había comenzado a tratarlo como su igual, incluso mostrándose un poco servicial con él y era extraño, porque en los seis años que Malfoy llevaba en Hogwarts jamás nadie lo había visto ser ni mínimamente amable con alguien que no fuese Severus Snape, el profesor de química.

A Harry, por supuesto, esta nueva actitud no le molestaba, era verdad que Malfoy y él seguían peleando e insultándose mutuamente pero no tanto como antes y definitivamente no con la misma saña de herirse de verdad y estaba bien, Harry sabía que su relación no podría ser de otra manera y que Draco se ofreciera ayudarle de vez en cuando con su tarea de química y biología ya era un gran avance. Lamentablemente, la nueva actitud de Malfoy iba únicamente dirigida a Potter y los demás tenían que seguir soportando las majaderías del rubio hacia sus personas o sus familias.

El Scotland Yard no había podido atrapar a los atacantes de Malfoy y la situación en la ciudad empeoraba día a día, la gente seguía desapareciendo y ahora tenían miedo de ir por la calle y que un grupo de maleantes los acribillara sin compasión. Por supuesto, Harry se había llevado el castigo de su vida, no solo por haberle mentido a sus padres, si no por haber estado vagando en la ciudad de noche, justo con la situación que tenían. El castigo solo menguó porque James había estado muy orgulloso de que su hijo salvara de aquella forma a su compañero de clases, pero de todas formas tenía prohibido salir y habían encargado a Sirius la tarea de dejarlo en la escuela y recogerlo, tarea que el hombre hacía gustoso, con tal de mantener a su ahijado lejos del chico Malfoy.

Si Harry necesitaba hacer una tarea en equipo era indispensable que se hiciera en su apartamento, si quería quedarse a las practicas del equipo de beisbol Sirius tenía que estar con él y si quería quedarse un rato más en la biblioteca también, y comenzaba a ser hostigante, sobre todo cuando Sirius y Remus se encontraban casualmente por los pasillos de la escuela y se miraban por largos segundos sin decir nada, al menos hasta que uno —generalmente Sirius— decidía que era suficiente y comenzaba a caminar nuevamente.

Harry no lo había sabido hasta el día del ataque, pero Malfoy tenía rotundamente prohibido salir de la mansión a no ser que fuese estrictamente necesario y el muchacho se había estado pasando aquellas ordenes de su padre por el culo por semanas, escapándose para ir de fiesta por las noches o para ir al cine o a la feria con Potter y el castigo que le llovió a Draco había sido tan fuerte como el del mismo Harry, sus guardaespaldas no le dejaban solo ni en la escuela, pese a las peticiones de Dumbledore de no intervenir en las actividades escolares del muchacho y tenía prohibido ir a cualquier otra parte que no fuese Hogwarts.

Pese a todo, la relación de Draco y Harry había comenzado a crecer a pasos agigantados, poco a poco se revelaban más cosas de sus vidas sin miedo a que el otro las utilizara en su contra y cada día parecían más cercanos, lo que comenzaba a mosquear a la mayoría de los alumnos del colegio pero a Potter y a Malfoy no podría importarles menos, ellos se la pasaban bien molestándose mutuamente y hablando de beisbol, música y videojuegos. Por supuesto que no se podía decir lo mismo de Ron quien parecía realmente ofendido por la manera en que Harry le había cambiado y hacía todo lo que estuviese en sus manos para evitar que su amigo pasara más tiempo con Draco.

Por ello, cuando Harry oyó el timbre y Ron apareció del otro lado de la puerta con un montón de bolsas con papas y refrescos simplemente lo dejó pasar y lo ayudó a cargar con todo. El pelirrojo inmediatamente comenzó a parlotear sobre las ofertas que había encontrado en el centro comercial y que había tenido que gastar bastante de sus ahorros, pero que estaba entusiasmado por que hacía tiempo que quería pasar tiempo a solas con su mejor amigo y Harry, entre divertido y conmovido acordó pagarle la mitad de todas las chucherías que había llevado.

Colocaron algo de música y jugaron videojuegos por un largo rato, Ron, quién no tenía una consola, pues no podía costeársela, parecía estarse divirtiendo de verdad y Harry debía admitir que no pasar tiempo con Malfoy le hacía bastante bien, Ronald poseía un aura sumamente diferente, era humilde, tranquilo, amable y sin tantos modales, lo que a Harry le hacía sentir en un ambiente familiar y agradable. Estar con los Weasley siempre significaba diversión y Harry estaba realmente contento de tener un amigo como Ron.

—He hablado con mi hermana —Dijo Ronald de repente, mientras de manera concentrada aniquilaba a algunos zombis en el Left 4 dead. —Creo que le gustas. —Harry casi se atraganta, no por la confesión, sino porque se lo tomara tan a la ligera. —Oh, vamos, no te lo tomes así, sé que también te gusta, he visto como la miras.

—No, Ron yo...

—Escucha, Harry, eres mi mejor amigo, pese al poco tiempo que llevamos conociéndonos, sé que mi hermana es bonita, cada que salgo con ella me salen canas de los corajes que hago cada que un tipo de se acerca, pero no me molestaría si salieras con ella. Te conozco, eres bastante decente y sé que la respetarás —Harry intentó no pensar en la noche de la fiesta, cuando casi se la tiraba en un cuartucho del almacén.

—Bueno... en realidad no la conozco y...

—Sí, sí, solo la has visto las ocasiones que has ido a casa, pero me ha pedido que te diga que está dispuesta a tener una cita contigo.

—¿Lo está?

—Sí, también me ha pedido tu número de teléfono pero no he querido dárselo hasta preguntarte si estás de acuerdo con ello —Harry pensó en Draco, pero no era nada suyo y tampoco iba a serlo nunca.

—¿Por qué no me das el de ella y yo le llamo? —Preguntó y Ron sonrió cariñosamente mientras ponía pausa al juego. El pelirrojo le pasó el contacto de su hermana y luego continuaron. —Espero que recuerdes que mi relación con Cho acaba de terminar prácticamente.

—Claro, se lo dije, por eso es que decidimos esperar un poco, no te estoy pidiendo que la hagas tu novia, solo que salgan y se conozcan, jamás la había visto tan entusiasmada con nadie, si hasta está viendo la posibilidad de ganarse una beca y trasladarse a Hogwarts con nosotros.

Harry asintió distraídamente.

Después de jugar, se dedicaron a mirar películas, como Psicosis, The Shinningy Room 1408, Hermione llegó justo al final de Psicosis con palomitas y jugos de sabores diferentes mientras se quejaba de lo mucho que le había costado terminar el ensayo de Historia y que por eso no había llegado antes, ensayo que, por supuesto, ni Harry, ni Ron se habían molestado en iniciar. La tardé pasó rápido para el trío que se divertía demasiado y al atardecer, cuando se habían aburrido de mirar películas, se dedicaron a echarse sobre el sofá a simplemente escuchar algo de música y a charlar.

—Cuando pasé a comprar los jugos y esas cosas —comenzó a relatar Hermione. —me encontré con Parkinson y Greengrass, estaban hablando de Malfoy, al parecer, comenzó a salir con la hermana menor de Daphne, Astoria —Harry, quién en ese momento tomaba una palomita de queso, la dejó a medio camino.

—¿Estás segura? —preguntó el moreno, intentando no sonar demasiado desilusionado.

—Si, al parecer comenzaron a salir hace tres días, Daphne no parecía muy contenta, todos sabemos lo mucho que le gustaba Malfoy... ¿él no te ha dicho nada? —Harry negó con el ceño fruncido.

—No tendría por qué decírselo de todas formas —Intervino Ron. —No es como si fueran muy amigo... ¿o sí?

—No, no, claro que no —Contestó Potter, sintiéndose repentinamente malhumorado. — Nosotros solo... conocidos, si eso. —Harry notó la mirada insistente de Hermione, pero él se concentró en comer todas las palomitas que le cupieran en la boca, tratando de mantenerse ocupado.

La plática sobre Malfoy llegó como se fue, pero en la mente de Harry no dejaban de retumbar las palabras de su amiga y se sentía ofendido, ¿por qué Malfoy no le había dicho nada? Eran amigos, o rivales, o lo que fuese, tenía el derecho de saberlo y en tres días, Draco no se había tomado la molestia de decírselo. Pero ya lo escucharía, no iba a quedarse así, como si nada, Draco Malfoy le debía una explicación... porque se la debía ¿verdad?

Ron y Hermione se marcharon poco antes de las siete, la hora en que Sirius por fin salió de su habitación para irse a trabajar, Harry rápidamente se adentró a su habitación y tomó el móvil que había dejado sobre la mesita de noche, miró la arrugada fotografía de Draco que descansaba sobre la cómoda y frunció el ceño, preguntándose por que la conservaba a la vista. El timbre de la llamada sonó hasta que lo mandaron a buzón, marcó nuevamente y una vez más, a la cuarta ocasión estuvo a punto de rendirse cuando la voz de Malfoy al otro lado de la línea contestó, sonaba agitado, su respiración era entrecortada y la mente de Harry comenzó a volar; ¿estaría con ella? ¿Los habría interrumpido teniendo sexo?

—Dios, Potter, ¿qué? Estoy ocupado.

Harry se quedó callado un segundo, no muy seguro de que decir, segundos atrás había estado realmente convencido de que necesitaba que una explicación, que Malfoy se la debía, pero ahora, ya no estaba tan seguro de que aquello fuese verdad, es decir, Draco era algo así como un amigo, pero solo eso y no tendría que explicarle por qué había decidido conseguir novia justo cuando su amistad estaba mejor que nunca, es decir, si Harry hubiera conseguido novia, se lo habría contado sin dudarlo, porque eso era lo que hacían los amigos, ¿cierto? se contaban cosas importante y se apoyaban mutuamente.

—H-hola —dijo quedándose sin excusa para llamar— ¿cómo estás? —iba a darse un golpe en la frente por lo estúpido que había sonado, pero la risita de Malfoy le hizo derretirse por un instante.

—Joder, Potter, tu elocuencia me sigue sorprendiendo a pesar del tiempo —se burló— acabamos de vernos ésta mañana, en clases, estoy bien y... de hecho... —hizo una pequeña pausa— estaba a punto de estar perfectamente bien antes de que interrumpieras... —se quedó callado de golpe, luego bajó la voz — ¿tú estás bien? ¿pasó algo con... con... quien-ya-sabes?

—No, no... todo está bien pero pensé que podíamos charlar un poco sobre...

—¿Draco? ¿Qué ocurre? —Una voz femenina interrumpió al fondo y Harry quiso aventarse por la ventana y caer esos diez pisos que le separaban del suelo. Astoria Greengrass.

—Nada, linda, vuelve a la cama, estaré ahí enseguida —respondió el rubio y un nudo comenzó a crecer dentro del pecho de Harry quién hubiera dado todo lo que tenía por no haber presenciado aquello.

—Vaya... de verdad estabas ocupado... ¿sales con alguien? —soltó con claro rencor en la voz.

—¿Quién eres, mi madre?

—Eres un imbécil, Malfoy —Y colgó.

Se sentía ofuscado y fastidiado, se sentía terriblemente celoso, ya no valía la pena seguirlo negando como lo había hecho desde que había escuchado la noticia, estaba muriéndose de los celos, porque, mientras él estaba en su habitación, haciendo el coraje del siglo, Draco Malfoy, su Draco estaba follando con la niña más insoportable de todo Londres en Malfoy Manor. Intentaba serenarse, pero cada que veía las fotos de Draco se enervaba más, él había creído que el bastardo no había podido superar a Lupin y que sufría por su amor, pero parecía que se había equivocado, porque Draco parecía de todo menos triste y aquello hacía que Harry quisiera moler a la parejita a golpes... y de todas formas ¿qué le había visto Draco a Greengrass? Es decir... la chica era guapa, iba un curso por debajo de ellos, era rica, su padre era dueño de uno de los bancos más grandes y fructíferos en Londres, tenía buen cuerpo para tener solo quince años, su cabello siempre era brillante y perfecto, su piel no tenía ni una sola imperfección, sus modales eran impecables y... y... era una chica.

Harry se tiró en su cama, dispuesto a dejarse llevar por la miseria, ¿a quién quería engañar? Astoria Greengrass era perfecta para Draco, era justo el tipo de mujer que esperarías desposara un Malfoy, pero no por eso la idea fue menos dolorosa. Cansado tomó la fotografía de su rival y la miró con deteniendo, pensando. Draco ya le había comentado que Lupin había sido especial, que jamás se fijaría en otro hombre, pero aquello no había cobrado sentido hasta ese día y, por mucho que a Harry le gustase aquel rubio idiota, no era garantía de ser correspondido.

Llevaba días pensando en ello, desde la noche en el karaoke, antes de que Draco fuese atacado, Malfoy le gustaba, eso lo sabía desde un par de meses atrás, pero ahora parecía que comenzaba a desarrollar emociones completamente diferentes por él. No era como si Harry fuese un idiota y no lo comprendiera, solo que se había negado a aceptarlo hasta que no tuvo más remedio. Y se sabía jodido, porque Draco era heterosexual, y su amigo, y sabía que la oportunidad se reducía a uno en un millón, pero él tampoco había elegido quererle, porque le quería, le quería muchísimo, y le deseaba, joder si lo hacía, no había noche en que no soñara con él y sus hermosos cabellos platinados o sus ojos plata mirándole mientras se desnudaba para él y aunque siempre despertaba con una inquietante sensación a vació, en el fondo lo disfrutaba, porque aquellos sueños serían lo único que obtendría de él.

Las cosas por supuesto se habían complicado cuando su amistad se reforzó, porque Harry ya no estaba con él ni por venganza, ni por una apuesta y Draco había dejado de ser tan gilipollas con él y aquello solo lo había enganchado más. Harry se había percatado de la atracción que Malfoy ejercía en él, desde el primer día, porque incluso después de haberle dislocado la nariz, el rubio seguía llamando su atención, Harry hasta se atrevía a pensar que aquello había sido amor a primera vista, uno masoquista y complicado, pero aquel flechazo ya era imposible de ignorar, le urgía, necesitaba probar a Malfoy o se volvería loco.

Pero ahora había una traba más en su camino, Astoria había salido prácticamente de la nada y le había arrebatado algo que no era suyo pero que quería como si lo fuera y se sentía muy, muy frustrado, es decir, Potter era solo un joven de dieciséis años, con las hormonas y las emociones a tope que aparte de todo era bisexual. Y era intenso, aquellas emociones le quemaban y le hacían querer morir, aunque tal vez alguien con mayor madurez le diría que estaba exagerando, y si, lo estaba, pero que más daba, era joven y quería equivocarse, pero quería equivocarse con Draco Malfoy.

El saber que el ojigris salía con Greengrass solo había servido como detonante para encapricharse y Harry creía que era lo justo pedirle... no, exigirle a la vida que le diera a Draco Malfoy, envuelto y con moño, porque él jamás había pedido nada, jamás, siempre había dejado su propia felicidad de lado para complacer a los que lo rodeaban, como cuando sus padres habían decidido mudarse de un día para otro, o cuando había accedido a seguir saliendo con Cho pese a que no sentía que fuese lo mejor y estaba cansado, estaba cansado de tener que ceder, una vez más algo que quería para él, solo porque no podía dejar de ser tan malditamente amable con el universo entero. ¿Pero, de verdad sería capaz de intentar seducir a Malfoy? ¿De verdad sería capaz de arrebatarle el novio a una chiquilla que jamás le había hecho nada? Probablemente no, porque era demasiado bueno para ello.

Fastidiado giró hasta quedar boca abajo, tal vez lo mejor era dejarlo pasar, como todo lo demás, tal vez lo mejor sería olvidar que Draco encendía en él cosas que jamás había sentido, tal vez lo mejor era simplemente continuar con esa extraña amistad que se habían forjado entre ellos, tal vez lo mejor era ocupar su mente en otras cosas... cosas como Ginny Weasley, si, podía funcionar, ella era guapa y gustaba de él, mucho por la manera en que se lo comía con la mirada. Tal vez lo único que debía hacer era salir con ella, conocerla y... y olvidar que el jodido Draco Malfoy le causaba una erección de campeonato cada que le sonreía de manera arrogante.

Sacó el móvil que se había quedado debajo de su cuerpo y miró el contacto de Ginny, ¿de verdad sería tan infantil como para intentar sacar un clavo con otro? No necesitó responderse mentalmente porque ya estaba llamando. La llamada duró alrededor de dos horas, entre charlas y bromas bastante tranquilas, Ginny había estado sorprendida por su llamada, pero no molesta y casi de inmediato se habían enfrascado en los recuerdos de la fiesta de Oliver, donde se habían visto por primera vez. La pelirroja era animada, amable y de fuerte carácter, como todos en su familia, pero aquello era atractivo, al menos para Harry quién se había cansado de las niñitas lloronas como Cho. Ambos tenían mucho en común, al parecer, ambos disfrutaban del beisbol y Ginny aseguraba ser muy buena bateadora, ambos amaban la música de The Beatles y su canción favorita de ellos era Something, ambos tenían como postre favorito la tarta de melaza y su color favorito era el rojo.

Sin embargo, y conforme fue avanzando la conversación, Harry se encontró comparando a la menor de los Weasley con cierto rubio toca huevos que parecía ser lo más opuesto a la chica, porque la banda favorita de Malfoy era Oasis, detestaba la tarta de melaza y amaba la tarta de fresa, su color favorito era el verde esmeralda y definitivamente no era ni tierno, ni amable, ni animado, era más bien sarcástico, grosero y un tanto amargado y Harry no llegaba a comprender como es que le gustaba tanto.

Al final de la llamada Harry había ganado una cita para el día de San Valentín que tendría lugar en pocos días y un dolor de cabeza insoportable. Quería echarle la culpa a Draco por sus decisiones impulsivas pero sabía que aquello era todavía más infantil que haber llamado a Ginevra por despecho, y de todas formas Draco ni si quiera sabía que Harry se derretía por sus huesitos, Potter sabía que ni si quiera lo sospechaba y lo odió un poco más por eso.

Estúpido Draco Malfoy. Se repetía una y otra vez mentalmente. Con su estúpido cabello dorado y sus estúpidos ojos plateados que brillan en dorado cuando el sol le pega directamente en el rostro. Sabía que en realidad no lo estaba insultando pero llamarlo estúpido lo hacía sentir personalmente menos idiota. Estúpido Draco Malfoy con su estúpida heterosexualidad inexistente, por dios, si le gusta Taylor Swift... ¿Qué tenía Lupin que te hizo querer arriesgarlo todo? Dinero es obvio que no... inteligencia, amabilidad, belleza... joder, pides demasiado. Miró su fotografía medio arrugada. Era mucho más fácil cuando solo tenía preocuparme por golpearte donde los profesores no nos vieran, creo que te odio... a ti a tus labios rosados, a tus dientes perfectamente blancos y a tu maravilloso cuerpo de jugador de béisbol, te odio a ti y a Astoria Greengrass y a tu estúpida manía de fijarte en todos menos en mí.

Su teléfono sonó, la pantalla mostraba el contacto llamado Serpiente, pero Harry ni si quiera se molestó en tomarlo, de nada le serviría y probablemente solo lograría enfurecerse más, así que lo dejó sonar y sonar hasta que se detuvo, sabía que Malfoy no insistiría, nunca lo hacía, si no contestabas a la primera eras tú quién se perdía de escuchar su preciosa voz. Pero para sorpresa de Harry volvió a marcar, una, dos, tres veces más, cuatro, cinco y no contestó ninguna, ni se molestó en devolver la llamada, y cuando su madre llegó, pidiéndole ayuda para preparar la cena simplemente dejó el móvil abandonado sobre la cama, junto a una fotografía de un Draco Malfoy de doce años, sonriente y cubierto de ropa invernal, con la nariz roja por el frio y mostrando una mirada y una sonrisa que jamás sería dirigida a Harry Potter.