Capítulo 14: Promesas en la oscuridad.


- ¿Dices que nos dirigimos a una especie de parálisis del planeta? - Preguntó Cian a Levigis ahora que podía retomar el tema que había quedado pendiente aquella tarde tras sufrir un accidente de impacto contra un gran árbol debido a la nula experiencia de Magenta al volante. Situación que les había obligado a preparar un campamento de emergencia a la sombra de ese mismo gran árbol ,en lo que Amaranto intentaba reparar el motor del vehículo.

Pese a que aún era relativamente temprano, la oscuridad comenzaba a apoderarse del día gracias a la inmensa cantidad de nubes negras en el cielo, una imagen ominosa que presagiaba la llegada de una gran tormenta se hacía presente sobre sus cabezas.

- La verdad es que ahora mismo carezco de una respuesta o guía que nos encamine a encontrar la luz de dicha cuestión. - Respondió Levigis tras un breve suspiro, sin dejar de mirar las nubes que se asomaban entre las ramas, preguntándose si eso sería suficiente para protegerse de la lluvia. - No hemos tenido tiempo de ensayar el libreto antes de que este nos fuera arrancado de las manos por aquel leviatán en medio del océano. - Continuó hablando con un poco de desgane. - Mi segunda réplica era tratar de intercambiar más información con Andes Magmar. Desafortunadamente ha llegado a mis odios que tú mismo lo has echado del escenario. - Agachó la cabeza tratando de hacer sentir culpable a Cian de sus actos. - Nuevamente nos encontramos en busca de talento para poder dar comienzo a la obra.

- ¿Quién es... Andes Magmar? - Levantó un poco el mentón al cielo, llevándose la mano a la cabeza para rascar sus orejas, tratando de hacer memoria sin mucho éxito. Pese a que el nombre le sonaba, le fue imposible recordar quién lo había mencionado o dónde lo había escuchado.

- Lo más importante ahora es encontrar comida antes que nos gane la lluvia o la noche. - Se levantó Espeon de su lugar para pedir informes sobre la situación del motor a Amaranto.

- Dentro de todo se ve bien. - Explicó Amaranto. - Lo único que necesito ahora es un poco de agua para sustituir la que se perdió en la fuga del radiador. - Señaló limpiándose el aceite de la frente con el brazo derecho.

- Le diré a Cian que vaya a conseguir agua al río. - Se preparó Levigis para dar la orden, pero Amaranto le silenció antes. Planeaba ir el mismo a conseguirla, invitando a Espeon a acompañarle. Comprendió de inmediato el carácter de la situación que Lycanroc proponía.

- Amaranto y yo iremos al río a conseguir un poco de agua para el auto y para nosotros, lo más probable es que tengamos que recurrir a pasar aquí la noche. - Se reunió Espeon con Lucario y Mienshao para dar instrucciones. - Por lo tanto necesito que ustedes dos vayan en busca de frutos o alimentos en la cercanía para el lado opuesto a nuestra dirección. En caso que lleguen aquí primero voy a pedirles de favor que realicen una fogata para pasar la noche. - Habló claro y sin palabras extrañas esta vez, no quería ninguna clase de malentendido.

Cian cuestionó sobre el tiempo que les podía tomar conseguir agua siendo que sabían con exactitud la ubicación del río, pero Espeon se rehusó a responder. Con la cara ruborizada Magenta se puso del lado de su capitán e intentó jalar a Cian para que le acompañase lejos. Tuvo que partir con ella sin quedar conforme ante la actitud de sus compañeros.

- ¡Será divertido buscar comida juntos! ¡Vamos! - Le insistía Magenta corriendo por el lugar.

- Ya, te sigo. - Respondió Cian caminando detrás de ella entre la espesura del pasto y maleza sin mucha motivación.

- ¡Si nos dirigimos a la zona más densa del lugar, es altamente probable de que encontremos muchas bayas Oran! - Habló Magenta con una gran sonrisa, tratando de cambiar la actitud de Cian. - ¡Venga, vamos!

- ¿Quién es este Pokémon y qué es lo que quiere? - Se preguntaba Lucario incómodo por la actitud de Mienshao, recordando los eventos de esa misma mañana en los que había acertado por la ubicación de la estación de tren y la llegada de los hermanos simios segundos antes de que cualquiera pudiera verlos. -¿Será que tiene alguna clase de super oído? - Se preguntó observando la silueta de Mienshao mientras esta le hablaba de frente. - Tengo que recordar que hace equipo con esos otros dos, no puedo descuidarme.

- Disculpa... - Pudo escuchar a Magenta hablar una vez que terminó de discutir consigo mismo. - Seguro te estoy aburriendo. - Bajó la vista al suelo, jugando con sus manos apenada.

- ¿Qué pasa con ella? - Se cuestionó en su cabeza. - El día de ayer desde que la vi por primera vez tenía una actitud mucho más dominante, hoy en cambio ha estado callada y relajada, ahora incluso parece que quiere llorar. ¿Está jugando conmigo? ¡El grupo entero tiene que estar jugando conmigo! - Se convenció en su mente de que era la única explicación posible después de las constantes burlas de Amaranto, las extrañas órdenes de Levigis y ahora los cambios de actitud repentinos de Magenta. - Centrémonos en encontrar comida y volvamos al campamento sí, cuanto más tiempo perdamos aquí más me tomará volver a Áurea. - Habló de manera dominante, adelantándose a Magenta sin importarle su sentir. Esta se volvió fuerte y contuvo sus sentimientos detrás de una sonrisa que esbozó tratando de alcanzar a Cian.

- ¡Ya voy! - Habló entusiasmada, acelerando para alcanzarle.

Mientras tanto, lejos de ellos y sobre el pequeño riachuelo se encontraban ahora mismo Amaranto y Levigis, el nivel del agua era apenas el suficiente para cubrir por completo el fondo cubierto de piedras erosionadas, y su paso a través de ellas era casi imperceptible a la vista. Tras colectar el agua necesaria para el radiador y para su consumo Amaranto había aprovechado para lavar sus patas cubiertas en aceite. Levigis le siguió de cerca. Ambos comenzaron a jugar a lanzarse agua como hacían normalmente antes de que Magenta se les uniera. Ahora que Cian se la había llevado habían conseguido una oportunidad que no iban a desaprovechar.

- ¿Qué es lo que estabas diciendo de mí esta mañana? - Reclamó Amaranto en un tono que para nada sonaba enojado, y más daba la impresión de jugar con su compañero ahora sentado sobre sus piernas para obligarle a responder de la misma manera. El nivel del agua apenas conseguía cubrir la base de las patas y cola de Amaranto sentado, y aún así Levigis parecía luchar por evitar tocar el agua, deseando aferrarse al cuerpo del Lycanroc con firmeza.

- Sabes que eres mi complemento ideal. - Respondió apenado Espeon, frotando su rostro sobre el pecho de su mejor amigo, abrazandose mutuamente con fuerza y a la vez con cariño. En un acto que demostraba no podían estar más conectados. Después de todo a Levigis le encantaba recibir todo lo que Amaranto tenía para entregar y a Amaranto le encantaba entregarle todo su aroma y calor a Levigis. Pese a que la noche se les había venido encima no iban a detenerse hasta reafirmar lo mucho que se apreciaban. Aún si tenían poco menos de 3 años repitiendo los mismos juegos y las mismas palabras decoradas con las mismas caricias y besos, cada vez que lo hacían se sentía como la primera vez para ellos. - No tienes derecho a cambiarme por nadie. - Habló con un poco de temor debido al interés que su compañero ahora mostraba por Cian.

- Tonto. - Respondió Amaranto viendo la duda en sus ojos, lamiendo su mejilla con suavidad, acariciando su cabeza con la mano que no estaba usando para abrazarlo por la espalda. - Desde que nos conocimos te prometí que iba a quedarme por siempre a tu lado. ¿No habíamos quedado en eso eh? - Preguntó en un tono un tanto más enérgico, llevando a Espeon al agua sin que éste opusiera mucha resistencia ahora, recostandolo de espalda contra las pequeñas rocas del fondo, Terminó por cubrirlo de besos una vez que lo dominó en el agua para entregarse por completo con él; Empujando a su compañero primero con fuerza repetidas veces una y otra vez, desde ahí fue bajando el ritmo una vez que convirtieron en uno. En un acto del que sólo se podía escuchar los ligeros alaridos de Levigis siendo sofocados por el débil salpicar del agua fluyendo lentamente.

Volviendo al campamento Cian y Magenta ya tenían tiempo de haber vuelto con suficientes bayas oran en mano y habían terminado de preparar y encender la fogata tal como Levigis había ordenado.

- ¿A dónde se habrán metido? - Preguntó Cian en voz baja sentado en soledad frente al fuego, contemplando la llama que le hacía recordar la fulgurante cola de Charmeleon, preguntando por su paradero actual y lo qué estaría haciendo en ese momento. La compañía del grupo de Espeon comenzaba a agobiarle. Hace mucho tiempo que había perdido esa habilidad natural de socializar con otros por demasiado tiempo. Comenzó entonces a desear volver a casa cada vez con más intensidad. Pero ahora por supuesto que ya no podía hacerlo. Por primera vez pensó en todo lo que había perdido desde la batalla en su ciudad. Lamentando estar desperdiciando más tiempo cautivo a la merced de grupo de extraños viajando hacía un lugar desconocido que lo alejaba más y más de su padre y de Red, empezó a sentir resentimiento contra Espeon y sus compañeros. Más no había nada que pudiera hacer. Después de todo había dado su palabra de cooperar con ellos hasta el final. - ¡No quiero seguir perdiendo más tiempo parado en este lugar! - Exclamó con molestia, arrojando un trozo de madera hacia la oscuridad sin pensar realmente en su dirección.

- ¡Ouch! - Se escuchó una débil voz quejarse proveniente de la misma dirección a la que había lanzado el pedazo de leña. Seguido de un golpe contra el suelo.

- ¿Magenta? - Preguntó Cian temiendo haber lastimado a Mienshao, este sin embargo respondió desde un lugar totalmente diferente. Se encontraba a una distancia considerable de Cian, observando el oscuro cielo entre las ramas del gran árbol con su mochila de primeros auxilios en mano, deprimida por no poder ver las estrellas aquella noche.

Descartando a Mienshao como su víctima Lucario se puso de pie de inmediato para conocer la identidad del pokémon que había exclamado desde las sombras. Magenta le siguió de cerca por detrás sacando una venda que tenía ya lista en su bolso.

- Solo mira el desastre que has hecho. - Le reclamó Levigis a Amaranto sintiéndose en un estado de vulnerabilidad, completamente avergonzado por cómo lucía ahora para su amigo, ocultando su rostro en el pecho del Lycanroc que yacía aún encima suyo completamente calmado y satisfecho.

- ¿De qué desastre hablas? - Preguntó Amaranto tratando de igualar su respiración con la de Levigis en lo que permanecían unidos. - Si esta ha sido tu mejor obra hasta ahora. - Trató de darle ánimos y confianza a su pareja de la noche. Acariciando su pecho y vientre con un cariño que sólo Espeon conocía, deseando jamás tener que despegarse un centímetro de él. Continuó susurrando palabras bonitas al oído, hasta que algo algo externo les hizo volver a la realidad interrumpiendo el momento y la inspiración. De pronto un súbito destello que iluminó todo el escenario tuvo acto de presencia proveniente del campamento, seguido de un estruendo reverberando entre los árboles, que parecía corresponder en duración a la del destello segundos después. No tardaron en asumir los dos que se trataba de un trueno originario de aquellas oscuras nubes aún presentes sobre ellos. Cortando su acto en seco se pusieron de pie y corrieron al campamento para ver por la seguridad de Magenta y Cian.

Llegando hasta el lugar sin demora encontraron a Lucario y Mienshao en un estado de alerta, Observando juntos los dos al Pokémon frente a ellos. Un pequeño Shinx con la cabeza vendada parecía estar muy molesto con Cian.

- Hasta que por fin regresan. - Expresó molesto una vez que los escuchó correr desde lo lejos preguntando por lo que había ocurrido, sin despegar los ojos de Shinx. - ¿Ya podemos irnos?

- ¿Qué ha sido ese destello y quién es ese Pokémon? - Preguntó Levigis a Magenta al no obtener respuestas de Cian.

- Este niño nos estaba espiando desde las sombras. - Se dignó a contestar Cian antes de que Magenta pudiera tomar la palabra. - Seguramente aguardando por un descuido nuestro para atacarnos.

- ¡Ya te dije que no soy un niño! - Replicó Shinx molesto inflando los cachetes, revisando al grupo completo, centrando su atención principalmente en Magenta y Levigis. - Una Espeon y una Mienshao... Ustedes también son parte de ese grupo extraño que está tras mi padre ¿No es así? - Cuestionó mirando fijamente a Cian y Amaranto. - Aunque los otros dos son demasiado feos como para pertenecer al mismo grupo. ¡¿Quienes son ustedes?! - Pidió al grupo su identificación.

- ¡¿A quién le dices feo pequeño gusano de tierra?! - Reclamó Lycanroc intentando acercarse para golpear al niño. Magenta le contuvo sujetandole de un brazo, tratando de darle elogios para compensar las palabras de Shinx. - ¡Suéltame! ¡Voy a matarlo! ¡No tomará mucho tiempo! - Jaloneaba su brazo para liberarse.

- ¡Acércate anciano! ¡Tengo para repartirle a todos! - Lo provocaba más Shinx saltando sobre su lugar, deseoso de iniciar una batalla contra el grupo entero.

- Aguarda un poco, Amaranto. - Se interpuso Cian entre Lycanroc y Shinx. - No sé cómo lo ha hecho ese niño, pero el rayo de hace un momento no ha sido más que una simple advertencia para con nosotros.

- ¿"Una"? - Preguntó Levigis ofendido en voz baja antes de intentar razonar con el niño. - Te juro que no sabemos nada sobre el grupo que has mencionado anteriormente. Pero si nos cuentas sobre él podemos ayudarte a encontrar a tu padre antes que ellos lo hagan.

- ¡Como si les fuera a hacer caso a un montón de adultos mentirosos justo después que me golpean con un pedazo de madera gigante! - Replicó Shinx tratando de provocarlo a él también.

- ¡Así es Levi! - Habló Amaranto. - No hay nada de valor que podamos aprender de un niño, ¡déjenme acabar con él ahora mismo! - Pedía por su liberación a Cian y Magenta. - ¡Un pequeño corte rápido sobre su cuello hará el trabajo!

Escuchando lo del pedazo de madera Levigis obtuvo un panorama más amplio de la situación, comprendiendo los vendajes que el pequeño león llevaba sobre su cabeza. - Desconozco lo que mis compañeros han hecho para lastimarte. - Trató de disculparse elaborando un discurso rápido. - Como líder del grupo me siento responsable por los daños causados. Quisiera poder compensarte, notarás que no somos un grupo mal intencionado puesto que mis propios compañeros han acudido a vendar tu herida comprendiendo el mal que te han ocasionado. Si hay un poco de compasión en ti me gustaría reparar los daños escuchando tu historia para así brindarte mis servicios como pago extra. - Terminó por ofrecer Espeon.

- ¡No razones con el niño! - Se decepcionó Amaranto de la actitud que su amigo había tomado. - Ese mocoso sólo va a retrasarnos.

- Amaranto, no seas descortés con nuestro invitado. - Explicó Levigis esperando que su compañero entendiese el mensaje entre líneas. - Un Pokémon viajando en medio de la noche completamente solo y alejado de cualquier ciudad en medio de un conflicto armado a punto de estallar. Lo que tenemos frente a nosotros no es un niño, es un hombre adulto valiente y bien formado. Mucho más que todos nosotros juntos.

- Basta, no es para tanto, por favor no sigas. - Pidió Shinx con su boca, aunque con la expresión de su rostro decía justo lo contrario. Completamente ruborizado, estaba encantado de haber sido llamado adulto por primera vez.

Lucario y Mienshao por fin pudieron descansar de contener a Amaranto. Este había cesado sus ganas de querer lastimar al chico, al menos de momento. Aún así no confiaba en él. Prefirió centrarse en terminar de arreglar la camioneta. - ¡En cuanto se torne una molestia le cortaré el cuello sin piedad! - Advirtió desde lo lejos.

- ¡Como si fuera a dejar que un adulto horrible se me acerque! - Le Gritó Shinx. - ¡En cuanto lo hagas juro que te haré polvo!

- Una vez más te pido de favor que perdones la actitud de mis compañeros. Ya sabes cuán detestables pueden ser los adultos a veces. ¿Puedo ofrecerte un poco de comida? - Levigis ordenó a Cian entregarle un par de bayas oran al niño. Este tuvo que hacerlo contra su voluntad.

- ¡Sí! - Comenzó a comer Shinx hablando con la boca llena. - Todos los adultos son un asco. - Hizo una pausa para tragar. - Todos excepto mi papá, por eso salí en busca suya una vez que me enteré se encontraba en la cercanía - Confesó sin problemas una vez se sintió en confianza con Levigis.

- Te has separado de tu padre. - Comenzó una conversación directa con el pequeño. - ¿Puedo saber dónde fue la última vez que lo viste?

- En realidad nunca lo he visto. - Empezó a explicar su historia confiando en la figura materna que Espeon le representaba. - Pero algo me dice que si sigo este camino podré encontrarlo. Escapé de mi casa en Ciudad Drasna para verle aunque sea un momento. Necesito agradecerle todo lo que ha hecho por mamá y por mí, necesito pedirle que me entrene para protegerla ahora que ella es muy grande para hacerlo sola.

Hace un par de días, recorriendo el valle, me topé de frente con un grupo de mujeres que mencionaron ir en dirección a las minas de Hala siguiendo la pista de un Luxray que compartía el mismo nombre que mi padre. Creyendo que podrían ayudarme intenté hablar con ellas, pero en cuanto lo hice sólo intentaron lastimarme y atraparme igual que el resto de adultos que conozco. - Hizo Shinx una pequeña pausa para tomar aire - ¡Por suerte no contaban con que supiera utilizar rayo! - Exclamó. - Y con eso logré herir a una de ellas antes de escapar. Al final no pude saber quienes eran, pero estoy seguro que nada bueno pueden querer con mi padre si ya me han intentado lastimar a mí. Necesito llegar a las minas de Hala cuanto antes.

- ¿Y por eso acechabas nuestro grupo?

- Oí cómo chocaron su auto en la tarde mientras tomaba agua en el río cercano, luego cuando me acerqué pude escucharlos decir que iban a las minas de Hala también. Quería conocer si sabían algo de mi padre, ¡cuando ese tonto de Lucario me lanzó un palo enorme a la cabeza! - Se volvió a molestar Shinx tanto que casi se atragantaba con una baya, por suerte Magenta estaba ahí para ayudarlo.

- ¡Te lo mereces por estar espiandonos desde las sombras! - Respondió Cian molesto. - ¡Pudiste acercarte a preguntar! - Sacudió su brazo molesto contra el niño.

- Imagino que no lo hiciste por temor a que estuviéramos con el grupo que ya te había atacado antes. - Habló Espeon cortando la furia de Lucario. - No debes preocuparte por eso ahora. ¿Recuerdas que Pokémon conformaban ese grupo?

- ¡Eres muy lista! - Elogió a Espeon. - Quisiera decirte quienes eran, pero nunca había visto a ningún Pokémon de esos. ¡Una de ellas viajaba en un gran balón verde! y parecía ser su líder ya que ordenó a las otras dos que me atacaran sin hacer nada ella. Sólo se mantuvo apoyando un gran palo que llevaba consigo contra ese balón.

- Un grupo de mujeres con un gran palo y un balón verde... - Intentó pensar Levigis en la posible especie del Pokémon sin éxito. - Aún así compartimos un mismo destino, puedes venir con nosotros hasta las Minas de Hala. No obstante nosotros vamos de paso en nuestra propia misión. Una vez que lleguemos ahí estarás por tu cuenta. Hasta entonces podemos decir que estarás protegido. ¿Trato?

- ¡Trato! - Se alegró Shinx de llegar a un acuerdo cómodo con Levigis para apresurarse a llegar a las minas lo antes posible.

- ¿Te molestaría decirnos tu nombre? - Preguntó para cerrar el trato.

- Lo siento... - Respondió apenado de no poder dar una respuesta. - Mi madre me ha dicho que no le diga a nadie mi nombre... - Se disculpó.

- No te preocupes. - Aún si no tenía su nombre Levigis se vio feliz de obtener más información del niño. Shinx seguramente vive con su madre en ciudad Drasna. Una importante ciudad de Plata ubicada en la costa oeste del continente de la que se escuchaban rumores un misterioso laboratorio radica en su interior.

- Da igual, de todas formas te íbamos a llamar pequeño gusano. - Habló Lycanroc acercándose desde el fondo para comer, habiendo escuchado la historia completa mientras simulaba que trabajaba, no estaba deacuerdo en hacer de niñera pero poco podía oponerse a los planes de Espeon.

- Si eso es lo que te ha dicho tu sabia madre lo mejor será hacerle caso, pero de algún modo tendremos que llamarte. - Advirtió Espeon. - Mi nombre es Levigis y soy el encargado de guiar al grupo en esta misión, el Pokémon que se ha encargado de sanar tus heridas se llama Mienshao y siempre está al cuidado de nosotros. En cuanto a los perros el que lleva el sobretodo es Amaranto, mi fiel sirviente. y por último está- Fue interrumpido antes de terminar la presentación.

- ¡Cian! - Exclamó Shinx sorprendiendo al grupo.

- ¿Me... nos conocemos? - Preguntó Lucario con una cara que dejaba ver su sorpresa.

- ¡No no no no! - sacudió Shinx su cabeza repetidas veces en señal de negación tratando de corregir lo que había dicho. - ¡Digo que quiero que mi nombre clave dentro del grupo sea Cian! - Habló fuerte tratando de cambiar el tema.

- ¡Pequeño mocoso! - Reclamó Lucario en un tono fuerte. - No puedes pedir que Cian sea tu nombre clave cuando ese ya es mi nombre real. ¡Ni siquiera has dejado que me presenten!

- Pues entonces cambiate el nombre. duh. - Replicó Shinx. - ¡O elige un nombre clave como yo!

- ¡Oye Levi! - Gritó Amaranto abrazando a Cian por un lado pasando un brazo sobre su cuello. - Creo que me está empezando a agradar el renacuajo. Llevemosle hasta donde diga y llamémosle como pida. ¿No te parece bien "Cian 2"? Preguntó a Lucario con su ya clásico acento de burla que solo usa para hablar con él.

- Si le van a llamar Cian entonces quiero que mi nombre clave sea Amaranto. - Exigió Lucario sacando la lengua a Lycanroc.

- No te pases de listo, imbécil. - Le pegó Amaranto suave en la cabeza debido a su mala réplica e intento de seguir con la mala broma.

Retomando la conversación, no le tomó mucho a Levigis hacer que Shinx desistiera de la idea del nombre clave y los 5 acordaron que lo llamarían simplemente Shinx. No había nada de raro en llamar a un niño por su nombre. Shinx no quería ser llamado niño pero jamás se le ocurrió que al acceder a ser llamado así le estaban llamando niño de forma indirecta. Su completa atención se encontraba en buscar a su padre. Deseando encontrarlo antes que el grupo de mujeres que vio antes. El equipo de Levigis pasó a tener momentáneamente 5 integrantes.

Una vez que terminaron de cenar todos, se pusieron de acuerdo los cuatro adultos en rotar turnos para hacer guardia, tanto por aquel grupo extraño que el pequeño Shinx mencionó, como por cualquier otro cazarrecompensas de Vanadio, o por algún silenciador de Mercurio que buscase venganza. Las amenazas y los Pokémon que les buscaban no dejaban de crecer. Contrario a disuadirlos, pensar esto solo los motivaba más en seguir con su misión, significaba para ellos sinónimo de hacer las cosas bien. El primer Pokémon que vigilaría sería Amaranto en lo que terminaba de hacer las ultimas reparaciones a la camioneta, después Levigis, seguido de Magenta, y Cian haría guardia al final, hasta el amanecer. Saldrían apenas se asomase el Sol en el horizonte.

Siendo el único despierto, Amaranto se sentó a una distancia considerable del fuego para que el crujir de la madera ardiendo no ensordeciera sus sentidos. Sus ojos eran los mejor adaptados para la noche, así que podía aprovechar el sereno para acomodar sus cosas, asegurando en el proceso que su motivación siguiera tan viva con la noche en que partió junto a Espeon por primera vez de su pueblo natal. Tanto era lo que había sacrificado ya como para pensar siquiera en mermar su marcha aún con los amigos que había hecho en el camino. Observando su más reciente arma de fuego, comenzó a idear una forma de mejorar el modelo de su guadaña. Constantemente se preguntaba si su filo sería suficiente para cortar de un solo movimiento las duras escamas de dragón que protegía el cuello del Pokémon que le arrebató a su hermana. Antes de darse cuenta Amaranto se empezó a ahogar en su propia angustia y mar de dudas, apretando y rasgando sus hombros con sus propias manos. Para su suerte el cielo comenzó a aclarar antes que llover, dejando pasar un poco de luz lunar directo sobre su cabeza para calmar su mente y reconfortarlo.

- Es mi turno de hacer guardia, puedes retirarte a dormir. - Le habló Espeon a sus espaldas. - Me alegra ver que las nubes se han disipado y ya hay un poco más de luz.

- Gracias... - Reconoció Lycanroc que la luz lunar intensa de ese momento era obra de su mejor amigo. - Siempre puedo contar contigo para que me ayudes a resolver mis problemas.

- Guardo silencio un momento antes de ponerse de pie con sus cosas en mano para marcharse a dormir. - ¿Nuestro grupo si que ha crecido no? - Preguntó sin hacer espacio para recibir una respuesta. - Ahora tenemos un montón de gente que debemos cuidar.

- Y de la que debemos cuidarnos. - Añadió Levigis con raudez.

- Supongo que tienes razón. - Expresó Amaranto rascando su boca desanimado. - No sé en qué estaba pensando. - Se retiró a dormir cerca del fuego dejando a Levigis en la soledad de sus pensamientos.

- No olvides amaranto, que este viaje es únicamente tuyo y mío. - Comentó Espeon para sí en su interior. - No importa cuanta gente llegue al grupo o cuánta gente se interponga en nuestra obra. Al final del tercer acto seremos los únicos dos en pie. Pero si te olvidas de tu frustración y sensación de soledad inicial es posible que pierdas de vista el camino o la motivación para seguir nuestra empresa. De que olvides la promesa que intercambiamos aquél día. - Se tocó la frente con una de las puntas de su cola inclinando la cabeza hacia atrás para observar el firmamento. - ¡Oh dulce agonía de mártir es mi vida! ¡Cruel ironía del destino verse obligado a crecer luchando por no olvidar lo infantil de nuestro corazón! ¡A conquistar la montaña más alta realizando una propia a base de sueños y cadáveres ajenos! ¡A amarte fervientemente y aún así tener que hacerte sufrir como nadie en este mundo lo hizo alguna vez. - Siguió pensando de esa manera durante el resto de su guardia, haciendo planes sobre sus próximas acciones hasta que llegó el momento de despertar a Mienshao.

- ¿Ya es mi turno? - Habló desde el suelo antes de que Levigis pudiera siquiera acercarse. Confesó sentir que era su momento de levantarse cuando Espeon le preguntó si había dormido bien.

- Cuento contigo. - Fue lo único que dijo antes de despedirse.

- ¡Aye aye capitán! - Se levantó de un salto y se llevó la mano a la frente de inmediato haciendo un saludo de despedida a Levigis. -¡Que bonito! - Exclamó viendo el cielo una vez Espeon salió de escena. Buscando por el lugar más claro en la cercanía Mienshao se movió por el lugar tratando de observar las estrellas. Con la vida en la tierra pasando demasiado rápido y cambiando tan rápido para poder observar con detenimiento, encontraba en lo estático del cielo un refugio que ningún lugar del mundo podía entregarle. Todas las noches las mismas estrellas salían a saludarle, todas las noches Hoenn y Kalos hacían un recorrido similar hasta completar un ciclo que se repetían eternamente mes a mes. - Tantos mensajes perdidos en la oscuridad del tiempo, tantas vidas apagadas en el vacío del espacio. Tantas voces pidiendo por ayuda sin que pudieran ser escuchadas... todo llegó a su fin en el vacío espectral de la noche... y pronto se repetirá la historia en este sistema. No quedará más que nuestra estrella para inspirar otras civilizaciones en el futuro distante, que eventualmente sufrirán el mismo destino. Hasta que la oscuridad lo consuma todo. - Alzó la mano al cielo intentando tocar las estrellas antes de darle vuelta para cerrar el puño con fuerza. - Futilidad. Lo que hacemos aquí es insignificante. Sólo nos queda reír y actuar acorde a lo que somos. - Habló en voz baja con los ojos cerrados.

- Es una forma muy triste de ver el mundo no te parece. - Le habló Cian de pie frente a suyo con una baya entre las manos. - Si te concentras en lo que no puedes alcanzar, jamás podrás tomar lo que está justo frente a ti. - Extendió la baya hacia Mienshao.

- Gracias. - La tomó con ambas manos tratando de mostrar una gran sonrisa.

- Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... - Comenzó a contar Lucario en voz alta y con lentitud después de sentarse al lado de Mienshao, girando su cabeza al cielo.

- ¿Qué haces? - Preguntó con extrañeza y curiosidad.

- Estoy contando las estrellas. - Respondió sin interrumpir su conteo. - Antes has dicho que el cielo se consumiría en oscuridad, así que quiero contar el número de estrellas que hay en él ahora mismo.

Escuchando la respuesta infantil de Cian, Magenta fue incapaz de contener la risa y se puso a contar las estrellas junto a él.

- ¡No cuentes esa, ya la conté yo! - Se quejó Cian con un tono de broma. - ¡Qué? ¿Cómo sabes cuál estoy viendo? - Preguntó Mienshao entre risas. - Por que es fácil saber que estas mirando la pequeña que está junto a las otras tres. - ¿Eehhh? ¿Dónde? ¿Donde? - Esa que está ahí. - ¿Esa? - Extendió Mienshao su mano al cielo. - No no, ¡esa! - Tomó la mano de Mienshao y juntos señalaron una pequeña estrella pálida que se encontraba junto a un grupo de estrellas más grandes y brillantes. - Oh tienes razón. ¿y con esa mas grande que está justo por encima hasta se parece a nuestro grupo no te parece?

- A mi no me incluyas. - Respondió Cian de forma natural. - Una vez que termine de colaborar con ustedes volveré a casa.

- Disculpa... - Se volvió a entristecer Magenta agachando la mirada.

- ¡Eehh pero por mientras disfrutemos el viaje! - Trató de reparar el ambiente que él mismo destruyó con sus palabras. - Digo puede que nuestros caminos se vuelvan a juntar en el futuro. ¿Tienes algún sueño que quieras cumplir? Una razón tiene que haber para que te juntes con esos dos ¿no?

Magenta no respondió y sólo se dispuso a ponerse en pie y se disculpó de nuevo con Lucario por haberle incomodado. - Será mejor que me vaya a dormir.

- ¡Alto! - Le sujetó de la mano impidiéndole marcharse.

- Por favor suelta mi brazo. - Pidió en voz baja tratando de contener la compostura.

- ¿Qué hay además de esos cambios de actitud? - Le cuestionó levantando la voz ignorando su petició ya había metido la pata la iba a meter hasta el fondo. - ¡El día de ayer eras totalmente diferente a como te comportaste hoy! ¡¿Tampoco quieres hablar sobre eso?!

- ¡Te estoy pidiendo que me sueltes! - Se volteó con velocidad para ver a Cian a la cara y le soltó una cachetada con todas sus fuerzas haciendo que este lo soltase en el momento. No le quedó más remedio que respetar los deseos de Magenta y le dejó irse corriendo.

- ¡Dejen mear a gusto maldita sea! - Apareció Amaranto por un lado de Cian. - ¡Vaya que eres torpe para hablar con mujeres, perro inútil!. - Le dio palmadas y acarició su hombro sonriendo.

- No me toques con esa mano. - Retiró la pata de Amaranto de su cuerpo. - Aunque no puedo negar que tengo mucha más experiencia con hombres que con mujeres... ¿tú puedes decirme qué pasa con ella?

- Sí podría, pero prefiero seguir durmiendo. - Comenzó a retirarse del lugar. - No es correcto hablar de una mujer a sus espaldas, ella nos contará cuando se sienta preparada.

- ¿"Nos"? - Preguntó curioso. - Tampoco lo sabes ¿no es así? - Lo sentenció con la mirada.

- Escucha, lo único que puedo contarte es que parece tener muchos problemas para recordar sus acciones del día anterior. Si quieres hablar con ella será mejor que trates el pasado como si se tratase de un sueño suyo. - Le dio la espalda. - ¡Bonita velada y asegurate de que nadie se quede dormido! - Corrió hacia su cama improvisada de hojas secas.

- Tiene problemas para recordar el pasado pero es buena adivinando lo que está por ocurrir. - Se volvió a sentar observando las estrellas ya casi invisibles a causa de la luz del sol aún oculto en el horizonte pero que comenzaba a manifestarse coloreando de azul el foleaje de las hojas y pasto. - No por que la luz del sol cubra el cielo significa que las estrellas dejen de estar ahí. - Pensó recordando los lamentos de Magenta, preguntándose si sería ese un buen consuelo para darle la próxima noche que les toque hacer guardia. Pero primero tenían todo un nuevo día ante ellos, su próxima meta era llegar a las minas de Hala a cargar combustible, comida, y agua vendiendo los objetos de los simios aún en la camioneta. Así como dejar a Shinx en el pueblo para que busque a su padre antes de continuar su viaje hacia las ruinas en el corazón de Plata.