Mientras iba a la pista de baile y se le acercaba a Rusia para bailar, México se dio cuenta de que aquello era muy peligroso. Pero también muy agradable. El cuarteto de cuerda comenzó a tocar una pieza y el ruso colocó las manos en su cintura. Podía sentir lo cerca que estaban esos fuertes dedos de su trasero. Siento un escalofrío en la parte de su espalda, aún tenía marcado ese momento que le dejó un mal sabor de boca y echo la cabeza hacia atrás para sonreírle.

-No pensé que te gustará bailar

-No suele gustarme, pero me pareció una pena echar a perder las circunstancias.

-¿A qué te refieres?

-A esta música, a la fiesta... A tu bello traje

México sentía que su estomago se encogía por completo.

-¿Pero qué dices?

Rusia lo atrajo hacia su cuerpo y contuvo el aliento. Tenía que ser franco, la sensación era increíble.

-No me gusta, me encanta...- le susurró al oído. El tricolor no pudo evitar estremecerse.

No entendía lo que estaba pasando en ese momento, aquello ya no formaba parte del plan, no estaban coqueteando para que los vieran juntos y felices. Lo de esa noche le parecía demasiado real y demasiado intenso.

Y él no sabía lo que quería, si tenía en cuenta que si seguían con este ambiente pasaría lo de hace unas semanas, y para ser honesto consigo mismo, no lo quería. Ah pesar de perdonar al más alto, tenía un montón de razones por las cuales podía negarse, las tres primordiales eran su credo:

1. Volver a sentir el dolor tanto físico como emocional

2. Darse una oportunidad para experimentar nuevas cosas

3. Salir herido

Rusia lo abrazo aun con más fuerza contra él, y después de dudar un segundo, apoyo su mejilla en su hombro. La verdad no sabía si en realidad todo esto era un sueño o una horrible pesadilla, pero tenía una sensación de tranquilidad al saber que el ruso lo tomara por primera vez en sus brazos. Era reconfortarle y su tentadora garganta estaba cerca de sus labios que no le habría costado nada besarlo, pero tenía que ser realista. No podría hacerlo.

No debía.

No iba hacer algo tan estúpido, dejarse llevarse por las emociones de manera inconsciente, aun así le gustaba saber que tenía esa posibilidad.

Siguieron bailando lentamente al ritmo de la maravillosa música. Era increíble sentir las manos de Rusia en su cadera. No quería que llegara el final, sabía que en esos precisos momentos no se cansaría de estar así con él, entre sus brazos y dejando que lo embriagara su cálido y masculino aroma.

Por primera vez en su vida, se sentía seguro, cuidado y querido

México sabía que era ridículo sentirse así, pero lo cierto era que había compartido más de sí mismo con el ruso que cualquier otra persona. Le daba calma a su corazón que aún seguía presente aquel pequeñito que le dedicaba dulces sonrisas sinceras antes que le pegara el concepto de la cruda guerra.

Un evento del cual jamás se recuperó. Y sentía más cosas por el de lo que había sentido por ningún otro país.

Cuandotermino la música las parejas comenzaron a abandonar la pista de baile, duranteunos minutos, ninguno de los dos se movió. Siguieron moviéndose al compás de lamúsica que ya no sonaba. Después Rusia se echó hacia atrás y, cuando México se arriesgóa mirarlo a los ojos, vio que había un deseo casi primitivo en su mirada. Susojos ardían en llamas y el corazón le dio un vuelco, sintió que se la acelerabael pulso cuando el más alto tomo su mano y sin decir nada lo saco de la pistade baile y del salón

En algún momento mientras bailaban en la fiesta, Rusia decidió ignorar sus buenos principios e intenciones. Deseaba a México y para su buena suerte, de manera inconsciente lo deseaba a él. Se dio cuenta de que todo podía ser muy sencillo. Había estado muy convencido de que era mejor no tener una aventura con él, después del incidente en su habitación se sentía incomodo con el tricolor, tal vez podía llegar a ser un hipócrita de primera, pero jamás dañaría a otros países de manera física.

Tal vez a Estados Unidos, pero a nadie más.

Se prometió a si mismo que solo llegaría a atacar su plan. Pero estaba tan cansado de ser precavido y de ignorar sus deseos. Solo iban a estar en esta posición unas semanas más y después, no volverían a verse. Decidió que quería explotar y disfrutar de esta atracción que había ido surgiendo entre los dos.

Además, no tenía la fuerza de voluntad necesaria para no hacerlo.

Había sacado a México del salón de la fiesta sin que este se resistiera ni le hiciera pregunta alguna. Atravesaron deprisa el vestíbulo del hotel y entraron al ascensor para subir a la planta donde estaba el cuarto de México. Se volvió hacia él cuando el ascensor comenzó a subir, México lo miraba con sus grandes ojos y los labios entreabiertos. Se quedó sin aliento cuando lo aplasto entre su cuerpo y la pared para besarlo con toda la necesidad y el deseo que había estado reprimiendo. La sangre le hervía en las venas y se dejó llevar por sus instintos. Agarro su camisa y tiro de ella hacia arriba. Necesitaba sentir su piel desnuda contra la de él.

Su mano encontró la sueva y cálida piel de su compañero y no pudo reprimir un gemido mientras subía la mano hacia uno de sus pezones. México echo la cabeza hacia atrás, respirando con dificultad.

-Esto es...-murmuro el más bajo.

Sonó un timbre y se abrieron las puertas. Rusia dio un paso hacia tras, el deseo era tan fuerte que casi lo cegaba. Salió del ascensor y el tricolor lo siguió, rebuscando en su pequeño bolso para encontrar la llave electrónica, pero reacciono de inmediato. Este no era su estancia, era la de México, se golpeó la frente levemente y solo suspiro. Sin más, el mexicano lo aparto de la puerta y la abrió. El sonido del seguro siendo quitado era como una señal para el segundo round de besos y caricias para ambos.

Pero México estaba tardando demasiado en responder, Rusia necesitaba sentirlo de nuevo contra su cuerpo, Se volvió hacia él, enmarcando su cara con las manos y dejando que los dedos se deslizaran por su exuberante melena. México inclino hacia el la cara, esperando e invitándolo a que le besara de nuevo.

No tuvo que pedírselo dos veces.

Esta vez, lo beso lentamente, tratando de andar al mismo tiempo, saboreando la dulzura de su boca. "Diablos, es magnífico besar a un latino" se decía así mismo el más alto. México se aferraba a las solapas de su chaqueta y arqueaba hacia el su cuerpo para estar más cerca. Sus lenguas se entrelazaron y el deseo se hizo aún más intenso y urgente. Lo presiono contra la puerta sin importarle que alguien pudiera verlos, aunque alguien no lograba apartar la mirada ante aquel suceso tan extravagante.

Deslizo la mano hacia arriba por la suave tela de aquella camisa y tomo uno de sus sensibles pezones, acariciándolo con el pulgar hasta sentir que se tensaba. Fue increíble oír sus gemidos de placer, la necesidad era cada vez más profunda.

Rusia entonces sintió las manos de México contra su torso y lo empujo ligeramente mientras aparataba ligeramente la cabeza. Fue como un balde de agua fría cayendo en la cabeza del ruso. Una vez más, México lo apartaba de su lado, se dio cuenta que ni siquiera habían hablado, que no sabía si lo que acababa de pasar era solo un fruto de su deseo o si era algo mutuo. Rusia había estado tan abrumado por el deseo para lograr pensar con claridad.

Avergonzado, dio un paso hacia atrás. Sabía que había sido demasiado agresivo.

-México...

El tricolor se rio, parecía muy nervioso.

-Besas muy bien, ¿sabes?- le dijo él con la voz entrecortada

-Pero tu...

-Si- repuso el respirando hondo antes de seguir. Suspiro entonces mientras se apartaba de él y seguía por fin, abrir la puerta en su totalidad.

-¿Quieres pasar a tomar un mezcal?- le ofreció el mexicano.

Rusia lo miro con cautela, preguntándose en que estaría pensando en ese instante.

-Muchas gracias.

México le extendió la mano en señal de amabilidad y entraron en la habitación, noto que estaba nervioso aunque trataba de no parecerlo. Dejo el bolso en la mesa del vestíbulo y fue directo hacia la cocina. Abrió la nevera que había llenado el mismo para encontrar la bebida.

-Madres

-¿Algún problema?

México suspiro resignado- No hay mezcal, de seguro fue esta chamaca del demonio. Hay una botella de tequila. No sé si te gusta o prefieres otra cosa

-Es estupendo- Rusia se acercó y se colocó detrás del mexicano, este solo dio una vuelta y le sonrió nervioso- Mira y es nueva.

-¿Quieres que la abra yo?

-Si no tienes problema...-repuso México dándola la botella

Se acercó de nueva cuenta al estante y saco un sacacorchos de uno de los cajones de la cocina. Abrió la puerta y sirvió un poco de la bebida en dos vasos.

-¿Qué te pasa, México?- le pregunto en voz baja mientras le daba uno de los vasos

El ruso miro que apretaba el vaso con fuerza. Tenía los nudillos blancos

-¿Ah?

-Te veo muy nervioso- el ruso se aclaró la garganta y por primera vez estaba preocupado-¿Te he asustado?

-¡Nombre! Como crees que me vas a espantar a mí. No hay nada de lo que me puedas asustar.

-Entonces, ¿Por qué me besaste como lo has hecho para después apartarte? Creía que los dos lo teníamos muy claro... Que sabemos lo que queremos- le explico Rusia esperando no haberse equivocado con el- ¿No?

México tomo de jalón la cerveza antes de volver a mirarlo a los ojos. Tenía una mirada melancólica.

-Dejemos algo en claro Rusia- hablo el mexicano mientras trataba de controlar los temblores en sus manos- Tú fuiste el que me beso en primer lugar, y aun así, te seguí el juego...- trago en seco- Pero... Creo que deberías aclararme que es lo que quieres.

-Yo...

-Eso dice mucho de ti Rusia, lo que quiero es que todo esté en orden y no haya malos entendidos contigo y los demás, ya tengo bastantes con mi padre y mis hermanos y otro problema a toda la bomba que tengo llamado vida sería lo menos adecuado para mi...

Rusia suspiro y lanzo una mirada desafiante pero tranquila, tenía que obedecer a sus instintos- A ti...

-¿Qué?

La necesidad era demasiado para andarse con rodeos- Lo que quiero es tenerte en la cama. Bueno, en la cama o en cualquier sitio

Vio que México tragaba saliva y dio un paso hacia atrás, mientras que este daba un paso hacia él- Te deseo- le dijo de nuevo- Mucho, pero si no es lo que quieres en este momento, dímelo ahora México

-Ah wey...-comenzó el latino.

Se pasó la lengua por los labios y Rusia apenas pudo reprimir un gemido.

-Yo... No puedo Rusia...- el latino se estremeció en su mismo- No puedo evitar pensar en lo que paso aquella noche en tu habitación, todo lo que sentí, la plática de USA, no es algo que se pueda olvidar de la noche a la mañana. Lo lamento

-¿Platica con USA?- Rusia sintió su espalda tensarse un poco- ¿Has tenido contacto con él?

-Fue a mi casa el día que te disculpaste conmigo y estuvimos hablando, pero sinceramente no quiero hablar de eso ahora.

-Entiendo...- suspiro el ruso con pesadez- Sin embargo no cambia el hecho de que esto cambia a algo serio para nosotros en un futuro.

-No te apures.

Ah Rusia le entro las ganas de preguntarle por qué, pero no era el momento, solo podía pensar en una cosa.

¿Qué era tan importante para que México se sintiera de esa forma?

-Entonces estamos de acuerdo- comento el más alto- Pero veo que sigues apretando el vaso como si estuvieras muerto de miedo.

-Bueno es que...- comenzó México entre nerviosas risitas- Es algo embarazoso para mí el que estés aquí, sin fingir nada y nadie con los demás.

-No tiene que serlo

-Sí, pero es que es muy extraño, con eso de que el gringo me las quiere quitar...- inmediatamente se tapó la boca.

-¿Quitar? ¿De qué se trata eso?

México se maldijo así mismo, respiro hondo y soltó el aire lentamente.

-Esa es la parte más cabrona

El país tricolor fue a la cocina del salón y se dejó caer en el sofá de cuero blanco. Con la camisa desabrochada y con el cinturón en mano, parecía aquellos que les daba el mal de puerco en un domingo cualquiera.

-La verdad es que no le había platicado esto a nadie a excepción de Perú- dijo con suma firmeza

-¿Qué?- le pregunto el más alto con el ceño fruncido. No sabía si se refería a tener o no una aventura con él. Siempre le había parecido alguien tonto o con la cabeza llena de ideas estúpidas, pero -siempre bastante seguro de sí mismo y le extrañaba verlo tan nervioso, más de lo normal.

-Y no me refiero a lo que paso entre nosotros ese día- le explico México- Estados Unidos fue a la casa con la intención de amenazarme en quitarme a dos de mis hijas. Tal como lo hizo con California, Nuevo México y Texas...

-No tiene derecho a quitarte a tus hijos. Después de todo California y Nuevo México te siguen llamando y viéndote sin problemas

-Eso lo sé. A lo que me refiero...- agrego mordiéndose el labio inferior durante un segundo- Lo que quiero decir es que, USA piensa que puede lograr todo eso por lo que vivimos juntos hace tiempo.

"Éramos uno solo cuando solo somos dos"