Buenas tardes queridos lectores, esta historia pronto estará llegando a su fin. De corazón le agradezco a todas aquellas personas que siempre estuvieron apoyando este proyecto de una u otra manera, ya sea dejando algún comentario o siguiendo de cerca la historia. Como escritora aficionada me complace enormemente la acogida que me han ofrecido en esta página, por eso cada día intento mejorar en la redacción, ortografía y diálogos aunque soy consciente que tengo mucho por aprender, sé que todo mi esfuerzo es por ustedes.

Con todo mi cariño este capítulo va dedicado de forma especial a: Brigitte Black, Iromi Koreto, Bombon Kou Malfoy y Cris James, besos y gracias por sus reviews.


Capítulo 17. Losing you


Estaba realmente cerca, lo sentía con cada paso que daba en aquel laboratorio, en el que después de tres semanas eternas había podido infiltrarse. Habían sido días sin dormir, investigando acerca de los movimientos del personal de Arklay, sobornando a uno que otro empleado no conforme con su trabajo, estudiando los horarios de entradas y salidas de los trabajadores y esperando el momento perfecto para llegar a ella. Sabía perfectamente que estaba viva, que ella y Donna habían permanecido con vida por motivos que desconocía, tal vez habían descubierto que ambas estaban infectadas y eso no les permitía matarlas hasta que no descubrieran cómo aprovecharse de los virus que ambas albergaban en su interior. Con los nervios algo alterados por la emoción de verla de nuevo, pero con la misión de sacarla de aquel lugar aunque le costara la vida, Theodore seguía caminando por el pasillo del ala C del laboratorio, su cabello tinturado de forma parcial de color negro azabache, la bata de científico y sus credenciales lo hacían pasar desapercibido en el lugar, sin embargo, no podía confiarse, el ex mercenario sabía que de dar un paso en falso podía acarrear graves consecuencias para su chica y para su sobrina adoptiva: Donna.

Con el máximo cuidado logró internarse en la habitación donde el empleado que había sobornado le dijo, el mundo se detuvo cuando a través de la ventana puso observarla nuevamente, su cabello largo hasta la cadera, estaba recogido en una elaborada trenza que dejaba escapar algunos mechones que jugueteaban entre sus orejas y su rostro, estaba vestida con una sudadera gris y jeans azules entubados, parecía un ángel, estaba hermosa a pesar de la tristeza que reflejaban aquellos ojos celestes que tanto le gustaban a él. Luna volteó su rostro y pudo ver a través de la ventana a un hombre bastante alto, que las contemplaba a ella y a Donna, se preguntó quién podría ser, el tiempo que llevaba en aquel lugar le había llevado a conocer a muchas personas, conocía a la perfección el rostro de la mayoría de médicos y científicos, pero a aquel sujeto jamás lo había visto. Armándose de valor caminó hasta quedar en frente del vidrio que los separaba, el hombre no se movió ni un ápice, Luna no podía ver bien su rostro debido a su máscara protectora, lo único que podía observar era sus turbulentos ojos azules, su color era extraño, se mezclaba entre el gris y el azul eléctrico, le recordaban mucho a los ojos de Theo, la invadió la tristeza al recordarlo y se llevó una mano a su pecho, donde reposaba la cadena con el nombre del ex mercenario.

Para Theo el tiempo pasaba lento frente a sus ojos al tenerla tan cerca, aquel gesto de verla tomar con fuerza su cadena, le llegó tanto al alma que estuvo a punto de correr y abrazarla, pero no podía hacerlo, debía sacarla de allí junto con Donna y luego alejarse lo que más podía del lugar. Cuando ingresó a la habitación ella retrocedió asustada, el pensamiento de todo el daño que seguramente le debieron haber causado para causar esa reacción cruzó por su mente un par de veces, pero se obligó a ser fuerte. La pequeña parecía curiosa por saber que quería.

- Hola – Le saludó feliz Donna. Parecía estar sana, no tenía rasguño alguno y su actitud despreocupada demostraba que no había sido sometida a ningún tipo de tortura. Luna por otra parte, era arena de otro costal, su actitud era hostil y evasiva, al estar tan cerca Theo pudo notar que su rostro se encontraba maquillado, una capa del color de su piel cubría unos horribles moretones en sus mejillas y en su labio. Maldijo en su mente a la persona que se había atrevido a ponerle una mano encima a su Luna. Quiso acercarse, pero la chica retrocedió asustada, ahora entendía perfectamente su actitud severa, tratando de que su voz sonara irreconocible, Theo les habló a ambas.

- Vamos, debemos hacerles unos estudios – Donna torció el gesto y Luna lo miró con el ceño fruncido y durante algunos segundos Theodore temió haber dicho algo que lo delatara.

- Estoy cansada – Dijo Luna con molestia cruzándose de brazos - ¿Qué no pueden dejarme en paz un momento? Acabo de salir de cuatro infartos. – Al escuchar sus palabras Theodore no pudo evitar su cara de sorpresa, cuanto había tenido que sufrir Luna por esa maldita corporación, quiso abrazarla, besarla, decirle que pronto saldrían de allí y que estarían bien, pero tuvo que contener sus ganas de estrecharla entre sus brazos. Imitando a los científicos que debían trabajar allí tomó a Donna de la mano y a Luna la sujetó del brazo arrastrándola hasta la puerta de salida, pero Luna emitió un quejido de dolor que lo asustó de inmediato. - ¡No seas brusco! – le dijo la rubia agachándose mientras tomaba su brazo adolorido, pensaba que había perdido sensibilidad allí, pero efectivamente se había equivocado, los moretones de los golpes y de las inyecciones aún le dolían a mares y aquello era algo que no podía ocultar.

- Lo siento – Se disculpó con pesar Theo y al ver la mirada sorprendida de Luna se dio cuenta que se había equivocado al pronunciar esas palabras, seguro no estaba muy acostumbrada a oírla y tras de eso había olvidado fingir su voz.

- ¿Quién eres? – Preguntó con desconfianza la rubia, pero Theodore no le dio tiempo de procesar la información pues un par de hombres vestidos igual que él se acercaba por el pasillo. Con agilidad tomó a Donna de la cintura y la subió a su hombro, luego tomó de la mano a Luna y la obligó a caminar por el pasillo contrario de dónde venían los otros científicos. La rubia discutía con él por todo el camino, en ocasiones se había visto forzado a darle tirones en los brazos para que avanzara con más agilidad. – Te digo que ya no doy para caminar más – Exclamó Luna soltándose bruscamente de su agarre, todos los empleados a su alrededor los quedaron mirando y a Theo no parecía gustarle aquello.

- Mi señor quiere verte – Aquello lo había aprendido del sujeto que le había vendido el uniforme y las credenciales para ingresar. Theodore no tenía idea de quien era ese tal "Lord" o "Mi señor" cómo le llamaban al hombre, él solo sabía que debía ser alguien muy importante y muy peligroso. Así que con el poco tiempo que tenían y la poca paciencia que Luna le estaba dejando la volvió a tomar bruscamente del brazo y la arrastro hasta el pequeño tramo que les hacía falta para encontrar la anhelada libertad.

Voldemort observaba desde la sala de seguridad toda la escena de su protegida con el rebelde proyecto Nott, le hacía mucha gracia verlo tan apresurado por sacarla del lugar. Para haber sido modificado genéticamente, el proyecto Nott era un verdadero idiota, el brillante plan del rescate de Luna que estaba llevando a cabo, todo había sido planeado por él, si hubiese querido ya Theodore se encontraría muerto o arrestado en alguna fría celda de aquel laboratorio, pero era necesario que su hija adoptiva y esa molesta mocosa se fueran de las instalaciones para empezar a llevar a cabo su perfecto plan macabro.

- Mi señor – Le habló su fiel sirviente Lucius - ¿Va a permitir que se la lleven? – Voldemort asintió sonriendo con malicia y Lucius supo en ese instante que su jefe tenía un plan entre manos, que acabaría con muchas vidas seguramente, tragó grueso y le devolvió la sonrisa a su señor.

Donna parecía feliz en los hombros de aquel sujeto desagradable, pero Luna había empezado a asustarse al verse metida en el parqueadero subterráneo, nunca había llegado allí, pero los autos parqueados a su alrededor y las instalaciones le demostraban en donde estaba. ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué las había llevado hasta ese lugar? El miedo se incrementó cuando el científico se acercó a un auto negro, se despojó de su bata la arrojó en el asiento del piloto, luego la obligó a ella a subirse detrás junto a la pequeña niña y arrancó el vehículo con una velocidad impresionante, Luna se agarraba fuerte del asiento trasero con una mano, mientras con la otra sostenía a Donna, que ahora sí empezaba a asustarse, después de pasar por seguridad, el chico siguió conduciendo tan veloz, que pronto habían dejado atrás los laboratorios de Arklay y luego el pueblo en donde estaban ubicados. Cuando Luna ya no podía soportar más la situación y pensaba exigirle a ese hombre que le revelara que estaba ocurriendo, el científico redujo la velocidad y se parqueó al lado del camino.

- Oiga – Le llamó Luna cada vez más molesta por el silencio del chico. Lo vio bajarse del auto y ella hizo lo mismo, el muchacho se encontraba de espaldas mirando hacia las montañas, Luna pudo darse cuenta que no se trataba de un señor, sino que era un chico de unos 24 o 25 años, su cuerpo parecía hecho por los dioses griegos, llevaba puesta una camisa gris que se le pegaba al cuerpo de una manera perfecta y unos pantalones de color negro entubados. - ¿Quién eres? – Volvió a preguntar Luna mirándolo fijamente, él seguía dándole la espalda. En un movimiento que la rubia no se esperó el chico empezó a mojarse el cabello, que tenía amarrado en una pequeña coleta. El color negro fue saliendo de su cabeza poco a poco hasta que el agua salía completamente limpia. Un intenso escalofrío recorrió la espalda de ella al verlo darse la vuelta y quitarse la máscara que lo protegía de los virus y demás. Luna quiso llorar al ver por fin su rostro y conocer su identidad, sin poder controlarse se arrojó a los brazos de Theodore que la miraba sonriendo. El castaño la recibió gustoso y la apretó fuerte, había soñado tantas noches con aquel momento que ahora que lo estaba viviendo no podía describir lo que era tenerla de nuevo con él. Luna respiraba entrecortadamente tratando de evitar que las lágrimas que estaban aglomeradas en sus ojos salieran disparadas sin control, tantas noches deseando verlo de nuevo, tanto tiempo separada de él y ahora lo tenía frente a ella, no solo eso, también la había salvado de su confinamiento. Con renuencia se separó de él, pero el chico no le dio tregua y se arrojó contra sus labios, dándole el beso más excitante que había recibido en su vida, se sentía volar, quería abrazarlo fuerte, besarlo sin parar, eliminar la ropa de por medio que les estorbaba y pasar la noche entera haciéndole el amor, pero la realidad llegó a su mente de golpe y se obligó a cortar aquel beso placentero, se estaba olvidando de la petición que le había hecho Voldemort de alejarse de él, ella no podía permitir que por su culpa, su mal llamado padre adoptivo matara al amor de su vida, así que ante la mirada estupefacta de Theo se separó de él y volvió a meterse al auto susurrando un débil "Vamos a casa".

El camino a casa fue una verdadera tortura para Theodore. El castaño no entendía el cambio repentino de Luna, parecía más emocionada Donna de verlo que ella, incluso había mandado a la niña a sentarse al lado de él con tal de evitar estar cerca suyo. A través del espejo retrovisor podía ver la tristeza de sus ojos, ella no se había atrevido a mirarlo durante todo el trayecto, su vista estaba clavada en la ventana trasera del auto, ni siquiera había contestado las preguntas de Donna, quien feliz le había preguntado si faltaba mucho para ver a sus papitos. Theo no quería presionarla, seguro que su estancia en ese lugar había sido tortuosa, no quería ni imaginarse las barbaridades que le habían hecho y los traumas que eso había causado. Le daría su tiempo para sanar sus heridas y estaría a su lado cada que ella lo necesitara, ahora solo eso podía hacer.

Después de dos horas más de viaje, por fin habían llegado al hogar de sus compañeros, Luna sentía sus piernas y brazos entumecidos, ni siquiera quería salir del auto, con qué cara podía mirar a sus amigos si venía dispuesta a traicionar su confianza, se sintió como una basura y quiso llorar, pero la voz de Theodore la hizo volver a la realidad.

- Ven cariño – Le dijo dulcemente ofreciéndole su mano, le costó una vida rechazarla de forma grosera, mientras salía por su cuenta del auto y llamaba a la puerta de la nueva casa que sus amigos debían compartir. No tardó mucho en salir una enojada Pansy que se veía había estado discutiendo antes de abrir, al verla, la pelinegra sonrió y dejó escapar las lágrimas mientras la abrazaba con fuerza. De inmediato la ex periodista empezó a emitir alaridos diciendo que Theo le había devuelto a ella y a Donna. Se vio rodeada de unas llorosas Hermione y Ginny que sonreían y acunaban a Donna, que se había unido a la celebración, y a ella, así mismo se les unió Draco, Harry, Ron, Jacob, Blaise e incluso Astoria, a quien Luna había jurado verla llorar al abrazarla. Su atiborrada mente cansada no lograba procesar con claridad las preguntas que sus amigos le realizaban, solo podía verse allí rodeada de todos ellos, sin ser capaz de corresponder a sus muestras de cariño, solo estaba allí pareciendo un auténtico zombie.

- ¿Principessa? – Le llamó Blaise por cuarta vez consecutiva, pero ella parecía ida, su cuerpo estaba presente pero su mente ausente. La quinta vez que la llamó, Luna pareció notar que alguien solicitaba su presencia, con expresión de estar en un lugar equivocado levantó sus ojos hacia Blaise y se fijó que todos la miraban con extrañeza.

- Disculpen – Dijo apenada - ¿Pueden indicarme en que habitación me podría recostar? – Blaise asintió y la condujo escaleras arriba. La nueva casa era más pequeña que la anterior, pero parecía más acogedora, estaba hecha completamente de madera y parecía bastante antigua, pero lograba transmitir paz a cualquier persona. El pasillo donde se encontraban las habitaciones era bastante largo, Luna había podido visualizar alrededor de 10 puertas seguidas, que le demostraban que verdaderamente las apariencias engañaban y que aquella cabaña que se veía pequeña desde afuera, era un palacio en su interior. La décima habitación resultó siendo la suya, ingresó a ella y pudo ver que era muy bonita, adentro había una enorme cama doble, dos mesas de noche, un pequeño escritorio con su silla y un closet de tamaño mediano, a mano derecha se hallaba el baño, que no era muy grande, pero a ella le había parecido perfecto. Blaise observaba sus reacciones desde el umbral de la puerta, esperó a que la rubia se recostara en la cama y luego cerró la puerta, caminando hacia la sala donde sus compañeros lo esperaban con miles de preguntas.

- ¿Qué te dijo?

- ¿Está bien?

- ¿Por qué actúa de esa manera?

- Le hicieron daño ¿Verdad?

- ¡Esos malditos!

Eran tantas las preguntas que Blaise se sintió totalmente presionado, se sentó pesadamente en el sofá que reposaba en la salita de la cabaña y subió los brazos hasta su cabeza.

- Ni siquiera hizo el intento por hablar conmigo… - Murmuró derrotado el trigueño

- ¿Crees que se hayan atrevido a…? – Preguntó Pansy sin atreverse a terminar la frase al ver la expresión de dolor en el rostro de Theo.

- Ojalá no – Respondió Harry con cara de enojo.

En ese momento entraron a la sala Draco, Hermione y Donna, quien venía dando pequeños saltitos y gritando que tendría un hermanito, las miradas de Draco y Theodore se encontraron durante unos segundos y el ambiente se tensó de inmediato. Las cosas entre ellos no habían terminado nada bien y a decir verdad Theodore pensaba que nunca nada volvería a ser igual, Blaise los miraba con una gran sonrisa en su rostro, pero sin pronunciar una palabra, algo que era raro en él. El silencio incomodo fue roto por Nott, el castaño extendió amistosamente su mano hacia Draco.

- Lo prometido es deuda – Susurró con una pequeña sonrisa en su rostro casi imperceptible – Tú hija está de regreso sana y salva – Draco mostró una sonrisa ladina y tomó con fuerza la mano de Theodore atrayéndolo hacia él y dándole un gran abrazo que el castaño jamás se hubiese esperado.

- Gracias hermano – le dijo Draco realmente conmovido. A pesar de su comportamiento impulsivo Theodore Nott era un gran hombre, tenía un corazón de oro y aquel acto de bondad desinteresado no hacía más que reafirmar que su hermano era un alma pura. Theo alzó una ceja extrañado al escucharlo llamarle de esa manera, Draco se carcajeo al verlo tan confundido.

- Pensé que solo había sido un pobre debilucho al que tú y Blaise recogieron por compasión – Exclamó Theodore con el ceño fruncido, Draco bajó su rostro con tristeza al recordar sus duras palabras. Había pasado un mes completo lamentándose por haber pronunciado algo que no pensaba ni sentía.

- Yo lamento mucho todo lo que te dije Theo – La sinceridad que llevaban sus palabras hizo que Theodore bajara la guardia – Discúlpame por favor – Nott nunca había escuchado a Malfoy disculparse por nada en su vida, para él fue una verdadera sorpresa escucharlo decir lo siento.

- Por favor Theo – Pidió Hermione sonriéndole con ternura. La castaña le había sentado realmente bien el embarazo, se veía muy hermosa con su cabello liso – ondulado y su pequeña pancita que cada vez se notaba más. – No quiero que "bebé" crezca alejado de su tío y futuro padrino – Al escuchar aquello Blaise lanzó un bufido molesto y volteó su rostro cruzándose de brazos fingiendo estar enojado. Theodore sonrió y ante la mirada ilusionada de todos le dio un gran abrazo a su hermano mayor, sus compañeros aplaudieron al verlos nuevamente unidos.

- ¿Bebé? – Preguntó Theo confundido a Hermione, la castaña volteó con fastidio sus ojos y contestó divertida.

- Si – La voz cansada que Hermione había aprendido de Draco, la usaba normalmente cuando algo le molestaba o le parecía ridículo y al parecer ese era uno de esos momentos – Blaise quiere que se llame como él, Harry pretende que lo llame Severus en honor a su mentor, Ronald quiere llamarle Billius, Ginny y Pansy aseguran que será una niña y quieren que se llame Helena y por último está su padre que quiere llamar a su hijo Scorpius ¿Puedes creerlo? – Expresó frustrada la castaña. Theodore estuvo a punto de destornillarse de la risa, de no ser por la cara de pocos amigos que todos le hicieron si se atrevía a comentar algo de los nombres que habían sugerido.

- Si ya escuchaste nuestros pensamientos sabrás lo que te ocurrirá si te atreves a hablar – Siseó Pansy mirándolo con los ojos entrecerrados, Theo le sostuvo la mirada por unos segundos antes de soltar una carcajada.

- Ven a ver cómo tiemblo Parkinson – Le contestó Nott a modo de juego, la pelinegra se lanzó contra él, pero el castaño fácilmente la interceptó subiéndola a su hombro como si se tratara de un costal de papas.

- ¡Blaise haz algo! – Gritaba Pansy pataleando para que el castaño la bajara, pero el trigueño se limitó a levantar los brazos en señal de rendición. Theo bajó con cuidado a la pelinegra que le dio un par de puños en el abdomen al verse en libertad.

- Bueno – Exclamó Blaise con amargura – Ya que Granger prefirió a Nott como padrino antes que, a mí, ¿Cuál es el nombre que propone el flamante futuro padrino? – Nott pensó durante unos segundos con las manos descansando en su cadera, Blaise iba a hablar para decir que era un pésimo padrino cuando Theo levantó la voz.

- Bueno, primero quiero agradecerle a Hermione por confiar en mí para esa gran responsabilidad, aunque no tengo la menor idea de qué hacer y nunca en mi vida he cambiado pañales – Hermione lanzó una carcajada sonora.

- Quiero aclararle al apresurado de Zabinni, que él también será su padrino, tendrá dos – Añadió Hermione antes de darle otra vez la palabra a Theodore. Blaise empezó a bailar con felicidad al recibir la noticia.

- En cuanto a los nombres… yo diría que solo puedo hacer sugerencias, no podría decir que debe llamarse de una manera si sus padres no están de acuerdo – Nott hizo una pausa antes de continuar – Si es una niña, me gustó mucho el nombre que eligieron Ginny y Pansy. Helena Malfoy Granger sonaría fantástico – Los ojos de Draco se iluminaron y ante la mirada de todos tomó la mano de Hermione besándola con dulzura.

- ¿Y si es niño? – Preguntó Ron, quien peleaba a la pequeña Donna con Astoria, que no paraba de hacerle mimos a la niña.

- Si es un niño. Sería un honor para mí que le colocaran el nombre de una persona que fue muy importante para mí y que me enseño muchas cosas – Sus compañeros miraban expectantes a su respuesta y vaya sorpresa se llevaron cuando reveló el nombre – Derek

- Derek Malfoy Granger – Dijo Donna con expresión soñadora - ¡Me encanta! – Hermione asintió sonriendo, definitivamente aquel era un buen nombre.

Dos horas después de la animada conversación, todos se encontraban cenando animadamente, excepto Luna que había alegado que le dolía la cabeza y que prefería seguir descansando, nadie la contradijo y para su tranquilidad sus compañeros trataron de no hacer tanto ruido.

- ¿Qué más hiciste cuando estabas en Arklay? – Donna dejó de lado su tenedor y empezó a contarle a su tío Blaise, las pruebas a las que fue sometida, los momentos que sintió miedo, las personas que conoció, todo lo que había aprendido, incluso la pequeña había hablado de cuando Luna había sufrido aquellos infartos y de la cura que habían inyectado en su cuerpo.

- ¿Luna estuvo a punto de morir? – Donna asintió comiendo de su patata. La niña iba a hablar, pero vio la mirada severa de su padre que odiaba que hablara con la boca llena de comida, así que primero tragó y luego respondió.

- Te digo que sí tío Harry – Contestó la niña fastidiada de tantas preguntas recibidas en un solo día.

- Donna – La reprendió Hermione - ¿Qué te he dicho de hablarle así a los mayores? – la pequeña sonrió a Harry a modo de disculpa y continuo su relato.

- Tía Lu estaba muy mal, yo misma escuché muchas conversaciones en donde hablaban de un virus que la estaba matando – Theo pareció atragantarse con la comida al escuchar eso, pero un golpe de Jacob en la espalda lo hizo volver a estabilizarse – Entonces, un día simplemente se puso tan malita, que sus labios estaban morados, los médicos dijeron que estaba muerta, pero uno de ellos la revivió. La metieron en una habitación llena de muchas máquinas y finalmente dijeron que la habían salvado gracias a un virus de nombre extraño, que no logro recordar. – la cara de estupefacción que sus tíos tenían era algo que la niña nunca lograría entender, al final habían logrado salvarle la vida a Lu, y para ella eso era lo más importante. Ante la mirada de sus compañeros Theodore se levantó de su lugar en la mesa y sin darle aviso a nadie subió las escaleras con paso apresurado. Se dirigió hacia la habitación de Luna, a la que accedió sin llamar a la puerta, al ingresar se dio cuenta que la rubia no estaba en su cama, el sonido del agua al caer le hizo darse cuenta que ella se estaba dando una ducha. Nott tocó un par de veces a la puerta del baño antes de hablar.

- Ángel, soy yo. ¿Podemos hablar por favor? – Pidió con cortesía. Ella murmuró algo que él no logró entender, sin embargo, se sentó en el alféizar de la ventana y esperó por Luna. Minutos después, la rubia salió envuelta en una bata de baño, al verlo allí se asustó mucho y cubrió con vergüenza su cuerpo a pesar de no encontrarse desnuda. –Solo soy yo – Le dijo Theo a modo de reproche al verla cubrirse, aquello no pareció relajarla mucho.

- ¿Qué quieres? – Preguntó con rudeza. Theodore torció el gesto al escuchar aquel tono de voz carente de amor.

- Saber cómo estás – Contestó mirándola con dulzura, omitiendo como lo estaba tratando.

- Pues estoy bien. – Dijo Luna secamente – Ahora, ¿Puedes salir por favor? Quiero cambiarme, hace algo de frío – Para Theodore ya Luna había ido muy lejos, lo estaba tratando como si fuese un desconocido o peor aún, el culpable de lo que le había ocurrido.

- ¿Qué es lo que te ocurre? – Exclamó muy molesto acercándose a ella. Luna se sobresaltó al sentirlo tan cerca, había empezado a cambiarse frente a su closet, de donde sacaba una blusa y un pantalón de pijama. Sentía la respiración irregular de Theodore en su cuello y eso le estaba generando unos escalofríos difíciles de controlar, él pareció notar su nerviosismo porque se alejó rápidamente de su lado y tomó con dulzura su mano haciendo que se diera la vuelta hasta quedar frente a él – No sabes lo que sufrí por tenerte tan lejos de mí, sin saber cómo estabas o cuando te volvería a ver. Quiero que confíes en mí, si te hicieron algo en ese horrible lugar o te torturaron, por favor dímelo amor – Luna se soltó de su mano de forma brusca y la mirada tan triste que Theo le dio le partió el alma en mil pedazos.

- Si quieres ayudarme, aléjate de mí – Las palabras habían salido sin que se detuviera a pensar. Sabía que si lo hacía su coraza iba a dar al suelo y en ese momento la necesitaba más que nunca. El rostro de Nott reflejaba una mezcla de tristeza, sorpresa y enojo, Luna jamás lo había visto demostrar tantas emociones juntas.

- ¿Por qué me tratas así? – Dijo con dolor en su voz - ¿Me culpas por lo que te hizo Arklay? Si es así perdóname – Sonaba tan sincero que Luna quiso llorar al escucharlo – Te juro que hice hasta lo imposible por buscarte, soborné a muchas personas para llegar a ti… estás aquí de nuevo, conmigo, con tu familia. Sé lo difícil que es volver a integrarte después de haber sufrido tantas cosas en ese lugar, yo también lo viví, pero por favor, no te encierres en ti, sino quieres mi ayuda, entonces puedes hablar con Potter, con Chang, con quien quieras – Se notaba realmente desesperado, su voz, su rostro, sus manos. Luna intentó alejarse de él, pero Nott fue más rápido que ella y logro tomarla de la cintura pegándola a su pecho.

- Por favor, suéltame – La voz entrecortada de Luna logró alarmarlo, algo muy grave tenía que haber ocurrido para que ella estuviera así a punto de llorar.

- ¿Quieres que me vaya? – Luna se aferró con fuerza a su chaqueta y negó con la cabeza, el nudo en su garganta no permitía que su voz saliera con normalidad. Theodore la abrazó con fuerza y la cargó hasta llevarla a la cama, donde la sentó con delicadeza. Le entregó la ropa que Luna había dejado caer hace algunos minutos, ella no tardó en cambiarse y luego volvió a aferrarse al pecho de él.

- No me dejes sola hoy, por favor – Logró susurrar después de algunos minutos. Theodore asintió sonriéndole. Al cabo de un tiempo se encontraban los dos recostados en la cama de Luna, ella parecía estar quedándose dormida con las caricias que él le hacía en su cabello.

- ¿Quieres comer algo? – Le preguntó preocupado, Luna susurró un débil "no" que le costó mucho escuchar. Luego de eso se sumieron en un incómodo silencio que Nott volvió a romper con una pregunta que estaba acabando con su tranquilidad - ¿Cuál fue el virus? – Ni siquiera tuvo que terminar la pregunta, ya Luna sabía a qué se estaba refiriendo con eso, suspirando, levantó la cabeza del pecho de él y lo miró directamente a los ojos.

- E-Force – Susurró con tristeza

- Tú mente tiene una barrera muy fuerte – Comentó él sorprendido acariciando su mejilla. Luna tomó la mano de él y depositó un beso. - ¿Qué efectos?

- Ninguno conocido – Reconoció la rubia sentándose en la cama frente de donde Theo estaba recostado. El castaño se levantó como un resorte y la tomó del rostro depositando sin su permiso un beso suave y dulce, que ella convirtió en apasionado y erótico.

- Debes parar de hacer eso… no podré controlarme – Jadeó el castaño con la respiración entrecortada. Luna besaba con ternura su cuello, si aquella iba a ser la despedida, quería que fuera verdaderamente especial y así fue. En sus brazos Luna no sentía miedo, angustia, ni desolación. Se olvidó de todas las penas y preocupaciones y simplemente se dedicaron a demostrarse su amor durante toda la noche, sin ninguna clase de barreras de por medio.


Próximo capítulo: El otro Riddle