LAS CRONICAS DE NARNIA: EL RETORNO DE LA REINA.

Disclaimer: Las Crónicas de Narnia no me pertenecen.

NOTA DE FANNY: Leer con calma, tranquilidad y una mente muy abierta, y por favor no odien a mis personajes. Disfruten el capitulo y nos leemos al final.

Capítulo 16: Rilian Pierde la Cabeza

La batalla contra el barco llamado la Destructora, no duro mucho, los cañones de la Reina Roja destrozaron completamente las velas y parte de la cubierta, para después volarlo en pedazos cuando se aseguraron de que sus aliados estaban a salvo. Al final fue Peter quien encontró a Lucy, Eustace y Jill, y para su sorpresa, Rilian, a bordo de la Destructora, los cuatro habían liberado a su tripulación y aprovechándose de la distracción que los cañones provocaban eliminaron rápidamente a la mitad de los enemigos a bordo del barco. Teyvy no fue encontrado a bordo y tampoco salió a pelear.

Después vinieron las explicaciones. De ambas partes. Decir que Caspian puso el grito en el cielo cuando se enteró de la misión que Peter diera a su hijo, era decir poco. Narina no se sintió mucho mejor, pero después de lo que pasara horas antes sabia que no tenia derecho a reclamar nada hasta que se reconciliara con su esposo.

Esa noche Zaccaria bajo del cielo con una noticia.

-Stefano a llevado a los niños a Cair Paravel- anuncio en cuanto toco la cubierta -Los guardianes encontraron una amenaza cerca de Reignis y pensaron que era mejor.

-¿Una amenaza?- cuestiono Edmund frunciendo el ceño preocupado -¿Es grave?

-Al parecer no- negó la estrella -Algunos bandidos que ya fueron apresados.

-Usaremos uno de los portales para llegar rápidamente a Cair Paravel- dijo Narina dirigiéndose al timón para darles el curso.

-Iré de allí a Nayka para supervisar que todo este bien- notifico Eustace mirando a Edmund quien solo asintió.

-Volveré al cielo por cualquier cosa- dijo Zaccaria con tono serio, como había estado desde la inesperada llegada de Zafira -Los sigo desde el cielo.

Esa noche los tripulantes del Guardian se encontraron con mas de una sorpresa. Las emociones habían sido tantas que ninguno podía dormir. Cuando la luna estaba en su punto más alto encontró a Eustace de pie mirando el mar como el día anterior, antes de que el Guardian fuera atacado. Como esa noche escucho pasos detrás de el y supo sin girar a ver, de quien se trataba.

-¿Eustace?- lo llamo Jill suavemente, el chico giro a verla con ojos calmos -¿Aun piensas irte?

-Te confieso que ahora no lo sé- negó el guardián frunciendo el ceño -Supongo que solo esperare a ver que pasa, de todos modos, Narina no me dejara irme dado que no pude conseguir la varita de Kattherinn.

-De corazón Eustace, deseo que te quedes- murmuro Jill apoyando una mano en el brazo de Eustace -Pero se que no puedo obligarte, la decisión es completamente tuya.

Cuando Jill abandono el lugar, Eustace permaneció algunos minutos más, reconocía que ahora estaba mas confundido que nunca. El y Jill se habían confiado sus más secretos temores, y aunque ella no le había dado esperanzas realmente no podía evitar tenerlas. Pensar que podía quedarse hasta que su amiga estuviera lista para iniciar una relación con él, pero al mismo tiempo se preguntaba si algún día pasaría y que pasaba si al final decidía que quería tener una relación con alguien más. Al final sus temores se cumplirían. El que Jill dejara de lado sus temores era tan difícil como que el olvidara los suyos.

Cuando Eustace escucho de nuevo pasos detrás de el se giro curioso, dudaba que Jill hubiera regresado, pero en su lugar se encontró con Zafira. La estrella brillaba levemente en la oscuridad de la noche, no sonreía, pero no era necesario pues en su cara se notaba una paz que ya desearía Eustace tener.

-Te siento confundido Eustace- murmuro la estrella apoyándose en el borde del barco, dándole la espalda al mar -Pero no temas, tu destino fue decidido antes de que llegaras a Narnia. Un futuro brillante, esperado de un guerrero tenaz y leal como tú.

-Yo no quiero el futuro brillante de un guerrero- negó Eustace mirando a la estrella firmemente -Quiero el futuro feliz de un simple hombre.

-Tal vez tengas ambos ¿No lo has pensado?- cuestiono Zafira sonriéndole tranquilamente.

-O tal vez no tenga ninguno- negó Eustace sintiendo su corazón latir desbocado, antes de darse media vuelta y encaminarse a abandonar la cubierta, sin embargo, antes de hacerlo se giro de nuevo a mirar a la estrella -Bienvenida de nuevo Zafira.

Cuando Eustace se hubo ido Zafira se giro para mirar el mar agitado. A su espalda una estrella descendió hasta posarse en la cubierta.

-Hola Zaccaria- saludo la hechicera sin girar su mirada -Te estaba esperando.

-Supuse que viste que vendría- dijo Zaccaria colocándose a lado de la estrella -Sin embargo, estas equivocada si piensas que vengo a hablar de tu repentina llegada, hace años que dejo de importarme lo que hacías o donde te encontrabas.

Zafira guardo silencio, dejando que la otra estrella se desahogara.

-Decidiste marcharte, querías ver por ti misma ¿No es así? Te busque por mucho tiempo pero entendí que no querías que te encontrara siempre que llegaba a un lugar tú ya te habías marchado, clara señal de que no querías verme ¿Esa era tu respuesta no?- siguió hablando Zaccaria, cruzándose de brazos y sintiéndose furioso ante la expresión imperturbable de la hechicera -Bueno da igual, no quiero saberlo. ¿Por qué no me dijiste lo de Kattherinn? Yo llegue allí en cuanto Cedric nació ¿No pensaste en decírmelo?

-No era mi secreto- contesto Zafira mirándolo por primera vez -Ellos debían de saber cuándo revelarlo.

-¿Y si no te concernía a ti porque revelarlo ahora?- cuestiono Zaccaria mirándola con los ojos entrecerrados, pero al Zafira desviar su mirada de nuevo para observar el mar, sus ojos se abrieron sorprendidos ante una nueva idea -¿Lo hiciste para distraerlos de la reacción de Narina no es así? Vaya, vaya, te volviste calculadora he.

-No se dé que hablas- negó Zafira caminando hasta darle la espalda al rubio, comenzando a alejarse hasta desaparecer bajo cubierta.

Zaccaria se quedó un poco más allí arriba, pensando en que tan ciertas serian las palabras que le dijera a Zafira. Sabía que la reacción de Narina había estado mal, pero siendo sincero esperaba esa reacción desde que Zafira abrió la boca para dar su gran noticia. Había conocido a Narina durante cientos de años, la mayoría de los cuales la había amado profundamente.

Había llegado a conocerla bien, aunque no tanto como hubiera querido. Y más aún, juntos habían vivido la época mas oscura de la vida de Narina. Una época en la que ni el, ni Narina ni Kattherinn habían podido dormir tranquilos, caminar dos pasos sin voltear a ver sobre su hombro temiendo una puñalada. En esa época ninguno de los tres había podido siquiera probar un bocado sin temer caer envenenados en cualquier momento.

Para Narina lo más importante siempre fue mantener a Kattherinn a salvo, para ella era la representación de lo hermoso que tuvo y del futuro para Nayka. Mas de una vez había arriesgado su vida para salvar a la pelinegra, aun con sus actitudes secas y sus pocas muestras de afecto, Narina era una mujer que amaba fieramente.

Cuando la guerra en Nayka había estado en su época más oscura, Narina considero seriamente el regresar a Kattherinn a su mundo, como una manera de mantenerla a salvo, sin embargo, la pena de apartar a su hija al final pudo con ella, y decidió dejar en ella la decisión. Aunque siempre dijo que la decisión de Kattherinn de quedarse no fue la adecuada, pues era guiada por sus emociones, Zaccaria sabia que le había alegrado profundamente.

Desde que la guerra termino, Narina se reusó a separarse de Kattherinn, siempre teniendo un ojo sobre ella y todas sus expectativas. Hasta que Kattherinn había ido a Narnia enamorándose luego de Edmund, entonces Narina decidió que era hora de priorizar la felicidad de su hija sobre ella. Pues sabia que la lealtad de la pelinegra hacia ella le impediría perseguir su felicidad. Su sacrificio fue enorme. Zaccaria recordaba con nostalgia el día en que regresaron después de dejar a Kattherinn en Mágissa.

-¿Por qué la dejaste?- había cuestionado la estrella a una Narina con sus expresiones talladas en mármol.

-Es lo mejor- respondió la pelirroja frunciendo levemente el ceño como única señal de su dolor -Ella no lo ve ahora, pero tiene una oportunidad única, que debe de aprovechar.

-Tal vez era lo que tu querías- murmuro Zaccaria aun sin estar de acuerdo con la decisión de la reina pelirroja -Pero ¿Pensaste en lo que Kattherinn quería? Ella no lo entiende, tal vez no lo soporte.

-No lo comprende ahora, pero lo hará- contesto Narina con tono tajante -Y se que lo soportara, Kattherinn es todo lo que yo jamás podre ser.

Zaccaria siempre había sabido que Narina estaba orgullosa de su hija, pero a partir de entonces comprendió que había algo mas en Kattherinn que Narina admiraba. La manera en que ella tenia de abrir su corazón, de demostrar lo que sentía o expresar lo que pensaba. Algo que ella se sentía incapaz de hacer.

Después de que descubriera que Narina amaba a Peter pensó que en ella se obraría algún cambio al respecto, pero pronto descubrió que Narina estaba perdiendo una lucha contra un temor profundamente arraigado dentro de ella, el temor de mostrarle a Peter la mujer que realmente era. Todo lo que hiso en nombre de Aslan y de Nayka. Después de todo no era fácil confesarle a un hombre tan perfecto como Peter parecía serlo, los pecados que habías acumulado durante más de mil años.

Zaccaria no había pensado en su amor por Narina en muchos años, ahora con Zafira de vuelta, parecía volver todo el pasado. Esos recuerdos que se había visto obligado a enterrar para no morir sofocado por el dolor de perder a la estrella.

Zaccaria busco durante meses a Zafira, imposible de encontrarla por mas lejos que fuera. Aun así, no se rindió y no lo habría hecho de no ser por las palabras de Shifera, la hermana de Zafira que lo hiso desistir de su propósito de encontrarla y hacerle entender lo profundo de sus sentimientos. Las palabras de Shifera aun lograban atormentarlo en sueños.

-Dejala en paz, ahora que por fin se a librado del lastre que son tu y Narina en su vida tu pretendes arrastrarla de vuelta- le había dicho fríamente la hermana de Zafira -Yo se lo dije, que tu y esa reina terminarían por llevarla a su muerte y no quiso escucharme.

-No lo entiendes- negó Zaccaria desesperado -Yo la amo.

-¿Amarla? Pero si no has hecho mas que tratarla como tu mujerzuela- dijo Shifera irónicamente -No importa cuanto digas que la amas. Eso no borra todo el daño que ya le hiciste, al final no eres diferente a tu padre. Tomando a las mujeres para divertirse, desahogarse y después tirarlas a la basura después de haber succionado de ellas toda su belleza y juventud.

Zaccaria había guardado silencio en ese momento. El jamás había tenido una buena relación con Stefano, despreciando la vida desenfrenada que llevaba desde que su madre se había marchado.

-Ella jamás caerá ante tus palabras falsas de un amor corrupto- prosiguió Shifera con vehemencia -Zafira hiso bien en marcharse, al fin es libre de la esclavitud en la que tu y Narina la tenían. Solo usándola para que les solucionara la vida. Tu y ella son un ejemplo perfecto del porque las estrellas evitamos estar en tierra.

Después de eso Zaccaria se marchó, resignándose a que, aunque encontrara a Zafira esta jamás creería en sus palabras. Por eso ahora no lograba entender él por qué Zafira volvía a esa vida de esclavitud de la que hablaba Shifera.

-¿Qué peligro tan grande enfrentaremos que te ha hecho volver Zafira?- cuestiono Zaccaria en la fría noche, antes de ascender al cielo a prepararse. Pronto llegarían al portal que los llevaría a Cair Paravel.

En el camarote de Lucy esta discutía con Kattherinn sobre la noticia que Zafira revelara después de anunciar el embarazo de Narina. La reina valiente le reprochaba a su amiga el que nunca le hubiera confesado su pena. Pero al final entendió que era un dolor que ella y su hermano tenían que superar juntos como pareja.

-Prométeme que no me volverás a ocultar algo como esto- dijo Lucy tomando la mano de la pelinegra mientras ambas se encontraban sentadas en la cama -No tienes que pasar por cosas como estas sola.

-Te lo prometo- dijo Kattherinn levantando su mano derecha solemnemente.

-Veras que todo estará bien- intento consolarla la valiente -Tu y Edmund son un magnifico matrimonio, y tienen al pequeño Cedric.

-Gracias Lucy- compuso Kattherinn una sonrisa que intentaba consolar a su amiga mas que a ella misma, sintiéndose incomoda ante el tema decidió cambiarlo -Pero dime ¿Cómo lograron escapar tú y Rilian? Eustace y Jill dijeron que los encontraron cuando iban camino a liberar a la tripulación pero que ustedes ya lo habían hecho.

Lucy perdió momentáneamente su sonrisa recordando el momento. Cuando la visita de esa mujer había terminado, Teyvy se había quedado para burlarse de su desconcierto y concretar el plan para que ellos les dieran lo que esa mujer quería.

Rilian se encontraba mas que indispuesto, la mirada perdida y un gesto de concentración en su mirada. Lucy sabia que en ese momento Rilian se encontraba bloqueado, el que tuviera las manos desatadas ya no era ninguna ventaja. Cuando Teyvy se acercó demasiado en medio de sus burlas, Lucy supo que debía aprovechar el momento.

No sin cierto esfuerzo Lucy forcejeo hasta que logro tirar su silla, ella incluida, volcándola sobre el hombre que con un grito se desplomo en el suelo.

-MALDITA- grito el hombre incorporándose rápidamente con una daga en la mano, dispuesto a abalanzarse sobre Lucy quien había quedado tendida en el suelo en una mala posición, aun amarrada a la silla.

Sin embargo, el grito de Teyvy pareció ser todo lo que Rilian necesito para despertar de su desconcierto, pues al ver al hombre ir tras Lucy, se levanto de un salto y con un ágil movimiento tomo la silla en la que se encontraba antes amarrado y la blandió contra Teyvy rompiéndosela en pedazos, haciendo que este callera inconsciente sobre el suelo.

-¿Lucy estas bien?- cuestiono Rilian, tomando la daga que el hombre tuviera antes para romper los amarres de Lucy.

-Si, estoy bien- asintió Lucy, incorporándose con una mueca en cuanto las cuerdas estuvieron rotas -¿Y tú? Estoy segura de que lo que esa mujer dijo no eran más que men…

-No quiero hablar de eso- la interrumpió Rilian con tono serio -Hay que salir de aquí.

Al ver al príncipe adelantarse hacia la puerta, Lucy se puso de pie dispuesta a seguirlo. Presintiendo que pronto habría problemas.

Lucy decidió omitir la charla que habían tenido con esa señora, centrándose en cómo habían huido gracias a un descuido de Teyvy, narrándole así a Kattherinn como después de liberarse acabaron con los guardias y llegaron a los calabozos, quitándole las llaves a uno de los guardias para abrir las celdas antes de encaminarse en busca de Eustace y Jill.

Kattherinn pareció conforme con la historia y en su lugar cambio de tema haciendo comentarios aquí y allá sobre lo que había pasado en esas 15 horas en las cuales estuvieron cautivos. Cuando Kattherinn comenzó a lamentarse sobre el hecho de que no hubieran podido encontrar su varita, Lucy decidió cuestionarla sobre una duda que llevaba tiempo rondando su mente.

-¿Kattherinn? Quería hacerte una pregunta- cuestiono la reina frunciendo el ceño con curiosidad -¿Hay un hechizo que te permita saber si dos personas son parientes?

-Pues no es algo que yo allá hecho, pero si- respondió Kattherinn asintiendo -Hay varios hechizos que te permiten comprobar la compatibilidad sanguínea entre dos personas.

-¿Y son 100% seguros?- volvió a preguntar Lucy -Quiero decir ¿No hay posibilidad de que se equivoque?

-La magia no se equivoca Lucy- contesto la reina pelinegra -Con el hechizo adecuado puedes saber que grado de compatibilidad genética hay entre dos personas, ni queriendo una persona mágica podría sabotear este hechizo para que diera resultados equívocos. Sobre todo, cuando la compatibilidad es mayor al 50%.

Lucy guardo silencio pensativa.

-¿Por qué lo preguntas Lucy?- cuestiono esta vez la reina de Nayka -No es una pregunta que me hubieran hecho antes.

-Nada importante- negó la reina de Narnia con una sonrisa conciliadora -Era solo una duda tonta que se me ocurrió.

La reina pelinegra frunció el ceño dudosa. Pero al final no hiso mas preguntas. Fuera de la habitación, una figura se retiraba después de escuchar la conversación entre las dos reinas. Había tomado una decisión. Necesitaba saber la verdad.

Narina dormía apaciblemente después de revolverse durante horas en la cama que compartía con Peter. Esa noche le costo mucho mas que otras poder dormir. Ahora que lo había conseguido sus sueños se veían llenos de visiones intranquilas.

Su sueño comenzó como un recuerdo, se veía en los limites de Reignis. El ejercito de sus aliados había llegado a la isla de Nayka hacia dos días, apenas poner un pie en tierra fueron atacados fuertemente por el ejercito enemigo dirigido por Caleido, pero aun así no retrocedieron, determinados como estaban a recuperar al fin, luego de cincuenta años, al castillo de Reignis. La batalla se alargo por dos días, cobrando heridos y muertos de los dos bandos. Mientras ellos ganaban terreno y hacían retroceder a Caleido, Narina veía cada vez mas cerca su victoria. Si lograba capturar y matar a Caleido, la guerra no duraría mucho más, pues el ejercito Calino se separaría al instante. Con esos pensamientos en mente se había rehusado a retroceder, convencida de que todo el ejercito que había logrado reunir en esos años sería suficiente.

Cuando al fin se había aproximado al castillo, una fuerte explosión hiso retroceder a parte de su ejército, la otra parte se quedo atrapado en medio del fuego y las espadas enemigas. De detrás del volcán una gigantesca figura surgió, hecha de piedra y rugiendo, Narina se quedo paralizada mirándola, solo pensando en cuanta magia había gastado Caleido para crear a ese monstruo.

El monstruo de piedra, avanzo pisoteando a enemigos y aliados, y pronto, Narina tuvo que resignarse a que debía de retirarse si no quería perderlos a todos.

-RETIRADA- grito con fuerza, incitando a sus aliados a huir -RETROCEDAN MAR ADENTRO.

Narina corrió en medio de las casas incendiadas buscando a Kattherinn para obligarla a retroceder, pero por mas que buscaba no lograba dar con ella. Justo entonces el monstruo derribo una casa y parte de la estructura colisiono con ella, mandándola a volar lejos. Narina se incorporo en medio de quejidos, sabía que sanaría, para esta época era casi inmortal, pero eso no le impedía sentir el daño, estaba segura de que al menos tenia un brazo y un par de costillas rotas.

-NARINA- el grito de Caleido le hiso dirigir su mirada a las escaleras empedradas que llevaban al castillo, donde estaba Caleido rodeado de todos los guardianes que la habían traicionado, entre ellos destacaban Jaiden, Kristen, Dorin y Ostis, quienes habían sido parte del consejo de guardianes junto con Caleido y otros guardianes que se habían quedado a su lado. La mente de Narina parecía embotada debido al ruido y al horror de lo que pasaba, así que mientras registraba el nombre de cada uno de los guerreros que conocía se preguntó dónde estaría Ayla, la hija pequeña de Ostis y Fenrir con su madre allí protegiendo a Caleido mientras que Fenrir luchaba a su lado. Aunque ahora que lo pensaba llevaba horas sin ver a Fenrir, tal vez ya hubiera muerto.

Al final su mirada registro a una persona sostenida por Ostis y Dorin, y sus ojos se abrieron grandes de la impresión. Con la cabeza sangrante y una flecha clavada en su costado se encontraba Kattherinn, prisionera a los pies de Caleido.

-TENGO ALGO QUE TE PERTENECE- grito Caleido sonriendo cínicamente, colocando su espada en la garganta de Kattherinn quien apenas se encontraba consciente -ENTREGATE O LA PRINCESA MORIRA.

Narina recordaba haberse quedado paralizada en ese momento, sintiendo su espada resbalarse de sus dedos mientras escuchaba gritos de agonía y sollozos desesperados.

En la realidad Narina había caminado hasta Caleido dispuesta a entregarse para salvar la vida de su hija, justo entonces una lluvia de estrellas, literalmente, había caído sobre ellos. Estrellas armadas hasta los dientes y dirigidas por Fenrir y Zaccaria, mientras que a espaldas de ellos se unía toda una tropa de enanos provenientes de Nix. Narina había usado toda su fuerza para repeler a Dorin y Kattherinn se había liberado de Ostis. Al final Caleido había sido obligado a huir con su ejercito diezmado y ella recupero Reignis con Kattherinn a su lado.

Ese día hubo muchas perdidas que llevaría hasta el final de sus días en su cabeza. Recordaba a la duquesa de Iacta caer ante el monstro de piedra y a sus hijas llorando sobre su cadáver, a la gente de Maior morir por la lluvia de flechas de los arqueros de Caleido, a Fenrir matando a Ostis, su esposa y madre de sus hijos. Todo eso había pasado en la realidad.

Pero en su sueño mientras ella se dirigía resignada a entregarse para salvar la vida de Kattherinn de pronto la escena cambio y en lugar de Kattherinn, Ostis y Dorin sostenían a un niño de cabellos rojos y ojos azules, que lloraba mientras estaba bañado en sangre.

Nadie tuvo que decirle quien era ese niño para que Narina lo comprendiera, y sintiendo el pánico embargarla corrió sin importarle nada, queriendo llegar a donde estaba ese niño, sin embargo, antes de que pudiera alcanzarlo, Caleido lo atravesaba con su espada y el niño caía sin vida al suelo, arriba de un charco de sangre.

-NOOOOO- grito Narina cayendo de rodillas al suelo y gateando intentando llegar al niño mientras sentía lagrimas rodando por sus mejillas. Un fuerte grito proveniente de la tierra la hacia temblar y esta se abría tragándose a Caleido y a sus guardianes. Cuando Narina despertó sobresaltada de su sueño, la que gritaba era ella, siendo sostenida por Peter quien intentaba tranquilizar su pánico.

-Tranquila- dijo Peter apoyando a Narina en su pecho, justo sobre su corazón -Fue solo un sueño.

Narina intento respirar normalmente, callando su llanto, pero aun en contra de su voluntad las lagrimas rodaban por sus mejillas.

-No, no era un sueño- negó Narina con fuerza aun en medio del llanto -Era verdad, lo mataban y yo… yo tenia la culpa, era mi culpa que muriera.

-Nada de eso paso ni pasara- negó Peter acariciando su cabello -Todo estará bien, no te preocupes.

Pero Narina sabía que no sería así, en lo más profundo de su corazón sabia que lo que vendría no podía ser bueno.

Al atardecer del día siguiente llegaron a Cair Paravel, en cuanto vieron al barco acercarse, los niños salieron a recibirlos acompañado de Stefano, quien no mostro sorpresa alguna al ver a Zafira.

-Hasta que regresas a la fiesta, querida- dijo Stefano de brazos cruzados, mientras a su alrededor los pequeños se rencontraban con sus padres -¿Cómo están tus hermanas?

-Estupendo- dijo Zafira con una ligera sonrisa conciliadora -Te mandan sus mejores deseos.

-Claro que si- rio Stefano con alegría, había un pasado algo turbio con las hermanas de Zafira.

Pero la hechicera ya no le prestaba atención, en su lugar miraba con incertidumbre a Rilian, quien observaba con la mirada perdida al pequeño Caspian, quien observaba a su madre abrazar a Marco y a Emma.

Rilian sentía un regusto amargo en su boca. Allí estaban los cuatro hijos de la reina benévola, quien en el pasado le daban un poco de seguridad respecto a la no relación de su padre y de la reina, pero en estos momentos sentía que se había volteado en su contra.

El chico mayor, el primogénito, aquel que siempre le había causado una extraña opresión en el pecho dado que llevaba el nombre de su padre. Lo cierto es que solo una vez le había preguntado a su padre por qué no había seguido la tradición de su familia de ponerle el nombre del padre a su hijo, por que el no era Caspian XI. Su padre había sido claro.

-Esa era una tradición telmarina- contesto su padre con mirada pensativa -Una tradición establecida con el legado de un patrimonio obtenido a causa de la violencia y el exterminio de una raza. Yo decidí crear un nuevo legado, de telmarinos y narnianos trabajando juntos, tu seguirás ese legado.

Como entraba el que su padre estuviera repoblando Telmar entraba en esas patrañas del nuevo legado y los telmarinos y los narnianos, Rilian no lo entendía. Pero no podía negar el parecido entre ese niño hijo de la Reina Susan y su padre Caspian X, incluso la manera con la cual lo miraba en esos momentos, el ceño levemente fruncido, la mirada sagaz y la barbilla ligeramente alzada. Todas expresiones que su padre hacia cuando lo analizaba con la mirada.

-¿Rilian?- lo llamo Lucy a su lado, haciendo que el príncipe desviara la mirada de Ian -No hagas locuras.

-Solo déjame en paz, Lucy- dijo el príncipe, dando la media vuelta y desapareciendo de la conmovedora escena.

Caspian había buscado mantener una conversación seria con su hijo durante los próximos días, pero lo cierto es que este parecía evadirlos a todos ellos, desaparecía durante horas en el bosque y en ocasiones pasaba la noche en Beruna. Caspian no sabía que le ocurría a su hijo y contrario a lo que esperaba la única que parecía poder acercarse al príncipe era Lucy, quien lucía preocupada cada vez que regresaba de sus conversaciones con Rilian.

Esa noche en particular Caspian se encontraba en las cocinas del castillo, había llegado tarde de ir a buscar a Rilian a Beruna, sin tener éxito, por lo que se perdió la cena, bajando a las cocinas en busca de algo que pudiera picar para no irse a dormir con el estómago vacío.

Terminando de cenar se sumergió en sus cavilaciones respecto al extraño comportamiento de su hijo, de pronto escucho pasos acercándose a la cocina, y en medio de la penumbra vio aparecer a Susan, cargando a su hija menor en los brazos, la cual sollozaba débilmente, envuelta en una delgada manta.

-¿Caspian?- cuestiono Susan al reconocerlo gracias a la luz de las antorchas encendidas -¿Qué haces aquí?

-Cenaba- respondió el rey telmarino mirando a la benévola tomar una botella de leche de la encimera, navegando un poco para sostener a la niña en los brazos -¿Te ayudo?

-Pues…- dudo Susan, mirando de su hija al rey telmarino, antes de cederle su preciada carga al hombre, no sin algo de reticencia -Gracias.

-No te preocupes- negó el rey, observando a Susan moverse rápidamente por la cocina, vertiendo la leche en una cazuela que colgó sobre la chimenea para que se calentara -¿Sabes que hay mujeres aquí dedicadas específicamente a atender a los bebes para que tu no tengas que levantarte a mitad de la noche?

-No me molesta- negó Susan con una sonrisa, esperando pacientemente a que la leche se tibiara para dársela a su hija -Me gusta atender a mis hijos.

-Hay una pregunta que quiero hacerte Susan- dijo Caspian mirando atentamente a la bebé en sus brazos que lo miraba con sus enormes ojos azules, ojos tan parecidos a los de Susan -Alguna vez me hablaste de las razones para nombrar a tu primogénito como yo.. ¿Su parecido conmigo fue la razón?

Susan guardo silencio, descolgando la cazuela del fuego y vertiéndolo en una pequeña tetera que agito una vez tapada, sentía su estomago revolverse con fuerza, sin mostrar su malestar se acercó a Caspian quitándole a su hija de los brazos y comenzando a darle de comer.

-No sé de qué hablas- negó Susan con voz calma -Le puse tu nombre por nostalgia a Narnia, estaba sola y revivía mis recuerdos aquí como los mejores de mi vida a lado de mis hermanos. Quise quedarme con un trozo de esos recuerdos.

Caspian guardo silencio, analizando las palabras de Susan mientras la veía alimentar a su hija.

-Además ¿De qué parecido hablas?- pregunto Susan frunciendo el ceño sin girar a mirar al rey -Mi hijo no se parece a ti mas que en el nombre.

Caspian se soltó riendo incrédulamente, no es posible que todos se hubieran dado cuenta menos Susan.

-Solo dime algo más- prosiguió Caspian una vez callada su risa -¿Tu esposo sabia de quien era el nombre que le pusiste a su primogénito?

-No seas imprudente Caspian- negó Susan, colocando la tetera ya vacía en la mesa, y yéndose de la cocina con paso marcado y furioso. Caspian tardo solo un par de minutos en levantarse e ir tras ella.

Cuando llego al pasillo donde se encontraban las habitaciones de Susan y de sus hijos se la encontró saliendo de una de ellas ya sin la bebé en los brazos, pues esta se quedaba con su hija Leah

-¿Qué quieres Caspian?- cuestiono Susan sorprendido al verlo llegar frente a ella.

-Quiero que me respondas- dijo Caspian frunciendo el ceño -Hay muchas dudas que tengo respecto a tus hijos, sobre todo al mayor.

-Mis hijos no te incumben- respondió la reina benévola cruzando los brazos -Ni a ti ni a nadie.

La reina benévola continuo su camino a su habitación, abriendo la puerta y pasando, intentando cerrar detrás de ella, sin embargo, el rey telmarino se lo impidió.

-No te reprocho nada, Susan- negó el rey pasando detrás de ella y cerrando la puerta tras el -No me molesta que tu hijo lleve mi nombre, pero sigo sin entender que te impulso a llamarlo como yo.

-¿Qué quieres que te diga?- cuestiono Susan mirando al rey fríamente -¿Qué lo hice porque te amaba? ¿Por qué te extrañaba? Pues espera sentado. Mis razones son solo mías.

Caspian frunció el ceño sintiéndose súbitamente enojado ante las palabras de la benévola. En todo ese tiempo desde que regreso lo único que hacia era intentar comprenderla, pero tal parecía que era imposible. Cada vez que pensaba que se habían acercado, algo pasaba y terminaban de nuevo donde comenzaron. Caspian ya no lo soportaba más, con un gruñido de frustración Caspian se abalanzo sobre ella.

El rey telmarino paso su brazo derecho por la cintura de la mujer y enredo su otra mano entre su cabello, tomando su nunca y manteniendo su cabeza alzada.

-¿Caspian que…?- la pregunta de Susan quedo acallada por los labios del hombre, que se estamparon sobre los de ella, moviéndose con vehemencia y absoluta pasión. Susan no supo como reaccionar, sintiendo la intensidad del beso de Caspian, que ansiaba desesperado una respuesta de la mujer.

Susan soltó un gemido de rendición, envolviendo sus manos alrededor del cuello del rey, y permitiendo que la lengua de este ingresara a su boca para iniciar un beso más apasionado.

Cuando se separaran por falta de aire se quedaron viendo directo a los ojos. En ellos Caspian vio muchas cosas, la desesperación, el amor, el miedo. Y Susan en cambio solo vio el amor en ellos, lo que hiso que naciera en su pecho un sentimiento de culpa.

-¿A que le tienes miedo Susan?- pregunto el rey telmarino sin apartarse de la mujer -Dímelo.

-No puedo- negó Susan apartándose de el -Se que pronto lo sabrás, pero debes saber que lo hice porque sentí que era lo correcto. No hubo maldad en mis actos.

-Susan..- la llamo de nuevo Caspian pero esta solo negó con la cabeza y soltándose de su agarre se tapo el rostro en un gesto angustiado -Esta bien, esperare a que tu estés lista para decírmelo.

Caspian volvió a acercarse a la reina benévola y con un gesto cariñoso le aparto las manos del rostro y deposito un beso en sus labios, esta vez apenas rozando sus labios, de manera dulce, queriendo expresarle todo el amor que había acumulado en esos años en que estuvieron separados y que sin importar lo que viniera, ambos estarían bien.

Cuando Caspian se separo le regalo a Susan una ultima caricia en la mejilla antes de que este diera media vuelta y la dejara sola en la fría habitación. Con sus hijos en Narnia, Susan sabía que no podría guardar silencio por mucho mas tiempo, y en vano intentaba decirse que nada pasaría, que lo que había hecho no tenia porque lastimar a nadie. Nunca lograba convencerse, pero aun así sabía que volvería a hacerlo, porque en su búsqueda de la felicidad al final los había tenido a ellos. Sus hijos.

Al salir de la habitación de Susan, Caspian se sintió aún más confundido que cuando la noche comenzó. Ella lo amaba ¿Qué era tan malo que no se lo podía decir? ¿Acaso en realidad si había un esposo que la esperaba en su mundo? ¿Un hombre que la amaba y al que no podía abandonar? Se negaba a creer eso. Tenia que conocer la verdad.

La mañana siguiente el sol salió en su máximo esplendor, era una magnifica mañana que incitaba a los habitantes de Cair Paravel a pasar el día en la playa. Sin embargo, Rilian no quería distraerse con las maravillas que los habitantes del castillo tenían para ofrecerle. Antes de abandonar el castillo esa mañana se detuvo en el pasillo externo del mismo que tenia vistas hacia el patio. Narina Peter, Edmund y Kattherinn se encontraban allí entrenando con sus hijos y con Marco, Leah e Ian.

Narina había insistido a comenzar a entrenar a sus hijas apenas aprendieron a caminar, al principio una hora a la semana, ahora los entrenaba una hora tres días a la semana y cuando Cedric se encontraba en el castillo se unía siempre a sus entrenamientos.

Anna destacaba en cada disciplina que Narina le imponía y era especialmente ágil en peleas cuerpo a cuerpo tan solo blandiendo un cuchillo, Cedric en cambio era hábil con la espada, pero Kattherinn siempre decía que cuando creciera más le enseñaría a usar una varita, convencida de que su verdadero talento se mostraría con la magia. Lily en cambio no era exactamente buena en ninguna de las disciplinas en las que su hermana resaltaba, excepto tal vez en el arco, con el cual atinaba a su blanco la mayoría de las veces.

Desde su regreso a Cair Paravel Ian, Marco y Leah se habían unido a los entrenamientos, siempre supervisados por Susan, pero ese día la benévola no se veía por ningún lado. Marco era entrenado por Peter en el uso de la espada, y aunque llevaba apenas unas cuantas lecciones se notaba que tenia talento. Leah en cambio se unía a Lily practicando con el arco, y en realidad no se le daba mal, pero curiosamente el arma con el que mas destacaba era con la lanza. Algo curioso dado que ninguno de sus entrenadores era exactamente bueno con ella.

Ian en cambio se mantenía siempre observando, ninguno lo presionaba realmente para que participara en los entrenamientos, Susan así lo había pedido. Ese niño realmente le intrigaba a Rilian, la mayor parte del tiempo estaba solo, pero para ser un simple infante tenia una lengua muy astuta y una mente muy aguda.

En ese momento Peter corregía una postura de Marco y el niño lo obedecía sin chistar, más allá Edmund y Kattherinn supervisaban a Lily y a Leah quienes apuntaban a blancos a mas de 100 metros de distancia. Mientras Narina peleaba con la espada contra Anna y Cedric a la vez, obviamente sin ninguna clase de dificultad.

Rilian no se quiso detener mucho con la escena y siguió caminando, cuando el pasillo empedrado terminaba para comenzar un terreno cubierto de pasto que conducía al bosque se podía ver la playa. Allí sobre la arena blanca estaba de pie Susan, ayudando a su pequeña hija a dar sus primeros pasos, fuertemente sujeta a su mano, a la distancia Rilian podía ver a su padre, observando con una mirada profunda a la mujer y a su hija, intentando desentrañar sus misterios. Rilian a penas y sintió una punzada de ira recorrer su corazón, pero no hiso nada y en su lugar continúo caminando hasta adentrarse en el bosque, a unos metros adentro había un lago donde Rilian y Lucy pasaran muchas tardes durante su largo noviazgo, ahora de pie a lado de su caballo amarrado a un árbol donde el lo dejara horas antes, se encontraba como muchas veces antes la reina valiente.

-Rilian- lo llamo la reina narniana, mirándolo con preocupación, como desde el día en que fueron recatados de la Destructora -¿A dónde vas?

-Solo necesito estar lejos, Lucy- dijo el príncipe, acercándose a su caballo y comprobando que la silla estuviera bien atada -Volveré si eso es lo que te preocupa.

-¿Crees que no me doy cuenta de que todos los días te ausentas durante horas? Quiero creer que sí te vas solo para pensar las cosas, pero algo no me deja hacerlo- explico Lucy, aproximándose al príncipe con un tono que rozaba la desesperación -Por favor, no hagas locuras. No puedes creer lo que esa mujer nos dijo, solo quería destruirnos, por eso su nombre, si le dijéramos a mis hermanos ellos…

-No diremos nada a tus hermanos Lucy- ordeno Rilian mirando a la valiente con el desafío brillando en sus ojos -Deja que yo arregle esto.

-Me preocupa la manera en que piensas arreglarlo- expreso Lucy con una mirada seria en su rostro de porcelana -¿Qué vas a hacer? Me sorprende que hayas pasado tantos días sin explotar.

-Aún no lo sé- negó Rilian, desviando la mirada de los ojos castaños de la joven, apretando los labios hasta que estos tomaron una tonalidad blanquecina.

-Por favor Rilian, yo te amo- expreso la valiente, tomando el hombro de Rilian con una mano y con la otra su mejilla, persuadiendo al joven para que la mirara a los ojos -Tenias razón, solo quería alejarme de ti, entre Zaccaria y yo nunca hubo ni habrá nada. Quédate y hablemos con mis hermanos, arreglaremos esto y después podremos iniciar de nuevo los planes de boda. Por favor.

Rilian la miro atravesándola con sus ojos chocolates, de alguna manera creía totalmente las palabras de la valiente, y se reprochaba el haber pensado alguna vez que ella dejo de amarlo, pero sabia que cuando él tomaba una decisión nunca se retractaba, y ahora había decidido algo que sabia nadie aprobaría. Ni la misma Lucy.

Cerrando los ojos, Rilian rodeo la cintura de quien fuera su prometida alguna vez y unió sus labios en un beso profundo que quería transmitirle todo lo que la había extrañado en esas semanas de separación. Lucy le respondió apasionadamente, moviendo sus labios con energía, transmitiéndole un amor puro y sin límites, como ella siempre lo había amado.

El beso se prolongó durante largos minutos y al final, Lucy sintió como el príncipe apartaba las manos de su cintura y después tomaba la mano que estaba en su hombro antes de separarse y mirarla profundamente a los ojos, antes de volver a colocar sus labios sobre los de ella esta vez en un casto beso. Cuando Rilian se apartó Lucy sintió que colocaba algo en la palma de su mano antes de volver a cerrarla, entonces monto de un salto su caballo.

Lucy miro rápidamente su mano, allí donde Rilian le dejo el anillo que tiempo atrás le diera el día que pidió su mano. La valiente sintió sus ojos llenarse de lágrimas, pero reteniéndolas con fuerte determinación giro la mirada para ver al príncipe que espoleaba su caballo para que avanzara.

-RILIAN- grito Lucy corriendo hasta colocarse enfrente del caballo de Rilian, extendiendo los brazos determinada -NO DEJARE QUE TE VAYAS, NO PUE…

Desgraciadamente Lucy no calculo bien su movimiento, pues no conto con que el caballo de Rilian se encabritaría y que este no podría controlar al animal, quien termino por golpear a la reina narniana con una de sus patas delanteras, haciendo que esta cayera inconsciente en mitad de su grito.

-LUCY- grito Rilian preocupado, saltando del caballo que salió corriendo de vuelta a Cair Paravel, mientras el príncipe se arrodillaba a lado de la joven inconsciente -¿Lucy? Por favor reacciona, Lucy..

La reina no sangraba, pero tenía una zona en la frente donde estaba apareciendo un feo moretón producto del golpe. Rilian al ver que la chica no reaccionaba comenzó a buscar la poción sanadora de la valiente, encontrándola atada a su cintura como siempre, destapando rápidamente para después verter una gota de la misma en la boca de la chica. Pero pese a que el golpe desapareció la reina no reaccionó, al ver eso el príncipe se apresuró a tomarla en brazos y regresar corriendo al castillo.

-AYUDA- grito Rilian a penas salir del bosque, atrayendo la atención de Susan y de Caspian que estaban en la playa y del resto de los reyes que se encontraban en el patio -AYUDA.

-¿Qué paso?- cuestiono Peter llegando rápidamente hacia él y quitándole a su hermana de los brazos -¿Qué le paso a Lucy?

-Estábamos juntos en el lago, yo iba a salir a montar y entonces el caballo se asustó, perdí el control y golpeo a Lucy con su pesuña- explico Rilian, omitiendo convenientemente la parte de su discusión, para entonces el rey magnifico caminaba apresuradamente hacia las puertas de Cair Parvel siendo seguido por toda una comitiva.

-¿Y su poción?- cuestiono Narina, viendo a Peter con la intención de detenerse y comenzar una discusión con el príncipe.

-Ya se la di, pero no despierta- dijo Rilian apesadumbrado.

-Kattherinn busca a Zafira en sus aposentos, que nos encuentre en la habitación de Lucy- ordeno la pelirroja con el ceño fruncido, pero bien sabía que había cosas que solo la hechicera podía explicar, solo esperaba que no sucediera como aquella ocasión cuando por su culpa Peter se había golpeado cuando ella estaba embarazada, lo menos que necesitaba era una reina amnésica.

Pronto estuvieron en la habitación de Lucy, a quien recostaron en su amplia cama, entonces mientras Peter, Edmund y Caspian interrogaban a Rilian sobre lo que había pasado, Narina miraba ansiosamente a la puerta esperando la llegada de la estrella. Susan había llevado a los niños con una de las cocineras, para que los entretuviera pues todos se asustaron al ver a su tía inconsciente.

Susan regreso a los pocos minutos acompañada de Kattherinn y Zafira, quien desde que había regresado del cielo se quedó de huésped en el castillo, caso contrario a Zaccaria, quien escapo rápidamente con la escusa de vigilar la varita de Jadis, o de Jill y Eustace, que regresaron a Reignis para supervisar la situación, dejando a los reyes de Nayka unos días por cualquier cosa.

-Déjenme sola con ella- pidió la estrella, despachando a todo el mundo de la habitación.

Los hermanos de Lucy creyeron sin dudar en la historia del príncipe sobre todo porque este se mostraba en extremo preocupado por su ex-prometida. A los pocos minutos Zafira salió del lugar con expresión tranquilizadora.

-Lucy esta bien, no tardara en despertar- anuncio, aliviando a todos los que esperaban noticias de la reina valiente -El golpe no fue muy fuerte y la poción la curo completamente.

-¿Por qué no despierta?- pregunto Narina con el ceño fruncido -¿Crees que suceda algo como lo que le ocurrió a Peter hace años?

-Cuando se trata de golpes en la cabeza el cerebro tarda en procesar que el daño ha desaparecido- explico Zafira en base a su basta experiencia -Y en cuanto a lo de Peter lo veo muy improbable, cada cuerpo es diferente, y en ese caso el golpe no tuvo mucho que ver en la amnesia.

Cuando todos comenzaban a recuperar el color en la cara, un Zaccaria agitado y con cara de preocupación apareció corriendo por el pasillo

-¿Zaccaria?- cuestiono Narina sorprendida -¿Cómo te enteraste? Descuida Lucy está bien.

-¿Lucy?- pregunto la estrella al recuperar el aliento -¿Qué le paso a Lucy?

-Ella esta bien- intervino Kattherinn preocupada -Pero si no vienes por lo de Lucy ¿Qué haces aquí?

-Vine a avisarles- dijo la estrella con rostro serio -Daba mis rondines como me encargaste Narina cuando me di cuenta, la Policía Secreta acaba de desembarcar en Galma, van armados hasta los dientes.

-¿Galma?- cuestiono Narina frunciendo el ceño -¿Otra vez? ¿Por qué no nos han avisado antes?

-No creo que estén en condiciones- negó Zaccaria –Han nombrado hoy a Cristhian como duque.

-¿Cristhian es el duque?- cuestiono Susan sorprendida.

-¿No es el quien te salvo cuando llegaste Susan?- cuestiono Edmund a su hermana que solo asintió aun sorprendida.

-El duque Christian se preparaba para responder, dudo que haya previsto mandar un mensajero, es demasiado nuevo en estas cosas- prosiguió Zaccaria -Y si lo hubiera hecho aun tardaría horas en llegar, el ataque apenas comenzaba.

-¿Por qué no sentí nada?- cuestiono Narina extrañada.

-Acababa de ocurrir lo de Lucy, seguro fue por eso- intervino Kattherinn -Hay que organizarnos para ir a ayudarles.

-Ya mandé a avisar a Eustace- agrego Zaccaria mirando a la pelinegra -Si usa uno de los portales llegara incluso antes que nosotros.

-Hay que preparar los barcos- dijo Peter con voz seria y mirando a Narina agrego -No tengo que aclararte que tu no vas ¿Cierto?

-Lo sé- asintió la pelirroja, abrazándose inconscientemente el vientre -Me quedare y cuidare a los niños por cualquier cosa.

-Yo también me quedo- intervino Rilian con voz indiscutible -Cair Paraver no se puede quedar solo con tantos niños, Lucy herida y Narina embarazada.

-Me parece buena idea- hablo Caspian pensativo -Rilian y Narina se quedan, los demás hay que prepararnos, el barco estaría listo en media hora.

-¿Zafira?- la llamo Narina antes de que todos se dispersaran -¿Iras con ellos?

-Yo…- dudo la estrella mirando pensativamente la puerta de la habitación de Lucy -No lo sé.

-¿Estas loca, Narina?- cuestiono Zaccaria mirando de Zafira a la reina pelirroja -¿Has olvidado lo que paso la ultima vez que Zafira nos acompañó a una batalla.

-Han pasado años de eso- dijo Narina, mirando molesta a la estrella y recordando ciertos relatos que la estrella le contara sobre lo que había hecho en esos años de ausencia, prosiguió -Además ahora Zafira está mejor preparada, y creo que debería acompañarlos.

-Es buena idea- exclamo Rilian de pronto -Ella preverá si algo malo esta por pasar.

-No lo sé- negó Zafira dudosa -Tal vez deba quedarme...

-Acompáñalos- dijo Narina, y su tono no daba cabida a replicas. Pronto todos abandonaron el pasillo yendo a prepararse para partir, con excepción de Rilian, quien entro a ver a la reina valiente. Dejando solas en el pasillo a Zafira y a Narina.

-Siento que algo pasara- confeso la estrella en un susurro a la reina pelirroja -Y no puedo dejar de sentirme ansiosa porque no sé qué es.

-¿No has visto nada en tus visiones?- pregunto Narina sorprendida.

-Creo que lo que sea que pasara aún no está decidido- respondió la estrella -Ten cuidado.

Narina asintió viendo como la estrella desaparecía del pasillo, dudo entre ir a supervisar la embarcación y en entrar a la habitación de Lucy, pero al final decidió que tal vez debía darle un tiempo al príncipe y a la valiente, quizás después de esto al fin se podían reconciliar. Narina tenia fe en que esa relación saldría adelante, lo cual era en extremo raro dado que nadie más les tenía fe.

Dentro de la habitación Rilian observaba en silencio a Lucy inconsciente, dudando en irse o quedarse a su lado, de verdad lamentaba la manera en la que ocurrieron las cosas, su intención nunca había sido lastimar a la chica, pero había caminos que debía recorrer solo y decisiones que solo él podía tomar.

Sentado en la cama a lado de la valiente, Rilian tomo una de sus manos, observando que esta se encontraba fuertemente cerrada, extrañado Rilian forzó sus dedos a abrirse, encontrando en la palma de la mano de Lucy el anillo de compromiso que le acababa de devolver momentos antes del accidente. Casi por inercia Rilian coloco el anillo de vuelta en la mano de la reina.

Recordaba perfectamente el día en que ese anillo fue entregado a Lucy. Rilian había pensado en pedir la mano de Lucy por varios meses, para el era algo natural, pese a que cuando se lo planteo a Eustace y a Edmund, ambos le pidieron que lo pensara bien.

-Un matrimonio no es algo para tomarse a la ligera- dijo Edmund con tono serio.

-Y menos con Lucy- agrego Eustace, lanzándole miradas nerviosas a Edmund -Solo piensa en lo que Peter y Edmund te harán si algo sale mal.

Aun pese a la advertencia de sus amigos a Rilian le parecía buena idea. Tal vez no llevaran la relación más estable y llevaban muchas peleas en su historial, pero sabía que el jamás tendría a alguien más, no como tenia a Lucy. Así que decidido partió hacia Archenland donde mando hacer un anillo de compromiso hecho de oro puro y con un diamante enorme, que brillaba en muchos colores cuando el sol lo atravesaba.

Después había aprovechado la fiesta de cumpleaños de la valiente para pedir su mano enfrente de todo Narnia. Recordaba perfectamente el brillo de los ojos de Lucy, cuando lo vio con el anillo en la mano pidiéndole su mano en matrimonio y después cuando Peter les dio su bendición para casarse.

Después de ese día por más que peleaban Lucy jamás le devolvió en ninguna ocasión el anillo, y nunca se lo quitaba, hasta ese día, cuando decidió terminar su relación con él para darle la oportunidad a Susan de ser feliz con su padre.

-Es algo que tengo que hacer- murmuro Rilian cerrando los ojos mientras besaba el anillo en la mano de la chica -Cuando vuelva seguiremos con nuestros planes y nos casaremos. Lo prometo.

La chica no despertó, pero aun así Rilian abandono la habitación. Minutos después el Viajero del Alba zarpaba de Cair Paravel rumbo a Galma.

Narina superviso que los niños comieran a su hora y después de eso los llevo al cuarto de juegos que mando realizar cuando sus hijas comenzaron a aprender a gatear. Allí se quedarían mientras ella echaba un vistazo a Lucy.

Sin embargo, cuando Narina llego a la habitación de la valiente esta no se encontraba consciente aun, pero la reina pelirroja noto enseguida que la joven llevaba nuevamente su anillo de compromiso, lo que le dio esperanzas de que quizás antes del accidente ella y el príncipe se hubieran reconciliado.

Llevaba algunos minutos en la habitación cuando escucho pasos cerca y no tuvo mucho que esperar cuando observo a Rilian entrar a la habitación.

-Me preguntaba si te habías esfumado nuevamente- comento Narina haciéndose notar -Llevaba sin verte desde que el barco partió.

-Tenia que resolver algunos asuntos- murmuro el príncipe, sentándose en la cama y tomando la mano de la muchacha inconsciente, después agrego, como para evitar preguntas -Asuntos personales.

-¿Organizar una boda quizás?- pregunto la pelirroja traviesamente, señalando la mano de Lucy que Rilian tenia entre las de el -No pude dejar de notarlo.

-No hagas suposiciones- negó Rilian mirando a la pelirroja con gesto serio -Y no es algo que te incumba de todos modos.

-Me alegra- agrego Narina, divertida ante la seriedad del chico -Sabia que al final quedarían juntos de nuevo.

-¿Te lo dijo una estrella?- cuestiono Rilian mirándola sin cambiar su seriedad, aunque por su tono, no era una pregunta seria.

-No- negó la reina sonriendo -Lo digo yo, era muy evidente que estaban destinados. Lo supe desde ese día en que entré en esta misma habitación y los encontré besándose.

Rilian guardo silencio, girando a mirar a la valiente de nuevo, sin dar muestras de que escuchara a Narina, quien continuaba hablando.

-Se que es difícil dejar el pasado atrás, las personas con un pasado feliz lo dicen fácilmente, pero gente como tu o yo sabemos que no es así- negó Narina, mostrando ahora un rostro de seriedad -Sin embargo, cuando encapsulas el ayer y lo arrastras al hoy, después, cuando quieres soltarlo de verdad, te das cuenta de que ya esta tan adentro de ti que no puedes.

-¿Lo dices por experiencia?- pregunto Rilian aun sin mirarla, por lo que no pudo ver el asentimiento de la reina -No compares tu pasado con el mío.

-Claro que no- rio Narina sarcásticamente -Yo he vivido mas de mil años, tu pasado comparado con el mío es un juego de niños, pero se que no tanto si lo comparas con personas como los Pavensie o Caspian. Quienes la han tenido difícil a su modo.

-¿Entonces que te hace pensar que me puedes dar un consejo?- pregunto el príncipe mirándola al fin con la ira brillando en tus ojos color chocolate -Tu no tuviste madre.

-En eso te equivocas- negó Narina, ya sin rastro de diversión -Y mis padres son mil veces mas disfuncionales que los tuyos.

Rilian guardo silencio, durante años ante el desfilaron un gran número de personas aconsejándole que dejara ir al pasado, esta vez no era diferente. Y ahora menos que nunca podía dejar ir ese pasado.

-Aun no has hecho nada que haga que no merezcas a alguien como Lucy, eres una buena persona Rilian- dijo Narina acercándose a la ventana de la habitación, sabiendo que el príncipe no quería escucharla -Y no quieres experimentar la tristeza de amar a alguien a quien todos, sobre todo tu, saben que no lo mereces.

Rilian pensó en las palabras de Narina, palabras que hoy mas que nunca le sabían amargas. Abrió la boca para responder, pero no tuvo la oportunidad.

-Demonios- exclamo Narina alarmada -Hay hombres armados dirigiéndose a las puertas.

-¿Qué?- cuestiono Rilian poniéndose rápidamente de pie -¿De qué hablas?

-No son de los nuestros estoy segura- prosiguió Narina apresurándose a la puerta -Quédate con Lucy y llévala a un lugar seguro, yo iré a asegurar a los niños, están en el cuarto de juegos.

Cuando Narina hubo salido de la habitación, Rilian se acerco a Lucy y coloco un beso en sus labios.

-Perdón- susurro el príncipe sobre los labios de la mujer -Nadie saldrá lastimado, lo prometo.

Con el sabor de los labios de Lucy aun en su boca, Rilian salió de la habitación y una vez afuera la cerró con seguro, después busco una pequeña mesa que estaba en el pasillo sosteniendo un jarrón de flores y tirando el jarrón tomo la mesa y la coloco contra la puerta inmovilizando la perilla. Nadie podría salir de esa habitación.

Narina corrió como posesa por el castillo, su mente dividida en buscar a los niños y en pensar el cómo se atrevían a atacar el castillo. Cair Paravel era una fortaleza, siempre lo había sido, y ella se encargo desde que nacieron sus hijas de que el castillo estuviera mas protegido que nunca. Nadie se atrevería a atacar el castillo a menos que fuera con catapultas y todo un ejército. Pero cuando ella miro por la ventana solo pudo percatarse de un escuadrón con no mas de 20 personas. ¿De verdad creían que los podrían vencer?

Cuando Narina llego a la habitación de juegos, entro en tropel, para entonces ya había desenfundado su espada y miraba de un lado a otro, pero por mas que buscaba no había encontrado a nadie en su recorrido, ni amigo ni enemigo. ¿Qué estaba pasando?

-¿Mamá?- cuestiono Anna, poniéndose de pie alertada por la expresión de alarma en el rostro de su madre.

-¿Dónde están los demás?- pregunto Narina alarmada, pues de 7 niños que había dejado una hora antes solo 4 se encontraban en el lugar.

-Emma se durmió e Ian y Leah fueron a llevarla a su habitación- explico Marco, con los ojos abiertos de la impresión al ver la expresión de su tía.

-Vámonos- los apresuro Narina, aun estando de pie en el umbral de la habitación -Tengo que llevarlos al refugio.

Cedric, Anna y Lily entendieron enseguida lo que la reina quería decir, desde que aprendieron a caminar sus padres les habían enseñado donde estaba el refugio, y que el día en que ellos les ordenaran ir ellos no podían cuestionar nada, solo obedecer, pues eso significaba que estaban siendo atacados por gente mala. Cedric no hacia mucho que había vivido su primera experiencia con el refugio, contrario a Anna y Lily que, aunque sabían que hacer, nunca habían vivido la experiencia. Ya no digamos de Marco.

Lily tomo enseguida la mano de Marco al verlo asustado y sin entender nada, y los cuatro niños avanzaron a la puerta, donde Narina continuaba de pie, incitando a que sus hijas y sus primos se apresuraran.

Anna fue quien se percató primero.

-MAMÁ CUIDADO- grito la niña, sin embargo, aunque Narina intento girar a mirar detrás de ella, algo impacto en su cabeza dejándola inconsciente inmediatamente causando que se derrumbara en el suelo.

Anna, Lily y Marco corrieron enseguida a ver el estado de la mujer, quien aún caída no había soltado su espada. Cedric en cambio permaneció de pie mirando con incredulidad al atacante.

-¿Tío Rilian?- cuestiono el pequeño príncipe de Nayka, observando al hijo de Caspian X, quien se encontraba de pie unos pasos por detrás de la puerta, desde donde había roto un jarrón en la cabeza de Narina -¿Qué has hecho?

Rilian no contesto, permaneció en su lugar el tiempo suficiente para que Anna se recuperara de la impresión y tomando la espada de su madre de su mano, la apuntara contra el príncipe.

-ALEJATE DE NOSOTROS- grito la pequeña niña pelirroja. Rilian reacciono al momento, y sin decir nada cerró la puerta, asegurándola como momentos antes lo había hecho con la puerta de la habitación de Lucy. Después siguió su camino, aun no encontraba a su objetivo.

En otro lugar de Cair Paravel Lucy comenzaba a reaccionar. Escuchaba un leve ajetreo y sentía un dolor de cabeza que la hiso incorporarse en medio de un demoledor mareo. Sentada en su cama intento recordar que era lo que había pasado y porque termino inconsciente en su habitación.

Una profunda desesperación se agito en su corazón al recordar a Rilian subiendo a su caballo y a ella intentando pararlo, sabiendo que el príncipe estaba a punto de arriesgarlo todo en una cruzada insana. Al seguir escuchando alboroto proveniente de afuera del castillo Lucy se acerco a los grandes ventanales de la habitación, a lo lejos a penas y podía distinguir la vereda que llevaba a las grandes puertas del castillo, que en ese momento se encontraban defendidas por dos centauros que peleaban contra una multitud, no le fue difícil adivinar que no eran precisamente amistosos.

-Oh por Aslan- exclamo Lucy, llevándose ambas manos a la boca en un gesto de angustia -¿Qué hiciste Rilian?

Apresurada y aun algo mareada, Lucy se encamino a la puerta, intento abrirla girando la perilla, pero pronto averiguo que la puerta estaba cerrada con seguro desde afuera, así que no podía abrirla.

-Tengo que salir de aquí- se dijo Lucy sintiendo la angustia en su corazón aumentar súbitamente.

Lucy comenzó a patear y a embestir la puerta con todas sus fuerzas, pero era una chica menuda contra una pesada puerta de madera, así que la puerta simplemente no cedía ante su peso.

-Por favor, Aslan ayúdame- rogo la reina narniana respirando fuertemente -No puedo dejar que Rilian cometa una locura.

Lucy observo la pesada puerta de su habitación, que en ese momento le parecía mas una cárcel. Sabia que apenas ser rescatados de la Destructora debió hablar con sus hermanos, confesarle a Susan todo lo que esa mujer había dicho y pedirle que le explicara, que le afirmara que no era cierto. Podían haber pedido la ayuda de Kattherinn y de Narina, que ellas les ayudaran a comprobar la mentira de esa maldita. Pero Lucy no se podía mentir a sí misma, y había que admitir que hasta ella dudo al escucharla, y es que sus palabras parecían ser tan ciertas. Tenia una manera de mentir que te hacia pensar que solo sus palabras eran verdaderas.

Lucy no se perdonaría nunca que alguien saliera herido por su imprudencia, por haber guardado silencio en nombre de su amor por Rilian. Ojalá hubiera hablado, pero no era momento de lamentarse, era momento de actuar. Y ella no se rendiría.

-En nombre del océano del oriente, yo soy la reina Lucy, la valiente- exclamo Lucy con voz fuerte y decidida -Y por Aslan que abriré esta puerta.

Lucy tacleo la puerta con toda la fuerza de su menudo cuerpo y como si fuera magia, el seguro de la puerta cedió y se abrió unos cuantos centímetros. Sin desanimarse, Lucy tomo vuelo nuevamente y esta vez la puerta se abrió con un fuerte estruendo. Al salir corriendo logro percatarse de la mesa tirada en el suelo y que imaginaba antes estaba bloqueando la puerta.

Lucy no sabía qué dirección seguir así que comenzó a correr al lugar donde había visto por última vez a los niños, a mitad del camino pensó que si ya habían detectado a los intrusos obviamente no estarían en el patio sino en el refugio, por lo que se detuvo abruptamente y comenzó a correr en la dirección por la que había venido. Mientras más recorría Cair Paravel más se alarmaba, parecía que no había un alma en todo el lugar, y el ruido de las batallas en el exterior se veían amortiguadas debido a las paredes de piedra.

Iba a mitad de camino del refugio cuando lo escucho, pequeños puños que chocaban contra la madera, y gritos ahogados que pedían ayuda. Lucy reconoció al instante las voces: Marco y Lily. Con gran angustia siguió las voces que la guiaron a la gran sala que su hermano acondiciono como sala de juegos para sus hijas.

-¿NIÑOS?- grito Lucy al llegar a la puerta, retirando una mesa que bloqueaba la puerta -SOY SU TIA LUCY, ¿ESTAN ALLÍ?

-TÍA LUCY, AYUDANOS- contesto Marco antes de escuchar como alguien le pedía que guardara silencio. Cuando Lucy termino de abrir la puerta el desconcierto la envolvió.

Narina se encontraba en el suelo con la cabeza apoyada en las piernas de Lily, Cedric y Marco se encontraban de pie alrededor de la reina pelirroja, mientras que Anna sostenía una espada que reconoció como la de su madre, y que le apuntaba con una expresión de fiereza que resultaba chocante en una niña de 5 años.

-¿Qué paso aquí?- cuestiono la valiente dirigiendo sus pasos hacia la reina inconsciente, antes de que Anna le cortara el paso con espada en mano.

-No te acerques- exclamo la niña con valor, aunque Lucy noto que la voz le temblaba un poco.

-Soy yo Anna tu tía Lucy- exclamo la reina valiente levantando las manos en son de paz -Solo quiero ayudarles ¿Qué paso?

-Rilian golpeo a mi tía Narina- dijo Cedric adelantándose un paso y colocando una mano en el pequeño hombro de su prima -Esta bien Anna, ella no le hará daño.

Ante las palabras de su primo, Anna bajo la espada no sin cierta reticencia. Lucy se acerco a Narina e hincándose vertió una gota de su poción en la boca de la mujer. Esta despertó súbitamente con una expresión cercana al pánico, incorporándose rápidamente hasta quedar sentada los miro a todos con expresión analítica.

-¿Qué paso?- cuestiono Narina mirando a sus hijas y cerciorándose de que estas parecían estar bien, aunque Lily se lanzo enseguida sobre ella envolviendo su cuello con sus pequeños bracitos y sollozando con fuerza.

-Tía Narina- llamo Cedric acercándose a la mujer y entregándole la espada que tenía Anna momentos atrás -El tío Rilian te golpeo y luego nos encerró aquí.

-¿Rilian?- pregunto la pelirroja desconcertada, percatándose al fin de que la valiente estaba frente a ella, al parecer ya recuperada, e incapaz de sostenerle la mirada -¿Qué sabes de esto Lucy?

-Lo siento Narina- sollozo Lucy llevándose la mano a la cara y retirando las lágrimas que se habían deslizado sin permiso por sus mejillas -Debí de decirles lo que había pasado en la Destructora, no creí que Rilian llegara tan lejos.

-¿En la Destructora?- cuestiono Narina abriendo los ojos sorprendida -¿Quieres decir que Rilian se alió con los que los secuestraron? ¿Es el responsable de este ataque a Cair Paravel?

-No exactamente, el no quiere lastimar a nadie y en definitiva nunca se aliaria con ellos, pero…- explico Lucy mirando al fin a Narina a los ojos -Quiere llevarse a Ian. Lo necesita.

-Tu y ese chico idiota tienen muchas explicaciones que dar- murmuro Narina, poniéndose al fin de pie -Busquemos a los otros tres niños, Rilian ya debe estar con ellos.

Llegaron minutos después a la habitación que compartían Leah y Emma, esta como las otras dos puertas estaba bloqueada con una mesa, desde dentro se podían escuchar los lloros de una niña pequeña que ninguno tardo en relacionarlos con Emma.

Narina desbloqueo rápidamente la puerta, y al ingresar encontraron a Leah debajo de la cama aferrando fuertemente a la pequeña Emma.

-Esta bien Leah- la llamo Lucy, instándola a salir -Todo estará bien, ven con nosotros.

Aun algo reticente la niña salió de debajo de la cama y entrego a Lucy a la pequeña Emma.

-¿Dónde esta Ian?- pregunto Narina con el ceño fruncido.

-Rilian dijo que debía de acompañarlo a buscar a alguien, y me advirtió que no saliera de la habitación- anuncio la pequeña -Yo no quería separarnos, pero Rilian no quiso llevarme con ellos.

Narina frunció aún más el ceño, no lograba entender que guiaba a Rilian a querer llevarse a Ian. Sabia que el chico se oponía a la relación entre Susan y Caspian, y que no le agradaba exactamente que el primogénito de la benévola llevara el nombre de su padre, pero de ahí a que aprovechara una revuelta para llevarse a Ian. Era algo sumamente extraño, y por la cara de Lucy, más grave de lo que parecía ¿Rilian habría sido capaz de dejar entrar al enemigo para poder llevarse a Ian? ¿Y a donde lo llevaba? ¿Para que lo necesitaba? Cuando eso acabara el chico tendría muchas explicaciones que dar.

-Lleva a los niños al refugio Lucy- pidió la hija de Aslan, mirando a la valiente con firmeza -Yo iré a interceptar a Rilian.

-Esta bien, ten cuidado Narina- pidió la valiente, de alguna manera queriendo evitar el enfrentamiento con Rilian -No puedes dejar que se lleve a Ian.

-Tranquila- sonrió Narina con cinismo -Primero lo mato y luego lo revivo para que me dé una explicación.

Cargando a Emma y con los niños siguiéndola, Lucy abandono la habitación. El refugio de Cair Paravel tenía su entrada en un ala del castillo oculta que alguna vez había sido habitada por Narina en los tiempos antes de la fundación de Nayka. Narina se los había mostrado a todos luego del nacimiento de sus hijas, está mando construir todo un sótano al que se ingresaba por esa habitación pero que tenia una salida externa por si Cair Paravel caía y tenían que escapar del castillo.

La entrada se ubicaba detrás de una estatua de Aslan que portaba una corona con cuatro picos, lo único que había que hacer era presionar el pico central, donde se encontraba una gema en forma de diamante, entonces la estatua se hacia a un lado y dejaba ver una entrada que daba a un pasillo oscuro, mas adentro se encontraba una gran sala, con inmensos sillones y una mesa redonda, y dos habitaciones más. Una era la habitación que antes era de la reina pelirroja, la otra era una cocina. Sin embargo, cuando girabas una de las antorchas fijas en la pared, esta abría una trampilla con unas escaleras angostas que bajaban al sótano.

Lucy se concentro tanto en llegar a salvo al refugio que por un momento hasta fue capaz de olvidar las acciones de Rilian, pero al llegar a la imponente estatua de Aslan todo vino de nuevo a ella, pues al presionar el diamante que abría la puerta, se percato del anillo en su dedo. Sabia que Rilian se lo había devuelto sin embargo al caer inconsciente después de su discusión con el príncipe, Lucy estuvo segura de que se le había caído, no recordaba habérselo puesto. Eso solo dejaba una explicación. El príncipe lo había puesto en su mano.

Lucy no sabia que pensar al respecto, podía tomar eso como una esperanza de que Rilian arreglaría las cosas y su matrimonio al final se llevaría a cabo. O quizás era una despedida, porque Rilian sabia mejor que nadie, que, si el hacia lo que esa mujer le pidió, estar juntos seria imposible. Lucy nunca lo perdonaría ni a ella por no haber hablado, confiando en que el príncipe tomaría la decisión correcta.

Lucy permaneció sumergida en sus pensamientos hasta que abrió la trampilla que se dirigía al sótano, Marco se veía asustado, era normal, cuando le habían dicho que ahora era un príncipe nunca le hablaron de las amenazas que recibiría por el título que ahora tenía. Lily se veía casi tan asustada como Marco, pero se notaba que quería guardar la calma, lográndolo poco a poco. Mientras Anna y Cedric parecían mas bien preocupados y pensativos, eran los únicos que alcanzaban a razonar las implicaciones de lo que acababa de pasar. Nada bueno podía salir de esto. Leah en cambio se veía mas preocupada por su hermano Ian, aunque siempre era difícil descifrar a alguien como ella, su rostro nunca parecía decir nada.

Cuando la trampilla estuvo abierta y Lucy se disponía a bajar por las escaleras con Emma en brazos, fue interceptada por Anna que la miraba con gesto serio.

-Déjanos aquí y vuelve con mamá, tía Lucy- exclamo casi como una orden, un tono extraño para alguien de su edad, pero que de alguna manera parecía natural siendo la hija de quien era -Estaremos a salvo abajo, tu en cambio serás de ayuda allá.

-Hazle caso tía Lucy- intercedió esta vez Cedric, su gesto con toda la seriedad que su metro de estatura le conferían -Ve ayudar a la tia Narina, mis padres y mis otros tíos se fueron en un barco hace horas, no pueden ayudarla.

Lucy ni siquiera se cuestionó a donde habían ido sus hermanos, solo quería decirles que no podía, que no quería enfrentarse a la realidad. No quería ver a Rilian pidiéndole que le dejara llevarse al pequeño Caspian, sabia que respondería. Jamás permitiría que un pequeño pagara por errores de antes de que naciera, no podría ver a su hermana Susan a la cara si dejara que Rilian se lo llevara, aunque supiera que este no quería hacerle daño. Lo que Lucy no podía saber era la reacción de Rilian si no lo dejaba llevarse a Ian. ¿La obligaría? ¿Se enfrentaría a ella para llevárselo? De alguna manera no quería aceptar, mas bien le era imposible hacerlo, que Rilian pudiera pelear con ella para llevarse a Ian. No, se dijo, repitiéndolo mil veces más, Rilian jamás le haría daño. Incluso la idea de que se enfrentara a Narina, quien siempre les daba órdenes y jamás expresaba que los apreciara, aunque sea un poco, le parecía mas aceptable que el que se enfrentara a ella.

-No temas- dijo de pronto Leah, quitándole a Emma de los brazos -Tienes que hacer lo correcto.

Lucy miro por un momento los ojos de la niña, estos eran de un profundo azul, como el de su hermana Susan y su hermano Peter. Se pregunto qué tanto podía saber ella de sus dilemas ¿Acaso era tan transparente? Leah siempre tenia una manera de mirar a las personas, que te hacia creer que te atravesaba el cuerpo y te leía el alma.

Lucy miro de nuevo el rostro de los cinco niños. Sus sobrinas gemelas, ambas temerosas de que algo le pasara a su madre, una que era toda bondad y cariño para quienes la rodeaban y otra que era toda valentía y decisión, pero que no podía hacer mucho por los que amaba con tan solo 5 años. Miro a Cedric, quien siempre fue demasiado inteligente para su edad, que no quería demostrar su miedo ante actos que simplemente no lograba comprender. Era tan pequeño aun que viviendo en donde lo hacía aun no comprendía la maldad. Y por último observo a los tres hijos de su hermana Susan. Durante esos días que habían convivido se pudo percatar de como para ellos Ian era una figura que seguir, un ejemplo, se sentían protegidos a su lado casi tanto como lo hacían con Susan.

Eran cuatro, pensó Lucy. Como ella y sus hermanos. Recordó la angustia que sintieron el día en que Edmund desapareció, aun habiéndose ido por su propia voluntad, no podían estar tranquilos sabiendo que su hermano estaba en peligro. No les deseaba a nadie pasar por ese sufrimiento. Debía devolverles a su hermano, como Aslan le devolvió una vez el suyo.

-Quédense en el refugio y no abran hasta que vengan sus padres por ustedes- ordeno Lucy con decisión -Anna, Lily saben que hacer y donde está todo.

-Suerte, tía Lucy- murmuro Lily dándole un rápido abrazo -Que Aslan te acompañé y la madre Narnia guie tu camino.

Cuando todos los niños hubieron entrado por la trampilla, Lucy cerro el refugio, las palabras de Lily grabadas a fuego en su mente. Narina podía no querer a Aslan, se había desligado de el como padre desde hacia siglos, pero de alguna manera aun le guardaba algo de respeto, por ello enseño a sus hijas a querer, como ella no lo hacía, respetar y temer a Aslan. Y del mismo modo a que vieran a Narnia casi como una entidad viviente, un ser con sentimientos y sumamente poderoso, capaz de convertir una pequeña manzana en un ser humano. Para las hijas de Narina y Peter, Narnia era una segunda madre, alguien que las cuidaba a donde fueran.

Narina todas las noches les contaba una leyenda, según la cual la madre Narnia vivía en el País de Aslan, podía tomar la forma que escogiera, cualquier animal, planta o persona, ante ella iban todos aquellos que morían en Narnia, ella juzgaba sus actos y decidía si los dejaba quedarse en sus tierras o arrojarlos a un foso sin fondo, donde caían durante toda la eternidad, sin poder saciar su sed o su hambre, sin volver a ver a nadie más, solo conscientes de su existencia.

La madre Narnia tenia prohibido intervenir de cualquier forma en la superficie narniana, debía dejar que las cosas ocurrieran según lo escrito, pero a la madre Narnia no le gustaba eso, pues cuando sufrían aquellos que habían sido elegidos para la grandeza, Narnia padecía en carne propia su sufrimiento.

-Algún día Narnia se cansará- decía entonces Narina, con una expresión ansiosa -E intervendrá en nuestras vidas, y cuando lo haga comenzará la época más brillante de Narnia, labrada a costa del sufrimiento de quien ella más ama.

-¿Qué es lo que hará Narnia cuando venga?- preguntaba siempre Lily, preocupada ante las palabras sombrías de su madre.

-Nadie sabe- negaba la pelirroja con una sonrisa que intentaba calmar a su hija -Pero dicen que terminara con todo aquello que fue construido, a base de dolor creara algo mejor.

-¿Y cuándo será eso?- cuestionaba esta vez Anna.

-Quien sabe- respondía de nuevo Narina, encogiéndose de hombros -Siempre pregunto a Aslan y nunca me dice, siempre responden lo mismo.

-¿Qué cosa?- preguntaban esta vez ambas.

-Cuando el todo sea nada- contestaba Narina, sonriendo como si esa frase significara algo para ella. La leyenda siempre terminaba así.

A Lucy siempre le había parecido algo extraña esa manera de ver las cosas, pero al mismo tiempo tan fantástico como siempre era todo en Narnia. Esta vez decidió que tal vez no era muy tarde para cambiar sus creencias.

A kilómetros de distancia los reyes de Narnia hacía tiempo que habían desembarcado en la isla de Galma. Al llegar Susan se encontró con los mismos guerreros que atacaron la isla el día en que fue secuestrada. Eran altas figuras oscuras y sin rostro, cada vez que caían se deshacían en millones de pequeños pedazos de metal que al poco tiempo se volvían a agrupar. Esto se repetía una y otra vez. Parecían ser invencibles y si había una forma de acabar con ellos, aun no la habían descubierto.

La vez pasada según les habían contado, el ejército invasor se retiró después de que su objetivo fue logrado: capturar a Susan. Esta vez ninguno sabía cuál era su objetivo.

A penas desembarcar el ejercito comandado por Peter se abrió paso hasta llegar al castillo ducal, donde esperaban encontrar al Duque Cristihan pero al llegar al castillo se encontraron con la sorpresa de que este no se encontraba allí.

-Salió en cuanto inicio el ataque- dijo el que en ese momento comandaba a los guardias de Galma en la batalla -Se llevo a sus hombres mas cercanos, no lo hemos visto desde entonces. Tal vez ya a caído.

Peter suspiro con fuerza y al instante junto al resto de los reyes de Narnia y las dos estrellas, tomaron el mando de la situación.

Mientras Peter, Caspian y Susan defendían el castillo, Zaccaria y Zafira defenderían los pueblos al este de la isla, Edmund y Kattherinn al oeste. Los cuatro con indicaciones de estar atentos por si el duque llegaba a aparecer.

Kattherinn y Edmund no tardaron en llegar a una pequeña aldea al oeste de la isla, la cual era saqueada por el enemigo y algunos miembros de la Policía Secreta, no les fue difícil acabar con estos, en cambio los guerreros de metal eran más difíciles de repeler. La aldea era un autentico caos, las casas estaban prendidas con fuego y los aldeanos corrían de un lado a otro. Los reyes de Nayka junto con la parte del ejercito que llevaron al lugar, a penas y se daban abasto abatiendo a todos los enemigos.

-Hay que buscar un refugio para los aldeanos- exclamo Edmund en un momento de respiro, dirigiéndose a su esposa.

-Hay que dirigirlos allá- indico la mujer, señalando una estructura grande en la que los aldeanos almacenaban el grano y otros alimentos -Ábreles camino, yo los dirigiré.

Ambos esposos se separaron, con la sincronización a la que habían llegado después de años de matrimonio. Eran una pareja estable que, a pesar de las dificultades de los primeros meses de su relación, habían sabido superarlos y unirse mas que nunca.

Cuando Kattherinn quedo embarazada, no fue mas que el resultado del inmenso amor que se tenían. Al contrario que la concepción de Anna y de Lily, Cedric fue planeado y esperado con inmenso amor. Aunque mas de un sobresalto tuvo durante su embarazo, Edmund se encargaba de consentirla y hacer que se sintiera amada no solo por ser su esposa sino la futura madre de su hijo.

El día en que se puso de parto fue un día como cualquier otro, se suponía que aún le faltaban algunas semanas para que su embarazo terminara, pero ese día nada más levantarse comenzó a sentirse extraña y a media mañana los dolores de parto comenzaron, no había pasado ni 30 minutos para cuando Zafira llego. Venia sola y enseguida se hiso cargo de la situación. Su parto duro 23 horas. Horas que paso sufriendo en la agonía de no poder traer a su hijo al mundo.

Cuando al fin Cedric había nacido, Kattherinn quedo inconsciente, cuando despertó Edmund se encontraba a su lado, pálido y ojeroso, se veía sumamente mortificado, Kattherinn no tardo en saber por qué. Fue Edmund quien le dio la noticia. Zafira apareció después, cuando Kattherinn lloraba mientras gritaba que no era cierto. Esta apareció con el bebé recién nacido en los brazos, se lo entrego a manera de consuelo antes de repetir las palabras de Edmund. Era casi imposible que ella volviera a ser madre.

Edmund no se aparto de su lado desde entonces, siempre al pendiente de que nada le faltara. Mas tarde ese día, Kattherinn amamantaba a su bebé, mientras no podía dejar de lamentarse y amargas lágrimas salían de sus ojos.

-No llores más- dijo de pronto Edmund, apareciendo a su lado, ni siquiera había notado cuando este llegara. En silencio se sentó a su lado y la rodeo con uno de sus hombros -Tenemos a Cedric y nos tenemos a nosotros. No necesitamos nada más.

-Tu querías una gran familia- susurro Kattherinn en medio de su llanto -Al menos tres hijos dijiste, jamás podré cumplir tu sueño.

-Tu eres mi sueño, mi amor, mi vida- respondió Edmund colocando un beso en su frente -No necesito nada más.

Aun así, después de eso, Kattherinn no se resignó. En cuanto dejo de amamantar a Cedric decidió intentar embarazarse de nuevo. Tardo un año en conseguirlo, ni siquiera sabia que estaba embarazada cuando el bebe fue expulsado de su cuerpo, tenía 4 semanas. 10 meses después volvió a quedar embarazada, cuando se lo anunciaron ella y Edmund decidieron guardar silencio, precavidos sobre cualquier cosa que pudiera pasar. Aun con todos los cuidados que tuvo, ella y Edmund, el bebé sobrevivió solo hasta el cuarto mes. Después de eso Kattherinn se resigno a no volver a intentarlo, y decidió aplicarse un hechizo que no la dejara embarazarse nunca más.

-¿Estas segura?- pregunto Edmund cuando su esposa le anuncio su decisión. Cuando Kattherinn asintió convencida, Edmund la envolvió en un fuerte abrazo -Es lo mejor, no soportaría perderte.

Después de eso vino la resignación. Edmund y su hijo le llenaban la vida de felicidad, pero en ocasiones cuando veía los logros de su hijo era inevitable imaginar que logros alcanzaría como hermano mayor. Ella nunca tuvo hermanos y había deseado darle a su hijo todo lo que ella no había tenido. Y tal parecía que nunca podría dárselo. No eso al menos.

Kattherinn estaba tan sumida en sus pensamientos que cuando quiso darse cuenta ya se había retirado bastante de la aldea, buscando mas aldeanos escondidos a los cuales guiar al refugio seguro. Había terminado en medio del bosque, entre altos pinos, aun con la espada en la mano, la reina de Nayka decidió regresar, seguramente su marido necesitaba de su ayuda.

Había emprendido el regreso cuando lo escucho. Pequeños gimoteos que le parecieron los gorgoteos de un bebé.

-¿Hola?- hablo Kattherinn deteniendo sus pasos para escuchar mas atentamente, por un momento creyó que lo había imaginado, pero luego el sonido se repitió, esta vez con mas fuerza -Puedes salir, no te hare daño.

Los pequeños gemidos siguieron, y de pronto se detuvieron súbitamente. Kattherinn se apresuro al lugar de donde creía habían venido, y detrás de un gran abeto, acurrucado entre los matorrales logro distinguir la figura de un niño. Debía ser un poco mas joven que su propio hijo y entre sus brazos cargaba un bulto de mantas, que Kattherinn no podía ver con claridad, pues al verla, el niño aferro con mas fuerza al bulto entre sus brazos. El niño tenía una piel bronceada del color de la miel, el cabello castaño claro, casi rubio y los ojos grandes color castaño, Kattherinn se hinco en la tierra para estar a la altura del niño y dejo pasar un rayo de sol, que atravesó el iris castaño del niño dejando ver un arcoíris de colores, verde, amarillo, naranja. Sus ojos parecían brillar, pero la reina pelinegra no sabia si era a causa del color de sus ojos o de las lágrimas que estaba conteniendo.

-Hola- saludo de nueva cuenta Kattherinn -Me llamo Kattherinn, no voy a hacerte daño.

El niño no respondió, simplemente giro el rostro enterrándolo en las mantas que traía en los brazos.

-¿Dónde están tus padres?- pregunto Kattherinn con cautela, mirando de un lado a otro como si esperara verlos aparecer de un momento a otro, pero no fue así, y el niño solo negó fuertemente con la cabeza, aun sin mirarla -Viniste solo aquí ¿No es así? Fuiste muy valiente.

Fue entonces que el pequeño giro a mirarla, atravesándola con sus ojos castaños.

-¿Cómo te llamas?- cuestiono Kattherinn, acercando una mano precavida y deslizándola por su sedoso cabello.

El pequeño la miro con ojos asustados y labios temblorosos.

-Dastan- respondió el pequeño en un susurro que a penas y alcanzo a escuchar la reina.

-Muy bien Dastan, te llevare a un lugar seguro- murmuro Kattherinn, entonces sobre su voz volvió a escuchar el pequeño gimoteo que llamo su atención en un inicio. Pensó que el llanto venia del niño pero no, el ruido venia del bulto de mantas que este cargaba -¿Qué traes allí?

El niño no se movió, pero Kattherinn deslizo su mano hasta destapar suavemente el bulto de mantas, dentro distinguió la cara de un bebé que Kattherinn pensó no debía de tener más de unos 3 meses.

-¿Es tu hermanito?- cuestiono la reina, sonriéndole con dulzura al niño mayor. Era algo inevitable, siempre que veía a un bebé su instinto maternal salía a flote, a pesar de las circunstancias.

-Es niña- murmuro el niño apretando mas aun a la bebé -Se llama Darya.

Kattherinn acababa de ponerse en pie dispuesta a llevar a ambos pequeños al refugio cuando un nuevo ruido llamo su atención. Pesados pasos resonaban por el bosque, la mujer no tuvo dudas de que no eran precisamente amigos.

-Quédate aquí- susurro Kattherinn colocando un dedo sobre sus labios, en señal de que no hiciera ruido, después salió de detrás del abeto apretando fuertemente la espada, sin embargo, no pudo dar mas que un par de pasos antes de que fuera tomada bruscamente del cuello y lanzada hasta chocar contra un pino a tres metros de distancia.

Kattherinn cayo con un sonido sordo seguido de un pequeño grito desesperado, pero el grito no provenía de ella sino del pequeño Dastan quien al verla volar grito de miedo. Aun aturdida la reina entreabrió los ojos, el guerrero de metal se había estado dirigiendo hacia ella, sin duda para rematarla, sin embargo, ahora volvía sobre sus pasos al escuchar al niño.

La reina de Nayka se puso de pie aun en medio de su aturdimiento, le dolía todo el torso y sentía que se había roto al menos una costilla debido al fuerte golpe, sin embargo, eso no la detuvo. Corrió con fuerza y blandiendo su espada corto al guerrero de metal por la mitad. Este se deshizo enseguida, pero Kattherinn sabía que no duraría mucho así. Pronto se volvería a levantar.

-Hay que correr- dijo la reina tomando a ambos niños y acomodándoselos en la cadera para después emprender la marcha de vuelta a la aldea.

El refugio no estaba lejos de los lindes del bosque y ambos niños no eran muy pesados, sin embargo, Kattherinn era una mujer menuda y nunca fue alguien muy fuerte, al contrario que su madre que era capaz de levantar a un hombre del doble de su peso a base de voluntad. Y no es que Kattherinn la creyera invencible. Simplemente era muy superior a ella. Así que a pesar de que comenzó a correr con todas las fuerzas de sus piernas, pronto comenzó a disminuir el paso, el golpe que se había dado contra el árbol no ayudaba, que Dastan se aferrara a ella con toda la fuerza de su bracito derecho, bueno eso ayudaba algo.

Kattherinn ya veía el final del bosque cuando un objeto impacto en medio de sus pies y esta salió rodando varios metros hasta chocar con un árbol, de nuevo. Sin embargo, en ningún momento la mujer soltó su carga, aferrando a ambos pequeños e intentando que se llevaran el menor daño posible, así que al chocar contra el árbol fue su espalda la que recibió el golpe, aunque este menos demoledor que el anterior.

Kattherinn veía luces de colores destellar por detrás de sus parpados, sin duda se había golpeado la cabeza al rodar, pero firmemente se dijo que no podía desmayarse, el llanto de la pequeña Darya le ayudo a despabilarse, pues esta comenzó a llorar a pleno pulmón. Al incorporarse hasta quedar sentada, la mujer coloco al niño de pie a su lado, este aun sostenía a su hermana a quien mecía, tal vez demasiado bruscamente, tratando de que parara su llanto. Y frente a ella dos guerreros de metal se acercaban con paso firme. Uno llevaba su característica espada de casi un metro, la del otro se encontraba cerca de Kattherinn, no tuvo que pensar mucho para deducir que el guerrero la había lanzado para hacerla caer.

La reina pelinegra se levanto de un salto, sin embargo, después tuvo que sostenerse del árbol a su espalda debido al fuerte mareo que le vino de pronto, pero no se dejo detener por eso, saco de nuevo su espada de su cinto y corrió a enfrentarse al enemigo.

Al guerrero desarmado lo derroto enseguida, el otro se defendió, pero gracias a Aslan no eran muy habilidosos con la espada, eran fuertes y fastidiosos, pero no muy talentosos. Al final acabo con ambos y se giro dispuesta a volver a correr antes de que se recuperaran o que apareciera otro. No llevaba ni dos pasos cuando un nuevo ataque la hizo caer de cara al suelo, con toda la fuerza de sus manos se giro solo para encontrarse de cara con un lobo que abría sus fauces dispuesto a tragársela.

A la distancia Dastan volvió a gritar, pero ella no giro a mirarlo, en su lugar blandió la espada hasta atravesar al lobo de costado a costado, logrando así quitárselo de encima. Temblorosa Kattherinn se incorporo usando sus manos y sus rodillas, quedando inclinada sobre el suelo, esta vez vio el ataque venir a través del reflejo de su espada, pero no fue lo suficientemente rápida para evitarlo.

Un lobo salto sobre ella obligándola a caer antes de apartarse, otro mordió uno de sus tobillos y comenzó a arrastrarla. Kattherinn grito en agonía y sorpresa, sentía que mil clavos calientes le atravesaban la pierna y después tiraban de ella. Intento clavar la espada para evitar el arrastre, pero esta resbalo de sus manos y cayo fuera de su alcance.

Desesperada Kattherinn se aferro al suelo con las manos mientras intentaba patear al lobo para que este la soltara, pero lo que consiguió fue que el primer lobo aferrara su otra pierna y la arrastraran mas rápido. La reina se aferro entonces a una piedra, aunque sentía que los lobos le desprenderían los pies por la fuerza con que la tiraban, pero aun así no estaba dispuesta a ceder. La pelinegra sabia que estaba gritando, pero ni ella misma se entendía lo que decía y cerraba los ojos con fuerza en medio del dolor, esperaba que el niño hubiera tenido el suficiente sentido común como para huir.

Pero no fue así. Cuando al final las manos de Kattherinn cedieron y dejaron ir la piedra de la que se aferraba, esta sintió una cálida mano tomar una de las suyas y comenzar a tirar. La reina abrió sus ojos, a penas una rendija para saber que era lo que estaba ocurriendo. Frente a ella, y difuso debido al dolor, Kattherinn logro distinguir a Dastan, quien sin soltar a su hermana la tomaba y tiraba de su mano mientras lloraba.

Pronto uno de los lobos soltó su agarre sobre Kattherinn y salto sobre ella lanzándole un zarpazo al niño, quien la soltó y cayó al suelo soltando un chillido de dolor. Kattherinn abrió grandes los ojos, preocupada de que el lobo le hubiera hecho daño al niño, lo que paso a continuación sucedió tan rápido que apenas se dio cuenta.

Dastan había quedado cerca de la espada que el guerrero de metal lanzo para hacerlo tropezar y la tomo como hubiera tomado una piedra o una rama para defenderse. Aun sollozando y no del todo consciente de sus acciones, Dastan blandió la espada intentando alejar al lobo, que se acercaba dispuesto a rematarlo, y lo hizo con tan buena puntería o quizás solo buena suerte, que corto al lobo en el cuello y este cayo en medio de aullidos.

Al ver a su compañero caído, el otro lobo soltó a Kattherinn y se abalanzo sobre el niño, pero para entonces Dastan ya había aventado con fuerza la espada y la reina pelinegra la tomo y aun a punto de caer en la inconciencia apuñalo al lobo justo cuando saltaba sobre ella. Fue pura suerte que el animal no cayera sobre ella.

Kattherinn sabía que no podía relajarse, pronto llegarían los guerreros de metal y entonces no estaba segura de que pudiera enfrentarlos. Pero aun sabiendo eso la espada volvió a resbalar de sus manos, y Dastan se acercó temblando hasta ella, que pasaba de la conciencia a la inconciencia en cuestión de segundos, por lo que solo pudo sentir como el pequeño la empujaba un poco hasta que ambos quedaron refugiados por un gran roble. Poco después los cascos de caballo se escucharon.

-KATTHERINN- un grito resonaba por el bosque, y la pelinegra a penas era capaz de escucharlo, pero distinguía claramente la voz de Edmund -KATTHERINN..

Los hombres de Edmund y el mismo fueron alertados por los gritos de la pelinegra de que algo pasaba y Edmund se maldijo mil veces por no haber notado que su esposa no había regresado, por más que estuviera en el fragor de la batalla, un marido siempre debía estar al pendiente de su mujer.

Al entrar en el bosque cabalgando con los caballos que tomaran del castillo de Galma pudieron percatarse de los símbolos de la batalla, dos lobos muertos y un tercero que agonizaba en un charco de sangre, además lo que parecía los restos de dos guerreros de metal.

-Alguien le corto la yugular- dijo uno de los guerreros acercándose al lobo agonizante, después clavo su espada en el corazón de este y el lobo exhalo su ultimo aliento, en ese punto la muerte era un acto de piedad.

-KATTHERINN- volvió a gritar Edmund, pero nadie respondía. Su corazón se apretó con fuerza, nada le podía pasar a la reina, nunca podría superarlo.

-Rey Edmund- lo llamo uno de sus hombres, señalando un rastro que desaparecía a unos metros de la escena, indicio de que un cuerpo había sido arrastrado. Edmund siguió el rastro hasta detrás de un enorme roble y allí la vio.

Kattherinn estaba pálida como la nieve, sangre bajaba desde su cabello hasta su frente y sus tobillos también parecían estar sangrando, incluso uno se encontraba sin las características botas que la reina llevaba. Edmund avanzo rápidamente al ver a la mujer, pero se detuvo abruptamente al ver que no estaba sola. Kattherinn apoyaba su cabeza en las piernecitas de un niño pequeño que aferraba un bulto de mantas y que lo miraba asustado, con su playera y parte de la cara llena de sangre.

-Hola, soy Edmund- hablo el hombre con voz suave, acercándose hasta hincarse a lado de la pelinegra y estirando los brazos para tomar a su esposa, sin embargo, el niño comenzó a chillar y se aferro a los hombros de la mujer mientras manoteaba con su mano izquierda, queriendo alejarlo -Necesito llevármela, tengo que ayudarla.

Sin embargo, el niño no parecía entenderlo, y tomaba con mas fuerza a Kattherinn y al bulto en sus brazos que de pronto comenzó a emitir un estruendoso sonido. Edmund abrió grandes los ojos al percatarse de que el bulto era en realidad un bebé. En ese momento Kattherinn abrió los ojos y el rey de Nayka sintió un inmenso alivio al ver que seguía con vida.

Solo entonces el niño la soltó, mirándola aun con el miedo en sus pupilas, después los ojos de Kattherinn se volvieron a cerrar y el niño comenzó a llorar.

-Yo puedo ayudarla- dijo Edmund intentando tranquilizar al niño, que lo veía ahora fijamente -Ven con nosotros, así los dos podremos ayudarla.

Esta vez cuando Edmund se aproximo a intentar cargar a Kattherinn el niño no se opuso, así el rey se incorporo con su esposa en brazos y el niño lo siguió hasta los caballos. Acababa de colocar a la reina inconsciente sobre el caballo cuando lo escucho, era un sonido inconfundible. El cuerno de Susan.

Zaccaria no sabría explicar que había pasado. Primero entraron al castillo de Galma, sorpresa, el duque desapareció. Después Peter los divido y a el le toco una parte de la isla junto a Zafira, eso no le agrado, pero no tenía caso discutir con el rey en la situación en la que estaban. Así que resignado partió al territorio que le había tocado defender.

Le sorprendió ver lo bien que se defendía la hechicera, está sabia manejar bien una espada, pero le sorprendió más aun su habilidad para brillar, generando rayos tangibles y letales que despedazaban a esos extraños guerreros de metal. Era justo el ataque que había usado en Maior, justo antes de su muerte prematura.

Llevaban bastante tiempo peleando cuando paso, Zaccaria pudo sentir el cambio y por la expresión paralizada de Zafira supo que ella también. Los guerreros metálicos que se volvían a formar en cuanto eran despedazados, dejaron de hacerlo, quedándose como simples esquirlas de metal. Y los guerreros que aun quedaban de pie comenzaron a retirarse, no tenían barco, solo se hundían en el mar para ir a reencontrarse con su creadora. La Policía Secreta sin embargo no pudo retirarse tan aprisa y abandonados por los otros guerreros comenzaron a caer rápidamente.

Zafira y Zaccaria avanzaron venciendo a los remanentes del enemigo, flanqueados por los hombres que Peter les asignara. Al acercarse al castillo pudieron distinguir a los reyes de Narnia peleando en un circulo perfecto de los Guardianes de Nayka, entre ellos Eustace y Jill, quienes se habían unido tarde a la fiesta.

Unidos no les fue difícil vencer, y se reunieron pronto en torno a Peter que lucia igual de desconcertados que los demás.

-No lo entiendo- decía Peter con el ceño fruncido -Tenían las de ganar ¿Por qué se retiraron? ¿Qué fue lo que paso?

-Sentí una corriente de magia- dijo Zaccaria al acercarse -Era muy fuerte, pero me pareció conocida, sin duda la creadora de esos guerreros metálicos es alguien muy versada en la magia. Ni siquiera estaba cerca, pero los mando llamar para que se retiraran.

-Sacrificando a la Policía Secreta en el proceso- agrego Eustace mirando a todos sus enemigos caídos -Galma tuvo muchas perdidas, todas sus aldeas fueron saqueadas y ni si quiera se encontró el cuerpo del duque o de sus hombres.

-Quizás huyo- propuso Peter cruzándose de brazos en actitud pensativa.

-No creo que Cristhian fuera capaz de huir del combate- intervino Susan en defensa de quien una vez le salvara la vida -Pudo ser capturado.

-¿Dónde están Edmund y Kattherinn?- cuestiono de pronto Caspian, girando la cabeza en busca de los dos reyes de Nayka -¿Les habrá pasado algo?

-No lo creo- negó Jill -Los dos son muy buenos, no podrían derrotarlos.

-¿Zafira?- la llamo Zaccaria, quien la miraba de manera penetrante ante el rostro serio de la otra estrella -¿Estas bien?

-No lo sé- negó la antes llamada hechicera -Siento que algo pasa.

-¿Con Kattherinn y Edmund?- cuestiono Peter, que se había colocado a lado de la estrella con rostro preocupado.

-No, creo que no es…- de pronto el rostro de Zafira palideció y Zaccaria tuvo que tomarla de un brazo para evitar que cayera al suelo.

-¿Qué pasa?- cuestiono Susan, quien no estaba familiarizada con la estrella ni sus visiones.

-Cair Paravel..- susurro Zafira incorporándose y soltándose del agarre de la otra estrella -Atacan Cair Paravel.

De pronto fue como si todos contuvieran el aliento. Entonces Zafira palideció más aun y cayo de rodillas jadeando.

-…Narina..- susurro Zafira con expresión ida, preocupando a todos los que la escucharon, sobre todo a Peter, quien no tuvo oportunidad de preguntar siquiera antes de que Zafira se incorporara rápidamente y tomándolo de la mano ascendieran ambos en un destello de luz, hacia el cielo.

Al ver a Zafira brillar todos apartaron la mirada instintivamente, y cuando volvieron a mirar ni la estrella ni el rey narniano estaban en el lugar.

-¿Qué paso?- cuestiono Susan sorprendida de nuevo.

-Fue una trampa- razono Eustace preocupado -Atacaron Galma para hacernos dejar Cair Paravel desprotegido.

-Tranquilos, seguro Zafira se llevo a Peter para Cair Paravel, y este tiene las mejores defensas aun sin nosotros, entrar no les será fácil- intervino Caspian calmando los ánimos, después miro a Susan, con todo lo que había pasado no tuvieron tiempo para hablar, pero sabía que en algún punto tendrían que hacerlo -Susan tenemos que ir a Cair Paravel, toca tu cuerno para convocar a todas las fuerzas que hayan quedado con vida a nuestra posición.

-Que Aslan nos ayude- murmuro Jill, justo entonces el cuerno de Susan resonó por todo Narnia.

En Cair Paravel Narina había buscado a Rilian y a Ian por todos lados y al final lo encontró en la sala del trono, donde los cuatro imponentes tronos de los Reyes de Antaño se encontraban, claramente estos se dirigían a la salida. Rilian aferraba fuertemente a Ian del brazo, y el pequeño de 10 años avanzaba casi cayéndose ante los pasos apresurados del príncipe narniano.

Narina no quiso pensar más en que quería Rilian con el hijo de Susan, en su lugar saco su daga del cinto y lo lanzo hasta los pies de Rilian, quien se detuvo abruptamente y giro a mirarla. Era solo una advertencia.

-No me importa que quieres con ese niño Rilian- hablo Narina empuñando ahora su espada y acercándose con paso tranquilo -Aléjate de él. No dejare que lo saques del castillo.

-No quiero hacerte daño, Narina- dijo Rilian colocando a Ian detrás de él, quien lucía muy desconcertado, y sacando su espada -Márchate con tus hijas, nadie tiene que salir herido.

-¿Nadie tiene que salir herido? Por favor, te llevas a un príncipe como tú a quien sabe dónde- dijo Narina con los ojos entrecerrados -Y tú no podrías lastimarme, aunque quisieras, deja esta tontería ¡YA!

-No es una tontería- negó Rilian avanzando sigilosamente aun manteniendo a Ian tras de él. Ambos, príncipe y reina de Narnia, comenzaron a caminar en círculos mientras se apuntaban con la espada -No hice todo esto para perder cuando estoy a punto de lograrlo ¡QUITATE DE EN MEDIO!

-¿Todo esto? ¿A que te refieres? ¿Qué fue lo que hiciste?- pregunto Narina con una mala sensación recorriéndole el cuerpo.

-Tuve que hacerlo, ustedes jamás me dirían la verdad, pero ella lo hará, solo tengo que llevarle al niño y me lo dirá, después lo traeré sano y salvo- prometió Rilian, en sus ojos Narina vio una gran desesperación, la desesperación de alguien que siente que lo han engañado toda su vida -No quería hacer esto, si no hubieras estado embarazada te hubieras ido con todos, pero tenías que quedarte.

Narina no hablo, demasiado impresionada ante la desesperación con la que hablaba el príncipe. Detrás de Rilian el hijo de Susan parecía tan desconcertado como la reina. A decir verdad, Ian no sabía que pensar de Narnia.

Cuando su madre le contaba a el y a sus hermanos historias de un mundo fantástico donde los animales hablaban y la magia existía, el lo había creído demasiado fantasioso ¿Quién podría creer que algo así existía? Solo niños tan ingenuos como su hermano Marco, con una inocencia que Ian siempre trataba de proteger. Pero ¡Oh sorpresa! Resulta que Narnia si existía y esos cuatro niños que habían entrado a Narnia por primera vez a través de un armario eran su madre y sus hermanos. Los hermanos muertos que en realidad no estaban muertos.

Marco se había entusiasmado mucho por ser un príncipe y estar en un lugar lleno de tantas aventuras, pero Ian ya había tenido suficientes aventuras como para dos vidas. Y ser príncipe no le interesaba. Pero no podía negar la felicidad de su madre, ni la de Marco. A Leah le importaba tanto como a él, aunque se la vivía diciendo que debían de ser cautelosos, donde había reyes había gente intentando acabar con ellos. La ley de la vida le decía ella.

Cuando Rilian apareció de pronto frente a el y su hermana diciéndoles que el castillo estaba siendo atacado Leah lo había mirado con el te lo dije escrito en toda la cara, el príncipe insistió en resguardar a sus hermanas, pero no a él.

-Debes venir conmigo- dijo Rilian mirando seriamente a Ian -Tu madre te necesita.

Y ante sus ultimas palabras a Ian le había sido imposible negarse, a pesar de las protestas de Leah, quien decía que en situaciones de peligro separarse siempre era una mala idea. Pero Ian se decía que nada malo podía pasar a lado del príncipe Rilian. Ian convivio con todos sus tíos en esos días, eran buenas personas y tal vez hasta ingenuas, y parecían quererlos mucho a él y a sus hermanos, y eso que no los conocían. Pero Ian no sabía que pensar sobre el príncipe Rilian y su padre, aquel hombre a quien su madre ayudo a recuperar su trono y por quien el mismo fue llamado. Al llegar a Narnia y saber que el príncipe Caspian, ahora rey, en realidad si existía, Ian pregunto a su madre porque lo llamo así.

Esta esquivo el tema, pero Ian no quiso insistir, su lema en la vida era no darle preocupaciones a su madre ¿Qué importaba un nombre más? Aun así, le parecía que tanto el rey Caspian como su hijo Rilian lo miraban mucho, bueno en realidad todos en Cair Paravel lo miraban mucho, pero mientras los demás lo hacían con curiosidad, Caspian lo veía casi con añoranza y Rilian… Ian jamás había sabido descifrar la manera en la que Rilian lo veía. Era un auténtico misterio para él.

Pero aun así el confiaba en él, su madre les había pedido al llegar allí que confiaran en la realeza de Narnia y eso incluía a Rilian, él no podía hacerle nada malo. ¿Entonces porque ahora la esposa de su tío Peter peleaba con él y decía que este intentaba llevárselo? ¿Llevárselo a dónde? Ian no entendía nada.

Un fuerte estruendo seguido de pasos apresurados y gritos enfadados se escuchaban detrás de las puertas por las que Rilian intentaba sacarlo.

-Tuve que hacerlo- repitió el príncipe apretando su espada con fuerza -Anule a los guardias externos del castillo, saque a los guardias internos y así el castillo estaría vulnerable para el ataque de la Policía Secreta y los Destructores.

-¿Qué?- pregunto Narina abriendo los ojos grandes debido a la sorpresa -¿Cómo te atreviste? ¿Tienes idea de las consecuencias que tus actos pueden llegar a tener?

-No lo pensé realmente- negó el príncipe adquiriendo un rostro de seriedad -Pero ya no hay vuelta atrás, han entrado al castillo, déjame ir para que puedas contener la invasión. El y yo volveremos pronto, sanos y salvos.

Narina sabia por los ruidos detrás de la puerta, que en efecto los invasores que Rilian llamo los Destructores ya habían entrado a Cair Paravel, pero aun así sabia que sus principios no le permitirían dejar que Rilian se llevara al pequeño príncipe sin saber para donde lo llevaría, por mas que el afirmara que nada le pasaría. Algo le decía que si salía de Cair Paravel eso ya no estaría en manos del hijo de Caspian X.

-Olvídalo- negó Narina empuñando mas firmemente su espada, mirando a Rilian quien parecía resignado, sabiendo que la reina pelirroja jamás se movería, al contrario, esta sonrió y hablo con voz risueña, recordando una frase de uno de los muchos mundos que conoció, en uno de sus miles de viajes, pregunto -¿La bolsa o la vida?

Rilian no respondió, tomo a Ian de la solapa de su camisa y lo empujo para atrás, haciendo que este tropezara y desde su posición en el suelo presenciara el inicio del duelo entre la reina Narina y el príncipe Rilian.

Rilian sabía que jamás podría ganarle, Narina le llevaba siglos de experiencia, y además se encargo de su entrenamiento en los últimos años, por lo que conocía tan bien como él su manera de pelear. Aun así, estaba dispuesto a dar su vida si eso significaba resolver al fin esa gran incógnita de su vida.

Rilian había gozado mucho de los privilegios de ser príncipe de Narnia, no haciendo caso de sus obligaciones hasta la vuelta de los Reyes de Antaño, y desde que su relación con Lucy se oficializara, Rilian trato de hacer lo mejor posible su papel de príncipe de Narnia, sobre todo para no quedar en ridículo ante ella, quien manejaba sus deberes como si no fueran nada. Rilian nunca sintió algo así, al contrario, le costaba mucho tomar las decisiones que su padre y Peter le delegaban, y en más de una ocasión sintió que los narnianos no le guardaban el respeto que a los demás miembros de la realeza de Narnia, les costaba obedecer sus ordenes y lo cuestionaban y desobedecían en mas de una ocasión, como si en realidad no les importara hacerlo, como si no fueran nadie. Incluso sentía que respetaban mas a Eustace o a Jill.

Jamás se lo dijo a nadie. Creyendo que lo calificarían solo como paranoico o flojo, pero ahora sabia que todo eso podía tener una explicación, y no pararía hasta averiguar la verdad ¿Había vivido engañado toda su vida? No quería creerlo.

La distracción en su batalla con Narina le costo que esta le hiciera un corte en el hombro que casi lo hiso soltar la espada.

-No entiendo que estás haciendo, pero piensa bien las cosas- le dijo Narina dándole un respiro al príncipe -Aun no has hecho nada que no podamos solucionar. Tu no eres una mala persona.

Lo que sucedió después se quedaría grabado a fuego en la mente de los tres actores principales y de los dos mudos observadores.

Lucy llegaba corriendo a la escena, en sus manos cargaba su inseparable daga, que apretaba con fuerza al ver la escena frente a ella, Narina apuntando con su espada a Rilian, el hombro sangrante de este y en el suelo el pequeño Ian. Lucy se detuvo por un momento, sin saber que hacer realmente.

Ian fue el primero en notarlo. Narina había quedado en medio de su batalla contra Rilian dando la espalda a la pesada puerta de roble que daba entrada a la sala. Esta se abrió con sutileza y por ella emergió una figura delgada y vestida de negro.

Narina tan concentrada como estaba en el príncipe, en hacerle comprender que debía de retractarse de sus actos, no lo noto, su espada permaneció apuntando a Rilian.

Rilian fue el segundo en notarlo, pero el primero en hablar. Después se reprocharía su descuido y se diría mil veces que pudo haber hecho algo para evitar lo que paso a continuación.

-NARINA, CUIDADO- el grito de Rilian hiso eco en la enorme sala, previniendo a la mujer de la figura apostada a su espalda, dispuesta a atacar.

Narina no dijo nada, dudo solo una fracción de segundo que jamás se perdonaría, y entonces se giró rápidamente o al menos lo intento, pues se quedó solo en eso, en la intención de girarse a enfrentar al enemigo. A penas pudo distinguir por el rabillo del ojo a la extraña mujer detrás de ella. Llevaba un vestido negro muy ceñido, el cabello negro recogido en un complicado peinado sobre su cabeza, los labios pintados de negro y los ojos, negros, ligeramente rasgados. No llevaba arma, tal vez por eso el primero movimiento de Narina no fue atravesarla con su espada. Aunque quizás simplemente no tuvo tiempo. Un descuido imperdonable.

El gemido de Narina al ser herida hiso que Rilian cerrara los ojos. Cuando los abrió la reina pelirroja tenia la mirada abierta en sorpresa, y un poco de sangre bajaba de la comisura de su boca a su barbilla. Pero lo más perturbador, lo que hiso a Lucy gritar en pánico fue ver el daño.

La mujer no había necesitado arma alguna, con la fuerza de su brazo había atravesado a Narina desde la espalda hasta el estómago, solamente utilizando su mano, que ahora sacaba con fuerza haciendo que Narina cayera en un charco de sangre a los pies de Rilian.

Lucy se descongelo al instante y corrió hasta hincarse a lado de la esposa de su hermano, empapándose el vestido de sangre.

-Veo que tienes al chico príncipe- dijo irónicamente la mujer desconocida -Vámonos.

Rilian giro la mirada, que había estado clavada en la Narina agonizante que tenia a sus pies, un poco de sangre le salpico las botas, y el príncipe sentía que en cualquier momento vomitaría. Miro al hijo de la reina Susan, sus ojos castaños abiertos a mas no poder, una expresión de miedo en sus ojos. Rilian reacciono al fin y se acercó al niño, tomándolo del brazo lo obligo a incorporarse, este se resistió, clavando los talones con fuerza en el suelo, sin apartar la vista de la escena frente a ellos. Pero aun así Rilian lo arrastro tras de sí, siguiendo a la mujer que hiriera a la hija de Aslan.

-RILIAN..- grito Lucy con los ojos anegados en lagrimas -…POR FAVOR..

El príncipe solo pudo mirar a la valiente, quien se había detenido a la mitad en sus acciones, ahora teniendo la pócima sanadora en sus manos y una mano, ensangrentada cubriendo la herida de Narina.

-Lo siento- susurro Rilian antes de seguir a la mujer hasta salir de la sala, y girándose solo un poco prometió -Volveré.

Lucy sollozo con fuerza, sabia que debía ir tras él, evitar que se llevara a Ian, pero si lo hacía Narina moriría, ahora a penas y se encontraba con vida.

Narina permanecía aun boca abajo en el suelo, la cabeza ladeada y una mano extendida, como señalando la puerta por la que Rilian se acababa de marchar. Una lagrima se escurrió de su ojo apenas abierto, sabia que lo acababa de perder todo…

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¡NO ME MATEN! Se que este capitulo les pudo parecer un poco tardado, pero es que he vuelto al trabajo y no dispongo de mucho tiempo para escribir, además era un capitulo sumamente complicado. Poner en marcha esta idea que esta en mi cabeza desde que imagine el regreso de Susan a Narnia, me costo bastante.

Les pido paciencia y que no juzguen mucho a Rilian, en el próximo capitulo nos adentraremos a lo que paso mientras Lucy y Rilian estaban solos en la Destructora, que fue lo que les dijeron y porque el príncipe tomo esta decisión tan drástica. Quería que se dieran cuenta que ahora Rilian es un muchacho confundido, se siente engañado (ya veremos porque) y no pensó aquello que estaba haciendo, su intención nunca fue lastimar a nadie. Pero sus actos tendrán severas consecuencias. Quedan exactamente dos capítulos y un epilogo de esta historia.

De verdad espero que hayan disfrutado del capítulo, 48 páginas de Word, no fue nada fácil, a decir verdad, me quedo mas largo que de costumbre, pero bueno, todo sea por ustedes, que lograron más de 100 review tan solo en el capítulo pasado. Espero que pueda actualizar muy pronto.

Próximamente:

Las Crónicas de Narnia: La Caída de un Imperio

Edmund no pretendía sonar quejumbroso, la vida lo había tratado mas que bien en los últimos tiempos, pero experimentar la mayor felicidad mientras a tu alrededor las personas que querías eran infelices, volvía la felicidad amarga. Y no lo negaba, lo que paso también a él le había dolido, pero con el paso del tiempo ese dolor dejo paso a preguntas y muchas más preocupaciones, que tal vez en su momento, con la herida aun abierta y sangrante, no parecían tener la importancia que hoy les daba. Pero si de algo estaba seguro es que el destino les daría una nueva oportunidad, todos parecían creer que la familia real de Narnia se había roto. Él esperaba que no fuera así.

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Zafira se encontraba de pie en una alta colina, a sus pies se veía el imponente castillo de Reignis, detrás la aldea de Nix, con el suelo cubierto de nieve. Zafira sin embargo tenía la vista clavada en el volcán a lado del castillo, el único en Nayka y que sus reyes utilizaran durante generaciones para avisar a los demás pueblos lo que sucedía en el castillo. El volcán llevaba años sin usarse, pero Zafira sabia que pronto seria necesario. Aunque la batalla final no se llevara a cabo allí, el ejercito de Nayka seria vital si Narina quería vencer. Zafira veía pasar muchas visiones delante de sus ojos, desde que había regresado a vivir en tierra estas casi nunca se detenían, pero había cosas que no estaban destinadas a evitarse. Pronto la familia real de Narnia se enfrentaría a su destino y cuando todo acabara quizás nadie quedaría con vida para reclamar la victoria. Ella esperaba que no fuera así.

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Espero que después de este inesperado suceso ninguno deje de leerme. Les confieso que tal vez tenga que agregar un capítulo más a esta historia pues me faltan aún muchas cuestiones por resolver, pero aún no lo he decidido. Próximamente al fin obtendremos algo de respuestas en el capítulo "En Busca de la Felicidad".

Fanny