Vino amargo

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Tonks estaba muy nerviosa. Hacía rato que Pansy debería haber llegado, pero no tenían ninguna noticia suya. Mientras la metamorfomaga jugaba con un puñal, George y Fred intentaban tranquilizarla, con mejores intenciones que resultados.

-Seguro que ha conseguido una poción multijugos y está fundiéndose nuestro presupuesto para whisky de fuego y porros en túnicas nuevas. En un rato se aparecerá con tres bolsas en cada mano y diez levitando a su alrededor diciendo que sigue sin tener nada que ponerse. –Comentó riendo George.

-Sí, últimamente estaba muy pesada con ese tema. ¡Ni que la fuese a invitar Madame Malfoy a tomar el té! –Replicó Fred.

-¡Calla, ni la nombres! -Intervino Angelina. –Por cierto, George, necesito que me ayudes, hablando de comprar. Me vas a acompañar abajo, apenas será un momento, pero así me ayudas con las bolsas. ¡Esto de estar camuflada de muggle tiene muchas desventajas!

El joven matrimonio desapareció de la cocina, mientras Tonks se servía con manos temblorosas otra taza de café, aunque decir taza no sería del todo adecuado, pues la chica se estaba sirviendo el café en un bote de cristal que en una vida anterior había sido un envase de baked beans.

-No sé, llámame raro, llámame loco tal vez, pero a lo mejor pudiera ser que ahora mismo el café no sea lo que más te convenga. ¡Y dame el puñetero cuchillito, que me estás acojonando! –Dijo Fred haciendo amago de quitarle el puñal, pero deteniéndose al notar sobre él la dura mirada de la bruja.

Sus ojos se posaron un momento sobre el arma. Parecía una vieja reliquia de los Black.

-Me lo regaló mi madre. –Aclaró Tonks al notar su mirada. -No quería, pero yo insistí mucho, y me lo dio por no escucharme. Lo tengo reservado para matar a Bellatrix. ¡Seguro que aprecia el detalle de que le rebanen el pescuezo con un arma de sus ancestros!

-La verdad, no entiendo qué tienes con esa mujer. Es decir; parece algo muy personal. Y sí, ya sé que ha intentado matarte varias veces, pero ha intentado matarnos a todos. Me refiero a que es una tipa chunga, lo que se dice mala: torturar y matar son sus hobbies. Pero tú estás obsesionada con cargártela. ¡No con vencerla y mandarla a Azkaban, no, la quieres muerta! ¡Y degollada, nada menos!

Tonks puso la mano sobre la mesa de la cocina y comenzó a clavar el cuchillo cada vez más velozmente entre los espacios que quedaban entre los dedos. Levantó un momento la mirada hacia Fred, y siguió haciendo lo mismo.

-Te vas a cortar con la tontería, y de todas formas en cuanto venga Angelina y vea cómo estás dejando la mesa, te va a maldecir y ya no podrás matar a Bellatrix.

-Esto no es nada, Fred, se arregla con un Reparo. –Dijo Tonks, aunque enseguida pareció pensarlo mejor: entre Bellatrix y Angelina casi prefería enfrentarse a la furia de la mortífaga. Enfundó el puñal y se lo guardó, y con la varita ejecutó el hechizo. No quedó igual que antes. Tonks se encogió de hombros y suspiró. Al menos lo había intentado.

-Tal vez esta parte despegada de la esquina se podría disimular pegándola con un chicle masticado ¿no crees, Fred?

-¡Ah, que me lo preguntas en serio! Yo creo que hay algo hermoso en aceptar la decadencia de las cosas, forma parte de la vida. Mejor aceptar la decadencia de la mesa y no pegarle nada.

Ambos se miraron y se rieron a la vez. Tonks hizo el amago de sacarse el chicle de la boca y pegarlo en la mesa solo por provocar a Fred, y él intentó impedirlo con desastrosos resultados, pues al final acabaron ambos con las manos llenas del pegajoso y húmedo material.

-¡Qué asco, Fred!

-Y eso que es tuyo…

-Eso no lo hace menos asqueroso, seguro que tengo muchos gérmenes -dijo Tonks cogiendo con cuidado su varita para no llenarla también de chicle, y murmurando un hechizo limpiador a continuación, que esta vez quedó bastante aceptable.

-Bueno, amiga mía: ¿me vas a contar ya lo de tu enfermiza obsesión homicida con Bellatrix, o tienes alguna otra guarrada que hacer con la que desviar mi atención?

Tonks sonrió de medio lado y dio otro sorbo a su café, evadiendo con éxito a Fred, que trataba de impedirlo.

-No puedo confiar en ti, Fred. Es un hecho objetivo. No te guardo rencor por ser un chisme con patas, pero el caso es que lo eres.

-¡Vamos Tonks! ¡No me seas! ¿Todavía sigues mosqueada por que le haya contado a mi hermano lo de tu rabo mágico? ¡Comprende que necesitaba apoyo moral, fue un momento muy duro enterarme!

-Tendría motivos para estarlo, pero no. No me puedo enfadar contigo mucho tiempo. Pero eso no significa que vaya a cometer de nuevo los mismos errores.

-Tonks, solo se lo conté a mi hermano. Te lo prometo. ¡Lo que pasó después yo no pude controlarlo!

-Pues nada, como se lo dices todo a tu hermano y a él le falta tiempo para divulgarlo, no te volveré a contar nada más y así nos evitamos problemas en el futuro.

-Tonks, de verdad. De verdad, de verdad de la buena. No se lo contaré a nadie, ni a mi hermano siquiera, ¡Pero no me digas que ya no confías en mí! ¡Me rompes el corazón! –Dijo el pelirrojo de modo teatral, haciendo un corazón con las manos.

-¿Lo juras solemnemente?

-¡Que se muera mi hermano Ron si te miento!

-Ese juramento no sirve, cualquier día matarás a tu hermano por accidente. Bueno, accidente más o menos. He oído contar que George y tú lleváis intentándolo desde niños.

-Bah, no hagas caso de las malas lenguas, ¡eso pasa en las mejores familias! En todo caso, nunca llegaremos al nivel de los Black. Ese rollo de los puñales, las venganzas… ¡me encanta, sois una familia de opereta! ¡Venga, acepta mi promesa! ¡Que a mi querido hermano le pique un hipogrifo si me voy de la lengua!

-No me lo prometas por Ron. Qué mal rollo. Es tonto del culo el pobre, pero no quiero que le pase nada. Con estas cosas, una nunca sabe…

-Te doy entonces mi palabra de honor. Te doy mi palabra de que seré discreto. Y te ofrezco mi mano. ¿Nos damos la mano y me cuentas tu historia con tu tía?

-Vale, pero invítame a un cigarro. Y coge una silla, yo cogeré otra. Es largo, -dijo Tonks aceptando la mano de Fred, para a continuación escupir y encestar el chicle en el cubo de la basura.

El sol se había esfumado, de nuevo estaba atardeciendo entre nieblas. Tonks encendió la luz blanquecina de la cocina y paseó su mirada por la habitación, tomando nota en un segundo plano de su pensamiento de la pila de platos sucios en el fregadero. Esa era su semana de fregar, pero no había tenido tiempo hasta ahora de ponerse.

-Me preguntas por mi historia con mi tía, y yo no sé ni por dónde empezar. Te advierto que si los Black te parecíamos estrambóticos, tu opinión no va a mejorar a partir de ahora. Y no podrás contar con el apoyo de tu hermano, -le recordó Tonks apuntándolo con su cigarro.

-Ah, veo que te incluyes entre los Black. Empezamos bien. Pero prosigue, aunque me cuentes que eres la hija secreta de Bellatrix, yo te voy a seguir queriendo igual, -dijo Fred guiñando un ojo.

El café de Tonks cayó sobre sus muslos, pero ella apenas reaccionó. Fred intentó limpiárselo con un paño de cocina, hasta que vio la cara de la metamorfomaga, y se quedó mirando sus negros ojos, con el paño en la mano.

-¿Lo sabías, Fred? ¿Quién más lo sabe?

-¡No, Tonks! ¡Lo he dicho de broma! ¡Solo era una broma!

Se miraron por un momento a los ojos. Tonks parecía angustiada, pensó Fred, pero entonces se relajó y se encogió de hombros. –Al fin y al cabo pensaba contártelo, -dijo ella.

-Entonces ¿lo eres?

-Sí: soy la niña que Bellatrix parió y luego abandonó, porque sus movidas de mortífaga eran más importantes que yo. Pero no soy su hija. Mi madre se llama Andrómeda.

-¿Y tu padre? ¿Tu padre biológico?

-Un joven metamorfomago de Durmstrang. Estaba de visita en Hogwarts y decidió aprovechar el tiempo.

-Sangre pura, me imagino, -dijo Fred con una sonrisa sarcástica.

-¿Crees que Bellatrix se acostaría con alguien que no la tuviese? Aunque obviamente no pensaba quedarse preñada, no iba a rebajarse a estar con un mestizo ni por un rato.

-Y luego… ¿qué pasó?

-Mis abuelos me escondieron en la casa familiar. Ella terminó sus estudios y nadie se enteró de nada. Yo no existía oficialmente. ¡Una bastarda no iba a arruinar el matrimonio que habían concertado a su querida hija mayor!

-¿No hubiese sido más fácil que Bellatrix se hubiese casado con el metamorfomago? Siempre se resolvieron así estos conflictos, de toda la vida de Merlín…

Tonks se rio con tristeza. –El metamorfomago era de sangre pura, sí, pero no estaba entre los Sagrados Veintiocho, ni siquiera en el equivalente de su país, y Rodolphus Lestrange sí. Mis abuelos lo amenazaron para que se quitase de en medio y no diese más problemas, y él desapareció, me imagino que bastante asustado. Luego creo que murió, eso me dijeron, aunque la verdad, me da igual. Creo que Bellatrix intentó ser buena madre… por un tiempo. Pero luego decidió que yo era un estorbo en su vida de mortífaga, se casó, y simplemente me cedió a su hermana. Total, ella ya había destrozado su vida casándose con un muggle ¡qué más le daba cargar conmigo!

-Y luego la enviaron a Azkaban.

-Así fue. Yo la tenía tan idealizada… soñaba que un día saldría de la cárcel y vendría a por mí, a por su querida sobrina. Deseaba parecerme a ella. Quería que estuviese orgullosa de mí. Hubiera estado dispuesta a tomar la marca solo con que ella me lo hubiese pedido…

-¿No sabías que era tu madre? –Preguntó extrañado Fred.

-¡No! ¡Me lo ocultaron! –Exclamó Tonks con amargura.

-Pero, ¡si acabas de decir que estuviste con ella en tus primeros años!

-¡Son iguales! ¡Físicamente al menos! ¡Cuando me dieron el cambiazo de madre yo era muy pequeña! No sé si me di cuenta o no, no lo recuerdo, pero acepté lo que me dijeron: mi madre se llamaba Andrómeda y mi padre Ted, y tenía una tía muy guapa, elegante, y misteriosa que se llamaba Bellatrix. Recuerdo que antes de Azkaban ella solía venir a verme, cargada de los regalos que mis padres no se podían permitir comprarme, y me decía que yo sería siempre su sobrina favorita, incluso si Narcissa tenía hijos, y que cuando fuera mayor podría ir con ella a vivir en su mansión, donde nadie me diría lo que tenía que hacer. ¡Podría tener todo lo que quisiera y ser libre, no como en casa, donde siempre me regañaban por todo! ¿Cómo no iba a quererla?

-Imagino que a tus padres no les gustarían esas visitas. El que viniese y te llenase la cabeza de pájaros, me refiero.

-Las odiaban. En cierto modo yo me daba cuenta, pero no me importaba. Me sentía muy feliz de ser alguien importante para ella. Me hacía sentir especial. ¡No te puedes imaginar lo guapa que era! Era como mi madre, pero a la vez distinta: ella no tenía su encanto ni su aura de misterio. Mi pobre madre era un ama de casa, y mi tía una reina. Yo me solía enfadar con mi padre cuando me decía que era mala, lloré muchas veces por eso. ¡No entendía cómo alguien dulce y bueno como él podía ser tan mezquino a veces, y hablar mal de Bellatrix!

Fred suspiró. –Y bien. ¿Qué pasó? Porque está claro que algo pasó: ella estaba en Azkaban, y tú la adorabas igualmente, pero un día decidiste hacerte aurora y unirte a la Orden.

-¿Qué pasó? Pues que un día me enteré de todo. Tenía quince años y era verano. Estaba buscando un escondite para una cajetilla de tabaco, y encontré un armarito en la pared muy bien disimulado, tapado con el mismo papel de las paredes. Pensé que iba a encontrar las revistas porno de mi padre, pero allí no había nada. Solo una cerradura disimulada en un lado. Busqué por toda la casa la llave, pero no la encontré. Mis padres guardaban mi varita a buen recaudo para mayor seguridad. No sé si te he mencionado que era una niñata un poco problemática, por cierto. Preferían curarse en salud.

-Y le robaste la varita a tu viejo para hacer un Alohomora, -dijo Fred.

-¡Bingo! Y bueno, resumiendo: había una carta de Bellatrix. Para mí. La había escrito antes de entrar en Azkaban, para que me la dieran cuando tuviese edad de ir a Hogwarts. Mis padres me la habían ocultado por mi bien. Supongo que aquí lo que cabría esperar hubiese sido que odiase a mis padres por mentirme y tal, pero fue al revés: ya bastante los había castigado. La odié a ella por abandonarme, por ser tan cínica de odiar a los nacidos de muggles y entregarle su hija a uno, con tal de librarse del problema. Cuando en septiembre llegué a Hogwarts, le pregunté a Minerva qué tenía que hacer para ser aurora. Creo que se alegró: hasta entonces había temido que tomase la marca. La siguiente vez que vi a Bellatrix fue tras escapar de Azkaban. Me abordó en un bar, me llevó a un bosque e intentó convencerme de que traicionase a la Orden. Ni que decir tiene que la entrevista no acabó bien: nos prometimos matarnos la una a la otra la próxima vez.

-¡Qué intenso todo! La verdad es que no sé qué decir…

-No digas nada, no hace falta. Querías saber mi historia con Bellatrix y ya la tienes.

-No es exactamente lo que me imaginaba…

-¿Qué coño te imaginabas?

-Déjalo, de verdad. Tengo una mente muy sucia.

-¡Qué asco, Fred! Vale, eres un cerdo de forma oficial.

-Así que… sangre limpia, ¿eh?

-Sí, Fred. Como la tuya. Pero no repitas eso. No me conviene políticamente.

-¿Pero tú te estás oyendo? ¿Cómo lograste engatusar al Sombrero Seleccionador para que no te mandase a Slytherin?

-De hecho lo intentó. Dijo que veía en mí a una slytherin. Pero yo quería ser de Hufflepuff como mi padre. Se lo había prometido. Aunque también me dolió decir que no a Slytherin, no te creas.

-Ahora entiendo que te lleves tan bien con Miss Parkinson. Seguro que tenéis grandes temas de conversación sobre torturas, intrigas, y cosas de gentucilla de Slytherin.

-¡Qué va! ¡Pansy es una acojonada! Aunque es muy buena escuchando, si le hablas de la guerra, tuerce el gesto.

Tonks sonrió como para sí misma, y después se quedó más seria. Fred le pasó un brazo por los hombros, y ella se recostó contra su pecho.

-¿Por qué hace esto, Fred? ¡Sabe que yo me preocupo por ella cuando está fuera!

-No lo sé, Tonks. Parece muy triste aquí. Supongo que necesitaría dar un paseo para despejarse y se le ha echado el tiempo encima. –Dijo Fred, sintiéndose un idiota por desaprovechar la ocasión de meter cizaña contra la slytherin, pero incapaz de hacerlo ahora que su amiga estaba tan angustiada.

Tonks resopló contra el jersey de Fred, que la envolvió en un abrazo, apoyando la cabeza contra la suya. Olía a humedad, como todo en aquella casa, y también un poco a sudor, pero a la metamorfomaga no le resultó desagradable. Cerró los ojos, permitiéndose descansar y dejar un momento la mente en blanco. Escuchaba el corazón de su amigo latiendo con fuerza, y empezó a notar cómo los músculos de su cuello y espalda se aflojaban un poco.

No habían pasado ni veinte segundos cuando escuchó abrirse la puerta de la entrada, y corrió a ver quién era. "¿Dónde coño estabas metida, Pansy?" escuchó decir Fred, que suspiró, se volvió a sentar, y se sirvió dos dedos de vino de mesa. Se bebió el amargo vino de golpe, reprimiendo la tentación de estrellar el vaso contra la pared.

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-Bellatrix 996: Me alegro mucho de que te hayan gustado también la trama Bella/Mione y las descripciones de Bella y de la casa, me esforcé mucho para que quedasen lo mejor posible, así que gracias por tus palabras. En el siguiente episodio tendrán (por fin) sexo, y esta vez no habrá cortes de rollo :P

-Vanesa: Bellatrix ahora es una señora muy importante, no tiene que demostrar en todo momento que es la más mala de todos los mortífagos. Se siente segura de sí misma y pasa de las niñatadas de Hermione: las escucha como el que oye llover. Pero sí, entiendo que a veces la niña es muy fastidiosa XD